Advertencia: Este capítulo tiene violencia física y abuso sexual.
Ni tan diabólicos ni tan amantes
Capítulo XI: La investigación
"¿Experimentar en mí?"
Kim había aceptado lo que Subaru le dijo sin cuestionarse demasiado, pensando que no tenía más alternativa. No obstante, la idea de Reiji estudiando sus características físicas le causaba un rechazo tremendo, más después de confirmar con Subaru que él nunca planeó liberar a Yuzu en primer lugar, sino simplemente deshacerse de ella de la forma más sencilla y cruel. Estas verdades no la dejaban dormir, aun cuando las extremidades le pesaban de cansancio y lo único que podía ver era la oscuridad absoluta del interior del ataúd.
Subaru se negó a dormir junto a ella, por lo que yacía apoyado contra una de las paredes de la habitación. La mujer lobo protestó un poco, argumentando que no quería estar sola en una noche como esa, pero después de una fuerte réplica de parte del vampiro desistió.
"¿Por qué no quiere dormir conmigo? Siempre lo hacemos", pensó con extrañeza, sintiéndose secretamente desilusionada por ello. Tras lo sucedido, no le molestaba nada tener a Subaru a su lado; es más, en parte sentía que lo necesitaba. Creía en sus palabras, pero aun así quería reafirmar que él no la rechazaba a pesar de su naturaleza. Deseaba aferrarse a su pecho y abrazarlo durante horas, aun cuando eso implicara bajar todas sus defensas y permitirle que hiciera lo que quisiese.
Se ruborizó de solo pensarlo. "Qué tonta. Estoy actuando como si me gustara", se dijo a sí misma, esbozando una sonrisa suave momentos antes de caer rendida al sueño.
Horas más tarde, Subaru y ella se estarían preparando para ir donde Reiji.
—Esto... ¿Subaru? —Antes de salir del ataúd, Kim recordó que estaba completamente desnuda.
—¿Qué quieres? —respondió el albino, olvidando por un segundo ese detalle y centrando su atención en las felpudas orejas de Kim.
—¿Tienes algo que pueda ponerme? Creo que destrocé mi ropa durante la transformación.
—Tsk. —Subaru se sonrojó levemente y, después de hurgar entre sus pertenencias, le hizo entrega de una camiseta blanca que tenía los bordes inferiores rasgados—. Toma esto.
"Es la camiseta que viste bajo su uniforme. Suele dejar que la use de pijama", reconoció Kim, mientras se la colocaba y salía del ataúd. Subaru ya estaba vestido —¿había dormido siquiera?—, pero ella no podía evitar sentirse expuesta con esa prenda tan delgada que traslucía parte de su pecho y enseñaba generosamente sus muslos.
—¿Está bien... que Reiji me vea así? —preguntó con timidez.
—¡No tenemos otra alternativa! —rugió Subaru, molesto de solo pensarlo—. Mañana iremos a comprarte ropa.
—Eh... ¡No es necesario! No quiero que gastes dinero en mí.
—El dinero no es problema, además, quiero hacerlo. —Apenas el vampiro se dio cuenta de lo que acababa de decir, se apresuró en aclarar bruscamente—: Di-digo, ¡quiero decir que...! ¡Ya sabes! ¡No sería bueno que los demás te vieran así!
—Tranquilo, aún tengo el uniforme de la escuela —le recordó Kim con una sonrisa, mas no tardó en desdecirse—: Ah, aunque... creo que lo guardé en la mochila que usé para marcharme... y no tengo ni la menor idea de dónde la dejé. ¡El cuatro ojos me va a matar!
—No te preocupes de ese desgraciado, de todas maneras, siempre repone los uniformes de las novias sacrificadas. —Durante un instante, Subaru quedó viendo a Kim de reojo sin decir nada—. ¿Realmente pensabas marcharte?
La muchacha esperaba esa pregunta, pero aun así se sorprendió al oírla. "No quiero volver a mentirle a Subaru."
—Sí, lo siento —respondió, bajando la cabeza y las orejas en el acto—. De nada sirve excusarse, pero según lo que me has contado, Reiji claramente me engañó. Dijo que si me iba liberaría a Yuzu en unos días y ella... ha sufrido tanto. Daría lo que fuera para que esté bien.
Subaru ya lo suponía, pero, de alguna manera, le reconfortaba escuchar una respuesta honesta de parte de Kim.
—No te culpo, cualquier persona en su sano juicio huiría de este lugar en caso de ver una salida —murmuró seriamente.
—¡Pero ya no lo haré! —le aseguró Kim de improviso—. Subaru, me he dado cuenta que yo...
—¡Oigan! ¡¿Cuándo piensan levantarse?! —Fueron interrumpidos por unos gritos que se escucharon desde afuera de la habitación, acompañándose de reiterados golpes contra la puerta—. Reiji los está esperando en el laboratorio.
—Tsk, Ayato —masculló el albino, reconociendo de inmediato aquel tono demandante. Se dirigió a la puerta y la abrió con enfado para encarar a su fastidioso hermano—: ¿Qué estás haciendo tú aquí? ¡Esto no tiene nada que ver contigo!
—Sí, sí, ya veremos —respondió Ayato, casi chocando su frente contra la de Subaru—. Te recuerdo que gracias a mí cazaste a esa bestia.
—¡¿Gracias a ti?!
—¡¿A quién le estás diciendo bestia?! —bramó Kim, interponiéndose entre ambos para enseñarle al pelirrojo los colmillos que aún no volvían a la normalidad—. ¡¿Quieres que te aplaste otra vez?!
Ayato vaciló, consciente de que aquella amenaza eventualmente podía concretarse.
—Paso por esta vez, Chichinashi —respondió más calmado, jalándola del brazo sin aviso—. Vamos.
—¡O-oye! —exclamó Kim, siendo fácilmente llevada por Ayato hacia el interior del pasillo. ¿Por qué no podía liberarse? ¿Dónde había quedado su fuerza descomunal?
—¡No te permito que la toques! —protestó Subaru, siguiéndoles el paso—. ¡Eh, Ayato!
Al mismo tiempo, Yuzu se despertaba en la cama de Laito, abrazada a su pecho. Escenas como esa no eran ninguna novedad, con excepción del bien conocido peluche que se lucía sobre la cómoda al otro lado de la estancia. La humana se incorporó suavemente, observando desde la distancia aquel oso que tantos escalofríos le provocaba. "El que me salvó de Kanato... fue Laito", concluyó, recordando que, de no haber sido por la misteriosa y oportuna desaparición de Teddy, el desquiciado vampiro la hubiese estrangulado en el pasillo sin miramientos.
Yuzu se llevó ambas manos hasta las mejillas, roja hasta las orejas. "Rayos, ¿por qué eso me hace tan feliz?" De reojo, contempló el rostro durmiente de Laito, que cada vez le parecía más y más hermoso. Dejándose llevar por esta inexplicable emoción, acercó una mano hacia él, repitiendo para sus adentros que solo pretendía retirarle una hebra de cabello que le atravesaba la frente... ¡Nada más!
—Laito... —susurró para sí misma, inclinándose deliberadamente hacia él.
—¿Si, Bitch-chan? —Laito abrió los ojos de golpe, dedicándole una sonrisa amplia y juguetona.
—¡AAAAAAH! —gritó espantada Yuzu, echándose hacia atrás—. ¡¿E-estabas despierto?!
—¡He estado despierto todo el tiempo! —anunció él, campante, sentándose de un brinco sobre la cama.
—¡Debiste decirlo antes!
La muchacha tenía el corazón tan agitado que se llevó una mano hasta el pecho, murmurando muy molesta la posibilidad de sufrir un infarto por semejantes sustos que le hacía pasar. Laito solo rio despreocupadamente.
Una vez Yuzu se tranquilizó, volvió a fijar la vista en el punto inicial:
—Deberías devolver a Teddy.
—¿Por qué? —preguntó Laito—. Creo que vernos "jugar" es más divertido que estar todo el tiempo en brazos de Kanato.
—Ja ja, qué gracioso —ironizó Yuzu, para volver rápidamente a su semblante preocupado—: No quiero que Kanato venga aquí a buscarlo.
—Este es su castigo por intentar declararte su amor antes que yo.
—¿A qué te refieres con eso?
—¿No lo sabes, Bitch-chan? —Ambos encontraron miradas. A Yuzu le pareció que la expresión de Laito era mucho más serena de lo usual, pero, a su vez, transmitía una oscuridad profunda y hasta el momento desconocida para ella—. Para una criatura que posee vida eterna, la mayor muestra de amor es otorgar la muerte.
—Eso...
—Kanato estaba intentando matarte y hacerte suya por la eternidad, y eso no es algo que yo esté dispuesto a aceptar, ¿sabes?
Yuzu se estremeció, pero no por las razones habituales. Lo normal era sentir un pavor enorme hacia Laito, más cuando soltaba aquellos comentarios que auguraban su final. Sin embargo, en esa ocasión sintió una pizca de ¿ilusión?
—Si tú me matas... ¿lo harás porque me amas? —quiso saber, genuinamente interesada en la respuesta del vampiro.
—¡O porque me aburra de ti! Lo que pase primero —le respondió Laito, quitándole seriedad al asunto—. Sea como sea, yo soy el único que debe hacerlo, ¿no crees?
Era una respuesta esperable de parte de él, pero aun así Yuzu se sintió tonta por desear algo diferente. "¿Qué me pasa? ¿Realmente quiero importarle a este imbécil?", pensó, negada a aceptar que su corazón seguía inquieto. Lo estaba incluso de antes de que Laito despertara.
—Está bien —respondió ella en un susurro, dirigiéndole una mirada sugerente—. Desde el principio puse mi vida en tus manos.
Esto pareció incentivarlo, pues el verde de sus ojos centelleó.
—Así es, ya es tarde para arrepentimientos —confirmó Laito, emocionado.
Ambos se inclinaron hacia el otro, con la clara intención de besarse. No obstante, encontrándose a centímetros de su boca, Yuzu acabó colocando estratégicamente el índice sobre los labios del vampiro.
—Pero... antes de morir en tus manos, quiero asegurarme de que Kim salga con vida de este lugar —le dijo con decisión.
Laito bufó, levantando una ceja con sorna.
—Ah, de eso ni te preocupes. Ayer Reiji la echó de la mansión.
—¡¿Qué?! —se sorprendió Yuzu—. ¿Cómo es eso posible? ¿No se suponía que nosotras no podíamos marcharnos?
—En realidad esa regla solo corre para ti, que fuiste escogida para ser nuestra novia.
La humana se apartó, pensativa: "¿Kim se fue? Eso sería un alivio, pero... Algo no me cuadra. Ella jamás se habría marchado sin despedirse."
—Iré a hablar con Subaru —anunció de pronto, abandonando la cama y buscando a tientas su ropa esparcida por el suelo.
—¿Ehhh? —protestó Laito, ceñudo—. No me digas que ahora estás interesada en él, ¡pequeña infiel!
—¡Mira quién habla! Solo confirmaré lo que dices. No tardo.
Una vez Yuzu estuvo vestida, se apresuró hacia la ya vacía habitación de Subaru. "Tengo un mal presentimiento."
Después de un agitado trayecto hacia el laboratorio, Subaru llegó sosteniendo firmemente a Kim de los hombros, cuidando que Ayato no volviera a acercársele más de la cuenta. Cuando Reiji apareció bajo el umbral de la puerta, fulminó a la mujer lobo con la mirada, desconfiado.
—Supongo que ya estás informada de la situación —le dijo—. ¿Piensas cooperar?
Kim apretó los puños, armándose de valor antes de decir con un semblante fiero:
—Jamás perdonaré lo que me hiciste, pero... creo que puedo entenderlo, ya que es tu deber proteger esta mansión de cualquier monstruo que se le acerque. —El vampiro ni siquiera se inmutó ante semejante declaración, por lo que ella continuó—: Si haciendo esto me dejas permanecer junto a Subaru, adelante. Esta vez sin engaños.
"¿Eh?", se sorprendió el recién mencionado. Sabía que el propósito de la investigación era ganarse el derecho a vivir en la mansión Sakamaki, sin embargo, oírla afirmar con tanta seguridad que su deseo era estar con él creaba un remolino de emociones en su interior. "Kim..."
Reiji se hizo a un lado, indicándole a Kim que entrara a la lúgubre estancia con un ademán. Ella obedeció.
—Te vigilaré de cerca, Reiji —le advirtió el menor, ingresando justo después de la chica. Pero no fue el único—. Tú no vendrás —soltó de pronto, esta vez volteando hacia Ayato.
—¿Con quién crees que estás hablando, mocoso? —gruñó de regreso el pelirrojo.
—Ya te lo dije. No tienes nada que hacer aquí.
Reiji carraspeó, interrumpiendo la discusión que nuevamente se formaba entre sus impulsivos hermanos:
—Necesito que ambos estén presentes en caso de que la situación se salga de las manos.
—¡Ja! ¡Ya di la verdad! —se burló Ayato—. Le tienes miedo a los perros gigantes, ¿no es así?
—Esta es una oportunidad única que no puedo desaprovechar. —Reiji frunció el ceño, haciendo caso omiso a sus tonterías—. Sin embargo, al no contar con suficiente conocimiento de la especie, no descarto que su transformación ocurra durante la realización de las pruebas —dicho esto, el mayor volteó hacia Kim—. ¿Entiendes? No estás aquí para jugar.
La chica tragó saliva y asintió, consciente de que ni siquiera ella podría prevenir una catástrofe en caso de volver a transformarse en loba. También tenía curiosidad por conocer el alcance de su poder, pero no estaba segura de querer lidiar con las consecuencias de ello.
Reiji le ofreció un asiento junto a la mesa repleta de libros, tubos de ensayos, frascos misteriosos y otros artilugios destinados a la experimentación. Subaru y Ayato permanecieron junto a los libreros, a cierta distancia de ellos; lo suficientemente cerca como para observarlos y oír su conversación, pero manteniéndose al margen de la misma.
El mayor de los vampiros acomodó con elegancia unos guantes quirúrgicos en cada mano y comenzó a preparar unas agujas que provocaron escalofríos en Kim.
—Te haré algunas preguntas de rutina, ¿de acuerdo? —Sentada frente a él, la mujer lobo inclinó la cabeza. Reiji prosiguió—: ¿Quién eres en realidad?
—No lo sé —respondió ella—. Solo sé que mi nombre es Kim.
—¿Cómo fue que llegaste a la mansión?
—Ya lo sabes. Un hombre cuyo rostro no recuerdo me golpeó la cabeza y Subaru me encontró inconsciente en el jardín.
—¿Sabías que eras una mujer lobo?
—¡Claro que no!
Reiji, que le había estado dando la espalda durante todo ese tiempo, volteó a verla directamente a los ojos:
—¿Tus memorias no han despertado después de la transformación?
—No, ¿por qué? ¿Deberían hacerlo? —preguntó Kim, desconcertada.
—Si no hay alguna especie de hechizo extraño sobre ti, sería lo esperable. Lo que sucedió ayer fue lo más cercano a tu verdadero ser que todo lo sucedido durante este mes. —Kim se sobresaltó en su lugar, comprendiendo lo que quería decir. "Claro... hasta hace poco pensaba que era una humana común y corriente", reflexionó para sus adentros. Reiji continuó—: Los aquí presentes somos los únicos que conocemos tu verdadera naturaleza, ¿no es así?
—Sí.
—Será mejor que se mantenga así —sugirió él, en tono de advertencia—. No querrás que la novia sacrificada te rechace.
Kim frunció el ceño, visiblemente alterada ante ese comentario.
—¿Qué quieres decir? —exigió saber.
—Ambas se hicieron amigas al saberse humanas, víctimas de un mismo destino —le explicó Reiji, como si fuera una obviedad—. ¿Qué pensará ella ahora al saber que tú también eres un monstruo?
Este último comentario desarmó a Kim, quien no se había detenido a pensar en la reacción de Yuzu al enterarse de la verdad. Instantáneamente imaginó su rostro aterrorizado, la mirada inyectada de odio y repulsa, y su mente reprodujo su voz hecha gritos, ordenándole que se alejara. Kim no podía culparla, no después de haber sido violada por Kanato y utilizada por Laito. No podía pedirle que confiara en ella... porque también era una bestia. Empezó a temblar.
"No... Yuzu no haría eso, ¿verdad?"
—Oye Reiji, limítate a seguir con lo tuyo y acaba de una vez —intervino de golpe Subaru, notando que algo no andaba bien con Kim.
Reiji dejó escapar un suspiro en lo que enseñaba las inyecciones que tenía preparadas.
—Para comenzar, tomaré unas cuantas muestras de sangre —anunció—. Al juzgar por tus características lobunas visibles, aún deben existir vestigios de tu transformación en ella y me gustaría ver sus diferencias en relación a la primera vez que la analicé.
Reiji tomó a Kim de la muñeca, colocando su antebrazo a disposición de la aguja que tenía en la mano.
—¡Oye...! —se alarmó el albino al percibir la sangre tras el pinchazo.
—Tranquilo, Subaru —le dijo la chica desde la distancia que los separaba. Reiji no tardó en retirar la aguja de su piel—. Estoy bien, ¿ves?
Al notar que todo andaba en orden, Subaru se quedó en su lugar, manteniéndose alerta. El mayor de los vampiros pinchó el brazo de Kim un par de veces más, tomándose su tiempo para llenar unos pequeños frascos de cristal con su sangre.
—Ahora confirmaremos tu resistencia al calor —anunció Reiji, para entonces sacar un cilindro metálico con un mango en un extremo y una boquilla en el otro.
Al acercar el objeto al brazo de Kim, ella se puso en tensión.
—¿Eso duele? —preguntó rápidamente.
—Un humano normal podría con ello —le respondió Reiji con tranquilidad.
La chica tragó saliva y lo dejó continuar. El artefacto resultaba ser un mechero manual que, al encenderlo, liberaba una pequeña llamita azulada desde uno de sus extremos. El vampiro deslizó la boquilla prendida sobre la sensible piel de Kim, iniciando un suave vaivén que subía desde la muñeca hasta la parte posterior del codo.
—Se siente algo cálido. Me hace cosquillas... —comentó la mujer lobo, hipnotizada por el color azul de ese fuego que la tocaba, mas no la lastimaba.
—Aumentaré el calor —anunció Reiji—. Tienes que avisarme cuando no puedas más.
El vampiro presionó el pequeño interruptor del mechero y Kim sintió cómo la temperatura aumentaba. De pronto, empezó a ver borroso.
—Está... caliente... —comentó aletargada, detalle que no pasó desapercibido por Subaru:
—¿Kim? —pronunció su nombre, momento exacto en el que la castaña se desplomó sobre la silla, siendo sostenida por Reiji—. ¡¿Kim?! —la volvió a llamar, avanzando presuroso hacia ellos.
—Bien, supongo que ahora podemos comenzar la verdadera investigación —dijo Reiji, acomodándose los lentes sobre el tabique.
—¿Eh? —se extrañó Subaru, para entonces sentir a Ayato abalanzarse sobre su espalda—. ¡¿Qué estás...?! —Intentó quitárselo de encima, pero rápidamente sintió un pinchazo en el cuello.
—Fue más fácil de lo que pensaba —comentó el pelirrojo, apartándose.
Subaru se llevó una mano hasta el cuello para arrancarse bruscamente una de las inyecciones de Reiji. Al ver que se trataba de eso, observó a Ayato con incredulidad.
—¡¿Qué mier-?! ¡Ayato! —gritó al momento de atacarlo de regreso.
Sin embargo, su hermano lo esquivó fácilmente y le enterró un certero golpe en la boca del estómago, lo que fue suficiente para desplomarlo.
Esto no era normal, ¿desde cuándo Ayato era tan poderoso? ¿O era él quien se estaba debilitando? Intentó incorporarse del suelo, pero sentía el cuerpo adormecido y sin fuerzas. Al levantar la vista encontró al pelirrojo mirándolo desde arriba, despectivo. Pero eso no era lo que le importaba realmente, sino la imagen de fondo, la de Reiji sosteniendo a Kim entre sus brazos.
"Kim...", fue su último pensamiento antes de desvanecerse.
Cuando Subaru despertó, lo primero que notó fue un fuerte dolor de cabeza. "¿Qué sucedió? No puedo mover mi cuerpo", se dijo en pensamientos, notando que su eje de gravedad estaba forzado a permanecer en vertical. Era como si estuviera atado a una superficie erguida, pero antes de abrir los ojos escuchó los gritos de Kim:
—¡No! ¡Duele!
Esto alteró sus sentidos, obligándolo a volver a la realidad de golpe: ella estaba justo delante de él, en una posición similar a la suya con las extremidades unidas a una especie de camilla metálica. Reiji estaba haciéndole algo que Subaru no logró distinguir y Ayato estaba junto a él, observando divertido la reacción de la chica.
—¡Kim! —gritó, impulsándose hacia delante para liberarse. Sin embargo, no contaba con la fuerza suficiente para destruir los grilletes que lo ataban a su respectiva camilla. Percatarse de esto lo enfureció aún más—. Miserables... ¡Suéltenla!
—Su... Subaru... —musitó Kim al oírlo, abriendo débilmente los ojos. Sus brazos estaban extendidos hacia arriba, dejándola a completa merced de sus atacantes.
Se veía tan vulnerable...
—Tsk, ya despertó —avisó Ayato en un gruñido, desviando su atención de Kim hacia Subaru—. Eres un fastidio —le dijo al albino, mientras caminaba hacia él y lo jalaba del cabello para hablarle a la cara. Tenerlo tan cerca y no poder golpearlo era algo que Subaru apenas podía soportar—. Observarás todo desde aquí, tal y como querías.
Subaru apretó la mandíbula, infló el pecho y forzó los grilletes con todo lo que tenía, logrando que incluso Ayato se echara hacia atrás, pero no hubo caso. "¿Por qué no puedo liberarme? Estas cadenas no deberían ser nada para mí...", pensó consternado. Ayato volvió a sonreír.
—Vaya, con que realmente funcionan estas porquerías en las que trabajas —comentó el pelirrojo, dirigiéndose a Reiji.
—Cuida tu boca —espetó el mayor—. Jamás podrías vencer a Subaru en un combate de cuerpo a cuerpo si no fuera por mí.
—¿Qué... has dicho...? —preguntó el aludido tras escuchar aquellas palabras, para entonces intentar liberarse con desesperación, sin resultados. Su fuerza había sido completamente drenada—. Qué me hiciste... Bastardo...
Percibiendo la angustia de Subaru en su voz, Reiji desvió su atención de la quemadura que acababa de infringirle a Kim en el brazo para dirigirse hacia él:
—Es una poción que reduce la fuerza. Te sentirás un poco decaído por unas horas —explicó, acompañándose de una sonrisa torcida. Solo entonces Subaru notó las zonas enrojecidas en la piel de Kim, aquellas que delataban el daño que recibió mientras él yacía inconsciente. Sus pupilas se contrajeron, poseído por una ira que no sentía hacía años—. Descuida, ¿acaso no crees en mí? Esto lo hago para proteger a nuestra familia. A fin de cuentas, confirmar la resistencia y capacidad de regeneración de la bestia es de suma importancia para mi investigación.
Y dicho esto, Reiji volvió a encender el mechero sobre Kim.
—¡Ah! —se quejó ella con lágrimas escapándose de sus ojos.
—¡Detente ya, Reiji! —bramó Subaru desde su lugar.
Pero su hermano no le hizo el menor caso, por el contrario, volteó hacia Ayato para decir:
—La ropa estorba. Quítasela.
Esta orden hizo que los ojos del pelirrojo brillaran de emoción:
—Es hora de jugar, Chichinashi —canturreó, volviéndose hacia la mujer lobo.
—¡Ayato, no te atrevas a tocarla! —le advirtió Subaru.
—¡Como si fuera a hacerte caso! —Solo un movimiento bastó para rasgar la única prenda que estaba utilizando Kim, exhibiendo su cuerpo ante los presentes. Ella estaba demasiado choqueada como para reaccionar—. Tu pecho es diminuto, pero tu expresión aterrorizada no está nada mal —le susurró Ayato muy cerca de su oído, para entonces deslizar sin pudor su lengua por el cuello de Kim.
Esta desagradable sensación crispó los nervios de la chica, haciéndole entender en una milésima de segundo las intenciones del vampiro.
—¡Aléjate! ¡No quiero! —chilló asustada, mientras Ayato se lanzaba sobre ella con una sonrisa llena de perversidad.
—¡Ayato, juro que te voy a...! —gritó por su lado Subaru, ardiendo de cólera.
—Qué aburrido —comentó Reiji, observando la situación sin mucho interés—. A pesar de haberte transformado en una poderosa criatura, tu cuerpo sigue siendo tan pequeño y frágil.
La mano de Reiji avanzó hacia la cabeza de Kim, jalándola del cabello para ver mejor su expresión compungida; mientras la lengua de Ayato navegaba desde su cuello hasta su mejilla, provocándola a llorar.
—Basta... ¿por qué... me hacen esto? —masculló la chica con los ojos humedecidos.
—He estado investigando —respondió Reiji, tan serio como acostumbraba—. Los licántropos se transforman en luna llena y cuando sienten grandes estresores en su entorno. —De pronto, algo en su expresión cambió. Su mirada color magenta brillaba más que de costumbre y sonreía con una malicia desalmada—. Quiero ver con mis propios ojos tu transformación, ya sea por el dolor que te infrinjo... o por la humillación de estar siendo mancillada por Ayato.
Con la mano libre, Reiji acercó al rostro de Kim el mechero encendido. Ella vio aterrorizada como este descendía hasta la parte baja de su ombligo. No tardó en sentir otra vez el fuego y, acompañándose de una serie de gritos desgarradores, lo vio recorrer su piel desde abajo hasta su sensible pecho.
—Descuida, Chichinashi —le susurró Ayato de manera seductora—. Te prometo que el dolor pronto se desvanecerá.
El vampiro del cabello rojizo buscó sobre la mesa contigua un pequeño frasco cuyo contenido se veía sumamente misterioso. Retiró el corcho que lo sellaba y bebió de él hasta vaciarlo, para entonces sujetar a Kim del mentón.
—¿Qué vas a...? ¡Ngh! —se sorprendió la chica al momento de ser besada por Ayato, quien la forzó a beber el extraño líquido con la boca.
Subaru sintió como si la tierra se hubiera abierto bajo sus pies. La imagen de su hermano besando a Kim le había atormentado anteriormente como una simple fantasía, como el temor de algo que podía llegar a concretarse si no tenía suficiente cuidado. Porque él siempre había querido ser el primero en todo y el rechazo de Kim no era suficiente impedimento para alejarlo de ella.
Al final, Ayato siempre conseguía lo que quería, aunque fuera por la fuerza. Y ese miedo se hizo real, tan real que Subaru quiso destrozarlo todo con sus propias manos.
—¡Ayato! —rugió, cegado por la furia de lo que veía.
Kim escuchaba la voz del albino durante toda esa horrible situación. No podía zafarse, no cuando Reiji le sostenía firmemente la cabeza y Ayato el rostro, y su fuerza fuera nula contra los grilletes que limitaban sus extremidades. Además, apenas podía respirar. El líquido que Ayato la estaba forzando a beber le ahogaba con un sabor extraño y dulzón. Un hilillo del mismo se escapó de su boca, atravesando su mentón en un cosquilleo.
Por suerte, Ayato no tardó demasiado en soltarla y ella tosió copiosamente, atorada.
—¿Qué dices, Subaru? —El pelirrojo se dirigió hacia su hermano menor, relamiéndose—. ¿Tú también quieres ver cómo el dolor y el placer se apoderan de Chichinashi? Solo espera.
—¿Qué... rayos era eso? —preguntó Kim una vez dejó de toser.
Reiji no le contestó. En lugar de eso, soltó su cabello para inclinarse hacia sus quemaduras, las cuales se dibujaban como marcas rojizas en zonas sensibles.
—Hmm... Qué extraño. Tu regeneración pareciera ser más lenta de lo que creía —comentó, volviéndose hacia los artefactos que tenía sobre la mesa—. Tendré que intentar otra cosa.
—Pues aquí nos está yendo de maravilla, ¿no es así, Chichinashi? —dicho esto, Ayato intentó besar a Kim otra vez, pero ella consiguió mover su cara para evitarlo.
—No... Suéltame... —le suplicó la muchacha.
Después de un breve forcejeo, Kim volvió a sentir la boca del vampiro sobre la suya. Esta vez logró morder su labio inferior para que la soltara, pero no fue suficiente. Por algún extraño motivo, sus dientes habían vuelto a la normalidad y no fue capaz de herirlo.
Ayato enredó los dedos en su cabello, forzándola a mantener el rostro quieto y así poder besarla mejor. Aprovechó una breve apertura de la boca ajena para introducir su lengua, jugueteando fogosamente con la de Kim, ansiando mayor contacto.
La mente de la castaña era un completo caos. No dejaba de ser consciente de Subaru, quien les estaba observando entre gritos y maldiciones. Sin embargo, tampoco podía ignorar una extraña sensación que la estaba quemando desde la parte inferior de su cuerpo. Aquello no se trataba de las quemaduras de Reiji, no era algo enteramente físico... sino algo instintivo que la confundía.
De improviso, Ayato la soltó para repartir libremente besos en su cuello, descendiendo entre lamidas y succiones.
—Ngh... no... —gimió ella, convencida de lo que pretendía hacer. Subaru siempre hacía algo similar antes de morderla.
Ayato arqueó una ceja al escucharla, divertido.
—Tu boca y tu cuerpo no parecen llegar a un acuerdo —comentó él, para entonces detenerse a mirar los pequeños pezones de la chica—. Mira, ya están así de duros... —dijo, tomando los pechos entre sus manos.
—N-no me toques... ¡Ah! —reaccionó Kim, dominada por una fuerte y repentina excitación que hizo a sus mejillas enrojecer.
—Me gusta esa voz —declaró Ayato, acariciándola con insistencia.
Kim gimió una y otra vez, incapaz de volver a negarse. Sin entender por qué, sintió una corriente en todo el cuerpo y empezaron a temblarle las piernas. "¿Q-qué es esto? De repente tengo... mucho calor..."
—¡Ya déjala, Ayato! —le volvió a gritar Subaru, quien seguía forcejeando contra su prisión de acero.
—¿Por qué debería? Solo mírala —le respondió el aludido, volteando un momento hacia su hermano menor para mostrarle la ardiente expresión de Kim, quien se estaba estremeciendo ante cada uno de sus movimientos—. Lo está disfrutando.
Frente a la estupefacta mirada de Subaru, Ayato dirigió su boca hacia los pechos de Kim, dibujando el contorno de sus pezones con la lengua, para luego empezar a lamerlos con frenesí. La mujer lobo quería suplicarle una vez más que se detuviera, pero el placer que sentía era tan fuerte que estaba perdiendo el control. "¿Qué me está pasando? Esta no soy yo... ¿De verdad me gusta lo que Ayato está haciendo?", se preguntaba con la poca consciencia que le quedaba.
—Ya que te encuentras tan a gusto, no te molestará que te haga un poco más de daño, ¿verdad? —observó Reiji, quien acababa de voltearse hacia Kim con una daga en mano.
El arma no tardó en ser clavada en el muslo de la chica, arrancándole nuevamente un grito de dolor entre todos aquellos gemidos. El olor a sangre avivó el sadismo de los vampiros presentes, encendiendo sus miradas.
Sabiendo lo que se venía, Subaru dejó de luchar. No podía soportarlo más.
—Bastardos... no tienen ningún derecho... a torturarla así... —masculló con voz quebrada, dejando caer su cabeza y cuerpo hacia delante, completamente desmoralizado e impotente.
Poseída por el dolor y el placer, Kim levantó la mirada perdida hacia él. A pesar de encontrarse en una especie de trance, quería verlo. "Subaru..."
—No exageres, solo es un rasguño. —Reiji apartó la daga de Kim y se incorporó para observar mejor los vestigios de sangre en la hoja de la misma—. ¿Esta es la sangre que los atrae tanto? Aunque no estoy particularmente interesado en la bestia, debo admitir que tiene un aroma especial.
—Ni se te ocurra beber de ella, Reiji. Yo seré el único que lo haga —le advirtió Ayato, para volver rápidamente su atención hacia Kim—. Se siente bien, ¿eh? ¿Quieres más?
Y sin dejar de presionar los pechos de la chica entre sus manos, Ayato le mordió la clavícula. Kim apretó los labios en un vano intento por contener los gemidos que nuevamente luchaban por escapar, pues a pesar de lo mucho que le desagradaba el vampiro, algo en su interior pedía seguir siendo abusada por él. Era como si estuviera... hechizada, o algo así.
"La pócima... ¡Eso debe ser!", concluyó en pensamientos, comprendiendo que ese era el origen de su extraño comportamiento. Al caer en cuenta de ello, una ferviente ira se apoderó de su ser.
El sonido de la mordida paralizó a Subaru, quien lentamente volvió a levantar la vista con las pupilas inyectadas, confirmando en el acto que su hermano estaba bebiendo la sangre de Kim. Aquello no estaba bien... No le gustaba nada. Solo verlos reavivaba el desprecio que sentía hacia su familia y hacia sí mismo. Kim era lo único bueno que le había pasado en toda su despreciable vida, no estaba dispuesto a compartirla con absolutamente nadie. Mucho menos con Ayato.
Al profundizar en aquel sentimiento, una reflexión indeseable apareció en su mente: ¿y si hubiese sido él quien la besara y forzara antes? ¿Seguiría estando mal?
"No. En absoluto. Porque ella me pertenece", pensó Subaru, poseído por una emoción oscura que le hacía fruncir el entrecejo y apretar los puños y la mandíbula.
Estaba celoso. Terriblemente celoso.
Por otro lado, Ayato se encontraba en completo éxtasis. La sangre de Kim era tan deliciosa como cuando estaba en forma de loba, podía sentir que su cuerpo se llenaba de una fuerza revitalizante y única a medida que bebía de ella.
Hasta ese momento estuvo conteniendo los deseos de hacerla suya por completo... Pero tal y parecía que no podía esperar más.
Sin dejar de morderla, deslizó una de sus manos sobre su vientre, aproximándose peligrosamente a su entrepierna. Desencajó los colmillos solo para acercarse hasta su oreja y, mordiendo ligeramente el lóbulo, le susurró con voz grave:
—Justo aquí... es donde quieres.
—¡No! —saltó Kim, comprendiendo con pánico cuál sería su siguiente movimiento.
—Sé honesta. Puedo ver desde acá que estás completamente mojada.
Kim lo sabía, sabía que su cuerpo estaba reaccionando a Ayato... Pero eso se debía al líquido que él mismo la obligó a beber. Su corazón seguía siendo el mismo y este solo respondía a una sola persona.
"Te atreviste a jugar conmigo. Voy a matarte."
—Ayato, yo... te detesto —gruñó la chica sin pensar, fulminándolo con unos ojos amarillos y brillantes.
Esto sorprendió al vampiro, quien a pesar de reconocer en Kim la piel enrojecida y la respiración agitada, signos claros de excitación, sabía que estaba hablando en serio. Y, por algún motivo que no supo comprender, eso le afectó.
Reiji, que permanecía como espectador cercano, contempló con gran sorpresa como las heridas de Kim efectivamente empezaron a desaparecer, regenerándose a una velocidad increíble. Fue en ese momento que también notó unas enormes garras sobresaliendo de sus manos y pies.
—¡Ayato, aléjate de ella! —advirtió el mayor, dando un precavido paso hacia atrás.
Pero Ayato no se movió de su lugar. Su orgullo se lo impedía.
—¿Qué quieres decir? —quiso saber, forzándose a sonreír con seguridad—. No puedes negar que has disfrutado todo lo que te he hecho... ¡Los tres te escuchamos! Tú ya eres mía, Chichinashi.
—Parece que aún no lo entiendes. El único que puede tocarme... ¡ES SUBARU! —bramó Kim, destruyendo de un solo impulso los grilletes que la aprisionaban, mientras enseñaba sus colmillos en un estruendoso rugido.
Subaru sintió una corriente de sensaciones en todo el cuerpo. Las palabras de Kim sintonizaban con sus sentimientos, aun si estos eran igual o más impuros que los del propio Ayato.
Los vampiros contemplaron con asombro como los rasgos lobunos de la chica volvían a acentuarse, haciéndola ver como una bestia humanoide salvaje y temperamental. En menos tiempo del que pudieron prever, las garras de Kim se encontraban rodeando el cuello de Ayato. Él intentó desasirse, pero la fuerza de ella era comparable a la propia. En breve, iniciaron un forcejeo.
—Libera a Subaru, ¡ahora! —ordenó la mujer lobo, iracunda.
Reiji retrocedió con la mayor parsimonia que pudo hacia la camilla de Subaru, dispuesto a hacer lo que pedía antes de que destrozaran su preciado laboratorio en una afrenta inevitable.
—¡Reiji, no lo hagas! —exclamó Ayato, notando sus intenciones.
El mayor volteó nuevamente hacia ellos, estudiando a Kim en un silencio lacerante, como si estuviera admitiendo su derrota.
—Doy por finalizada la investigación —anunció solemne—. Me parece que llegaste tarde, Ayato. La señorita ya tomó su decisión.
Y dicho esto, Subaru fue liberado en un abrir y cerrar de ojos.
Kim soltó a Ayato de un empujón, lanzándose sin ninguna consciencia de su propio estado hacia el albino.
—¡Subaru! —exclamó al abrazarlo aprehensivamente.
—Tsk —soltó el pelirrojo al verlos, comprendiendo entonces lo que Reiji había querido decir.
Subaru se quedó perplejo por ver a Kim así: no era el lobo gigantesco de la noche anterior, pero contaba con varias características del mismo. Una enorme fuerza, impresionantes colmillos y garras, una cola... Un momento, ¿desde cuándo también tenía cola?
—Ah, ¿e-estás bien... Subaru? —le preguntó Kim con torpeza.
El albino tardó en reaccionar. La furia de hacía un momento se había disipado por completo, dejando únicamente a una chica con orejas y expresión sofocada. Por su lado, lo único que deseaba en esos momentos era matar a sus dos hermanos, pero sabía que aún no estaba en condiciones de hacerlo. Además, la prioridad era proteger a Kim.
—Nos vamos de aquí —soltó Subaru con determinación, asiendo a la muchacha del brazo antes de volverse hacia los vampiros con aire amenazante—: No he terminado con ustedes. Me van a pagar muy caro lo que acaban de hacer.
Y sin esperar respuesta de parte de Reiji o Ayato, Subaru se llevó a Kim lejos del laboratorio.
Mientras todo esto sucedía, Yuzu buscaba a Kim.
Después de encontrar vacía la habitación de Subaru, decidió inspeccionar la mansión aun cuando corría el riesgo de ser atacada por Kanato. Tenía la esperanza de que, mientras Laito no le devolviera a Teddy, estuviera hecho un ovillo en el rincón de su habitación o algo así, actuando como el loco que ella sabía que era.
Al no encontrar a Kim en ninguna de las habitaciones que conocía, decidió aventurarse en recorrer los alrededores de la mansión, muy segura de que si no intentaba escapar no se metería en problemas. Antes le hubiese dado mucho miedo andar sola en un sitio así de noche, pero ahora pensaba que no había nada peor que lidiar con los Sakamaki.
No obstante, al cabo de unas horas buscando en el bosque la conclusión fue la misma: "Kim no está, ¿realmente se fue?" Si bien le entristecía no volver a verla, le contentaba mucho más saber que estaba a salvo, lejos de ahí. Quería creer en la información de Laito y no en su propia corazonada, la cual no dejaba de advertirle que algo grande estaba sucediendo. Algo muy malo.
Y de pronto, una figura se dejó caer de un árbol de manera repentina, interrumpiendo sus cavilaciones y asustándola:
—¡Ah! —exclamó Yuzu, tan sorprendida que se cayó de espaldas.
La persona que aterrizó justo frente a ella no tardó en incorporarse.
—No te preocupes, no te haré daño —le dijo, amigable—. ¿De casualidad has visto un lobo por aquí?
—¿Un... lobo? —repitió Yuzu de manera mecánica, levantando la vista hacia el hombre de extraña apariencia que acababa de aparecer—. ¿Quién eres tú?
NOTAS DE LA AUTORA:
No tienen idea lo mucho que me alegra estar de regreso. Este ha sido un año súper movido, pues hace solo un par de meses compré un departamento que he tenido que remodelar, ¡me he quedado sin dinero por eso! Al menos tengo tres trabajos, así que sobreviviré... de alguna forma.
El mundo adulto es realmente agotador, llévenme con los vampiros bonitos ;_;
Guest: Tu comentario me hizo muy feliz. Espero sigas disfrutando esta historia, estoy dando lo mejor de mí para que así sea, ¡y muchos ánimos con tu fanfic! :D
winchestergirl93: ¡Laito también es mi favorito! ¿Se nota? (?) Como sea, me alegra un montón que te guste su relación con Yuzu. Por otra parte, Ayato y Reiji se coronaron como los villanos oficiales del arco de Kim. Se pasaron bastante de la raya con ella, pero ya verás que ambos tienen diferentes motivos para hacer lo que hacen. ¡Gracias por tu apoyo!
Las rosas de hercules: Waaa ;_; qué linda eres, ¡muchas gracias! De verdad me motiva un montón leerte. Mi Laito favorito, de hecho, es justamente el de Haunted Dark Bridal, por lo que intento basar su comportamiento en ese. Por supuesto, no descarto que en algunos momentos tenga rasgos de otros juegos, sobre todo cuando intento que no sea tan pero TAN cruel con Yuzu. Y sí, las discusiones entre los hermanos Sakamaki me dan mucha vida, así que seguirá liándose con Kanato y Shu por la atención de la prometida. Como siempre, ¡gracias por tus reviews!
Nos leemos en la próxima actualización.
