Ni tan diabólicos ni tan amantes
Capítulo I: Kim
Apenas recuperó la consciencia sintió el filo de una lengua recorriendo su cuello, provocando en ella sensaciones que no conocía. Se encontraba tan aturdida que dejó escapar un suave gemido sin reservas, incitando a su hambriento depredador, quien le clavó los colmillos en la piel y la trajo de golpe a la realidad.
—¡Aaaaah, me duele! —reclamó la chica en un grito desaforado—. ¡Quítate, quítate, quítateeeeeeeeeeee!
Los manotazos que recibió Subaru en su cabeza fueron suficientes para apartarse violentamente con la sangre ajena en la comisura de los labios.
—¡Cállate ya! ¡Qué escandalosa! —bramó furioso, intentando en el acto morderla de nuevo.
La castaña llevó la misma mano que antes golpeó al albino a su rostro, evitando que volviera a ponerle un colmillo encima.
—¡Alguien... ayúdemeeeeeeeee! —gritó, intentando escalar fuera del ataúd donde se encontraba.
—¡¿Así es como me pagas después de que decidí salvarte la vida?! —reclamó Subaru, forzándola a permanecer dentro.
—¿Eh? ¿Salvarme la vida? —Solo en ese momento la joven observó de frente al extraño muchacho. Los recuerdos del encuentro entre ambos volvieron como si acabaran de verter sobre ella un balde de agua fría—. ¡Ah, eres ese chico! ¡¿Por qué me estás haciendo daño?! —protestó inmediatamente después de reconocerlo, llevándose una mano hacia el cuello ensangrentado.
Subaru gruñó.
—Tonta, soy un vampiro y necesito alimentarme —le explicó de mala gana, manteniéndose sobre ella con esos rubíes que tenía por ojos penetrándola con suma frialdad—. Llevo tres días encargándome de tus heridas, el pago mínimo por ese servicio es darme tu sangre para saciar mi sed.
—Va-va-vampiro... —tartamudeó la muchacha, sin poder creerlo—. ¿Te refieres a esos monstruos chupasangre? ¿Tú eres uno de esos?
Las preguntas escaparon de sus labios de manera espontánea mientras le observaba de cerca: ahora que lo pensaba, su apariencia era muy extraña. Su palidez anormal, las hebras de sus cabellos y esos filosos colmillos que sobresalían de sus labios. Si lo analizaba, resultaba hasta ridículo creer que una persona así de misteriosa, bella y sedienta de sangre fuera un ser humano común y corriente.
Al levantar la mirada a su alrededor reconoció el techo de una habitación lujosa, por lo que rápidamente dedujo que se encontraban en el interior de la mansión que vio momentos antes de desmayarse.
En ese momento, Subaru volvió a acercarse hacia ella.
—¡Un momento! —lo detuvo la chica, cubriéndose el cuello con ambas manos—. ¡No te he dado permiso de beber mi sangre!
—La tomaré te guste o no —advirtió él, con un tono amenazador—. ¿O acaso quieres morir?
Esta pregunta paralizó sus nervios, haciéndola sentir acorralada. Por un momento creyó que el sujeto que le salvó la vida era una buena persona y que todo el asunto de la mordida era un simple mal entendido, pero tal y parecía que realmente iba a cobrarle el favor con su sangre.
"¿Y si me mata? ¿Y si no se detiene?", pensó asustada, aunque de todos modos sabía que no tenía otra opción. Solo le quedaba ceder y confiar.
Sus manos aflojaron, permitiéndole al vampiro fácilmente tomarla de las muñecas y morderla otra vez. En esta ocasión, la dolorosa sensación fue muy clara. Intentó contener un nuevo y vergonzoso gemido que se ahogaba en su garganta, una reacción que mezclaba el dolor punzante y el placentero cosquilleo que le producía tener al chico adherido a su cuello.
Al cabo de unos minutos que a la muchacha le parecieron eternos, Subaru decidió detenerse. De sus labios se deslizaron pequeñas gotas de sangre que mancharon su mentón.
—Así que... ¿solo me salvaste para alimentarte de mí? —quiso saber la castaña, sin moverse.
Subaru frunció el ceño, no muy a gusto con su pregunta.
—No tengo por qué responder eso —contestó con fastidio, momentos antes de apartarse y salir del ataúd con un rápido movimiento.
La chica se incorporó lento.
—¿A dónde vas? —preguntó, contemplando por primera vez la habitación en la que se hallaba. El sitio lucía bastante normal si descontaba el hecho de que no hubiera una cama y en su lugar estuviera esa extraña ataúd de color negro.
—Quédate aquí —le ordenó Subaru con voz severa. Su mirada se afiló antes de volverse hacia ella y decirle—: Ni siquiera se te ocurra poner un pie fuera de esta habitación, ¿me escuchaste?
Y dicho esto, caminó hacia la salida y la dejó de un portazo.
Encontrándose sola, la chica no supo qué pensar de toda esa situación.
—Qué mal carácter —comentó para sí misma, mientras se llevaba una mano hasta el cuello adolorido. "Al menos no me mató...", pensó con alivio, consciente que necesitaba algo para detener el sangrado.
Débilmente salió del ataúd y encontró sobre una elegante cómoda un recipiente de agua limpia con un paño, el cual utilizó para limpiar su herida.
—Ese sujeto debe ser un idiota si cree que le haré caso y me quedaré en este lugar —murmuró, volviéndose hacia un espejo roto en un marco de estilo rococó que se hallaba oculto en un rincón de la estancia. Su cabello castaño estaba algo desalineado y lucía más pálida de lo normal. Vestía las mismas ropas de hacía unos días: un chaleco de rombos rojos y una falda negra. La herida de su cabeza estaba cicatrizando bajo un parche—. Aunque no tengo dónde ir... y debo recuperar mis recuerdos... uhm... —Se cruzó de brazos, pensativa—. Qué raro. Mantengo el conocimiento de algunos temas triviales específicos, pero no recuerdo quién soy... ni de dónde vengo. ¿Qué está pasando?
Si bien el muchacho del cabello blanco no parecía ser del todo un mal tipo, no creía que fuera muy seguro obedecer su instrucción si le imponía "condiciones" como las de entregarle su sangre. Hizo un esfuerzo en recordar todo lo que podía para hallar pistas de su último paradero y, de manera espontánea, algunas imágenes aparecieron en su mente.
—¡Ah! ¡Ya lo recuerdo! —exclamó—. ¡Fue un hombre! ¡Un hombre golpeó mi cabeza con un palo! Es por eso que terminé desmayada en las afueras de esta mansión. —Sin embargo, eso era prácticamente todo lo que pudo recordar—. Mi nombre... es...
Tomó la decisión sin pensarla demasiado. No obstante, apenas dio unos pasos fuera de la habitación del vampiro, otro misterioso sujeto hizo aparición.
—Vaya, vaya, ¿qué tenemos por aquí? —escuchó decir al hombre que se interpuso en su camino. La castaña frenó en seco y reconoció en sus ojos esmeralda un brillo similar al del chico anterior, aunque físicamente no se parecían en nada—. Hueles delicioso.
—Eh... pues... ¿hola? —lo saludó ella, desconcertada al oír ese comentario.
Él sonreía confiado con una mano en la cintura, provocando la impresión de que se trataba de un sujeto sumamente arrogante.
—Tsk, otra mujer sin gracia. ¿Qué mierda pasa con ese anciano? —comentó de pronto mientras se inclinaba descaradamente hacia ella, haciendo evidente la gran diferencia de alturas que había entre ambos—. Aunque tú eres bastante más atractiva que el juguete de Laito.
—¡¿Mujer sin gracia?! —repitió la castaña, sin entender nada de lo que estaba hablando.
—Lo digo porque tus pechos son diminutos —aclaró el pelirrojo—. Creo que podría planchar la ropa sobre ti.
Al entender de qué iba el asunto, la muchacha se ruborizó.
—¡E-ese no es tu problema, idiota! —le gritó indignada, cubriendo sus pechos con ambos brazos. "¡¿Qué mierda le pasa a los sujetos de este lugar?!"
—¿Ah? ¿A quién estás llamando "idiota"? —replicó él, acortando rápidamente la distancia de manera que la chica acabó acorralada contra una pared del pasillo.
Visto de cerca, su belleza era tan abrumadora y poco humana como la del albino...
—¡¿Qué haces?! —reclamó cuando el muchacho dirigió una mano hasta su mentón, forzándola violentamente a girar el rostro hacia un costado.
—Qué lástima. No fui el primero —comentó él, examinando con fastidio los rastros de la mordida en su cuello—. Estos colmillos son de... ¿Subaru? Eso es inesperado. Nunca antes había sido el primero en lanzarse sobre el sacrificio. Debe estar realmente desesperado.
—¿Sacrificio? —repitió la muchacha antes de notar que el pelirrojo se recargó contra ella, reteniéndola contra la pared—. ¡¿Qué...?! ¡Aléjate! —le gritó, forcejeando para escapar. Sin embargo, al igual como ocurría con el albino, la fuerza ajena era al menos diez veces mayor, haciendo que todo esfuerzo resultara inútil.
—Aunque la limpiaras, la herida aún está abierta. Puedo captar el delicioso aroma de tu sangre. —En ese momento, el desconocido sonrió de tal manera que expuso sus filosos colmillos.
—¡Tú también eres un...!
Ante su sorpresa un fuerte estruendo se dejó escuchar, interrumpiendo el ataque.
—¡Te dije que no salieras de la puta habitación! —exclamó Subaru con furia desde el otro lado del pasillo. Un sector de la pared de su costado lucía trizada, como si acabase de darle un puñetazo. Al ver esto, la humana tragó saliva. "Ya se dio cuenta que me escapé..."—. Apártate, Ayato. Esa mujer es mía.
—¿De qué estás hablando, mocoso? —quiso saber el aludido, aún reteniendo a la chica—. El sacrificio nos pertenece a todos. Claro, hasta que pruebe mis colmillos. Cuando eso suceda solo le pertenecerá a Ore-sama.
La sonrisa de autosuficiencia de Ayato pareció cabrear más al albino, quien continuó hablando de manera seria y hostil:
—No es un sacrificio. La encontré afuera de la mansión y será mi mascota personal. Puedo hacer con ella lo que me plazca así que no te metas.
"¿Mascota?", se preguntó la castaña, sin entender absolutamente nada de lo que estaba sucediendo.
—Veo que la sed te ha hecho perder la cabeza —le respondió Ayato, sin dejar de sonreír—. Sabes mejor que nadie que no podemos traer mujeres desconocidas a la mansión a menos que las matemos después de utilizarlas. ¿Qué harás cuando el anciano se entere?
—Por como están las cosas, al primero que regañará será a Laito por retener al sacrificio a la fuerza y tenernos así —le recordó Subaru.
—¿A la fuerza? Esa perra fue quien se le ofreció.
—Sea como sea, eso no cambia el hecho de que ella es la novia actual y que esta chica es MI presa —bramó, acercándose a paso firme para apartar a Ayato de un empujón—. Me alimentará mientras Laito siga con su maldito juego.
Y dicho esto, Subaru tomó a la humana del brazo y la llevó a su lado de manera agresiva, ignorando la mirada de ella, llena de miedo y confusión.
—Tsk, eso quiere decir que tendré que arrebatártela a la fuerza... —declaró el pelirrojo que, sin dejarse intimidar, tomó el otro brazo de la castaña y la tiró de regreso. Ella dejó escapar un quejido: ambos la estaban apretando muy fuerte.
—¡Ayato! —le gritó Subaru en respuesta, desafiándolo con un puño.
"Más les vale a estos imbéciles no pelearse aquí... ¡Si lo hacen no saldré ilesa!", pensó la humana, presa del pánico, notando lo cerca que estaba de los depredadores nocturnos. La atención de ambos estaba puesta en el otro, en la penetrante mirada contraria, tan distinta pero igual de amenazadora que la propia. Una de un llameante rojo, llena de ira; otra de verde, brillante y altanera.
—¿Qué es este escándalo? —interrumpió un tercero.
De la nada, un sujeto alto de cabello oscuro y gafas apareció justo frente a ellos. Debido a la tensión previa, la castaña dejó escapar un fuerte alarido.
—¡¿Qué?! ¡¿Cómo?! ¡¿De dónde salió?! —se preguntó ella en voz alta. Sin embargo, sus interrogantes fueron completamente ignoradas.
—¡No te entrometas, Reiji! —le gritó el albino al recién llegado.
—Así que era cierto que durante estos días nos estuviste ocultando algo —comentó el sujeto, fijando sus filosos ojos color magenta en la muchacha—. Subaru, ¿quién es esta mujer?
—La encontré afuera. Estaba herida y decidí quedarme con ella. —Al explicar, Subaru mantenía su expresión de pocos amigos.
El tal Reiji frunció el entrecejo. Y solo por este gesto la implicada intuyó que no se trataba de una buena persona.
—Conoces las reglas —le recordó con voz seca.
—¡No la vas a matar! Seré yo quien decida cuándo hacerlo. Necesito su sangre —intervino Subaru, muy a la defensiva e interponiéndose entre la humana y Reiji—. Además, también está prohibido que uno de nosotros monopolice al sacrificio sin permitirnos saciar nuestra sed primero.
—Laito no tardará en matar al sacrificio actual. Ya lo conoces.
—¿Ah, sí? Pues se le ve bastante a gusto —intervino Ayato con una ceja en alza.
—¡Ha pasado un mes, Reiji! —le recordó Subaru, eufórico.
Estas reacciones hicieron que el sujeto de las gafas suspirara lleno de exasperación.
—Escuchen, pueden traer presas a la mansión siempre y cuando se deshagan de ellas apenas las devoren o lo que sea. El mismo Laito lo hace todo el tiempo, pero ¿esto? —Al hablar, Reiji señaló despectivamente con su mano a la humana, observándola de arriba hacia abajo con una expresión que ella solo pudo interpretar como asco—. Mantener entre nosotros a una mujer que no sea la novia sacrificada es inaceptable.
—¡Pues entonces haz algo con Laito o mata a la chica para que nos traigan a otra más eficiente! —protestó Subaru, evidentemente frustrado y sediento por todo el asunto de su hermano y la novia sacrificada.
—¡Basta! —intervino la castaña al fin, aprovechando la discusión de los vampiros para deshacerse del agarre de Subaru y Ayato—. ¡No entiendo nada de lo que está pasando, pero quiero que dejen de hablar de mí como si no estuviera presente! —exigió muy molesta mientras se alejaba del extraño trío—. Mi nombre es Kim, ¿entendieron? ¡Y yo seré quien decida qué hacer!
Y tras decir esto, la joven sin memoria corrió hacia el interior del oscuro pasillo. Fácilmente podía deducir que era de noche y que la mansión era gigantesca, pero eso no le impediría escapar de esos vampiros descerebrados. Mientras bajaba a toda prisa las escaleras, Reiji volvió a suspirar.
—Qué mujer más vulgar —comentó, acomodándose las gafas sobre el tabique de la nariz.
—Pero su sangre huele muy bien —agregó Ayato, con una sonrisa perversa dibujada en el rostro.
Subaru sabía mejor que nadie que no importaba cuánto corriera Kim, esos sujetos que tenía por hermanos la alcanzarían sin ningún esfuerzo. Es por eso que debía encontrarla antes que todos ellos, tal y como ocurrió la primera noche.
—¡Será mejor que te mantengas alejado, Ayato! —le advirtió al pelirrojo momentos antes de desaparecer e ir en busca de su obstinada presa.
Ayato sonrió. La cacería estaba a punto de comenzar.
NOTAS DE LA AUTORA:
¡Siento mucho la tardanza!
El trabajo no me ha soltado e intento cumplir con todos los proyectos que tengo al ritmo que puedo.
De todas maneras, no duden que estoy comprometida con cada una de mis historias.
¡Muchas gracias a Kamira Ookami y a daimondkiss por los reviews!
