Dos enamorados que no deberían estar juntos, deciden huir y abandonar todo por el amor que se profesan.
Bajo la tenue luz del atardecer, dos enamorados, Levi y Mikasa, se encontraban juntos, sentados en la banca de en un viejo parque, donde los olmos y las sombras bailaban al ritmo del viento. Esa tarde-noche decidieron escaparse en busca de un rincón donde pudieran ser libres y vivir su amor, que tanto deseaban.
Levi siempre había sentido una conexión especial con Mikasa, desde el primer día que la vio caminando por las calles de la cuidad. Desde entonces, las horas pasaban volando entre risas, susurros y secretos compartidos, aunque, el amor de ambos nunca pudo escapar de la oposición y lo prohibido. Él ya estaba comprometido, a la fuerza, a pocos días de consumar su matrimonio y ella estaba casada desde hace un año, pero su matrimonio no era del todo sano y feliz, desde el inicio abundaron las peleas y desprecios por parte de su cónyuge. Por ello, decidieron arriesgarse y dejarlo todo, comenzando a soñar con una nueva vida, lejos de sus ataduras, de las miradas curiosas y juzgonas. Aumentando el deseos y las ganas de resurgir de nuevo con una historia diferente.
Justo cuando el sol comenzaba a ocultarse, Mikasa se sintió presionada por una mezcla de emociones. Algo en su interior le transmitía inquietud e inseguridad.
—¿Qué pasaría si...—murmuró, con la voz entrecortada. Sus palabras flotaron entre ellos, llenando el espacio con una carga electrizante. No necesito continuar, Levi entendía perfectamente su preocupación.
Fue entonces cuando Levi se acercó un poco más, juntando sus manos, reconfortándola.
—No pienses en ello, querida—le dijo suavemente.—Ya hemos llegado muy lejos, es momento de ser felices. Nadie puede detenernos.
Mikasa sonrió ante sus palabras. Después de todo, él tenia razón, si daban marcha atrás, probablemente ya no vivirían para contarlo.
Entonces, el mundo exterior se desvaneció mientras Levi se inclinaba y sus labios se encontraban en un suave roce. Un beso que prometía un refugio, una protección contra toda adversidad. Era un momento robado de la realidad, un instante donde las preocupaciones se desvanecieron y solo quedaba el calor de sus cuerpos, el perfume de su piel, y la certeza de saber que jamás volverían a intentar separarlos.
Rieron juntos, el eco de sus risas se mezcló con el canto de los pájaros que regresaban a sus nidos. Las hojas susurraban al caer, y ambos sabían que, aunque el mundo exterior podría ser cruel, en ese rincón del parque, habían encontrado su propio refugio. Allí, entre risas y miradas cómplices, comenzaron a escribir su propia historia de amor, a pesar de las malas decisiones tomadas para poder comenzar de cero, pero valían los riesgos de cierta forma. Y eso, los dos azabaches lo sabían bien.
Al terminar el conmovedor momento, tomaron sus pocas pertenencias que traían consigo, se tomaron de las manos emprendiendo su reciente viaje.
