SHADOW EN SUS PROFUNDIDADES
Dentro de esa cueva oscura, oscura como sus pensamientos, solo dos cosas se alcanzaban a ver, no amistosas ni tranquilas, unos ojos de bestia perturbada que amenazaban con lastimar a cualquiera que se le acerque...
Negro como la oscuridad, rojo como el peligro. Pero sobre todo atormentado por el sabor de su reciente derrota, evita la luz para tratar de entender la sombra que cae sobre él, o tratar de olvidar, de soltar, de domesticar su pasión enmarañada, su corazón tan intenso como problemático.
Y usando un haz de luz que se colaba por un orificio arriba de su cabeza trataba de organizar el siclón de sensaciones y ansiedades que desataba. Y esto se decía:
¡El jamás me superará! ¡Soy la forma definitiva! ¡Soy la forma definitiva! Un simple ser inferior nunca será más rápido ni más fuerte que yo. Estoy hecho para ser el mejor, el luchador más fuerte, el que controla la fuente de poder más grande del universo ¡El control caos! Ese erizo, esa criatura que ni se merece llamarse erizo...
Sus puños golpeaban el suelo porduciendo un ruido seco y levantando una nuve de polvo alrededor de su semblante como si se adhiriera a su solemne y sombrío ser.
Ese erizo Sonic, Sonic, Sonic.-se repetía aprentando sus ojos y contrayéndose hacia sí. Su nombre lo obsesionaba, su color azul lo atormentaba, su incomprensible habilidad lo deslumbraba.-...Sonic.-Se decía profundamente. Sus ojos se abrían y sin poder evitarlo su mirada se estremecía y zambullido en la oscuridad de aquella cueva eran como dos cristales que tintineaban maravillosamente. Todo de aquel ser lo obsesionaba. Lo odiaba, lo odiaba con todas sus fuerzas. Pero...
-...Ma-María.-se dijo-¡No! ¡Nadie me alejará de tí!-Pero al pensar en aquel que lo había desafiado, en aquel que lo provocaba y lo empujaba cada día a superar sus límites, sentía que esa femenina figura que lo había acompañado por tantos años se desvanecía de su corazón. Había encontrado alguien a quién aferrarse y sentirse seguro, donde su complejo sentimentalismo y su incansable intensidad podían encontrar un sencillo escape.-Cuanto... ¡Cuánto te detesto!-gritó y el hueco en la tierra le devolvió su desesperación en incontables ecos. Estos golpearon su pecho, atravesaron su cuerpo, y la mentira retumbó en lo más hondo de su esencia. De pronto escuchó en su interior el nombre de quien realmente anhelaba y rompió en llanto y sus brazos se estiraron ineludiblemente a la azul figura de su verdad.
