Ni tan diabólicos ni tan amantes
Capítulo VI: El castigo
Los colmillos de Laito atravesaron su piel, seguramente reabriendo una de las tantas heridas que Subaru le había dejado en el cuello. Kim dejó escapar un quejido en lo que sentía la sangre abandonando su cuerpo. El vampiro no dejaba de sonreír mientras bebía de ella y observaba la afectada expresión de Yuzu. Aquel retorcido escenario era todo lo que él podía desear para una estimulación perfecta.
Yuzu quiso intervenir, pero alguien se le adelantó.
Atraído por el aroma de la sangre de Kim, Subaru se hizo presente al segundo en ese sector de las alcantarillas, el cual estaba conectado a la mansión aun encontrándose a kilómetros de ella. Ninguno de los presentes tuvo tiempo de reaccionar pues el albino apartó violentamente a Laito de Kim. Este empujón provocó que la herida en el cuello de la chica se abriera más, ocasionando que bastante sangre manara desde esa blanca extensión de piel, como si una cuchilla acabara de cortarle. Kim se llevó inmediatamente una mano hasta el cuello, intentando retener la mayor sangre posible en ese delicado punto.
—Ouch... Eso duele, Subaru —se quejó un risueño Laito cuando Subaru lo acorraló con fuerza contra la pared.
—¡¿Qué fue lo que dije acerca de tocar a mi presa, ah?! —bramó el menor con la mirada inyectada de rabia.
—Ah... ¿que destruirías toda la mansión? —recordó su hermano, despreocupado—. Aunque eso a mí no me importa.
—¡Imbécil!
Cuando Subaru alzó un puño para golpear a Laito, Reiji se hizo presente:
—Subaru, Laito —los llamó con firmeza, fulminándolos a ambos con la mirada apenas hizo aparición—. ¿Qué están haciendo? Deténganse ya.
—¡Desaparece, Reiji! —le gritó Subaru—. Tengo que darle su merecido a este infeliz.
—¿Vas a repetir el numerito que hiciste con Ayato? ¿Me puedes explicar qué sentido tiene pelear por una mujer?
—¡No es cualquier mujer! ¡Es MI alimento!
Subaru lucía completamente salido de sí. Kim notó esto a la distancia: estaba aún más enojado que cuando Ayato intentó morderla. ¿Por qué reaccionaba así? Si solo era un alimento... podía ser fácilmente reemplazada, ¿no? Sin poder decir nada, se arrodilló a cierta distancia de los vampiros con el cuello desangrándose. Al verla en este estado, Yuzu se precipitó rápidamente a su lado.
—Eso no tiene importancia —continuó Reiji con indiferencia—. Me gustaría saber cómo piensan castigar a estas humanas por escapar.
—¡La destruiré! —exclamó Subaru.
—Vaya, el castigo de Bitch-chan será algo que disfrutaré mucho, pero, ¿estás seguro de que quieres saberlo, Reiji? —respondió Laito al unísono de su hermano menor, sin dejar de sonreír con picardía.
Reiji dejó escapar un suspiro exasperado.
—Par de inútiles, seré yo quien le demuestre algo de disciplina a estas mujeres —anunció, mientras se acomodaba los lentes sobre el tabique de la nariz.
—¡¿Y quién te ha dado permiso de hacer eso?! —protestó Subaru, consciente de que Reiji también podía aprovecharse de su presa.
—¡¿Pueden dejar de pelear?! —interrumpió Yuzu, harta de todo—. ¡Kim se está desangrando!
Los vampiros voltearon hacia las humanas, siendo Subaru el primero en reaccionar:
—¡Kim! —saltó mientras acudía al lado de la chica, dejando en segundo plano su discusión con Reiji.
Kim abrió débilmente los ojos cuando el albino se le acercó, podía reconocer en su semblante que estaba preocupado por ella. "¿Por qué? ¿No se supone que me matarías? Yo no debería importarte en lo absoluto", se preguntó, llena de sentimientos contradictorios.
—Lamerla no será suficiente. Hazte a un lado —ordenó Reiji a Subaru al ver que éste pretendía curar a Kim con su saliva—. Soy el más eficaz para tratar una herida tan delicada.
—Tsk —soltó Subaru, volteando hacia él con desconfianza—. Reiji, si le haces algo, yo...
—Lo único que haré será sanarla y llevarla al calabozo —interrumpió el mayor—. Por supuesto, tú también vendrás —agregó luego, dirigiéndose a Yuzu. Ella se limitó a enfocar su atención en Kim.
—¿Eh? Yo no quiero dormir sin Bitch-chan —protestó Laito, quien acababa de ir por su fedora.
—De cualquier modo no pienso dormir contigo —le advirtió Yuzu, haciendo a Laito sonreír mientras regresaba el sombrero a su cabeza.
—Vaya, ¿estás enojada?
—¡Claro que sí, idiota! —saltó la humana, esta vez colocándose de pie para avanzar directamente hacia él—. ¡Lo único que has hecho es faltar a tus promesas! ¡Yo de verdad confiaba en ti!
—¿Acaso eres tonta, Bitch-chan? ¿Por qué habrías de confiar en un vampiro? —preguntó Laito, mientras se encogía de hombros y llevaba una mano a su cintura—. Nuestro acuerdo se trataba de utilizarnos mutuamente, ¿recuerdas? Por eso, divertirme contigo siempre será más importante que hacerte caso.
—Solo te pedí que fueras honesto conmigo, ¿acaso eso es tan difícil para ti? —Al decir esto, Yuzu llegó a su lado evidentemente afectada por lo sucedido.
Pero Laito podía ver a través de su obstinada personalidad: sabía que estaba luchando contra las lágrimas, las mismas que salieron momentos atrás y expusieron sus verdaderos sentimientos. Él deslizó una mano sobre el mentón ajeno y lo acarició con suavidad, examinando cuidadosamente el rostro de la chica.
—Ah, pobrecita, ¿te he lastimado? —preguntó el malicioso vampiro, jamás abandonando aquel tono irónico que hacía dudar a cualquiera de sus intenciones. Yuzu lo fulminó con la mirada, mas no respondió—. Veo en tus ojos que me quieres cada vez más, pero esto no es suficiente. Kanato sigue siendo el único que te hace estremecer.
—¿Qué tiene que ver Kanato con...?
—Ya me cansaron —Reiji interrumpió a Yuzu con este simple comentario.
Y sin previo aviso, tanto Kim como Yuzu fueron alzadas en el aire como si un ser invisible acabara de tomarlas desde el cuello. El movimiento sorprendió tanto a Subaru como a Laito.
—Estas mujeres escaparon por sus descuidos —Reiji se dirigía exclusivamente a sus hermanos, quienes eran conscientes de que el único capaz de hacer algo así era él—. Si quieren que les permita seguir divirtiéndose con ellas, tendrán que atenerse al castigo que les daré. De lo contrario, las mataré ahora mismo. —El mayor sonrió con perfidia antes de agregar—: Será fácil. Ambas son muy frágiles.
Kim y Yuzu luchaban contra el agarre invisible que las retenía en el aire, sintiendo cómo este apretaba cada vez más fuerte sus cuellos.
—Su... Subaru... —susurró Kim, en un desesperado intento por pedir ayuda. Su herida amenazaba con hacerle perder el conocimiento en cualquier momento.
—Ah... no puedo... respirar... —se quejó Yuzu, con un pequeño hilo de saliva deslizándose desde la comisura de su boca.
Subaru era consciente del delicado estado de Kim, por lo que su mandíbula se mantenía apretada y su semblante esbozaba mucha preocupación.
Por otra parte, Laito observó a Yuzu en silencio.
—¡Tsk! —Sin poder resistir ni un segundo más, Subaru reaccionó—: De acuerdo, Reiji. Te dejaré castigarla, ¡solo cúrala de una vez!
—Yo también permitiré que te diviertas con Bitch-chan, pero tendrás que avisarme si le haces algo sucio, ¿sí? Quiero ver —secundó Laito, volviendo a emplear aquel tono risueño que acostumbraba.
—Tus juegos no son mi estilo, Laito —declaró Reiji momentos antes de tronar los dedos y liberar a las chicas, quienes cayeron abruptamente y fueron recibidas por su respectivo vampiro protector.
Yuzu logró sostenerse de Laito con facilidad, pero Kim estaba muy débil:
—¡Argh! —exclamó, cayendo de rodillas sobre Subaru.
—¡Kim! —la llamó él, mientras se acuclillaba y la sostenía entre sus brazos para amortiguar la caída. De súbito, volteó hacia Reiji—: ¡¿Qué estás esperando, idiota?! ¡Apresúrate!
—Qué impaciente —comentó el mayor, disgustado por el poco respeto que le mostraba su hermano. Reiji se acercó tranquilamente hacia la pareja mientras el albino vigilaba cada uno de sus movimientos y se mantenía cerca de Kim. Sacó un pequeño frasco de su bolsillo y vertió un poco de su contenido sobre su dedo índice enguantado, el cual usó para esparcir la loción sobre la herida de la chica. Kim se estremeció ante el contacto—. Ya está.
La herida se cerró de inmediato, consiguiendo que la respiración agitada de la humana se acompasara y el dolor desapareciera por completo.
—Ya no duele... —susurró ella mientras, sorprendida, se llevaba una mano hasta el cuello antes lastimado y comprobaba que estaba intacto. Solo lo manchaba su sangre.
—Por supuesto, es una pomada que yo mismo diseñé para curar cualquier tipo de herida, incluso una potencialmente mortal. Tiene las mismas propiedades curativas de nuestra saliva, pero perfeccionadas —habló Reiji con solemnidad. Tanto Kim como Yuzu lo observaron impresionadas: no creían posible que un sujeto como él usara su ingenio en sanar a otros. Kim incluso se preguntó en su fuero interno si Reiji había estado experimentando con su propia saliva para crear esa loción—. Ahora... —el tono de voz del vampiro cambió, agravándose en lo que su expresión se tornaba sombría—, lleven a estas mujeres al calabozo.
—¿E-este es el calabozo? —tartamudeó Kim una vez llegaron.
El sitio también estaba en el subterráneo de la mansión Sakamaki, pero lucía mucho más espeluznante que las sucias alcantarillas: únicamente estaba iluminado por antorchas, tenía implementos de tortura en cada rincón y la sangre aún manchaba los ladrillos que levantaban sus paredes. Hacía mucho frío y los compartimentos parecían ser suficientes para tener a cientos de personas allí encerradas. Cuando el silencio se apoderaba de la estancia, podía escuchar algunos ruidos desde el fondo del pasillo. ¿Reos? ¿Bestias? Fuera lo que fuera, Kim no quería averiguarlo.
—Así es. Estarán un mes encerradas sin comer —anunció Reiji, indicando uno de los calabozos vacíos.
—¡¿Un mes...?! —saltó Yuzu.
—¡¿...Sin comer?! —secundó Kim.
—Reiji, si haces eso podrían morir —le recordó Laito a su hermano mayor, quien no tuvo otra opción más que suspirar, resignado.
—Ah, de acuerdo. Solo serán tres días —declaró Reiji, evidentemente decepcionado de lo débiles que podían ser los seres humanos.
—Pe-pero... —comenzó diciendo Kim, aterrada con la sola idea de pasar un segundo más en ese horrible lugar.
—¿Tienes alguna queja? —la cortó el vampiro, fulminándola a través de los cristales de sus gafas—. Rebajé considerablemente su castigo por escapar de la mansión. ¡Hmp! Peor aún, por obligarme a bajar a ese desagradable lugar.
—Ya veo, entonces es un asunto personal —murmuró Yuzu, recordando entonces lo escrupuloso que era Reiji en realidad.
—¡Nadie te obligó a buscarnos bajo las alcantarillas, cuatro ojos! —objetó Kim, molesta.
Ante esta insolencia, Reiji apareció instantáneamente frente a ella de brazos cruzados, intimidándola con su porte y presencia.
—Será mejor que controles tu vocabulario si no quieres quedarte más días aquí —advirtió a la chica, quien sintió un fuerte escalofrío de solo tenerlo tan cerca.
—E-entendido, s-señor —aceptó, temerosa.
—Así está mejor. —Acto seguido, Reiji volteó hacia Subaru y Laito—. Ustedes no tienen permitido visitarlas.
—¡Serás...! —saltó el menor.
—¿Eeeeh? ¿Y eso por qué? —protestó Laito al unísono—. ¡Qué aburrido!
—Este también es un castigo para ustedes, por no respetar las reglas de esa persona ni vigilar bien a sus respectivas presas —los regañó Reiji—. Ni siquiera yo puedo predecir qué les sucederá cuando él se entere de todo esto.
Tanto Subaru como Laito guardaron silencio ante las palabras de su hermano mayor. Kim y Yuzu intercambiaron miradas, sin comprender a quién se refería Reiji. "¿Será la misma persona que envía a las novias sacrificadas a la mansión?", se preguntó la primera.
—Tsk, de acuerdo —aceptó Subaru de mala gana.
—Será bastante aburrido estar sin mi querida Bitch-chan durante tres largos días, pero ahora que sé sus sentimientos por mí creo que podré aguantar —dijo Laito, travieso.
—¡¿Sentimientos por ti?! —Yuzu reaccionó indignada, ruborizándose de golpe—. ¡No saques conclusiones!
—¿Oh? ¿No estabas celosa hace un rato?
—¡Te dije que no estaba celosa! ¡So-solo no quería que mordieras a Kim!
—¿Eh? ¿Estás segura?
Y mientras Laito y Yuzu discutían, Subaru avanzó hacia Kim. La castaña se limitó a observarlo fijamente, sin saber aún qué pensar de él. Quería confiar en el vampiro que la salvó, pero no conseguía entenderlo. No cuando sus actitudes y reacciones se contradecían todo el tiempo.
El silencio entre ambos se hizo más pesado en tanto Laito intentaba coquetear con Yuzu y esta lo rechazaba, y Reiji esperaba que sus hermanos se retiraran de la celda para cerrarla. Al cabo de un minuto que para Kim fue eterno, Subaru habló al fin de manera atropellada y ligeramente agresiva:
—Resiste, ¿entendido? Volveré por ti.
La chica no disimuló en absoluto la sorpresa en su rostro, sorpresa que el albino no fue capaz de ver, ya que al segundo siguiente de hablar le dio la espalda y se marchó a toda prisa, arrastrando a Laito consigo. Entre quejas y forcejeos, los dos vampiros salieron del calabozo, permitiendo a Reiji encerrar a las humanas bajo llave.
Sin poder evitar la impresión, Kim cubrió su rostro con una mano: "¡¿Qué rayos le pasa?!"
Las primeras horas de encierro transcurrieron de manera casi agradable para las chicas. A Kim le gustaba mucho escuchar a Yuzu, quien parecía tener miles de temas de los cuales platicar y enseñar. Incluso se daba el tiempo de contarle las historias que leía en sus libros. Esto la ayudaba mucho a sentirse menos sola y atemorizada en ese oscuro lugar. Por su lado, aun sin sus recuerdos era una persona creativa que tenía gran facilidad para inventar formas de divertirse. Por iniciativa suya acabaron haciendo ejercicio en el interior del calabozo, a lo que siguió una confortable siesta la una cerca de la otra.
Sin embargo, al día siguiente las ideas ya no aparecían con tanta frecuencia. La sed y el hambre eclipsaban su concentración, por lo que el aburrimiento y la larga espera inevitablemente llegaron.
—Tengo un montón de ricos cocos, tiririri. Ahí están en fila, míralos. Grandes, chicos, tan enanos como ves —cantaba Kim, desganada y echada boca abajo sobre el piso de la celda—. Eh, ¿cómo seguía la canción?
—Deberíamos... hacer algo más para matar el tiempo, ¿no? —sugirió Yuzu, sentada junto a una pared con la espalda apoyada en la misma.
—Ya se acabaron todos los juegos y canciones que puedo recordar.
—No creo que contar ladrillos cuente como un juego...
—¡Lo tengo! —Kim saltó de su lugar y gateó hasta la novia sacrificada—. Háblame de ti, Yuzu.
—¿Eh?
—Yo no tengo recuerdos que contar, pero tú tenías toda una vida antes de llegar a este lugar. ¡Quiero conocerte más y convertirme en tu amiga! —declaró Kim con una expresión iluminada. No obstante, al percatarse de su efusividad encogió sus hombros y murmuró tímidamente—: Cla-claro, siempre que tú quieras.
Yuzu parpadeó sorprendida por la sugerencia, mas no tardó en reír suavemente y dedicarle una cálida sonrisa.
—Gracias, Kim.
—¿Mmh? ¿Por qué? —preguntó la castaña, ladeando el rostro extrañada.
—Los Sakamaki nos ven como objetos desechables, es por eso que ninguno se preocupa de conocernos. ¿Para qué? Solo somos sacrificios como muchas otras. Nuestra historia no es importante para ellos. —Yuzu hizo una pausa en lo que desviaba la mirada hacia un punto indefinido del techo de la celda—. Por eso... gracias por esto. Cuando paso tiempo contigo puedo recordar que soy una chica común y corriente.
—¡Claro que no! —objetó la contraria, sorprendiéndola una vez más—. Eres más que eso. Eres una chica con recuerdos muy valiosos y eso te hace especial. —Después de decir esto, el semblante de Kim se ensombreció en tanto agachaba la cabeza y se sentaba de rodillas frente a Yuzu—. No debes olvidar nunca quién eres. Es... muy angustiante no saberlo.
Si bien se conocían desde hacía pocos días, hasta el momento Yuzu creía que Kim se tomaba con bastante ligereza el no tener memoria. Sin embargo, aquella conversación le confirmó que se equivocaba.
—Lo siento, Kim —se disculpó mientras buscaba la mano de la chica y colocaba la suya sobre ella. Kim se sorprendió con el gesto—. Si te sirve de consuelo, yo ya te considero mi amiga. Y como eres mi amiga, haré lo posible por ayudarte a recordar tu pasado.
—Ah, ¿lo dices en serio? —preguntó Kim. La luz empezaba a volver a sus ojos.
—Sí, aunque no te prometo nada... Dadas las circunstancias —agregó la novia sacrificada, guiñándole un ojo.
Al escucharla, Kim sonrió. "No estoy sola, ¡no estoy sola!", pensó aliviada. Incluso si no podía recuperar sus recuerdos o conocer su pasado, saber que había alguien de su lado le daba mucha tranquilidad.
—¡Gracias, Yuzu! —exclamó al momento de lanzarse sobre ella, envolviéndola en un abrazo reconfortante y sincero.
Yuzu correspondió el gesto con ternura, consciente de que no podía abandonar a Kim. A diferencia suya, ella era lo único que tenía.
—Bueno... ¿Por dónde debería empezar? —comenzó relatando Yuzu apenas la chica se separó de ella y se sentó a su lado, expectante.
NOTAS DE LA AUTORA:
¡Se viene el pasado de Yuzu, beibis!
He recibido varios comentarios acerca de este personaje, así que espero cumplir con sus expectativas.
Un enorme saludo a KimWolfMoon, Las rosas de hercules, ChUyA y aricka chan, ¡gracias por darse el tiempo de escribirme un review!
Nos vemos en el siguiente capítulo.
