"Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi…"
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CAPÍTULO 7
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"La propuesta"
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Me levanté más temprano esa mañana y le ayudé a la señora Nodoka a poner la mesa. Ranma también se había levantado temprano para ir a correr. Se duchó al llegar y estuvo listo para cuando el desayuno se estaba colocando en la mesa.
Contrario a los días anteriores, la señora Nodoka no habló mucho, se mantenía en una postura reservada, mientras que su hijo, hacía comentarios sobre el vecindario y otros temas. Yo continuaba emocionada por lo del día anterior, le respondía a Ranma y hablábamos de vez en cuando. La señora continuaba taciturna, saboreando el arroz de su plato. Sólo habló cuando habíamos casi terminado de comer.
—Ranma ¿trabajarás el día de hoy?
—Creo que tenía que hacer una entrega, pero no recuerdo si era hoy, debo revisar mi agenda.
Para mi mala suerte, mi teléfono sonó, estaba sobre la mesa. Lo tomé rápidamente, en cuanto vi el nombre que apareció: "Takeda".
Ranma debió darse cuenta porque me contemplaba entornando los ojos. Solo bajé el volumen, pero el móvil siguió haciendo un sonido mientras vibraba.
—¿No vas a responder, querida? —preguntó la señora.
—No, lo dejaré pasar. —El aparato dejó de sonar, pero de inmediato comenzó a timbrar nuevamente.
—Debe ser algo importante —señaló la mujer. Ranma apretó los labios y me miró con desdén, yo bajé la mirada.
—Me voy a trabajar —dijo Ranma, secamente, y sin quitarme la mirada de hielo. La señora Nodoka bebió su taza de té y cuando escuchó que Ranma cerraba la puerta de la entrada, se levantó para recoger la mesa. De inmediato hice lo mismo, a pesar de que mi teléfono no paraba de vibrar de manera insistente.
—¿Puedes decirme por qué no respondes esa llamada?
Tragué duro, el tono amable de la voz de la señora Nodoka se había tornado algo severo, tal vez era casi imperceptible, pero podía sentirse.
—Es por un asunto de mi trabajo anterior.
La mujer me miró, esperando más explicaciones, tuve que continuar con una historia que me había inventado en ese momento: —Es mi jefe, bueno, era. Me trataba de muy mala manera y por eso renuncié. Seguramente está buscando algo que no encuentra y todavía quiere que yo lo solucione.
La señora siguió acomodando los platos del desayuno. Suspiré, pensando en que todo había acabado ahí; estaba equivocada. —¿Te parece suficiente con lo que me has dicho? o ¿es que vas a inventar otra mentira?
Mi corazón se detuvo un segundo— ¿Disculpe? —logré decir sin tartamudear.
—Ranma me subestima demasiado, es mi hijo, puedo entenderlo, pero ¿tú? —me miró, justo de la misma forma en la que su hijo lo había hecho minutos antes.
—Señora Nodoka…no entiendo…
—Basta. —lo dijo tan duro, que fue como si una piedra me hubiese golpeado en la cara— ¿Crees que no lo sé? Estoy al tanto de la profesión que tienes. Esa llamada era de un cliente, por eso no respondiste ¿me equivoco?
Me sentí frágil, culpable y muy avergonzada de que la señora Nodoka, quien me había tratado tan bien, me viera como una mujer de la calle. En vano traté de explicarle: —¡No es como piensa! Le aseguro que yo nunca he tenido nada que ver con…
—Si sigues con tus mentiras, solo harás que me enfade. En mi casa no permito que nadie me tilde de estúpida.
—¡Yo jamás…!
—¿Pensaste que te dejaría entrar en mi casa sin saber exactamente quién eras? Al principio lo dudé, parecías una persona prudente, pero ayer supe que un día, eso tendría que salir a flote.
No sabía qué hacer, estaba en una casa que no era mía. Lo más probable, es que después de aquel sermón, la mujer me echara a patadas de su casa. Me quedé callada porque no parecía querer ninguna explicación.
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Después de eso, seguro que Ranma no me ayudaría, su madre lo obligaría a no volver a tener contacto conmigo. ¡Maldito Takeda! Lo había echado todo a perder, y ahora mi hermana se quedaría prófuga de la justicia para siempre y yo me quedaría en la calle.
—Ayer que los encontré afuera de la casa, traías esa ropa…tan corta. Ranma me había llamado media hora antes desde la estación; calculé el tiempo en el que él iba a llegar, y vine antes a casa; pero no estaba, ni él, ni tú. Parí a mi hijo con el más intenso dolor, lo conozco tan bien que sé cada vez que miente, y ayer me mintió tratando de encubrirte. ¿Te viste con algún cliente?
—No señora, se lo juro. Y no fue culpa de Ranma, yo…
—¡Silencio! No te pedí que hablaras de mi hijo, ahora estamos hablando de ti. —Volví a callarme, a sentirme más humillada cada vez.
—Sé que mi hijo no es un mensajero, te lo he dicho ya, sé cuándo me miente. Es muy astuto, por supuesto, un digno hijo mío, pero también de su padre, escurridizo como una serpiente. Aún no logro saber cuál es exactamente su oficio…y temo por él.
No estaba preparada para hablar, pero Ranma me había salvado el pellejo varias veces, así que me atreví a defenderlo, a pesar de que la mujer me pudiera reprender de nuevo— Ranma es un buen hombre, me ha ayudado más de una vez y de manera honesta. Su hijo no haría nada desleal.
La señora enarcó una ceja, sorprendida y de inmediato su rostro se tornó angustiado— He criado a mi hijo de la mejor manera, pero de todos modos… —hizo una pausa, respiró hondo y continuó serena—…lo llaman varias veces al día, la mayor parte de las veces, son mujeres, pero también hombres.
Abrí los ojos lo más que pude, ¿qué estaría pensando la mujer? —¿Hombres?
—La ruptura con aquella mujer lo dejó trastornado, dejó de entrenar, de ir a torneos, se quedaba días sin levantarse de la cama; él, un hombre entre hombres. La falta de su figura paterna le afectó severamente…Temo que se esté relacionando con mujeres y…también con hombres.
Me mordí los labios, la pobre señora Nodoka vivía un tormento gracias a su insensato hijo.
—¿Por qué no se lo pregunta? —demandé— si le habla de lo que sabe.
—Lo intenté, pero lo negó todo. En eso es tan parecido al desgraciado de Genma Saotome.
—¿Quién?
—Su padre.
—Ah.
—Y es por eso por lo que permití que entraras a la casa —la conversación se tergiversó en un segundo.
—¿P-perdón?
—He estado al pendiente, esperando que mi hijo se acerque a ti, pero no lo ha hecho.
—Señora, esto es una confusión. Yo no me dedico a lo que usted cree, podría pensarse que lo hago, pero no es así.
—Querida, no tienes que fingir conmigo, no te estoy denigrando por ello.
—Pero, señora…
—Mi Ranma es un chico tímido, tu puerta no tiene cerrojo y aun así él no ha entrado, siendo que eres una mujer atractiva.
Ya no sabía cómo hacerle entender a la señora, su error— ¡Es un hombre respetable!
—Así es, por eso quiero hacer un trato contigo.
—¿Un trato?
—Debes persuadir a mi hijo y tener coito con él. Deberán hacerlo hasta el cansancio, todos los días, así se mantendrá entretenido sin pensar en esos hombres. El trato será que te permitiré vivir aquí como pago, con la condición de que solo estés con él y no con otros clientes, por lo menos hasta que Ranma vuelva en sí y salga con más chicas.
La conversación había llegado a su límite— ¡No soy una meretriz! Por el amor de Dios, comprenda, señora Nodoka.
—Oh. —hizo una pausa y se quedó pensando— ¿necesitas más dinero? puedo pagarte.
Me puse las manos en la cara, ya no podía más— ¡No he estado nunca con ningún hombre, señora Nodoka! Se lo juro por la memoria de mi madre.
La mujer se sorprendió, se cubrió la boca con la mano— Akane, querida… ¡tú!...
Respiré aliviada, por fin me había entendido.
—Puedes tener un hijo de mi Ranma ¡es la mejor manera para que él frene su vida libertina y mal habida! ¡Oh, querida! sabía que no me había equivocado contigo.
No quise decir más, me retiré a mi cuarto y me quedé ahí todo el día. La señora Nodoka era una mujer de lo más extraña.
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Ranma llegó tarde ese día, durante el cual no quise salir de mi habitación. La señora Nodoka pareció comprender que yo estaba algo estresada, por lo que me dejó el almuerzo afuera del cuarto. Ni siquiera pude probar un bocado, de pensar en que la mujer quería que yo estuviera con su hijo y además, engendrar un vástago. Sin contar con que ¡quería pagarme por ello!
La idea de mi hermana Nabiki estaba a punto de caerme encima y volverse una terrible realidad, tal y como lo había mencionado Ranma. Hasta sentía vergüenza de contárselo.
Después de la cena, él mismo me llevó la bandeja con los alimentos, me llamó desde detrás de la puerta:
—Mamá dijo que no saliste en todo el día de tu cuarto ¿estás enferma?
—No, estoy bien.
—¿Puedo pasar?
—¡No! —repliqué— verlo a los ojos me daría mucha vergüenza, no estaba lista— no estoy vestida adecuadamente.
Veía su sombra por debajo de la puerta, no parecía querer irse.
—Tengo que hablar contigo, es sobre lo que te dije ayer.
¿Serían noticias sobre la abogada? necesitaba saberlo, aunque no era el mejor momento. —Me duele un poco la cabeza —mentí, pero pareció funcionar, porque no insistió mucho más.
—Deberías comer algo, te haría bien. Hay un botiquín en el baño, por si necesitas algo para el dolor. Te dejaré la bandeja aquí afuera; que descanses.
Después de eso, no dijo más y vi que pasó un papel debajo de la puerta, eran los datos de la abogada. Pediría una cita con ella para ver la manera en la que podría ayudar a Nabiki. Me hubiera gustado agradecerle a Ranma personalmente, pero mirarlo a la cara me haría recordar la propuesta de su madre y sabía que mis nervios me delatarían.
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Al día siguiente, hice lo mismo. Esa mañana la señora Nodoka me dejó el desayuno frente a la puerta de la habitación y espié por la ventana, asegurándome de ver salir a Ranma. En cuanto éste giró en la primera calle, decidí salir de puntillas para no ser vista por mi anfitriona, que sacaba la hierba mala del jardín.
Caminé con paso veloz hasta dar la vuelta en la esquina, me dirigí a la estación, para tomar un tren que me llevara hasta el centro de Shinjuku y después buscar la oficina de la famosa abogada. Estaba concentrada en buscar algo de dinero en mi bolso, cuando me topé con alguien más alto que yo y solté un grito.
—¡¿Ranma?! ¿Qué haces aquí? —sentí cómo se me doblaban las piernas, el corazón me latía como si fuera a salirse de mi pecho.
—Te estaba esperando.
—¿Por qué? — no se me ocurría qué decirle, no quería que me dominaran los nervios.
—Porque es obvio que me estás evitando.
—¡Claro que no!
—¿No? ¿por qué saliste de la casa justo cuando me había ido?
—Pues, porque… ¡porque sí! ¿qué tiene eso de malo?
—Cuando mamá me dijo que no habías salido de tu habitación, me imaginé que algo te había pasado.
—¿Qué podría pasarme? —comencé a caminar, él hizo lo mismo, estaba demasiado cerca de mí, me miraba fijamente.
—Tú dímelo. ¿Hablaste con el tal Takeda?
—No.
Entornó los ojos— Te dije muy claro que dejaras esos asuntos mientras vivieras en mi casa o si no…
—¡Voy a irme de tu casa! Hoy mismo buscaré un lugar —solté.
Noté cómo se dilataban sus pupilas, se detuvo un segundo y después dio un largo paso hasta alcanzarme— ¿Te vas con ese?
—¡No haría eso!
—¡Dime la verdad!
—¡Te la estoy diciendo!
—¿Por qué quieres irte?
—Simplemente me cansé de tus amenazas. Iré a mi antiguo empleo y con eso tendré para vivir.
—¿Qué hay de tu hermana?
—¡Hablaré con ella! algo debe poder hacerse sin que tenga que correr peligro.
—¿Lo dices en serio?
—¡Sí!
—¿Te vas así, nada más? ¿porque te dije que no trajeras tus problemas a mi casa?
—Me cansé de eso.
—¡Ah! — dijo, incrédulo— ahora resulta que fui yo quien hirió tu orgullo…
Me detuve de pronto, él se frenó, quedando frente a mí— Precisamente, son esos comentarios de los que estoy harta. Dile a tu madre que no regresaré y que enviaré a por mis cosas— apenas podía sostenerle la mirada, de pronto me dieron ganas de llorar, así que me apresuré a dar dos pasos adelante, pero él me tomó del brazo.
—No.
—No ¿qué? —dije, soltándome de una vez e intentando girarme, pero él volvió a tomarme del brazo.
—Esa no es la razón.
—¡Claro que lo es!
—Te aferraste con uñas y dientes cuando quise sacarte, me hiciste pagar un mes de renta con tus chantajes y ahora resulta que quieres volver a donde empezaste.
—¿Y eso a ti qué te importa? puedo cambiar de opinión.
—No eres ese tipo de persona.
—¡Ni siquiera me conoces!
—Conozco lo suficiente de ti para interpretar lo que haces.
—¿Quién te crees? ¿un psicólogo?
—Trabajo con personas con problemas, algo tengo que saber de eso.
Comencé a respirar con rapidez, su mirada me ponía cada vez más nerviosa y de verdad quería salir corriendo y no verlo nunca más. —No sabes lo que dices —Ranma no me había soltado y yo trataba con lo que quedaba de mis fuerzas.
—Tienes miedo —afirmó.
Estoy segura de que mi cara se puso de todos colores, agaché la cabeza y mis ojos se llenaron de lágrimas que logré contener.
—¿Qué te hizo mi madre? —preguntó, con mesura y un rostro lleno de preocupación.
Negué con la cabeza, pero él parecía leer mis pensamientos. —Te dijo algo ¿verdad? puedes contármelo.
Lo miré, con algo de temor. Me sentía tan vulnerable que me solté llorando. Estaba muy sola y no tenía a nadie. Cuando Ranma me abrazó con suma delicadeza, me di cuenta de que hacía mucho tiempo que un hombre no me trataba así. En su mayoría, aprovechaban mi soledad para acercarse como un depredador ante su presa, de manera voraz o mirarme con lascivia.
Cuando dejé de sollozar, Ranma me invitó un té en un restaurante cercano. Nos sentamos en las mesas de la terraza y le conté, otra vez, solo una parte de lo que había sucedido.
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—Tu madre sabe muchas cosas. Pensó que yo era una mujer de esas y…me ofreció dinero para estar contigo.
Lo vi alzar las cejas y soltar el aire, pero no pareció sorprenderle tanto. Quién sabe qué cantidad de cosas habría hecho su madre para llegar a ese punto. —Te dijo por qué —de nuevo, afirmó.
—Cree que eres…
—Desviado. —completó la frase.
—No quería decirlo así…
—Siempre ha pensado eso, aunque esta vez creo que se excedió.
—¿Quieres decir que ha hecho esto antes?
—Me lo ha preguntado muchas veces y me ha suplicado que le diga la verdad. — Lo miré y él de inmediato se sonrojó— ¡Que no lo soy!
Di un sorbo al té, solamente asentí y miré hacia otro lado.
—Mi madre exagera las cosas ¿estás segura de que no te dijo nada más?
Nuevamente me escondí detrás de mi taza— Es demasiado vergonzoso. Prefiero no decirlo.
—Ya lo hizo una vez.
—¿Qué? —Así que no era la primera mujer a quien le ofrecía a su hijo. Dejé de mirarlo, apoyé mi taza en la mesa, con recelo.
—Te preguntó o dijo algo sobre enfermedades venéreas.
Me azoré— ¡No!
—Se lo dijo a…una chica con la que salí. A mamá no le gustaba, y le preguntó si tenía o las había tenido.
No podía decir más, aunque me comía la curiosidad. Pude haber cambiado el tema, pero no sabía cómo hacerlo. Ranma no dejaba de mirarme, tal vez esperando algo más, yo lo miraba y volvía a evitarlo cada vez, hasta que por fin me preguntó otra cosa: —¿Es por eso que quieres irte?
—Recordé mucho de lo que me habías dicho, que iba a arrepentirme… no pensé que fuera tan pronto, me sentí muy mal.
—Mi madre no es una persona consciente de lo que dice, se va a los extremos. Hablaré con ella.
—¡No! pensará mucho peor de mí.
—Pensará que tienes algo qué ver conmigo, dado que tuviste la confianza de contarme lo que pasó y se quedará tranquila por un tiempo. Si te vas, continuará pensando que el precio que te ofreció fue demasiado bajo.
—¿Por qué no le dices las cosas como son?
—¡Porque no me cree! y todo gracias a mi padre, a quien alguna vez encontró vestido de mujer y piensa que yo soy así.
Me quedé con la boca abierta— Entonces, ¿tu padre es…?
—¡Qué va! se vistió de mujer para huir de unos recaudadores que lo perseguían. No pudieron reconocerlo por mucho tiempo y se mantenía así, disfrazado. Un día mamá lo vio y se puso histérica. Aunque mi padre le explicó, sembró en ella una gran duda y ahora que él no está, se ha ensañado conmigo.
Pobre Ranma, debía ser muy difícil lidiar con los temores de su madre. Ya que él se había tomado la molestia de consolarme, traté de decirle algo que pudiera ayudarlo— Tal vez si le dijeras a lo que realmente te dedicas, dejaría de hacerse ideas.
—Ella no quiere creerlo y que te haya ofrecido dinero quiere decir que el cuento del mensajero ya no le funciona. Mamá no va a descansar de sus ideas locas hasta que yo tenga una relación con alguien que ella apruebe.
—Entonces es mejor que yo no siga viviendo en tu casa. Tal vez puedas llevar a alguien…
—Si te vas, debe ser porque tienes un trabajo estable y has podido conseguir un lugar mejor. Recuerda lo de tu hermana, te necesita, y si vives en un sitio deplorable tardarás mucho más en ayudarla.
Él tenía razón, como en todas las ocasiones que me había dado un consejo. Pensé en Kasumi, en explicarle la situación y pedirle apoyo.
—Te acompañaré a la oficina de la abogada, debes hablar con ella.
Otra vez me atacaron los nervios, Ranma podía pensar que me estaba aprovechando de su buena voluntad y no quería eso. No me quedaba más que decirle todo, sentía que ya no podía ocultar más secretos, por lo menos no a él —Justo iba a buscarla cuando te encontré.
Ranma sonrió ligeramente y me miró, con esa confianza que le salía de pronto y le levantaba el ego y que hacía su personalidad magnética. —Te acompaño.
Asentí, bajando la mirada y comenzamos a caminar rumbo a la estación.
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La abogada era una mujer muy seria. Fue muy explícita e incluso podría decir que me dijo las cosas con mesura, pero aun así lo agradecí.
—El caso de tu hermana no es sencillo, puesto que el hombre es reconocido y pudiente. Aquí el detalle es que puedo rescatar a tu hermana de pisar la prisión y de pagar una multa o la compensación que pide la contraparte, alegando desconocimiento, ingenuidad, incluso alguna enfermedad mental. Pero no podré salvarla de que sea expuesta públicamente, su expediente quedará manchado para siempre e incluso al momento de solicitar empleo, le será muy difícil obtenerlo. No podrá solucionarlo cambiando su domicilio, como anteriormente ¿lo entiendes?
—Comprendo —me sentía triste por mi hermana. Aunque ella era algo ambiciosa, no merecía eso. Todo lo había hecho por nosotras, sus hermanas, por conseguir dinero rápido y para sacarnos del terrible destino que por causa del alcoholismo de mi padre habíamos tenido.
Ranma pareció notar mi preocupación, porque habló a la legista como si de su asunto se tratara—Debe poder hacerse algo ¿no es así, señorita Shun? —Ranma la nombró por su nombre de pila y la mujer, de semblante impenetrable, pareció doblegarse unos segundos, después, volvió a su apariencia de piedra.
—Sepa que tomaré este caso a mi cargo y que no cobraré por mis servicios, señor Saotome, en agradecimiento a su discreción cuando ha trabajado conmigo; pero los sobornos para la destrucción de documentos para limpiar la imagen de la hermana de la señorita Tendo, no me será posible absorberlos. No es leal y sabe cómo me manejo, tengo una reputación que cuidar como abogada.
Ranma le respondió: —Estoy al tanto de eso, y es por ello que traje a la señorita Tendo con usted, sé de su capacidad y que hará lo mejor posible. Solo queda que ella esté de acuerdo y que sea quien tome la decisión.
Ranma y la mujer me miraron al mismo tiempo, yo volteé para ver a Ranma, quien hizo un ligero movimiento con la cabeza, como si me dijera que debía hacerlo— Confío en usted, que hará lo que esté en sus manos, usted es la mejor opción. —También, era la única. No sé si eso le agradaría a Nabiki, pero por lo menos era una abogada de renombre que sería dura en su caso.
—Siendo así, necesitaré comunicarme con su hermana. Debe presentarse lo antes posible en mi oficina para que no se pierda la fecha del juicio.
—Sí.
—Y considere los montos que le mencioné sobre los sobornos, no podré hacerlo de otro modo.
Ranma y yo nos despedimos de la abogada y salimos del edificio— Ahora solo debes hablar con tu hermana para que todo siga su curso. Shun es una buena abogada.
Yo estaba preocupada— Si fuera tan buena, ¿crees que tendría que sobornar personas?
—Oye, tu hermana se metió en una cueva de lobos hambrientos ¿crees que esto es fácil?
—Sé que no lo es, pero es que no sé de dónde voy a sacar para pagar eso. Pensaba volver a trabajar en el restaurante, y aunque trabajara doble turno, no creo que pueda conseguir tanto dinero.
Me senté en la banqueta, pensando en cómo debería hacer las cosas. Las cuentas no me salían. Incluso si aceptara la propuesta de la señora Nodoka… ¡¿por qué estaba pensando eso?! definitivamente era algo que no sucedería, Ranma estaba frente a mí y yo pensando en esas cosas.
—Trabaja para mí.
—¿Cómo dices?
—Yo puedo pagarte un buen salario, un poco más de lo que ganarías como administrativo en una oficina…si tú quieres.
Me sorprendí, no me imaginé que él me dijera eso— ¿Tú me ofreces…? ¿quieres algo de mí a cambio?
—¡No! ¡¿por qué tienes que pensar así?! estoy tratando de ayudarte —sonaba molesto.
—¿Por qué harías eso?
—¡Deja de preguntarte esas cosas y tómalo! no sería para siempre, solo hasta que se solucionara lo de tu hermana.
—Y ¿qué es lo que tendría qué hacer?
—Organizar la agenda, tomar llamadas, entrevistar a nuevos clientes recomendados. Eso me quita mucho tiempo, no respondo llamadas cuando estoy trabajando, así que, si alguien lo hace por mí, podría ganar mucho más dinero y tener una mayor clientela.
—¿Es todo?
—Sí. Y puedes trabajar desde una cafetería, o un parque, o un lugar donde mi madre no esté cerca, tampoco quiero que se entere. Podemos decirle que te conseguí empleo en la mensajería donde yo trabajo. Es un buen plan ¿no crees?
Sí que lo era, pero con tantas cosas que me habían pasado, aún me sentía dubitativa— Es bueno.
—De acuerdo, empezamos mañana, supongo que querrás contactar hoy mismo a tu hermana y tendrán cosas qué hablar. Entonces ¿tenemos un trato? —me mostró su mano y no me quedó más remedio que darle la mía y sellarlo.
Me sentía muy nerviosa, pero a la vez contenta y más tranquila que el día anterior. Aunque tenía dudas, algo me hacía confiar en él, más que en nadie.
—Eso sí, deberás seguir pagando la renta a mi madre y ocuparte de tus gastos.
—Te sorprenderás cuando veas que soy buena administradora.
—Eso espero.
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¡HOLA! Gracias por llegar hasta aquí. Agradezco a mi querida beta Sailordancer7 por apoyarme para la realización de este fic. A mis Locas por el Dios griego, por apoyarme siempre con todo, las adoro.
A quienes han leído y dejado review, les digo, como siempre que me han animado mucho, un millón de gracias.
Sigo actualizando y esperando que los capítulos, aunque cortos, sean de su agrado.
Los leo muy pronto.
Susy Chantilly.
