Fanfiction escrito por mi persona, sin fines lúdicos, basado en la obra de Ichiei Ishibumi, las novelas ligeras HighSchool DxD.


- High School DxD –

[True Draconic X Deus]


-Dragón para todas-


-Templo Himejima-

Con el pantalón del pijama medio anudado y el camisón desabrochado, saltó por la ventana, alas extendidas, deslizándose hasta tocar el suelo en la entrada de la casa auxiliar. Abriendo la puerta con cuidado, entró al observar la oscuridad absoluta.

Dos habitaciones abajo con una pequeña despensa, cocina y baño. Lo conocía a la perfección. La otra habitación, más grande, arriba. En una de las habitaciones había una chica en una de las camas. Una joven de cabello blanco. Rossweisse. Dormía profundamente. La otra cama estaba vacía…

Deslizándose a la otra habitación también la encontró vacía. Extrañada alzó la mirada. Sabía que Issei estaba arriba. Y allí fue, subiendo las escaleras lentamente, recorriendo el pasillo que daba a la habitación. Una habitación que antaño había servido de trastero. Deslizando la corredera de papel y madera con cuidado… Sus ojos se abrieron de par en par.

Un fuerte olor desconocido para ella la golpeó, acompañado de un coro de gemidos y suspiros. Melodiosas vocalizaciones desconocidas y absolutamente deliciosas. En la cama principal estaba Issei, desnudo, sobre una de las chicas, moviéndose con fuerza, moviendo su cintura con ritmo. La chica gemía, deliciosamente, extendiendo sus piernas. Amasando sus generosos pechos, tomándola de la nuca, besándola con pasión. El cabello rosado se extendía por la cama, rendida al placer, pidiendo más, pronunciando el nombre de su amo con un tono que Akeno no creía posible.

Rendido, sumiso, dulce y seductor.

Aullando, la demonio se rindió mientras el chico se levantaba… Akeno se sonrojó violentamente al ver el prominente miembro del dragón, libre del confinamiento de la esclava. Masturbándose con fuerza, hincó una rodilla junto a la esclava, vertiendo un líquido blanquecino sobre los pechos y el rostro de la chica.

Lejos de parecer molesta tomó el miembro entre sus labios, limpiándola… Issei observó satisfecho como su semen marcaba los grandes senos y el hermoso rostro de Ingvild.

-Y pensar que Rossweisse te tiene por una chica virgen e inocente…- enredando sus dedos en el cabello sedoso de Ingvild, metiendo su miembro más en la boca de la Leviatán.

Akeno se tapó la boca fascinada. No entendía lo que ocurría… Pero sabía que su excitación inusual tenía algo que ver con… ¡Había tres Issei en la habitación!

Otro de los Issei mantenía a Lavinia de la cintura, de pie junto a la cama, con la rubia gimiendo a pleno pulmón intentando apoyarse en la cama. Issei la tomó de los brazos, embistiendo con fuerza, haciendo que sus enormes senos se moviesen locos de lado a lado.

La nekomata estaba contra la pared, abrazando a su amo mientras chillaba su nombre, arañando la espalda del dragón que parecía estar intentando derribar la pared a golpes de cintura.

Alerta, la niña se movió por el pasillo a gatas, colocándose tras uno de los muebles viendo como la otra de la esclavas se acercaba lentamente a la puerta, colocándose donde ella. Bajándose el pantalón de su pijama, colando su mano entre sus muslos.

Jadeante, Akeno abrió los ojos al escuchar cómo se abría la puerta. La albina se sentaba en el suelo. Un objeto frente a su rostro, algo que la ángel caído había visto repetidas veces en esa misma habitación hacía apenas unos instantes.

El miembro erecto del príncipe demonio sobresaliendo por el marco de la puerta. El niño tenía que estar desnudo frente a la asgardiana. Extendiendo su mano, el niño se inclinó acariciando el rostro de la valquiria, que cerró los ojos respondiendo al tacto. Retirando su mano, el niño pareció decir algo. La albina asintió, adelantándose apenas unos centímetros, quedando de rodillas en el suelo. Colocando una mano en el muslo del demonio cerró sus ojos y abrió la boca obediente.

Akeno observó maravillada como Rossweisse devoraba con entusiasmo, incrementando sus movimientos rápidamente, con fervor.

Obediente, sumisa, devota. Su amo respondió acariciando su cabello.

-Buena chica… Entra, te mereces una recompensa…-

GLUP

Esperando unos instantes, la ángel caído regresó a su posición original frente a la puerta. Abriendo los ojos anonadada. Incrédula.

La asgardiana estaba en la cama, con la cintura alzada, abrazando una almohada, chillando con la mirada perdida de placer con otra copia del demonio semiagachado sobre su trasero. La estaba taladrando sin misericordia. Y Akeno lo deseó. Que se abriese la puerta, que apareciese esa polla frente a ella. Que la reventase de todas las formas posibles.

Que hiciese como su madre hacía con su padre. La atase, le tapase los ojos y se la llevase a su casa para su uso y disfrute…

-Madre mía… ¿Esto son correas de cuero?- exclamó Issei sacando unas cajas de cartón de uno de los muebles –Jajaja! ¿Pero qué es esto? ¿A que juegan estos dos cuando me llevo a Tenshi?-

-¿Q-que es eso? ¿P-porque vienes a por… ¡!- protestó Rossweisse nerviosa.

-Tardeeeeeee!-

-E-espera!-

RAS

-Mira mira… Que tenemos aquí-

Akeno Himejima olvidó como respirar. Su corazón se detuvo. Su garganta estaba seca y su mente, nublada. Alzando la mirada, su pulso se aceleró, bombeando sangre por todo su cuerpo. Conectando con los ojos de Issei, nació la mirada que nunca más abandonaría esos ojos violeta siempre que estuviese en su presencia. La mirada inocente desapareció en ese mismo instante. Ardiendo en un intenso fuego, un incendiario deseo, consumida por las llamas de la lujuria. La inocencia dio pasó a la seducción.

Los inocentes ojos violeta pasaron a ser unos lujuriosos ojos femeninos, poderosos y traviesos.

-¿A qué has venido? Las buenas niñas deben de estar en cama a estas horas, Tenshi-

-Y-yo… Lo que has dicho antes…-

-¿El qué?-

-Yo quiero… Papa ha montado a mama… ¿Qué pasa conmigo?-

Issei rió divertido. Llevándose las manos al rostro, incapaz de contener la emoción. De controlar su sangre. Sus instintos le habían dominado, por completo.

A la mierda los Himejima. Shuri. Baraqiel. Que fuese una niña. Los códigos morales de nadie. Los deseos de otros tantos. Él era un demonio. Akeno su propiedad. Él era un dragón. Akeno su presa. No importaba nada más. Akeno Himejima técnicamente ya formaba parte del grupo de hembras que vivían por y para sus deseos y nadie podía cambiar ese hecho.

La confirmación seria su voluntad.

Issei bajó la mirada. Sus ojos rojos conectados a los violeta de la niña. Sabiendo que podía leer su mente no dijo nada. No era necesario.

Akeno sabía que era su momento. La decisión era suya.

Podía levantarse, marcharse, volver a su cama. Mañana seria otro día. Desayunaría con su amado y esclavas, con sus padres, se iría a clase… Un día increíble, uno más… O podía quedarse y certificar su nueva vida.

Sin dudarlo la ángel caído renunció a toda moralidad, a las enseñanzas de sus padres, a los deseos de su familia. Arrojó su vida, su apellido, por la ventana. Sin apartar la mirada, se inclinó, besando la punta con sus rosados e inocentes labios.

-Akeno… Bienvenida a la familia-

SLURP SLURP

Akeno Himejima se encontraba en el paraíso. El paraíso en la tierra.

Viviendo una epifanía en sus carnes. Teniendo una revelación. Una experiencia catártica. De cuclillas, su cuerpo estaba envuelto en correas de cuero negro. Cuero envolviendo sus piernas recogidas. Cuero uniendo sus manos en su espalda. Cuero envolviendo y realzando su joven pecho. Cuero tapando sus ojos. Su vagina expuesta empapando el suelo.

-M-más fuerte… Por favor… Trátame como a…-

GACHK GACHK GACHK

Las manos del dragón envolvieron completamente su cabeza, mezclándose con hebras de cabello negro usando su cráneo como juguete sexual. Y le dio lo que quería. Una barra de carne entrando y saliendo de su garganta, sin práctica ni costumbre, barrando el paso al aire que privaba a su cerebro de oxígeno.

Lo sobrenatural cada día le parecía mas maravilloso…

Apartándola de su miembro, Akeno empezó a jadear, buscando recuperar la respiración. Su barbilla cubierta de saliva, su rostro rojo y lloroso. Tomándola sin dificultad como una muñeca, un juguete liviano en sus sobrenaturales brazos. La colocó sobre su regazo.

-Lo siento preciosa, pero tengo una política… No hay sexo vaginal sin servidumbre…-

Expectante, la morena no entendió lo que el dragón quería decir hasta que sintió al castaño colocarse sobre su entrada trasera.

Miedosa, tembló visiblemente, sin oponerse ni protestar. El demonio no se lo pensó dos veces antes de dejar caer el peso sobre su polla. Akeno aulló al sentir su barra entrar por su trasero de golpe.

-Argh… Que gustazo…- ronroneó Issei cerrando sus ojos, recostando su cabeza contra la silla.

Adoraba estos cuerpos sobrenaturales. Resistentes… Hechos para depravaciones imposibles para cuerpos mortales. El cuerpo de una niña humana no se podía comparar al de una ángel caído… Levantando a la morena, empezó a levantarla y bajarla con lentitud. Disfrutando del momento. Escuchando los dulces gemidos de la niña Himejima que se estremecía intentando liberarse de sus ataduras.

Soberbio.

Rossweisse, Lavinia, Kuroka, Ingvild en las camas. A gatas, chillando con sus rostros enrojecidos, llorosos, trastornados del placer. Akeno sodomizada en la silla. Y todas y cada una de esas sensaciones invadiendo su cuerpo. Maravillosa e inexplicablemente podía sentirlo todo.

El anillo era un invento prodigioso. Runeas aún no le había dado el prometido. No se había completado el contrato pero había delatado su existencia… Y Gabriel sabía de ellos y al preguntar si disponía de alguno…

-¿Te complace?-

-No lo sabes tú bien, preciosa…- respondió el original, sentado en un extremo, desnudos como todos, acariciando el rostro de Gabriel, de rodillas moviendo sus impresionantes pechos sobre el miembro del demonio.

-Me alegro… ¿Quieres tenerme a mí también?-

-Mmm… No. Tu momento llegará con Sera y Runi… ¿Podrás esperar?-

-Por ti lo que sea…- exclamó la arcángel alegre cerrando los ojos, recibiendo una descarga de semen en su hermoso rostro –Lo que sea por ti, amor mío…-


-Complejo Himejima-

-¿Estás seguro?-

Su voz, seria, no daba lugar a dudas o interpretaciones. Suzaku Himejima quería que la información fuese precisa y fiable, contrastada y certera. No se podía molestar al anciano por absurdas banalidades.

-Los observadores han visionado un emblema extraño en la isla, señorita-

-¿En el interior?-

-Así es-

La joven dejó el pincel con elegancia en su reposo de madera blanca, suspirando.

-¿Alguien ha penetrado en la barrera?-

-No lo sabemos, señorita-

-Pero eso insinuáis-

-La barrera está intacta, pero también se ha visto un emblema bajo la cúpula-

-¿De qué casa? ¿Habéis podido reconocer de que facción era?- tomando de nuevo el pincel.

-Era rojo, quizás rosa, alguna tonalidad carmesí, señorita-

-Entiendo…- cerrando el envase de tinta.

-¿Se lo comunicará al anciano?-

-El anciano está ocupado con asuntos más importantes…-

-¿No se hará nada?-

-En absoluto. Esa isla es un enclave importante para la familia, por lo que yo misma acudiré a investigar… Sacerdote-

-¿Si, mi señora?-

-¿Quién más sabe de esto?-

-Solo los observadores y nosotros, señorita-

-Que siga siendo así. Al anciano no le gusta que esta información se propague sin control-

-Por supuesto, señorita, así se hará!-

Esperando paciente a que el sacerdote se marchase, Suzaku mantuvo el control hasta escuchar cómo se cerraba la puerta… Procediendo a gruñir con fuerza, golpeando el aire con rabia. Sacando su espejo con rapidez, la morena intentó contactar con su amante.

Rojo, carmesí, un emblema en el cielo dentro de una intacta barrera, tenía que ser Issei, el emblema Gremory. Se había activado la función identificadora de la barrera por algún motivo.

Nadie respondía. Era raro, Issei solía responder al instante, estuviese donde estuviese. Lo que la llevaba a pensar… ¿Y si no había sido él?

-DxD-

-Es muy pronto… ¿Seguro que es buena idea?- murmuró Lavinia, vestida de sacerdotisa sujetando su vara, observando el hermoso paisaje que ofrecía la luz del alba en lo alto de la montaña.

-Podríamos estar preparando el desayuno, nya… Esa humana cocina muy bien…- bostezó Kuroka adormilada sobre una enorme piedra, vistiendo un descuidado conjunto clerical.

Junto a ella estaba Ingvild, absolutamente dormida. Vestida como sus hermanas.

-¡A quien madruga, Odín la ayuda!- exclamó Rossweisse llena de energía, extendiendo los brazos. Idem.

-¿No es a quien madruga, Dios le ayuda?- respondió Issei girándose, mirando una enorme grieta en la montaña.

-¡Eso es una copia burda de nuestro dicho!-

-No sé yo…-

-¿Qué buscamos?- preguntó la bruja intrigada.

-Sigo dándole vueltas a aquello que dijisteis… Suou Himejima condenó a Shuri-okaa-sama y Akeno-chan a esta isla porque esperaba que sirviesen a alguien, y lo único algo que hay está aquí dentro, que es de donde emana todo el poder-

-Esta isla es un punto en la Línea Ley, amo. No tiene por qué haber nada, nya-

-¿Entonces porque las ha condenado a servir a algo que no existe?-

-¿A qué se supone que han de servir?- preguntó la albina.

-A un dragón-

-Nyahahaha! ¿Un dragón? ¿Aquí, nya?- inspeccionando la grieta, moviendo sus orejas, oliendo, intentando discernir alguna señal –No percibo nada, amo-

-Puede que hubiese algo en el pasado. Si los dioses no aceptaron su existencia… Issei. Has pensando en la posibilidad de que ellos te viesen a ti en ella?- preguntó Lavinia.

El niño la miró fijamente.

-Pues oye, tienes razón…-

-Odín podía ver en el futuro de las personas, podría ser, si- corroboró Rossweisse.

-Muy bien visto… ¿Y la existencia de una Línea Ley solo sería una coincidencia?- señalando la grieta y los alrededores vagamente.

-O una tapadera-

-Pero la cantidad de poder… Es un punto de Línea Ley, no hay duda…- murmuró Lavinia –Entonces sabemos que a esta Isla se le llama Isla del Dragón, que no tenemos más dragón que tu… A unas sacerdotisas que están destinadas a ser devoradas por una criatura que no existe… ¿Sigo?-

-Os adoro. Sois más inteligentes de lo que parezco. No sé qué haríais sin mí-

Lavinia sonrió, la asgardiana frunció el cejo molesta.

-Lo que digas, pero nos vas a ignorar…- dijo Lavinia.

-Va a bajar, nya…-

-Bien. Voy a bajar- sentenció el demonio.

-Si hay que bajar, bajaremos-

-No, bajaremos no, bajaré yo-

-¿TU SOLO?- chillaron todas al unísono.

-¡Eso es inaceptable!-

-Eso no es sensato!-

-¡No irás solo nya!-

-Soy tu guardiana!-

-No te dejaremos solo bajo niiiiinguna circunstancia!-

-Ya te puedes olvidar de eso, nya-

-Vale, vaaaaaale- dijo Issei alzando sus manos, buscando relajar a las chicas –La cantidad de poder es alta, pensad que pueda ser nociva, mi cuerpo lo soportará. Será mirar un poco y subir, nada peligroso-

-No!-

-Ni hablar!-

-No, nya!-

Negando con la cabeza Issei se giró, entrando lentamente en la grieta.

-Vuelvo en unos minutos chicas-

Sonriente escuchó como las chicas se quejaban airadamente… Hasta perderlas en la distancia.

Descendiendo, recorriendo angostos pasillos. Sus ojos de demonio veían con naturalidad en la completa oscuridad de la montaña. Sus manos acariciaron fríos pasillos de piedra humedecida. Pasillos que habían visto mejores días pero que habían sido tallados en la piedra viva.

Eventualmente el pasillo se vió obstruido por un derrumbe. Retrocediendo unos metros dio con un foso, algo que se había saltado antes. Un foso que se perdía en el abismo. Sin pensárselo se dejó caer. Dando un salto al vacío, Issei tocó suelo tras unos largos segundos. Legando a lo que parecía ser una cámara enorme. Una estancia hueca bajo la montaña. Fría, helada…

La montaña entera era un templo, tallado en la piedra. No reconocía nada, ni grabados ni símbolos. No podía relacionarlo con los Shinto. Con nada en realidad… Pero allí había algo más… La estancia no estaba vacía. Estaba llena de vida.

Issei sonrió. Kuroka se había equivocado. Si había algo… Cientos de huevos y un cuerpo gigantesco bajo un mar de hielo.

-Curioso… Muy curioso-

La barrera funcionaba perfectamente. No había duda. Tampoco se veían anomalías ni elementos que indicasen algún tipo de anormalidad. Akeno estaba en el templo, la percibía. El emblema se veía claramente en el cielo, pero no notaba la presencia de Issei. No con claridad. Dado el tiempo que pasaba allí y el cierre y hermetismo de la cúpula la presencia siempre era residual pero…

-¡!-

Si había una anomalía. Cuatro anomalías. Suzaku convocó uno de sus shikigami, alzando su mano, tomó la pata del sirviente artificial, dejándose trasladar con velocidad por la montaña. Alcanzando el terreno deseado, se soltó, escondiéndose entre los matorrales.

Alarmada, la morena vio a una joven en el claro, no muy lejos de una de las entradas a la montaña. Hermosa, joven y con orejas de gato en la cabeza, Suzaku se temió lo peor. Los youkai habían encontrado la manera de entrar en la barrera… ¿Entrando en la montaña? ¿Había alguna especie de túnel que conectaba la montaña con la isla principal? Era una isla! Como habían…

Preparando algunos conjuros sencillos, la morena abandonó la protección de la arboleda para moverse rápida, en silencio, hacia la nekomata. Sabía que sus sentidos eran agudos, su olfato fino, el oído delicado y sus ojos percibían lo sobrenatural…

La nekomata se giró, percibiendo claramente a la Himejima, parpadeando repetidas veces, ladeando la cabeza.

-¿Shuri? ¿Eres tú, nya? Te veo cambiada…-

Snif snif

-¿Por qué hueles a…- observando mejor sus ropas.

¡Una exorcista!

-¡M-mierda, nya!-

Suzaku no le dió opciones. Con dos sencillos movimientos de mano la nekomata estaba atada y amordazada en el suelo por tiras de pergaminos decorados con grabados de tinta negra. Revisando sus alrededores la exorcista hincó una rodilla junto a Kuroka, tomándola de la boca.

-¿Qué haces aquí? ¿Con quién has venido y que queréis…-

-MmMMmMmmm-

Retirando el conjuro que tapaba su boca, Suzaku se arrepintió al instante.

-¡Maldita zorra de mierda! Te vas a acordar de esto! Puton de mierda! Nya! Voy a liberarme y te entregaré a una banda de nigerianos para que hagan de ti su maldito juguete sexual después de…-

Volviendo a silenciarla revisó de nuevo los alrededores.

-¡!-

Girándose, saltó hacia atrás.

Kuroka rodó asustada, viendo múltiples estalagmitas de hielo hundirse junto a sus pies.

-¿Serias tan amable de liberar a mi compañera, por favor?- murmuró una joven de largo cabello rubio, sosteniendo una vara a paso lento.

-Una bruja…- sacando varios sellos de su chaqueta, convocando múltiples shikigami de papel -¿Qué hacen una nekomata y una bruja en estas tierras?-

-No es de buena educación hacer una pregunta cuando aún no me has respondido… Quizás prefieras marcharte…-

Lanzando sus shikigami, Suzaku juntó sus manos realizando unos sellos, murmurando unos mantras.

Moviendo su bastón, Lavinia congeló los shikigami antes de que la alcanzasen, girándose, apuntando con su arma a la desconocida, enviando una lanza de hielo.

Rompiendo el conjuro, juntó sus manos para crear un escudo, deteniendo a duras penas el ataque. Chasqueando la lengua, avanzó con velocidad, esquivando los pilares de hielo de la rubia. Deteniéndose frente a la bruja, lanzando un golpe con la palma abierta…

Lavinia se apartó, desviando el brazo con el bastón, girándolo con rapidez, convocando un pilar bajo los pies de la morena.

Irritada saltó hacia atrás, aterrizando antes de que el pilar alcanzase altura. Dando un paso al frente, desató su poder, lanzando una esfera de fuego.

Golpeándola, la bruja retrocedió, viendo como la morena se acercaba alternando golpes con mantras shinto. Refunfuñando, Lavinia saltó con fuerza, extendiendo sus alas de demonio, sorprendiendo a la joven. Su entrenamiento estaba dando sus frutos, pero no era rival para una luchadora experimentada, su poder demoniaco no era suficiente, por ahora. Tomando el anillo en entre sus dedos, Lavinia lo retiró, seria. Suzaku abrió los ojos incrédula, viendo como una muñeca blanca de apenas un metro de alto se formaba frente a ella, inclinándose lentamente, sus tres ojos brillando…

Una muñeca victoriana, extraña, con una aura muy bizarra.

Desesperada conjuró el emblema de su familia antes de que el brillo de la muñeca la alcanzase. Recibiendo el impacto justo a tiempo de defenderse. Derrapando decenas de metros, formando un pasillo de hielo.

Lavinia vio como la morena seguía viva, protegida por el calor de un pájaro de fuego. Aterrizando junto a la muñeca, Lavinia miró a su oponente. Una joven que desenvainó una espada ceremonial, bajó la poderosa sombra del Ave Bermellón.

-No sé qué clase de criatura eres o que es ese poder, pero te arrepentirás de haber pisado estas tierras- siseó la sacerdotisa shinto.

-No diré que fuimos invitadas, pero si fuimos bien recibidas… No creo que seas nadie para negar nuestra presencia aquí y aún tengo que castigarte por hacerle eso a Kuro-chan!-

-Una bruja defendiendo a una youkai…- murmuró la morena con veneno en su voz.

La muñeca alzó los brazos, convocando decenas de pilares de hielo. El Ave Bermellón extendió sus alas, chillando con un tono agudo.

Suzaku arrancó a correr, ágil, dejando que el pájaro alzase el vuelo.

Lavinia no se movió, esperando a que la chica llegase, golpeando con su bastón cargado de poder, esperando contrarrestar la espada envuelta en llamas de la exorcista…

-¡¿PERO QUE ESTAIS HACIENDO?!- chilló una voz aguda.

Dos sombras se interpusieron entre las jóvenes. Un muro de agua envolvió y apagó la espada. Un muro de magia detuvo el bastón de Lavinia.

Una cabellera plateada y una rosada detuvieron los ataques con eficiencia.

Suzaku desvió la mirada, más interesada en la voz, visualizando una enfadada y llorosa Akeno, en un rincón del claro.

-¡MI CAMPO DE FLORES!- chilló llorosa, golpeando el suelo con sus pies, frustrada.

-Ah… Perdón…- murmuró Ingvild viendo como su escudo de agua inundaba el suelo… Llenando el cráter que el impacto del golpe de Lavinia contra el escudo de Rose había provocado… En el centro de un campo calcinado y lleno de escarcha, por extraño que pudiese parecer.

El parterre de flores estaba acabado, absolutamente destruido.

-¡¿QUE ESTAÍS HACIENDOOOOOOOOOOOO?!-

-Akeno! Tienes que marcharte!-

-¿Marcharme? Después de ver el destrozo que le habéis hecho a mi campo! No! Exijo responsabilidades!-

-¿Qué?-

-Lo sentimos profundamente, Akeno-chan. Pero esta exorcista ha capturado a Kuroka y…-

-Akeno…- murmuró Suzaku bajando el arma, relajándose levemente, inspeccionando de nuevo a las chicas… Demonios, variopintas, todas excepcionalmente hermosas y con medidas imposibles. Demonios, chicas, hermosas, tetudas.

No puede ser… Verdad?

-Suzaku-onee-sama. Ellas son las esclavas de Issei!-

-Mierda- gruñó la Himejima.

Un rato más tarde Issei regresaría al campo, alucinando al verlo completamente destruido con sus esclavas más Suzaku de rodillas frente a una desatada Akeno chillando improperios… Y una Kuroka atada y amordaza en un rincón.

-¿Pero que pasa aquiiiiii? ¿Me marcho cinco minutos y mirad que hacéis?- acercándose a Kuroka, desatándola.

La nekomata se transformó en gata, escondiéndose en el interior de su chaqueta, asustada.

Akeno se giró al instante.

-¡Ise! Mi campo de flores!- lloró Akeno corriendo hacia él.

-No pasa nada, lo volveremos a plantar, más grande y más hermoso…-

-Pero…-

-Me puedo imaginar que…- alzando la mirada, el emblema de su familia –Al llegar con las chicas la barrera se ha activado, revelando al intruso, los espías de vuestra familia lo han visto y te temías… Lo siento Suzu-

-¿No es un poco tarde para pedir disculpas?- protestó la morena, malhumorada.

-No digas más… Esta es la famosa Suzaku Himejima…- murmuró Lavinia mirando fijamente a la morena.

-Exacto, lo has bordado-

-¿Soy famosa?-

-Es idéntica a Akeno-chan, era fácil…- continuó Rossweisse levantándose.

-Hemos oído hablar de ti, soy Ingvild, es un placer conocerte!- sonrió la pelirrosa ofreciéndole su mano.

-Suzaku, encantada… Lamento mi introducción pero Akeno es muy importante para mi… ¿Cómo has sido tan imprudente?-

-Estábamos en casa y hablamos de los sacrificios de las sacerdotisas e Issei se enfadó, por eso estaba en esa cueva, nya-

-Ts! Calla!- protestó Issei.

-Vinimos de prisa, y saltó la alarma- prosiguió Rossweisse.

-Y en lugar de quitarla, se lió a hablar con Shuri-dono- acabó Ingvild.

-¿Sabéis que? Os quiero, un montón, gracias chicas- gruñó Issei irritado.

Suzaku y Lavinia mantuvieron la mirada la una en la otra.

-Tú eres la candidata a Reina…-

-Soy la novia. ¿Quién eres tú?-

-Su primera sirvienta, la original-

Mirando a una y otra, Issei asintió claramente sorprendido.

-¿Celosas?-

-Celosas- admitió Akeno.

La mirada que le dedicó Suzaku podría congelar el infierno…

-DxD-

Shuri se retractaba. AHORA si estaba contenta. A la colección de hijas se le había unido Suzaku. Su preciosa sobrina Suzaku.

Aunque el ambiente estaba algo tenso. Issei atraía de alguna forma desconocida a muchas chicas, pero esa habilidad no se veía reflejada en la capacidad de retenerlas. Lo que lo hacía más intrigante si cabía. Lo lógico sería pensar que el paquete lo traía todo, pero no. Issei tenía la capacidad de atraer como un imán a su hija, pero ella no era un títere en sus manos. Se enfada y se enfadaban entre ellas.

-Usted se llevaría muy bien con Venelana-okaa-sama…- dijo Ingvild sosteniendo su taza de té sonriente.

-¿Venelana? ¿Quién es?-

-Mi madre- respondió el castaño intentando llamar la atención de Suzaku, que lo ignoraba completamente.

-Venelana-okaa-sama es muy atenta con nosotras. Nos llama sus "hijas". Es la madre que nunca tuve- admitió Lavinia con franqueza.

-Mi madre se aburre mucho, mil años de existencia y solo unos pocos hijos… Lo está pagando con ellas-

-¡No hables así de tu madre, desagradecido!- protestó la valquiria.

-Y mi madre se gana una legión de adeptas que le dan todo tipo de información de mí. Son espías encubiertas, mi madre es muy astuta. Ha vuelto a mis chicas contra mí-

-No será porque seas honrado y honesto con ellas que te dan la espalda- farfulló Suzaku irritada.

-Ouchhh! Eso ha tenido que doler- rio Baraqiel, escuchando algo agradable por primera vez.

-Pero no se equivocan, a mi madre le encantaría conocerte, Shuri-okaa-sama-

-Puede venir cuando quiera!-

-¿Mas demonios aquí? Ni de broma!- protestó Baraqiel.

-Hay otra opción…- empezó Lavinia, sin dejar de mirar a Suzaku -¿Por qué no vienen a casa Ise?-

-¿Mmm? ¿A casa?-

-No al castillo, a casa…-

-Mmm… Me gusta. Shuri-okaa-sama, mi preciosa Tenshi. Este humilde servidor os invita a su humilde morada a probar el delicioso te que prepara mi adorable brujita. Unas hojas importadas del Reino del Este, pura delicatesen-

-Que amable…-

-¿Solo ellas? ¿Solo a ellas?-

-Suzu. Tú tienes las llaves de mi casa. ¿En serio quieres que te invite?-

-¿Cómo que ella tiene las llaves?- chillaron las chicas con Akeno.

-E-eso no es relevante- murmuró la morena desviando la mirada.

-¿P-porque ella tiene copias y yo no?-

Metiendo una mano en el interior de su chaqueta, Issei le ofreció un juego de llaves con un llavero rosado.

-Siéntete libre de venir cuando quieras, preciosa-

-¡Pero que no sabe ni donde es!- protestó Suzaku.

-¡L-las cuidaré toda mi vida!- canturreó la menor asintiendo repetidas veces con la cabeza.

-Tampoco hay que llegar a tanto…-

-Ni te me acerques- gruñó Suzaku, cruzándose de brazos, dándole la espalda.

Con esas curvas no era buena idea ofrecerle esas vistas…

Issei acercó su dedo a su espalda, bajando por su columna.

-No-me-toques!-

-No seas tonta…-

Furiosa se giró con la mano alzada, dudando en si cruzarle la cara o no.

-Una misión! Una misión real! Con seres que odian a tu familia! A ti!-

-Estas preocupada…-

-¡Por supuesto que estoy preocupada!-

-Me duele, aquí- golpeándose el pecho con su puño repetidas veces –Que todos dudéis de mí-

-No te burles de mí!- chilló Suzaku acercándose a él, golpeando su pecho con el índice.

-¿Y tú que, pichoncito?- tocando uno de sus senos, la chica la apartó de un manotazo -¿Tu viaje al norte? ¿A dar caza a lobitos?-

-Iré escoltada, del cuerpo de elite de mi familia-

-Condenados inútiles-

-Y de las demás familias-

-Redomados inútiles-

-¡Son más competentes que esas fulanas!-

-¿Hablas de la que te ha obligado a convocar a tu pájaro mechero?-

-Estaba siendo indulgente!-

-Tonterías!-

Llorosa, se acercó a él, apoyando su frente en su pecho.

-Y si te pasa algo! Y si te pasa algo! ¿Qué haré yo?-

-Ah… Pues… Seguirás con tu vida, te harás lesbiana. Pasarás a hacer tijeritas con alguna preciosidad…-

Suzaku golpeó su entrepierna con la rodilla.

-J-JODER…- gruñendo adolorido.

-No quiero que vayas! No vas a ir!-

-No seas tonta…- acariciando su cabello.

-No soporto la idea de que te marches a un sitio donde yo no pueda estar…-

-Has de hacerte a la idea de que cuando llegue el día en el que me digas que estas embarazada me marcharé a por tabaco y no volveré…-

PAM

-OUCH!- gruñó Issei agachándose.

-No vas a ir. Olvídate de los Nebiros-

-Tengo que ir…-

Suzaku no se iba a dar por vencida. Nada ni nadie iba a sepáralo de él…


-Al día siguiente-

Recorriendo los matorrales con velocidad, cierta gata negra observó una caseta de madera blanca junto a una barrera ante una enorme valla metálica.

Avanzando con lentitud se dirigió a la puerta de la garita de seguridad.

-Miau…-

Su dulce ronroneo llamó la atención del guardia, que la miró con desgana.

-Mierda… ¿De dónde cojones has salido tú? Largo, saco de pulgas, largo!-

-Nyaaaaa!-

-¿No me has oído? Largo! Vete! Fuera!- vociferó el hombre, levantándose, caminando hacia el animal.

Mirando sus llamativos ojos amarillos, llamativos… Llamativos…

-¿Lo tienes?- preguntó una belleza rubia vistiendo un ajustado traje de bruja negro, cargando un bastón en mano, sosteniendo su amplio sombrero.

-Ha caído en la hipnosis, cuando queráis, nya-

-Sed profesionales, hemos de engañar a sus compañeros…- dijo Rossweisse con su armadura asgardiana modificada puesta, un pesado escudo en su espalda.

-¿Qué hacemos pues?-

-Solo que olvide que estamos aquí, que no tenga interés en entrar, algo así- mirando a su alrededor -¿Dónde está Issei? Casi es la hora-

Snif snif

-El amo está dentro-

-¿Qué?-

-Que está dentro, lo huelo. Nya-

-No puedes estar hablando en serio!-

-Y tú haces llamar guardiana, nya…- arrancando a correr, colándose entre las rejas.

-¡Kuroka! Dónde vas?- exclamó Rossweisse alterada –Ese no era el plan!-

-Issei también tendría que estar aquí… Vamos a hacer nuestra parte y a esperar a que llegue el camión…-

-¿Solo nosotras tres?-

-No teníamos que comprobar el contenido primero?- preguntó Ingvild acabando de manipular al guardia.

-¿En serio solo vamos a observar?- preguntó Rossweisse cruzándose de brazos.

-Issei no nos pondrá en peligro. Y dudo que haya nada aquí que lo suponga… Pero es imprevisible… ¿Dónde nos ponemos?-

Efectivamente, los Nebiros no eran soldados. Eran científicos, cautos y precavidos, habían elegido muy bien sus localizaciones para sus experimentos. Sitios apartados pero bien comunicados, considerablemente grandes pero ocultos en la espesura. Pero como no eran soldados, no valoraban la seguridad. Quizás pensaban que no llamando la atención pasarían desapercibidos. Tampoco eran exigentes con la seguridad contratada.

Entrar en el recinto había sido fácil. El personal, escaso, ni siquiera era sobrenatural. Eran humanos que dada la prohibición de poder entrar en las instalaciones habían hecho del perímetro, su hábitat. Tampoco había sido difícil encontrar el convoy. Siempre seguía la misma ruta, siempre operaba igual. No cambiaban nada. Sospechaba que los Nebiros no controlaban dicho servicio, que no eran conscientes de lo que ocurría en el exterior, solo estaban aparentemente preocupados de lo que sucedía dentro de los pabellones.

Alzando la mirada, los ojos rojos del demonio intentaron divisar algo en la lluviosa noche invernal. Relajado sobre la gruesa rama de un árbol, sus dedos acariciaban a Yamato. Pensativo.

RAS RAS PAM

Sonriente, cierta pelirroja aterrizó en la misma rama, frente a él. Chaleco negro, guantes, pantaloncitos y botas altas, pero lo más característico era un antifaz blanco decorado por dos coletas de intenso cabello rojo.

-Confirmadísimo. No hay guardias, los que hay los tienen en los puestos perimetrales… Están demasiado confiados en que nadie se atreva a entrar…- dijo la demonio encogiéndose de hombros.

Issei no respondió, solo volvió a desviar la mirada, enfocando el lujoso edificio. Cuatro plantas, piscina, una plaza con fuente en la entrada…

-Te lo había dicho… Que poca fe me tienes- gruñó Serafall junto a él, vestida de blanco, lo opuesto a la pelirroja.

Curioso extendió su mano, acariciando su cabello.

Serafall se había teñido las puntas de azul, recogiéndose su melena con un coletero.

-¿Me queda bien?-

-¿A qué viene ese cambio?-

-¡Estoy de incognito! Nadie me puede reconocer! ¿Verdad que apenas se me reconoce?- exclamó la demonio haciendo el símbolo de victoria junto a su rostro.

-Idiota, siempre haces eso! ¿Cómo no te van a reconocer?-

-Pues me he esforzado… He traído hasta una espada para no usar el bastón…-

Issei negó con la cabeza.

-Me la habéis jugado enanas! Y os saldrá bien caro!-

-No llores, nenaza- rio Runeas.

-Voy a romperte el culo, escucha lo que te digo…- volviendo su atención en la mansión –En cuanto lleguen los niños veremos a donde los llevan, nos llevamos a los que hayan traído, a los que tienen y a otra cosa-

-¿No vas a hacer nada más?-

-¿Algo como ajusticiar a todos los malos malísimos?-

-Algo así, si-

-Ni hablar. No voy a exponer las vidas de Lavinia y Kuroka en peligro. Si queréis intervenir, hacedlo, os dejo-

-Tendrías que empezar a tomar la iniciativa…-

-Pues mira, para una vez que me considero un buen Rey y velo por ellas ahora os ponéis protestonas…- cruzándose de piernas –Estoy aquí para garantizar la educación y la seguridad de mis chicas, encima queréis que haga que?-

Sonriendo divertida, Runeas ladeó su cuerpo, el sonido de un motor llamó su atención.

Recorriendo el perímetro lentamente, una pesada camioneta carrozada se detuvo frente a la mansión. A los pocos segundos las puertas del inmueble se abrieron. Dos demonios se dirigieron a la furgoneta, hablando con el conductor, abrieron las puertas traseras.

Chillidos, chillidos ahogando el sonido de la lluvia, e Issei frunció el cejo. Runeas sonrió.

Los hombres empezaron a desalojar el vehículo. Niñas, niñas humanas vestidas con harapos, encadenadas. Magulladas. Chillando asustadas se abrazaban unas a otras. Chillidos retumbaban por el jardín…

Los ojos azules de Runeas se encontraron con los rojos de Issei.

-Entonces va en serio que no pensáis hacer nada-

-No es que no podamos…-

-Tienes a tus queridos Nebiros ahí abajo, preciosa-

-Pero los demonios no sabemos si son Nebiros…- volviendo a mirar la residencia.

-No me jodas. Mira el uniforme-

-Puede ser robado. ¿Y si quieren incriminar a esos cabrones?-

-Runi… No me calientes-

Runeas se quedó en silencio, escuchando el agua de la lluvia. Serafall miraba a Issei.

-No voy a decirte que tienes que hacer pero piensa en…-

-No te atrevas a decirlo. No me digas que haría si Rias fuese una de ellas, o Akeno o Irina- señalando la casa –En su lugar decidme que hago aquí-

-¡!-

-Me habéis hecho venir aquí por algo. Eres mi amante y mi prometida. No lo cuestiono, me llegó, lo acepto, no me quejo. No tengo tanta libertad como creéis y esto es gordo. No voy a poner en riesgo mi libertad, sabes lo mucho que significa para mí. Akeno es una de tus hermanas. Más de tus hermanas están ahí abajo, jugándose su vida sin estar preparadas. Así que si lo entendéis, que lo hacéis, os lo repetiré una última vez. Que hago aquí-

La fundadora Gremory lo miró, serena. Sin risas, ni bromas. Cruzando su mirada con la antigua Sitri. Ambas asintieron.

-Sabemos que estas niñas tienen poder sagrado. Por ese poder son secuestradas y puestas a la venta. Llevamos siglos siguiendo su pista, pero movilizar al Gobierno es demasiado llamativo. Y no podemos permitirnos perderles la pista, hay demasiado en juego- dijo Serafall.

Issei miró a Serafall extrañado.

-Entre nosotros no hay secretos. ¿Lo recordáis?-

Serafall exhaló exasperada.

-Los Nebiros son peligrosos… No porque sean fuertes. Son científicos… Y crearon auténticas monstruosidades en el pasado…-

-¿Y?-

-Una de esas monstruosidades… Son un peligro como ningún otro. Llevan desaparecidas desde hace milenios… Si están aquí, si las están alimentando con ellas… Hemos de saberlo-

-¿Por qué?-

-Porque tienes una Longinus y tarde o temprano te matarán. Y no puedo permitirlo-

-¡!-

¿Le iban a matar por tener una Longinus? ¿Qué tontería…

La voz de la pelirroja era sincera. Lo percibía. Aunque traviesa como ella sola, seguro que había algo más.

-¿Por qué yo?-

-Porque si dentro esta lo que pensamos… Reaccionará a ti, de lo contrario no sabríamos si es auténtico-

Fuese lo que fuese que había dentro era lo suficientemente importante como para exponerle, un peligro lo suficientemente letal como para que Serafall y Runeas, ambas demonios escondidas de la sociedad, se atreviesen a exponerse al mundo.

Issei agarró a Yamato con fuerza. A quien pensaba engañar. No podía dejar sola a esas niñas pero lo lamentaba… No pensaba exponer la vida de sus chicas.

Runeas y Serafall desaparecieron. Ellas no habían estado allí.

Chasqueando la lengua, mirando fijamente el edificio.

-¿Tu qué crees?- ladeando la cabeza, enfocando a una joven de cabello negro, vistiendo el traje de sirvienta Gremory. Chaquetilla, pantaloncito corto y botas altas. Su rostro cubierto por una máscara de dragón.

-Que tienes unas compañías encantadoras-

-¿Aparte de eso?-

-Son niñas, anata. ¿Aprobáis estas cosas ahí abajo?-

-Por supuesto que no… No somos monstruos-

-Te dije que no era solo observar. Quien te ha dicho que vinieses te conoce. Eres un cachorrito incapaz de dejar a esas niñas a su suerte…-

-Ñeeee… Que hacer, que hacer… ¿Te he dicho lo bien que te queda mi uniforme?-

-Anata…- advirtió la morena.

-Lo digo en serio, te queda perfecto… ¿Te lo quieres quedar?-

La morena respondió cambiando el cruce de piernas, sensual, sobre la gruesa rama.

-Quiero que te quedes aquí-

-No pienso hacer eso-

-Suzu…- murmuró el chico con afecto.

-No he venido de visita, he venido a garantizar que no te ocurra nada. Desde aquí no puedo garantizar nada-

-Si te pasa algo, si descubren que estas aquí-

-Afrontaré las consecuencias- incorporándose, cambiando de rama de un pequeño salto, quedando frente al chico, de cuclillas –Lo digo en serio, anata-

Asintiendo levemente el dragón acarició algunos de los mechones de cabello de la morena, decidiéndose, dejándose caer al suelo. La chica lo siguió al instante.

La lluvia no cesaba… A los pocos segundos cuatro figuras se colocaron a su costado.

-¡Issei! Niñas! Son niñas!- chilló Lavinia de rodillas, visiblemente emocionada.

-Lavi, escu…-

-¡Es cierto que hay niñas! Son inocentes! ¿Has visto sus caras? Tenemos que hacer algo, nya!-

-Tu código de honor debe estar haciendo sonar su alarma! Porque tienes código de honor, verdad?-

-Valquiria, te lo repito, soy un demonio, no esperes esas cosas de mí-

-Esas niñas podrían acabar como yo…-

-¿Dormidas?-

Las chicas empezaron a protestar.

-Basta! Basta!- protestó el dragón alzando sus manos –Basta!-

-¡No podemos dejarlas solas!- exclamó Lavinia, seria.

-La cosa se pondrá fea, no estáis preparadas…-

-¡Eso no importa!- respondió la nekomata –Son cachorros, nya!-

-Antes de que entremos… Tengo motivos para pensar que lo que les están haciendo no es algo agradable… ¿Estáis preparadas?-

Lavinia, Ingvild, Rossweisse y Kuroka asintieron con fuerza.

-Muy bien preciosas… Os quiero bien cerca de mí. No me lo perdonaré si os pasa algo… Lo que hablamos, haced lo que os diga…-

-¡Sí!-

Girándose lentamente, buscó la aprobación de la joven enmascarada, que asintió decidida. Convencido, desenvainó lentamente a Yamato. Acercándose a la mansión, incrementando el ritmo gradualmente…

Encendiendo su cigarrillo, el guardia inspiró con fuerza. Soltando el humo almacenado en sus pulmones.

-¿Cuando llega el siguiente cargamento?-

-Unos días, la reliquia tardará unas horas en procesar sus fluidos, eso lo saciará temporalmente-

-No me gustan estos turnos…-

-¿De qué te quejas? No hay trabajo más sencillo que este. Y la paga no es mala ni mucho menos…-

-…-

-Y aquí estamos a salvo del gobierno y…-

Los guardias se separaron de sus apoyos, mirando incrédulos como un joven vestido de negro, cubierto por una chaqueta larga se movía por el patio frontal. Jugando con los charcos de agua, unos auriculares en la cabeza, dando saltitos y bailando ridículamente.

Ignorándolos por completo. Sin poder escuchar sus gritos de advertencia…

-Puto imbécil! ¿De dónde ha salido ese idiota?-

-Ve a por él, no estoy para…-

Girándose para ver porque no acababa la frase, el guardia se horrorizó al ver una espada oriental clavada en su pecho, empalada en la piedra de la pared. Una espada que se desvaneció en un destello.

Volviendo la vista al frente vio al desconocido en el aire, frente a él.

-¡!-

Aterrizando en el patio frontal, sin girarse, Issei no escuchó como el cuerpo del otro guardia caía al suelo.

Desconocía las capacidades de esos soldados, él era solo un niño con mucho entrenamiento, pero ante la inferioridad y la duda la mejor estrategia era la sorpresa. Sorpresa y contundencia.

Quitándose los auriculares, abrió las puertas de par en par.

-A buscar a las niñas, chicas-

Apenas tuvieron tiempo para reaccionar.

Kuroka se movió ágil, silenciosa, por los pasillos superiores, destrozando con contundentes golpes a todo hombre o demonio con el que se cruzaba.

Uno de los salones principales quedó absolutamente congelado, con todos sus integrantes dentro.

La enmascarada y la asgardiana limpiaron lo que quedaba de planta principal.

-Issei…- murmuró Ingvild paseándose por la planta baja, bastón en mano –Aquí no hay nada pero los ascensores descienden y noto múltiples presencias bajo tierra…-

-Hay escaleras que bajan, y no hay parquin- añadió Rossweisse crujiéndose los nudillos.

-Aquí no hay nada, anata. Es un inmueble civil, donde hacen viva los soldados y poco más… No es lo que buscamos-

-¡Amo, no hay nada arriba!- exclamó Kuroka saltando por encima del pasamanos, dejándose caer a los brazos de su amo, contenta -¿Lo he hecho bien, nya?-

-De maravilla, Kuro- besando sus labios dulcemente antes de dejarla en el suelo.

-Quiero una vía de escape y de transporte. Preparad unos cuantos círculos de transporte para las niñas, en cuanto acabemos bajaremos. Kuro, Rose, vigilad las puertas. Suzu, tú y yo a las escaleras y ascensores. Ingvi, Lavi, cuánto necesitáis?-

-Unos minutos-

-Pongámonos pues…-

-DxD-

Los ojos amarillos de la niña no podían procesar más información.

Sangre.

Muerte.

Una niña que no conocía, no sabía su nombre, no había podido hablar con ella, no entendía su idioma… Yacía muerta frente a ella.

Su cuerpo, inmóvil, estaba suspendido en el aire por docenas de cables grisáceos, ahora amarillo intenso, transportando el don de la infante, traspasando el poder sagrado de su cuerpo al cristal. Los cables la unían a una enorme estructura de piedra rojiza. Tras acabar de absorberlo, el cristal emitió un leve destello y los cables apartaron la carne muerta como si de basura se tratase.

Acompañando las decenas de cuerpos esparcidos por el suelo. Ella misma pronto los acompañaría. Ella pronto sería un cadáver. El hombre se acercó a ella, tirando del collar que tenía atado al cuello, con fuerza, sin miramientos. Alzándose a trompicones, avanzó como pudo, con sus pequeños pies encadenados.

-¿Me hablabas de esta?- preguntó el otro, de pie frente a una especie de pantalla.

-Mira sus niveles… No es una humana normal-

Con cierta reticencia dejó sus cosas para acercarse a ellos, sacando algo de su túnica blanca, pasándola a centímetros del pecho de la niña.

-Vaya vaya… No te falta razón…-

-¿Qué es? ¿Una reliquia?-

-Es un artefacto sagrado, pero no una Sacred Gear… Sea lo que sea es intenso, muy poderoso, él estará muy complacido…- volviendo a la pantalla.

Asustada, avanzó empujada por el hombre. Temblorosa se encontró frente al cristal, con decenas de cables avanzando tentativamente hacia ella. Cerrando sus ojos, alzó los brazos.

-Por fin esta miserable vida llega a su fin…-

La resignación final. Su último aliento en esta vida que no había sido más que miserable. Por fin sería feliz, dejaría de sufrir, se marcharía dejando atrás un mundo que nunca la deseó…

RAS RAS RAS

CLANC

-¡!-

-Solo lo voy a decir una vez… ¿Qué cojones es eso?- exclamó una voz masculina, desconocida, informal y aguda. Joven.

Abriendo los ojos, la niña vió que frente a ella había otra figura, un joven, mayor que ella, vestido de negro, elegante. Portando una espada extraña.

Más ruidos llamaron su atención.

Uno de los hombres estaba clavado en la pared, empalado por estacas de hielo. Al otro extremo de la sala había una mujer, también de negro, sosteniendo un bastón negro. Una joven de largo cabello rubio y mirada fría, fría como el hielo.

El último estaba suspendido en el aire, encerrado por una esfera de agua, intentando nadar… Rindiéndose tras unos segundos. Una joven de largo cabello rosado se acercó a él, mano alzada.

Una joven morena caminó hasta alcanzar al joven frente a él, abrazándolo sensualmente del brazo, recostándose contra él.

-Fácil, fácil, fácil… Nya!-

-No te confíes, preciosa. Eran científicos, no luchadores- dijo otra chica, con su rostro cubierto por una máscara –Y sepárate de él. Podrías actuar de forma profesional-

La nekomata le sacó la lengua, sin separarse del chico.

-Aunque eso no explica porque apenas había tan poco personal de seguridad…- añadió una joven albina, vestida con una armadura resplandeciente.

El desconocido envainó su espada, mirando los cables, que permanecían alejados, retrocediendo hasta incrustarse de vuelta al cristal mayor.

-Ala, ala… ¿Qué… que es esta piedra?- preguntó Lavinia.

-¿Me lo preguntas? ¿No lo sabes? Nya-

-¿Cómo voy a saber qué es?-

-Eres de por aquí, pensaba que lo sabrías!-

-¿No has visto nada parecido en el Reino de Oz?- preguntó Issei mirando a la rubia.

La bruja negó con la cabeza.

-¿A mí no me preguntas, nya?-

-Es la primera vez que veo algo así…- dijo la pelirosa.

-Tampoco he visto nada similar en Asgard…-

-No es una reliquia sintoísta, tampoco budista. Dudo incluso que sea humana, anata-

Acercándose a la piedra, el dragón empezó a tocarla con la vaina de la espada, repetidas veces. No reaccionaba… Aunque estaba claro que era de lo que hablaban las dos traviesas diablas… Mirando a su alrededor, Issei frunció el cejo, quitándose la chaqueta se acercó al niño, el último superviviente.

Al verlo venir cerró los ojos, encogiéndose… Sorprendiéndose al sentir calor sobre su cuerpo, sobre su piel. Abriendo los ojos, extendiendo sus manos, sintió la chaqueta sobre sus hombros.

-Ale ale… Ya ha pasado todo…- murmuró Issei acariciando su cabello.

El niño lo miró fijamente.

-No mires a ningún otro lado, solo mírame a mi…- dijo el joven, castaño, de intensos ojos rojos.

-Desde luego como mire a cualquier lado… Que carnicería… Nya-

-Kuroka! Un poco de consideración!-

-Bueno, perdona…-

-Mucho me temo que los preparativos no serán necesarios… No hay nadie a quien transportar, anata-

La enmascarada se llevó una mano al pecho. ¿Ese sería el día a día de su amado como Príncipe demoniaco? Moverse entre montañas de cadáveres?

-Pues yo he visto cosas peores…- dijo Issei levantándose lentamente.

-Issei… ¿A esto te referías?- preguntó Lavinia acercándose a él, mirando el montón de cadáveres –Les han extraído algo… Que atrocidad…-

-El poder sagrado, brujita, les han quitado el poder sagrado… Mira sus cuerpos, están secos…- dijo la enmascarada –Esa maquinaria podría tener la respuesta… O al menos darnos alguna idea-

-Rose. ¿Le echas un vistazo?- ordenó Issei.

-Veré que puedo hacer…- dijo la albina inspeccionando el material de los demonios.

-Mientras tanto… Lavi, por favor. ¿Puedes sacar a este crio de aquí? El niño tendrá familia…-

-No- respondió el niño, hablando por primera vez.

-¿No? ¿Cómo qué no? No me jodas…- gruñó Issei.

-Ese vocabulario, que es un niño…-

Acariciándose la sien, el dragón farfulló molesto.

-Al menos no había ningún demonio superior y hemos podido hacerlo todo sin… Bueno, salvo este huérfano, contratiempo…-

"Suministro interrumpido. Fuente de alimento cesado. Sin respuesta automática"

-¡!-

Los demonios se giraron, buscando el origen de la mecánica voz.

-¿Qué cuernos… Que ha sido eso?- preguntó Issei.

-Pero que gafe eres…- rió Lavinia.

-Para que hablas, nya…-

-Anata por favor-

-Cada vez que habla sube el pan- murmuró Rossweisse cesando su actividad.

-No es culpa tuya, Issei. Tu gafe es incontrolable- dijo Ingvild cálidamente.

-Silencio! Silencio!- protestó Issei.

"Interrupción de suministro. Activando protocolos. Traspaso de información a la red central… Traspaso de información a la red central…"

-Que… ¿Es el cristal? ¿Está hablando?-

Serio, el dragón se colocó frente a la niña, agarrando con fuerza su espada.

"Más información… Más información obtenida"

-¿?-

"Se detecta fuente cercana. Amenaza detectada. Amenaza detectada"

-¿Amenaza?- preguntó Issei sin moverse.

"Huésped detectado. Huésped detectado. Analizando. Analizando"

-¿Qué está diciendo? Nya!- preguntó Kuroka confundida. Asustada.

Issei alzó el índice, sereno.

-Creo que ahí está la tan deseada reacción…- avanzando unos pasos.

"Identificado. Identificado. Huésped de amenaza reconocido"

-…-

"Longinus de clase Media. Longinus sapiente, portadora de un espíritu guardián. Espíritu reconocido… Ddraig Goich. Longinus reconocida. Boosted Gear. Boosted Gear. Informando. Informando. Huella demoniaca reconocida. Boosted Gear ha despertado en Issei Gremory. Informando. Informando"

-¡Es imposible!- exclamó Issei -¿Cómo lo…?-

"Longinus de clase Media. Avatar Independiente, portadora de un espíritu elemental. Reliquia reconocida. Absolute Demise. Absolute Demise. Informando. Informando. Huella demoniaca reconocía. Absolute Demise reencarnada en demonio bajo la firma de Issei Gremory. Informando. Informando"

-Que cojones…-

"Longinus de clase… Longinus de clase desconocida… Reliquia desconocida. Potencial elevado. No hay datos. No hay datos. Informando. Informando"

Issei miró confundido al cristal.

¿De que hablaba?

El cristal volvió a mover los cables, girando con fuerza, golpeando al dragón que pese a desviar algunos de ellos, acabó siendo alcanzado. Estrellándolo contra la pared con fuerza. De varios golpes más, veloces como un rayo, Lavinia. Ingvild y Kuroka acabaron junto a su amo.

La enmascarada aguantó con dificultad, espada en mano.

Rossweisse se colocó frente al niño, protegiéndolo a duras penas, retrocediendo varios metros con el niño en brazos.

Levantándose lentamente, Issei se recogió algo de sangre de la boca. El golpe, rápido y ágil, también había sido muy fuerte. Mirando a lado y lado, sonrió orgulloso al ver a las chicas incorporarse junto a él, colocándose en posición.

Mirando a Rossweisse, la instó a no moverse, el niño era suyo.

Convocando a Yamato la desenvainó, apuntando la hoja hacia el misterioso cristal. Kuroka envolvió su cuerpo con energía mientras Lavinia los envolvía con pilares de hielo… Ingvild preparó unos escudos de agua. No detendrían los látigos, pero reducirían su velocidad.

El cristal no se movió, enviando sus cables para sorpresa del dragón, contra el niño. Apartando a la albina como si fuese un trapo sucio. Horrorizado, Issei vio como los cables envolvían su delgada figura, sosteniéndolo en el aire. Negando con la cabeza, dio su vida por perdida.

Saltando, cortó los cables, recogiendo el cuerpo al aire.

Más cables volaron hacia él. La valquiria se interpuso. Hundiendo el escudo en el suelo, activando su magia. Recibiendo el impacto con determinación, retrocediendo, acabando en las manos del dragón.

El resto, atravesando los discos de agua, fueron desviados con habilidad por la enmascarada.

-Jejeje! Te dije que aguantaría…-

-Infinitas gracias, valquiria!- exclamó Issei, separándose. Blandiendo su espada, le entregó su poder, dejando que brillase con intensidad. Alzándola.

-Cobertura!- rugió Issei avanzando.

Lavinia, Kuroka, Suzaku e Ingvild se movieron veloces. En cuanto descendió la hoja, las barreras mágicas se partieron por la mitad. El intenso poder demoniaco de Ingvild, respetado enormemente por Chysis Gremory envolvió el cristal en agua. Concentrando el poder para congelar de su reliquia en apenas unos metros cuadrados, la magia de Lavinia congeló cada molécula de vidrio mágico. Reuniendo todo el poder en su puño, Kuroka lo dio todo contra el hielo, desintegrándolo por completo, agrietando el cristal… Finalizando su mantra, la enmascara liberó su jutsu. Envolviendo el cristal en inmensas llamas anaranjadas. Atravesando las grietas, atacando el núcleo hasta fragmentarlo y consumirlo, liberando una potente explosión.

Los ojos de la niña registraron cada momento incrédula. Maravillada. Fascinada hasta que la valquiria la protegió con su cuerpo, privándole de campo visual.

Dejando pasar unos segundos, el castaño parpadeó… Visualizando el resultado.

-Mierda… Nos hemos cargado… Nos hemos cargado la prueba…-

Las chicas lo miraron confundidas, antes de gruñir con fuerza.

Acariciándose la sien, el dragón pensó el siguiente movimiento lo más rápido posible. Curioso, vio un dispositivo en una de las mesas. Tomándolo entre sus manos, reconocía las letras, el dispositivo era un medidor. ¿Pero un medidor de qué? Mirando a las niñas muertas en un rincón, luego al niño… Lo encendió y se acercó a él. Los indicadores de la maquina se dispararon, alcanzando el máximo.

-Con eso… Medían el poder de dios en nosotros…- respondió el niño a la pregunta no formulada.

-Entiendo…-

¿El niño tenía el máximo cuantificable de poder sagrado en su interior? ¿El valor necesario como para ser de interés para esta gente? Interesante…

-Muy bien chicas… Nos vamos!- exclamó Issei –Lavi, preciosa, nos llevas a casa?-

-¿Ya? ¿Nos vamos?-

-¿Nos marchamos antes de que lleguen los refuerzos? Esta gente no es idiota y ese cristal era valioso y ha transmitido información. Nos vamos!-

-¡Sí!-

-¿Rose? ¿Ingvi?- preguntó Issei mirando hacia atrás.

-Nos ponemos con el circulo!- respondieron las chicas.

-Muchas graaaacias-

BRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR

Girándose, los demonios miraron como una enorme cantidad de poder mágico surgía de los cristales rotos. Formando una esfera de poder mágico.

Múltiples proyectiles de energía volaron hacia Issei.

Rossweisse se volvió a colocar en medio, deteniendo el ataque con dificultad.

Concentrando poder, la esfera liberó una poderosa onda expansiva que tumbó a todos los presentes. Lanzándose a un lado, Issei tomó al niño entre sus brazos antes de estrellarse contra la pared. Incrédulo alzó la mirada. La esfera emitía un poder inconmensurable. Un poder no solo intenso, sino que también peligroso, peligroso para él.

Sentía su reliquia temblar de arriba abajo.

Volviendo su mirada a las chicas, esparcidas por la sala, derrotadas. Tenía que sacarlas de allí… Sacarlas y darles tiempo para…

ZUMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM

Un destello de luz le cegó unos instantes.

Alzando la mirada sonrió enormemente al ver una figura de largo cabello rubio e impecables alas blancas. Alzando sus manos, concentrando su poder, Gabriel liberó un torrente de poder sagrado sobre la esfera. Aullando de dolor con una voz irreconocible, la esfera intentó combatir. A los pocos segundos la luz la consumió, desintegrándola…

Alzándose, con el niño en brazos, nunca había estado tan contento de ver a su ángel de la guarda.

Sonriendo hermosamente, Gabriel acarició su rostro con afecto.

-Me gustaría tener un tiempo para nuestra reunión… Pero tenemos que irnos…- volviendo su mirada hacia atrás. Tras eso, convocó unos círculos de transporte en todas las chicas para desvanecerse.

Las prisas de Gabriel no fueron suficientes.

No estaban solos.

Una demonio la observaba desde lo alto del pabellón de investigación.

-Esa era… Así que Ingvild ha despertado… Mi dulce prima… Que alegría. Que maravillosa noticia! Ardo en deseos de hablar íntimamente con ella…-

-DxD-

Jadeante, de rodillas, Issei alzó la mirada, mirando a su alrededor.

Rossweisse, Ingvild, Kuroka, Lavinia… Estaban todas con él.

Sentándose en el suelo, liberó un fuerte suspiro antes de enfocar a la hermosa Arcángel flotando frente a ella. Grácil, radiante como siempre.

-No sé cómo agradecerte tu intervención…-

Gabriel solo sonrió, contenta. Descendiendo su mirada. Extrañado miró a su costado. No se había dado cuenta de que tenía algo enganchado en su chaqueta…

El niño superviviente lo estaba agarrando con fuerza.

-No me jodas-


-Residencia Gremory – Japón-

El niño permanecía en silencio, siguiéndolo allá donde iba, sin soltarle. Quizás tenía miedo de que se marchase y le dejase solo… No se lo podía cuestionar ni criticar. A saber cómo lo había pasado desde que dejó su hogar, cayendo en manos de los Nebiros…

Lavinia e Ingvild estaban en los baños principales. Despreocupadas, lo cierto es que se parecían… le habían dejado el marrón para irse por su cuenta. Aunque conociéndolas, no compartían su visión de marrón. Confiaban en él y los esperaban en los baños. También podía ser que estaban fascinadas con la presencia de Gabriel.

Y por cierto. Trio de inocentes, despreocupadas e ingenuas bellezas… Juntas podían ser un show. Kuroka no contaba. Hacia lo que quería cuando quería y la valquiria… No sabía dónde estaba.

-Suelta, venga va…-

El niño negó con la cabeza.

Rascándose la nuca, lo miró detenidamente. Sus ojos amarillos, tan antinaturales como su propio cabello azulado le devolvían la mirada sin la menor de las dudas. Su rostro, sucio, no reflejaba expresión alguna.

Rostro sucio, cabello sucio, ropa sucia.

-Estas fatal… Vamos, nos vamos a dar un baño-

-¿?-

-Nos vamos, a los baños, ahora- tomándolo de la mano, dirigiéndose a los enormes baños del sótano –Verás, mis novias tienen maneras extrañas de hacer… Confunden la enfermería con los baños por lo que ahora mismo están revisando si hay heridas y como Gabi está presente se curarán en un pensamiento… Y a ti también te han de revisar-

En el vestuario, el dragón empezó a desvestirse, mirándolo por encima del hombro.

-Tú también, quítate la ropa. Déjala ahí… La lavaremos por si acaso, pero lo más probable que la tire… Te prestaré algo mío. Mañana te compraremos algunas prendas nuevas-

-¡!-

-¿A qué esperas?- preguntó quitándose la camisa.

El niño dudaba, mirando a lado y lado.

¿Estaba nervioso?

-Vamos… Cuanto antes empecemos antes acabaremos-

-P-pero…-

Era raro. Hasta ese momento había sido extremadamente obediente.

-Vamos, ambos somos chicos. No pasa nada!- inclinándose, quitándole la camisa… El niño se resistió a quitarse los pantalones, sonrojado –No seas tonto!- superándolo en fuerza, bajó los pantalones del niño junto con la ropa interior.

Parpadeando repetidas veces, Issei rio divertido.

-¡Anda! Si eres una…-

La niña, llorosa, intentó taparse, agachándose.

Rash

La puerta se abrió tras él, revelando la figura de una imponente Asgardiana.

-Rose, sabias que…-

PLAF

-¡DEGENERADO!-

-¿Cómo te atreves a hacerle eso a una chica? Animal!- protestó asgardiana abrazando a la niña que, maravillada, observaba embobaba los enormes senos frente a su rostro.

-Jijijiji. ¿Te pensaste que era un chico?- rio Lavinia acariciando la espalda de la niña, calmándola.

-Yo y todos- gruñó Issei estirándose en la bañera, colocando una toalla húmeda en su cara.

-¡Noooooooooo! Solo tú!- sonrió Ingvild.

-Eso no te lo crees ni tú, nya-

-¡Que sí! Te lo juro!-

-Anda que me voy a fiar de la palabra de un demonio…-

-Tú también eres un demonio!- protestó Ingvild inflando los mofletes.

-Gabriel, amor mío… ¿Cómo están tus hermanas?- mumuró Issei retirando su toalla, levantándose, caminando hasta cada una de ellas.

-A-aléjate! Que estoy desnuda, idiota!- protestó Rossweisse hundiéndose en el agua.

-Solo precisan mimos y descanso. En unos días estarán al 100% de nuevo- respondió la arcángel.

-Perfecto…- susurró Issei acariciando el rostro de Lavinia.

-¿Cómo te llamas, pequeña?- preguntó Gabriel sentándose frente a la peliazul.

Llena de curiosidad, la niña miraba sus labios, ladeando la cabeza.

-No hablas italiano… Pero te entiendo…- dijo la niña confundida.

La puerta se abrió, cerrándose a los pocos segundos. Llamando la atención de Issei.

Una belleza morena entró en los considerables baños, cubriendo su modestia con una toalla de mano.

-Fiu fiu…- silbó Issei.

Suzaku le devolvió una mirada fría, conteniendo su enfado.

Un enfado motivado y alimentado por la existencia de media docena de bellezas desnudas en el mismo punto cardinal. Mujeres con las que había intimado, con todas.

Golpeando el espacio junto a él, Suzaku se sentó junto al castaño.

-Sin toalla, las toallas están prohibidas-

Suzaku apartó su toalla sin miramientos ni pudor. Exhibiéndose ante las presentes. Solo la arcángel tenia mejores medidas, pero solo la Emperatriz podía competir a nivel emocional. De entre todas, ella era quien estaba más cerca de él.

Con una mirada superlativa, llena de confianza y soberbia, Suzaku miró una a una a todas las esclavas. Marcando territorio.

Relamiéndose los labios se agachó, tomando el rostro del dragón, introduciendo su boca entre sus labios en un intercambio lascivo de saliva.

Complacido, la tomó en brazos, introduciendo todo su cuerpo en el agua, dejándola a su lado. Con una mano sobre el hombro femenino, tomando uno de sus senos, Suzaku apoyó su cabeza en su hombro.

-¿Italiano?- preguntó Issei mirándola con curiosidad -¿Eres italiana? Vaya, como Irina…-

-¿Quién es Irina?- preguntó la peliazul girándose inmediatamente… acercándose al dragón, quedándose a su lado, el opuesto a al morena, que la miraba con curiosidad.

Mirando como magreaba su seno se fijó en el suyo. No había comparación entre ellas…

Kuroka, sentada en el suelo tras Issei, la miró enseñando sus dientes, molesta por su cercanía.

Gabriel infló los mofletes molesta. ¿La había ignorado?

-Es una amiga querida de mi infancia. Está lejos, la añoro-

-Te llamas Issei-

-Así es. Issei Gremory-

-¿Quiénes son?- preguntó tocando su brazo.

-¿Ellas?-

La peliazul asintió.

-La preciosidad de cabello violeta es Ingvild, la gruñona albina se llama Rossweisse. Las rubias, la que las tiene más grandes, Gabriel, los pechos en crecimiento, Lavinia. La preciosa gatita, Kuroka. Esta cosita tan bonita, Suzume-

-¿Son tus amigas?-

-¡Sí! Nya!- exclamó Kuroka colocándose en la espalda de Issei, abrazándolo, dejando caer sus brazos por su pecho –Eso y mucho más!-

-¿Cómo de más?-

-Lo somos todo para él! Nya!-

-Algunas son compañeras, algunas más… Como yo, que soy su novia-

Lavinia golpeó el agua con sus manos.

El resto de chicas pasaron a mirar a Suzume con mala cara. Algo que no molestó lo más mínimo a la chica.

-Entiendo… No son altas. Son todas guapas. ¿Es por sus pechos?-

Issei rió con fuerza.

-Esta niña me cae bien!-

Rossweisse se levantó ofendida. Llamando la atención de la peliazul.

-¿Qué?-

-¡Escucha! Es de mala educación ignorarnos! Te hemos preguntado cómo te llamas!-

-Me llamo Xenovia- respondió la niña sin dejar de mirar al demonio.

-¿Solo le habla a él?- preguntó Gabriel mirando a Lavinia.

-Eso parece…- respondió Ingvild tras Lavinia, frunciendo el cejo, inflando los mofletes.

-Buuuuuuuuuuuuuuuuu!- Gabriel empezó a llorar, dolida.

-Entiendo…- murmuró Xenovia observando a todas las presentes.

-Kuro, Ingvi, Rose y yo somos sirvientas, Xenovia. Servimos a Issei- dijo Lavinia cariñosa acercándose a ella, acariciando su cabello, pegándose a ella.

Kuroka se enfadó, convirtiéndose en gata, nadando hasta salir de las termas, corriendo por el lateral hasta saltar a la cabeza de Issei, quedándose ahí…

-¿Cómo que sirvientas? ¿Trabajáis aquí? ¿Qué es un sirviente?-

-Somos esclavas. Vivimos por y para él-

-Y ser su novia-

-Calla, nya-

-¿Por qué hacéis eso?-

-Porque lo amamos y queremos estar con él toda la eternidad-

-¿Hasta que os muráis?-

-Sí. Aunque nosotros no podemos morir de viejos… Queremos estar con él mucho mucho mucho tiempo-

-¿No podéis morir de viejos?- exclamó la niña incrédula -¿Y le servís solo a él? ¿Cómo? ¿Qué hacéis?-

-Lo que nos pida cuando nos pida como lo pida donde lo pida-

-¡!-

-Algunos lo llamaran esclavitud… Yo lo llamo una extraña relación de pareja…-

La peliazul no sabía qué hacer, decir. Quieta, congelada. Veía como las chicas iban y venían, dejando cosas en la mesa.

Mirando hacia abajo, apretó la falda de su camisa amarilla por encima de sus pantalones blancos.

Un vaso se posó sobre la mesa, frente a ella. Un recipiente que contenía un líquido naranja.

-Te daría leche con miel caliente, pero estamos por cenar…- dijo Issei sentándose junto a ella.

-M-muchas gracias por la ropa-

-No es nada-

Tomando el vaso, los ojos amarillos se volvieron a posar en él.

-No te voy a preguntar nada, tranquila-

-¡!-

-Más o menos me hago a la idea de que…-

-¿Cuántos años tienes?-

-¿Q-que?-

-¿Cuánto años tienes?-

-Once-

-Como yo… ¿Y tus padres?-

-No viven aquí, ellos viven… Muy lejos-

-¿Han muerto?-

Extrañado, recordó que teóricamente, tenía formación religiosa. Relacionaba "lejos" con el "Cielo".

-No, viven lejos-

-¿Vives solo con ellas?-

-Aja-

La chica tomó parte del contenido.

-Xenovia… ¿Cómo te sientes?-

-Estoy bien, no tengo heridas-

-No hablo de eso… Has estado a punto de morir, lo que has vivido…-

Sosteniéndole la mirada unos instantes, la chica respondió con franqueza.

-Soy huérfana, los sacerdotes de mi iglesia me vendieron a unos hombres, demonios decían… Solo tengo esa ropa, no tengo nada, ni familia… Ni apellido, solo mi nombre y esas ropas viejas… No me importaba si mi vida acababa aquí… ¿Por qué me salvaste? No hacía falta…-

Alzando su mano, Issei acarició su mejilla.

-Una niña de once años no tiene derecho a abandonar esta vida cuando apenas ha empezado a vivir…-

-¿Qué vida puedo tener?-

-La que quieras. ¿Qué vida quieres tener?-

-¡!-

-Ya que nos hemos encontrado y nos llevamos tan bien vamos a hacer algo chulo, no? Además, las chicas guapas son mi debilidad!-

-¿Soy una chica guapa? ¿Quieres ayudarme?-

-Quiero no, voy-

-Tu… ¿Eres un demonio?-

-Demonio y dragón, doblemente molón!-

-¿D-dragón?-

-Eso mismo-

-En la Iglesia hablaban de dragones… Son malvados, se comen a las vírgenes…-

-Jajajajajaja! Eso es cierto!-

La peliazul abrió los ojos sorprendida.

-Issei no se come a nadie, es solo una forma de hablar. Si has estudiado los pecados capitales, Issei está obsesionado con la Lujuria…- respondió Lavinia pasando junto a ellos –No confundas a la niña!-

-Perdón, perdón-

-Niega que anata devora a las vírgenes…- dijo Suzume colocándose tras Issei, masajeando sus hombros.

Había una tensión entre Lavinia y Suzaku… Donde estaba una cerca suyo… Allí estaba la otra…

-Y-yo vengo de una Iglesia… ¿Eso no te molesta?-

-Para nada! Mira, Lavi es una bruja. Kuro es una gata demoniaca. Ingvi es una demonio pura y la que… ¡Aléjate de la cocina, Rose!-

-¡Solo quiero ayudar! No soy tan mala! Eres un abusón!- lloró Rossweisse.

-Anata. No seas tan abrasivo…-

-Si crees que soy un desagradecido te reto a que la ayudes en la cocina, bajo tu propia responsabilidad, por supuesto-

Tomándolo como un reto, la morena se acercó a Rossweisse, entrando ambas en la cocina.

-Perdona. Pero Rose es una calamidad en la cocina, voy a por ella…- se disculpó el castaño levantándose.

-Ella es una doncella guerrera de las lejanas tierras del norte de Europa- dijo Lavinia sentándose junto a Xenovia.

-¿A ti también te ayudó?-

-Así es-

-Yo soy una niña que no tiene nada… No soy bruja o doncella… A mí no me ayudará…-

-No digas eso. Ni siquiera tu sabes que puedes ofrecer!-

La niña no parecía muy convencida.

-Y parece que si tienes algo más que ofrecer…- metiendo su dedo en el cuello de la camisa, tirando de una oxidada cadena de metal. Sonriendo al ver un muy conocido anillo –Pero créeme, este es tu lugar, donde tienes que estar- guardando el anillo, asegurándose de que quedaba oculto en la ropa.

-¿?-

Xenovia se giró hacia Issei, su mirada llena de determinación. Quizás había encontrado su camino en la vida…


- Continuará en el siguiente capítulo-


U-la-la!

Avanzamos, avanzamos y vamos colocando las piezas en su sitio. Todo debidamente dispuesto para el gran guantazo, la paz esta por acabar y las cosas pueden volverse muy locas en cualquier momento. A fin de cuentas, nadie puede controlarlo todo…