Fanfiction escrito por mi persona, sin fines lúdicos, basado en la obra de Ichiei Ishibumi, las novelas ligeras HighSchool DxD.


- High School DxD –

[True Draconic X Deus]


-Más que un humano-


-Isla de Honshu - Japón-

Sus ojos rojos se alzaron al cielo, gris oscuro.

Un furioso temporal descargaba su ira en forma de un torrente de fría agua que bien podría desear inundarlo todo, purgar el mal del mundo con su agua purificadora. El mismo agua que golpeaba su hermoso rostro. Mojando el abandonado terreno, las derruidas paredes de cemento, las oxidadas barandillas, los cristales rotos y la podrida madera de lo que antaño, fuese una escuela.

Sus capaces ojos no veían nada especial.

-¿La dirección es la correcta?- preguntó una chica de largo cabello negro, vestida con un personalizado traje de sacerdotisa shinto, sin girarse, atenta -¿Estamos en el lugar indicado?-

-Lo es, mi señora- respondió una mujer, delgada, vestida con un traje negro -¿Esperamos a los refuerzos en el perímetro? Es la zona más segura-

Los ojos de la exorcista recorrieron la fachada del edificio, los terrenos que lo rodeaban. No veía nada. No escuchaba nada. Agachándose, tocó el suelo enfangado con las yemas de sus dedos.

Nada.

La asistente, humana empleada por las familias, conocía y tenía nociones de exorcismo, magia y técnicas varias. Un nexo que unía el misticismo y la tecnología. Hacia las veces de puente y comunicación entre los exorcistas. Unida a las Cinco Grandes Familias contractualmente, múltiples clausulas impedían que facilitase información al exterior, entendía que los riesgos eran muchos pero el salario lo compensaba.

Aunque a veces se resistía a entender como una niña, una adolescente vestida con una versión indecente del sagrado traje shintoista, podía y debía enfrentarse a sanguinarios espíritus malditos. Crueles asesinos en serie que perseguían y mataban a civiles inocentes.

Quizás el problema residía en ese punto. Entendía y agradecía la labor de las familias, pero no podía dejar de pensar que una labor tan pasiva era demasiado cruel. La diferente entre el shinto y la doctrina budista consistía en la jerarquía. Eran tan sencillo como eso. El budismo creía en el potencial del hombre, el shinto dependía de intervenciones divinas de los kami. Sin un mesías, profeta o gran figura histórica, el shinto apareció de la nada y obtuvo el poder desde el más completo silencio. Los dioses habían intervenido constantemente a lo largo de la historia como para asegurarse tanto la obediencia como la discreción, por extraño que esto pudiese parecer.

Miles de kami, decenas de miles de templos y las Cinco Grandes Familias. El control y dominio de la población desde el más humilde hogar a la corporación más influyente.

Su simple presencia conjunta con la de la adolescente eran la mayor prueba de ello. Ella, una empleada privada presente en el escenario de un asesinato bajo el conocimiento y autorización de las autoridades locales. Ya hacía tiempo que sospechaba que las Cinco Grandes Familias tenían una influencia oscura y poderosa y aunque ya tenía una edad sospechaba que el Divino Emperador era más que una anticuada y desfasada figura historia.

Cada día que pasaba la barrera entre lo posible y lo imposible se hacía más delgada. El misticismo cada vez era más real, dejaban de ser fantasías para ser pesadillas palpables. Una pesadilla que se había materializado en forma de una terrible pandemia.

Millones de muertes en todo el mundo… No lo aprobaba, pero si así conseguía que el shinto protegiese Japón y evitase que fuese una nueva Europa…

-No, convoca la barrera. Entraré de inmediato- sentenció la morena.

-¿Entrará? Eso no sería prudente! Tenemos instrucciones de esperar a los exorcistas de la familia para hacer la verificación interior…-

-Es un espíritu de categoría baja, no hace falta que esperemos a nadie-

Era mentira. Ningún espíritu de bajo nivel podría ocultar por completo su presencia. Ser tan inteligente… Porque ella era la presa, no el cazador. El espíritu quería que se acercase, se sentía seguro, poderoso.

Suzume se miró las manos, observando su anillo, acariciándolo dulcemente. Volviendo a mirar a su objetivo. ¿Qué era un espíritu como ese para alguien como ella? Issei no habría dudado un segundo.

-Hazlo-

La mujer dudó, juntando sus manos, recitando unas oraciones. A regañadientes.

El cielo se oscureció aún más, cubriendo el terreno una cúpula oscura. Una barrera que les separaba del exterior.

-Enseguida acabo, espérame aquí- indicó Suzume tomando su abanico, acariciando la katana anudada en el cinturón de su kimono tradicional.

-Me han asignado asistirla y eso haré- respondió la mujer siguiéndola de cerca.

Suzume no se opuso. La mujer, mayor, la veía como una niña y su instinto protector sacaba lo mejor de ella. No se lo iba a impedir.

-Cinco niños han fallecido en los últimos meses. Extraños casos de…- palideciendo levemente al leer el informe –Desmembramiento y… y…-

-Es un sitio apartado, tranquilo. Vendrían aquí a jugar, aventuras…- dijo Suzume avanzando hacia el inmueble –El espíritu no ha reaccionado. Habrá detectado la barrera pero no se ha inmutado. ¿Está confiado o es cauto? ¿Nos subestima o nos tiene miedo?-

La acompañante dejó la carpeta en un rincón, apretando los puños, siguiendo a la adolescente.

Atravesando con lentitud los escombros que antaño eran la entrada de la escuela, la pareja se plantó en las ruinosas estancias de la entidad educativa. Mirando las escaleras la morena instó a la acompañante a revisar los cuartos superiores. Revisando las aulas de la planta baja, la joven Himejima miró como la acompañante, en mitad del pasillo, miraba con detenimiento ropa de niño tirada en el suelo.

Ropa manchada de sangre.

-¿No había nada en la planta baja?- Preguntó la mujer sin apartar la mirada.

Suzume alzó una ceja, mirando a lado y lado del pasillo.

-¿Qué ocurre?- preguntó la acompañante, incorporándose.

La morena no respondió, optando por acercarse a la ventana, acariciando el cristal.

-Creo que el espíritu no está… Si estás aquí es que no lo has encontrado. Porque esos ojos tuyos no han visto nada, no?-

-¿Mis ojos?-

-Los ojos del dragón. Uno de los dones de las Plumas Rojas. Son famosos-

Suzume rió levemente.

-Estos no son los ojos del dragón. Aunque los rumores sin fundamento digan lo contrario solo tengo una tonalidad extraña de ojos… No son nada especial-

-Puede que sean una señal…-

Una señal de que su alma se debía a quien tenía los mismos ojos que ella. Su alma gemela.

-Puede ser. Pero no serían más que eso, señales. Mis ojos no tienen nada que ver con mi esfuerzo y mi dedicación…- volviéndose hacia su acompañante –Y no necesito esos ojos para saber que estamos dentro del espíritu-

-¿Qué?-

-No he subido escalera alguna y estamos en la segunda planta- volviendo su atención a la cristalera –El edificio es un cuadrado con el patio en el centro, estos pasillos son demasiado extensos y pese al frio de afuera, el cristal está caliente-

-¡!-

-Pero no me siento orgullosa, el anciano dice que debo prestar más atención. Mi novio que la falta de concentración se paga con sangre… Y no se equivocan- llevándose una mano a la cara, suspirando pesadamente.

-La muerte de los niños era inevitable…-

Suzume se mantuvo en silencio unos instantes.

-Tengo prohibido tener pareja… ¿No te parece sorprendente que no hayas preguntado nada de él pese a que lo sabes y te lo acabo de decir?-

-¡!-

La mujer la miró sorprendida.

-Déjame adivinar… Eres un espíritu tímido, que se alimenta de quienes se acercan a él. Te mantienes alejado de las grandes poblaciones. Lo respeto. Pero matar a mi acompañante estaba de más… Ella era inocente-

-¡!-

-Era una mujer con familia. No tenía hijos pero los quería tener…- llevándose su mano a su espalda, desenvainando un taki, cortando la cabeza de la mujer sin mirarla. Envainando la hoja sin dificultad –Aun me queda mucho… No sé cuándo lo has hecho. Ella ha estado a mi lado en todo momento… Ah, cuando nos hemos separado… Sabía que no tenía que haberla dejado entrar-

El cuerpo de la mujer cayó al suelo de un golpe seco.

-Entonces esos ojos no son… No me has visto, lo has descubierto por tu intelecto…-

-¡!-

Girándose levemente, endureciendo la mirada, Suzaku vio como la mujer se levantaba, sin la cabeza de nariz para arriba.

-Entiendo… Eres un demonio de barrera. Todo el edificio eres tú. Creas ilusiones para atrapar y devorar a tus victimas… ¿Cuánto tiempo llevo aquí?-

-Que chica más lista…- sonrió el demonio viendo a través de todo su ser como la joven desistía en tomar su arma, agarrando su abanico, cubriendo su cara –Tu compañera estaba deliciosa… Tú lo estarás más… lo noto… Ese olor… Es exquisito… Nunca antes lo había olido… ¿Qué es?-

Suzume sonrió traviesa.

-¿Lo has notado? Es un secreto. ¿Sabes mantener un secreto?-

-Fufufufu. Solo estamos tú y yo, lo guardaré por miles de años…-

Liberando una carcajada, Suzume cerró el abanico, tocando el pecho de la demonio con el extremo. Al instante el cuerpo de la mujer se incineró, cayendo de espaldas, bajo la impasible mirada de la Himejima. Las paredes empezaron a contraerse. El suelo se retorció. El pasillo pasó a ser de apenas algunos metros de longitud. Sin apenas interés volvió su mirada a la ventana. El paisaje había desaparecido, en su lugar solo había un rostro, demacrado, blanco. Una perversa sonrisa adornando un rostro sin ojos.

"Jijijiji! No importa cuánto luches! Estas en mi vientre! Ya eres mi alimento!"

-…-

"Esas llamas de cerilla no lograrán nada! Dentro de mi barrera no podrás conjurar tus hechizos! Y esa espaducha, que pretendes cortar con ella? Jijijijiji"

-Tú no eres muy listo, verdad?-

"!"

-¿No te has preguntado porque he venido sola? Y lo más importante… ¿Por qué está ardiendo si no puedo convocar hechizos?-

La sonrisa del espíritu desapareció.

-Has hecho bien. De verdad. Una barrera ilusoria que impide que los hechiceros Shinto tomen el poder de la naturaleza. Dejándome acorralada e indefensa hasta que me quede sin fuerzas y puedas devorar mi cuerpo. Supongo que ese es tu plan, como has acabado con todos los exorcistas previos a mi llegada… ¿Mi sentido del tiempo también está alterado?-

"Exacto. Nadie vendrá a buscarte. No te encontrarán nunca… Y menos ese novio tuyo"

-Oh, créeme. Él puede encontrarme en cualquier lugar y no puedes cortar ese vínculo-

"Ya está hecho. Nada te une al mundo exterior. Estas completamente aislada"

-¿Y su fuego no?- susurró Suzaku perversamente, extendiendo su abanico, cubriéndose la boca. Antes de empezar a reír maniáticamente -¿Estamos separados del mundo exterior? ¿No tengo que esconderme ni contenerme? Jaja… jajaja… Jajajajajajaja! Por fin un descanso!-

"¿De qué te ríes? ¿Acaso has enloquecido?"

Un mar de llamas engulló la estancia.

-¿Has dicho que estamos en tu interior? Vaya, lo siento mucho…- dijo la Himejima sin una pizca de compasión.

"¿Q-que es esto? ¡Detente! Detente ahora mismo!"

-Déjame que disfrute… ¿No tienes frio? Permíteme calentarte con el fuego del dragón…- susurró la belleza sonriendo perversamente, extendiendo su brazo con el abanico abierto, moviéndolo hasta girar sobre si misma con elegancia.

El fuego lo consumió todo a su alrededor.

Satisfecha, convocó un shikigami en forma de pájaro con el que emergió de entre las humeantes llamas, alzándose en el aire.

La sacerdotisa observó los alrededores. La barrera había caído. Sin el conjuro de su acompañante el mundo exterior podía ver la nube de humo. En breve habría una multitud de humanos en la zona.

Lamentándose de no poder recoger algún resto de su acompañante, la exorcista se alejó con velocidad.

El exorcismo se había realizado satisfactoriamente.

-Mientras estemos en un espacio conectado a la Grieta Dimensional no puedes separarme de él…-

-Dominios Himejima-

Sobrevolando los terrenos de la familia, por encima de los altos bosques del archipiélago al sur de Japón. Suzaku desconvocó su shikigami, aterrizando sin problemas en el verdoso suelo frente a una cabaña.

Una cabaña sencilla en el centro de un claro, parcialmente oculto entre los arbustos se divisaba una apertura en la tierra. Una cueva. La entrada de un túnel que descendencia decenas de metros en la isla hasta dar con una cueva iluminada con antorchas azuladas iluminando un estanque de agua cristalina frente a una estatua de Izanami-no-okami.

No pensaba ir.

La cueva, la cabaña y todo el terreno estaban reservados a su persona. La cueva era clave en un ritual de potenciación y conexión con la diosa. Mediante el baño de purificación y la meditación, Suzaku mejoraba su afinidad con los dioses, mejorando su unión con el Ave Bermellón.

Nadie tenía permitido acercarse, incluso el anciano corría el riesgo de mancillar y enfurecer a los dioses.

A Suzaku le importaban un pimiento los dioses. Llevaba meses sin entrar en la cueva. Aprovechaba el tiempo que le daban para meditar para escaparse y visitar a su prima. Su poder, gracias a sus encuentros con su amante, se incrementaba día a día. Si su abuelo no podía diferenciar el incremento del poder dragonido en su interior del poder shinto no era culpa suya… Ella solo fingía hacer los rituales de unión con la diosa como buena sacerdotisa.

Duchándose, cambiándose de ropa, la joven retomó el sendero a los dominios mirando su elegante reloj de muñeca. Estaba en tiempo.

Dos guardias se inclinaron levemente al verla venir, dejando que traspasase los muros exteriores del complejo principal. Una inmensa construcción de madera de estilo medieval en lo más profundo de la montaña.

La joven sacerdotisa recorrió las enormes instancias observando como decenas de niños seguían las indicaciones de adultos.

Al otro lado, sacerdotes inspeccionando pesados shikigamis metálicos, de forma arácnida, de proporciones superiores a la de los técnicos.

La militarización era evidente.

Las Cinco Grandes Casas habían obtenido fondos nunca antes vistos. La causa era la portada diaria de todos los rotativos del país.

Epidemia.

El gobierno japonés estaba aterrorizado. Había perdido todo contacto con decenas de poblaciones menores, pesqueras, de sus costas más al norte. Aldeas perdidas en las nevadas montañas…

Los vientos cargados de noticias del oeste, el lejano continente europeo, anunciaban la llegada de criaturas que portaban contagiosas enfermedades. El caos que los vampiros estaban provocando en el este de Europa llegó a Tokio, a los oídos del gabinete de presidencia. Y el Primer Ministro se asustó. Enviando al ejército al norte, palideció al escuchar que los mismos soldados se habían vuelto contra los compañeros que habían acudido como refuerzos, ensangrentados, heridos… Poseídos.

Reticente se reunió con los Nakiri. Una reunión secreta, discreta, comedida y lúgubre en los oscuros dominios de los religiosos. Al acabar la reunión las Cinco Grandes Familias vieron incrementados de forma nunca antes vista sus recursos económicos e industriales. Tenían permiso para reclutar a todo niño o adulto que mostrase aptitudes. A formar y asimilar a todo el cuerpo policial y militar del país. Japón había pasado a convertirse en un estado militar sobrenatural.

Pese a las agresivas medidas cautelares, desde Tokio se aseguraba nada cambiaria respecto a los residentes actuales, nacionales o extranjeros, de naturaleza sobrehumana. Ni Cleria Belial, ni Nurarhyon o Lady Yasaka se creyeron nada.

Pese a que la intención del Primer Ministro era que no cundiese el pánico y todo se trabajase desde el más estricto de los silencios, Suzaku tenía dudas de que los ancianos opinasen igual. Pero no querían desaprovechar la situación. Aunque si el Primer Ministro pensaba que era quien tenía la sartén por el mango, en su ignorancia pensaba que todos los efectivos que había enviado a los territorios Shinto, seguían siendo fieles al órgano administrativo estatal. Si le llegaban a preguntar, diría que dado que las Grandes Casas se estaban beneficiando con la crisis, no sabría si de verdad lo estaban dando todo para frenar el avance licano…

Entrando en la mansión principal, dejando sus pertenencias en manos de una sirvienta, avanzó hasta dar con el salón principal. El anciano no estaba, pero si todos los consejeros.

Haciendo una reverencia, se desplazó hasta su asiento, acomodándose con elegancia y decoro.

-Joven Suzaku, llegas en un momento oportuno. Han llegado noticias del extranjero-

La morena alzó levemente una ceja, las noticias del extranjero eran escasas y rara vez se tenían en cuenta.

-Europa es un polvorín. Los youkai bebesangre han liberado a millones de infectados por el este de Europa- informó uno de los sirvientes, señalando con un bastón un mapa político de Europa en una pizarra con ruedas –La Iglesia Católica ha movilizado a sus fuerzas, haciendo que todos sus efectivos en el extranjero regresen, incluidos los pocos reductos que quedaban en Japón-

-Eso son buenas noticias…-

-Inteligencia cree que los youkai son superiores en número, pero no en fuerza- sentenció el hombre con una reverencia.

-Entiendo… ¿Se ha confirmado presencia youkai devoracarne en Europa?- preguntó uno de los consejeros acariciándose la barbilla.

Suzaku se volvió hacia el hombre, interesada.

-Negativo. Sabemos que la Peste de Lucien sigue encerrada en Arkadia- señalando a Rusia.

-Es temporal, Lucien no se puede permitir que los vampiros prosperen- murmuró otro de los consejeros.

-Si los vampiros se hacen con el grueso de Europa… El viejo continente es un inmenso campo lleno de ganado. Los licántropos y los vampiros van a pelear a muerte por ese ganado. Si alguna de las facciones logra convertir a tanta población…-

-Invadir el mundo sería posible…-

-Lucien abrirá sus puertas. La guerra es inevitable. Y la Iglesia no tiene poder para luchar contra las dos facciones…-

-Europa está acabada… ¿Los Dioses del Norte intervendrán?-

-Eso no es de nuestra incumbencia. Solo tenemos que resistir, si no hay licántropos en Europa pero si aquí es porque insisten en encontrar al Perro Negro-

-Una existencia que se resiste a nuestros esfuerzos… ¿Cómo es que no podemos encontrar a un joven en nuestros dominios?-

-Es el protegido de Ageha, capaz es de haberle protegido de alguna manera de nosotros, ella es la mejor sacerdotisa shinto que han visto nuestros ojos, de la historia incluso…-

-U otra familia, si le han encontrado y lo tienen recluido?-

Suzaku los escuchó con atención.

-Ageha-dono es la mejor sacerdotisa que ha tenido esta familia en generaciones, si ella es la responsable de su seguridad ninguna otra familia lo encontrará-

Ageha Himejima había ocultado la presencia de Tobio Ikuse con múltiples sellos… No emitía pulso alguno. Incluso evadían los esfuerzos de la familia por encontrarle.

Aun con la habilidad de Ageha, no sería suficiente. Los Himejima no habían descubierto de la participación de Grigory.

-Si Lucien empieza su guerra se llevará a sus soldados. Llegado ese momento haremos limpieza y cerraremos fronteras. No permitiremos que esto vuelva a ocurrir-

-Esa es una mancha que siempre nos pesará…-

-No te confundas, si hemos sufrido de esa peste es por culpa del gordinflón incompetente de Doumon-

-Pero para hacer eso… ¿El Maestro Suou ha dicho algo?-

-No es necesario. Todos sabemos que los dos Reinos Youkai han de ser purgados, erradicados. Japón es tierra de hombres, no de bestias-

Suzaku contuvo sus emociones, intentando no dejar ver su estupefacción. Su horror.

Una de las puertas de madera se abrió sin previo aviso. Suou Himejima acababa de llegar.

Sin detenerse a mirar a ninguno de los miembros del consejo, tomó asiento, colocando sus manos sobre la mesa de madera. Mirando de reojo el informe a su derecha, el mapa al final.

Una mujer dejó una taza a su lado, llenándola de sake, retirándose con una reverencia.

-¿Tan pequeña os parece nuestra nación como para que dediquéis esfuerzos y tiempo al resto del mundo?-

-No, señor!-

-Lo sentimos, pero…-

Suou alzó su mano, ordenando silencio.

-Esta nación es nuestra obligación, responsabilidad y privilegio. El atrevimiento de los perros nos ha brindado una ocasión única que vamos a aprovechar-

-¿Cómo podemos beneficiarnos de lo que ocurre en…-

-La Casa Doumon ha perdido contacto con aldeas al norte de Hokkaido… Están aquí. La infección ha alcanzado nuestras tierras-

-¡!-

-Mi escolta y algunos novicios, los más prometedores, partirán con algunos de mis hombres de confianza a colaborar a las tareas de exorcismo y purgatorio…-

Suzaku se giró sorprendida. ¿No iba ella?

Era responsabilidad de la tsuguko el liderar este tipo de iniciativas.

-Pero aun escuchando tal infortunio…-

-Por mucho tengamos recursos… Los tratados… Si el pueblo está infectado…-

-En tiempos de guerra que importan los tratados- lo interrumpió el anciano.

-¿Y qué haremos con los cristianos y…-

-Las construcciones herejes de Roma ya están ardiendo-

-¡!-

-Las dieciséis diócesis, incluyendo las tres archidiócesis… Es decir, los 1589 sacerdotes y las 848 parroquias desaparecerán esta noche-

-¿C-cómo?-

-Todos los efectivos conjuntos, con los shikigami de combate han sido enviados a todos los puntos…-

-¡!-

-La reunión con el Primer Ministro era una tapadera, una excusa. La realidad es muy distinta- indicó el anciano serio –Contamos con la autorización del divino emperador Meiji para hacer lo necesario para mantener la unidad y garantizar la seguridad de la nación-

-¡El Emperador!-

Los ancianos empezaron a susurrar, nerviosos y exaltados, entre ellos.

-La Guardia Divina no intervendrá bajo ninguna circunstancia, pero las Cinco Casas tenemos autoridad para operar a conveniencia y eso vamos a hacer- pasando a mirar a la joven exorcista –Vuelve a tus aposentos, descansa. Acude al patio principal, equipada, cuando caiga la noche-

Temiéndose lo peor, Suzaku asintió con la cabeza.

¿No le decía de liderar las intervenciones del norte que amenazaban a la seguridad nacional para presenciar la matanza de inocentes? ¿Había algo que no sabía? ¿Issei estaba en esa iglesia? ¿Quizás Tobio se escondía allí? ¿Akeno había viajado a las islas principales?

¿Debía de poner en preaviso a su amante? Pero avisar a Issei podría desatar una guerra… Issei Gremory y Suou Himejima no eran dos personas que fuesen a llevarse bien bajo ninguna circunstancia. Eran existencias incompatibles.

No.

Fuese lo que fuese lo que tenía planeado, Suzaku lo manejaría ella misma…


-Rumania –Imperio Vampiro-

Parpadeando perplejo. El niño alzó la mirada, relajado por la repetición, acostumbrado a sus llamadas. El niño Vladi miró de tú a tú a la imponente criatura negra que se mantenía sentado en un suelo transparente bajo sus pies.

Un gigante con alas cubriendo sus hombros. Su rostro deforme estaba decorado con cuatro ojos. Tres menores envolviendo un parpado central. Los tres ojos abiertos, el central cerrado.

-¿Qué me quieres hacer ver? ¿Qué quieres que vea ahora?- preguntó el niño ladeando la cabeza.

El ser nunca respondía. Solo se quedaba en silencio.

Gasper Vladi llevaba años viendo a ese ser. En trances, en breves instantes aleatorios. Él nunca lo controlaba. Solo abría los ojos y veía que ese ser lo había convocado. No sabía a donde iba, donde estaban, que era aquello. De repente estaba ahí, de repente se marchaba.

La criatura, sin nombre, abría el ojo central y el mundo se llenaban de color. Breves instantes de confusión y caos. Imágenes, escenas, pocos segundos de acción.

El futuro.

No sabía porque lo hacía. Cuál era el patrón. Solo sabía que aquello iba a ocurrir y que tras contarlo y saberse que era cierto, su padre y el Rey habían pasado a considerarlo un arma. Cambiando por completo su estatus, ofreciéndolo todo tipo de privilegios escondidos en una cárcel permanentemente vigilada.

-Ahora no estoy en el castillo… Si me das una visión padre me obligará a volver a la capital…-

La criatura no respondió.

-Nunca me escuchas, así que harás lo de siempre…- refunfuñó el niño inflando los mofletes.

La criatura abrió su ojo central. Brillante y enigmático, misterioso y poderoso.

Nada había cambiado. La criatura seguía ahí. Quieta, en silencio.

-El cabron es feo de cojones… Y mira que lo digo yo que no soy un adonis precisamente… Aunque lo feo lo compenso con el rabo…-

-Más quisieras…-

-¡!-

Girándose, Gasper vio una figura tras él. Un joven, alto y fornido, vestido con un traje blanco, largo cabello rojo.

-Mi hermano es hermoso… pero eso… Eso no le representa, por supuesto-

A su lado…

Gasper abrió la boca, incrédulo.

Una joven, rubia, hermosa y fuerte, frágil y resistente. Un vestido corto blanco atado con un cinturón de cuero. Considerable escote, botas de cuero negro hasta los muslos. El cabello cuidado, colgaba sobre su pecho derecho. Sus ojos radiantes y poderosos, amables y fieros.

Valerie nunca había… Nunca la había visto… ¿Tan mujer?

-¡La ostia! ¿Qué es este bicho?- dijo otra joven, de cabello azul a media melena. Un camisón transparente que debajo ver perfectamente un sostén negro, pantalones shorts cortos azules. Corriendo hacia el ser.

-¡¿Qué es?! ¿Qué es?- chilló una chica de cabello largo, castaño claro, en dos coletas. Camisa blanca sin mangas, minifalda azulada.

-Una especie de criatura mística…- respondió una belleza de cabello rosado. Con un vestido sin mangas ni cuello, falda corta negra. Mangas blancas. Botas altas. Mirada dulce y amable -Podríamos llevarlo al castillo y analizarlo…-

-Ponle un dedo encima a Gasper y os dejo sin ellos- siseó la vampiresa.

-Valerie es incapaz de eso, nos quiere demasiado!- sonrió una bruja de largo cabello dorado, con un traje ajustado blanco de largas aperturas en los costados, avanzando dando saltitos sobre sus botas de tacón.

-Que bicho más feooooo! Nya! Qué asco, nya!- protestó una chica de largo cabello negro, más bajita que el resto, embutida en un descuidadamente abierto kimono negro sin pantalones.

-Que bicho más fascinante dirás. Eso hermanas, es un dios- dijo una belleza albina. Vestida con una versión de tela de su armadura asgardiana, sumamente reveladora. Decidida y confiada.

-¿Es lo que dicen tus instintos de semidiosa?- preguntó una morena vestida de sacerdotisa erótica.

Las mujeres acompañaron al pelirrojo, deteniéndose frente a la criatura.

Ocho mujeres, un hombre.

-Le Fay mataría por estar aquí…-

-Aleja a esa rata de biblioteca de mi hermano-

-No seas así, es pura dulzura…-

-La proteges demasiado, Lavinia, la tienes consentida-

-Consentida tenemos a esta gata, que nunca hace nada-

-Para algo es la mascota-

-¡No soy una mascota, nya!-

Valerie rió alegre, con fuerza.

-¿Qué me dices?- preguntó Valerie mirando al pelirrojo, cruzándose de brazos, realzando sus grandes senos.

-¿Lo preguntas? Por supuesto que puede venirse a casa…- haciendo el amago de tocar uno de sus brazos –No le puedo negar nada a mis esposas- mirando con curiosidad a la criatura.

-Hablando de petipiones, nya-

-Peticiones-

-Lo que sea, nya… Yo quiero…-

-Ni te atrevas a pedir nada por esa boquita, gata- siseó la sacerdotisa –Tus peticiones y tus acciones no se corresponden-

-¿Qué? ¿Eso qué significa?-

-Que Kuroka pide mucho pero hace poco por responder a esas peticiones, Irina-

-Gracias, profesora-

-¿Por qué siempre me llamáis profesora con ese tonito? Hago lo mejor por llenar vuestros cerebros vacíos de valioso conocimiento!- protestó la albina.

-Lavi, una foto, para Ria-tan!- exclamo el pelirrojo colocándose frente a la bestia con las manos en señal de victoria.

-¡Yo también!- chillaron la peliazul y la castaña.

Las demás chicas no tardaron en unirse.

-¡Mi herrmano no ess una atrracción de ferria!-

-¡Ah! Esta nerviosa! Se ha alterado! Se le ha escapado su acento!- exclamó Irina divertida.

-¡Como lo echaba de menos!- rio Xenovia.

Las chicas se callaron de golpe al ver el rostro furioso de la vampiresa.

La sacerdotisa tomó una mano de la rubia arrastrándola, ignorando su enfado puerilmente orgulloso.

Susurrando algunas palabras, la bruja dejó la cámara flotando, uniéndose al abrazo colectivo.

La imagen cambió. El niño se vió en un salón amplio, elegantemente decorado. Valerie Tepes estaba sentada en el sofá, con solo una bata blanca corta semitransparente atada sin mucho afán. Libro en mano. Un joven, con solo unos pantalones cortos y una toalla colgando en su hombro se sentó junto a ella.

Gasper se sobresaltó al ver que la rubia permitía su contacto, la proximidad, la intimidad.

-¿Sigues enfadada?-

La rubia no respondió, centrada en su libro.

-Mi hermana cuidará de él, la conoces…-

-Mi hermano no será esclavo de nadie-

-No son esclavos, en mi familia no tenemos… Los quiere como si su familia se tratase-

La vampiresa la miró enfadada.

-¿Me lo dice quien se folla a su hermana?-

-Mi relación con Ria-tan no es normal en… Ria-tan no hará eso con Gasper, Vale!- acariciando su cabello.

-Humph!- protestó la rubia volviendo a la lectura.

-Gasper está contento, en realidad ahora es cuando puede ser más el mismo, libre de toda presión…- susurró Issei besando el hombro de la rubia.

-Alejarte, cerdo-

-Tú también eres esclava y no veo que te quejes mucho…- apartando la bata, dejando el hombro descubierto.

-Y tu esposa, no lo olvides- ronroneó la vampiresa cerrando los ojos, ladeando su cabeza dejándole espacio.

Apartándose, Issei dejó que la rubia descansase su cabeza sobre sus piernas.

-¿Te arrepientes de haber dejado tu tierra? ¿De haberte casado conmigo? ¿De ser mi esclava?- susurró el dragón acariciando el cabello de la vampiresa.

-Nunca… Te amo, ahora y por toda la eternidad. Eres mi compañero de sangre y eso no cambiará nunca…- respondió la rubia acariciando el rostro del dragón.

-Confía en mí, Ria-tan cuidará bien de Gasper…- inclinándose para besar a la joven, que respondió con fervor.

Respirando emocionado. Gasper parpadeó repetidas veces al verse en el espacio vacío de nuevo, frente a la criatura.

-¿E-ese es el futuro? ¿V-Valerie sora enamorada y c-casada? ¿Cuándo? ¿Cómo?- chilló Gasper levantándose.

La fiera, destructiva, penitente y en constante sufrimiento vampiresa feliz y en paz? ¿Cómo podía hacerlo?

-¿Quién es ese tipo?-

El ojo se volvió a abrir.

Girándose, Gasper se sobresaltó al ver a un gigantesco dragón rojo tras él. Sentado, mirándolo en silencio. Entre sus patas la figura de un sonriente pelirrojo.

-¡Él! ¿Es un dragón? ¿Dónde puedo encontrarlo?-

Todo desapareció.

Su entornó paso a ser una ciudad, nevada. Estaba en mitad de un callejón, apartado.

ZUUUUUUUM

Un círculo mágico se formó en el suelo, materializando un cuerpo, inclinando, con una rodilla en el suelo. Al incorporarse, el niño vio que a pesar de toda la ropa que el desconocido llevaba puesto, sus ojos rojos seguían a la vista.

-Infiltración completa en el más absoluto de los silencios! ¿Quién me ha visto? Nadie!- exclamó el niño contento, girando sobre sí mismo –Soy tan bueno que hasta me doy miedo… Ahora… A buscar vampiros!- canturreó el infiltrado empezando a alejarse dando saltitos.

-¡¿Eso es ahora?!- preguntó Gasper.

Todas las visiones cesaron y el niño se vió en su dormitorio en el Castillo Vladi.

-Eso era Constanza… ¿El dragón que domará a sora Valerie está en Constanza?-

Apretando sus puños, Gasper Vladi se decidió.


-Residencia Gremory-

Parpadeando sorprendida, cierta bruja miró a su alrededor, intentando localizarse.

Estaba sentada en si silla, frente a su escritorio, con sus libros abiertos y las anotaciones escritas a puño y letra en hojas por toda la mesa. Estaba estudiando, repasando sus conjuros… O algo así.

Separándose, revisó su habitación en busca de alguna información que le fuese de ayuda. Acariciándose la sien se incorporó, mirando su reloj de muñeca optó por desvestirse y darse una ducha. Dejando sus ropas de estar por casa en una cesta, entrando su la ducha de su dormitorio. La bruja sonrió sintiendo el agua caliente sobre su piel. Tatareando agradecida. Humedeciendo su media melena…

Cubriendo su cuerpo con un albornoz abandonó el baño, quedándose frente a su espejo, observándose curiosa antes de sacar algunas prendas de su armario. Dejando caer el albornoz al suelo, se observó detenidamente.

Un cuerpo privilegiado, de piel lisa y blanca, perfecta. Unos senos grandes y turgentes. Blancos, con unos pezones rosados. Una cintura estrecha y un trasero redondo que daba paso a unas largas y esbeltas piernas. Su rostro, fino y de facciones agradables, estaba decorado por unos ojos azules claro y unos labios rosados. Su cabello, rubio, suave, liso, sedoso.

Aun se le hacía extraño pensar que la juventud y la belleza no la abandonarían nunca. Que tendría este rostro por miles de años. Un día, lejano en el tiempo, tendría una apariencia tan joven como la de su hija, y su nieta y…

Colocándose unas braguitas blancas, se enfundó sus elegantes medias de encaje blancas, un muy ligero vestido azul claro, anudado en su cuello que dejaba su espalda desnuda. Pensó en tomar sus guantes, pero en casa estaba a salvo. Issei era inmune y con el anillo en su dedo sus hermanas apenas notarían su gélida maldición.

Animada, se calzó sus sandalias y recogiéndose el cabello en una coleta alta subió a la terraza observando sus plantas, inspeccionándolas detenidamente.

En el tejado tenía un parterre considerable, repleto de plantas y más macetas con vida vegetal. Un herbolario completamente desconocido para los demás miembros. Eran plantas de brujas, y sus efectos no debían ser subestimados, desde tónicos a tóxicos, un brebaje de esa plantación podía excitar al hombre más apagado o envenenar al ser más sano.

Tomando algunas hojas y raíces, las guardó en una cesta de madera y bajó a la planta principal. Solo estaba Ingvild, leyendo, en el sofá.

-Nos diasssss- saludó la pelirrosa mirándola afectuosamente.

-Buenos días- respondió la rubia recorriendo el salón con la mirada -¿Dónde está Issei?-

-Kuroka ha traído varios pergaminos prohibidos de su tierra, nieblas nocivas o algo así, Rossweisse se ha enfadado, decía que no tenía que tener eso y que no estaba preparada…- empezó la demonio –Issei estaba de acuerdo y le ha confiscado los pergaminos…-

-Pero era mentira, esos dos han esperado que Rose se vaya para practicar lo que pone…- susurró la rubia acariciándose una mejilla.

-Cooooorrecto!-

Lavinia dejó la cesta en la mesa, necesitaba otros ingredientes para su siguiente pócima. A juzgar por el humo violeta que estaba subiendo por las escaleras…

-Nyaaaa… Esto es más difícil de lo que parece, nya…-

-Tonterías!- respondió Issei inspeccionando los pergaminos, sentado en el suelo, dándoles la vuelta, leyéndolos desde diferentes ángulos –Ya tenemos la niebla… ¿Qué dice aquí?-

-Que… Nyaaaaa… Más trabajo- protestó la morena tirándose al suelo –Hay nieblas para cada tipo de enemigo…-

-Ah. Entiendo… Dragón, demonio, ángel…- señalando en el pergamino –Pues es algo útil… ¿Por eso no nos afecta esto?- mirando a su alrededor, la espesa niebla violeta que les rodeaba.

Y esperaba que se disipase antes del regreso de Rossweisse. La nekomata se puso a revisar el pergamino, reconociendo los símbolos del dragón…

-Si esto es complicado… Ilusiones, que me dices?-

-Para que quiero eso… Nya-

-Adulterar tu forma, hacer ver lo que quieres que vean… Yo por ejemplo, juego entre ser un niño o un adulto…-

-Nyaaaaa…-

-Me iría de miedo para colarme en los baños de las mujeres…- susurró Issei tomando otro pergamino –Ka… Kasha-

-Deja eso, nya-

-¿Por qué?-

-Son técnicas avanzadas del Senjutsu, estamos estudiando youjutsu, nya-

Issei alzó una ceja, esgrimiendo una mueca.

-¿Qué dices que?-

-Nyaaaa… Youjutsu, la manipulación de energía maldita solo utilizable por youkai… El Senjutsu es el arte de la manipulación del ki, con el ying y el yang de ejemplos… Nya… Por ejemplo el touki-

-¡Ah! Eso lo conozco!-

-Amo… A veces pienso que eres idiota, nya…-

-Que me digas tú eso…-

-¿Qué significa eso? Yo soy muy intelipente-

-Inteligente-

-¡Eso, nya! Mira! Descifrado y aplicado a la primera!- activando el conjuro, liberando una densa niebla roja en el suelo.

-Más niebla… No sé quién va a limpiar esto, pero yo no…- apartando inútilmente la niebla con su pie -¿A quién afecta esto dices?-

-No lo sé, nya…-

-¿No sabes que técnicas estas aprendiendo?- preguntó rascándose la nuca, escéptico –Como sea, tengo hambre… Voy a ver si Lavinia está haciendo el desayuno…-

-¡Eso es bueno, nya! Tengo hambre, amo!-

-Ahora vuelvo…- dijo Issei marchándose, mirando la niebla de reojo, encogiéndose de hombros resignado.

La nekomata inspeccionó el pergamino de nuevo.

-Ah, afecta a los dragones, nya-

Abriendo los ojos, cierta niña tanteó la estancia asustada. Reconociendo la habitación como la que le habían asignado en la mansión Gremory, Xenovia se incorporó lentamente en su cama occidental. Sabanas suaves, un pesado y caliente edredón. La habitación, amplia, tenía todo lo que podía necesitar y más. No habían escatimado en recursos.

Levantándose, se colocó frente al espejo viendo el pijama de seda que llevaba puesto. Blanco, con adornos de frutas. En un rincón, sobre una silla, estaba su ropa para hoy… El uniforme base de servicio Gremory. Chaqueta, falda y medias negras con bordados rojos.

Hoy no tenía clases, de ahí que la hubiesen dejado despertarse tarde.

Adecentándose en el baño. Calzándose sus zapatos de estar por casa hizo la cama, dobló su pijama y bajó al salón principal. Tímida, procurando hacerlo todo como le habían dicho.

En la cocina no había nadie, tampoco en el comedor. Solo Ingvild estaba sentada en el sofá del salón principal, con un voluminoso libro en mano.

-B-buenos días…- susurró cohibida mirando la cocina de reojo, acariciándose el vientre.

-Buenos diasssssssssss!- exclamó una voz alegre y la vista de Xenovia se oscureció.

Abrazándola contra su pecho, Lavinia sacudió contenta a lado y lado el cuerpo menudo de la niña.

-¿Cómo has dormido hoy?- preguntó la rubia separándose un poco, acariciando su joven rostro.

-M-muy bien-

-Me alegro… ¿Tienes hambre? ¿Qué quieres desayunar?-

-No, yo no…-

-¿No tienes hambre?-

-Tiene hambre, estaba mirando la cocina rascándose la panza- dijo Ingvild junto a ellas.

-¡N-no, yo no!-

-Xenoviaaaa! Si tienes hambre dilo!- soltándola, tomando uno de los delantales colgados a la entrada de la cocina -¿Qué quieres?-

-Yo no…!-

-Yo quiero una tortilla con todo, pan tostado y un café, graciaaaaas- sonrió Ingvild sentándose en los taburetes que daban a la barra entre la cocina y el comedor, apoyando su mentón en un puño viendo como la rubia se movía alegre. Palmeando el asiento contiguo para que Xenovia se sentase.

-¿Y tú Xenovia?-

-Yo…-

-Buuuuuuu! Laviniaaaaaaaaaaa! Lo sigue haciendooooooooooooo!- protestó la pelirrosa dejando caer su cabeza sobre la mesa, mirándola llorosa.

Lavinia suspiró ligeramente antes de volver a acercarse a la peliazul.

-Xenovia. ¿Ves la ropa que usas?-

-S-si-

-Eres parte de esta familia. No tengas miedo a pedir lo que quieres. Si te reprimes o tienes miedo harás que Issei se preocupe… Tu ahora amo desea lo mejor para ti, que estés feliz y hará lo que haga falta que lograrlo. ¿Quieres que Issei este triste?-

-Entonces… Puedo…- llevándose las manos al pecho, juntas en una pelota, mirando a ambas chicas.

-Lavi! Gracias a Satán que estas en la cocina! Me muero de hambre!- rugió Issei irrumpiendo en la sala, tomando a la rubia de la cintura, besándola con intensidad.

Xenovia se sorprendió, apartando la mirada al ver como la chica correspondía, desplazando sus manos al cabello de este mientras el demonio amasaba sus pechos.

Xenovia no pudo evitar escandalizarse al ver como repetía movimiento con Ingvild. Colocándose entre sus muslos, desplazando sus manos a su trasero bajo su falda, levantándola para sustituirla en el asiento.

Contra su cuerpo, sentado sobre él, Ingvild dejó que su amo disfrutase de su tacto y su sabor.

Nerviosa, la niña miró a lado y lado, dando un respingo sobresaltada al ver a Issei frente a ella. ¿Cuándo se había movido?

-¡Xenoviaaaaaaaaaaa!- exclamó el demonio abrazándola con fuerza, besando su frente -¿Cómo te encuentras?-

-Bien!- respondió la niña cohibida.

Tomando otro de los delantales, el dragón acompañó a la rubia en la cocina.

-Y bien, preciosidades, que va a ser?- inclinándose levemente, una mano en el vientre, otro extendido hacia fuera.

-¿?-

La peliazul miró a un lado y a otro confundida.

-Que quieres para comer…- susurró Ingvild con una sonrisa.

-C-cualquier cosa-

-¿Umm?-

-Q-que c-cualquier cosa, por favor!-

El menor de los Gremory esgrimió una mueca de disgusto.

-¿Te pongo pienso para perros pues?-

-¿Tenemos de eso? ¿Hay perros aquí?- preguntó Ingvild sorprendida –Perritooooo! Perrittooooooo!-

-No hay ningún perro, Ingvi- murmuró Lavinia sin girarse –No seas abusón, Ise-

-¿Q-que? ¿P-pienso?-

-Si no pides nada te pondré lo que yo quiera- apoyándose en la barra al otro lado del de la peliazul -¿Eso es lo que quieres?-

-Y-yo…-

-Xenovia está creciendo, prepárale una de las bestialidades que te metes para desayunar cada mañana y deja a la pobre en paz…- dijo Lavinia tomándolo del brazo –Dale tiempo- besándolo en la mejilla.

-Podrías habérmelo dicho antes…- farfulló el dragón empezando a sacar ingredientes de la nevera.

Lavinia, divertida, respondió golpeándole con su cadera, risueña. No pasó mucho antes de que todos estuviesen sentados alrededor de la mesa con suculentos platos frente a ellos.

Riendo divertida, Xenovia vio como Issei dejaba un vaso con zumo de piña frente a ella. El sabor que a ella le gustaba, algo que no había pedido, no había dicho. ¿Lo sabía de verla tomarlo?

-¿Y la zoquete?- preguntó Issei mirando las escaleras.

-¿Puede que tuvieses que ir a buscarla?- preguntó Lavinia con media sonrisa en su sonrisa.

-Joder, el zoquete soy yo… ¿Weisse no tendría que haber vuelto ya?-

-No vendrá para el desayuno, había ofertas en algún comercio… Estaba muy dormida como para escucharla, lo siento- respondió Ingvild.

-Pues nada, voy a por la gata que es capaz de morirse de hambre ahí abajo…-

La bruja miró con mala cara la niebla que subía por las escaleras, optando por continuar con su infusión…

Ingvild Leviatán abrió los ojos sorprendida, en el otro extremo de la mesa estaba la recién llegada. Una niña delgaducha de extravagante cabello azulado que bajo extrañas circunstancias no solo había llegado a su casa sino que había acabado siendo su compañera en todos los aspectos de su vida. Una niña que se estaba abrazando a sí misma, llorando notoriamente.

Sin dejar de comer.

-¡Xenovia! ¿Qué pasa?- exclamó la pelirosa levantándose, llamando la atención de la bruja que dejando sus pócimas regresó al comedor.

-¿Xenovia, estas bien?-

-Y-yo… Hace unas semanas estaba… Y ahora… snif… Ropa, comida… ¿Por qué?- preguntó Xenovia mirando a Lavinia.

-Oh, Xenovia…- susurró Lavinia arrodillándose frente a la niña -¿Eso importa?-

-Pero… Y si Issei cambia de opinión… Y si…-

-Eso no pasará, cuesta de entender pero esto es irreversible…- murmuró Ingvild sentándose junto a ella –Piensa que… Veamos… ¿Todo lo malo que has vivido hasta ahora está siendo recompensado?-

-¡!-

-Vamos, no llores, no tienes motivos… E Issei se preocupará si ve a una de sus chicas llorar- susurró Lavinia tomando sus lágrimas con sus pulgares antes de besarla en la frente.

-Ahora eres una demonio y formas parte de la noble y caprichosa raza de los dragones-

-¡¿Yo?!-

-Se nos permite ser caprichosos, egoístas y muchas cosas malas más…-

Lavinia se incorporó guiñándole un ojo –Aunque si quieres ayudar… Podemos empezar por acabar las pócimas-

-¿Pócimas?-

-Ahora que eres una de nosotras has de saber una cosa…-

-¿El qué?-

-Este es un trabajo muy duro. No porque las tareas sean muchas o difíciles… El problema es…-

-Issei es un chico- respondió Ingvild.

-¿Eso es malo?-

-Por supuesto!- volviendo a sus hierbas –Es un inconsciente, irresponsable y siempre hace que nos preocupemos por él-

-¿Preocuparnos?-

-Las chicas somos mucho más responsables y por eso tenemos que vigilarlo bien de cerca- sonrió Ingvild.

Xenovia ladeó la cabeza confundida.

Acabando de mezclar las raíces machacadas. Lavinia vertió el contenido en un recipiente con agua caliente.

-¿Ya está?-

-Solo hay que esperar de tres a cinco minutos… Sí, es como un té. Las infusiones tienen su origen en estas pócimas…-

-Lavinia-onee-sama, no entiendo…- preguntó Xenovia mirando los dos recipientes -¿Esto es parte del desayuno?-

-S-socorro!-

-¡!-

-COUGH COUGH!-

Lavinia negó con la cabeza. Ingvild corrió a ayudar a dos moribundos deshechos que intentaban subir a rastras por las escaleras.

-¿Q-que ha pasado?- preguntó la demonio alarmada, dejando a los demonios en el sofá.

La morena, con la piel con una tonalidad azulada, se inclinó para vomitar.

-Nyaaaaaa! Estoy fat… buargh!-

-Me cago en todo lo cagable! Kuro… Buargh!-

Ingvild se volvió asustada a Lavinia, el dragón estaba mucho peor.

-Veneno para dragones… Kuroka ha vuelto a actuar de forma irresponsable- dijo Lavinia dejando dos recipientes de cerámica pequeños frente a los enfermos –Tomad esto, os sentará bien-

-Jajaja… Estas fatal, gata fofa… Buargh!-

-Anda que tú! Dragón idiota, ny… Buarghhhh!-

-Vaya par de irresponsables… Suerte tenéis que no pueda convocar veneno letal para vosotros, idiotas!- protestó la rubia alzándose, enfadada.

-El dragón es él, nya, porque sufro yo también, nya?-

-Todas nosotras tenemos una parte de él en nuestro cuerpo, somos dragones en cierto sentido… Bebeos esto antes de que llegue Rose. Y ya hablaremos de esto, Issei-sama!-

-La culpa es suya…- tomándose el brebaje, relajándose en el asiento.

-¡De eso nada! Usted es el amo!-

-Eso, nya!- apoyándose en el hombro de Issei, relajada, ronroneando al sentir como el líquido calmaba sus nauseas.

-Y tu jovencita, has puesto en peligro al amo!-

-Nyaaaaa-

-No me vengas con "nyaaaaa", Kuroka!- protestó Lavinia cruzándose de brazos, golpeando el suelo rítmicamente con su pie derecho.

-Aunque seamos esclavas somos ante todo una familia- dijo Ingvild abrazando a Xenovia por la espalda, colocando sus pechos sobre su cabeza –No te reprimas nada, nunca-

-E-entiendo…-

-Si ya habéis acabado de hacer el tonto y la pócima ha funcionado… ¿Desayunamos?- propuso Lavinia con una cálida sonrisa.

-¿Comerás después de… vomitar?-

-¡Hambre! Hambre! Tenemos hambre!- exclamaron el castaño y la morena golpeando la mesa con sus manos -¡Queremos comida!-

-Oh, lo harán…- sonrió Lavinia –Y tu creo que eres bastante parecido a ellos. Por eso creo que te adaptarás bien…-

Xenovia la miró confundida.

-Qué bueno que estaba, nya… te has superado de nuevo, Lavi! Nya!- dijo Kuroka estirándose en su asiento, contenta.

-Gracias, Kuro- sonrió Lavinia agradecida.

-¿Qué hacemos hoy?- preguntó Ingvild volviendo de la cocina -¿Compras o biblioteca?-

-Compras! Nya!

-Biblioteca!- dijo Lavinia.

-Basta de libros, ya he leído y vomitado mucho por hoy!-

Issei las miró con escepticismo.

-Vaya, tenéis planes?-

-Lo estamos decidiendo… ¿Quieres venir?-

-Qué casualidad… Juraría que os tocaban clases físicas…- cruzándose de brazos.

-¿Qué? No, nooooo. Eso es mañana- dijo Lavinia sonriente.

-O pasado, pero hoy no- corroboró Ingvild.

-O nunca, nya-

-Ja ja ja. Os quiero a todas con vuestras mallas de entrenamiento en el gimnasio en diez minutos… Vamos!- extendiendo su mano para tomar el café… La taza se desplazó, alejándose, antes de que pudiese alcanzarla.

Lavinia abrió los ojos sorprendida, percatándose. No entendía que había pasado, no percibía nada, pero el gruñido del demonio y la mueca de resignación parecían indicar que no era algo puntual o extraño.

-Pensándolo mejor…- dijo Issei rascándose una ceja, irritado – Últimamente os lo habéis trabajado mucho así que… Os dejo el día libre para lo que queráis…-

-¡Síiiiiii!-

El dragón tomó, ahora sí, su taza. Observando en silencio la sonriente figura de Gabriel sobre la mesa.

-Xenovia, te quedas conmigo- ordenó sin dejar de mirar a la arcángel.

-¡!-

-¿I-Issei? No la estarás castigando!- exclamó Lavinia abrazando a la niña, que la miraba temerosa.

-Vamos, vamos, largo, largo- gesticuló el niño con la mano –Y tú… Ponte ropa deportiva, le comprasteis algo para ir a la montaña?-

-Claro, esta con la etiqueta "montañismo"- respondió Ingvild junto a la rubia.

-Póntelo, saldremos en media hora- sentenció Issei levantándose.

Xenovia agarró las asas de su mochila, nerviosa, confundida y maravillada. Llevaban horas caminando, estaban en lo alto de un monte no sabía a qué distancia de la residencia y las vistas, un profundo valle, eran maravillosas habiendo frente a ellos un importante barranco…

-Issei-sama, es muy bonito pero… ¿M-me vas a dejar aquí?-

PAM

Issei golpeó con sus nudillos la frente de la niña.

-No seas idiota… Aunque lo eres- alejándose unos pasos, tomando una piedra, lanzándola con fuerza… a cientos de metros.

-Y-yo…-

-Llevamos tres horas caminando y apenas estás cansada pese a que las cuestas han sido constantes…-

-¡!-

-Tampoco te has dado cuenta de tu incremento de fuerza y sé que apenas duermes porque a diferencia de las demás, ya te has adaptado. No te has dado cuenta porque te escondes en tu dormitorio todas las noches estudiando…-

-¡!-

-No eres la chica más despierta de todas precisamente… Pero no eres menos que tus hermanas- agachándose, mirando el horizonte –Tu permanencia en mi casa, que ahora seas parte de mi familia, viene forzado por alguien muy querido para mí, Xenovia. Y por ese respeto…- mirándola de reojo -¿Crees que eres una niña normal? ¿Qué sigues siendo la misma que hace unas semanas?-

-¡!-

-Ven, acércate- dijo Issei volviendo la mirada hacia adelante.

-¿H-hay algo?-

-¿Crees que un humano normal sobreviviría a esta caída?- preguntó Issei mirando hacia abajo.

La peliazul se inclinó levemente, asustada.

-N-no, imposible!-

-¿En serio? Veámoslo…- empujando a la niña.

Abriendo los ojos, chillando aterrorizada, Xenovia cayó y cayó, intentando agarrarse a algo, viendo cómo se acercaba más y más al suelo…

PAM

Esperando unos segundos, la chica abrió los ojos.

Perpleja, sorprendida.

Estaba de pie, con el suelo agrietado en una especie de cráter bajo sus pies. Estaba viva, y sin daños!

Mirándose su cuerpo incrédula se volvió hacia arriba. No alcanzaba a ver la cima del precipicio, del muro.

Volviendo a sus manos empezó a caminar, tragando saliva… empezó a correr. Correr, mucho más rápido de lo que había logrado nunca. Más rápido que cualquier bicicleta… ¡Que un coche!

Emocionada saltó, chillando de la emoción al verse deslizándose por encima de las copas de los arboles…

-Eso no ha estado bien…- protestó Gabriel junto al dragón.

-Pero es más rápido- dijo Issei mirando hacia abajo –Y efectivo-

-Aun así no está bien-

-¿Y darle mi pieza a traición si lo es? ¿Mmm?-

Gabriel desvió la mirada inocentemente.

-¿Ah, no quieres hablar de eso?- preguntó el dragón tomando a la arcángel de las mejillas –Y no te recuerdo que tu castigo aún está por llegar porque soy un tío muy majo…-

Gabriel se cubrió su trasero con sus manos.

-¡Igge!-

-¿Mmm?-

La arcángel estaba señalando algo en la distancia. En la lejanía se podía ver la figura de la niña asomarse por encima de los árboles, saltando y chillando de emoción.

-Esa niña…-

-Tu experimento es un éxito, Issei-

-¿Mmm?-

-Esa niña ha asimilado todo tu poder concentrado, sin siquiera poder empezar a disfrutar de los poderes innatos de la Pieza de Caballero su físico es algo sobrenatural… Con la otra de estas Irina-chan jamás volverá a ser una chica débil y frágil…-

Issei la miró con escepticismo, acariciándose la barbilla.

Era cierto. La niña, de entre todas sus esclavas, era quien estaba más cerca de ser un "dragón". Algo claramente antinatural y un proceso que había salido bien por pura suerte…

Dando un paso al frente, Issei se dejó caer por el precipicio, extendiendo sus alas de reptil, alzando el vuelo siguiendo la estela de la niña, aterrizando con fuerza frente a ella.

-¡Issei! ¿Has visto?- chilló la peliazul emocionada.

-Ya no eres humana, Xenovia. Eres algo más. Sumamente especial y prácticamente único. Compartes conmigo una genética draconiana que está prácticamente extinta en este planeta…- empezó el joven –Todas tus hermanas lo tienen, pero dada los extraños sucesos de tu renacimiento…-

-¿Qué?-

Issei se quitó su chaleco, dejando la mochila y la prenda en el suelo, en un rincón.

-La Pieza de Caballero te dará velocidad, pero antes, vamos a probar cuanto de mí hay en ti…-

-¿?-

-Vamos a pelear, Xenovia-

-¿Q-que?-

-Y quiero que te centres y te esfuerces- ladeando su cuerpo, cerrando sus puños.

-Y-yo no sé pelear!-

-Llevas semanas viendo mis entrenamientos, algo habrás aprendido-

-¡!-

-Vamos, vamos…- lanzando puños al aire –Ven-

Dudosa, la niña corrió el dragón saltando, extendiendo sus piernas.

Issei lo esquivó con facilidad.

Girándose, volvió a acercarse a él, lanzando patadas y puñetazos.

El joven entrecerró los ojos. La niña, muy torpe, se movía con una considerable velocidad. No sería rival para cualquier luchador humano. Igualmente empezaba a vislumbrar porque Gabriel la protegía. Aunque ni había olvidado ni sabía porque la Iglesia la tenía en custodia o porque los demonios la secuestraron para ofrecerla en sacrificio si tenía claro que era un soberbio recipiente tanto para la pieza mutada como para el cristal dragontino, que había asimilado a la perfección su poder y que se había adaptado a una velocidad record a su nuevo cuerpo.

A diferencia de Lavinia o Rossweisse, no era una chica brillante, despierta o intelectual. Era más bien una zoquete pero a nivel físico era lo mejor con diferencia.

Despistado, concentrado en sus pensamientos, dio un paso en falso, una distracción que la chica utilizó en forma de puñetazo. Lanzándose hacia adelante, la peliazul golpeó la mandíbula con fuerza.

Perplejo, Issei abrió los ojos. Tumbado en el suelo sangrando profusamente por el labio inferior.

-Me cago en la ostia!-

La peliazul no sabía dónde meterse. Llorosa, mirando a lado y lado.

-¿Cómo has hecho eso?- exclamó Issei incorporándose levemente.

-Y-yo… Lo siento mucho!-

-No digas tonterías!- levantándose de un salto.

El golpe era el de un novato, no sabía pegar. No había usado ni el cuerpo ni la fuerza adecuada pero el mantecado había sido genuino. Lo había derribado. Con suerte quizás, pero lo había hecho. Y el golpe le había dolido de verdad.

Esa niña era ciertamente algo muy interesante!

-No hemos venido aquí por nada, Novia!-

-¿N-novia?-

-Ah… ¿Mejor Xen? Si, Xen!-

-¡!-

-Repite- ordenó Issei escupiendo algo de sangre.

-¿Qué?-

-Vamos, ven- colocándose en posición.

Temerosa la niña volvió a avanzar. Lanzando golpes y patadas con torpeza.

Reconocía movimientos del estilo de su familia, que el mismo Zeoticus le había enseñado. ¿Y había llegado así solo mirando?

Tomando un puño al viento, al vuelo, el joven sonrió divertido. La niña poseía una fuerza significativa. Para nada algo acorde a su edad y físico. Suavizando el agarre empezó a acariciar la mano, dedos, muñeca y antebrazo. La piel, elástica. Los músculos, rígidos. Le recordaba a su propia mano, no a la de Rias o Akeno, por poner ejemplos.

-No te lo tomes como un castigo, necesitaba que vieses de que eres capaz ahora- colocando sus manos en su hombro –En cuanto regresemos te voy a enseñar el estilo de pelea de los Gremory!-

-¿Q-que?-

-Y te buscaremos un arma… ¿Te gustan las espadas?-

-N-nunca he…-

-Esto será muy divertido! Una compañera de armas entre tanto friki de los libros! Jajajajaja!- rio Issei golpeando repetidas veces sus hombros –Ya hemos acabado, puedes irte con ellas si quieres-

-¿Con quiénes?-

-Las chicas, están ahí escondidas- señaló Issei con el pulgar, a unos matorrales.

-¿Ya está entonces?-

-Objetivo cumplido, sí. Muchas gracias, Xen- sonrió Issei viendo como las chicas llegaban juntas, pegadas, con una enfadada Rossweisse liderando la marcha.

Xenovia se vió envuelta en un abrazo de oso por parte de Ingvild y Lavinia, que acariciaron su rostro buscando algún rastro de heridas… Los ojos de la niña se centraban en la bronca que la albina le estaba propinando al dragón.

Sentía que cada vez estaba más unida a su amo… Ser la compañera de armas.

¡Daria lo mejor de sí!

-Ah, chicas, antes de iros…-

-¿Si?-

-Ahora que tenéis una hermana que se toma en serio las clases de defensa personal… Espero más consideración e implicación con las vuestras…- sonrió Issei fingiendo inocencia –Puedo contar con vuestra cooperación, verdad?-

GLUP

Subiendo las escaleras con ritmo, Ingvild Leviatán alcanzó la terraza superior. Contenta, recorrió los pasillos de piedra adornados con parterres repletos de hierbas aromáticas. Girando sobre si misma, alzó los brazos, sosteniendo entre sus delgados dedos algunas aves blancas.

Emocionada, no tardó en empezar a cantar. Una suave melódica, relajante, nostálgica.

-Naaaanananaaaaa nanaaaa nananaaaaaaaaaaaa!-

Dejando que las aves alzasen el vuelo, la pelirrosa se llevó una mano al pecho, alzando la otra. Girando y girando…

-¡!-

Deteniéndose en seco, Ingvild se sonrojó enormemente, avergonzada.

En un rincón, estirado y recostado en uno de los bancos de piedra, había un joven de largo cabello castaño y ojos rojos, sonrisa traviesa, fijos en ella.

-¡I-Issei! ¿C-cuando has llegado?-

-Hace una hora…- sonrió el demonio -¿Te incomoda mi presencia?-

-N-no!-

-Mama siempre dice que tengo un don para incordiar… Bonita canción, por cierto-

-¡!-

-Me sorprende…- gruñó Issei dejando el libro en la piedra, incorporándose lentamente –Que te comportes asi, de repente. Se que te gusta cantar, lo haces a menudo con Lavi… ¿La canción es especial?-

-Y-yo…-

-Más de una vez he pensado… ¿Qué ven tus ojos?-

-¿Qué ven?-

-Viviste en los años en los que mi hermano era un mozo… Todo era muy distinto aquí… Dudo que nada de esto estuviese edificado- señalando el horizonte, las vistas de la ciudad japonesa –Las costumbres, conocidos… Tu día a día debe de resultarte…-

-Mi familia… Siempre vivimos en la clandestinidad, vivíamos escondidos, en el campo…- mirando al chico de reojo –No teníamos los lujos o necesidades que hay aquí… Así que no sabría decirte como era Lilith entonces, que modas había o que había aquí…-

-Entiendo… Ingvi… No he querido que tengas presiones… ¿Puedo hacer de tu estancia aquí algo más llevadero?-

La pelirrosa sonrió cálidamente.

-¿No me vas a preguntar por mi familia?-

-Por lo que a mí respecta esta es tu familia-

-¿No te interesa el legado de los Leviatán?-

-La única Leviatán con un legado que me interese por nombre es Serafall…-

Ingvild se giró rápidamente, mirándolo con una sorprendente intensidad por unos segundos.

-¿Ella es la Leviatán para ti?-

-Es solo un nombre…- gruñó Issei apoyándose en una de las barandillas.

-Es mucho más que eso… Los demonios en el Lado Oscuro lo saben, mi prima lo sabe… Tu hermano lo sabe-

-Tonterías…- bostezando desinteresado –Sabes que no tengo interés en las Grandes Familias, en las 72 Casas, en la extinta Leviatán…-

-No estamos extintos… No estoy extinta!-

-Soy muy consciente de ello- acariciando su rostro. Besando su frente.

-Issei…-

-¿Mmm?-

-¿Por qué un Alfil?-

-¿Qué pasa con el Alfil? ¿No te gustan los alfiles?-

La Leviatán la miró fijamente.

-No mentiré diciendo que mis padres no propusieron tu nombre como Reina… La Gran Leviatán! Oh! La Leviatán!- dramatizó el castaño agudizando su voz –Hermosa, poderosa, con una sangre noble! La Reina ideal!-

-Así es-

-Ya bueno, pues eso a mí no me interesa-

-¡!-

-Eres una buena chica, dulce y amable, que ha sufrido y aún le queda mucho por lo que pasar… El linaje de tu sangre es algo que nunca te abandonará… Detestaría hacer sufrir de una forma constante a una de mis esposas… En cambio, como Alfil, como compañera de Lavinia, estarás mucho mejor-

Emocionada, se llevó las manos al pecho.

-Además. Ya tienes bastante siendo mi esclava… Para que añadirte más presión… Ya tienes… Bastante. También está que mis padres quieran controlarlo todo… Eso me tocó la fibra rebelde adolescente… Y que necesite a alguien con más carácter. Porque la verdad es que aquí se necesita mano dura y…. ¿No te gusta tu vida actual? ¿No lo estoy haciendo bien?-

La pelirrosa lo silenció de un beso, tomando su rostro entre sus manos.

-N-no importa lo que pase, mi vida es tuya y la casa Leviatán se someterá a la Gremory bajo tu liderazgo…-

-Ni que estuvieses hablando con mi hermana… Eso a mí no me importa. Ya tengo lo mejor que la Casa Leviatán puede ofrecer- bajando su mano, golpeando una de las nalgas de la demonio.

Ingvild volvió a sonrojarse, bajando la mirada, cohibida.

-Estarás cansada…-

-Solo es media tarde…-

-Pero eres una dormilona consumada- regresando a su asiento, golpeando con la palma el espacio contiguo –Ven, siéntate-

La joven se sentó a su lado, tímida.

-¿He de decirte que eres libre de hacer lo que quieras hacer?-

-¿Puedo ser caprichosa y egoísta?-

-¿Te recuerdo que eres una demonio?-

Sonriente, Ingvild se dejó caer, apoyando su cabeza en los muslos de Issei. Al instante el dragón estaba acariciando su sedoso cabello.

-Si hubiese más Leviatán vivos…-

-¿Añoras tu familia?-

-No, pensaba en que habría mejores demonios para ser…-

Issei pinzó la nariz de la chica irritado.

-Creo haber dicho que ya tenía al mejor Leviatán…-

-Pero yo siempre estoy dormida…-

-Adorablemente dormida-

-No soy buena esclava-

-Eso es subjetivo-

-Siempre estoy durmiendo cuando debo servirte-

-Kuroka suele dormir lo mismo sin estar enferma…-

-No se cocinar-

-Rossweisse tampoco-

-Pero…-

-¿Qué es una esclava? ¿Aquella que sirve?-

-Supongo que si-

-Pero servir puede significar muchas cosas, tendrías que servir como tu amo quiere que lo hagas. Como por ejemplo los Pecados, no pide lo mismo uno de Lujuria como uno de Soberbia…-

-Así es-

-¿Me conoces?-

-Cada día más-

-¿Sabes que pido para vosotras?-

-No quieres esclavas, quieres novias que se formen para esposas-

-Bien, bien… ¿Sigues pensando que eres una mala esclava?-

Juntando sus muslos, entrelazando sus dedos, Ingvild lo miró nerviosa.

-Yo creo que eres el mejor ejemplar de Leviatán… Seguro que son una familia de creidosssss y estiradossssss…-

La pelirrosa rio divertida.

-No tienes que dedicarle un solo segundo a pensar si tu presencia aquí es lo correcto o no…-

-Ssssshhhhh… Ssssssssshhhhhhh-

-¿?-

Bajando la mirada, sonrió al ver a Ingvild durmiendo suavemente.

-¿Es normal?- preguntó Issei mirando a las chicas, de pie en la entrada del balcón superior.

-Los informes del Serafall decían que su sueño, como el de Serafall, se debía a carencias energéticas pero…- murmuró Lavinia sentándose junto a él, acariciando el durmiente rostro de Ingvild.

-Es demasiado extraño… En Asgard no tenemos nada así- dijo Rossweisse cruzándose de brazos frente a ellos –Pero no hay daños ni secuelas así que tampoco creo que esté mal… Creo-

-Os lo dije, nya. Solo le gusta dormir!- exclamo Kuroka colocándose sobre la cabeza de Issei –Como a mí, nya! ¿Por qué yo no puedo dormir también?-

-¿Ingvi-onee-sama está bien?- preguntó Xenovia inclinándose frente a la pelirrosa.

-Estará bien- respondió Rossweisse acariciando su cabello.

Issei miró a sus novias.

Rodeando a Ingvild, genuinamente preocupadas por su hermana.

Sí. Ingvild Leviatán estaría bien. Estaba rodeada de gente que la quería y velaba por ella. Si sus familiares querían venir a por ella no la encontrarían sola. Si se la querían llevar encontrarían resistencia.

Ingvild ya no era una Leviatán, era una Gremory.

Aunque quizás debería de haberle dicho que su Leviatán favorita era Serafall… Ella si le servía bien.

-Oh, la cabeza de Ingvild se ha levantado!- exclamó Xenovia sonriente.

-¿Qué?- agachándose, Rossweisse vio como el bulto en el pantalón del dragón había levantando la cabeza de la pelirrosa -¿En serio estas teniendo pensamientos tan obscenos como para romper el hechizo en tus pantalones en este momento?-

Lavinia y Kuroka rieron levemente.

-Realmente eres un pervertido… Rose, Xenovia, podeis llevar a Ingvild a su habitación- preguntó Lavinia levantándose mientras Kuroka, en su forma humana, apartaba a la pelirrosa.

-Sí, sí, id a atender a este cerdo…- gruñó Rossweisse celosa. Convocando un hechizo para levantar a la joven, caminando hasta su dormitorio.

Xenovia se quedó quieta, pasando de mirar a Rossweisse a la dirección que había tomado su amo. Curiosa dejó a la albina para tomar el sendero que habían tomado Lavinia y Kuroka.

Caminando entre piezas de ropa en el suelo, Xenovia se asomó con cautela por una de las puertas del salón principal. Abriendo los ojos sorprendida.

Sus dos hermanas desnudas, acariciando y besando el cuerpo de Issei. Con el dragón tomando sus labios alternando una con la otra, acariciando sus cuerpos.

Gemidos, susurros, jadeos, risitas.

Los ojos brillantes, los cuerpos relucientes con perlas de sudor, estremeciéndose.

¿Aquello era servir? ¿Aquello era el placer del que tanto había escuchado?

Xenovia… También quería servir.


- Continuará en el siguiente capítulo-


Espero que os guste y nos leemos en el siguiente capitulo.