Ni tan diabólicos ni tan amantes
Capítulo X: La propuesta
Al despertar solo encontró oscuridad y un dolor hasta entonces desconocido para ella que inmovilizaba sus músculos agarrotados. Sin embargo, no tenía miedo. Podía sentir una presencia familiar a su lado y un aroma tranquilizador. Estaba a salvo.
—Su... Subaru... —susurró débilmente.
Con dificultad acercó una de sus manos a donde suponía estaría el vampiro. Este la atajó entre las suyas, permitiéndole sentir su frío tacto y la extraña sensación de unas uñas largas y afiladas que parecían pertenecerle.
—Tranquila, estarás bien —respondió él, empleando un tono suave que nunca antes le había escuchado—. Yo te cuidaré.
Ella esbozó una sonrisa llena de alivio y volvió a cerrar sus ojos. Aún no había terminado de asimilar lo sucedido esa noche, pero una certeza atravesaba su mente y corazón: no importaba cuán brusco u obstinado pudiera parecer, confiaba en Subaru.
"No volveré a huir. Te lo prometo."
Apenas el vampiro notó que Kim dormía, se quedó observando su rostro un momento antes de soltar delicadamente su mano y abandonar el ataúd. Afuera de la habitación encontró a Ayato apoyado en la pared. Sus heridas aún sangraban y parecía absorto en sus pensamientos.
—¿Tú sabías esto? —le preguntó después de cerrar la puerta tras de sí. Su semblante lucía mucho más severo de lo usual.
—¿Eh? Claro que no —respondió el vampiro maltrecho—. Vaya sorpresa me llevé...
—Entonces, ¿por qué escogiste cazar un licántropo?
—¿Ah?
—De todas las competencias posibles, ¡¿por qué tuviste que proponer eso?! —Con el enojo potenciado por la influencia de la luna llena, Subaru sujetó a Ayato de su camisa ensangrentada.
—¡Reiji me lo sugirió! —bramó él, sin dejarse intimidar—. Dijo que un licántropo se escondía en el bosque y que sería conveniente que nos encargáramos de él antes de que llegara a la mansión. Creía que era una buena oportunidad para comparar nuestro poder.
—Ese miserable... —Subaru soltó a Ayato de golpe, decidido a hablar con Reiji y exigirle una explicación.
"Todo este asunto suena demasiado oportuno como para ser una simple coincidencia".
Yuzu se encontraba oculta desde hacía más de dos horas en una pequeña habitación secreta llena de libros. Había descubierto ese sitio tiempo atrás, en aquellos días en los que Kim aún no llegaba a la mansión Sakamaki y su única entretención era explorarla de día, cuando los vampiros estaban dormidos.
Por el tiempo transcurrido, tenía la esperanza de que Kanato se hubiese olvidado de ella al fin; sin embargo, no podía dejar de temblar. El recuerdo de sus grandes ojos inspeccionándola mientras le lamía y mordía los dedos, además de la angustiante sensación de asfixia aún no desaparecían. Debido a ello, permanecía sentada en un rincón junto a las grandes estanterías.
Tenía el rostro escondido entre las rodillas cuando una presencia interrumpió:
—No te recomiendo ocultarte aquí —habló de pronto, provocando que Yuzu diera un respingo—. Es el cuarto de lectura de Reiji, podría aparecer en cualquier momento.
La humana levantó temerosa la mirada, confirmando que el vampiro acababa de aparecer sentado en el sillón frente a ella.
—Shu... —musitó, un poco más tranquila al ver que se trataba de él—. ¿Qué haces aquí?
—Es una de las habitaciones más secretas de la mansión... Y necesitaba estar solo —respondió con expresión de incomodidad.
—Eso quiere decir que estaré segura aquí mientras Reiji no aparezca —concluyó la humana—. ¿Puedo quedarme?
El vampiro no lucía muy a gusto con la sugerencia.
—¿Correrías el riesgo de quedarte conmigo en luna llena? —preguntó, observándola fijamente.
—¿Eh? —Yuzu no sabía a qué se estaba refiriendo. Shu enarcó una ceja.
—Ah, no me digas que Laito no te lo advirtió. Qué idiota.
—Sea como sea, si salgo Kanato me matará. —La chica tragó saliva antes de juntar sus manos y suplicar—: Por favor.
El rubio hizo una mueca sutil de desagrado, como si la presencia de Yuzu realmente arruinase por completo sus planes.
—Está bien —aceptó—. Haz lo que quieras, solo... no molestes. —Y apoyó el rostro sobre su mano con desgana mientras cerraba los ojos.
Un poco desconcertada, la novia sacrificada se incorporó del suelo y lo observó manteniendo la distancia.
—¿Acaso... fuiste tú quien me ayudó hace unas horas? —quiso saber, recordando que alguien debió mover a Teddy de su sitio para que ella pudiera escapar de las garras de Kanato.
—¿De qué hablas? —preguntó él, sin cambiar su disposición de querer dormir.
—Ah, nada... No importa. —"¿Qué habrá sido eso entonces?", se preguntó con curiosidad, para luego desviarse hacia las grandes estanterías que los rodeaban—: Cuántos libros... —Al cabo de unos minutos revisándolos, exclamó—: ¡Esta biblioteca es genial! Tiene títulos muy importantes y ediciones difíciles de hallar.
—Supongo —respondió Shu con desinterés.
—¿Crees que a Reiji le moleste si tomo uno prestado?
—Sí.
—¿Y si lo mantenemos en secreto?
—Se dará cuenta. Los ordena según estándares que desconozco.
En ese momento, Yuzu volteó a ver a Shu, quien permanecía exactamente en la misma posición de hacía unos momentos atrás. "¿Es mi idea o está molesto?"
—Pareces conocerlo bien —comentó.
—Es mi hermano —le recordó él.
—Pero siempre me ha dado la impresión de que no se llevan bien... —Hubo un silencio. Al no obtener respuesta, la humana volvió la vista hacia la estantería y exclamó—: ¡Ah, siempre quise leer "Orgullo y prejuicio"! Permiso, Reiji —canturreó antes de retirar el libro en cuestión y empezar a leerlo.
La lectura no tardó en sumergirla, por lo que, casi sin darse cuenta, acabó sentada en el mismo sillón que Shu, quien aparentaba dormir a su lado.
Reiji se encontraba tomando té en su cuarto cuando una perturbación lo detuvo. Observó de soslayo a su alrededor, muy seguro de que alguien indeseable debía estar hablando de él. Antes de suponer de quién se trataba, detectó la presencia de dos de sus hermanos aproximarse. En eso, Subaru abrió la puerta de golpe.
—Por esta vez ignoraré el hecho de que acabas de entrar a mi habitación sin pedir permiso —suspiró Reiji, dejando sobre una mesa la fina taza blanca de elegantes terminaciones—. Debemos tener una reunión impostergable para tratar el tema de esa... chica.
—Me parece bien —respondió Subaru, muy serio—. Hay algunas cosas que me gustaría preguntarte.
En ese mismo instante, Ayato importunó la escena gritando:
—¡Reiji, bastardo! Tú lo sabías, ¿no es así?
—Necesito que seas más específico, Ayato —dijo Reiji, incorporándose tranquilamente de su asiento.
—¡No te hagas el tonto! —escupió el pelirrojo—. ¡Fuiste tú quien me sugirió que cazara un licántropo!
—Cuando Kim y la novia sacrificada comenzaron a asistir a la escuela con nosotros, comentaste que analizaste su sangre —le recordó Subaru—. Gracias a eso supiste su edad y... su naturaleza.
Al escuchar su acertado supuesto, Reiji se llevó una mano a la cabeza y dijo con exasperación:
—¿Qué es esto? ¿Me están acusando de intentar asesinar a esa mujer lobo?
—No, maldita sea, ¡intentaste que NOSOTROS la matáramos por ti! —exclamó Ayato, indignado.
—¿Por qué lucen tan afectados? —El mayor enarcó una ceja con extrañeza, alternando la mirada entre sus hermanos—. No me digan que sienten aprecio por ese animal.
—Entonces, ¿lo afirmas? —insistió Subaru, ignorando su pregunta—. ¿Sabías que Kim era un licántropo e intentaste deshacerte de ella?
—Por favor, Subaru. No hagas una escena. —Reiji lo observó despectivo y sin ni una sola pizca de arrepentimiento en su firme expresión—. Esa mujer es un peligro. Como soy el único en esta casa que vela por su seguridad y el cumplimiento de sus reglas, es mi deber terminar pronto con semejante amenaza.
La sangre del menor de los Sakamaki empezó a hervir con solo escuchar aquella respuesta. En efecto, todo había sido un plan de Reiji para que ellos mataran a Kim. El solo pensarlo le hizo apretar fieramente los puños y decir de manera amenazante:
—Reiji, te voy a...
—¿Ves a qué me refería? Estás inestable —intervino el acusado sin dejarse amedrentar, avanzando hacia su impulsivo hermano con el mentón en alza—. Te enfadas de este modo por una presa que tarde o temprano perecerá en tus manos. Peor aún, por una bestia que podría asesinarte a ti y a los nuestros durante la luna llena.
—¡No exageres! —exclamó Ayato—. Yo combatí contra ella en el bosque y estábamos bastante igualados.
—Si no fuera por mí, Kim te habría hecho pedazos —masculló Subaru, aún furioso y harto de que Ayato estuviera involucrándose en sus asuntos.
—¡¿Si yo no la hubiera distraído, crees haber podido solo con ella?!
—¡¿Quieres apostar?!
—Subaru, Ayato. —Reiji los frenó en seco, consciente de que los ánimos de ambos auguraban una nueva pelea—. Mantengan la calma. Detesto sus riñas y no estoy dispuesto a tolerarlas en una noche como esta, menos en mi habitación —dicho esto, volvió sobre sus pasos para sentarse en la elegante silla que protagonizaba la estancia—. Sea como sea, no tienen derecho a recriminar mis acciones. Lo único que importa ahora es resolver qué haremos con ese animal.
—¿A qué te refieres? —preguntó Subaru, desviando su atención de Ayato hacia Reiji—. Me ordenaste cazar un licántropo y eso hice. Puedo hacer lo que quiera con mis presas.
—No la conservarás viva por más tiempo.
—¿O qué? No eres mi maldita madre, Reiji. Sé lo que hago.
El vampiro del cabello oscuro se sacó las gafas y retiró un pequeño pañuelo del bolsillo superior de su camisa para limpiarlas. Hacía mucho tiempo que no discutía de esa manera con sus hermanos menores y estaba francamente exhausto de escuchar sus berrinches. Subaru y Ayato guardaron silencio, expectantes a lo que fuera a responder.
Después de reflexionar, Reiji volvió a colocarse las gafas y habló tranquilamente, dirigiéndose en exclusivo hacia Subaru:
—Puesto que no quieres cooperar, tengo una propuesta para ti. Si no accedes, créeme que me encargaré de ese animal con mis propias manos.
—No le harás nada a Kim —dijo el albino, agresivo.
—Así será... Si te comportas y haces lo que te digo.
Consciente de que Reiji realmente podía matar a Kim si se lo proponía, Subaru preguntó entre dientes:
—¿Qué es lo que quieres?
—Me interesa probar sus habilidades —respondió el más alto.
—Te refieres a... —Subaru procesó lo que acababa de decir antes de soltar un grito enojado—: ¡¿Quieres usarla como conejillo de indias de tus investigaciones?!
—Esa es una forma muy poco elegante para llamarla —Reiji carraspeó—. Solo haré algunos... experimentos con ella.
—¡Me rehúso!
—No tienes opción, Subaru. No puedes tener en la mansión a una criatura tan peligrosa sin saber nada de ella. —Al escucharlo el albino nuevamente se sintió colérico, pero esta visible reacción no era suficiente para intimidar a Reiji, quien siguió hablando con la misma parsimonia de siempre—: Si la investigo, puedo crear algún tipo de sedante en caso de que volviese a perder el control. Creo que sería conveniente para todos, incluso para ella.
—Esto no lo haces por su seguridad —intervino el menor, sin apartar la mirada enardecida de su hermano—. Quieres sacarle provecho a la situación, sea como sea.
Subaru conocía lo suficiente a Reiji como para saber que esos "experimentos" suyos podían lastimar a Kim de tal manera que quizás ella misma preferiría la muerte. Sin embargo, él no parecía dispuesto a ceder.
Ambos permanecieron en silencio fulminándose con la mirada cuando hubo una nueva intervención de Ayato:
—Podríamos entrenarla para que sea el perro guardián de la mansión.
—¡Que ella no es un animal! —le gritó Subaru.
—Silencio los dos —los volvió a callar Reiji, dirigiéndose de manera severa a ambos—. En fin... ¿Qué dices, Subaru? ¿Apelarás a la madurez?
El albino mantuvo el gesto reprobatorio y la mandíbula apretada al momento de tomar la decisión:
—De acuerdo —aceptó, resignado—. Pero quiero estar cerca cuando investigues en ella. No te permitiré hacer lo que te venga en gana.
—Está bien —respondió Reiji.
—¡Oigan! ¿Y qué hay de mí? —preguntó Ayato, cansado de ser ignorado—. ¡Quiero ver la transformación de Chichinashi! Debe ser de lo más espeluznante —comentó con una sonrisa traviesa que colmó la paciencia de Subaru.
—¡Me tienes harto! —bramó el albino, propinándole una patada en la rodilla.
—¡Ugh! —se quejó Ayato al recibirla, aún adolorido por el enfrentamiento que tuvo con Kim.
—¡Suficiente! ¡Largo de aquí! —exclamó Reiji, cansado de sus pleitos—. Y Subaru, asegúrate de comunicarle esta decisión a tu presa. Mañana daremos inicio a la primera prueba.
El menor lo observó un instante y frunció el ceño, consciente de que no tenía más alternativa.
—Tsk, está bien —gruñó antes de desaparecer.
Después de que Subaru se retirara a su habitación, Reiji se levantó del asiento y caminó hasta Ayato, quien lo observó desafiante.
—Últimamente te la pasas lastimado —comentó el mayor, mirándolo de arriba hacia abajo—. Descansa un poco.
—¡Jódete, Reiji! —le gritó el pelirrojo con el orgullo herido—. ¡Ore-sama se encuentra en perfectas condiciones!
—Dime algo... Después de esto, ¿sigues interesado en ese animal?
Ayato se sobresaltó al oír esa pregunta. No podía negar que le causaba conflicto el saber que Kim era un licántropo, pues desde niño consideró a esas criaturas casi extintas como una raza poderosa, pero muy inferior a la suya. Aun así, pensaba en la fuerza que la supuesta humana le mostró en determinadas ocasiones, algo que la hacía ver como una presa muy diferente a las demás.
Y entonces recordó el sabor de su sangre, aquella que probó durante el combate de manera totalmente casual y sació su ferviente sed en luna llena. Se estremeció, comprendiendo que la atracción que sentía por ella seguía ahí, más viva que nunca.
—Ríete si quieres, pero la sangre de esa bestia es deliciosa, cálida y llena de vida —respondió Ayato, esbozando una sonrisa llena de deseo de solo recordar—. Jamás creí decir esto, pero... no puedo esperar para beber más de ella.
—Ya veo —dijo Reiji—. Sin embargo, en estas condiciones no podrás arrebatársela a Subaru.
—¿A qué te refieres?
—Los lobos son criaturas extremadamente leales. Si las cosas siguen marchando de este modo, Subaru será el único en su mente y en su corazón. —En ese momento, Reiji sonrió a su hermano menor con un aire cómplice—: Déjame ayudarte.
Las horas pasaron sin que Yuzu pudiera percatarse de ellas. La lectura de "Orgullo y prejuicio" la mantuvo interesada en todo momento, al punto de olvidar que tenía un vampiro durmiendo a su lado. Le gustaba mucho el personaje de Elizabeth y no podía dejar de pensar en lo adorable que era el señor Darcy, más después de haberse percatado de sus sentimientos por la protagonista.
—Qué bella historia —comentó en voz baja—. ¿Será realmente posible que alguien cambie por amor?
Estaba a pocos capítulos de acabar la novela cuando pensó en la posibilidad de que Laito fuera diferente con ella, o mejor aún, que tuviese la capacidad de admitir y enmendar sus errores y convertirse en una buena persona. "Me pregunto si me estará buscando", pensó entonces, afligida. Cuando salió de la habitación del vampiro no pretendía dejarlo solo por tanto tiempo, pues su única intención era buscar a Kim para comer algo antes de que él despertara.
"Laito, yo..."
Su concentración abandonó el libro de manera definitiva cuando Shu dejó caer repentinamente su cabeza sobre sus muslos, asustándola:
—¡Ah! ¡¿Qué haces?! —saltó, notando que el vampiro en apariencias seguía durmiendo.
—Cállate. Y quédate quieta —le ordenó él, tajante.
Acompañada de un suspiro, Yuzu dejó el libro de lado mientras lo observaba dormir muy cómodo sobre su regazo.
—Realmente te gusta dormir, ¿eh? —comentó ella, sin saber qué hacer.
Shu no le había hecho nada malo hasta el momento, al contrario, era segunda vez que la ayudaba a eludir a Kanato. Sin embargo, no podía decir que confiara en él o algo parecido. Después de todo, también era un vampiro.
Como si le hubiese leído el pensamiento, Shu susurró malhumorado:
—No me queda otra opción. Si te muerdo ahora, no podré detenerme.
La muchacha abrió la boca ligeramente. Estaba tan acostumbrada a que los Sakamaki abusaran de ella sin ninguna consideración que aquel comentario no hizo más que sorprenderla: "¿Está... aguantando la sed de sangre? ¿Por qué?"
Se detuvo a mirar el bello rostro del vampiro rubio, quien permanecía descansando sobre ella. Como por inercia, acercó una de sus manos hacia él, pero esta fue rápidamente atajada.
—¿Qué crees que haces? —le dijo Shu, abriendo los ojos de golpe.
—Eh... yo... iba a... —balbuceó nerviosamente Yuzu. Él apretó su mano con más fuerza—. ¡Ah, duele!
—¿Me estás provocando?
—¡No! ¡Solo quería saber qué escuchas! —La chica soltó lo primero que se le ocurrió. Al oírla, Shu aflojó el agarre de su mano—. ¿Puedo...?
—No me importa —respondió él después de una breve pausa, soltándola al fin.
Aprovechando la buena disposición, Yuzu acercó su mano recién liberada hacia uno de los audífonos del vampiro, el cual retiró con lentitud para colocarlo en su oreja. Bastaron unos tres segundos para asimilar lo que oía y levantarse bruscamente, movimiento que obligó a Shu a incorporarse del sillón.
—¿Qué pasó? —preguntó él, con un tono burlón—. ¿No querías escuchar lo mismo que yo?
La humana estaba de pie junto a él, roja como un tomate:
—¡No sé por qué pensé que eras diferente, si eres hermano de ese pervertido! —le gritó escandalizada. "Esas voces... ¡Eran gemidos de mujer!"
—¿Por qué estás tan enojada? Si cuando follas con Laito haces lo mismo. —Shu se inclinó perezosamente sobre su rodilla flectada y volteó hacia la chica, dedicándole una sonrisa desvergonzada.
Yuzu se paralizó en ese momento ante una inevitable suposición:
—Tú... ¿Nos has oído?
—Toda la casa los ha oído —corrigió el vampiro, alzándose de hombros.
En ese mismo segundo, Yuzu deseó estar tres metros bajo tierra.
—¡Muérete! —le gritó mientras se iba corriendo del cuarto secreto.
Ante la abrupta partida y reacción, Shu rio para sus adentros.
Mientras todo esto sucedía, Kanato caminaba a paso firme hacia el balcón, donde Laito se encontraba observando la luna llena con cierta fascinación y un dejo de nostalgia.
—¡¿Por qué hiciste eso?! —le gritó su hermano, colérico—. ¡Devuélveme a Teddy!
El vampiro del fedora suspiró antes de voltear hacia Kanato con la mano en la cintura y una sonrisa socarrona:
—Tú eras el que estaba molestando a mi querida Bitch-chan, ¡y sin invitarme! ¿No te parece algo injusto?
El comentario colmó los nervios del más bajo, quien sentía que la cordura se le estaba acabando en ese mismo instante:
—Laito, te juro que si sigues interponiéndote entre Yuzu y yo...
—¿Qué estás diciendo? —lo interrumpió el aludido con ligero fastidio—. ¿No eres tú el que se está interponiendo entre Bitch-chan y yo?
—¡Cállense los dos! —gritó el tercer trillizo, apareciendo de improviso junto a ellos—. ¡Parecen idiotas peleando por esa perra!
—¿Ayato? —Laito lo vio por sobre el hombro de Kanato, quien volteó a verlo con ira contenida—. ¿Qué pasa? Te ves mal.
Las heridas del pelirrojo ya estaban sanando, no obstante, seguía vistiendo la misma ropa rasgada y su sombría expresión daba bastante qué pensar a sus hermanos.
—Chichinashi... Ella... —murmuró Ayato, mas inmediatamente calló. ¿Cómo explicar lo sucedido esa noche? Aun si fuera a sus más cercanos, ninguno entendería el torbellino de ideas frenéticas que pasaba por su cabeza. No dejaba de pensar en las palabras de Reiji, por mucho que las detestara. Con Kanato y Laito observándolo atentamente, Ayato apretó los puños y, sin dar mayores explicaciones, bramó—: ¡No permitiré que Subaru se la quede!
El vampiro de la mirada carmín llevaba horas cruzado de brazos junto a la ventana de su habitación. Después de llegar a un acuerdo con Reiji, prefirió evitar entrar en el ataúd y vigilar a Kim desde cierta distancia. Acercársele en una noche como esa era muy peligroso: la luna llena no solo tenía efecto sobre los licántropos, sino también sobre los de su especie, y quería que la chica descansara después de tantas emociones. No era momento para pensar en sus necesidades.
—Su... ¿Subaru? —oyó su voz de pronto.
Sorprendido, el nombrado volvió sus pasos hacia el ataúd.
—¡Kim! ¿Cómo te...? —La muchacha acababa de abrir la tapa y empezaba a asomarse al exterior cuando Subaru le habló, mas su pregunta quedó inconclusa al ver con toda claridad un par de orejas sobre su cabeza—. ¡Ugh!
Tardó un segundo en asimilar la imagen de Kim cubriendo tímidamente su cuerpo desnudo con la chaqueta, sumado a una expresión atemorizada que remataba con las orejas de lobo, las cuales la hacían ver sumamente adorable.
Al cabo de un breve silencio, Subaru colapsó.
—¿Subaru? ¿Qué te pasa? —preguntó Kim, viendo preocupada cómo el vampiro se llevaba sus manos al rostro—. No me digas que te lastimé...
Intentando disimular la sangre que empezaba a dispararse de sus fosas nasales, Subaru notó con pánico contenido cómo la chica salía del ataúd en aquel vulnerable —pero indiscutiblemente apetecible— estado.
—¡¿Qué haces?! ¡Vuelve ahí! ¡No te acerques! —le gritó él, rojo de pies a cabeza.
—¡Lo siento mucho, Subaru! —exclamó Kim, haciendo lo contrario a lo que le pedía mientras se aferraba a la chaqueta que apenas lograba cubrirla—. ¡No era consciente! ¡No sabía lo que estaba haciendo!
—¡Cállate y quita eso de tu cabeza! —Él retrocedió unos pasos mientras apuntaba a la chica de manera acusatoria.
—¿Ah? —Sin entender a qué se refería, Kim se llevó una mano a la cabeza y encontró aquello que alteraba tanto al albino—. ¡Ahhhhhhhhh! —gritó espantada al reconocer aquella inusual extensión de su cuerpo.
Unas orejas animalescas de pelaje castaño habían reemplazado sus anteriores orejas humanas. ¿Cómo había sucedido eso?
—¡No grites! —Subaru intentó detener el escándalo con el meñique enterrado en un oído, pero esto, lejos de tranquilizar a la mujer lobo, la alteró aún más:
—¡No puede ser! ¡Soy un monstruo! —al exclamar esto, Kim se puso en cuclillas mientras intentaba cubrir sus nuevas orejas con las manos. Le resultaba sumamente extraño sentir el tacto por medio de ellas, además, podía captar los sonidos del entorno con mayor amplitud.
"¿Qué es esto? ¿Acaso me quedaré así para siempre?", pensaba confundida y al borde del llanto.
—¡No lo eres! —saltó Subaru, interrumpiendo sus pensamientos—. Es solo que... Bueno... —se detuvo entonces, incapaz de ver a Kim sin ruborizarse intensamente.
—¡Ya deja de mirarme así! —se quejó ella, volviéndose hacia él con un involuntario movimiento de orejas.
—¡Ugh! —El albino volvió a cubrir su rostro con uno de sus brazos.
"Mal-maldición... Se ve muy tierna. No podré contenerme por mucho...", pensó inquieto, sintiendo un extraño calor recorrerle el cuerpo de arriba hacia abajo, encendiendo sus mejillas y estimulando sus partes bajas. ¿Sed o excitación? Aquella sensación mezclaba ambas, y eso no auguraba nada bueno.
Luchando contra sus propios instintos, Subaru le dio la espalda a Kim con la intención de no tener que verla.
—Te... traeré algo de comida —murmuró por lo bajo. No obstante, apenas hizo ademán de querer partir de la habitación, ella exclamó:
—¡Espera! —Y sin previo aviso, la muchacha se incorporó del suelo para lanzarse sobre él, abrazándolo por detrás. La chaqueta se cayó en el proceso—. No me dejes sola... Por favor... —suplicó, aferrándose a Subaru con todas sus fuerzas.
El vampiro permaneció inmóvil, hechizado por aquella dulce fragancia que tanto lo tentaba, sintiendo el cuerpo desnudo de la chica temblando contra su espalda.
En medio del silencio, Kim comenzó a llorar. "No entiendo nada... Estoy muy asustada..."
—Tsk, tonta —dijo Subaru entre gruñidos, para entonces voltear lentamente hacia ella y mirarla de frente—. Si hubiera querido abandonarte, no estarías aquí.
—Su-Subaru... —La mujer lobo lo observaba expectante con sus grandes ojos amarillos llenos de lágrimas. Las orejas animalescas permanecieron gachas, como un cachorro entristecido—. ¿No me tienes miedo? Tú mismo me viste con esa forma... y aun así...
Subaru la observó con seriedad. Su expresión compungida era idéntica al momento en el que la vio perder su forma licántropa. Podía notar en sus ojos que ni siquiera ella conocía su verdadera naturaleza ni el alcance de su poder, y eso la aterraba.
—No seas ridícula, soy un vampiro —dijo él con firmeza—. No hay forma en la que tú puedas asustarme.
—Pero... yo no soy... una presa común y corriente —continuó Kim, llena de inseguridad. "No soy humana", asimiló en pensamientos, viéndose incapaz de decir una verdad tan obvia en voz alta. De hacerlo, iba a sentirse aún más real—. Tal vez te cause muchas más molestias. ¿De verdad quieres estar conmigo?
—Ah, demonios... —Harto de todo eso, Subaru colocó una mano sobre la cabeza de la licántropa, quien instintivamente cerró los ojos. Al cabo de una pausa, él empezó a acariciarla con un acentuado rubor colorando sus mejillas—. ¡No me hagas decir este tipo de cosas! Yo te encontré, ¿de acuerdo? Eso significa que me perteneces. Soy responsable de ti y punto.
Ante esas palabras, Kim abrió los ojos de par en par, perpleja. El vampiro lucía muy molesto y avergonzado por haberse visto obligado a decir algo como eso, pero ella en retribución le dedicó una enorme y genuina sonrisa.
—¡Subaru! —exclamó, abalanzándose sobre él.
Aquel gesto inundó de calor al albino, quien recibió torpemente a la chica entre sus brazos con una fuerte emoción dominando su ser. Por un segundo sintió con absoluto asombro cómo las murallas que lo separaban del mundo se venían abajo, llevándose consigo las horribles palabras de Christa que lo marcaron de por vida, liberándolo. La luz de la luna llena asomándose por la ventana de la habitación fue la única testigo de aquel íntimo momento, único para él.
Por supuesto, el sentimiento no tardó en diluirse ante el peso de la realidad, la cual le decía que acababa de caerse al piso con Kim completamente desnuda abrazada a su cuello.
—¡Ya, suéltame! —reaccionó avergonzado—. ¡¿Acaso quieres morir?!
—¡Espera! —recordó de pronto la castaña, ignorando su exabrupto—. ¿Qué haremos con Reiji? Él no quiere que yo esté aquí...
Subaru se sobresaltó, recordando entonces la conversación sostenida con su hermano horas atrás. Desvió la mirada con disgusto antes de revelar:
—Ya hablé con Reiji. Te permitirá vivir aquí.
—¿Eh? —se sorprendió Kim, recordando que Reiji exigió su partida incluso antes de saber que era una licántropa—. ¿Lo dices en serio?
—Pero con una condición —continuó Subaru, sombrío—: Tendrás que dejarle experimentar en ti.
La luz del amanecer empezaba a colarse por cada uno de los ventanales de la mansión cuando Yuzu pudo regresar a la habitación de Laito. Recorrer ese gigantesco lugar eludiendo a Kanato había sido, sin lugar a dudas, el mayor logro de toda su vida, por lo que ni siquiera pretendía disculparse por la tardanza.
Al entrar, el vampiro la esperaba sentado en el borde de su cama con el fedora girando en una mano y una pérfida sonrisa dibujada en sus labios. El rostro de la humana se iluminó brevemente al notar algo diferente y significativo en la estancia. Cerró la puerta tras de sí.
—Bitch-chan, ¿dónde estabas? —quiso saber Laito en tono de regaño—. ¡Eres muy cruel por dejarme solo en luna llena!
—Me escondía de Kanato —respondió Yuzu con simpleza, aún extrañada por la insistencia de todos con el asunto de la luna llena.
—¿Hm? ¿Y por qué no me llamaste?
Laito dejó el fedora sobre la cama, para luego desperezarse y avanzar hacia la chica.
—Lo hice —respondió ella, sin moverse de su lugar—. Siempre lo hago, Laito.
Al cabo de un extraño silencio, el vampiro ya estaba al frente suyo. Ambos se observaban fijamente.
—¿Qué sucede? —preguntó él con su actitud habitual, deteniendo una mano sobre el mentón ajeno. Yuzu, por su lado, rechazó el gesto de un manotazo, para luego abrazar a Laito de manera repentina, desconcertándolo completamente—. Estás muy cariñosa hoy. Me hace feliz —comentó mientras ella se hundía en su pecho.
—Cállate —masculló la humana, cerrando los ojos—. Déjame estar un momento así.
Lo siguiente que notó fueron los brazos de Laito rodeando su cintura, permitiéndole llenarse con su aroma y aquella perversa risilla que se dejaba oír muy cerca de su oído.
—¿Puedo besarte? —susurró el vampiro en un tono aterciopelado.
—¿P-por qué preguntas? —balbuceó Yuzu—. Siempre lo haces sin permiso.
—Quiero escuchar tu respuesta.
La humana vaciló, muy nerviosa.
—S-sí.
Dicho esto, Laito tomó el rostro de Yuzu y la besó dulcemente en los labios. A pesar de que la castaña sabía que solo era un pervertido con segundas intenciones, siempre le sorprendía lo tiernas que podían percibirse sus caricias cuando se lo proponía. Aquella era una de esas ocasiones.
Al separarse, ambos permanecieron con las frentes apoyadas en el otro, captando muy de cerca sus respiraciones levemente agitadas. Laito volvió a hablar, provocativo:
—¿Puedo besar tu cuello?
—Sí...
—¿Puedo tocar tu pecho?
—¡Ya deja de preguntar! —reclamó Yuzu, sumamente sonrojada—. ¡Qué pesado!
—¡Es que eres muy tierna! —ronroneó él, mientras volvía a abrazarla y repartía besos en su cuello, aumentando la temperatura de ambos a medida que su boca descendía y recorría más centímetros de piel—. Mi corazón va a explotar.
—Mentiroso... —musitó ella mientras se dejaba hacer, sin poder resistir la excitación que sentía cada vez que Laito la tocaba.
"Es a mí a quien le va a explotar el corazón", admitió en pensamientos, deteniendo la mirada castaña en la cómoda de la habitación. Teddy se encontraba allí.
NOTAS DE LA AUTORA:
Probablemente la mayoría de los lectores de por aquí ya lo sabe, pero en este momento se está publicando la novela visual de mi historia en Youtube. ¡Está increíble! Si quieren verla, pueden buscar "Nor so Diabolik and nor so Lovers" del canal Ran & Kim.
Por otro lado, quería empezar a responder de manera más personalizada sus reviews. Es primera vez que hago esto, así que espero les guste la dinámica ;_;U (que dudo replicar en alguna otra plataforma, pues Fanfiction es mi casa consentida jaja):
Onny-San: ¡Muchas gracias por leer y comentar esta historia a pesar de que no está en francés! Si te resulta más fácil el inglés, puedes leer la traducción hecha por eightbloom que estoy subiendo en esta misma cuenta o esperar la actualización de la novela visual. Sea como sea, ¡gracias por tus comentarios! Estoy muy feliz de que te haya gustado la revelación de Kim :D
Las rosas de hercules: Debes saber que eres una de las principales razones por las que me gusta actualizar temprano en Fanfiction, tus comentarios me motivan muchísimo ;_; ¡ojalá todos los lectores fueran como tú! Sobre la dinámica Laito x Yuzu, tengo bastantes planes para ellos, así que de verdad espero te sigan gustando. A diferencia de Subaru y Kim, la relación de ellos es súper inestable porque me gusta acentuar que Laito no es ni jamás será miel sobre hojuelas. Más adelante se hablarán más detalles acerca del pasado de Yuzu, así que paciencia ;D y sobre la comida de Reiji, pues... no, no es culpa de él que Kim sea un licántropo, pero sí más adelante ocurrirán eventos relacionados a sus locos experimentos, ¡así que no estás tan mal encaminada!
winchestergirl93: ¡Gracias por seguir aquí y comentar! Creo que el desafío más importante para un escritor que incluye OC's de manera tan protagónica en una historia como esta, es intentar que estos sean lo suficientemente carismáticos y bien justificados como para no desagradar al lector ;_; intento en lo posible evadir estereotipos odiosos, pero como todos somos humanos igual me puedo equivocar, así que tu comentario me alivia un montón. ¡También me alegra que disfrutes los videos!
Nos vemos en el siguiente capítulo :D
