Ni tan diabólicos ni tan amantes
Capítulo II: Encuentros
Todo parecía salido de una película de terror, ¿y cómo podía Kim recordar las películas de terror? Ni siquiera ella lo sabía. No entendía por qué había cosas que recordaba y otras que, por más esfuerzos que hiciera, no llegaban a su mente. Sin embargo, tampoco tenía mucho tiempo para detenerse a pensar en ello. Solo debía salir de ahí lo más pronto posible.
Sin dejar de correr, observó de manera fugaz los colores oscuros que predominaban en la decoración de la elegante mansión, dándole un ambiente sumamente lúgubre y misterioso. Atravesó la sala de estar y un largo pasillo, muy similar al del segundo piso, y luego se precipitó hacia una esquina que creía la llevaría hasta la salida. Pero en lugar de ello, chocó de bruces con otra persona.
—¡Tú eres...! —exclamó.
Al reponerse, Kim encontró miradas con una muchacha de cabello rizado, piel blanca y ojos castaños como los suyos. Tenía un lunar sobre el labio y contextura más gruesa que la propia. Llevaba puesto un vestido cuya parte superior eran rallas blancas y negras, mientras que de la cintura para abajo era negro. La división la realizaba un cinturón rojo que parecía ser parte del atuendo.
Por su apariencia, era fácil deducir que se trataba de una chica común y corriente.
—¡Al fin alguien normal! —exclamó Kim con alivio—. ¿Puedes decirme cómo salir de aquí?
La joven le observó con algo de recelo antes de responder:
—Ojalá lo supiera... —murmuró antes de observar a su alrededor, como si temiera estar siendo vigilada—. Esta es la mansión Sakamaki, territorio de una familia de vampiros locos. ¿Quién te envió?
—No tengo idea, solo sé que desperté en este lugar —le explicó la castaña—. Con vampiros locos... te refieres a los tres sujetos que vi hace unos momentos, ¿verdad?
—Son seis y pueden aparecer cuando menos te lo esperes, así que debes andar con mucho cuidado. —Kim se sobresaltó al oír esto: ¿aún quedaban más vampiros? La desconocida acortó distancias con una expresión preocupada—. ¿Estás herida? ¿No has perdido mucha sangre? —Como por inercia, Kim se llevó una mano hasta la herida en su cuello. No quiso responder. La otra humana suspiró—. Laito estaba seguro de que Subaru ocultaba a una chica. Esa debes ser tú, ¿no es así?
—¿Subaru? Ah, ¿te refieres al albino con problemas de ira? —Kim pensó en el vampiro que la salvó el primer día—. Pues... sí, debo ser yo. No me deja salir de su habitación y bebió mi sangre sin permiso, pero curó mis heridas, así que no debe ser tan malo. Creo. —Arrugó el ceño en una mueca, sin saber qué pensar de él realmente—. ¿Tú cómo te llamas?
—Yuzuki Katō, pero puedes decirme Yuzu. —La muchacha se presentó dedicándole una sonrisa afable. Algo en ella le transmitía confianza a Kim; a diferencia de los otros sujetos, no la trataba como un objeto.
—Yo soy... Kim. Solo Kim. —La castaña le devolvió la sonrisa con timidez.
—¿Kim? ¿Eres extranjera?
—No lo sé. Eso es todo lo que recuerdo.
—¿Qué? ¿Perdiste la memoria? —Kim asintió con la cabeza. Ambas intercambiaron miradas silenciosas. En ese momento, la expresión de Yuzu se tornó sombría—. ¿Puedes entender la situación?
—¿Situación?
—Tú... no podrás salir de aquí...
Al oír esto Kim se quedó petrificada en su sitio, incrédula. La chica que acababa de conocer parecía estar hablando muy en serio.
—¿A qué te refieres con eso? —exigió saber.
Pero antes de poder dar con una respuesta, la voz de un tercero las interrumpió:
—Esto es conmovedor, ¿puedo participar de su reunión? —En menos de lo que dura un parpadeo, una figura masculina y desconocida para Kim hizo aparición justo detrás de Yuzu, inclinándose por sobre su hombro con actitud confianzuda. Sonreía—. Bitch-chan, no está permitido que las presas hablen solo entre ustedes, ¿qué haremos si arman un complot en nuestra contra?
Yuzu ni siquiera se inmutó por esta repentina invasión a su espacio personal, pero Kim retrocedió en alerta. Aquel desconocido tenía la misma presencia que los vampiros de hacía un rato, con la remarcable diferencia de que lucía especialmente peligroso.
—Sabes mejor que yo que eso sería una tontería, Laito —le respondió la chica del lunar con frialdad.
—Nfufu, me alegra que lo tengas claro. —Sin dejar de sonreír, el sujeto se enderezó y examinó a Kim descaradamente de pies a cabeza. Ella al notar el gesto se estremeció—. Hola. Es un placer.
—Ah... hola —lo saludó la castaña, incómoda.
—Eres bastante linda. Es una lástima que seas la presa de Subaru.
—¿Oh? ¿Acaso no estás conforme conmigo? —intervino Yuzu, esta vez volteando a verlo con aparente fastidio.
—Qué cruel eres, Bitch-chan —Laito enarcó una ceja hacia ella—. Juegas a ser la novia celosa por el bien de esta chica, ¿acaso no sabes que los celos reales emanan una fragancia especial?
Kim no entendía de qué iba su conversación, pero detestaba ser llamada "presa" una vez más. "Este idiota debe ser uno de ellos... Un vampiro...", pensó con sus sentidos exaltados, notando que el sujeto se le estaba acercando sin ningún tipo de reparo.
Antes de poder tomar acción, Yuzu lo detuvo tomándole del brazo.
—¿No crees que si Subaru la está ocultando es porque no tiene intenciones de matarla? —sugirió entonces. Kim pudo notar a la distancia su nerviosismo. "¿Qué clase de relación tienen estos dos? No parecen ser novios, pero se tratan con una extraña cercanía", se preguntó en su fuero interno.
—Imposible, imposible —Laito dijo esto dirigiéndole una mirada sugerente a la castaña, quien se sobresaltó al encontrar el filo de las esmeraldas que tenía por ojos—. Recuerda que la última novia sacrificada en llegar fuiste tú y solo me has alimentado a mí. Mis hermanitos deben estar más sedientos que de costumbre y Subaru en particular es algo joven, ya sabes.
Cuando Kim abrió la boca para protestar fue silenciada por el fuerte estruendo de una estantería al caer. Los presentes voltearon para ver a Subaru desde el otro lado del pasillo rompiendo todo lo que encontraba a su paso.
—¡Regresa ahora mismo a mi habitación! —gritó el albino mientras utilizaba sus puños para trizar las paredes.
—¡Ahí viene! —exclamó Kim, quien se ocultó tras Yuzu espantada por la fuerza sobrenatural del vampiro.
Subaru caminó hasta donde se encontraba el grupo con la misma expresión de pocos amigos que mostró al pelirrojo arrogante. Se detuvo frente a la novia sacrificada y la fulminó con la mirada al ver que estorbaba su camino.
—Muévete, humana. Ella viene conmigo —anunció el vampiro cuya altura superaba con creces la de la chica. Pero ella no se dejó intimidar.
—¡¿Qué rayos te pasa, Subaru?! —exclamó, llevándose ambas manos a la cintura—. ¡La estás asustando!
—¡Tú mejor que nadie deberías saber lo que pasa con las mujeres tontas que rondan este lugar! —le gritó él de regreso, más cabreado que antes—. ¡Ahora, apártate!
—Mujer... tonta... —Yuzu repitió esto con la moral ligeramente tocada.
Laito se interpuso entre ella y su hermano:
—¿Por qué estás tan molesto, Subaru? Solo estábamos saludando a esta chica antes de que la mates —le explicó, burlesco—. No sé los detalles, pero es muy caballeroso de tu parte que hayas sanado sus heridas, ¿o será que el inmaduro de mi hermanito se ha enamorado?
—¡¿Qué dices, pervertido?! ¡Ella solo es mi presa personal! —increpó Subaru con indignación.
Y Kim, harta de que esos vampiros la trataran como si no tuviese voluntad ni opinión, decidió intervenir:
—¡Deja de llamarme así! ¡No soy tu presa ni tu alimento, ni mucho menos una mascota que puedas tener encerrada en tu habitación!
—¡Puedes ir al baño si quieres! —le contestó el albino, sin disminuir la agresividad de su tono.
—¡¿Estás bromeando?! ¡Con eso no me basta!
—¡Deja de pedir! ¡Si hubiera querido habría dejado que los otros bebieran de ti hasta dejarte seca!
—¡Pero no lo hiciste! ¡Así que atente a las consecuencias!
—Nfufu, ¡esto es muy divertido! —comentó un risueño Laito mientras los veía pelear.
La acalorada discusión se mantuvo hasta que Yuzu colocó sus manos sobre los hombros de Kim en un gesto ligeramente aprehensivo. De este modo, se dirigió hacia el vampiro implicado.
—Subaru, por favor déjala ir —pidió, muy seria. El aludido la quedó viendo con desconfianza.
—¿Eh? —soltó Kim, confundida.
Yuzu suspiró.
—Yo soy la novia sacrificada —le recordó al albino—. No involucres a nadie más en esto.
Subaru entendía su punto al hacerse responsable del rol que le dieron, pero ya era demasiado tarde. Se tomó una pausa antes de cruzarse de brazos y responder:
—Todo esto comenzó por tu culpa, humana —dijo con firmeza—. Tu función aquí es alimentarnos, pero solo te has dedicado a complacer los caprichos de este imbécil, así que te busqué un reemplazo.
—Si la dejas ir, le salvarás la vida —Yuzu insistió, consciente de que Subaru no era tan malo como sus hermanos y podía empatizar con la situación de Kim. Al hablar, deliberadamente le mostró su cuello al muchacho—: Y si tienes sed... yo...
—¡Nunca he estado interesado en tu sangre! —la cortó Subaru con hastío—. Y ahora menos. No hay parte de tu cuerpo que no huela a este.
Al decir lo anterior, Subaru apuntó a Laito con un índice acusatorio. El aludido se limitó a sonreír. Kim, por su parte, volteó hacia Yuzu y le puso una mano en el hombro para tranquilizarla.
—No tienes que hacer esto por mí —le dijo la castaña—. Nos iremos juntas de este lugar.
—¿Qué? —respondió Yuzu, confundida.
Kim comprendía que la humana estaba intentando protegerla ofreciéndose a sí misma como carnada, por lo que no dudó a la hora de alzar la voz y dirigirse hacia los vampiros presentes:
—Quiero que nos saquen de aquí —exigió—. Sé que son vampiros y necesitan alimento y blablablá, pero no es justo. Nadie quiere vivir siendo tratado como una bolsa de sangre.
Ante esta declaración, Laito comenzó a reír.
—¡Esta muchacha es muy divertida, Subaru! —comentó, sin hacerle el menor caso a la humana. Sin embargo, Subaru lucía muy molesto por su petición.
—¿Y a dónde piensas ir sin tus recuerdos? —quiso saber.
—¡Puede irse conmigo si es necesario! —intervino Yuzu. Kim le sonrió.
—Bitch-chan, no arruines la diversión. Creía que ya habías entendido cuál era tu rol aquí. —Laito dejó las risas de lado para regañarla—. Su destino, al igual que el tuyo, es morir en este lugar. ¿No crees que lo más inteligente es aceptar esa realidad? ¿O acaso no te gusta vivir conmigo? —Yuzu se sobresaltó al sentir su mirada sobre ella otra vez—. Se suponía que teníamos un trato... Pero podemos hacer un trueque con Subaru, si lo prefieres —al decir esto, el vampiro desvió la vista descaradamente hacia la falda de Kim y se relamió los labios.
En ese mismo instante, Subaru reaccionó interponiéndose entre su hermano y la chica.
—¡No jodas! —le gritó—. Esa mujer ya se convirtió en tu objeto sexual. Confórmate de una vez y déjale comida al resto.
—¡E-espera un segundo! —saltó Yuzu, ofendida—. ¡¿A quién llamaste objeto sexual?!
—Comida... ¿Solo eso somos? —murmuró Kim, descolocada por tener que asumir un papel tan nefasto. Lo peor era que sin sus recuerdos no podía argumentar ni contradecir nada.
—Es un buen momento para entender la situación, ¿no creen? Nfufu —rio Laito, dirigiéndose hacia las chicas con una sonrisa traviesa que les produjo escalofríos.
Kim entendía lo que estaba pasando, pero no quería aceptarlo. Morir como la comida de alguien más y sin recordar nada no le parecía un panorama alentador. Yuzu, quien aún se encontraba a su lado, la observó en silencio. Le angustiaba que otra persona se viese envuelta en la misma situación que ella.
Y sin previo aviso, Laito hizo aparición tras las humanas, técnica que le sirvió para franquear rápidamente a Subaru. El vampiro inclinó el rostro de manera invasiva hacia Kim y la tomó de la cintura.
—Entonces, ¿no recuerdas de dónde vienes o qué estás haciendo aquí? —Su voz se dejó oír muy cerca del oído de Kim, por lo que la chica dio un salto y se apartó de golpe.
—Te agradecería que respetaras mi espacio personal. Alguien ya lo violó un poco bastante —le advirtió a la defensiva, mientras veía a Subaru de soslayo y recordaba lo ocurrido en el interior del ataúd. Él se transportó de su posición hasta aparecer nuevamente frente a ella, listo para detener a Laito en caso de que volviera a acercarse.
—¿Eh? ¿Por qué los humanos tienen tanto interés en guardar la distancia unos con otros? No lo entieeeendo —comentó el vampiro atacante con un tono ligeramente quejumbroso.
—Tampoco creo que lo llegues a entender —murmuró Yuzu.
Con Subaru frente a ella, Kim notó entonces lo alto y fornido que era, algo bastante útil si necesitaba apartar a otro molesto vampiro de su metro cuadrado. Sintiéndose ligeramente más segura, respondió la pregunta de Laito:
—Mi nombre es lo único que recuerdo además de... la imagen de haber sido golpeada en la cabeza por un hombre. Creo que es por eso que estaba inconsciente en el jardín de esta mansión. —Al hacer esta revelación notó cómo la atención de los presentes se detenía en ella.
Se hizo un silencio en el que pudieron escuchar claramente cómo el estómago de Kim gruñía, haciéndola ruborizar.
—Tienes hambre, ¿eh? —supuso Yuzu, sonriéndole.
—Tsk, si hubieras decidido esperarme en la habitación como te indiqué en lugar de escapar, no tendrías hambre —masculló Subaru, sin voltear.
—Ah, ¿ibas a buscar comida para mí? —le preguntó Kim. El albino no respondió, pero ella pudo reconocer la vergüenza en su expresión malhumorada. "No es tan malo...", pensó, esbozando una pequeña sonrisa.
Yuzu estaba por proponer ir a la cocina juntas cuando Reiji hizo nuevamente una repentina aparición, esta vez acompañado de otro sujeto desconocido para Kim. Se trataba de un muchacho de baja estatura y grandes ojos que cargaba un oso de felpa entre sus brazos. Al verlo, el rostro de Yuzu se desfiguró en una expresión llena de pánico. El susto fue tal que su primera reacción fue buscar el brazo de Laito, del cual se asió espantada.
—¿Eh? Ahora son dos —habló el recién llegado, paseando su mirada desde Yuzu hasta Kim—. ¿Qué vamos a hacer, Teddy?
—Veo que ya se conocieron —comentó Reiji al confirmar que las dos humanas estaban en el mismo lugar. No se habría tardado tanto en encontrarlas si no fuera porque tuvo que ocuparse del desastre que tenía Kanato en el ático: al parecer estaba incendiando cosas otra vez.
Kim se mantuvo expectante. El sujeto de las gafas le seguía dando mala espina y, al juzgar por la reacción de Yuzu, tampoco debía confiarse del desconocido.
—La... Laito... —La voz de Yuzu se dejó oír de manera ahogada, como si estuviera a punto de tener una crisis de angustia. Se mantenía alerta observando al más bajo de los vampiros presentes.
—Sí, sí —respondió Laito, colocándose detrás de ella para tomarla de los hombros—. Kanato, ¿quieres probar un poco de Bitch-chan? Te daré un permiso especial.
—¡E-espera...! —Yuzu se sobresaltó al oír esto e intentó huir de inmediato, pero no tardó en confirmar que el vampiro que supuestamente debía protegerla la estaba reteniendo en ese lugar con su fuerza sobrehumana.
Kanato, en respuesta a ese ofrecimiento, se aferró al oso de felpa y esbozó una siniestra sonrisa.
—Teddy, ¿escuchaste eso? El estúpido de mi hermano al fin hace algo bueno —dijo dirigiéndose hacia el peluche, mientras acortaba distancias con la humana que tanto terror le tenía—. Te he extrañado mucho, Yuzu.
La muchacha no dejaba de forcejear y lanzar patadas con las pupilas contraídas y la respiración sumamente agitada. Kanato atajó una de sus piernas y se inclinó hacia ella, cautivado por su expresión horrorizada.
—N-no... ¡no, no, no! —gritaba Yuzu con lágrimas en los ojos, mientras el vampiro intentaba encajar los colmillos en su cuello y Laito se encargaba de limitar sus movimientos.
—¡Detente! —exclamó Kim momentos antes de precipitarse sobre el grupo, dándole un manotazo al rostro de Kanato y cubriendo los ojos de Laito con la otra mano. De este modo se lanzó sobre Yuzu para sacarla de ahí.
Como resultado, ambas cayeron al suelo y la agitación permitió que la sangre de la herida aún abierta de Kim volviera a salir. Las miradas de los cuatro vampiros presentes centellearon.
—Ese aroma... —murmuró Kanato, ofendido por el golpe y desquiciado al percibir la esencia de la sangre. De manera violenta se acercó a la castaña y la tomó del brazo con fuerza, jalándola hacia arriba como si de una muñeca se tratase.
—¡Suéltame! ¡Me duele! —protestó Kim.
—Una mujer nueva. Me pregunto qué sabor tendrás tú, Teddy también quiere saberlo.
En ese momento, Subaru golpeó con fuerza la pared, trizándola. El gesto y la expresión en su rostro delataban su molestia. Reiji dejó escapar un suspiro exasperado.
—Nfufu, Subaru, deberías dejar de destruir las cosas. Sabes que esa clase de amenazas indirectas no funcionan con mi querido hermano... Así como ocurre conmigo —dijo Laito en son de burla mientras se inclinaba hacia Yuzu. La chica aún se encontraba en el suelo con el miedo haciéndose evidente en los temblores de su cuerpo, y el vampiro no dudó un segundo en deslizar la lengua por sus mejillas, siguiendo el trazo que dejaba su llanto—. Ah, las lágrimas de Bitch-chan saben tan bien cuando está aterrada. ¿Por qué esto solo pasa con Kanato? Estoy celoso...
Kanato desvió su atención hacia Laito, viendo la escena con una ira que no pudo contener. Jaló a Kim de manera agresiva hacia él, sin embargo, Subaru reaccionó a tiempo y apareció a su lado para apartarlo de un fuerte empujón. El vampiro soltó a Kim por el impacto y, en menos de un segundo, tuvo a su hermano menor al frente, separándolo de ella.
—Tsk... ¡Subaru, no te interpongas en mi camino! ¡Voy a hacerte pedazos! —gritó un escandaloso Kanato. Sus ojos amenazaban con llorar en cualquier momento—. Yo... n-no es justo... ngh... ¡NO ES JUSTO! ¡Tengo hambre, tengo mucha hambre! ¡Tú y Laito deberían desaparecer!
—Cuánta razón. Todos ustedes deberían alejarse de mis pertenencias —habló una voz conocida por todos.
Kim dio un respingo y al voltear se percató que el pelirrojo de antes acababa de hacerse presente con el pecho muy erguido. "¿Acaso todos tienen ese maldito poder de aparecerse de la nada?", se preguntó, mientras llevaba una mano hasta el brazo adolorido.
—Tsk, Ayato. —Al verlo, Subaru se posicionó de tal manera que Kim quedó prácticamente pegada a su espalda.
—Subaru, desgraciado, ni creas que te perdonaré lo de hace un rato —dijo el recién llegado con la furia frunciendo su ceño.
—Ya te lo advertí —respondió Subaru, manteniéndose arisco—. No le colocarás ni un solo colmillo encima. Yo la vi primero.
—Qué comportamiento más infantil —comentó Reiji, mientras se acomodaba sus lentes y contemplaba con desaprobación el agujero que el albino hizo en la pared momentos atrás.
Toda esta situación alteró otra vez a Kanato, quien abrió mucho los ojos al gritar:
—¡No son más que basura, basura! ¡Si es que todos nos animáramos a irnos en su contra, estarían perdidos! ¿No es así, Teddy? ¡Acabemos con ellos!
Yuzu se incorporó rápidamente, interrumpiendo los avances de Laito y echándose hacia atrás al ver a Kanato tan descontrolado.
—Ruidosos... —Una nueva voz se dejó oír tras ella, asustándola. Desde las penumbras del pasillo apareció un sexto muchacho. Él detuvo la vista en Yuzu, percibió el aroma de la sangre de Kim y luego observó la situación con desgana—. ¿Qué pasa aquí? ¿Se están peleando por la comida?
Al verlo, Kim cayó en cuenta de que los seis vampiros ya estaban allí. La pregunta del desconocido desató una nueva discusión que involucró a Subaru, Ayato y Kanato, quienes entre gritos e insultos se atribuían los derechos de beber la sangre de las presas. Nerviosa, Kim volteó hacia Yuzu. Ella se encontraba a cierta distancia suya, por lo que aprovechó de hacerle señas, indicando que salieran de ahí. Yuzu negó con la cabeza, intentando expresarle con sus gestos y manos lo inútil que resultaría eso, pero Kim insistió en que debían aprovechar la oportunidad y hacerlo de todos modos.
Desde la distancia que las separaba, Yuzu finalmente suspiró resignada y asintió. Kim contó con los dedos hasta tres, momento en el que ambas salieron corriendo hacia el interior del pasillo, en dirección opuesta de los vampiros. Ellos se sorprendieron por esta acción, pero no las detuvieron.
Las humanas corrieron juntas, hombro con hombro, hasta que divisaron una posible salida.
—¡Ahí hay una puerta! —indicó Kim, abalanzándose contra ella para intentar abrirla—. ¡No abre!
—¡Está cerrada! —exclamó Yuzu, quien también forzó el picaporte.
Y en menos de un segundo, se encontraron rodeadas por los seis vampiros que lucían más hambrientos que antes. Kim y Yuzu se arrinconaron contra la puerta, abrazándose entre ellas.
—Va-va... ¡vamos a morir! ¡No quiero morir sin recordar nada! —exclamó Kim, aterrada—. ¡¿Qué pasa con tu vampiro?! ¡¿No te va a proteger?!
—¡¿Estás loca?! ¡¿Acaso no has notado el tipo de sujeto que es?! —respondió Yuzu, temblando de miedo.
—Bitch-chan, ¿hacia dónde van con tanta prisa? —quiso saber Laito, sonriéndole con malicia.
—Realmente, sus modales son deplorables —comentó Reiji, despectivo—. Y eso que es la primera vez que nos reunimos todos desde que llegó el sacrificio.
—Están atrapadas, no hay por dónde salir —advirtió Kanato, con una sonrisa maniática atravesándole el rostro—. ¡Vamos a matarlas! ¿No es así, Teddy? ¿Por cuál debería empezar? ¿Por la nueva o por Yuzu?
—¡Cállense todos de una puta vez! —protestó Ayato mientras se acercaba a Kim y la tomaba del brazo, alejándola violentamente de la otra humana—. Tú vendrás conmigo esta vez —anunció, apegándola a su cuerpo y sonriéndole con deseo—. Te enseñaré algo realmente placentero. Te sentirás tan bien que no querrás volver a ser tocada por otros colmillos, Chichinashi.
—Ah, lo dijo —dijo el muchacho de cabello rubio, con un tono apático.
—Sí, lo dijo —confirmó Laito, reprimiendo una carcajada.
—¿Cómo... me llamaste? —preguntó Kim, desconcertada.
—Dije que tu pecho es tan plano como un- —Pero Ayato no logró finalizar la frase, ya que fue interrumpido por una fuerte bofetada de parte de la chica. Esto pilló por sorpresa a los presentes, quienes guardaron silencio ante la escena. El pelirrojo se apartó y, sintiéndose sumamente humillado, se dirigió furioso hacia ella—: Maldita... ya verás... —gruñó al momento de abalanzarse, sin embargo, no logró hacerlo de nuevo ya que alguien estrelló una silla contra su espalda—. ¡¿Qué demonios?! —exclamó, aturdido por el impacto.
Al voltear, encontró al único de sus hermanos que podía ganarle en fuerza bruta.
—¡Te dije que era MI PRESA! —reclamó Subaru, hecho una furia. El albino apartó a Ayato de un empujón y tomó a Kim por sobre su hombro, como si se tratara de un saco de papas—. ¡Escuchen todos! ¡Si alguien le llega a poner un dedo encima, destruiré toda la mansión! —Reiji bufó, pensando que ya había hecho suficiente. Subaru caminó con la chica a cuestas mientras ella forcejeaba y pataleaba para liberarse, algo que resultaba completamente inútil dada la fuerza del vampiro.
—Yu... ¡Yuzu! —Kim llamó el nombre de la chica, quien aún se encontraba a merced de los depredadores nocturnos. Con fastidio, Subaru suspiró.
—¡Oye, Laito! —llamó a su hermano—. Si tanto te gusta el sacrificio actual, cuídala mejor —le advirtió antes de retirarse rumbo a su habitación con Kim protestando sobre su hombro—. ¡Deja de moverte!
—Qué considerado eres, Subaru —comentó Laito, un poco sorprendido por esa intervención—. Pero Bitch-chan es reemplazable, ¿acaso no sabes que puedo conseguir a cualquier mujer que quiera?
Y sin previo aviso, Yuzu tomó su rostro y le robó un beso que paralizó momentáneamente sus sentidos. Al ver esto, la expresión de Kanato se crispó y los presentes observaron la escena desconcertados. Incluso Laito lucía sorprendido.
—Deberías dejar de dar excusas y centrarte en lo importante, ¿o qué? ¿Vas a dejar que Subaru se adelante? —La humana se apartó sonriendo con una coquetería que contradecía muchísimo sus pensamientos: "Sácame de aquí maldito bastardo hijo de-"
—¡Claro, Bitch-chan! —respondió Laito, lleno de un repentino ánimo. En el acto, la tomó entre sus brazos como a una princesa y se dirigió hacia sus hermanos—: No está de más recordarles que si van a jugar con mi preciosa mascota al menos tengan la decencia de avisarme para participar, ¿de acuerdo?
—¡Argh, La-Laito! —reclamó Yuzu, mientras era cargada hacia la habitación que actualmente compartían.
Ayato y Kanato no lucían nada conformes con esto.
—¡Reiji, haz algo! —protestó el más bajo.
—¡¿Vas a permitir que esos idiotas se queden con toda la comida?! —reclamó Ayato, hecho una furia.
Subaru y Laito acababan de desaparecer en las penumbras del pasillo, cada uno con su respectiva presa.
—Tómenlo con calma —les respondió Reiji, firme—. Este juego no les durará demasiado...
NOTAS DE LA AUTORA:
Creo que los géneros que mejor describen este fic son "Romance" y "Humor", pero me sigue incomodando no poder poner "Drama" ya que hay mucho de eso más adelante.
Pero bueno, aún nos encontramos en la introducción de los nuevos personajes.
¡Gracias por sus reviews daimondkiss y Camila!
Nos vemos en la siguiente actualización.
