"Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi…"

.

.

CAPÍTULO 3

"Patrocinadores"

.

.

Nabiki decidió continuar con el plan. Trabajaría en el supermercado hasta que comenzara a recibir dinero de algún "patrocinador", así los llamaba ella. Se enfocaría en hombres mayores, viudos, fáciles de convencer y de engañar.

Mientras tanto, yo me encargaría de comprar y vender cosas en línea, inflando un poco los precios para sacar algo de dinero.

El primer patrocinador de Nabiki le regaló un bolso Amazona de Loewe. Ni siquiera me pidió el favor de ayudarla a venderlo, mi hermana ya tenía un comprador.

Ese mismo día, Nabiki consiguió un pequeño apartamento en la zona de Sasazuka, por supuesto, en Shibuya. Nos costaría 115,000 yenes al mes, y pagaríamos con lo que sacaramos de los regalos de Nabiki.

Mientras más caros los pudieramos vender, mejor para nosotras. Con mis pequeñas ganancias, alcanzaría para comprar comida.

Una semana después, Nabiki renunció a ese empleo y buscó otro supermercado cercano para trabajar en el turno nocturno, dando la excusa a su conquista de que estudiaba en la universidad por la noche. Mentira, tras mentira.

Nabiki aprovecharía para conocer a alguna nueva víctima, con más dinero o más tonto, que le diera más regalos caros.

En cuanto a los patrocinadores, cuando le pedían a Nabiki una prueba de su amor, ella se negaba y se hacía la ofendida para sacarles más dinero o definitivamente desaparecer de su vida.

Con los que duraba más tiempo, eran los más ancianos que solo añoraban algo de compañía, de la que mi hermana se aburría y los dejaba de ver por un tiempo hasta que el dinero comenzaba a mermar y se aparecía de nuevo, pidiendo las nuevas zapatillas de Prada que usaba un par de veces para luego venderlas o dármelas en caso de que le gustaran demasiado y pedirlas "prestadas" de nuevo a mí, para presumirlas con sus amigas.

Así vivimos un año completo gracias a Nabiki, no éramos ricas, pero vivíamos bien. Gracias a su astucia, nos habíamos administrado de la mejor manera para no tener que mudarnos. Pero dentro de todo, yo sabía que lo que mi hermana hacía no estaba bien; cuando me entraba el remordimiento por prácticamente robar dinero a esos pobres ancianitos, mi hermana me llevaba a cenar a un restaurante elegante y exclusivo o me compraba algo que me gustara. Nabiki decía que lo que hacía era usar el dinero que ellos no necesitaban, en nosotras, que sí lo requeríamos.

De Kasumi no volvimos a saber más, Nabiki y yo evitamos mencionarla desde que se fue, aunque deseo que esté bien y sea muy feliz.

No me atreví a juzgarla nunca; creo que el peso de volverse de pronto la cabeza de la familia y fracasar en su primer intento hizo que se sintiera incapaz de cuidar de nosotras, por eso buscó a alguien que lo hiciera por ella, aunque tuviera que sacrificarse negando que éramos su familia.

Sabemos que lo que hacemos no está bien del todo, incluso la misma Nabiki lo sabe, o por lo menos lo manifiesta de alguna manera. Cada que llega a casa, después de salir con uno de sus patrocinadores, vomita en el baño. Cree que no me doy cuenta solo porque abre la llave del lavabo para que solo se escuche el agua correr, pero lo sé.

De alguna manera, todas lo hemos sufrido. Yo empecé a coleccionar muñecos de peluche, Nabiki dice que pronto la casa estará llena y tendremos que salirnos por eso; le he dicho que exagera, que no son tantos; pero de lo que mi hermana no tiene idea, es que guardo las cajas vacías de chocolates debajo de mi cama, para que nadie se entere de que están ahí. Algunas tienen un diseño tan bonito que siento feo tirarlas.

.

.

.

.

Justo al cumplir un año y seis meses en el apartamento, Nabiki me dijo que era momento de que yo consiguiera un patrocinador. Había estado evitando la idea el mayor tiempo posible, pero Nabiki insistió mucho en esa ocasión, no porque ella no pudiera hacerse cargo sola, pero hubo una situación que desató todo el problema por el que ahora me encuentro aquí.

Nabiki había puesto el ojo en un viejo director de escuela que supuestamente venía del extranjero, lo cual resultó ser falso. Según lo que había investigado, el hombre venía de una familia aristócrata japonesa y su fortuna era bastante considerable.

Al principio, el director no daba su brazo a torcer, tenía un trato cordial con Nabiki, pero se negaba a invitarla y mucho menos tratar de conquistarla. Cada zalamería que mi hermana le hacía para que cayera en sus redes no funcionaba, el viejo estaba muy acostumbrado a que lo alabasen.

Le sugerí a Nabiki que buscara otra persona, pero se negó, sabía que podía sacarle bastante al tipo y que quizá hasta podría conseguir codearse con la crema y nata japonesa. Estaba desesperada con que consiguiéramos dinero para la renta del mes, ya que nos habíamos mudado a un departamento más caro en una zona más exclusiva, nuestros gastos se habían acrecentado, y por seguir al director, Nabiki había puesto la excusa de verse más llamativa o tratar de topárselo en restaurantes y sitios nada económicos que él frecuentaba, así que compró ropa y gastaba hasta donde más podía para lograr su objetivo.

Comenzó a sugerirme según su experiencia: —Te recomiendo salir con hombres casados de mediana edad. Esos mueren por atención y por sentirse jóvenes, te darán lo que les pidas de inmediato.

—Parece ser un sector más peligroso ¿qué tal si por sentirse jóvenes quieren salirse con la suya e intentan propasarse? —pregunté.

—Son más indefensos de lo que piensas; cuando los presionas para que dejen a su esposa o los amenazas de acusarlos con ellas, se pierden. Son los más fáciles de controlar.

—Nabiki, no estoy segura de eso…

—¡Ay, Akane! No tienes de nada que preocuparte, eres fuerte y podrías defenderte en caso de que alguno se quiera pasar de listo, y con tu temperamento, cualquier hombre sale corriendo.

Me molesté— ¿Quieres decir que no puedo gustarle a ningún hombre por mi temperamento?

Nabiki fingió no darle importancia— Por supuesto que no, solo hablo de los patrocinadores. Bien podrías tener un novio si quisieras; aunque conociéndote eres capaz de irte con un pobretón bueno para nada.

—¿¡Cómo estás tan segura de eso!? —salté— ni siquiera sabes cómo me gustan los hombres.

—Ni siquiera has tenido un novio nunca.

—¿Entonces cómo dices que cualquiera saldría corriendo?

—Veremos qué sucede cuando sea tu momento de efectuar el plan, a menos que te suceda lo que a Kasumi y termines casándote con el tipo.

—No sé por qué mejor no cambias al director y te consigues a otro.

—Porque si logro lo que quiero, tal vez llegue a convertirme en la esposa del director ¡y me inviten a fiestas en el palacio imperial! Piénsalo, podría presentarte a alguien de ese círculo.

—¡Tu ambición no tiene límites, Nabiki!

—Solo la gente con la mente pobre se conforma con poco.

Rodé los ojos, mi hermana estaba trastornada en serio, pero era la única forma de conseguir dinero rápido y en grandes cantidades.

.

.

.

El primer patrocinador que conseguí duró dos semanas. Solo alcanzó a regalarme una bufanda de seda Hermés, con la que gané solo diez mil yenes. Nabiki dijo que no estaba mal para ser la primera vez que lo hacía.

El siguiente fue un chico más joven; era muy guapo, me enamoré rápidamente de él y él de mí. También me hacía regalos, me enviaba flores, me llevaba a caros restaurantes y accesorios de joyería con diseños personalizados. Duramos así unos cuatro meses, hasta que él me dijo que lo nuestro no podía ser, porque estaba ya prometido a otra chica que sus padres habían elegido para él y al ser el primogénito de su familia, no podía defraudarlos.

Sufrí mucho y lloré desconsolada cuando Nabiki vendió todo lo que él me había dado a precio de remate…al padre de la prometida de mi novio. Nabiki dijo que era una buena venganza, así él se daría cuenta lo que poco me había importado y su novia llevaría piezas conseguidas en una barata, aprovechando que las iniciales coincidían con las mías, puesto que ella se llamaba Akari.

.

Decepcionada, y con la idea de dejar de pensar en lo de mi ex novio, me dispuse a buscar al siguiente patrocinador. Era un espécimen de los que Nabiki describía muy bien: necesitado de afecto, inseguro, dispuesto a gastar todo su dinero en mí por unas migajas de mi atención.

Todos los días me daba un regalo de marca que vendía inmediatamente a clientes ya cautivos, cuando el tipo se daba cuenta de que no usaba las prendas o el accesorio que me había regalado se molestaba y yo amenazaba con dejarlo, a lo que él respondía dándome el dinero para que consiguiese lo que quisiera; era entonces cuando me iba de tiendas y compraba cualquier cosa para darle gusto y que no me siguiera molestando.

El hombre era insufrible, no sé si era que estaba frustrada por lo de mi ex, que lo trataba lo más mal que podía para que se alejara de mí cuanto antes, pero mientras más lo rechazaba, más se aferraba a mí.

Nabiki estaba feliz, porque había conseguido mucho dinero en poco tiempo, en un mes ya había cubierto las rentas de medio año del departamento. Un buen día, decidí que había sido suficiente y lo amenacé con que le diría toda la verdad a su esposa. Él pareció asustarse, porque dejó de buscarme, aunque seguía enviándome mensajes. Cambié de número y consiguió el nuevo, no dejaba de lloriquear y suplicarme por una oportunidad. Fue entonces cuando algo terrible sucedió.

Estaba en un café, cuando recibí una llamada de Nabiki de un número desconocido, me llamó desde una caseta telefónica. Ocurrió que Nabiki había logrado comenzar a salir con el director. El hombre era viudo, pero tenía dos hijos, que desde que conocieron a Nabiki no les dio buena espina y uno de ellos comenzó a investigarla y amenazó a mi hermana con demandarla por robo si no devolvía lo que el director le había regalado, eso incluía varias reliquias familiares que Nabiki por supuesto ya había vendido a un precio alto, a pesar de que el director le había dicho que eran baratijas.

Nabiki estaba muy alterada. —Tienes que decirle al tipo con el que sales que te consiga un buen abogado.

—Ya no salgo con ese tipo y ni de broma lo volvería a ver, está obsesionado conmigo.

—¡Pues algo tienes que hacer! El idiota del hijo del director me está buscando, mandó a unos matones al apartamento, por fortuna pude salir por la salida de emergencia antes de que tumbaran la puerta, así que ni se te ocurra volver ahí.

—¿Y si buscas a los clientes a quienes vendiste las cosas?

—¿Crees que no lo intenté? Quieren vendérmelas al doble y no estoy loca para hacer eso.

—¿Por qué no sacas dinero de tus ahorros, o le dices al director que hable con sus hijos para que te dejen en paz?

—Akane, ¡ya hice todo eso! o por lo menos traté de hacerlo. Al director lo convencieron sus hijos de que yo me estaba aprovechando de él a cambio de nada y lo peor es que ¡lograron congelar mis cuentas!

—¡¿Cómo dices?! —me exalté. La mayor parte del dinero que conseguíamos estaba guardado en las cuentas de Nabiki, puesto que ella era mejor administradora que yo. En mi cuenta bancaria tenía lo suficiente para vivir un par de meses en un mini apartamento y comiendo ramen callejero, pero nada más.

—Akane ¡tienes que ayudarme!

—Lo haré, pero en este momento no tengo a nadie, ¿dónde te estás quedando?

—No puedo decírtelo, seguro intentarán rastrear mi llamada a tu celular. Busca un lugar seguro donde quedarte y encuentra la manera de conseguir dinero para pagar un abogado. Confío en ti, Akane.

.

Estaba asustada. Nabiki era la que siempre resolvía nuestros problemas, yo tardaba más en pensar en soluciones. Una de ellas fue llamar a Kasumi, pero sé que a Nabiki le habría molestado el tener que deberle un favor después de abandonarnos.

Lo primero sería conseguir un lugar donde quedarme esa noche y al día siguiente buscaría una casa de huéspedes, eso me ahorraría mucho y sería más difícil de rastrear.

También iría al supermercado para conseguir un nuevo patrocinador; Nabiki había rastreado todos esos sitios y sobornado a los cajeros que trabajaban en los turnos de noche para obtener todos los datos de los hombres con dinero que necesitaba. La astucia de mi hermana era admirable, solo que, en esta ocasión, con el director, la avaricia la había cegado y se había metido en un problema gordo.

Esa noche, conseguí asilo y algo de ropa en casa de una de mis amigas de la preparatoria y por la mañana hice algunas llamadas para encontrar una casa de huéspedes donde quedarme los días siguientes.

De un momento a otro, yo me había convertido en la cabeza de familia, ya que mi hermana mayor corría peligro. Ahora me tocaba a mi ver por nuestro bienestar; bien dijo Nabiki que solo nos teníamos la una a la otra y cuando nos necesitáramos estaríamos siempre juntas. Iba a ayudar a mi hermana a como diera lugar.

.

.

.

.

.

.

¡HOLA! Gracias por llegar hasta aquí. Como siempre, mi gran agradecimiento a mi beta reader Sailordancer7 por apoyarme con este fic. A mis Locas por el Dios griego que siempre están para mí, ¡las adoro!

Me ha gustado volver a leerlos en los reviews, gracias por hacerlo, lo valoro muchísimo.

Por ahí me preguntaban lo que duraría este fic y les repito que son capítulos cortitos.

Gracias a quienes están al pendiente del fic. Les recuerdo que solo publicaré en mi página las actualizaciones.

Los leo muy pronto.

Susy Chantilly.