Advertencia: Este capítulo tiene contenido sexual.


Ni tan diabólicos ni tan amantes

Capítulo V: El escape


Lo siguiente que supo Kim fue que se encontraba de regreso en la habitación de Subaru. El muchacho la había transportado allí con ayuda de su poder, esperando que Ayato no tuviera las fuerzas para importunarlo en su espacio. Subaru la soltó y examinó minuciosamente su cuerpo de arriba hacia abajo, asegurándose de que no hubiese sido lastimada por alguno de sus detestables hermanos.

Kim se sintió intimidada al sentir aquellos ojos color carmín sobre ella, no obstante, un leve rubor apareció en sus mejillas al notar su preocupación.

—Eh... esto... ¿Subaru? —musitó suave, con la mirada gacha.

—¿Hn? —masculló él, irguiéndose de inmediato con disimulado nerviosismo. Por un momento no se percató de lo invasivo que estaba siendo.

—Gracias por salvarme —soltó la chica sin más, levantando la vista hacia el más alto, encontrándolo con una expresión desconcertada—. También... gracias por ayudar a Yuzu cuando te lo pedí —agregó, dedicándole una tímida sonrisa que descolocó aún más al vampiro—. Eres una buena persona. Me alegra que hayas sido tú quien me encontrara.

Tras escucharla, Subaru se paralizó. Su mente acababa de nublarse. No daba crédito a sus palabras, debían ser una broma de mal gusto o una mentira. "¿Qué? ¿Por qué me estás agradeciendo? Yo no... ¡Si sabes que solo te salvé para usarte! Tú no eres nada más que una presa para mí... ¡Deberías odiarme! ¡Merezco que me odies!" Y con esta serie de pensamientos, explotó:

—¡Cállate! —gritó de súbito, asustándola y avanzando hacia ella de manera intimidante. Un paso bastó para trizar la baldosa y hacer retroceder a Kim, cuya sonrisa había desaparecido para dar paso a una expresión atemorizada. Pero Subaru ya no podía contener la ira que luchaba por salir de cada parte de su ser y de sus más oscuros pensamientos—: Si te matan, tendré que esperar a un nuevo sacrificio para alimentarme, ¡solo por eso te he ayudado! Pero no te acostumbres. Lo que te dijeron esos sujetos es verdad: estás destinada a morir en mis manos, ¡¿me oíste?!

Al decir esto último, Subaru avanzó hasta acorralarla contra una pared, la cual golpeó firmemente con un puño. Junto a su cabeza, Kim notó un agujero en el concreto y volvió a encontrarse de frente con el vampiro, quien parecía haber perdido el control. Sin poder soportarlo más, la humana lo apartó con sus escasas fuerzas y huyó hacia la salida de la habitación.

—¡O-oye! —la llamó el albino, sorprendido por su acción. Kim atravesó la puerta y regresó al pasillo, corriendo lejos de Subaru. Estaba huyendo de él—. Tsk, ¡maldita sea! —vociferó antes de darle una fuerte patada a una silla que se encontraba cerca suyo.

El ornamento se destruyó en el acto y Subaru hizo amago de querer perseguir a Kim para traerla de regreso. Con sus poderes hacer eso era pan comido, pero algo en él lo detuvo: "Tal vez sea mejor así."

Este pensamiento lo obligó a dar freno a sus impulsos. Sí, definitivamente era mejor así. Kim debía marcharse si quería sobrevivir.

Resignado, Subaru apretó los puños y la mandíbula, esforzándose en no moverse de su sitio y aceptar la realidad. "Es un buen momento. Quizá lo logre."


Kim no tardó en encontrar problemas apenas salió de la habitación. Su mente estaba eclipsada por la decepción de haber pensado, ingenuamente, que Subaru era una buena persona. "Me equivoqué... ¡Me equivoqué!", se repetía una y otra vez, sin poder sacarse de la cabeza su violenta reacción. De este modo, sus pasos erráticos la llevaron hasta un pasillo donde no había estado antes. Ahí se escucharon gritos que la obligaron a ocultarse tras una pared.

—¡Devuélvela! —Era la voz de Kanato. Con espanto, Kim apoyó su espalda en la muralla contigua hacia donde se encontraba él y cubrió su boca con ambas manos—. ¡Devuélveme a Yuzu!

Escuchar el nombre de Yuzu sorprendió a la muchacha, quien, manteniéndose escondida, se asomó con sigilo para ver qué estaba pasando: Kanato y Laito parecían estar discutiendo en medio del pasillo. Yuzu se encontraba escondida tras su vampiro protector, que a Kim no le daba nada de confianza. Reafirmando sus impresiones, Laito lucía despreocupado ante el evidente temor de la novia sacrificada y la furia de Kanato.

Al escuchar la demanda, el vampiro del fedora tomó a la humana de los hombros y la empujó hacia su hermano.

—Si la quieres, aquí está —dijo sin más, sonriéndole.

—¡Laito...! —exclamó Yuzu, aterrorizada.

—¿Mmh? ¿Qué sucede, Bitch-chan? —preguntó al notar que la chica acababa de volverse hacia él, incapaz de mirar de frente a Kanato—. Dímelo claramente. —Sin dar mayor explicación, Yuzu se abalanzó hacia Laito y lo envolvió en un abrazo. Tanto Kanato como Kim se sorprendieron por este gesto—. Bueno, así están las cosas, Kanato —canturreó él, encogiéndose de hombros antes de corresponder a Yuzu, quien se encontraba temblando en sus brazos.

—¡No pienso entregártela! —reclamó Kanato. Ignorando a su hermano, acortó distancias con la chica y la jaló del brazo en un intento de apartarla de él.

Ante esto, Yuzu dejó escapar un grito desgarrador.

—¡Yuzu! —la llamó Kim, saliendo de su escondite y distrayendo a los presentes.

—¿Oh? Parece que tenemos una intrusa —comentó Laito, tan relajado como acostumbraba—. Dime, Kanato, ¿por qué no traes a la pequeña Kim y nos divertimos los cuatro juntos?

—¡No! ¡Si no es Yuzu, no tiene sentido! —le respondió Kanato, aún jalando a Yuzu como un desquiciado—. Si no es Yuzu...

Por un momento, la penetrante y desequilibrada mirada del vampiro se detuvo en un punto indefinido, como si estuviera perdido en sus delirios. Solo en esa repentina pausa Yuzu volteó hacia él.

—¿Kanato? —musitó ella, con el brazo adolorido y sin comprender la razón de su cambio de actitud. Él ya no gritaba y, aunque seguía sujetándola firme, tampoco forcejeaba.

Laito lo observó con curiosidad y la impresión fue mayor cuando, de improviso, se vieron rodeados por llamas de color morado.

—¡Yuzu! —exclamó Kim desde la distancia.

—¡¿Qué sucede?! —gritó Yuzu al ver el fuego expandiéndose a su alrededor.

—Ah, parece que se enojó —fue lo único que comentó Laito.

Kim intentó acercarse para ayudar a la chica, sin embargo, las llamaradas le impedían el paso. Estaba intentando encontrar alguna vía para llegar al grupo cuando Reiji hizo aparición en medio del desastre:

—¡¿Y ahora qué?! —exclamó, indignado—. ¡Ya basta, Kanato! ¡Vas a incendiar la mansión!

Reiji lucía realmente furioso al ver cómo el fuego consumía el impecable decorado de ese sector del pasillo. Kim, por su lado, retrocedió resignada: con tres vampiros ahí era imposible que pudiera hacer algo. "Rayos... Lo siento, Yuzu. Te prometo que volveré por ti", y con este pensamiento, corrió en dirección opuesta hasta encontrar una escalera que la llevaría al primer piso.

Una vez lo consiguió, avanzó a toda prisa por el largo y oscuro pasillo y salió por la puerta principal, atravesando decidida el jardín cubierto de rosas. El color rojo y blanco de las flores le recordaron inmediatamente a su primer día en ese lugar. Tenía la esperanza de que el fuego de Kanato mantuviera ocupados a los vampiros, por lo que no se detuvo ni siquiera para mirar hacia atrás. De haberlo hecho, habría notado a un albino observándola desde el otro lado del cristal de una ventana superior, resistiendo el deseo de traerla de regreso.

Cuando Kim estaba a punto de atravesar la fachada principal de la mansión Sakamaki, una misteriosa figura se presentó bajo el umbral de la elegante entrada enrejada.

—¡¿Quién está ahí?! —gritó ella, deteniéndose de forma abrupta.

El desconocido le estaba obstaculizando el paso, pero eso no era todo: la penumbra impedía ver con claridad su rostro y su sola presencia resultaba aún más imponente y etérea que cualquiera de los seis vampiros ya conocidos. Kim pudo distinguir una larga cabellera bañando sus hombros, tan blanca como la de Subaru.

Contuvo la respiración, dominada por una extraña sensación que se apoderó de su cabeza.

Y antes de poder hacer nada, su mundo se fue a negro.


Una vez más, Kim despertaba en un sitio desconocido. Un fuerte vértigo martirizó su cabeza apenas abrió los ojos, revelando la anterior pérdida de consciencia.

—¿Dónde estoy? —susurró al estabilizarse y notar que se encontraba en una suave cama de cobertores color rosa—. ¿Qué hago aquí?

Se incorporó débilmente, contemplando con desconcierto el femenino decorado que la rodeaba: "Esta habitación... Aún estoy en la mansión Sakamaki", pensó decepcionada, reconociendo la particular arquitectura que caracterizaba ese sitio. Fue en ese momento que recordó su intento de escape y lo sucedido antes de desmayarse. "Ese sujeto... ¿Habrá sido un sueño?"

—¡Has despertado! —Sus cavilaciones fueron interrumpidas por una voz femenina. Al voltear, Kim notó que Yuzu se estaba acercando desde otra puerta que parecía llevar hacia un baño—. ¿Cómo te sientes?

—¡Yuzu! —exclamó Kim, muy sorprendida de verla a salvo—. ¿Estás bien? ¿Qué fue lo que pasó?

—Sí, tranquila. Kanato incendió parte del pasillo y escapaste hacia el jardín. Eso consiguió distraer bastante a todos, así que logré encerrarme en la habitación de Laito —contó, mientras se sentaba junto a ella en el borde de la cama. Kim observó las marcas de los dedos de Kanato en el brazo izquierdo de Yuzu, pero optó por no decir nada—. Supongo que alguno de ellos te trajo hasta acá. Dormiste bastante. —Al decir esto, la novia sacrificada le dedicó una cálida sonrisa. Kim apenas estaba procesando lo que le decía cuando notó que la luz del sol empezaba a colarse por las cortinas—. ¿Ves? Ya amaneció.

La castaña suspiró aliviada. Según lo que le había explicado Subaru, el sol no evitaría que los vampiros hicieran su aparición si así lo querían, pero al menos ellas podrían moverse con mayor libertad dentro de la mansión. Sintiendo al fin algo de relajo, volvió a apoyarse en las almohadas de la cabecera con la mirada clavada en el techo de la cama.

—Eso quiere decir... que los vampiros...

—Ya están durmiendo —confirmó Yuzu.

Eso era bueno. Al fin podían tener un poco de tranquilidad. No obstante, debido a los recientes eventos solo había una cosa en la que Kim podía pensar:

—Yuzu, tenemos que salir de aquí —sentenció, al cabo de una pausa.

—¿Te refieres a... escapar? —quiso confirmar la chica.

Kim asintió.

—Es imposible. Ya lo intenté varias veces —reveló Yuzu, sin disimular su angustia.

—Pero ahora somos dos —le recordó Kim, incorporándose de nuevo sobre la cama para observarla con decisión—. Podemos idear un plan.

Yuzu dejó escapar un suspiro. La idea no le convencía para nada, pero, si ya estaba resignada a morir en ese lugar, ¿qué perdía con intentar?

—De acuerdo —aceptó al fin—. ¿Qué sugieres?


—Kim... Creo que no has entendido el alcance de los poderes de estos sujetos... —comentó Yuzu con varias gotitas de sudor en su frente.

Ella se limitaba a seguir a la castaña a lo largo de unas estrechas escaleras de piedra que presuntamente las llevarían hacia los canales subterráneos de la mansión.

—Ellos duermen de día, ¿no? Eso significa que no notarán que nos fuimos hasta la noche —dedujo Kim con ambas manos apoyadas en las paredes, intentando usar esto como guía en medio de la implacable oscuridad—. Y para evitar a los sirvientes... ¡Aquí está! —exclamó de pronto al encontrar el compartimento del alcantarillado, el cual abrió con bastante esfuerzo para dar paso a Yuzu, permitiendo el escape de unas cuantas ratas.

La novia sacrificada observó con desconfianza la tenebrosa entrada. Cuando Kim le preguntó por el subterráneo ella no dudó en decirle dónde se encontraba, aun sin haber escuchado el plan completo, pero no sabía si escapar por abajo daría resultado. Los vampiros tenían familiares y sirvientes vigilando la mansión en forma de murciélagos: esta era la razón de porqué siempre sabían dónde estaban sus presas y nadie se les escapaba.

—No es mala idea. Los familiares suelen vigilar el exterior de la mansión y los alrededores del bosque —reflexionó Yuzu, llevándose una mano al mentón—. Pero... cuando salgamos...

—Intentaremos hacerlo cuando estemos a muchos kilómetros de la mansión —resolvió Kim, decidida a arreglárselas de algún modo.

No existían certezas de éxito, mas no podían dejar escapar esa oportunidad. Kim y Yuzu encontraron miradas llenas de determinación antes de que la segunda exclamara:

—De acuerdo, ¡hagámoslo!

Y dicho esto, ambas entraron a las alcantarillas y cerraron el compartimento tras de sí.

El sitio era más amplio de lo esperado y olía mal debido al canal lleno de desperdicios que pasaba a su lado, sin embargo, podían andar sin dificultad por el pasillo lateral. Kim no parecía tener problemas en avanzar entre penumbras, por lo que lideró el escape con Yuzu siguiéndola de cerca.

—¿Qué vas a hacer una vez seas libre? —preguntó la novia sacrificada al cabo de un par de horas en las que ambas caminaron hablando trivialidades.

—No lo sé... Supongo que averiguar quién soy —respondió Kim, pensativa. Una vez libre de los Sakamaki, lo único que le quedaba era recordar su pasado y encontrar a su familia... Si es que tenía una—. ¿Qué hay de ti?

—Solo quiero despertar de esta pesadilla —confesó Yuzu, frunciendo ligeramente el ceño en la oscuridad—. Has tenido mucha suerte. Subaru es algo bruto, pero en el fondo es un buen chico. Te protegió de Ayato e incluso me ayudó con Kanato. —Kim no respondió. Se limitó a tensar la mandíbula al escucharla—. Ojalá Laito hubiese hecho lo mismo...

"Al lado de ese sujeto, cualquiera parece buena persona", pensó la castaña con resentimiento, mas fue incapaz de verbalizar esa respuesta. Intentaba ignorar la punzada de culpabilidad que sentía al recordar los pequeños gestos de preocupación de Subaru, de quien estaba escapando en ese mismo momento. ¿Quién era él realmente? ¿Ese vampiro malhumorado que se esforzó en protegerla en más de una ocasión, o la bestia iracunda que le gritó horas atrás, afirmando que la mataría? Ya no lo sabría. Ya no tenía cómo saberlo.

—¡Ese tipo es un cretino! ¡No debiste confiar en él! —exclamó Kim, como si estuviera hablando consigo misma. No encontraba otra forma de canalizar la confusión que sentía, por lo que no reguló la dureza de sus palabras. De pronto, notó que Yuzu había dejado de caminar y se encontraba cabizbaja con una triste expresión varios pasos más atrás de ella—. Ah... eh... lo siento... —balbuceó Kim, volteando con nerviosismo al percatarse de que habló en voz alta—. No debí haber dicho eso.

—No, tienes razón —aceptó Yuzu, aun cuando no lucía del todo a gusto con esa conclusión—. Aunque no tuve otra alternativa. Solo necesitaba utilizar a alguno de ellos para alejarme de Kanato.

Kim recordó entonces la discusión entre ambos hermanos: Kanato le reclamaba a Laito que le "devolviera" a Yuzu. ¿Qué había querido decir con eso?

—¿Qué te hizo ese sujeto? —preguntó, preocupada.

Yuzu desvió la mirada, visiblemente incómoda.

—Es una larga historia... —murmuró momentos antes de que un extraño chillido llamara su atención.

Ambas chicas voltearon y buscaron el origen del sonido, notando con desconcierto que un rincón del techo de la alcantarilla se encontraba infestado de murciélagos. Cuando los animales se percataron de la presencia de las humanas, volaron en colonia sobre sus cabezas, obligándolas a cubrirse.

—Esto es malo —susurró Yuzu, una vez los murciélagos se marcharon. No podía reconocer si se trataba de animales comunes y corrientes o de familiares. En caso de ser lo segundo, estos podían informar a los Sakamaki de su escape y meterlas en graves problemas.

—¿Deberíamos apresurarnos? —preguntó Kim con pánico contenido.

Yuzu avanzó rápidamente unos cuantos pasos hacia delante, hasta dar con una rendija de luz que podía verse desde el mismo sector del techo donde antes estaban reunidos los murciélagos. Para llegar ahí tenían que subir por una escalera metálica adherida a las paredes de piedra.

—Mira, ahí hay una salida —indicó Yuzu, a medida que Kim se acercaba—. ¿Quieres que echemos un vistazo?

—¡Por favor! —pidió la chica—. Mientras antes salgamos, mejor. Creo que mi nariz es sensible a los olores fuertes y aquí huele muy mal.

Yuzu se acercó y comprobó que las escaleras eran seguras antes de empezar a subir por ellas, seguida por Kim. Mientras más cerca estuvieron de la salida, más cercanas se oían las voces del exterior. Apenas Yuzu logró llegar al límite de la rejilla, echó un vistazo al entorno: el ángulo le impedía ver demasiado, pero parecían encontrarse bajo la ciudad. Concretamente, en un callejón de la ciudad.

Temía salir y llamar demasiado la atención, por lo que decidió esperar a que los transeúntes se marcharan. Fue en ese momento que una risilla coqueta bien conocida por ella se dejó oír, provocándole un escalofrío que le recorrió toda la espalda. "¿Ese es...?"

—¡Ah, Laito...! —exclamó una melodiosa voz femenina.

—Estás muy ansiosa, nfufu —dijo Laito, risueño—. Vamos, no te contengas.

La chica parecía haber sido acorralada contra una pared del callejón mientras el contrario besaba apasionadamente su cuello y le acariciaba insistente la entrepierna. Los gemidos de ambos no tardaron en hacerse oír, obligando a las prófugas a permanecer ocultas dentro de la alcantarilla.

—¡Bajemos antes de que nos atrape! —advirtió Kim en un susurro, en lo que bajaba rápidamente por la escalera. Yuzu tardó un momento en reaccionar y hacer lo mismo—. ¡Qué mujeriego! ¡No tardó nada en reemplazarte! —comentó molesta una vez ambas estuvieron a varios metros bajo tierra de Laito y su nueva amante—. Pero bueno, es mejor así. Si se olvida de su pequeño "acuerdo" te dejará en paz.

Pero Yuzu tenía la mirada perdida y el ceño marcadamente fruncido. Sin poder evitarlo, se llevó una mano hacia el rostro en un vano intento por esconder la expresión que provocaban sus vertiginosas cavilaciones.

—¿Yuzu? —la llamó Kim, inclinándose hacia ella sin entender qué le sucedía—. ¿Te sientes bien?

—Claro que sí —respondió Yuzu, tajante, como si acabase de despertar de su ensimismamiento—. Vamos, encontremos otra salida. No podemos arriesgarnos a que Laito nos encuentre.

Y dicho esto, continuó su camino por las alcantarillas, esta vez tomando la delantera. Guardaron silencio durante los primeros minutos y, al cabo de un rato, Kim no pudo soportar la extraña tensión que se había generado desde que atraparon a Laito divirtiéndose con otra chica.

—Oye, Yuzu... —habló un tanto nerviosa—. ¿Estás segura de que te sientes bien?

—¿Por qué lo preguntas? —quiso saber la contraria, sin detenerse ni voltear.

—No sé, es solo que... te ves molesta...

Al escucharla, Yuzu se detuvo. Kim hizo lo mismo, esperando un tanto nerviosa que la chica se decidiera a hablar. En esa pequeña pausa, la implicada suspiró.

—Supongo que haber vivido un mes entero con él me hace tenerle cierto aprecio —confesó Yuzu, llevándose una mano hacia el pecho. No hacía falta aclarar a quién se refería—. Fue mi única compañía en esa casa, por lo que me sentía segura a su lado a pesar de todo. Es un pervertido, un imbécil de pies a cabeza, pero... también es un poco simpático y muy hablador. Cuando dormíamos juntos me abrazaba a lo largo de toda la noche. No me soltaba por nada del mundo, como si estuviera buscando desesperadamente la calidez de alguien más. —Aun cuando Yuzu le estuviera dando la espalda, Kim sabía que estaba triste—. Cosas como esas... me hacen pensar en tonterías, ¿sabes?

—¿Qué tipo de tonterías? —inquirió la castaña, recordando otra vez a Subaru. Sin sus recuerdos no sabía mucho acerca de sentimentalismos y contradicciones humanas, pero, de alguna forma u otra, podía entender parte de la confusión de Yuzu.

—Da igual —sentenció la chica, volteándose al fin hacia Kim mientras forzaba una sonrisa—. Tenemos que salir de aquí.

—¿Eh? Yo también quiero saber qué tonterías piensas de mí. —La voz de un tercero quebró la escena.

Las chicas sintieron un fuerte escalofrío al notar que Laito se encontraba justo atrás de la novia sacrificada, sonriéndoles como solo él sabía. Estaban atrapadas.

—La... Laito... —musitó Yuzu, en lo que se alejaba de él y permitía que la ira de momentos atrás volviera a ella—: ¡¿Qué haces aquí?! ¡Estabas muy bien acompañado hace un rato!

—¿Qué te sucede, Bitch-chan? ¿No te excitó verme con otra mujer? —preguntó él, ladeando la cabeza ante su molestia—. ¿O acaso estás celosa?

—¡No digas estupideces! —le gritó ella, indignada—. ¡¿Quién sentiría celos de un idiota como tú?!

—¿Mmh? Vaya, es una lástima. Entonces... —Laito se desvaneció para entonces aparecer tras Kim y envolverla firmemente entre sus brazos—. Supongo que no te molestará si juego un poco con tu querida amiga.

—¡Ah, Yuzu...! —saltó Kim al notar a Laito sobre ella.

—¡Laito, no te atrevas a lastimarla! —le advirtió Yuzu, sorprendida por el inesperado movimiento del vampiro.

—¿Lastimarla? Jamás haría eso —aseguró Laito, acompañándose de un guiño antes de acercar el rostro hacia Kim, quien intentaba eludirlo con todas sus fuerzas—. Solo quiero enseñarle el fascinante mundo de los adultos.

Laito inspiró el cabello de la muchacha, captando su aroma, y deslizó con descaro su lengua por la extensión del cuello ajeno, provocando que Kim dejara escapar un gemido incómodo e involuntario. Yuzu no soportó esto, por lo que acortó distancias con la pareja y sujetó a Laito del cabello, quitándole en el acto el fedora y apoyando a Kim en su intento de escape forcejeando contra él.

—Detente. No la toques —dijo Yuzu de manera amenazadora mientras obligaba a Laito a mirarla. Él se limitó a responder con una leve risilla, muy divertido por toda esa situación.

—Bitch-chan, me estás estorbando —le dijo el vampiro, antes de sostener una de sus muñecas y apartarla de su cabello con facilidad—. ¿Tanto quieres unirte a la diversión?

Yuzu no sabía qué hacer. Laito era mucho más fuerte que ella y que Kim juntas, y nada de lo que decía parecía tomarlo en serio. A ese paso, él mordería a su amiga y no podía hacer nada para evitarlo. Con las lágrimas amenazando en salir de sus ojos, se dejó llevar por la impotencia y explotó:

—¡Se supone que YO soy tu presa! ¡No bebas la sangre de nadie más!

Al comprender lo que acababa de gritar, Yuzu enmudeció de golpe. Incluso Laito y Kim quedaron sorprendidos con aquella declaración.

—¿Yuzu? —murmuró Kim.

—Mmh... ya veo —canturreó Laito, esbozando una sonrisa de satisfacción.

—No... yo... no quise decir... —balbuceó Yuzu, intentando negar cualquier idiotez que pasara por la mente del vampiro. Sin embargo, sus mejillas ruborizadas no estaban ayudando.

Y en contra de lo previsto, Laito lucía mucho más excitado que antes.

—La expresión que tienes en estos momentos... es tan adorable, me vas a volver loco —declaró, apegando su boca a la piel de Kim—. Quiero ver más, Bitch-chan.

—¡No, suéltame! —gritó Kim al sentir que las fauces del vampiro acababan de abrirse sobre su cuello. Conocía muy bien esa sensación, la había vivido numerosas veces en esos días, con la diferencia de que en ese momento estaba completamente asqueada y aterrada.

Yuzu no reaccionó cuando los colmillos de Laito atravesaron a Kim. Sus esmeraldas no dejaron de verla a ella, quien lucía tan impactada como si acabaran de romperle el corazón.

—¡Laito, eres un...! —La novia sacrificada comenzó a expresar su furia cuando una mano se detuvo sobre su hombro, deteniendo cualquier intento por frenar las acciones del vampiro.

Una figura alta pasó por su lado, adelantándose hacia la pareja.

Al notar una nueva presencia, Kim abrió débilmente los ojos llenos de lágrimas:

—Su... Subaru...


NOTAS DE LA AUTORA:

Ya era tiempo de un cliffhanger.

Espero estén disfrutando esta historia tan loca, así como yo disfruto escribiéndola.

¡Gracias a KimWolfMoon y a Las rosas de hercules por sus comentarios!

Los reviews siempre me llenan de motivación.