Capítulo 87

La preocupación de Jules

Tras observar a Sara en los jardines de su mansión desde la ventana de su habitación, Sofía se dirigió a su encuentro.

Todavía se sentía devastada por la noticia que había recibido tan solo unas horas antes; le atormentaba imaginar a Gerodelle encerrado, pero sobre todo, le dolía imaginarlo sólo. Aunque su padre jamás descuidó su educación y lo había hecho heredero de una buena parte de su fortuna, ella sabía que Víctor Clement y su progenitor no tenían una relación estrecha y que su madre prácticamente lo había abandonado; las únicas personas con las que el antiguo comandante de la Guardia Real tenía ese tipo de relación eran Clarice, su ama de llaves, quien ya estaba en camino a Suecia al lado de su familia, y Sara, quien había sido como una madre para él pero que por esos días era la invitada de su hermano, por lo que el conde no tenía a nadie en Francia en aquellos momentos tan difíciles.

No obstante, Sofía debía seguir fingiendo que todo estaba bien, al menos durante el tiempo en el que la nana de Victor permaneciera como invitada de los Von Fersen. Ella no sabía nada y no podía transmitirle su preocupación. Además, cada vez faltaba menos tiempo para que se cumpla el plazo en el que el rey de Francia dictaminara el castigo para Gerodelle, el cual no era otro que su exilio a Suecia.

Luego de llegar a la planta baja, Sofía se detuvo en el portón. Aquella mujer que estaba a unos pasos de ella había criado al hombre del que estaba enamorada y ese hecho bastaba para que la hermana de Fersen sienta un afecto inmediato hacia ella, sin embargo, la tarde anterior no había podido expresárselo; durante la cena había estado muy callada, y es que cada vez que Sara mencionaba algo que tenía que ver con Gerodelle, Sofía sentía deseos de llorar, teniendo su hermano que salvar la situación en varias oportunidades. No obstante, ahí estaba Sara nuevamente y era el momento de reivindicarse, por lo que tras algunos segundos contemplándola, se aproximó a ella.

- Madame Martin, buenos días... - le dijo Sofía con una sincera sonrisa. - La mañana es hermosa hoy, ¿no lo cree? - agregó.

Entonces, Sara dirigió su mirada hacia ella.

- Señorita Sofía, buenos días... - respondió Sara, sorprendida de verla ahí a esas horas de la mañana. - Así es... Además la brisa de estas horas me recuerda a la del amanecer de la zona en la que vivo. - agregó.

Tras ello, la hermana de Fersen tomó afectuosamente su brazo y empezó a caminar a su lado.

- Quiero disculparme con usted... - le dijo, y Sara la miró intrigada. - Ayer no me sentía bien y durante la cena estuve muy callada, pero no quiero que piense que es porque no me alegra que esté con nosotros. Todo lo contrario. Yo siento un gran afecto por Floriane y sé por él mismo que usted ha sido como una madre para él, por eso quisiera que se sienta como en su casa. - agregó.

- No se preocupe, señorita. Su hermano ha sido muy generoso conmigo durante todo este tiempo y todos en la mansión han sido muy amables. Me he sentido muy acogida. - le respondió Sara.

Y tras una pausa continuó.

- No tomé a mal que haya estado tan callada... Sólo me preocupó pensar que pudiera tener algún problema, porque la noté triste. - mencionó.

Entonces, Sofía permaneció en silencio por algunos segundos; todo parecía indicar que su intento por fingir que todo estaba bien había resultado todo un fracaso. No obstante, Sara no pretendía que le abriera su corazón ya que apenas la conocía, por lo que decidió cambiar de tema.

- ¿Sabe cuando llegará mi amo Floriane a Suecia? - le preguntó.

- Yo espero que en menos de un mes. - respondió Sofía.

Y tras unos segundos de silencio, Sara volvió a dirigirse a ella.

- Ayer no lo recordaba, pero hoy vino a mi memoria una conversación que sostuve con él hace un tiempo atrás. - le dijo. - Es muy reservado, ya debe saberlo, por eso le tomé especial atención a esa charla. Me habló de una dama, de una dama muy especial, y ahora estoy segura de que se trataba de usted. - le dijo.

- ¿Una dama? - replicó Sofía. No obstante, estaba completamente convencida de que la dama a la que hacía referencia no era otra que Oscar François de Jarjayes.

- Sí. No me mencionó su nombre, pero me dijo que era una dama de finos modales y de nobles sentimientos, muy distinta a las mujeres de la corte francesa. Me dijo que había llegado a Francia desde su natal Suecia para estar al lado de su hermano, pero que había decidido marcharse y que lamentaba mucho eso porque había llegado a apreciarla y a considerarla una verdadera amiga. - le dijo.

Entonces, Sofía dirigió su mirada hacia ella. Sara no se había equivocado; Gerodelle le había hablado a su nana de ella.

- "Floriane le habló de mí, ¡le habló de mí!..." - pensó Sofía sin poder evitar alimentar sus sentimientos hacia él con las palabras de su invitada.

- ¿Se refería a usted, cierto? - le preguntó Sara.

- Sí... - le respondió ella, sonriendo. - Floriane y yo nos conocimos en el Palacio de Versalles y ahí nos hicimos amigos. - le dijo.

De pronto, ambas vieron a una de las sirvientas caminar hacia ellas.

- Lady Sofía, Madame Martin, el desayuno está servido.

- Gracias, Nicole. Enseguida vamos para allá. - le respondió Sofía.

Entonces ambas caminaron en dirección a la casa, y mientras lo hacían, Sofía pensaba en las palabras de Sara.

"Me habló de una dama, de una dama muy especial. Una dama de finos modales y de nobles sentimientos, muy distinta a las mujeres de la corte francesa."

Era claro que ella no le era indiferente a Victor Clement, ¿pero acaso la vería para siempre como a una amiga? Su hermano le había pedido expresamente que no se enamore de él porque el conde amaba a Oscar. No obstante, Sofía no podía evitar sentirse ilusionada con él, mucho mas tras saber lo que Gerodelle pensaba de ella.

...

Mientras tanto, en la villa del Sur, Jules observaba los viñedos; faltaba más de un mes para la vendimia de ese año y todo parecía indicar que la cosecha sería estupenda. No obstante, el primogénito de Juliette no podía disfrutar del todo lo bien que le iba a la villa de André bajo su administración, porque a pesar de que su primo le había escrito una carta no hacía mucho tiempo atrás diciéndole que estaba bien, Jules presentía que no estaba siendo del todo honesto.

André se caracterizaba por intentar no cargarle sus problemas a su familia manteniendo siempre su optimismo frente a ellos; había sido así desde que era un niño. Sin embargo, para Jules era claro que algo les estaba ocultando; era obvio para él que su primo estaba en una situación de riesgo ya que era la mano derecha de la comandante de la Guardia Real, o al menos eso era lo que el hermano de Camille creía porque André no se había atrevido a decirle a su familia materna que Oscar ahora lideraba la compañía B de la Guardia Francesa, de hacerlo, habría tenido también que confesarles que se había enlistado en su regimiento para protegerla, evidenciando así su amor por ella.

- Monsieur Laurent, ¿cómo le fue ayer con la visita de los posibles compradores de la cosecha? - le preguntó uno de los trabajadores de la villa sacándolo de sus pensamientos.

- Jacques, perdóname. No te había visto. - replicó el hijo de Juliette. - Nos fue muy bien. No sólo logramos llegar a un acuerdo para vender toda la cosecha, sino que también lo haremos a un excelente precio.

- ¡Que gran noticia! - exclamó Jacques. - Por un momento creí que las cosas no habían salido como esperábamos.

- ¿Pero por qué creíste eso, Jacques? - le preguntó Jules, intrigado.

- Por la expresión de su rostro, Monsieur. Parece estar preocupado por algo. - le respondió el hombre de campo.

Entonces, Jules sonrió con resignación.

- Sí, Jacques. No lo niego... Tengo la mente en un asunto personal que me tiene intranquilo. - le dijo.

- Lamento escuchar eso. Si puedo ayudarle en algo, cuente conmigo. - le respondió Jacques.

Entonces, Jules tomó su hombro amistosamente con una sincera sonrisa en el rostro.

- Te lo agradezco. - le dijo.

Tras ello, el hermano de Camille se despidió cortésmente de su trabajador e inició su camino de vuelta a su despacho.

- "Si no fuera porque tengo formalizar la venta de la cosecha en estos días, saldría hoy mismo hacia París para asegurarme de que André realmente se encuentra fuera de peligro... ¡Maldición!.. La venta de la cosecha es muy importante para la villa... Por ahora sólo me queda confiar en lo que me dijo en su carta..." - se dijo a sí mismo.

Y mientras pensaba en ello, continuó su camino hacia la casa principal de la Villa del Sur.

...

Fin del capítulo