"Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi…"
.
.
CAPÍTULO 4
.
"Mi novio"
.
.
.
.
Esa noche, respiré hondo antes de entrar al supermercado. Llevaba la misma falda de ayer, mis sneakers, una blusa blanca con rayas azules en horizontal y un suéter de punto con botones dorados, abierto. Eran las diez de la noche y me acerqué al anaquel de los abarrotes. No había clientes.
De pronto entró un hombre alto y tras él, otro hombre más joven que no vi bien. Apenas había tratado de hacer plática y llamado la atención del tipo alto, cuando vi entrar a Takeda, el patrocinador anterior. Su corbata estaba suelta y se veía muy desaliñado, en cuanto me vio, se dirigió a mí con voz temblorosa— Akane, ¿puedo hablar contigo?
—¡Maldición! —pensé. El idiota de Takeda me estaba arruinando los planes. —No tengo nada que hablar contigo.
—No respondes mis mensajes…
—...
El hombre con el que había comenzado a hablar se alejó gracias a la insistencia de Takeda— Necesito que me des una oportunidad, por favor.
Puse los ojos en blanco y di media vuelta, comencé a caminar por los pasillos mientras Takeda me seguía como un perro de la calle buscando alimento.
—Akane ¡dame un minuto! es importante.
—¡Deja de seguirme! — dije tajante, pero el tipo insistía. Comenzó a darme miedo, Takeda me estaba casi pisando los pies. Apestaba a alcohol y parecía que no se había duchado en por lo menos tres días. Caminé más aprisa hasta llegar a los refrigeradores. El tipo que había entrado después, un hombre de cabello negro peinado en una trenza sacaba una botella de gaseosa de la heladera. Me acerqué hacia él, poniéndome enfrente.
—¡Ayúdame! —supliqué en un susurro.
Él me miró, confundido— ¿Qué? —Su voz era grave, continuó observándome durante unos cuantos segundos puesto que Takeda me alcanzó rápidamente.
—¡Que me ayudes, por favor! —apreté los dientes, haciendo sonar mi voz un poco más fuerte.
—¡Akane! —dijo Takeda en un grito lastimero que hizo que el hombre frente a mí diera una ojeada detrás de mi hombro.
—¿Nos vamos, cariño? —di un par de pasos hacia adelante, acercándome más al hombre de la trenza, quien alzó las cejas y echó los hombros hacia atrás.
—¿Cariño? ¡¿cariño?! ¡Akane! ¡¿Quién es este hombre?! —gruñó Takeda.
—¡Es mi novio y si no me dejas en paz, te dará una paliza!
—¡¿Qué?! —dijo el tipo de la trenza.
Los tres estábamos en el pasillo lidiando con la situación. El de la trenza me miraba confundido y Takeda sorbía la nariz, mientras yo intentaba mantenerme en una postura indiferente con él.
—¡No puedes hacerme esto, Akane! —Takeda parecía estar a punto de entrar en una crisis de nervios.
—¡No te he hecho nada! así que vete, o como te digo, mi n-o-v-i-o —miré amenazante al de la trenza y me coloqué al lado de él— se enojará.
—No voy a prestarme a esto —el de la trenza dio un paso atrás y se giró, caminó unos cuantos pasos y yo corrí tras él.
—¡Te pedí que por favor me ayudaras! —susurré con enfado.
—Y yo te dije que no me presto a estos jueguitos.
—No son jueguitos. De verdad estoy en problemas.
—Es tú problema, no el mío.
—¿No piensas ayudar a una mujer indefensa?
El tipo de la trenza me miró de arriba a abajo, sonrió de medio lado y dijo con sorna— Por lo que se ve no pareces una mujer indefensa ni de broma.
Fruncí el ceño y apreté los labios. A un gran cobarde se me había ocurrido pedirle ayuda, y Takeda no cedía con su persecución. —¡¿Qué tanto murmuras con ese tipo?! ¿Sales con él? ¡¿salías con él mientras salías conmigo?!
—¿Tú qué crees? —respondí de mala gana. El de la trenza no paraba de hacer gestos burlones.
—¿Salías con ese vejestorio? ¿en serio?
—¿Vas a ayudarme o no?
—Te costará.
—¿Qué? ¡No voy a pagar por un gesto amable que deberías tener con cualquier persona!
—Entonces no hay trato.
Maldito bueno para nada, entorné la mirada y pude ver como ese hombre me sonreía con arrogancia. Sus ojos azules parecían mofarse de mí.
En esos momentos de distracción, Takeda me tomó por el brazo, gritando y con lágrimas en los ojos— ¡¿Cómo has podido?! ¿me abandonaste por alguien más joven? ¿te ha dado más dinero que yo? ¡Estoy en la ruina! Conseguí préstamos para complacer todos tus caprichos. Perdí mi auto, hipotequé mi casa… ¡Dejé a mi esposa por ti!
—¡Suéltame, Takeda! me estás lastimando —su mano me apretaba con fuerza y no podía zafarme de él— ¡nunca te dije que sacaras préstamos o que hipotecaras tu casa! ¡Jamás te pedí que dejaras a tu esposa!
—¡Era la única manera de estar contigo! viviremos al día, pero ahora ¡soy un hombre libre! ¡ya puedes ser mía! —Takeda me jaló hacia él, y debido a la resistencia que puse casi me caigo; Takeda no soltaba mi brazo y no pude evitar soltar un quejido de dolor.
—¡Suéltala ahora mismo! —La voz del tipo de la trenza se tornó agresiva. Takeda me soltó de pronto, no se lo esperaba, tampoco yo. Como pude me enderecé y me puse detrás del hombre, quien miraba a mi atacante con furia. —Si vuelves a acercarte a mi mujer, te las verás conmigo.
—¡No vas a alejarme de Akane! —Takeda respiraba entrecortadamente— Estuve meses tratando de conquistarla, ¡tengo más derecho que tú a tenerla!
—Será mejor que te largues de aquí.
—Ella te dio mi dinero, sí. ¡Te lo dio porque tú la obligaste! —afirmó Takeda con voz temblorosa, estaba comenzando a sudar de modo excesivo— Te perdono, Akane, olvidaremos esto ¡Estaremos juntos para siempre!
Trató de acercarse a mí de nuevo, y yo me escondí por completo en la espalda del desconocido de la trenza, quien dio un paso adelante.
—¡No la toques! —ordenó.
—¡Consíguete la tuya! —Takeda se puso "en guardia" levantando ambos puños.
—Te advierto que no saldrás bien de esta, así que mejor no me provoques— el hombre de la trenza alzó una ceja y puso un gesto de arrogancia. Takeda tragó duro.
—No vayas a golpearlo tan duro —sugerí.
El tipo giró un poco la cabeza para verme de reojo— ¿quieres librarte de él o no? si le tienes tanta lástima hazte cargo tú sola.
—¿Qué estás insinuando?
—Nada, pero hace un minuto el tipo estaba casi por arrancarte el brazo y ahora sientes pena.
—¡Sólo no quiero que quede muy lastimado y tener problemas después!
El tipo de la trenza resopló— Entonces serán otros mil yenes.
—¡¿Qué?! ¿me estás cobrando por eso?
—¿Creías que era gratis?
—¡Te dije que lo hicieras como una muestra de bondad! En todo caso ¿por qué te metes?
—¡No permito que ningún hombre lastime a ninguna mujer! ¡Eso es algo muy bajo!
—¿Entonces por qué quieres cobrarme?
—¡No iba a cobrarte! pero con lo que has dicho de no golpearlo duro me parece que no te mereces que alguien te proteja, no eres tan inteligente.
—¿¡QUÉ DIJISTE!?
Takeda nos observaba mientras discutíamos. Sin darnos cuenta, sacó un objeto de uno de los bolsos de su sucia gabardina— A-kane…—me llamó. El tipo de la trenza y yo nos callamos y volteamos a ver a Takeda, tenía una pequeña escuadra de color plateado en la mano; apuntó hacia mí. —Eras lo único que me quedaba en la vida, y ahora veo que estás con este hombre.
Comencé a temblar— Takeda ¿qué haces? no estás actuando coherentemente. Esto no es lo que crees…
—¡No me engañarás más! solo basta ver cómo discuten, como una pareja que se ama. —soltó, sollozando.
—Oye viejo, tranquilo —el tipo de la trenza alzó un poco las manos, mostrando las palmas.
Takeda comenzó a sorber la nariz y a tallarse los ojos, bajó la pistola y el de la trenza y yo soltamos el aire, pero de inmediato Takeda volvió a subir la pistola— ¡Ya no puedo creerte! si no eres para mí, no serás para nadie más— Takeda comenzó a buscar la manera de quitar el seguro de la escuadra y el de la trenza me empujó hacia atrás con su brazo. En eso, un tipo con capucha en la cara, vestido por completo de negro corrió hacia donde nosotros estábamos y gritó: —¡Esto es un asalto! — Takeda se giró, confundido y el asaltante sacó una pistola y dio un disparo.
Yo grité, mientras el tipo de la trenza me sujetó de los brazos y me empujó, haciendo que ambos cayéramos al suelo. Takeda también cayó, el asaltante le había dado.
—¡Nadie se mueva! —Justo después del disparo, entró la policía. Ahogué un gritó cuando vi que la sangre comenzaba a salir del cuerpo de Takeda, me cubrí la boca con la mano.
El hombre de la trenza me susurró al oído— Tranquila, no hagas ruido, estaremos bien.
Luego vi que el hombre comenzaba a levantarse lentamente— ¿qué haces? Me hizo una seña con la mano, para que guardara silencio, el asaltante se había distraído con la policía, quien no se atrevía a disparar debido a las personas que estábamos cerca. De la manera más rápida que hubiera visto, el hombre de la trenza lanzó una patada al asaltante, quien dejó caer el arma y de inmediato lo sometió en un movimiento donde lo tumbó y sujetó las manos. La policía corrió hacia ellos, para esposarlo y llevárselo.
Otro policía se acercó y me preguntó si estaba herida, a lo cual me negué, de inmediato se fijó en Takeda, quien solo tenía una herida en el brazo debido al roce de la bala, pero no era grave, solo se había desmayado. El policía pidió asistencia de una ambulancia de inmediato y en unos minutos, los paramédicos sacaron a Takeda en una camilla.
Después de que los paramédicos nos revisaran a mí, al hombre de la trenza y al cajero, quienes éramos los únicos en la tienda, el policía se acercó a nosotros.
—Ya que los han evaluado, necesitamos hacerles unas preguntas.
—¿No podemos irnos a casa? —preguntó el de la trenza.
—Lamentablemente, señor, este percance debe registrarse. Estamos abriendo una investigación.
—Pero nosotros somos las víctimas —dije al oficial.
—Y los únicos testigos del asalto e intento de asesinato— dijo el agente.
—¿Cuál intento de asesinato? Nadie murió —expresó el de la trenza.
—Hubo sangre y pudo haber terminado en asesinato. De hecho no sabemos si el señor Takeda sobreviva.
—¡El paramédico dijo que no hubo impacto, sólo fue el roce de la bala! —respondí.
—Es correcto. Pero todo puede pasar, es su obligación como ciudadanos permanecer aquí mientras los detectives recolectan la evidencia, así que le recomiendo que permanezcan en el lugar y no toquen nada de la escena del crimen.
—¡No hay crimen! —gritó el de la trenza, desesperado.
—Tal vez de homicidio no, pero el asalto lo es. Y le sugiero que se controle o lo acusaré de sospechoso.
El hombre de la trenza y yo exhalamos al unísono. Él se recargó en la puerta de uno de los refrigeradores y yo me senté en el suelo.
Mientras los peritos colocaban su cinta para prohibir el paso y hacían un lento levantamiento de localización de huellas, comencé a pensar. Había estado a punto de morir por culpa del imbécil de Takeda y posiblemente por el asaltante, y todo por hacerle caso a Nabiki que ahora estaba en un lío gigantesco, escondiéndose de la familia de su patrocinador, mientras yo me había quedado en la calle, sin poder entrar en el apartamento, a la vez en que intentaba conseguir dinero de la manera más rápida posible.
Me sentí mal. Kasumi tenía razón, no había sido una buena idea desde el principio, aunque funcionó bien por varios meses, quizá si fuera más cuidadosa la próxima vez…
El hombre de la trenza me miraba con curiosidad, ya habían pasado unos cuantos minutos. En cuanto lo miré, él hizo como si viera hacia otro lado. Ahora podía verlo un poco mejor. Era buen mozo, iba vestido con un traje y corbata de muy buena calidad, aunque su cabello estaba algo alborotado; sería por todos los movimientos que tuvo que hacer para someter al ladrón. Sus zapatos también estaban impecables, movía la punta del pie contra el suelo con impaciencia. De nuevo noté que me veía de reojo, y al ver que yo lo estaba mirando, otra vez fingió no hacerlo.
—Me salvaste la vida —dije.
—¿Qué?
—Gracias.
Pareció abochornarse un poco, solo asintió y abrió la botella de gaseosa que tenía en la mano para dar un gran trago. En cuanto vio que lo observaba, dejó de beber y volvió a cerrar la botella. Ahora fui yo quien pretendió hacer como que no lo veía. Sacó otra gaseosa del refrigerador detrás de él y me la entregó— Bebe.
—No llevo dinero para comprar.
—Tómala.
—De verdad, no puedo…
—No tiene costo.
—¿Cómo lo sabes?
El tipo rodó los ojos y la lanzó hacia mí. Atrapé la botella en el aire y lo miré. Él también me miró y volvió a dar un trago a su gaseosa, como yo continuaba con el objeto en la mano, me preguntó: — ¿prefieres agua?
—Esto está bien, gracias.
Asintió y se recargó de nuevo en el refrigerador. No me quedó más que beberme la gaseosa, moría de sed.
Se hizo un silencio de un minuto, hasta que él decidió romperlo de manera impertinente: —¿Era tu novio?
—¿Disculpa?
—El tal Takeda ¿era tu novio?
Tragué duro. Nunca había tenido que rendirle cuentas a nadie sobre el tema, ni siquiera a Nabiki, para ella era un negocio y nada más, así lo veía y así lo llamaba. No me gustó escuchar eso, preferí no responder.
—Akane.
—¿Eh?
—Así te llamas ¿no? fue como te llamó él.
—Sí. Tendo Akane. ¿Tú eres…?
—Saotome Ranma.
—Mucho gusto, Saotome Ranma. Gracias por salvarme.
—No ha sido nada, no te salvé.
—Sí lo hiciste, dos veces.
—¿Cómo dos veces?
—De Takeda y del asaltante.
—Eso aumenta la cuenta…
—Pero… ¿qué? ¡¿es en serio que pretendes cobrarme?!
—Tengo que ganarme la vida.
—¡Eso es chantaje!
—¿Y es que tú no chantajeaste al tal Takeda?
—¡Ese no es tu asunto!
—Entonces sí era tu novio.
—¡Él no es…! ¡no era…! ¡yo no tengo que darte explicaciones!
—Tienes razón. Era obvio.
—¡¿Obvio?!
—El tipo deja a su familia por ti y tú lo rechazas, se vuelve loco y trata de matarte. Buena novela.
—¡Qué no es una novela! yo no le prometí nada, fue él quien decidió acosarme.
El tal Saotome sonrió burlón. Dio otro trago a su bebida, yo también bebí de mi gaseosa. Aquel hombre era un cínico.
—Cada uno hace lo que quiere con su vida. Lo que haces es peligroso.
—Dime algo que no sepa —respondí de mala gana.
—¿Qué haces aquí tan tarde?
—¿Qué eres? ¿detective? —respondí, con sorna.
Saotome me miraba, esperaba que le respondiera. Me escondí detrás de mi gaseosa, bebiendo un poco más, pero él continuaba con sus ojos sobre mí— ¡¿Qué?! —salté, molesta.
—¡Nada! —Él caminó unos pasos tratando de alejarse, pero uno de los policías lo detuvo desde su sitio.
—Manténgase en ese lugar, señor. Los investigadores no han terminado todavía.
Saotome resopló y se sentó a dos metros de mí. Ambos continuamos en silencio, hasta que, de nuevo, él volvió a hablarme con su peculiar imprudencia: — Ya sé que no me incumbe, pero no pareces ser una chica de esas. Busca un trabajo que no sea peligroso, puedes contraer enfermedades.
Lo que dijo me dejó boquiabierta ¿cómo se atrevía a pensar eso de mí? —¿Piensas que vendo mi cuerpo?
—¿No es lo que haces?
—¡Jamás me acostaría con alguien por dinero!
—Entonces ¿cómo es que salías con ese tipo?
—Se ofreció a pagarme algunas cosas.
—¿A cambio de nada?
—¡Sí!
Saotome alzó las cejas, parecía incrédulo— Vaya.
—¡¿Qué?!
—Mal negocio para él.
—¡¿Cómo...?! ¿Qué es lo que pretendes decirme?
—Nada, ya te lo dije. Eso lo hace más peligroso.
—¿Por qué?
—¿Todavía te preguntas por qué? Imagina que compras algo y no recibes nada, es lógico que te persigan y quieran cobrarse contigo. Estás a tiempo de buscar algo más qué hacer.
El tipo me estaba desesperando— ¡Tú no sabes nada de mi vida para que vengas a opinar sobre lo que hago y lo que no! Solo porque seas una persona afortunada que trabaja en una oficina y gana miles de yenes, no te da derecho a juzgarme.
—¿Y quién dice que trabajo en una oficina?
—Con ese traje, cualquiera lo pensaría.
—Ni siquiera es mío, es prestado.
—¿Para qué?
—Para un trabajo.
Entorno los ojos, es como si le diera vueltas a lo mismo— ¿en qué trabajas?
—Hago tratos por mi cuenta.
—¿Perteneces a la yakuza? —me mofo.
El hombre se alteró en un segundo— ¡No! ¡no digas eso en voz alta! Hay policías aquí y no quiero que me interroguen por algo qué no es.
—En ese caso, ¿trabajas en alguna funeraria? o ¿por qué usarías un traje?
—Me lo pidieron en el trabajo.
—¿Para qué?
Saotome exhaló— Mi trabajo es algo que no podrías entender.
Me crucé de brazos, esperando la respuesta, al tipo no le quedó más remedio que confesar: —Me alquilo.
—¿Qué? ¿Eres acompañante?
—No. No hago nada.
—¿Qué no haces nada? ¿Cómo es eso posible?
—Así es. Es para gente que busca compañía. Si alguien quiere ir a ver una película y no tiene con quien ir al cine, o a hacer compras en el supermercado o probarse ropa en el centro comercial, caminar en el parque; me paga para ir.
Sonaba demasiado extraño— Es una broma.
—No.
Abrí los ojos lo más que pude, no me la creía— ¿Es en serio?
—Sí.
—No te involucras con…
—Nada de sexo.
Me quedé muda, nunca había escuchado algo como eso— Y las personas ¿lo aceptan?
—¿Qué?
—El que solo sirvas de guardaespaldas…
—No soy guardaespaldas, eso sería extra y no suelo hacerlo. Nada que me comprometa.
Lo miré, incrédula, él me miraba con toda seriedad. —¿Cómo explicas lo del traje? —señalé.
—¿Esto? Es del marido difunto de una mujer. Quiso que la acompañara a una cena al lugar donde el hombre se le había declarado, era su aniversario de bodas. Me pidió que me pusiera el traje para recordarlo. Fue incómodo, la mujer reía y sollozaba cada vez. La comida era buena, pero el tiempo se me hizo muy largo, solo me contrató por una hora, afortunadamente. Mañana devolveré el traje, pero definitivamente si vuelve a contratarme le cobraré el doble.
Seguía sin creerlo, el tal Ranma Saotome era toda una caja de sorpresas…o un completo cínico.
.
.
.
.
.
¡HOLA! Gracias infinitas a mi beta reader, Sailordancer7 por su apoyo para la realización de este fanfiction y a mis Locas por el dios griego por siempre estar ahí.
La profesión de Ranma en este fanfiction, está inspirada en la historia real del japonés, Shoji Miroto, su trabajo, relativamente consiste en "no hacer nada". Pueden encontrar artículos sobre él en internet.
Espero que les esté gustando el fic.
Los leo muy pronto.
Susy Chantilly.
