Ni tan diabólicos ni tan amantes
Capítulo IV: La cena
Alguien golpeaba la puerta de la habitación con insistencia, acompañándose a su vez de gritos y arañazos. Kim despertó con los ruidos, extrañada de escucharlos aun con lo gruesa que era la madera del féretro. Se incorporó mientras se restregaba un ojo y confirmaba que Subaru seguía durmiendo apaciblemente a su lado.
—¿Eh? No está cerrado —notó de pronto al levantar la tapa sobre ella. Subaru le había dicho que el cajón solo podía abrirlo una criatura fuerte. "¿Lo habrá dejado semi-abierto por mí? Como le dije que quería poder ir al baño durante la noche...", se preguntó Kim, mientras volteaba hacia el vampiro. Por un momento no pudo evitar quedarse viendo sus finas facciones, las cuales eran realmente bellas si se mantenía así: tranquilo y en silencio—. Nah, debe ser una coincidencia.
La humana salió del ataúd con cuidado, temiendo despertar al malhumorado chico. Cerró la tapa y se dirigió hacia la puerta vistiendo un simple camisón que le quedaba grande y dejaba a la vista su cuerpo lleno de parches y vendas. Antes de abrir, acercó su oído hacia la superficie de madera para escuchar de quién se trataba:
—¡Subaru, abre la puta puerta! ¡Kim, auxilio! —gritaba una voz femenina al otro lado.
—¡Yuzu! —exclamó la castaña, abriendo de golpe y confirmando que se trataba de ella—. ¡¿Estás bien?!
Yuzu llevaba puesto un camisón para dormir y estaba sumamente pálida. Lo primero que hizo al ver a Kim fue tomarla de los hombros.
—Ah... ah... —jadeaba la chica con los ojos muy abiertos. Intentaba hablar, pero no parecía ser capaz de hacerlo.
—¿Ese pervertido te hizo algo? —quiso saber Kim, sorprendida y preocupada de verla en semejante estado.
Pero antes de poder dar una respuesta, el susodicho se hizo presente justo detrás de Yuzu:
—Qué mala eres, Bitch-chan. Hace solo un momento dijiste que podía hacerte lo que quisiera —comentó Laito con su tono travieso. Yuzu se paralizó al oír su voz y el vampiro, consciente del efecto que tenía sobre ella, se inclinó para hablar cerca de su oído—: ¿No crees que es un poco rudo de tu parte salir disparada de esa forma? Aún ni alcanzamos a calentar.
—Ah... ah... —volvió a jadear la novia sacrificada con evidente terror, abrazándose de Kim para así resguardarse de algún modo.
—¡¿Qué le hiciste a Yuzu?! —La castaña envolvió a la chica en un abrazo aprehensivo y no tardó en concluir que Laito era el motivo de su reacción.
Sin embargo, su grito furioso atrajo a Reiji a la escena.
—¿Qué es todo este alboroto? —interrumpió, haciéndose presente en pleno pasillo con su porte elegante y expresión de desagrado. Laito volteó hacia él, devolviéndole el espacio personal a Yuzu. Reiji lo observó y dejó escapar un suspiro, comprendiendo que su hermano estaba haciendo de las suyas, esta vez no con una, sino con dos humanas—. Venía a informarles que la cena está servida.
—¿Cena? ¡Comida! —saltó Kim con alegría, desviando su atención de manera inmediata hacia el recuerdo del banquete de ayer—. ¡Vamos, Yuzu! Dudo que ese idiota pueda hacerte algo en público.
—Nfufu, ¡me subestimas, pequeña! Y también a tu nueva amiga —advirtió Laito, mientras dedicaba una sonrisa maliciosa a su presa, quien permanecía junto a la aludida—. Fue ella quien aceptó ser mi juguete, después de todo, ¿no es así, Bitch-chan? ¿No quieres que te dé algo de amor antes de comer?
Laito se acercó a las chicas con la intención de provocar a Yuzu, a lo que ella respondió levantando temerosamente la mirada. Aún no podía quitarse de la cabeza lo sucedido hacía solo unos minutos atrás. El cuerpo le dolía tanto que intentó resistirse, algo que nunca hacía. Sin embargo, esto consiguió excitar aún más a Laito, quien la forzó a tener relaciones. Las imágenes de Tomoka y Kanato aparecieron en su mente sin que pudiera preverlo, provocando que cada estocada fuera insoportablemente dolorosa.
Al final, Yuzu logró escapar a duras penas de la habitación. Es así como acabó acudiendo a Kim de manera desesperada.
—Creo que he tenido suficiente de tu "amor" por ahora, Laito —respondió débilmente. En ese mismo momento, tomó de la mano a Kim y la llevó afuera de la habitación, dispuesta a seguir a Reiji hasta el comedor. La sonrisa de su vampiro protector no desapareció, pero algo en su aura cambió, volviéndola más oscura aún.
—Ah, me olvidaba de Subaru —recordó Kim, frenando en seco—. ¿Es necesario que lo despierte?
—Por supuesto, es crucial que todos los miembros de la familia estén en la cena mensual —respondió Reiji, deteniéndose un momento para estudiar a las humanas de arriba hacia abajo—. Ustedes... no irán a bajar con esas pintas, ¿verdad?
Solo entonces las chicas recordaron que estaban vistiendo sus respectivos atuendos para dormir, siendo estos un tanto reveladores para la peligrosa ocasión. Sin mencionar que Reiji parecía odiar las informalidades.
—Me cambiaré en el baño —anunció Kim, algo nerviosa al notarse tan expuesta delante de dos vampiros que le producían un importante nivel de desconfianza—. ¿Me acompañas, Yuzu? Así nos cuidamos las espaldas.
—Eh... claro —respondió la otra humana, distraída.
—Será mejor que se apresuren o recibirán un castigo —advirtió Reiji antes de desaparecer.
En eso, Laito tomó a Yuzu del brazo con una gran sonrisa y la alejó de Kim.
—¿De qué estás hablando, Bitch-chan? —dijo, llevando a la humana en dirección contraria—. Tu ropa está por acá, me encargaré yo mismo de ponértela.
Ella estaba tan débil que no podía oponer mucha resistencia. Kim se dio cuenta de esto y le gritó a Laito:
—¡Oye, deja que tenga un poco de privacidad! —exclamó, molesta.
—Eso no es necesario entre nosotros —le respondió él, sin dejar de sonreír—. Aunque puede que no lo entiendas porque tanto tú como Subaru son unos niños.
Kim rodó los ojos. Como parecía que hablar con el vampiro era una completa pérdida de tiempo, se acercó temerariamente a Yuzu y la sujetó del hombro opuesto al brazo tomado por Laito.
—¡Si este tipo hace algo que no te gusta, solo díselo! —le reprochó a la chica, harta de ver cómo la trataban.
Yuzu aún parecía algo desconectada de la realidad. Sus movimientos eran aletargados y su piel seguía pálida, como si la anemia estuviera mezclada con una fuerte impresión. Laito seguía sujetándola firmemente del brazo, pero se mantuvo expectante a su respuesta. ¿Qué más podía hacer ella? Al final, Yuzu observó a Kim con expresión cansada.
—Anoche Subaru te mordió muchas veces, ¿verdad? —El sacrificio finalmente estaba hablando con normalidad, aunque Kim percibió cierta frialdad en su tono—. Por esa notoria marca en tu cuello puedo adivinar que lo hizo muy fuerte. —Al decir esto, indicó el sitio al cual se refería—. Cuando te retorcías de dolor bajo su cuerpo, ¿le decías que se detuviera?
—Cla-claro que sí —respondió Kim, cubriendo la mordida como por inercia.
—¿Y lo hizo? —Esta tajante pregunta dejó a la castaña paralizada y sin respuesta. Yuzu suspiró con resignación—. ¿Lo entiendes ahora? Estos sujetos no conocen los límites.
Por su expresión, Kim sabía que Yuzu hablaba con conocimiento de causa. Sus experiencias en esa mansión la habían obligado a asumir el rol impuesto por esos vampiros abusivos, y tarde o temprano ella tendría que hacer lo mismo, ¿verdad?
—Me voy a cambiar —murmuró distraídamente mientras volvía hacia la habitación de Subaru. Sin embargo, antes de cerrar apuntó a Laito con un índice acusador y le advirtió—: ¡Tú no le hagas nada indecente! O... al menos no tan indecente —agregó al último con un leve rubor en sus mejillas, para entonces desaparecer tras la puerta.
El vampiro aludido dejó escapar una risotada.
—Qué lindura, ¿no crees? Parece que le agradas —comentó a Yuzu, divertido. Ella no se inmutó y él aprovechó el momento para susurrar en su oído—: Se nota que no sabe la clase de zorra que eres en realidad.
Kim comprobó que Subaru dormía antes de confinarlo de nuevo en su ataúd para cambiarse de ropa con tranquilidad. Dudó unos momentos, temerosa de que el vampiro despertara y apareciera de la nada como siempre hacía. Sin despegar un ojo del féretro, se despojó de la camisa que llevaba puesta, la cual pertenecía al vampiro y era bastante grande, quedando casi completamente desnuda. Lo único que la cubría era su ropa interior inferior y los vendajes y parches esparcidos en diferentes zonas de su cuerpo, protegiendo cada una de las heridas que Subaru le infligió.
Examinó su figura en el espejo trizado, recordando entonces las palabras de Yuzu con aflicción. "Este sujeto es un vampiro. Solo me está cuidando para alimentarse de mí", se recordó a sí misma, intentando apartar de su mente los pequeños y casi insignificantes gestos de amabilidad que Subaru había tenido con ella. No tenía sentido seguir pensando que era una buena persona, bastaba con que fuera un poco más decente que sus hermanos para sobrevivir en esa mansión.
Con todo esto en mente, la chica cambió sus vendajes, se vistió y tocó suavemente la superficie del ataúd:
—¿No irás a cenar? —preguntó al vampiro desde el exterior.
No hubo respuesta. "¿Seguirá dormido o no me escuchó?", se preguntaba la castaña mientras volvía a tocar la madera e intentaba moverla, sin resultados. Fue en ese momento que escuchó una respuesta desde el interior:
—No. Déjame en paz. —Subaru se oía molesto.
Kim dejó escapar un suspiro y acató, marchando en dirección hacia la salida. "Se supone que no me dejaba salir de la habitación porque es peligroso que sus hermanos me encuentren a solas, pero ahora parece que pasa de mí... ¡Quién lo entiende!" Se llevó una mano a la cabeza y otra a la cintura mientras intentaba comprender la lógica del vampiro; aunque, si lo pensaba bien, le agradaba tener al fin la posibilidad de salir y estirar un poco las piernas.
La mansión era enorme, por lo que se perdió unas cuantas veces antes de llegar al comedor. Cuando lo hizo, notó que todos los hermanos Sakamaki estaban sentados alrededor de una larga y elegante mesa con excepción de Subaru. Yuzu se encontraba junto a Laito, observando cabizbaja su plato de comida.
—¿Qué pasó con Subaru? —exigió saber Reiji cuando la vio llegar. Kim desvió su atención de Yuzu hacia él.
—Me dijo que no vendría, así que no le discutí y vine para acá —respondió con simpleza.
—Te dije que era obligación que vinieran todos. —Reiji habló firme y con el ceño fruncido. Esto puso nerviosa a Kim, quien notaba que no era una persona demasiado tolerante.
—Pe-pero... —balbuceó.
—Ve y tráelo. No lo repetiré una tercera vez.
Al decir lo anterior, Reiji le dedicó una mirada afilada que tuvo bastante efecto en la humana. Si lo pensaba bien, prefería tener que lidiar con el malhumor de Subaru antes que involucrarse más con ese sujeto, por lo que acabó respondiendo:
—Argh, está bien. Iré a despertarlo —dijo resignada, antes de volver hacia la habitación refunfuñando—: Maldito cuatro ojos, se cree el dueño de todo...
—Qué modales —farfulló Reiji, mientras Kim desaparecía por la misma puerta en la que llegó.
Yuzu siguió a la chica con la mirada, un tanto preocupada de quedarse sola otra vez con ese grupo de desquiciados. Era primera vez que asistía a una de las famosas cenas mensuales de los hermanos Sakamaki, por lo que no sabía exactamente qué hacer para pasar desapercibida. La mesa estaba impecable, pero nadie tocaba su comida con excepción de Kanato, quien no parecía tener la suficiente paciencia para esperar a los faltantes. Reiji no estaba a gusto con esto, pero no le discutía y se limitaba a observarlo con desaprobación.
—Esos dos ya se están tardando... —comentó Ayato al cabo de un rato, ansioso.
—Tal vez Subaru se siente mal. ¿Los vampiros pueden enfermarse? —preguntó Yuzu en un susurro que dirigió a Laito.
—¡Claro que no, Bitch-chan! Somos inmortales, después de todo —respondió él, dedicándole una sonrisa juguetona.
—¿Un vampiro enfermo? ¿Eres idiota o qué? —intervino Kanato, quien había dejado de comer para observarla fijamente desde el otro lado de la mesa. Este simple comentario provocó que la novia sacrificada sintiera un fuerte escalofrío en toda la espalda.
Una de las grandes razones por las que no quería asistir a esa maldita cena era por él. No quería verlo, prefería estar encerrada todo el día en la habitación de Laito antes de tener que encontrarse con Kanato. Sin embargo, su "protector" le insistió y temía hacer enojar a Reiji, por lo que acabó presentándose a la cena de todas formas, consciente de que no tenía opción.
—Solo era una pregunta —murmuró, desviando la mirada. Kanato no volvió a su plato y mantuvo la atención fija en Yuzu, quien intentaba ignorarlo lo mejor que podía.
En ese momento, Kim volvió a aparecerse en el comedor junto a Subaru. Su ropa estaba ligeramente rasgada y su respiración agitada, atrayendo la atención de los presentes. Los vampiros en especial se vieron atraídos por los vestigios de sangre en la piel de la chica.
Ignorando a los demás, Subaru se dejó caer en el asiento libre y su presa se sentó a su lado, completamente embelesada por la abundante comida. Kim no esperó a la indicación de Reiji antes de empezar a devorar todo lo que tenía por delante, gesto que provocó un tic en el ojo del vampiro amante de las reglas y las formalidades. Ayato, Laito, Subaru y Yuzu también empezaron a comer. Kanato, por su lado, seguía observando al sacrificio mientras destruía la comida en su plato con el tenedor y Shu permanecía inmóvil en la silla como si acabase de echarse a dormir.
—Entonces... —Laito interrumpió el silencio general, inclinándose un poco hacia delante de la mesa con el codo apoyado y la mejilla reposando en su mano—. ¿Ya lo hicieron, Subaru?
Esta sola pregunta provocó que el albino escupiera el agua que estaba bebiendo y Kim se atragantara con un pedazo de carne.
—¡Tsk! —soltó el pelirrojo, molesto.
La castaña tosió y golpeó su pecho repetidas veces antes de recuperarse.
—¡N-no es lo que piensan! —exclamó ella, completamente sonrojada.
—Maldita sea... —murmuró Subaru, mientras se llevaba una mano a la boca y desviaba la mirada en un vano intento por ocultar el rubor que se asomaba en su rostro—. Y pensar que interrumpieron mi preciado sueño para esta estupidez.
—Solo se enojó porque lo desperté y me mordió a modo de "castigo" —explicó Kim, a la defensiva—. ¡Pero no sé qué tiene esto de castigo si lo hace cada vez que puede desde que llegué a este lugar! —soltó con fastidio, volviéndose en el último momento hacia Subaru—. Además, ¿por qué ahora, si íbamos a cenar?
Él se limitó a responder con un gruñido.
—Los vampiros no se sienten satisfechos si no beben sangre —explicó Yuzu—. A diferencia de nosotros los humanos, pueden prescindir de la comida.
—¡Qué bien, Bitch-chan! Has aprendido bastante. Debe ser porque te he enseñado bien —comentó el vampiro del fedora, en tanto recibía un bufido de parte de la prometida y una mirada fulminante de Kanato—. Entonces... la pequeña Kim aún es virgen —comentó con soltura, dedicando una mirada sugerente a la aludida. Ella se sobresaltó y volvió a sonrojarse, sin comprender por qué estaba hablando de su intimidad en la mesa y frente a unos sujetos que poco y nada la conocían—. Nfufu, Subaru es solo un niño después de todo.
Tras escuchar este comentario, el albino golpeó la mesa con fuerza y se incorporó hecho una furia.
—¡¿Qué dijiste?! —vociferó.
Desde el otro lado de la mesa, Laito no dejaba de sonreír. "¿Lo está provocando?", se preguntó Kim, quien reaccionó de inmediato:
—¡Subaru, cálmate!
—¡Tú calla y come! —gritó el muchacho, forzando de improviso una cucharada de arvejas en su boca.
—¡Mmph! —calló ella, disgustada por el sabor.
—¿Ves a qué me refiero, Bitch-chan? —volvió a hablar Laito, indicando la escena entre Subaru y Kim a Yuzu—. Mi pequeño hermanito es muy lento con las chicas.
—Ah... sí... —respondió ella con una gotita de sudor atravesando su frente.
Estos comentarios hicieron enfurecer aún más al albino, quien quitó la cuchara de la boca de Kim para apuntar a Laito y a Yuzu con ella.
—¡Ustedes dos mejor se atragantan con comida o los mataré! —les gritó colocando un pie sobre la mesa, haciendo amago de querer subirse sobre ella.
—¡Esto no sabe bien! —intervino Kim, asqueada con las arvejas.
—¡Calla! —Subaru le metió otra cucharada a la fuerza, silenciando sus quejas.
—Subaru, compórtate —dijo Reiji, de forma seca. Al juzgar por el tono de voz, estaba realmente enfadado por su comportamiento.
—Estas humanas son tan molestas. Solo vienen a importunar esta casa, ¿no es así, Teddy? —Kanato habló, esta vez dirigiéndose hacia su oso de felpa—. Deberíamos deshacernos de ellas. —Y como era de esperarse, sus grandes y escalofriantes ojos lentamente volvieron hacia Yuzu.
La humana se sobresaltó en su asiento. "¿Está hablando en serio?", pensó con pánico contenido.
—¿No crees que así es más divertido, Kanato? —le preguntó Laito—. Comer solo con hombres no tiene nada de interesante.
—¡Já! Sería más interesante que ustedes compartieran un poco —intervino Ayato, aún fastidiado por toda esa situación—. Me gustaría probar la sangre de Chichinashi.
Kim se estremeció al sentir la mirada esmeralda del muchacho sobre ella. Ya tenía suficiente con alimentar a un vampiro, no creía poder con dos. "Además, ambos tienen una personalidad horrible", se dijo en su fuero interno, haciendo una mueca ante la sola idea de tener que lidiar con Ayato.
—¡Ya cállate, imbécil! —bramó Subaru, esta vez dirigiéndose hacia el pelirrojo y lanzándole sin reparos su propio plato de comida. El aludido lo apartó en el aire, provocando que se estrellara contra la pared y se hiciera añicos junto a las arvejas que Subaru dejó sin comer.
—Por comentarios como esos, Subaru jamás dejará que Kim salga de la habitación —murmuró Yuzu en voz baja, intentando ignorar aquellos arranques de violencia —que en ellos eran bastante comunes— mientras se llevaba un poco de comida a la boca.
—¡¿A qué viene eso?! —saltó Ayato, alterado. La novia sacrificada volteó hacia él, desafiante.
—Quiero decir que él entiende lo mismo que yo: cualquier humana a su completa disposición es presa muerta, ¿o me lo vas a negar? —declaró, dejando de lado su pasividad y recibiendo una breve risotada de parte del vampiro pelirrojo. Yuzu se quedó callada entonces, recordando enrabiada a Tomoka y lo sucedido durante su primer día en la mansión.
Para su desgracia, Kanato notó que sus pensamientos fueron en esa dirección y sonrió maliciosamente al tiempo que estrechaba a Teddy entre sus brazos.
—Aun así, deberían salir más seguido. Debe ser aburrido estar encerradas todo el día —comentó el vampiro más bajo, sin apartar la sedienta mirada de Yuzu—. Además, no es como si no fueran a morir a manos de Laito y Subaru.
Este comentario sobresaltó a las humanas, volviéndolas conscientes de ese fatídico destino que Laito les advirtió. No importaba lo que hicieran o con quién buscaran apoyo o protección: su muerte a manos de esos sujetos sería inevitable.
—Cierto, cierto —corroboró el vampiro del fedora, sin dejar de sonreír.
Subaru volvió a su asiento, más calmado en apariencias, pero su interior seguía siendo un caos: "Y estos idiotas se preguntan por qué no la dejo salir... La matarán." Secretamente preocupado, observó de reojo a la chica que comía a su lado.
—Bueno, yo no me opongo a compartir. Sería interesante, ¿no? —Las cavilaciones del albino se vieron interrumpidas por la indecorosa propuesta de Laito, sin embargo, Yuzu reaccionó antes que él:
—¡Laito, tú dijiste...! —saltó enojada, siendo inmediatamente interrumpida por Shu, quien acababa de levantarse de la mesa sin haber tocado su plato.
—Qué ruidosos son todos ustedes —comentó el rubio, harto—. ¿Ya acabaron?
—¡No quiero comer esta porquería y lo sabes! —gritó Ayato, perdiendo el control de súbito mientras lanzaba lejos su plato de comida, rechazándolo. Ante la sorpresa de todos, se levantó de forma agresiva, sin poder controlar más las ganas de morder a Kim.
—Estoy de acuerdo —secundó Kanato, observando la comida despedazada en su plato antes de abandonar su asiento—. Laito y Subaru no han hecho nada para merecer el privilegio de acaparar toda la comida, ¿verdad?
Tanto Ayato como Kanato se desvanecieron de manera simultánea, apareciendo tras las sillas de Kim y Yuzu respectivamente. Con todo ese escándalo, a Reiji no le quedó más que suspirar con exasperación: la cena estaba oficialmente arruinada. Las humanas observaron desconcertadas las acciones de los vampiros, cruzando miradas entre ellas sin saber qué hacer.
—¿Qué? ¡E-espera! —gritó Kim cuando Ayato le sostuvo la mandíbula con una mano y la forzó a mirarlo, mientras se lanzaba sobre su cuello sin preámbulos. Ella llevó ambas manos hacia su cabellera rojiza, intentando detenerlo—. ¡Basta!
—Cállate, te demostraré que soy el mejor —deslizó un susurro grave cerca de su oído, reteniéndola con una sonrisa llena de orgullo y lascivia—. Cuando me pruebes, conocerás el verdadero placer.
Mientras esto sucedía, Yuzu se levantaba de golpe de la mesa al sentir a Kanato en su espalda. El vampiro tenía un tenedor en su mano y a Teddy en la otra, y le sonreía como un desquiciado. La chica no esperó a que actuara para intentar escapar del comedor poseída por el miedo, sin embargo, Kanato alcanzó a sostenerla firmemente de la muñeca.
—Teddy, ¿debería clavarle el tenedor o mis colmillos? —preguntó el vampiro a su oso, acortando las distancias con la humana sin mayor dificultad—. Después de todo, igual va a sangrar.
—A-aléjate... Kanato... —masculló una aterrorizada Yuzu, forcejeando para huir.
—¡Ayato! —gritó Subaru, furioso al ver lo que estaba ocurriendo con su presa.
En un parpadeo, el albino apareció tras su hermano y lo tomó por los hombros, apartándolo con fuerza de Kim. Ayato se volteó y lo golpeó en la cara sin ningún tipo de reparo, enfureciendo al menor, quien lo superaba en fuerza con creces. Entre gruñidos, se abalanzó contra el pelirrojo para empujarlo contra la pared, movimiento que la trizó en el acto. No conforme con eso, Subaru lo empezó a golpear de manera reiterada, acorralándolo.
—No vuelvas... a ponerle las manos encima. ¡Ella me pertenece! —le gritó iracundo. Ayato en ocasiones conseguía devolver fuertes puñetazos, pero estos no parecían efectivos para detenerlo.
Kim no salía de sí de la impresión. "¿Acaso me está... protegiendo?", se preguntó, quedándose paralizada en su sitio mientras observaba a Subaru pelear.
—Subaru, contrólate —ordenó Reiji, dejando su servilleta de lado y levantándose de la mesa con aire estricto.
—¡Qué divertido! —exclamó Laito desde su asiento, alternando su atención entre la pelea de Subaru y Ayato y el ataque de Kanato hacia Yuzu.
—Mal-maldito... ¡Suéltame! —gritó Ayato cuando Subaru lo sostuvo de la ropa y lo alzó sobre el suelo—. ¡No tienes ningún...!
—¡Cállate! —le gritó Subaru, propinando fuertes rodillazos en la boca de su estómago.
Con preocupación y temor, Kim intervino en la pelea colocando una mano sobre el hombro del vampiro.
—Subaru... —lo llamó suavemente.
—¡¿Ves?! —bramó él, dejando de golpear a Ayato para dirigirse a ella—. ¡Es por esto que no quería que salieras de la habitación!
—¡No es eso! ¡Se trata de Yuzu! —exclamó la castaña, apuntando hacia el otro lado de la sala.
En paralelo a toda esa situación, Kanato tenía a Yuzu arrinconada. Su cuerpo estaba recargado sobre ella mientras la humana intentaba huir desesperada y con lágrimas en los ojos. El vampiro la contempló extasiado, para entonces acercarse y deslizar el filo de su lengua por detrás de su oreja, buscando el sitio perfecto para encajar sus ansiosos colmillos.
—Quería verte, Yuzu —susurró suavemente, acercando el amenazante filo del cubierto hacia el rostro de la chica.
—La-Laito... —Yuzu llamó el nombre de su vampiro "protector", quien se limitó a observarla desde cierta distancia sin inmutarse.
Fue entonces cuando, de improviso, Subaru le arrebató a Kanato su querido peluche y lo mantuvo en altura.
—¡No, Teddy! ¡Devuélvemelo! —reclamó el más bajo, soltando a Yuzu y centrando toda su atención en el muñeco que ahora Subaru sostenía con indiferencia sobre su cabeza para que no lo alcanzara. Después de algunos brincos y maldiciones de parte de su hermano, lanzó el oso lejos—. ¡Subaru, hijo de puta! —lo insultó Kanato antes de correr a buscarlo.
—Mira quién habla, loco de mierda —respondió el menor, para entonces cruzarse de brazos y volverse hacia Kim—. Que conste que solo lo hice para que dejes de joder.
—Yuzu, ¡¿estás bien?! —Kim ignoró a Subaru y acudió inmediatamente a ver a la chica, quien permanecía apoyada en la pared sin una pizca de alivio en su rostro—. ¡Oye tú! ¡¿Por qué nunca la ayudas?! —La castaña se dirigió a Laito, indignada.
Él los observaba cómodamente desde su asiento. Era el único de todo el grupo que no se había movido de su lugar.
—¿Eh? ¿Acaso crees que Bitch-chan no obtiene placer al ser torturada por Kanato? —comentó muy tranquilo—. Es una perra, después de todo.
Sus palabras tuvieron un efecto adverso en Yuzu, quien sintió cómo se desmoronaba en ese mismo lugar y su respiración se agitaba al borde de una crisis de angustia. Kim volvió hacia ella para ayudarla a tranquilizarse en tanto ignoraba tajantemente a Laito. Ambas acabaron arrodilladas en el suelo sosteniendo las manos de la otra, apoyándose.
El vampiro del fedora observó la escena en silencio con una sonrisa, desconectado de la potente emoción que estaba viviendo su presa. Subaru, por su parte, procuraba que ninguno de sus hermanos volviera a acercarse a Kim mientras ella estuviera desprevenida, sobre todo Ayato, quien seguía herido al otro lado de la estancia.
Reiji analizó con cuidado el desastre que habían dejado sus hermanos: la loza rota y esparcida por el suelo, la comida regada por todas partes, los restos de sangre de Ayato y la pared —otra vez— trizada por Subaru. Suspiró pesadamente.
—Será mejor que limpien este desastre —ordenó firme, acomodando sus gafas. Al decir esto, Shu fue el primero en hacer amago de dejar el comedor—. Claro. No me esperaba que tú ayudaras.
El rubio ignoró el insidioso comentario de su hermano y, al llegar al umbral de la puerta, volteó un momento hacia Laito.
—Con tus cuidados, el sacrificio va a morir en manos de otro —le advirtió en un murmullo que resultó inaudible para las humanas. Dicho esto, Shu se retiró y Laito, lejos de verse afectado o sorprendido, canturreó con una gran sonrisa:
—¿Me pregunto si será así?
Ayato intentó incorporarse desde su posición, pero su boca sangraba copiosamente.
—Mierda... Qué humillación —masculló momentos antes de desvanecerse.
Por otra parte, Kanato llevaba al menos un minuto hecho bolita cerca de donde se encontraba Ayato, abrazando aprehensivamente a Teddy.
—¡Subaru, maldito! ¡Me las vas a pagar! —Sus agudos gritos volvieron a sobresaltar a los presentes. Poseído por la histeria, Kanato increpó a Subaru con el oso de felpa entre sus brazos otra vez y los ojos llorosos—: ¡Teddy es...! ¡Teddy...!
—¡Eso te pasa por querer lastimar a Yuzu! —le gritó de regreso Kim, harta de sus lloriqueos.
—¡Cómo te atreves a hablarme así, tú...!
—Es suficiente —sentenció Reiji otra vez, cansado de discusiones. A continuación, el vampiro de los ojos color magenta habló a las humanas—: Ustedes dos, limpien todo. Si no saben comportarse, me encargaré personalmente de acabar con sus miserables vidas.
La amenaza fue suficiente para hacer retroceder a Kim, cuya intuición le decía que el "cuatro ojos" estaba hablando en serio.
—¿Eh? Eso no es justo, Reiji —protestó Laito, quejumbroso—. Pensaba divertirme con Bitch-chan después de la cena.
—¡Tú cállate! —exclamó Yuzu, colocándose de pie violentamente al escucharlo—. ¡He accedido a cada maldita cosa morbosa que me pides para que luego tu hermanito casi me atraviese con un tenedor! ¡Dijiste que me protegerías y mentiste! —Tras este exabrupto, todos los presentes se quedaron mirándola en silencio. Incluso Laito la observó sorprendido. Solo entonces Yuzu asimiló realmente lo que acababa de decir—. Eh... sí, bueno... —balbuceó con torpeza, perdiendo de pronto la actitud decisiva que la llevó a oponerse a Laito—. Por eso digo... Kim, ¿puedo dormir con ustedes?
Al oír esta pregunta, la castaña se incorporó e inmediatamente volteó hacia Subaru:
—¿Puede?
—No —respondió él en seco.
—¡Pero tendrás dos presas para ti solo! ¡Es una gran oportunidad! —Kim intentó convencerlo con la mejor de sus sonrisas.
—Ya dije que no me interesa la sangre de esa mujer —le recordó el albino de brazos cruzados, indiferente a su ofrecimiento—. Además, tenerla cerca me quitará el apetito. Apesta a Laito de pies a cabeza.
—Pe-pero...
—¡Dije que no! ¡Y si sigues así de pesada, no volveré a salvarle el pellejo! —exclamó Subaru, antes de dirigirse hacia la salida.
—¡Por favor! —insistió Kim, lanzándose a los pies del vampiro para sostenerlo de una pierna, movimiento que casi lo hace caer—. ¡Puedes salvarla de ese pervertido! ¡Prometo sacarla a pasear y darle de comer!
—¡Ella no es un perro! ¡Ya tengo suficiente contigo como mascota! —Subaru intentó apartar a Kim de su pierna pateando de arriba hacia abajo, pero ella no parecía dispuesta a dejarlo ir—. Argh, ¡qué molesta eres, joder!
—¡Aaaah! —gritó Kim, aferrándose a Subaru desde el suelo—. ¡Yuzu, convéncelo tú!
La aludida tragó saliva y caminó hacia el albino con evidente temor:
—Subaru, no voy a molestarte en nada, yo solo... —comenzó diciendo, hasta que Laito apareció tras ella y le cubrió la boca con una mano.
—Bueno, Subaru, lamento que mi adorable mascota esté haciendo un drama de todo esto. No los molestaremos —declaró el castaño antes de cargar a Yuzu bajo su brazo.
De este modo, Laito se marchó por la puerta sin dejar de cubrir la boca de su presa en ningún momento, y a pesar de sus forcejeos y protestas.
—¡Espera, Yuzu...! —exclamó Kim al ver que Laito se la estaba llevando.
Sin embargo, antes de poder hacer algo, Subaru se abalanzó sobre ella.
—Espera un momento, Laito, esa mujer debe limpiar junto a la otra humana —le recordó Reiji, intentando detener la partida de su hermano. Pero al voltear hacia Kim, ni ella ni Subaru se encontraban en el comedor—. ¿Eh? ¿Dónde está? —Reiji realizó esta pregunta a Kanato, quien también se había desvanecido—. ¡Maldición! Ambos se adelantaron.
Al mirar a su alrededor, Reiji notó que estaba solo en el comedor destrozado.
—Tendré que limpiar todo... Otra vez.
NOTAS DE LA AUTORA:
Si les gusta el fic, no duden en buscar "Ni tan diabólicos ni tan amantes" en Youtube y ver los videitos que Kim ha hecho.
¡Están súper lindos! Me siento muy orgullosa de su trabajo.
Así de paso conocen a Kim y a Yuzu... Y se ríen con las parodias que colgamos en el canal.
¡Gracias Camila y daimondkiss por sus reviews! Me llenan de motivación.
