Ni tan diabólicos ni tan amantes

Capítulo VIII: La escuela


A la tercera noche de encierro, Kim y Yuzu fueron despertadas por sus respectivos vampiros protectores. Ambas se encontraban hambrientas y cansadas en un rincón del calabozo, durmiendo apoyadas en el hombro de la otra.

—¡Oye! ¿Estás bien? —llamó Subaru, en lo que remecía un poco el cuerpo de Kim.

—Bitch-chan, te extrañé —dijo Laito, acuclillándose delante de Yuzu con una gran sonrisa.

Ambas se desperezaron débiles y un tanto desorientadas.

—¿Ya acabó el castigo? —preguntó Yuzu a Laito, restregándose un ojo adormilada.

—¡Comida! ¡Necesito comida! —saltó Kim con efusividad apenas despertó, aferrándose a los hombros de Subaru para entonces notar que estaba tratando con él y alejarse—. Ah... lo... lo siento...

El vampiro no respondió. Aún estaba afectado por lo sucedido el otro día. "Me pregunto si seguirá teniéndome miedo... No sería extraño que así fuera", pensó al momento de encontrar miradas con la chica. Ella parecía algo avergonzada por su reacción, pero más allá de eso Subaru no podía leerla. "¿Qué estará pensando?", se preguntaba él, en lo que Kim bajaba la vista hacia el suelo.

—Ambas, alístense —interrumpió de pronto una voz grave. Se trataba de Reiji, quien se encontraba de brazos cruzados en el umbral de la entrada de la celda—. Su castigo por escapar ha terminado, pero he decidido tomar algunas medidas para prevenir que algo como eso vuelva a ocurrir. Desde hoy, empezarán a ir a la escuela.

Kim y Yuzu parpadearon, sin entender nada de lo que decía. Se miraron entre sí y luego soltaron un escandaloso:

—¡¿EH?!


Las humanas comieron un abundante banquete tras ser liberadas del calabozo y, después de darse un baño, se vieron obligadas por Reiji a vestir un uniforme negro. Ambas acataron sin tener otra opción, temerosas de volver a ser encerradas. Ya listas, se subieron a una lujosa limusina junto a los seis vampiros, quienes vestían el mismo uniforme.

Durante el viaje, Kim procuró que Yuzu se mantuviera lejos de Kanato y que ninguno de los sujetos hiciera nada extraño. La mayoría del tiempo estuvieron en silencio, pero con solo intercambiar unas pocas palabras con Ayato y Laito descubrieron que desde ese mismo momento asistirían a una prestigiosa escuela vespertina junto a los vampiros, noticia que aterrorizó completamente a Kim.

—¡Nooooo! ¡No quiero ir a la escuela! —gritaba, mientras se aferraba a la reja de la entrada del instituto—. ¡Yuzu me dijo que en ese lugar se va a hacer amigos y no recuerdo nada!

—¿Eso dije? —se preguntó la otra chica, observándola a cierta distancia con una gotita de sudor en su frente.

—¡Ya cállate! ¡Todos debemos ir a la condenada escuela! —le gritó Subaru a Kim, jalándola para hacerla entrar al instituto. Algunos alumnos se detenían a ver el espectáculo, pero cuando el albino volteaba a verlos salían despavoridos.

—¡No, no, no! —Kim se mantenía firmemente aferrada a los barrotes—. ¡No más vampiros! ¡Tengo miedo!

—¡Somos los únicos vampiros! ¡Y si no bajas la voz, nos delatarás! —Subaru estaba empezando a desesperarse, pero no quería aumentar la fuerza del forcejeo. Si lo hacía, podía lastimarla—. Además, si estudias y sabes más cosas tal vez puedas recuperar tus memorias más rápido.

—¡No quiero! —respondió Kim, a la defensiva—. ¡¿Qué haré si algo sale mal?!

—¡Cálmate! ¡Yo estaré a tu lado! —Al decir esto, el vampiro se ruborizó y la soltó de golpe. "Mierda... Me dejé llevar."

—¿Eh? —Kim volteó entonces, sorprendida por lo que acababa de decir Subaru—. ¿Lo dices en serio?

Él se llevó una mano al rostro y desvió la mirada, visiblemente avergonzado. Kim lo observó sin comprender: "¿Por qué de pronto actúas de este modo tan...?"

—¡No me mires así! —saltó Subaru, interrumpiendo los pensamientos de la chica.

—¡Consigan un cuarto! —bromeó Laito, quien se encontraba observándolos junto a Yuzu. Los otros Sakamaki estaban haciendo lo mismo.

—¡Que no hemos hecho nada de eso! —respondieron Subaru y Kim al unísono, ambos rojos como tomates al recordar que no estaban solos.

La escena fue interrumpida por Ayato, quien atravesó la entrada del instituto dándole un empujón nada disimulado a Subaru.

—Muévete, idiota. Estás en mi camino —dijo, viendo un momento a Kim para luego volverse hacia la escuela visiblemente enojado.

—¡Oye! ¿Y a ti qué te pasa? —reaccionó Subaru, en lo que observaba a Ayato marcharse—. Ah, seguro sigues molesto por la paliza que te di el otro día.

El mayor frenó en seco y retrocedió el camino avanzado hasta volver junto a su hermano, agarrándolo por el cuello de la camisa.

—¡Eso fue un golpe de suerte, mocoso! —aclaró con el orgullo herido.

—¡Já! ¡Pues vuelve a molestar a mi presa y ya sabes qué golpe de suerte te espera! —le advirtió Subaru con una sonrisa confiada, soltándose de su agarre de un tirón.

Las frentes de ambos chocaron y sus miradas parecían sacar fuego, ansiosos de pelear en ese mismo instante. Kim, por su parte, los observó con una venita asomada en su sien, recordando entonces la verdadera razón por la cual Subaru la protegía: "Fue tan dulce hace un momento... y ahora me dice 'presa' de nuevo, ¡quién lo entiende! Puede que sea diferente a sus hermanos, pero eso no cambia el hecho de que solo soy comida para él. No debo hacerme ideas equivocadas."

La chica suspiró y Ayato, viéndola por sobre el hombro de Subaru, alzó la voz para hablarle:

—Oye, Chichinashi... ¿Qué de bueno tiene este? ¿Te gusta más que yo?

Kim no dio crédito a sus palabras, ¿por qué la involucraba en esa estúpida competencia? Ni que su opinión importara realmente...

—¡¿De qué estás hablando?! ¡Yo no elegí estar con él! —respondió sin pensar, alejándose de ambos evidentemente molesta—. Y no, no me gusta. Y tú tampoco.

Esta tajante respuesta dejó helado a Subaru. Tanto él como Ayato se quedaron sorprendidos viendo la espalda de la chica, mientras ella se marchaba en dirección opuesta a la escuela.

—¡Oye! ¡¿A dónde vas?! ¡Espera! —Subaru intentó detenerla, pero su hermano lo sujetó del brazo, reteniéndolo—: Maldito, ¡suéltame! ¡La hiciste enfadar!

—¡Já! ¿Yo? —respondió el pelirrojo con cierto aire de victoria—. ¡La escuché decir claramente que no le gustas y que no quiere estar contigo!

—¡Tampoco quiere estar contigo!

—¡¿Quieres pelear?!

—¡Ya lo creo, hijo de...!

Y así, la pelea entre Subaru y Ayato continuó sin que ninguno detuviera la partida de Kim.

A cierta distancia, Laito y Yuzu seguían observando la escena un poco divertidos, conscientes de que la chica no podría llegar demasiado lejos y que los vampiros serían detenidos por Reiji antes de llegar a mayores. Lo mejor era mantenerse al margen.

—Ayato es muy insistente, pero siendo violento Kim jamás lo preferirá por sobre Subaru —comentó Yuzu, para entonces observar discretamente a Laito—. Se parecen bastante ustedes dos.

—Somos hermanos de madre y padre, después de todo —aceptó el aludido, encogiéndose de hombros.

—Sí, aunque él es fácil de leer, en cambio, tú...

Al hablar, el tono de Yuzu cambió de forma deliberada. Aferró el maletín escolar entre sus brazos, conteniendo la rabia que aún sentía por lo sucedido durante el intento de escape. "Pronto entraremos a la escuela... Creo que no es un buen momento para hablar de eso... pero..."

—¿Mmh? ¿Qué insinúas, Bitch-chan? —Como siempre, Laito no podía quedarse con la duda.

—¿Qué crees tú? —habló ella con firmeza—. Eres un maldito mentiroso, ¿te lo tengo que dibujar?

—¿Ehh? —El vampiro notó su molestia y, en lugar de tomarla en serio, se limitó a sonreírle con interés—. ¿Sigues celosa porque mordí a tu amiga?

—¡¿Cuántas veces tengo que decirte que no se trata de eso?! —Yuzu ya no podía soportarlo más. Tenía que decirle a ese estúpido exactamente lo que estaba pensando—: ¡Juegas todo el tiempo con mi confianza y mi sufrimiento! ¡Te importa una mierda lo que me ocurra porque te divierte verme mal!

—¿En serio? —Laito no dejaba de sonreír, lo cual enfureció aún más a la muchacha.

—¡Eres imposible!

No importaba si se lo explicaba o no, él no iba a entenderla. Vamos, ¡ni siquiera era capaz de escucharla sin reírse! Yuzu sintió deseos de llorar, pero no quería mostrarse débil frente a él, no otra vez, así que se aguantó y caminó resuelta hacia el instituto.

Sin embargo, de improviso, el vampiro del fedora la abrazó por atrás, deteniéndola y paralizando cada uno de sus sentidos.

—La-Laito... Estamos en la escuela, suél... —Yuzu se calló en ese momento. Estaba segura de que el vampiro iba a morderla o a hacerle algo extraño, pero no. Había algo diferente en ese abrazo, algo extrañamente cálido. Dada la posición, no podía ver el rostro ajeno, pero estaba segura de que el suyo empezaba a ruborizarse—. ¿La-Laito?

Él se mantuvo en silencio, hasta que...

—¡Ah, no puedo resistirlo, Bitch-chan! —exclamó en su tono habitual—. ¡Te ves tan sexy en uniforme!

Y dicho esto, el vampiro la estrujó entre sus brazos.

—¡Argh, suéltame! ¡Te voy a matar! —gritó Yuzu, sumamente avergonzada de estar esperando algo diferente de ese idiota.

En ese momento, las campanas del instituto repicaron, dando el primer aviso del cierre de puertas. Subaru y Ayato se sobresaltaron, dejando su discusión de lado al recordar algo muy importante:

—¡Kim!

—¡Chichinashi!

Ambos estaban dispuestos a salir a buscarla cuando se toparon con Reiji en la entrada, quien traía a la aludida sujeta de la chaqueta.

—Encontré a esta pequeña fugitiva intentando escapar otra vez. ¿Qué te dije de ser más cuidadoso? —regañó a Subaru. Estaba visiblemente irritado al momento de empujar a Kim hacia él—. ¿Y qué hacen todos aquí? Las clases están por comenzar. —Reiji alternó su mirada entre sus hermanos, Kim y Yuzu—. A ustedes dos no les perdonaré que lleguen tarde en su primer día. Más les vale atender correctamente a sus clases o tendré que disciplinarlas. Y créanme que será mucho peor que solo tres días sin comida.

Al oír eso, las humanas notaron que Reiji iba en serio. Ambas tragaron saliva.

—¡Eso no será necesario! ¡Nos portaremos bien! —aseguró Kim, volviéndose hacia su amiga para tomarla de la mano e ir juntas a la escuela—. Va-vamos, Yuzu.

—¿A dónde crees que vas? —la detuvo Reiji—. Examiné tu sangre el otro día. Tienes diecisiete años.

—¿Eh?

—¡¿A qué te refieres con que examinaste su sangre?! —intervino Subaru, alarmado.

—Quedaron restos de ella en mis guantes la noche en la que casi se muere por tus arrebatos —le recordó Reiji, dejándolo sin palabras al referir a ese evento. Por otro lado, Shu observó silenciosamente a Reiji de soslayo. Él volvió a dirigirse a Kim—: En fin... Juzgando por tu edad, la novia sacrificada es mayor. Debes ir con los trillizos.

—¡¿Qué?! —exclamaron Kim, Subaru y Yuzu al unísono. Ayato, en cambio, sonrió de oreja a oreja.

"Esto es malo. Esto es malo. Esto es malo", pensaba Kim, consciente de que no podía estar en un peor grupo. Sin Subaru, Ayato y Laito podrían intentar morderla a la fuerza. Eso y sin mencionar lo enfermo y peligroso que era Kanato según el relato de Yuzu. ¿Cómo conseguiría defenderse si algo malo llegaba a suceder? ¿Tendría que compartir salón con ellos todos los malditos días de escuela?

—En ese caso, yo te llevaré al salón, Chi-chi-na-shi —anunció el pelirrojo, sintiéndose con la autoridad de sostener a Kim del brazo y llevársela por su lado, seguido de Kanato y Laito.

—¡Te he dicho que no me llames así! —gritó la chica, consternada al sentir la mano de Ayato sobre ella.

—No te preocupes, Subaru, yo cuidaré a tu preciosa mascota por ti —canturreó Laito, dedicándole un guiño coqueto al albino que no hizo más que aumentar su preocupación.

—¡Si alguno de ustedes le hace algo, los mataré! —bramó Subaru, siguiéndolos de cerca a paso firme.

—Sí, sí...

Al cabo de poco andar, los trillizos y Kim estaban por llegar al edificio de segundo año, el cual estaba repleto de alumnos. Ayato, consciente de que Subaru aún no se marchaba, colocó un brazo sobre los hombros de la castaña y resopló con expresión burlona.

—¿Qué estás haciendo, Subaru? Tu clase no es por aquí —fanfarroneó, observándolo por sobre su hombro y luciendo a Kim frente a sus compañeros.

Subaru apretó los dientes mientras escuchaba el murmullo general de la multitud:

—¿Quién es ella?

—¿Una alumna nueva?

—¿Será la novia de Ayato?

—¡Qué envidia!

"Su novia... ¡Sí, claro!", pensaba Subaru, buscando la mirada de Kim. Ella lucía muy nerviosa entre tantas personas; encima, por culpa de Ayato, se había convertido fácilmente en el centro de atención. Parecía como si en cualquier momento fuera a salir corriendo... Hasta que volteó en su dirección. Cuando las miradas de ambos se encontraron, Kim frunció el ceño, sacudió la cabeza y se marchó hacia el interior del establecimiento. "No puede ser... ella... ¿aún está molesta conmigo?", se preguntó Subaru, viendo con desconcierto cómo la chica se perdía de su vista entre la gente.

—¿Ves? Prefiere estar conmigo, ¡es obvio! Después de todo, soy el mejor —presumió Ayato antes de retirarse y seguir a Kim.

—¡Que te jodan! —le respondió de regreso Subaru, quien no tuvo otra opción más que marcharse con una pesada sensación de derrota hacia el edificio de primer año.

En paralelo, los alumnos no dejaron de chismear acerca de la nueva y su aparente relación con los Sakamaki. Kanato y Laito también iban a entrar al edificio cuando el segundo volteó a ver a Yuzu, quien aún se encontraba observándolos a la distancia junto a los vampiros de tercer año.

—¡Te extrañaré, Bitch-chan! —exclamó, haciéndole señas con un brazo—. ¡Avísame si quieres hacerlo durante la hora de descanso! ¡Conozco buenos lugares!

Y como era de esperarse, la mitad del instituto lo escuchó.

—Es que... lo mato... —murmuró Yuzu, roja y furiosa de pies a cabeza, mientras el murmullo general crecía a su alrededor. Luego, resopló—. Me pregunto si esto de venir a la escuela es buena idea después de todo...

—¿De qué estás hablando? —habló Reiji junto a ella—. Es esencial para ambas tener una buena educación en lo que reste de su corta vida. Además... —Hizo una pausa en la que se detuvo a mirarla con suspicacia—. Así podemos mantenerlas vigiladas.

Yuzu le quedó viendo desconfiada en tanto él se retiraba hacia su salón. Shu también iba a hacer lo mismo cuando notó que los ojos castaños de la humana volvían hacia la entrada del edificio de segundo año.

—Oye, no te pierdas —le dijo de pronto—. Tú vienes con nosotros.

—S-sí... —respondió ella, siguiéndolo y esperando que su amiga estuviera bien.


Kim no podía dejar de pensar en Subaru ni en la indescifrable expresión de su rostro antes de separarse. Tampoco podía entender por qué le había asegurado que iba a estar a su lado, apoyándola, para luego volver a tratarla como un objeto frente al cretino de Ayato. ¡Estaba harta de eso! "Sé que es una tontería, pero... no soporto que él en particular me restriegue todo el tiempo en la cara que solo soy comida."

El asunto era: ¿por qué le molestaba tanto? ¿Por qué no podía dejarlo pasar y ya? Yuzu lo hacía todo el tiempo, aun después de haber vivido cosas tan horribles. Encima, el mismo Subaru... No, no solamente él, ¡todos se lo habían dicho! Como depredador, necesitaba de una presa para alimentarse. Ese era el tipo de relación que tenían, ni más ni menos. Si lo comparaba con su propia necesidad de comida, era lógico, ¡ni siquiera podía culparlo por ello! Lo mismo ocurría entre Yuzu y Laito: ambos aceptaban sus roles y jugaban con sus necesidades para sobrevivir.

"En cambio, yo... he estado viviendo nueve días en esa mansión y aún no entiendo algo tan simple... ¿Por qué será?"

Quería aceptarlo, sin embargo, cada vez que intentaba hacerse a la idea sentía su sangre arder, como si un orgullo absurdo y netamente instintivo no soportase saberse presa de alguien.

"Presa, ¿yo? No me hagas reír."

Aquellas extrañas palabras antecedieron un fuerte dolor de cabeza, similar a la primera vez que intentó escapar. Necesitaba sentarse cuanto antes y no pensar en ello.

Cuando entró al salón que —según Ayato— le correspondía, se ubicó en el primer asiento vacío que encontró, esperando no llamar aún más la atención en tanto se le pasaba la jaqueca. Para su desgracia, esto fue imposible. Ayato se sentó rápidamente junto a ella y no le despegaba el ojo de encima, Laito se colocó al otro lado y Kanato en el asiento de atrás. Estaba completamente rodeada por los trillizos.

"Esto debe ser una broma..."

—Oye, todos te están mirando, preséntate como se debe —la animó el pelirrojo, inclinándose hacia ella con un tono burlón.

—¿No deberíamos esperar al profesor? —murmuró Kim con una mano en la sien, hastiada de su acoso. "Tengo un muy mal presentimiento de esto..."

—¡Olvídalo! Además, ya estamos todos.

—¿Qué? —La chica vio a su alrededor. En el salón no habían más de diez personas, contándolos a ellos—. ¿Somos tan pocos? Yuzu me dijo...

—¿Qué esperabas? Es una escuela vespertina —la interrumpió Kanato, irritado.

—Pero... afuera había muchos alumnos...

—Ah, es que hay bastantes cursos paralelos e instalaciones —le explicó Laito—. Este tipo de distribución es algo normal en las escuelas de élite.

—De hecho, Laito ni siquiera viene a este salón —acotó Kanato, mientras jugaba un poco con Teddy, pasando de la conversación.

—Vamos, ¡nadie lo notará! Además, le prometí a Subaru que iba a cuidar a su pequeña mascota. —El vampiro del fedora le guiñó un ojo a Kim.

Al escucharlo, la muchacha recordó lo sucedido en las alcantarillas y se cubrió el cuello con las manos:

—¡Si te atreves a morderme otra vez, yo...! —exclamó asustada, siendo súbitamente interrumpida por Ayato.

—¡¿Laito te mordió antes que yo?! —gritó él, golpeando la mesa y abandonando el asiento de forma violenta.

Una vez más, el salón entero estaba pendiente de ellos. Kim encogió la cabeza al percatarse de eso. "Si estos idiotas siguen así, no podré hacer amigos", pensó ansiosa.

—Calma, Ayato, solo lo hice para provocar a Bitch-chan —dijo Laito, meneando la mano como si no fuera la gran cosa—. Aunque admito que la sangre de la pequeña Kim es caliente y deliciosa... Te la recomiendo —agregó, dedicándole una sonrisa sugerente a su hermano, quien, sin poder creerlo, se dejó caer en el pupitre como un niño con rabieta.

—¡Tsk!

Kim no acababa de recuperarse del exabrupto ni del dolor de cabeza cuando el profesor finalmente llegó. Se trataba de un hombre común y corriente que aparentaba unos cincuenta años.

—¡Maestro, tenemos una estudiante transferida! —anunció animadamente Laito.

—Oh, vaya, ¡bienvenida! —dijo el hombre, identificando a Kim como un rostro nuevo—. ¡Vamos, ven a presentarte!

La chica fulminó a Laito con la mirada, pero se resignó rápidamente a obedecer. "No estaba preparada, pero... aquí voy", intentó darse ánimos mientras se levantaba de manera automática, sintiendo el estómago en la garganta. Torpemente se acercó a la pizarra, colocándose delante de todos tal y como Yuzu le indicó que hizo el día en el que se presentó como delegada de la clase.

—Ah... —balbuceó. El silencio era absoluto. Todos los ojos estaban sobre ella—. Ho-hola, me llamo Kim... y eso. No sé más.

Otro silencio.

—¡Pfff! ¡Eso es lo peor que he oído! —Ayato explotó en escandalosas carcajadas.

—Qué presentación más aburrida —se quejó Laito.

—Una presentación aburrida para una mujer aburrida —evaluó Kanato con desinterés.

—Chicos, esa no es manera de tratar a una estudiante nueva... —los regañó el profesor, consciente de que ese trío rara vez le hacía caso.

—Que al menos nos diga cuál es su comida favorita —sugirió el vampiro del fedora, risueño.

—Yo... —Kim se paralizó. El corazón le estaba latiendo a mil por hora.

—Ni siquiera se acuerda de eso —se adelantó Kanato, dejando escapar una escalofriante risilla.

En eso, Ayato levantó la mano.

—Yo tengo una pregunta que sí puede responder... —Los presentes se mantuvieron expectantes. Kim se limitó a mirarlo con temor. Él sonrió con picardía—: ¿Dónde te gusta más?

Los estudiantes intentaron contener la risa. El maestro reclamó a Ayato por su mala educación, sin ser escuchado. Todos estaban levemente sonrojados al mal pensar la pregunta, con excepción de Kim, quien se quedó en su lugar con la mirada gacha, apretando los puños.

—Vaya, ¿no es muy temprano para esa clase de preguntas, Ayato? —bromeó Laito, echándose hacia atrás en la silla con una sonrisa socarrona.

—Pero si es de noche... —murmuró Kanato, colocando los ojos en blanco como quien dice "mis hermanos son unos idiotas".

—¡Déjalo! ¡Qué importa la hora! —exclamó Ayato, entusiasmado—. Responde ya, Chichinashi.

Aquel apodo sacó aún más risotadas entre los alumnos, quienes ya no se molestaban en disimular.

Fue la gota que rebalsó el vaso.

—¡Ayato, eres un idiota! —gritó Kim muy enojada, antes de salir corriendo del salón.

—¡Señorita! —El profesor reaccionó a detenerla, pero ella ya se había marchado—. Qué rápida es...

Los alumnos quedaron perplejos ante su huida. Incluidos los Sakamaki.

—Ah, Teddy no esperaba eso —comentó Kanato, volviendo la atención hacia el peluche.

Ayato ya no se reía, chistó por lo bajo y se levantó de su asiento.

—¿Vas a perseguirla? —preguntó Laito, curioso—. ¿Realmente te interesa o solo lo haces para competir con Subaru?

—¡No te metas! —bramó su hermano, dirigiéndose hacia la salida.

—¿A dónde cree que va, Sakamaki? —El profesor intentó interponerse en su camino, pero el pelirrojo fue más rápido y lo esquivó.

—Piérdete, viejo —respondió, saliendo del salón sin necesidad de usar la violencia. Una vez desapareció de la vista del profesor, se desvaneció en el aire.

El hombre se precipitó hacia el pasillo y llamó a su alumno repetidas veces, amenazándolo con todos los castigos permisibles que se le ocurrieron. Pero nada lo motivó a regresar. Ni siquiera podía explicarse cómo se marchó tan rápido.

—¿Qué piensas de Ayato? —preguntó Kanato, un tanto intrigado por su última reacción.

—¿Mmh? ¿Acerca de qué? —quiso saber Laito, volviéndose hacia él.

—Está obsesionado, ya sabes... Con esa mujer. No es muy normal verlo así.

Al oírle, Laito apoyó un codo sobre el pupitre y el rostro en una mano.

—¿Tú crees? ¡Eso sería interesante! Me pregunto cómo se lo tomaría Subaru —comentó, para entonces agregar—: Además, Ayato no es muy diferente de nosotros. Somos hermanos directos, después de todo.

Kanato se aferró a Teddy y clavó su mirada en él, comprendiendo a qué se refería.

—Eso es completamente diferente —aseguró, amenazador—. Yuzu es mía. Tú me la robaste.

—¿Lo ves? Bitch-chan tenía razón —rio Laito, volviendo la vista hacia la ventana con aire pensativo—. Nos parecemos.


Mientras Kim corría por los pasillos, su andar desorientado la llevó hacia el sector que interseccionaba los tres edificios de cada grado, por lo que eventualmente acabó pasando cerca del salón de Subaru. Cuando lo hizo, él se levantó de golpe.

—¿Señor Sakamaki? —lo llamó la maestra, en un principio ilusionada, pensando que el chico más callado e intimidante del salón iba a participar en su emocionante clase de matemáticas.

Sin embargo, comprendió que tal no era el caso cuando notó que su alumno tenía la mirada perdida en un punto indefinido del salón, haciendo caso omiso a sus cuadernos que, de hecho, ni siquiera estaban sobre su pupitre.

Ante el silencio expectante de los alumnos de primer año, Subaru Sakamaki se dirigió hacia la salida.

—¡Señor Sakamaki, vuelva a su lugar! —ordenó la profesora. El vampiro la fulminó con la mirada, motivo que fue más que suficiente para hacerla cambiar de opinión—: Ehm... a menos que tenga... algo urgente que hacer... —respondió temblorosa en lo que el muchacho atravesaba el umbral de la puerta, en busca de ese aroma tan familiar que acababa de percibir.

"No debería estar afuera a esta hora. Algo pasó."


Cuando llegó el descanso, Yuzu salió de su salón y dejó escapar un suspiro lleno de alivio.

En clase Reiji se sentaba en la primera fila y Shu en la última, por lo que ella cómodamente y sin oposición de nadie ocupó un puesto en la fila del medio, pudiendo concentrarse en la materia sin mayor inconveniente. Ninguno de los dos parecía interesado en hacerle el gaje de la escuela más difícil, cosa que agradecía bastante, pero aun así le extrañaba el sistema de ese instituto. Casi no había alumnos y, según el horario que Reiji le entregó, tenían clases realmente ridículas, que más bien parecían clubes para niños ricos.

"Mis compañeros ni siquiera me prestaron atención cuando quise presentarme", pensó, un poco desanimada; aunque, si lo analizaba bien, tal vez lo mejor era mantener un perfil bajo. Estaba en último año, solo le quedaban unos meses para graduarse y dudaba ver a alguna de esas personas después de ello.

Sonrió con amargura de solo considerarlo. ¿De qué se preocupaba? Tal vez ni siquiera llegaba viva a su graduación.

"Me gustaría ir a ver si Kim está bien, pero... ¿Qué pasa si tengo mala suerte y me topo con Kanato primero? Es muy probable, ya que están en el mismo salón. Espero Laito venga a verme pronto, así me sentiré más segura." La chica detuvo sus pensamientos en ese mismo momento, sin dar crédito a sí misma: "Un momento, ¿acabo de pensar que quiero ver a Laito? No... Bueno... ¡No era en ese sentido!"

Con todo esto en mente, Yuzu se precipitó hacia el lavabo de mujeres, donde sorpresivamente encontró a Shu durmiendo en el suelo.

—Ah, lo siento, creo que me equivoqué —se disculpó, retirándose apenas lo reconoció. "¡¿Qué rayos hace ahí?!"

—No, estás bien. A menos claro que hayas querido espiar en el baño de hombres —respondió el vampiro, con la espalda apoyada en la pared y los audífonos puestos, empleando su habitual desgana al hablar.

—Eh... bien, permiso. —Un poco nerviosa, Yuzu volvió a entrar al baño, se acercó a un cubículo y se encerró en él, para salir a los pocos segundos y gritar—: ¡Como si pudiera hacer algo contigo aquí! ¡Vete a tu baño!

—Cállate, no hagas tanto ruido —reclamó él, frunciendo el ceño con los ojos aún cerrados.

Yuzu suspiró.

—Está bien, te dejo dormir —anunció mientras salía del cubículo y se dirigía hacia la salida otra vez—. Iré a buscar otro baño.

—Yo no haría eso si fuera tú —le advirtió Shu.

—¿Ah? ¿Y por qué no? —quiso saber la chica, volteando hacia él extrañada.

—Todos los otros baños implicarán que pases por la sala de segundo. ¿Quieres arriesgarte a que Kanato te encuentre a solas?

Con solo escuchar ese nombre, la novia sacrificada se paralizó. Aquel enorme temor era suficiente para desistir del plan.

—Ahora que lo dices, será mejor quedarme aquí —aceptó, para entonces caminar hacia el vampiro y jalarlo de un brazo—. Pero tú te vas, vamos.

Shu abrió un ojo, sorprendido y un tanto incrédulo. ¿Realmente esa humana pretendía sacarlo a la fuerza?

—¿Qué haces? —preguntó él, sin mover un ápice de su cuerpo.

—¡Es el baño de mujeres! ¡Ve a dormir a otra parte! —exigió Yuzu, insistiendo en tirar de su brazo para, aparentemente, forzarlo a levantarse—. Además, el suelo ni siquiera se ve cómod- ¡AAAH!

Sin mayor esfuerzo, Shu realizó un movimiento con el mismo brazo que Yuzu sujetaba para jalarla con tanta fuerza que acabó cayendo sobre él.

—¡¿Qué estás...?! —se quejó la chica, intentando incorporarse de inmediato. Al hacerlo, encontró el bello rostro ajeno peligrosamente cerca del suyo.

Shu la retenía con solo una mano asida a su brazo, empleando aquella maldita fuerza sobrenatural que tenían todos esos sujetos. A medida que Yuzu forcejeaba, más fuerte presionaba.

—Eres demasiado ruidosa —comentó él en un murmullo, para entonces acercarse a su oído y susurrar—: Me pregunto si en la cama serás igual.

—Q-qué... —La humana sintió sus mejillas arder. "Está jugando. Solo tiene hambre. Si dejo que me muerda quedará satisfecho, pero... ¿Qué pasará si Laito se entera?"

—Hay algo de lo que quiero hablar contigo —murmuró el mayor de los Sakamaki, sin abandonar aquella posición en la que hablaba a Yuzu muy cerca de su oreja mientras ella mantenía su rostro oculto de él—. Esa chica, tu amiga... ¿Quién es?

Sorprendida de que Shu estuviera interesado en Kim, la novia sacrificada respondió manteniéndose a la defensiva:

—Si te refieres a Kim, no sé por qué me preguntas eso. Sabes tan bien como yo que perdió sus recuerdos.

—Pero ella confía en ti —insistió él—. Si averiguas algo más, dímelo.

—¿Por qué debería?

Shu hizo una pausa antes de responder:

—Porque puede que estemos en peligro.

Yuzu se sobresaltó. ¡Era de Kim de quien estaban hablando!

—¿Qué quieres decir con...?

—Yuzu. —Una tercera voz cortó la conversación, una voz inconfundible para la humana—. Te estaba buscando. —Kanato. Ella no volteó. Estaba petrificada en su posición, deseando morirse ahí mismo—. ¿Por qué estás con él?

Un silencio se coló en el baño de mujeres. Shu levantó la mirada hacia su hermano, quien bloqueaba la única salida, para luego observar de soslayo a la atemorizada chica sobre su regazo.

—Ah, ¿no lo sabías? —habló con desgana, tomando las caderas de Yuzu para aprisionarla contra su cuerpo en una posición más que sugerente—. Cuando esta mujer se aburre de Laito, viene a divertirse conmigo. No tiene remedio.

—¡Oye...! —saltó Yuzu ante el inesperado movimiento, sintiendo con claridad cómo su entrepierna estaba chocando con la de Shu.

—¡Shu, maldito! —Kanato se acercó unos pasos a la pareja, enseñando los colmillos—. ¡Quítale las manos de encima!

—Ah, qué molesto... —se quejó Shu, sin cambiar en lo más mínimo su expresión mientras movía su pelvis de arriba hacia abajo, dando la alusión de estar intimando con Yuzu—. ¿No nos puedes dejar disfrutar? Estábamos recién calentando.

La humana ni siquiera era capaz de respirar del pánico, por lo que simplemente se dejó hacer. Kanato había abierto tanto los ojos que parecía que en cualquier momento se le iban a salir.

—¡Me las vas a pagar! —gritó, histérico.

No obstante, y en contra de lo esperado, desapareció.

Yuzu jamás había sentido tanto alivio en su vida. "¿Qué fue...?"

—Kanato odia ver a otras personas teniendo sexo —le explicó Shu, soltándola al fin—. Le trae malos recuerdos. —Aún en shock, la chica se apartó aturdida para dejarse caer en el suelo junto a él—. Por eso, cada vez que quieras que se aleje de ti, aviéntate a Laito como si te lo fueras a follar en ese mismo lugar y asunto solucionado.

Pero ella no estaba procesando nada de lo que él estaba diciendo, solo había una cosa que quería saber:

—¿Por qué me ayudaste?

—No lo hice gratis. —Shu esbozó una media sonrisa al decir—: Ahora me debes una.

—No te diré nada sobre Kim —se adelantó Yuzu—. Ella es mi amiga. Si esconde algún secreto, se sabrá a su debido tiempo y la apoyaré.

La sonrisa del vampiro desapareció. Lucía más serio que de costumbre.

—¿Y si ese secreto llegara a costarte la vida?

Ahora era Yuzu quien sonreía. Le resultaba bastante irónico que precisamente él "se preocupara" por ella.

—No creo que mi vida te interese mucho, Shu —dijo, levantando la mirada para encontrarse directamente con su expresión seria y apática. "Aunque... no es tan malo como pensaba. Realmente no parece interesado en mi sangre o en hacerme daño. Eso ya es mucho decir", se dijo en pensamientos, mientras lo observaba—. Como sea... Gracias por lo de ahora. No lo olvidaré. —Después de un breve silencio, se incorporó—. Intentaré ver si encuentro a Laito antes de que termine el descanso. Ya sabes, para evitar nuevos incidentes.

Shu no protestó. La dejó ir sin apartarle la vista de encima.

Apenas Yuzu se retiró, el vampiro cerró los ojos y habló al baño en apariencias vacío:

—Deberías ir. Aprovecha que aún confía en ti.

En ese mismo momento, la puerta de uno de los cubículos se abrió y Laito salió de su interior.

—Pensé que me mostrarías algo divertido, qué decepción —comentó con su habitual ademán travieso, llevándose una mano a la cintura.

Shu lo miró seriamente.

—¿De verdad quieres que otro juegue con tu presa? —preguntó.

—Los celos son el mejor condimento para el amor, nfufu —rio Laito, aparentemente emocionado con la idea de compartir a Yuzu.

—Celos, ¿eh? —El mayor se incorporó del suelo y avanzó unos pasos, hasta quedar hombro a hombro con su hermano—. Te tomaré la palabra, Laito.

—¿Mmh? ¿Acaso es una advertencia?

Se hizo un silencio. Shu sonrió ladino.

—Bueno, quién sabe... —dicho esto, desapareció.


Mientras sucedía todo lo anterior, Kim se ocultaba en el invernadero del instituto. Esperaba pasar desapercibida entre el hermoso jardín de rosas, cuyo aroma era lo suficientemente fuerte como para distraer a los trillizos en caso de que decidieran darle busca.

—Rosas... blancas... —susurró, acuclillándose frente a ellas para observarlas con admiración. "Subaru...", aquel pensamiento fue inevitable, pero, ¿por qué? ¿Por qué no podía dejar de pensar en él? Más aún, ¿por qué deseaba verlo?

Kim abrazó sus rodillas, muy confundida. Aunque su cabeza parecía haberse recuperado del mareo y la jaqueca, sus sentimientos seguían siendo pura contradicción.

—¡Con que aquí estás! —escuchó decir de pronto—. Llevo horas buscándote, pero ahora veo por qué no te encontraba. Tu aroma se confundía con el de las rosas.

La chica se llevó un susto al notar que alguien acababa de entrar al invernadero:

—Ayato —murmuró, incorporándose de golpe para enfrentarlo—: ¡Eres un desconsiderado! ¡No tenías por qué humillarme así!

—¿Humillarte? —repitió él, sin una pizca de arrepentimiento—. ¡Tonterías! Solo estaba intentando ayudarte en tu penosa presentación.

—Es la primera vez que vengo a una escuela —Kim se estremeció de rabia—. Estaba muy nerviosa porque aquí podía hacer amigos, ¡y lo has arruinado todo!

—A quién le importa eso. Al único que necesitas es a mí. —Ayato avanzó hacia ella de forma amenazadora, acorralándola contra los rosales—. Ya verás... Te mataré de placer, Chichinashi.

Estaba a un movimiento de tocarla, por lo que la castaña no tuvo otra opción más que ponerse a la defensiva y protestar con lo primero que se le vino a la mente:

—¡Aléjate! Si me muerdes, Subaru te dará otra paliza.

—¡Cuida tu boca! Esa vez me pilló desprevenido. —Para suerte de Kim, el sujeto era lo suficientemente orgulloso como para indignarse con ese comentario—. ¿Por qué te escudas en él? ¿Acaso no te das cuenta que es un idiota?

—¿Acaso tú no? —respondió la chica, armándose de valor—. Si hubieras sido amable desde el principio, probablemente me hubiera quedado contigo. Pero sé qué clase de sujeto eres, Ayato. Mataste a la amiga de Yuzu, la última novia sacrificada... ¡Y yo no quiero acabar como ella!

—No seas ingenua. —El pelirrojo esbozó una sonrisa confiada—. Subaru también acabará matándote. Solo te protege por tu sangre. Es lo único que le importa.

—¡Ya lo sé! —Aquel exabrupto dejó estupefacto al contrario, quien notó que Kim estaba apretando fieramente sus puños y tenía la vista clavada en el suelo—. No entiendo a Subaru, realmente no lo entiendo nada de nada. Es molesto y su actitud me confunde... ¡Pero salvó mi vida y, a su manera, se preocupa por mí! —Al decir esto, Kim levantó la vista y la voz con una expresión llena de determinación—: No importa si lo hace solo porque soy su presa, ¡es el único que se ganó el derecho de beber mi sangre!

La declaración fue lo suficientemente intensa como para que el propio Ayato se tragara sus palabras y permaneciera boquiabierto, observándola. Sin embargo, una presencia familiar lo obligó a desviar su atención hacia un costado.

Al ver el gesto de Ayato, Kim también volteó y se llevó una gran sorpresa al reconocer de quién se trataba. Primero vio el blanco, luego, el rojo.

—Su... Subaru... —balbuceó, sintiendo cómo esa extraña voz volvía a resonar repentinamente en su mente.

"¡Lo mataré!"

En ese mismo instante los ojos de la chica entraron en un trance y ella se desplomó.

—¡Kim! —saltó Subaru, apareciendo a su lado al segundo para atajar su caída—. Oye... ¡Oye! ¿Qué te pasa? —llamó el muchacho mientras la sacudía entre sus brazos. A todas luces Kim parecía haberse desmayado. Ayato, por su lado, permaneció inmóvil—. ¡¿Qué estás haciendo?! —le gritó Subaru—. ¡Ve a buscar a la enfermera ahora! ¡Kim está...!

—Solo está inconsciente, idiota —interrumpió el pelirrojo, llevándose una mano a la cintura con fastidio—. ¿Le hiciste algo? ¿O solo se asustó al ver tu cara?

—¡Imbécil! ¡No hay tiempo para eso! —gruñó Subaru, enseñándole los colmillos.

Sin embargo, a pesar de estar bromeando, Ayato no esbozó ni el ápice de una sonrisa.

—Subaru, te reto a un duelo —dijo de pronto—. El premio será Chichinashi.

—¡Y una mierda! ¡Ella es mi presa! —Subaru se aferró a Kim, sin poder creer que su hermano insistiera en competir contra él.

—Vamos, solo es un sacrificio como muchos otros, ¿o no? —Ayato estudió la ofuscada expresión del menor al decir eso y sonrió—. Pero claro, yo también quiero probarla... ¿Y si apostamos una mordida? ¿O qué, tienes miedo?

—¡Ya quisieras! —saltó el contrario.

—Solo es una mordida —insistió Ayato, provocativo—. No tienes mucho que perder.

Subaru frunció el ceño y observó a Kim, considerando seriamente el desafío. La aludida seguía entre sus brazos, inconsciente.

—Si la muerdes... ¿la dejarás en paz de una vez por todas? —quiso saber.

El pelirrojo se acercó unos pasos antes de responder:

—Tal vez. —Mantenía una sonrisa altiva al observar a su pequeño hermano tan pendiente de la muchacha que había captado su interés—. Quiero ver quién de nosotros caza primero a un licántropo. Ya sabes, en ese bosque que nos prohibían frecuentar... —reveló confiado—. ¿Qué me dices?

—Serás idiota, sabes muy bien que esas criaturas están casi extintas. Y también son difíciles de hallar.

—¿Oh? ¿Eso significa que desistes?

—Claro que no. —En ese momento, Subaru cargó a Kim entre sus brazos como si de una princesa se tratara—. Iremos en luna llena, cuando los licántropos no pueden ocultar su verdadera forma y son más peligrosos.

—Tsk, eso sucederá en siete días —masculló Ayato, disconforme. Se llevó ambas manos a los bolsillos mientras observaba al deseado "premio" de su próximo duelo—. Está bien, creo que puedo esperar un poco más. Hasta entonces, Chichinashi —dijo al desvanecerse, no sin antes dirigir una mirada un tanto desdeñosa a la pareja.

Una vez solos en el invernadero, Subaru se acuclilló para acercar a Kim al suelo y verla con preocupación.

—Oye... ¿Qué te ocurre? —le susurró, sin obtener respuesta. Hubo una pausa en la que el vampiro acarició su mejilla para moverle un cabello inoportuno y, sin pensarlo demasiado, se inclinó hacia ella, observando su rostro con intensidad—. Hay muchas cosas que quisiera preguntarte... pero...

"¿Cómo puedo acercarme a ti? Todo lo que toco lo destruyo. No hay nada más que sepa hacer."

Y a pensar de la línea que seguían sus pensamientos, sus labios no se resistieron al cuello que se extendía ante él, totalmente entregado debido a la posición.

—Kim, si no despiertas... tendré que hacerlo yo. —La voz grave de Subaru se dejó oír momentos antes de morderla, permitiéndose beber gustoso de esa sangre que tanto extrañaba.

—¡Ngh! —La chica reaccionó al dolor, volviendo de golpe a la realidad. Sus ojos se abrieron para contemplar una imagen similar a la primera vez que despertó: un escenario nocturno de rosas blancas y rojas. Los colores que tanto caracterizaban a su vampiro protector. El implicado retiró los colmillos al notar que Kim había vuelto en sí, y lamió la herida recién dejada con el filo de su lengua, generando en ella una sensación sumamente placentera—. Ah... Su... Subaru... ¿Qué haces?

Para su desconcierto, el vampiro le cubrió la boca con una mano.

—Cállate —gruñó él, aún lamiendo y succionando su cuello con voracidad—. Es tu castigo por saltarte las clases. —Y al decir esto, se enterró en su clavícula.

—Basta... Me duele... —se quejó Kim, llevando débilmente una de sus manos hasta la cabeza de Subaru para jalar su cabello y detenerlo.

Pero él no parecía querer soltarla. "Si no hubiera llegado a tiempo ese idiota se habría adelantado, tal y como pasó con Laito... ¡Mierda! ¡De solo pensarlo me pongo furioso!", pensaba, dejándose llevar por su posesividad y su sed descontrolada.

Tardó largos minutos en liberar a la chica y mirarla fijamente. Ella tenía el cuello lleno de mordidas suyas, las mejillas encendidas y la respiración excitada.

—¿Ya despertaste? —preguntó. La castaña asintió suavemente, algo mareada por el cúmulo de intensas sensaciones que acababa de tener—. Oye... Lo que dijiste a Ayato... —Subaru sintió un incómodo calor en el pecho al recordar aquellas palabras que escuchó al momento de aparecerse en el invernadero, por lo que se vio obligado a desviar la mirada y retractarse de lo dicho—. O-olvídalo.

—Subaru... —lo llamó Kim, instándolo a mostrar el rubor que empezaba a asomarse en sus pálidas mejillas—. ¿Puedo confiar en ti?

Aquella pregunta atrapó desprevenido al vampiro, sin embargo, él no dudó:

—No —respondió a secas—. Pero... no te recomiendo desobedecerme —acotó, para entonces volver a dirigir su boca al cuello desnudo de Kim, buscando un buen lugar para morder.

"¿Qué se supone que significa eso?", se preguntó ella, sintiendo una vez más una dolorosa punzada, ahora cerca del pecho. En esos brazos conocidos, se estremeció sin resistencia.

Subaru mantuvo ocupada a Kim durante la siguiente hora, ignorando que un familiar de Reiji en forma de murciélago los espiaba a la distancia.


Las horas transcurrieron hasta que las campanas anunciaron el fin de la jornada. Tal y como les fue indicado, las humanas sacrificadas se reunieron con los vampiros a las afueras del instituto, donde los esperaba la limusina que los llevaría de regreso a la mansión Sakamaki.

—Laito, te estuve buscando durante el descanso. ¿Dónde estabas? —preguntó Yuzu apenas se encontró con el susodicho.

—¿Me echaste de menos, Bitch-chan? ¡Qué alegría! —respondió él animadamente, envolviéndola en un abrazo que crispó los nervios de Kanato y llamó la atención de Shu.

—No te ilusiones. —La humana lo apartó un poco ruborizada, sin embargo, apenas vio a Kim en el grupo se precipitó hacia ella con preocupación—: ¡Kim! ¿Estás bien? ¿Estos idiotas te hicieron algo?

—Lo siento, Yuzu. Casi no asistí a clases —confesó la chica, notoriamente afligida. No quería entrar en detalles acerca de lo sucedido con los trillizos, después de todo, al final Subaru le había hecho compañía la mayor parte de la noche—. ¡Pero mañana lo intentaré de nuevo! Me esforzaré en hacer nuevos amigos y... —Las palabras de Kim fueron interrumpidas por un sorpresivo abrazo de su amiga—. ¿Yu-Yuzu?

—No te esfuerces más de la cuenta —susurró la muchacha con aprehensión—. No es necesario que tengas una vida escolar normal. Nada de lo que nos está pasando es normal, por favor... Solo cuídate. —Yuzu se alejó un poco para observar a Kim de frente y acariciar su cabeza con ternura—. Con que estés bien es más que suficiente.

Kim no esperaba eso. Aquellas palabras le quitaron un peso de encima, por lo que comprendió que, sin darse cuenta, estaba presionándose más de lo debido. En silencio, sintió el cariño de su amiga y esbozó una gran sonrisa al asentir.

—No es justo —se quejó Laito, quien observaba la escena a corta distancia—. Yo también quiero que Bitch-chan me consienta...

—Te tolero todos los días, ¿no te parece suficiente? —le respondió Yuzu con una venita asomada en su frente.

Laito y Yuzu siguieron fastidiándose el uno al otro durante el viaje de regreso a la mansión. Y a pesar de que el primer día de escuela había sido un fracaso total, Kim se sentía mucho mejor que al inicio de la jornada. "Estaremos bien. Confío en que así será."


Para sorpresa de Kim, en efecto, la situación se mantuvo.

Asistir al instituto lograba crear una rutina diferente, más normada, lo cual le daba cierta ventaja a las humanas, quienes podían prever un poco mejor los movimientos de los vampiros. Reiji les había prohibido estrictamente morderlas en la escuela, y aunque Subaru y Laito no estuvieran dispuestos a obedecerle del todo, al menos los demás sí lo hacían. Ayato porque se encontraba a la espera del duelo con Subaru; Kanato porque Yuzu estaba en el mismo salón de Reiji, y él fácilmente detectaría que había sido atacada por él; y Shu porque no lucía interesado.

Las chicas idearon planes para verse a escondidas durante los descansos, a veces asediadas por Laito o acompañadas del intimidante Subaru, o ambas, dependiendo de cuál vampiro las encontrara primero y de su disposición a compartir a su respectiva presa. En ocasiones, casi se sentían como un grupo de adolescentes completamente normal. Al menos, así creían que los verían sus ignorantes compañeros de escuela.

La tensión entre Laito y Yuzu seguía presente, pero ambos parecían comprender que las cosas jamás serían del todo predecibles entre ellos, por lo que de alguna forma u otra funcionaban bien. Por otro lado, Kim no tuvo objeción en seguir alimentando a Subaru, con quien empezó a tener mayor complicidad desde lo sucedido en el invernadero. Esto se remarcó durante el fin de semana, debido a que estuvo todo el tiempo encerrada en la habitación junto a él y no protestó ni una sola vez. Subaru mantenía un carácter marcadamente arisco, sin embargo, ella notaba que estaba comportándose de un modo más suave y permisivo.

A fin de cuentas, la situación sí había cambiado para Kim, pero de una manera tan sutil que le resultaba difícil decir exactamente qué era diferente en relación a la primera noche.

De esta forma, pasó una semana.

Era viernes por la noche. La castaña se encontraba esperando a Yuzu en la azotea de la escuela cuando Reiji apareció frente a ella, sorprendiéndola bajo un manto de estrellas.

—¿Qué sucede, Reiji? —quiso saber, sin disimular la desconfianza que le tenía.

El vampiro la observó severamente, mas tardó un momento en responder:

—Seré directo contigo. Tu presencia está afectando a Subaru.

—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Kim, a la defensiva—. Si lo dices por Ayato, últimamente ellos casi no...

—Has causado demasiados problemas —prosiguió él, interrumpiéndola sin importar lo que tuviera que decir—. Dejarás la mansión al amanecer. Por supuesto, hazlo sin que Subaru se entere.

—¿Eh? —La mente de la chica se fue a blanco. Si bien sabía que la relación entre Subaru y Ayato había empeorado desde su llegada, esa última semana ambos estaban más tranquilos el uno con el otro. Además, tenía entendido que ningún sacrificio había escapado jamás de la mansión Sakamaki, ¿por qué ella era la excepción?—. Espera un momento... ¿No se supone que no podía escapar? ¿Qué hay de Yuzu?

—Ella es la novia sacrificada. Tú solo eres una intrusa. —Reiji guardaba una distancia prudente con Kim, pero incluso así ella podía percibir el desprecio con el que la observaba—. Cuando Subaru esté dormido reúnete conmigo en la entrada de la mansión. Alistaré todo para tu partida.

—¡No pienso irme sin Yuzu! —saltó la castaña, eufórica de solo pensar que, después de tantos problemas, la posibilidad de huir estaba ahí, al alcance de su mano.

—¿Qué tan estúpida puedes ser? —dijo él, acomodando sus gafas con ademán soberbio—. ¿No querías sobrevivir? Te estoy dando una oportunidad única. No deberías desperdiciarla.

—¡Yuzu es la única amiga que tengo! —Nuevamente, Kim alzó la voz con desesperación—. ¡No pienso abandonarla en esa casa de locos!

Reiji permaneció callado, para entonces dejar escapar un suspiro lleno de hastío. Necesitaba que esa mujer se fuera de la mansión cuanto antes y sin hacer escándalo.

—De acuerdo —aceptó al fin, resignado—. Si haces exactamente lo que te digo, tu amiga también será libre.

—¿De verdad? —Los ojos de Kim se iluminaron al ver que el vampiro estaba cediendo, sin embargo, rápidamente desconfió—: ¿Cómo sé que no me estás engañando?

—Te indicaré la ruta que debes seguir para salir del bosque. Allí, encontrarás una carretera que te llevará a la única parada de buses que colinda nuestros dominios. Esperarás en ese sitio uno... No, dos días. Si la novia sacrificada no llega contigo en ese lapso de tiempo, puedes volver a la mansión y entregarnos tu vida otra vez. —Al hablar, Reiji avanzó solemnemente hacia Kim, hasta acabar a un paso de distancia de ella—. Es la única opción que te doy. Tómala o déjala.

La joven se vio intimidada por los filosos ojos color magenta del vampiro y su porte, muy superior al suyo. Agachó la cabeza, sin saber qué hacer.

—¿Me darías un poco de tiempo para pensar? —pidió nerviosa, considerando que lo mejor era discutirlo con Yuzu.

—No. Tiene que ser ahora —exigió Reiji.

"Esto es demasiado bueno para ser verdad. Me cuesta asimilarlo, pero... Si igualmente debo irme de la mansión por orden de este sujeto, no debo dudar. Aunque... no podré despedirme de Subaru", pensaba, sintiendo una inexplicable punzada en el pecho al recordar esos últimos días, donde los silencios junto a Subaru le habían parecido el lugar más seguro del mundo.

Tensó la mandíbula al pensar en ello.

"No, no puedo. Tengo que sacar a Yuzu de allí."

—De acuerdo. Lo haré. —Tuvo dificultades para hablar, pero lo hizo. Y decidió—. ¡Pero más te vale cumplir tu promesa! Tienes que liberar a Yuzu, de lo contrario, ten por seguro que volveré a rescatarla.

—Si tú cumples tu parte, yo cumpliré la mía —le aseguró él.

—Bien.

Tras recibir esa respuesta llena de determinación, Reiji le dio la espalda a Kim y se retiró con solo una cosa en mente: "Mañana por la noche habrá luna llena."


NOTAS DE LA AUTORA:

Estoy muy feliz de la recepción que ha tenido este fanfic. Me ha sorprendido tener lectores que hablan otros idiomas esforzándose en traducirlo.

Me encantaría tener una versión en todos los idiomas posibles para ustedes, pero lamentablemente no tengo ni la habilidad ni el dinero para hacerlo :'D

En fin, dicho esto, ¡gracias AliCatReads por usar Google Translate para leerme! Lo valoro muchísimo.

También quiero agradecer a KimWolfMoon, winchestergirl93 y Las rosas de hercules por sus comentarios. Leerlos me motiva un montón ;_;