N-A: Hola, ¿prefieren este tipo de escritura, (diálogos con guiones y pensamientos entre comillas)? Si prefieren este, cambiaré todos mis fics a este tipo de escritura.

Espero que disfruten la lectura. 😀🔥🌈

Fin de N-A.

Disclaimer: Los Anime/Mangas de Katekyo Hitman Reborn! y Sekirei no me pertenecen, solo juego con sus personajes para mi entretenimiento y el de mis lectores.

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Omake I: Karasuba y Homura I.

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-No puede ser, ¿ya no me queda nada para cenar en el refrijerador? -murmuró Tsunami con tristeza. La chica luego procedió a revisar la alacena, pero el resultado fue casi el mismo. Solo pudo encontrar un paquete de galletas de arroz.

Ella suspiró resignada. -Necesito ir de compras, si no me moriré de hambre -dijo desganada.

Tomó el pequeño bolso naranja que tenía sobre la encimera y salió de su elegante departamento hacia la tienda de conveniencia más cercana.

Llegó a dicho lugar, obtuvo todo lo que necesitaba y satisfecha con sus compras, emprendió el camino de regreso a su departamento. Mientras pasaba por las semivacías calles, por el rabillo del ojo, un peculiar brillo plateado llamó su atención. Ella fijó sin ser consciente su mirada en esa dirección, quedando congelada en su lugar al ver a a alguien bastante familiar, alguien que ya había visto en algunos de sus sueños, que por cierto, no eran los más agradables, pues estaban llenos de destrucción, gritos de agonía y en medio de todo ese infierno, también estaba de pie un atractivo joven que la miraba con desdén y odio prometiendo asesinarla si se la llegaba a encontrar alguna vez, joven que estaba viendo caminar a paso tranquilo del otro lado de la calle...

"¿Por qué no se pudo encontrar mejor con el otro encantador chico que también aparecía de vez en cuando en sus sueños, rodeado de hermosas llamas, mirándola con dulzura y una encantadora sonrisa?" pensó con un puchero en sus labios. Sin ser consciente de ello, la ojimiel apresuró el paso queriendo alejarse del joven peliplata lo más rápido posible, pero casi al instante sintió una fría y penetrante mirada en su espalda.

"No... por favor... que no sea lo que estoy pensando..." Se dijo mentalmente volviendo su acelerada caminata a toda una carrera. Ella continuó hasta que sintió que había puesto suficiente distancia entre el joven y su persona, aprovechando a tomar un respiro por el agotamiento, no obstante, fue un grave error, pues de un segundo a otro un terrible escalofrío recorrió todo su cuerpo. En el total silencio que había en esa zona completamente vacía de personas, un par de pasos hicieron eco a un os metros justo detrás de la chica.

Ésta se enderezó, y se preparó para echar a correr nuevamente, sin embargo su intento fue frustrado cuando una fuerte mano sujetó su muñeca con firmeza, a continuación, Tsunami fue volteada bruscamente como si fuese una muñeca de trapo, quedando cara a cara con el atractivo joven dueño de sus pesadillas.

Él la miró intensamente de pies a cabeza, con un profundo ceño estropiando su hermoso rostro. Anonadada, la castaña vio como las mejillas del chico se iban tornando de un leve color rojo, a la vez que su respiración se hacía más rápida y agitada. -Maldición -siseó el peliplata con rabia plasmando una mirada de reconocimiento.

-Estúpida niña... como te atreves a provocar esta reacción en mí... -le reclamó el chico con la voz ronca y entrecortada por la ajitación apretando con su mano su pecho, justo sobre su corazón. Soltó a la ambarina como si el toque de ésta lo quemara y desembainó un nodachi aterrorizando a la desconcertada joven-. No... No aceptaré esto... ¡ACABARÉ CONTIGO PRIMERO! -exclamó con furia sujetando con fuerza su nodachi, preparándose para cortar a la pobre Tsunami por la mitad.

Karasuba era el poderoso Sekirei Negro, alguien temido y odiado por humanos y por los de su propia especie por igual. Él nunca quiso formar ningún vínculo con un humano a diferencia de sus hermanos y hermanas, los cuales lo ansiaban desde el momento en que tenían consciencia de sus propias personas y eran liberados para buscar a su otra mitad. La sola idea de estar unido a uno le era sumamente repulsiva, razón por la cual se había negado rotundamente a ser el Sekirei de Ichinomiya Natsuo a sabiendas de la atracción de éste por los de su mismo género.

-Hieee! ¡NI SIQUIERA SE QUIEN ERES! -exclamó más que asustada la joven castaña.

-El que sepas quién soy o no, es irrelevante. De todos modos morirás en unos segundos -Karasuba dijo con simpleza, asustando más a Tsunami.

Como en cámara lenta, la chica vio como la afilada arma se acercaba más y más a ella. "No... no quiero morir..." A su mente comenzaron a llegar las imágenes de su familia, su amada madre, su inútil progenitor y sus dos hermanos mayores. "No..." Ella sintió como aquella sensación que solía hacerse presente cada vez que se hallaba en peligro se manifestaba nuevamente reconfortándola tras llenarla de seguridad y calma, aplastando todos sus miedos. Ésta amenazaba con salir a la superficie en cualquier momento-. ¡No MORIRÉ AQUÍ! -exclamó Tsunami con repentina fuerza y determinación. Sus ojos cambiaron de color a un brillante naranja con una mezcla de azul y un torrente de llamas de los mismos colores, siendo el primero el que más resaltaba, salió disparado de su cuerpo, en dirección al sorprendido Karasuba, el cual no reaccionó a tiempo y fue golpeado con gran fuerza contra la pared de una casa cercana, destruyendo el muro de ésta levantando una nube de polvo y escombros.

Tsunami, al ser la primera vez que liberaba sus llamas de última voluntad y de forma tan repentina, se sintió débil luego de esto y sin poder evitarlo, cayó en la inconsciencia, por suerte para la chica, desde la azotea de una casa cercana, Homura el Sekirei número 06 había visto la última parte del enfrentamiento tras estar por la zona y sentir que algo lo llamaba, atrayéndolo hasta ese sitio.

El Sekirei de fuego rápidamente entró en acción, bajando de la azotea con un ágil salto. Al tocar el suelo, corrió hacia el lugar donde la bella castaña yacía inconsciente y sin pensarlo dos veces, la tomó entre sus brazos y se la llevó lejos de allí, a sabiendas de que solo serían cuestión de minutos o en el peor caso, segundos para que Karasuba se recuperara y tomara represalias contra la joven.

Mientras el chico avanzaba sin detenerse, le echaba una mirada de vez en cuando a la hermosa joven en sus brazos. Él nunca pensó que este día llegaría, el día en el que por fin encontraría a su precioso Ashikabi, no después de que se le informó sobre su inestabilidad tanto en su género como en sus poderes, cuyo problema haría casi imposible que pudiese ser alado por un humano. Estaba extasiado por si tener un Ashikabi y, a su vez, temeroso de la reacción de la castaña,pero él planeaba hacer todo lo posible para que ella lo aceptara. Le hubiese gustado que esto sucediera en mejores circunstancias, pero así se habían dado las cosas. Nunca permitiría que Karasuba le hiciese daño, aunque le costara la vida.

Ya deseaba conocerla y saber todo de ella, en especial, qué eran esas extrañas llamas que habían salido de su cuerpo, él no tenía ni idea de que los humanos también tuviesen poderes, nunca se le había informado sobre eso, ni tampoco había visto algo similar con ningún otro humano. "Ella es tan fascinante", pensó Homura con una tierna sonrisa dirigida a Tsunami.

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Karasuba iba saliendo aturdido de la casa semidestruida recuperando poco a poco la movilidad en sus brazos y piernas, pues los sentía extrañamente rígidos. Estaba atónito por lo ocurrido y su cabeza se hallaba formulando un mar de preguntas que se entremezclaban dejándolo con un leve dolor de cabeza al tratar de organizar sus pensamientos.

Esbozando una pequeña mueca de disgusto, se marchó del sitio al ver que su pequeña presa ya no estaba por ningún lado. Minutos más tarde, con la mente más clara, una peligrosa sonrisa se posó sobre sus tentadores labios. "Ella no se escapará tan fácil de mí, la encontraré", pensó emocionado el sanguinario Sekirei.

Por segunda vez ese día, un fuerte escalofrío recorrió el cuerpo de Tsunami, la cual se aferró con sus brazos al cálido cuerpo del Sekirei usuario del fuego, preocupando a éste, el cual la abrazó protectoramente provocando que la castaña se relajara al instante.

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Fin del Primer Omake.