Ni tan diabólicos ni tan amantes
Capítulo IX: Luna llena
El resto de la noche transcurrió de manera lenta para Kim. No podía dejar de pensar en la conversación que había tenido con Reiji y en lo que sucedería al amanecer. Las dudas la asediaban, pero no quería detenerse en ellas: de hacerlo podía arrepentirse, y bien sabía que una oportunidad como esa no se presentaba una segunda vez.
Durante el almuerzo, ella y Laito se reunieron con Yuzu en la azotea. Subaru llegó un rato después.
—Y entonces Reiji le dijo a Shu que era un inútil frente a toda la clase —les contaba Yuzu—. ¡Me molestó tanto que le grité!
—No hay nada que hacer, Bitch-chan —respondió Laito, divertido—. La relación de esos dos siempre ha sido así.
—¡Una cosa es que mande en casa y otra totalmente diferente es que lo humille frente a sus compañeros! —protestó ella—. Además, Shu no es un mal chico.
—¿Mmh? ¿Estás interesada en él?
—¿Celoso, Laito? —Yuzu sonrió, juguetona.
—¡Claro que sí! Tratas tan bien a los demás, en cambio a mí solo me desprecias. Eres tan poco honesta —se quejó el vampiro—. Aunque también me gusta ese lado tuyo.
—¡N-no digas tonterías!
Kim estaba perdida en sus cavilaciones y hacía bastante rato que no seguía el hilo de la anécdota, mientras que Subaru la observaba atentamente de soslayo. Yuzu siguió discutiendo con Laito hasta que notó que algo no andaba bien con su amiga.
—¿Todo bien, Kim? —le preguntó, echando un vistazo a su bento—. Casi no has tocado tu comida.
—Ah, sí... —respondió Kim con aire distraído—. No pasa nada. No te preocupes.
Yuzu la observó comer poco convencida, pero decidió no insistir. Por otra parte, Subaru se limitó a guardar silencio hasta que la hora de almuerzo acabó.
—Oye —llamó a la castaña después de que Laito y Yuzu se retiraron a su respectivo salón de clases. Ambos se encontraban en el pasillo que conectaba los edificios de los tres grados—. Estás rara. ¿Sucedió algo?
—No, es que... aún no me siento cómoda compartiendo con Laito. Es todo —respondió Kim, intentando sonar convincente.
Subaru la observó de manera fija. Ante este gesto, ella le dedicó una sonrisa que se esforzaba en ocultar la dirección de sus pensamientos: "Lo siento por mentirte, Subaru. Esto es lo mejor para mí y para Yuzu. Sé que lo entenderás. Eres una buena persona después de todo."
—Ya veo —dijo él, después de una pausa—. Si no te sientes cómoda en el salón de clases, puedes buscarme. Si sucede algo, grita mi nombre y estaré contigo.
Sus palabras crisparon un poco la expresión de Kim, pero no lo suficiente como para dejarla en evidencia.
—Sí, muchas gracias —respondió impasible, sintiendo con asombrosa claridad una sensación similar a la de una daga clavándose en su pecho.
Apenas el vampiro regresó a su salón, la sonrisa fingida desapareció. ¿Volvería a verlo después de esa noche? Si sucedía, ¿la perdonaría por mentirle? Apretó los puños con impotencia, creyendo que se largaría a llorar en cualquier momento. "Subaru..."
Cuando volvieron a la mansión, Subaru y Laito llevaron a sus presas a su respectivo cuarto. Al cabo de unas horas, Yuzu veía la luz de la luna filtrándose entre las cortinas verde musgo de la habitación de su vampiro protector. Ella se encontraba desnuda junto a él, incapaz de conciliar el sueño después de una larga ronda de mordidas y sexo. Sus ojos castaños voltearon a examinar el bello semblante de Laito, quien parecía dormir muy tranquilo con la camisa abierta y el torso expuesto.
En cualquier momento amanecería.
—Me gusta tu lunar —susurró Yuzu, mientras deslizaba la yema del índice sobre el mentón del vampiro.
—¿Mmh? —ronroneó él, girando el cuerpo con los ojos cerrados para abrazarla—. No es usual que me halagues, Bitch-chan. ¿Pasa algo?
—En la escuela eres muy popular —masculló la muchacha con el ceño ligeramente fruncido—. Incluso en mi año las chicas no dejan de hablar de ti.
—Vaya... ¿Celosa?
—Cállate. —Yuzu se apoyó en el respaldo de la cama cubriendo la parte superior de su cuerpo con las sábanas—. Es solo que... no sé cómo sentirme a tu lado —confesó, afligida—. Francamente, a veces te odio. Te odio de verdad. Pero en otras ocasiones... como ahora... estamos tan cerca el uno del otro que... —La chica calló entonces.
—¿Qué cosa? —El vampiro la observaba curioso.
Yuzu sintió claramente cómo sus mejillas se prendían al decir:
—Laito, ¿qué piensas de mí?
El aludido ladeó el rostro y parpadeó confundido.
—Pienso que eres mi linda Bitch-chan —dijo, mientras apoyaba un codo sobre el colchón y una mano sobre el rostro.
—¡Deja de bromear! —exclamó ella—. Estoy hablando en serio.
—Yo también.
A la humana le sorprendió su respuesta, pero sabía que mentía. Se había acostumbrado tanto a ello que prefería asumirlo antes de hacerse ilusiones.
—¡Sí, claro! Lo único que haces es repetir que soy una perra. —Laito la escuchó en silencio, un poco intrigado por su actitud. Yuzu lucía realmente alterada—. Quiero dejarte algo muy en claro: si terminé convirtiéndome en... en tu... ¡Bueno, en eso!, fue porque estaba dispuesta a hacer lo que estuviera a mi alcance para que alguien me protegiera de tu hermano, pero yo... ¡yo no soy así!
—"Así", ¿cómo? —quiso saber él.
Ella desvió la mirada. ¿Realmente tenía que especificarlo...?
—Tú haces este tipo de cosas con cualquier persona, pero yo no... —Yuzu se interrumpió otra vez. Las palabras se ahogaban en su garganta—. Yo no sé separar el sexo de...
—No te estoy entendiendo, Bitch-chan —intervino Laito con su acostumbrado tono juguetón.
—¡Ni siquiera yo me entiendo! ¿Qué eres para mí? Estoy muy... confundida. —La castaña cubrió su rostro con ambas manos. Ahora que escuchaba sus pensamientos en voz alta se sentía sumamente estúpida y avergonzada—. ¿Vas a matarme o no? Porque si lo vas a hacer, te recomiendo que sea antes de...
—¿De que te enamores de mí?
Yuzu saltó espantada ante la deducción de Laito, pero su rostro enrojecido la delataba aún más:
—¡Si me enamorara de ti, sería la persona más desdichada del planeta! —gritó.
—Eso fue algo rudo —comentó el vampiro, siempre risueño.
—¿Y qué más esperas que te diga? Eres pervertido, desconsiderado, infiel... ¡Ah! —Mientras hablaba y sin previo aviso, Laito se abalanzó sobre ella.
El vampiro sostuvo sus muñecas y se recargó sobre su cuerpo desnudo. La chica se resistió sin éxito.
—Matarte ahora sería un desperdicio, Bitch-chan. Aún no eres completamente mía —le explicó él, con los centelleantes ojos verdes reflejando la luz de la luna—. ¿Ves eso?
Con pánico contenido, Yuzu contempló unas sombras extendiéndose sobre las cortinas de la habitación.
—¿Qui-quiénes son? —tartamudeó, reconociendo sobre sus cabezas las siluetas femeninas de estas repentinas apariciones.
—Otras novias sacrificadas como tú —respondió el vampiro con simpleza—. Las convertí en mis familiares.
La chica se paralizó, horrorizada.
—Laito, no...
—Algún día tú serás una de ellas —declaró él antes de hundirse en su cuello.
Ella no cerró los ojos mientras la mordía. Una lágrima se deslizó lentamente por su mejilla a medida que las sombras llenaban la habitación. "Ya lo sabía, él es como Kanato y no le importa la vida de las mujeres que llegan aquí. Yo... solo soy una de sus muchas presas. Ya lo sabía, pero... ¿Por qué me duele tanto?"
Al amanecer, Kim se encontraba en el interior del ataúd junto al albino que dormía plácidamente. Observar su rostro durmiente le resultaba doloroso, por lo que intentó no pensar mucho y actuar de una vez.
Desde hacía unos días que Subaru dejaba la tapa pseudo abierta, por lo que escapar de ese pequeño espacio no le significó gran esfuerzo. De este modo, y mientras todos se encontraban en sus respectivas habitaciones, Kim se dirigió a la entrada de la mansión tal y como Reiji se lo indicó horas atrás.
Los rayos del sol se asomaban tímidamente por los grandes ventanales, recordándole la gran cantidad de tiempo que estuvo privada de luz natural. En el punto de encuentro vio que el vampiro de las gafas ya se encontraba esperándola junto a un pequeño equipaje.
—No había querido decírtelo antes, pero... —habló él de pronto—, ya me harté de tus insolencias.
—¿De qué estás hablando? —preguntó Kim, enarcando una ceja al no comprender a qué se refería.
Reiji le dedicó una escalofriante sonrisa.
—No volverás a llamarme "cuatro ojos", niña.
Kim se sobresaltó ante este comentario, sorprendida de que recordara el tonto apodo con el que solía llamarlo.
—Qué rencoroso —murmuró después de una pausa—. En fin, ya me voy. Más te vale no olvidar tu promesa.
Dicho esto, la chica recibió el bolso y lo inspeccionó antes de colgarlo en su espalda. No tenía muchas pertenencias, pero Reiji había tenido la gentileza de preparar algo de comida para su viaje. "Si no diera tanto miedo, sería como una madre", pensó Kim, absteniéndose de hacer ese comentario en voz alta. Apreciaba lo suficiente su vida como para hacerlo.
Ya con todo listo, dio la vuelta y atravesó el jardín de la mansión con aire triste. Contempló nostálgica cómo los colores de las rosas se lucían mucho más de día. Sintió el deseo de arrancar una rosa blanca y llevarla consigo de recuerdo, pero sabía que Reiji seguía vigilándola desde la entrada y la reprendería si osaba "arruinar" su jardín.
Una vez estuvo fuera de los dominios de los Sakamaki, suspiró pesadamente y volteó hacia atrás por última vez:
—Adiós, Subaru —murmuró antes de adentrarse sola en el bosque.
A la noche siguiente, el vampiro del cabello blanco aún estaba medio dormido cuando buscó a Kim en el interior del ataúd, pero al hacerlo su brazo solo encontró el vacío.
—¿Huh? —masculló mientras abría un ojo, espabilando al cabo de una pausa—. Eh... ¡¿Eh?! —exclamó, levantándose de golpe y chocando contra la tapa—. ¡ARGH!
Subaru salió enojado del ataúd sujetándose la cabeza por el golpe y buscando a Kim por toda la habitación. No estaba en ninguna parte, pero aún podía percibir su aroma de forma débil, como si hubiese estado ausente desde hacía varias horas. "Mierda... ¿Dónde estará?", pensó preocupado. ¿Habría escapado otra vez? Conociéndola, no debía haber ido a ningún sitio sin la novia sacrificada. Con esto en mente, salió al pasillo y se dirigió hacia la habitación de Laito.
—¡Subaru, bastardo! —escuchó decir a Ayato nada más avanzar unos pocos pasos—. ¡Hoy es luna llena! Estuve esperando ansioso esta noche. ¿Estás listo para tu derrota?
—Sí, claro —ironizó el menor. Al voltear hacia él, lo estudió en silencio: "No parece que sepa dónde está Kim. No puedo decirle que desapareció. Hará un alboroto y no quiero que la encuentre antes que yo."
En ese mismo momento, Ayato cayó en cuenta de que Kim no estaba con su hermano.
—Oye, ¿y Chichinashi? —preguntó extrañado.
—Por ahí —respondió fríamente el albino—. Dejé que saliera.
—Ah, ¿sí? —Ayato sonrió de manera socarrona—. ¡No me lo esperaba viniendo de ti, mocoso!
—Necesitaba espacio. No puedo tenerla siempre atada a mi lado.
—¡Qué idiotez! Es solo una humana.
—Es un pensamiento bastante maduro de tu parte, Subaru. —Una tercera figura apareció entre ellos, interviniendo en la conversación.
Reiji detestaba las riñas entre sus hermanos pues estas siempre acababan afectando la inmobiliaria de la mansión, por lo que últimamente estaba bastante pendiente de las interacciones entre Subaru y Ayato. Pero su presencia no era muy grata para el segundo, quien gustaba de hacer las cosas a su manera y no siguiendo las reglas de otro.
—¡Tsk! ¿Y a ti quién te llamó? —gruñó al verlo, para entonces dirigirse hacia Subaru con una sonrisa confiada—: ¡Te veré en el patio trasero! ¡Si no apareces considérate derrotado! —dicho esto, dejó escapar una carcajada y desapareció.
Subaru procuró que Ayato ya no estuviera en los alrededores para dirigirse a Reiji con seriedad:
—Oye, ¿has visto a Kim?
—¿Es tu presa y no sabes dónde está? —El más alto frunció el ceño, claramente disgustado—. Te dije que...
—¡Ya lo sé! —lo interrumpió Subaru antes de seguir caminando—. Solo preguntaba. Iré por ella.
—Subaru —Reiji detuvo su partida, cortante. Al acomodar sus gafas el brillo del cristal le ocultó la mirada por un instante—. No deberías preocuparte tanto por esa mujer. Estás demasiado inestable desde que llegó.
—¿Qué? —El albino volteó sin entender a qué se refería.
—No me digas que no te has percatado de ello. Eres un fastidio para los demás.
—¡¿Qué estás insinuando?! —Subaru se expresó muy molesto.
—En primer lugar, ¿por qué te batirás en duelo con Ayato? Nunca antes habías actuado así. —Reiji lo miró por sobre su hombro, notando el sobresalto y la expresión atrapada—. No será por ella, ¿o sí?
Se hizo un silencio.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó el menor entre dientes.
—Ya lo conoces. Estuvo toda la semana alardeando.
—Ese imbécil... —Subaru se sentía extrañamente avergonzado. Tal y como decía Reiji, él no se inmiscuía en las estúpidas competencias de Ayato pues sus discusiones solían ser por asuntos mucho más triviales. Ahora, en cambio, la aversión entre ambos era absoluta y real—. Sé que es una pérdida de tiempo, pero Ayato es más molesto que un dolor en el culo. Acabaré pronto con este asunto.
—Me alegra oír eso. —Reiji volvió a hacer una pausa antes de decir—: Y sobre Kim...
—¿Uh?
—Todo está bien. Me parece haber percibido su aroma en la cocina junto al de la novia sacrificada.
Solo con oír eso Subaru sintió un inexplicable alivio en todo el cuerpo.
—De acuerdo. No tardaré —dijo antes de desaparecer.
Esbozando una media sonrisa en su semblante, Reiji lo imitó dirigiéndose hacia otra dirección. Bien sabía que estaban siendo escuchados por una pequeña intrusa, pero prefirió hacer caso omiso a su presencia. Después de todo, ella no podía hacer nada para arruinar su plan.
"¿Por qué Reiji le mintió a Subaru?", se preguntaba Yuzu con la espalda pegada a la pared contigua del pasillo ahora vacío. "Esto es muy extraño... Será mejor que busque a Kim cuanto antes."
Sin embargo, una voz conocida habló muy cerca de su oído, interrumpiendo sus pensamientos:
—¿Sabes? Espiar las conversaciones de otros es de muy mala educación.
Cada uno de los nervios de la chica se paralizaron. Volteó lentamente, mas no fue capaz de gritar.
—Ka-Kanato... —pronunció con voz temblorosa.
—Teddy, ¿deberíamos castigar a Yuzu por espiar? —El vampiro se dirigió a su oso mientras lo dejaba en un mueble cercano—. O tal vez...
De pronto, la humana sintió la mano ajena rodeando fieramente su muñeca.
—N-no... Dé-déjame...
—¿Me servirás el desayuno? —Sin previo aviso, Kanato dobló su brazo de tal manera que la hizo gritar de dolor. Los grandes y desquiciados ojos morados no la perdieron de vista al momento de lamer sus dedos, mordiéndolos suavemente para beber de ellos—. Sé quién eres. El sabor de tu sangre... Tus facciones son idénticas a las de ese sujeto.
—A-aléjate... La-Laito... ¡Laito! —Yuzu no prestaba atención a sus palabras, solo intentaba apartar la mano antes de que él decidiera arrancársela o algo parecido, pero la fuerza de Kanato era al menos diez veces mayor que la suya.
Y aun así, escucharla lo hizo enfurecer:
—¿Por qué...? ¿Por qué siempre llamas a Laito? —preguntó él con voz quebrada y quejumbrosa, al borde del llanto—. Él no vendrá. ¡Nadie puede salvarte de mí! —En ese momento, la voz del vampiro empezó a agitarse y sus pupilas se hicieron pequeñas. Sus manos rodearon el cuello de la muchacha, presionando la garganta con ambos pulgares—. Las indecencias que haces con él... Lo que sientes por él... ¡Yo fui el primero, Yuzu!
—¿Lo que siento por...? —"¿Qué siento por Laito?"
La pregunta quedó sin concluir pues Kanato le cortó el aliento. Respirar se volvió un imposible, mas esto no fue un impedimento para que él la acorralara contra la pared con dudosas intenciones.
—No podrás escapar de nuestra promesa —susurró de manera suave.
—No... respiro... —habló Yuzu a duras penas, notando a ojos cerrados que el aliento del vampiro se sentía peligrosamente cerca.
Fueran besos o mordidas, no quería nada que viniera de él. La sensación de miedo y asco era más de lo que podía soportar: "Mátame de una vez. No quiero esto."
—Recuérdame, Yuzu —lo oyó susurrar otra vez, antes de que una extraña brisa pasara junto a ellos. Yuzu no la percibió, pero a Kanato lo detuvo—: ¿Eh? ¿Ese fue...? ¡Teddy! —El vampiro volteó para confirmar que su querido oso ya no se encontraba donde lo había dejado. La castaña notó que sus manos no la aprisionaban con la misma fuerza, por lo que aprovechó la distracción para apartarlo y escapar. Al depredador esto lo enfureció—: No importa cuánto corras... ¡ES INÚTIL!
El grito de Kanato estaba tan lleno de euforia que hizo eco en todo el pasillo, pero Yuzu siguió corriendo hacia el interior. Aun si fuera su último intento de escape, no se detendría.
Una vez en el patio trasero de la mansión, Subaru se reunió con Ayato dispuesto a ocultar aquello que le preocupaba. No confiaba en Reiji, sin embargo, durante la conversación con él creyó distinguir el aroma de la novia sacrificada cerca. Sabía que Kim jamás huiría de la mansión sin ella, por lo que decidió conformarse con la suposición de su hermano hasta que acabara de una vez por todas con esa apuesta sin sentido. Hecho eso, iría a comprobar con sus propios ojos que la humana estuviera bien.
"Aunque... no será tan fácil encontrar a un licántropo en primer lugar", pensó, disgustado por lo rebuscado que podía ser Ayato a veces.
—¡Já, pensé que no venías! —exclamó el implicado una vez lo vio llegar.
—Ya quisieras —le respondió Subaru con frialdad.
Ambos caminaron hacia la salida del patio trasero, la cual conectaba con el interior del frondoso bosque que rodeaba la mansión.
—¿Y qué? ¿Reiji está al tanto de esto? —quiso saber el pelirrojo, burlón.
—Por tus griteríos, toda la mansión lo sabe.
En unos rápidos movimientos, ambos se adentraron en el bosque sin perderse la pista el uno al otro.
—¡Acabarás hecho polvo! —aseguró Ayato—. Ore-sama es el mejor cazador de la familia.
—¿Vas a dejar de fanfarronear? Empecemos de una vez.
—¡Hmp! Veo que estás impaciente... Antes te recordaré las reglas del juego: la caza comienza una vez nos adentremos en el sector prohibido. Si tú ganas, dejaré en paz a Chichinashi; pero si yo gano, me dejarás probar su sangre —al escuchar esto, Subaru se detuvo en seco. Ayato lo imitó adquiriendo una posición desafiante.
—Deja de llamarla así —le ordenó el albino.
—¡Puedo llamarla como quier...!
Las palabras del vampiro fueron interrumpidas por un fuerte aullido. Ambos guardaron silencio y contemplaron sorprendidos el bosque en penumbras que los rodeaba, para entonces intercambiar miradas entre sí.
—¡¿Qué demo...?! —saltó Subaru, alterado—. ¡Se escuchó demasiado cerca!
Era prácticamente imposible que un lobo deambulara por esos territorios y no saber dónde se encontraba Kim empeoraba el escenario. ¿Qué tal si la chica durante el día decidió dar un paseo por el bosque y se encontró con ese animal? Subaru se estremeció de solo pensarlo.
—Vino desde la ciudad —hizo notar Ayato, observando en dirección opuesta hacia donde se dirigían—. ¿Crees que sea un...?
—¿Hasta cuándo piensan seguir discutiendo? —interrumpió de pronto un tercero. Para desconcierto de ambos, Reiji los había seguido y acababa de hacer una de sus repentinas apariciones—. Ese aullido sin lugar a dudas no es de un lobo ordinario.
—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó el menor.
—Un licántropo entre humanos puede ser un gran problema —continuó Reiji—. Deben cazar a esa criatura y traer el cadáver antes de que amanezca. Intenten ser discretos.
—¡No necesito de tus indicaciones! —saltó Ayato, furioso—. ¡¿Qué haces aquí?! ¡Esto no tiene nada que ver contigo!
—Vine para poner un poco de orden a su competencia. —Tras oírlo, Ayato soltó un bufido y Subaru frunció el ceño—. Los estaré esperando en la mansión.
—¡Tsk, te temblarán las rodillas cuando me veas traer a ese animal! —bramó el pelirrojo con toda seguridad, precipitándose hacia la ciudad.
—¡Oye, no te adelantes! —saltó Subaru momentos antes de perseguirlo con los mismos rápidos movimientos que le permitían avanzar a una velocidad sobrenatural.
Al verlos partir, Reiji dejó escapar un suspiro que se acompañó de una sonrisa torcida de la que nadie fue testigo.
Los pensamientos de Subaru iban a mil por hora a medida que avanzaban hacia el límite del bosque: "El aullido provenía de la ciudad... ¿Por qué diablos hay un lobo aquí? ¿Será realmente un licántropo?" Al hacerse estas preguntas, sus sentidos intentaban captar desesperadamente la esencia de Kim, sin obtener resultado. Parecía como si la chica se hubiese esfumado de un momento a otro.
En ocasiones volvía la vista hacia la luna llena que se alzaba sobre sus cabezas, más allá de la frondosidad de los árboles y el brillo tímido de las estrellas que adornaban el firmamento. Un nuevo aullido se oyó cada vez más cerca.
—Maldición... ¡Maldición! —masculló el albino, sin aminorar la marcha.
Ayato pasó a su lado en ese momento:
—¡Eres muy lento! —exclamó, tomando la delantera.
—¡Tsk!
De este modo, al cabo de unos minutos llegaron a la carretera que conectaba al bosque con la ciudad, el único sitio donde podía encontrarse una parada de autobuses relativamente cerca del territorio de la familia Sakamaki.
—¿Dónde estará? —se preguntó Subaru al no ver al lobo por ninguna parte.
—¡Oye, bestia sarnosa, sal de tu escondite! —gritó Ayato, utilizando ambas manos para ampliar el volumen de su voz. Subaru puso los ojos en blanco, muy seguro de que eso no funcionaría. Al no obtener respuesta, el mayor sonrió confiado y dijo—: ¡Debe estar muerto de miedo ahora que llegué!
El albino no podía dejar de pensar en Kim cuando escuchó un extraño ruido a sus espaldas. De súbito, Ayato y él esquivaron un árbol que repentinamente cayó en el lugar donde se encontraban, obstaculizando el paso de la carretera.
—¡Ahí está! —exclamó el pelirrojo al reconocer una criatura escabulléndose hacia el interior del bosque.
Subaru consiguió ver la espalda del animal, comprobando en el acto que no se trataba de un lobo común y corriente: "Es... es muy grande. Y tuvo la fuerza suficiente para empujar un árbol hacia nosotros. Realmente podría ser un..."
—¡Lo tengo! —declaró Ayato al momento de perseguir a la bestia—. ¡No escaparás!
—¡Espera! —exclamó Subaru, siguiéndole el paso y adentrándose en el bosque.
Los sentidos desarrollados de los vampiros eran su única guía ante la implacable oscuridad que los rodeaba. La bestia huyó hasta llegar a un claro donde la luz de la luna llena se colaba entre los árboles, permitiéndole a sus perseguidores ver su imponente figura entre las sombras.
Se trataba de un lobo de dos metros de altura, corpulento y de pelaje café, que además contaba con enormes garras y filosos dientes. Apenas Subaru y Ayato llegaron al claro, fueron observados por sus amenazantes ojos amarillos, tan sobrenaturales como los de cualquier bestia legendaria.
—¿Qué hay, animal? Adivina, he venido por ti —lo desafió Ayato, sin dejarse intimidar por el gruñido que emanaba la criatura, para entonces lanzarse sobre ella—. ¡Te mataré de un solo golpe!
Entre rugidos, el licántropo detuvo el ataque del vampiro alzando el hocico en su dirección, consiguiendo morderle el pie y lanzarlo hacia un árbol. Este simple movimiento tuvo tanta fuerza que el árbol se partió en dos, dejando a Ayato incrustado en él.
—¡Mi-mierda...! —se quejó después de aterrizar.
—Qué idiota —comentó Subaru al ver la escena.
Ayato se incorporó rápidamente, lanzando un escupitajo de sangre hacia el costado.
—¡Apenas estoy calentando! —exclamó orgulloso, volviendo a abalanzarse sobre la bestia.
En ese momento el licántropo abrió sus fauces hacia él, pero Ayato fue más rápido y logró asirlas con ambas manos. La fuerza de la bestia era tan grande que el vampiro no sabía cuánto tiempo podría resistir sosteniendo su hocico, por lo que su sonrisa desapareció cuando ella empezó a avanzar hacia él, forzándolo a retroceder a paso lento.
—¡Ugh! —Ayato estaba alcanzando su límite. Subaru contemplaba la escena a cierta distancia, consciente de que si no hacía nada el licántropo podía matar a su hermano.
—Serás... —gruñó el albino al momento de sacar su daga y lanzarla hacia la bestia.
La gigantesca criatura pareció identificar la plata del arma, pues soltó inmediatamente al vampiro para esquivarla con reticencia.
—¡No necesitaba tu ayuda! —bramó el pelirrojo apenas fue libre.
—Sí, cómo no —ironizó Subaru.
—Maldito sarnoso... ¿Uh? —Al detenerse a ver al licántropo, algo en su complexión llamó la atención de Ayato—. Ahora que miro bien... No es un él. Es un ella.
—Eso da igual. Es mi turno.
Sin embargo, apenas Subaru se dispuso a atacar al enorme animal escuchó la voz de Kim haciendo eco en su mente. Aturdido, se detuvo y miró a su alrededor, buscándola. Era como si ella estuviera llamando su nombre.
—Qué... ¿Qué fue eso? —se preguntó a sí mismo.
—¡No te distraigas, mocoso! —le advirtió Ayato cuando la bestia se precipitó hacia él.
Sus grandes patas al correr hacían retumbar la tierra que los rodeaba. Tras atacar al vampiro de la mirada carmín, este pudo esquivarla con dificultad para luego recuperar la daga de plata que se encontraba clavada en el suelo, manteniéndola consigo por seguridad.
—¿Qué te pasa? ¿Estás durmiendo o qué? —le preguntó Ayato de forma burlona, para luego volver a dirigirse hacia la bestia—. Al parecer la señorita me dará más problemas de lo esperado... ¡Pero...! —exclamó mientras volvía a saltar hacia ella—. ¡Si por probar la sangre de Chichinashi se trata, no me dejaré vencer! —Y dicho esto, aterrizó sobre el lomo de la criatura y, antes de que esta comenzara a sacudirse para apartarlo, consiguió retirar el pelaje de su cuello y clavarle los colmillos, rajándole un poco la piel debido a la agresividad de los movimientos y la presión ejercida.
El licántropo rugió de dolor.
—¡¿Qué estás...?! —Subaru estaba por increpar a Ayato por tan riesgoso movimiento cuando detectó el aroma de la sangre—. ¿Eh?
En ese mismo momento el pelirrojo se alejó rápidamente de la bestia, tan desconcertado como Subaru.
—¿Qué...? No puede ser... —susurró el albino, salido de sí.
—Este... olor... —murmuró Ayato por su lado, relamiéndose la sangre de los labios sin apartar la mirada del animal.
Tenía un aroma inconfundible para ambos.
El licántropo volvió a rugir con fuerza, haciendo retumbar el suelo con la mera potencia del sonido. La sangre aún le manaba de la herida cuando se precipitó hacia Ayato con la clara intención de desquitarse. El vampiro la esquivó repetidas veces de forma distraída, hasta que ella consiguió morder su brazo para alzarlo sobre el suelo y azotarlo duramente contra el mismo.
—¡Argh! —exclamó él después del doloroso estrépito.
En medio de tanta confusión, los ojos amarillentos del animal voltearon hacia Subaru.
—No... No eres tú... ¡Dime que no eres tú! —gritó él, observándola directamente. No sabía qué sentimiento era mayor, si la sorpresa o la frustración de conocer esa indeseada verdad.
La bestia respondió a la voz suplicante con un gruñido antes de volver a dirigir su furia hacia Ayato, a quien aplastó repetidas veces con una de sus enormes patas.
—¡Arghhh! —se quejó el vampiro, sintiendo el peso del animal sobre su cuerpo.
—Mierda... —maldijo Subaru por lo bajo mientras se dejaba caer sobre sus rodillas, impotente.
Repasó los breves recuerdos que compartía junto a ella, mas ninguno le daba una explicación de lo que estaba ocurriendo. Solo podía recordar su sonrisa y añorarla en medio de esa vorágine de sentimientos.
No podía matarla. No mientras tuviera ese aroma tan familiar. Con esto en mente, la daga se le resbaló de los dedos.
—¡Subaru, idiota! —le gritó Ayato desde el suelo—. ¡¿Qué tanto estás pensando?! —En ese momento, el licántropo lo pisó con aún más fuerza—. Ugh... no me digas que... te vas a quedar ahí... sin hacer nada... ¡¿igual que con tu madre?!
Aquellas palabras calaron en lo más profundo de su ser, haciéndolo estremecer de pies a cabeza. La imagen de Christa cruzó su mente, evocando una herida que no terminaba de cerrar. ¿Podía afrontar otra pérdida por culpa de su debilidad?
En medio de ese cuestionamiento, Ayato aprovechó que el licántropo levantó ligeramente la pata para girar su cuerpo sobre la tierra y detener su nuevo ataque con ambas manos.
—¡Es ella! —gritó entonces, sosteniendo la pata del animal para evitar ser aplastado otra vez—. Estoy seguro... ¡Es el mismo... olor...!
Subaru lo sabía, pero aun así... Oír a su hermano decir esa verdad tan cruda en voz alta lo ayudó a espabilar:
—¡KIM! —llamó su nombre, dirigiéndose a la imponente criatura.
Al escucharlo, la bestia aflojó un poco su fuerza y volteó hacia él, permitiendo a Ayato saltar hacia atrás y salir de su perímetro. Cuando el licántropo notó que su presa acababa de escaparse, emitió un fuerte rugido.
—¡Kim, mírame! —volvió a exclamar Subaru, incorporándose del suelo—. ¡¿Realmente eres tú?!
Los ojos amarillos bestiales volvieron hacia él, amenazantes. Sin embargo, Subaru en lugar de colocarse a la defensiva se acercó a paso firme y decidido.
—¡Kim, reacciona! —le pidió él, suavizando sus expresiones. La bestia se aproximó de forma intimidante y lo acorraló entre gruñidos, mirándolo fijamente—. ¡Regresa conmigo! Porque... yo... —Subaru hizo una pausa antes de gritar con todas sus fuerzas—: ¡No quiero volver a perder a alguien que es importante para mí!
Su voz pareció quebrarse en esa última frase, algo que no solamente paralizó a los presentes, sino también al bosque entero.
La mandíbula del animal enseñaba ante él unos enormes y filosos colmillos, y sus gruñidos no dejaron de oírse aun cuando algo extraño parecía ocurrirle a su figura y pelaje.
Con gran asombro, los vampiros vieron desde sus respectivas posiciones cómo la bestia cambiaba lentamente de forma, convirtiéndose en una muchacha de baja estatura y cabello castaño. Sus manos aún enseñaban unas garras monstruosas y sus dientes seguían tensos, como los de un animal en posición de ataque. Subaru podía ver la forma de unos colmillos incluso más grandes que los suyos, seguramente capaces de arrancarle la carne de una sola mordida, además de un par de orejas que sobresalían de su cabeza y una cola idéntica a la de un lobo.
Kim estaba ante él con la mirada dorada encendida, gruñendo como la bestia que realmente era. El albino mantuvo la corta distancia, sin poder evitar que una expresión llena de alivio atravesara su rostro al verla.
—Ki... Kim... —susurró—. Me alegra ver que estás bien.
Solo en ese momento los gruñidos de la chica se transformaron en una respiración agitada que no tardó en convertirse en llanto. Con los ojos desorbitados y llenos de lágrimas, observó sus manos deformadas por las garras y la sangre de Ayato esparcida sobre ellas, para luego detenerse en la luna llena que alumbraba la noche.
—Ah... ah... Subaru... —sollozó al volverse hacia él—. Yo... yo no... no quise...
Sin previo aviso, Subaru se sacó su chaqueta negra y cubrió el cuerpo desnudo de Kim con ella, para entonces mirarla a los ojos y decirle:
—Volvamos a casa.
—¿Cómo...? —masculló Kim, temblorosa—. ¿Cómo puedo volver...? Yo soy...
Subaru la envolvió en un repentino abrazo, apretándola con fuerza contra su pecho y hundiendo su rostro en el hombro de ella.
—Tú eres tú —dijo él, muy seguro—. Me alegro de haber podido encontrarte... Otra vez.
—Su... Subaru... —Kim sintió la calidez del vampiro aun con el frío tacto chocando contra su piel descubierta y, con las lágrimas bañándole las mejillas, cayó inconsciente en sus brazos.
Entre los árboles, Ayato los observaba con el cuerpo sumamente adolorido y las heridas abiertas. No necesitó de la indicación de Subaru para saber que la competencia había terminado. Tampoco necesitaba preguntar quién había sido el ganador.
En la mansión, Reiji se acercó a toda prisa a la entrada con una expresión de claro desconcierto al reconocer el aroma de lo que estaba por presenciar. Al cabo de unos segundos vio a Ayato malherido acercándose junto a Subaru, quien llevaba a alguien en sus brazos.
—¿Qué ha pasado? —preguntó, reconociendo en las serias expresiones de sus hermanos que ya sabían la verdad.
Ayato desvió la mirada, un poco contrariado por el extraño giro de los acontecimientos. Kim se encontraba desmayada en los brazos de Subaru, cubierta únicamente por su chaqueta.
El albino observó severamente a Reiji antes de anunciar:
—Atrapé a una mujer lobo.
NOTAS DE LA AUTORA:
Este capítulo es muy importante, ya que descubrimos uno de los grandes misterios que envuelven a Kim.
Es gracioso, pero en otro fanfic que tengo también hay una revelación similar en el capítulo 9. ¿Será que me gusta ese número? (?)
¡Muchas gracias Onny-San, daimondkiss, Las rosas de hercules y a los anónimos por sus reviews!
De verdad me hace muy feliz que les esté gustando esta historia.
