Advertencia: Este capítulo tiene contenido sexual.
Ni tan diabólicos ni tan amantes
Capítulo III: La situación
—¡Me duele! ¡Eres muy bruto! —exclamó la chica apenas los colmillos volvieron a clavarse en ella.
—¡Cállate! —le gritó el vampiro, aprisionándola en el interior del ataúd con las muñecas retenidas a sus costados.
—¡Ngh!
Cuando Kim regresó a la habitación de Subaru, este se le abalanzó y la mordió sin ningún tipo de consideración. Bebía de ella frenético, sediento, como si hubiera soportado una larga espera que se prolongó aún más debido a la intervención de sus hermanos. La castaña forcejeaba para liberarse, pero, tal y como había sucedido la primera vez, cualquier esfuerzo resultaba inútil. Algunas lágrimas escaparon de sus ojos al sentir el dolor punzante otra vez y de maneras reiteradas, pero esto no detuvo al vampiro, quien deslizaba sus fríos labios sin pudor alguno por la extensión de su cuello y clavícula.
Kim podía adivinar, sin temor a equivocarse, que lo único que realmente instaba a Subaru a protegerla era su sed de sangre. Y al cabo de un tiempo prolongado manteniendo ese ritmo, se desvaneció.
Despertó horas más tarde. El ataúd se encontraba abierto y por la luminosidad de la habitación pudo deducir que aún era de noche; el cuello le ardía, pero el sangrado parecía haberse detenido. Subaru no estaba a su lado.
Al alzar la vista fuera encontró junto a ella una elegante mesa rectangular llena de bandejas y fuentes de plata, todas ellas con grandes cantidades de comida. Sin cuestionar nada y obviando completamente los cubiertos, salió del ataúd y devoró todo lo que encontró, notando en el acto lo hambrienta que estaba. Aquel banquete era suficiente para cubrir el desayuno, el almuerzo y la cena, y además estaba delicioso.
—Te veo de mejor humor —escuchó decir. Kim dio un salto y levantó el rostro ahora lleno de salsa roja y jugo de arándanos.
Subaru acababa de aparecer apoyado en la pared frente a ella. Tenía los brazos cruzados y una seria expresión.
—Deberías dejar de hacer eso, ¡casi me matas del susto! —exclamó la humana con la boca llena de comida—. Oye, esto está muy bueno, ¿tú lo hiciste?
—Claro que no —bufó el muchacho—. El único con un pasatiempo tan estúpido como cocinar es Reiji.
Al oír esto, Kim se atragantó.
—¡¿El cuatro ojos hizo esto?! —gritó, pensando en la posibilidad de que la comida estuviese envenenada o tuviese algo raro.
—No, fue la servidumbre. Ellos se encargan de las comidas de las novias sacrificadas.
—¿Servidumbre? —repitió Kim, aliviada de que no estuviese comiendo la comida de Reiji—. Tendré que darles las gracias.
—No es necesario. No son seres reales, sino entidades al servicio de los vampiros, además... —Subaru hizo una pausa en la que contempló a la chica en silencio mientras ella seguía tragando—. Tú no saldrás de aquí.
—¡Eso está por verse! —Al reprochar, Kim se encontró con la mirada de Subaru observándola con intensidad. Ella seguía masticando un pedazo de carne—. ¿Qué?
—Ya te recuperaste, ¿no? —quiso saber el vampiro—. A mí también me dio hambre.
—¡E-espera, no he terminado de-!
Sin que Kim pudiera evitarlo, Subaru la tomó agresivamente de los hombros para llevarla de regreso hacia el interior del ataúd. Bebió su sangre a gusto y de manera continua hasta que ambos cayeron dormidos.
La chica detestaba saberse el alimento de alguien más, pero al encontrarse en esa situación y sin sus recuerdos no le quedaba otra alternativa. Subaru era tosco y malhumorado, y encima hablaba poco y no parecía tener otro interés además de vigilarla y beber de ella cuando la necesidad se lo pidiese. "¿No se aburrirá de estar todo el tiempo aquí? ¿No hace nada para divertirse?", se preguntaba a medida que las horas pasaban y el sueño iba y venía para ambos.
Aun así, ese sujeto le daba mucha más confianza que cualquiera de los hermanos Sakamaki, que sin conocerlos demasiado podía captar lo retorcidos que eran.
La tercera vez que despertó en el ataúd, ésta estaba cerrada y solo podía ver oscuridad. Aun así, rápidamente notó que Subaru estaba durmiendo junto a ella y le daba la espalda. Kim colocó sus manos en la superficie de la tapa sobre su cabeza e intentó levantarla, sin resultados. En medio del silencio, y tras unos cuantos intentos, se llevó las manos hasta las heridas del cuello y suspiró.
—Me pregunto cómo estará Yuzu —murmuró para sí misma—. Me preocupa que se haya ido con ese pervertido...
Después de decir esto, la voz grave de Subaru se dejó oír, resonando en el interior del reducido espacio:
—No deberías preocuparte por esa mujer. Ella y Laito son tal para cual.
Al hablar se escuchaba indiferente. A Kim no le sorprendió que estuviera despierto, pero sí sus palabras.
—¿A qué te refieres con eso? —preguntó, volteando hacia él. Lo único que podía distinguir a duras penas era su nuca.
—Esa chica se ofreció a Laito como una mujerzuela, es por eso que ninguno de nosotros puede acercarse a ella —le explicó Subaru sin voltear, desconcertando a Kim con esa respuesta.
—Entonces... ¿ese Laito realmente la está protegiendo?
—No, Laito es tan retorcido que le da igual lo que hagamos con ella. Es ella quien prefiere permanecer a su lado antes de arriesgarse a estar sola. —Las respuestas de Subaru confundían más a Kim, quien no sabía si seguir preguntando ya que el vampiro se escuchaba exasperado—. Parece que tuvo una mala noche cuando llegó... Como sea, no me interesa.
Se hizo un silencio otra vez. La castaña tragó saliva y volteó la vista hacia arriba antes de volver a hablar:
—Reiji dijo que Laito no tardaría en matar al sacrificio actual, ¿crees que...?
—Laito la matará cuando se aburra de follársela. Es todo —la interrumpió Subaru con frialdad. Su hermano siempre había sido así y esta no sería la excepción.
Sin embargo, su respuesta dejó aún más perpleja a Kim.
—¿Ellos están...? —Esta vez la humana no terminó la frase. Creía que su olvido le impediría entender la gravedad de la situación de Yuzu, pero la verdad es que lo hacía bastante bien. Se ruborizó.
Subaru dio un suspiro.
—Es por eso que te dije que no te preocuparas tanto. Ella no es una mujer inocente —insistió él, de mala gana—. De hecho, diría que sabe sobrevivir bastante bien.
Al mismo tiempo, la habitación de Laito estaba llena de suspiros. La cama rechinaba continuamente a pesar de lo lujosa y grande que era: tal y parecía que debía ser reemplazada otra vez. Y es que ni la mobiliaria de mejor calidad podía competir con el apetito sexual de Laito, quien en efecto le cobraba el favor a la novia sacrificada cada vez que podía.
—Bitch...chan... —jadeaba extasiado.
Yuzu tenía el cuerpo agarrotado y la entrepierna entumecida, pero una parte de ella ya se había acostumbrado a su hambre insaciable. "Estoy cansada... No quiero más...", pensaba bajo Laito, completamente llena de él y a merced de sus movimientos. Así como su miembro se dedicaba a escarbar las zonas más profundas de su cuerpo, sus colmillos hacían lo propio mordiéndole las partes más suaves de la piel. Cuando lo hacía, la humana no podía contener un grito desgarrador.
—No tan fuer...te... —suplicaba después, con lágrimas en los ojos.
Laito era brusco y consciente a la vez, motivo por el que le cabreaba su evidente intención de torturarla. Ella no soportaba el dolor... No desde lo sucedido con Kanato. Es por eso que lidiaba mejor con el sexo que con el deseo de sangre.
Pero no podía evitar ser mordida: él era un vampiro después de todo, y su única función era alimentarlo. "Es tal y como dijo Subaru. No solo soy comida, sino que también soy un objeto sexual", se decía en pensamientos mientras el placer y el dolor se mezclaban una vez más, confundiendo sus sentidos.
Las sábanas estaban manchadas de fluidos de todo tipo y el golpeteo de la penetración se mezclaba con los gemidos de la chica, quien contaba con el talento de hacer llegar a Laito una y otra vez. Ella sospechaba que esa era la única razón por la cual seguía viva.
El amanecer iba a comenzar en cualquier momento, y aunque Subaru le explicó a Kim que ellos vivían de noche, ella le exigió salir del ataúd para tratar las heridas que le dejó. Después de una intensa discusión, el vampiro accedió a regañadientes, permitiendo que la humana utilizara los vendajes y el agua que estaban situados convenientemente sobre la cómoda. Según decía él, la servidumbre era quien se encargaba de renovar los utensilios de curación, pero lo cierto es que era el propio Subaru quien lo hacía desde la llegada de Kim.
—No me digas que aún estás pensando en esa niña —soltó el vampiro con fastidio, mientras observaba a la castaña desde cierta distancia.
Ella ya se había limpiado las mordidas y en ese momento se estaba cambiando el vendaje de la cabeza con una expresión ensimismada.
—¿Qué es eso de la novia sacrificada? —Kim ignoró su comentario y le hizo la pregunta que circundaba su mente desde el encuentro con Yuzu.
Subaru desvió la mirada hacia la ventana antes de responder. En esta se veía el cielo esclarecido y un sol amenazante al otro lado de las montañas.
—Cada cierto tiempo, ese sujeto envía a la mansión a una humana para alimentarnos de ella. Una vez muerta la sustituimos por otra y ya. No hay mayor explicación que esa.
—¡¿Qué horrible ser haría eso?! —La respuesta de Subaru no le gustó nada a Kim, quien le gritó de regreso. "Es por eso que Yuzu lucía tan resignada a sacrificarse por mí", pensó angustiada—. ¡No puedo creer que usen la vida de chicas inocentes para algo tan ruin!
—¿Y qué mierda esperabas? Somos vampiros —replicó Subaru, a la defensiva, volviendo sobre sus pasos para entrar en el ataúd antes de que el sol apareciera—. Cállate y ven.
—¿Qué? ¿Ya debo volver ahí? —Kim lo siguió con la mirada y se resistió, temiendo volver a la oscuridad del ataúd y deseosa de ver el amanecer.
—Tsk, ¿tienes algún problema? —gruñó el vampiro.
—Es que... antes quería ir al baño y no podía salir...
—Claro, porque es un ataúd especial. Solo criaturas lo suficientemente fuertes pueden abrirlo.
—Pero... eso significa que...
—Significa que solo saldrás de aquí con mi permiso y autorización.
Kim hizo una pausa antes de replicar. A pesar de su rebeldía, le daba miedo contradecirlo.
—¿No crees que estás exagerando?
—Eres mi fuente de alimento, así que debo protegerte. —Al decir lo anterior, Subaru fulminó a Kim con su mirada escarlata. Ella se estremeció—. La última novia sacrificada fue asesinada por Ayato en menos de una semana. No confío en su autocontrol.
—¿Y eso a mí qué? —saltó Kim sin pensarlo demasiado, acortando distancias entre ella y el ataúd—. Si Ayato me mata te consigues a otra "presa" y ya. Prefiero morir antes de estar encerrada las veinticuatro horas con un tipo como- ¡AAAAAH!
Pero antes de terminar de hablar, Subaru la jaló hacia el interior y se abalanzó sobre ella para retenerla.
—Deja de gritar de una vez, tus protestas me ponen de mal humor —le dijo, acercándose de forma amenazadora. Las mejillas de Kim se ruborizaron al sentir nuevamente esos fríos labios rozar su cuello, buscando el sitio perfecto para beber de él.
—Su... ¡Subaru! —gritó la chica, al mismo tiempo que la tapa del ataúd se cerraba de golpe y volvía a la completa oscuridad.
Las horas de descanso llegaban durante el día para la mansión Sakamaki, momento en el que Yuzu acostumbraba a salir de la habitación de Laito para comer y tener un poco de actividad diurna. A su parecer, este era el mejor espacio en su dolorosa rutina, el único donde podía estar a solas y sentirse realmente segura.
Sin embargo, en esa ocasión la novia sacrificada cayó dormida junto con el vampiro que la utilizaba por puro agotamiento. No fue hasta el atardecer que despertó, abandonó su lecho con el cuerpo adolorido y los fluidos de la sangre y el sexo manchando su piel. Se limpió minuciosamente y se colocó un camisón para dormir antes de salir de la habitación.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Una voz la interceptó mientras atravesaba el pasillo. Para su sorpresa, se trataba del mayor de los Sakamaki.
—Qué sorpresa verte despierto tan temprano, Shu —comentó la chica al identificarlo recargado en una pared—. Voy a mi habitación.
—Qué inusual —comentó el vampiro con desgana, manteniendo los ojos cerrados y la actitud perezosa—. ¿Te peleaste con Laito?
—No, solo quiero estar sola. —Al decir esto, Yuzu desvió la mirada. Shu se percató y abrió lentamente sus ojos, contemplándola en un silencio indescifrable para la humana. Al cabo de un rato, ella empezó a impacientarse—. ¿Qué pasa?
—¿Lo hacen con frecuencia? —preguntó él, sin una pizca de vergüenza. La novia sacrificada se ruborizó de pies a cabeza, sabiendo perfectamente a qué se refería—. Hueles muy sucio.
—¡Eso a ti qué te importa! —saltó indignada, mientras Shu se retiraba caminando en dirección contraria a ella.
—Debías saber a lo que te exponías —agregó el vampiro antes de desaparecer en la oscuridad.
Yuzu apretó la mandíbula y los puños, llena de rabia.
—Eres el menos indicado para decirme eso... —murmuró hacia el pasillo vacío.
Ofuscada, giró sobre sus pasos hacia aquella habitación que Reiji le asignó el primer día, esa en la que jamás había dormido. "Rosa. Todo es muy rosa", fue lo primero que pensó al entrar y encender la luz. No tenía problemas con el color, pero le daba la impresión de que esos lunáticos decoraban el lugar en coherencia con sus expectativas de presa: una chica femenina, joven y bastante inocente.
"Tomoka era así."
Yuzu cerró la puerta tras de sí con una melancólica expresión dibujada en el rostro. Caminó hasta quedar frente al espejo del tocador: el cabello oscuro y rizado le llegaba hasta los hombros como siempre. Lo tenía hecho un desastre. Estuvo algunos minutos cepillándose antes de recostarse en la cama y hundir el rostro en la almohada de cabecera, intentando captar alguna esencia perdida. Pero no había nada, solo el olor a lavanda que se utilizaba para perfumar toda la ropa de cama de esa mansión tan nefasta.
La imagen de Kim no tardó en llegar a su mente. Yuzu se aferró a las sábanas. "No quiero que esa chica pase por esto..."
—Bitch-chan, ¿por qué estás aquí? ¿Estás molesta? —La voz de Laito la hizo incorporarse de golpe. Las frazadas aún cubrían la mitad de su cuerpo y él acababa de presentarse sentado en el filo de la cama, junto a ella—. ¿Acaso herí tus sentimientos?
—Me duele la cabeza —respondió Yuzu, fríamente—. Hemos tenido sexo sin parar y necesito un descanso. Solo eso.
—¿Eh? Pero nunca antes habías necesitado venir a dormir sola.
Como siempre, Laito sonreía y le hablaba con ese tonito que le parecía de lo más irritante. Era como si se estuviera burlando de ella (y lo cierto es que así era).
—¡Prometiste que me protegerías de Kanato! —gritó la humana, sin poder contener su molestia ni un segundo más—. ¡¿Qué mierda fue eso de ayer?!
—Ah, así que era por eso. Solo estaba jugando —respondió él, divertido—. Sabes lo mucho que me excita verte asustada.
—No me gustan esa clase de juegos... Sabes que no puedo ver a tu hermano...
—Pero si permaneces aquí sola estás en riesgo de que venga por ti. A todas luces es más conveniente que duermas conmigo, ¿no crees? —Dicho esto, Laito se subió a la cama y gateó hacia Yuzu, acechándola. Ella permaneció en su lugar, observándolo fijamente con el ceño fruncido—. No olvides que estoy cuidando de ti porque eres mi pequeño juguete.
—Lo entiendo. Lo entiendo, pero... parte de este trato era que me protegerías... Especialmente de ese loco.
—Y lo he hecho a lo largo de todo este mes, Bitch-chan —interrumpió él, frunciendo sus cejas en son de réplica—. Eres una malagradecida. Siempre me manipulas con este bello cuerpo tuyo para hacerme actuar a tu conveniencia. —Una de las manos del vampiro buscó el hombro de Yuzu, el cual acarició lascivamente a medida que se deleitaba con su expresión de fastidio—. ¿No estás siendo algo injusta ahora mismo? Además, no es como si tuvieras demasiadas opciones.
—¡Ya sé! —saltó la chica, irritada—. Haz lo que quieras conmigo, solo... no vuelvas a ofrecerme a Kanato... ¡Y deja a Kim en paz!
—Prometido —canturreó Laito, colocándose sobre ella y forzándola a recostarse otra vez. La chica no sabía por qué, pero podía apostar que él estaba mintiendo—. Entonces... eso significa que no tengo que contenerme hoy, ¿verdad?
Yuzu contuvo la respiración. Cada vez que el castaño decía eso significaba problemas, y no estaba segura de que su cuerpo resistiera más rondas. Fuera sexo o sangre, estaba en su límite. Pero la noche acababa de empezar, podía saberlo con solo sentir el sabor de la boca de Laito. Sus pupilas contraídas permanecieron clavadas en el techo, el mismo techo que vio Tomoka en sus últimos días.
"No soy una niña. No calzo con el decorado de esta habitación. Elegí entregarme a cualquiera con tal de sobrevivir... Es por eso que terminé así. Me doy asco."
NOTAS DE LA AUTORA:
Busquen en Youtube "Ni tan diabólicos ni tan amantes" y encontrarán los videos que ha hecho mi querida Kim Ookami basándose en esta historia que construimos juntas.
En ese mismo canal podrán ver varias parodias donde participan Kim y Yuzu.
Y como siempre, ¡agradezco enormemente a Camila y a daimondkiss por sus comentarios!
Espero sigan disfrutando esta historia.
