Harry Potter pertenece a JK Rowling.
Bruja Llameante
29: A la mañana siguiente
Beatrice, Hermione, Neville, Luna, Su, Padma, Susan, Hannah y Sally-Anne, retornaron a Hogwarts, escoltadas (y escoltado) por Dumbledore, Cornelius Fudge, Madame Bones y seis Aurores. Rápidamente, con la ayuda de Dumbledore, localizaron a Umbridge dentro de los terrenos del Bosque Prohibido y solo los adultos fueron a buscar a la mujer. —Por favor: Quédense aquí, hasta que volvamos con la Profesora Umbridge y entonces, nosotros mismos, los guiaremos a sus Salas Comunes -todas ellas (él incluido) asintieron y con un agitamiento de varita, algunas sillas extra, mantas y chocolate caliente, algo de azúcar, Stevia y splenda.
Beatrice suspiró, cerró sus ojos y el olor a chocolate inundó sus sentidos. Solo se escuchaba a sus compañeros de aventura, beber sus bebidas y volver a depositar ruidosamente el pocillo sobre el platito que traía a juego, cada uno. Ella misma le dio un sorbo a su chocolate, mientras que sentía la mano de Hermione en su hombro. —Gracias a todos, por venir a semejante misión suicida. —todos ellos estallaron en frases como de: «No necesitas agradecernos», «El ADCAO cuida de los suyos», «Creo que hicimos lo que muchos del ADCAO querían: enfrentarnos a Voldemort» —Sí, supongo que tienes razón. Quizás… más de uno, es como Susan, Neville y yo, quizás… más de uno, sintió hambre de aprender más, hambre de venganza y eso fue lo que llevó a formar el… Escuadrón de Liberación de Black, esta noche.
—Pues lo hicimos excelentemente bien, ¿Saben? —dijo Susan —Nos paramos y enfrentamos a los Mortífagos, los golpeamos (literalmente y con hechizos), les demostramos que no permitiremos que conviertan a la Gran Inglaterra Mágica, en su patio de juegos Sangre Pura.
—El año entrante... la ADCAO, aprenderá Oclumancia y les mostraré de que mierdas, se trató realmente esta noche y lo que era la esfera esa —Beatrice enseñó la esfera en su bolsillo, les guiñó el ojo a todos los miembros del ELB, quienes observaron a su líder con respeto y asombro — ¿Todo bien, Señor director?
Dumbledore miró asombrado a Beatrice. Él había usado un hechizo para no ser notado y usó otro para hacerse invisible. —S-Sí, estoy bien. Quizás, el Sr. Longbottom y las Srtas. Lovegood, Li, Patil, Bones, Abbott y Perks, quieran... volver a su Sala Común. —a medida que avanzaban las palabras, Dumbledore, solo se desanimada aún más. Había demasiado poder en esa única sala, sabía que el Profeta hablaría sobre esta noche y no podía atender a sus alumnos, al tiempo que intentaba amortiguar el golpe al mismo tiempo y no sabía lo que diría Cornelius, ni si acaso Cornelius hablaría sobre los chicos y los nombraría, pues políticamente, sus apellidos eran importantes y dejarlos por fuera, podría ser visto, como una falta de respeto. Dumbledore se sentó en su silla, con un aire derrotado, preguntándose como era posible, que todo saliera TAN mal, en una única noche, mientras miraba los ojos verdes de Beatrice y usaba Legeremencia, solo para tener que abandonar inmediatamente la mente de Beatrice, al encontrarse con un infierno de llamas violetas.
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— (…) mis padres fueron asesinados y a los de Neville les destrozaron la mente, por culpa de esto, ¿Eh? —dijo Beatrice, Dumbledore intentó retomar el hilo de la conversación —Una profecía sobre aquel que podría acabar con la vida de Tom S. Ryddle: Ahora, las cosas comienzan a tener, más sentido. Supongo que él, estaría deseoso de conseguirla, luego de resucitar, para descubrir el motivo por el cual una mocosa de un año de edad lo derribó, pero usted y yo, sabemos la respuesta de eso, ¿Verdad profesor? —Dumbledore se encontró mirando los ojos verde jade brillantes de su alumna.
—Srta. Potter… —comenzó él.
—Según las cosas que dijo el ministro sobre Sirius en el 93 y tomando lo que sabemos actualmente: Un Mortífago los escuchó a ti y a la profesora Trelawney en los 80, cuando la entrevistaste, para obtener el puesto y cuando ella te dio la Profecía y entonces, un Mortífago, digamos… Snape: —Dumbledore y varios del grupo, menos Hermione y Luna, jadearon con incredulidad, ante tal ataque —la escuchó y fue a decirle a su maestro Mestizo, lo escuchado. Podría haber elegido a Neville, por ser Sangre Pura y ser la porquería que defiende, pero nos otorgó la pista más importante, al atacarme a mí, que soy Mestiza como él y nos dio… una gran pista, sobre sus propias inseguridades. Su madre era una Squib, la última de los Gaunt…
— ¡Srta. Potter…! —comenzó Dumbledore.
—Tan maltratada por su padre y su hermano mayor, que jamás pudo manifestar magia, libremente y se enamoró de un hombre llamado Tom Ryddle, su familia era muy acaudalada. Le daría una poción de amor, pues el hombre ya estaba comprometido, con Philomena O'Connor: una Muggle acaudalada —la historia continuaba.
— ¡Srta. Potter…! —pero nuevamente, fue ignorado.
—La mujer, le dio a Tom Ryddle una poción de amor, no querría controlarlo con el Imperius, sino vivir un romance —continuó Beatrice —luego de varios meses de embarazo, dejó de darle la poción, creyendo que ya lo amaría, pero fue abandonada y ella tuvo que empeñar su último recuerdo de los Gaunt: Un guardapelo que costaba muchísimo dinero, pero ella lo desconocía, fue estafada al instante y terminó muriendo en un orfanato al dar a luz. Finalmente, el Profesor Dumbledore trajo a Ryddle a Hogwarts en donde calificó para Slytherin y con su Pársel, Tom Sorvolo Ryddle Jr. se hizo de amigos poderosos quienes querían estar a su lado y personas que deseaban protección. Crearon a los Caballeros. De Walpurgis.
Dumbledore comenzaba a sufrir una migraña. ¿Cómo demonios era posible que Beatrice estuviera tan bien informada de las cosas? Él había estado guardando esta información por décadas y planeaba contárselo todo a Beatrice el año siguiente, cuando le demostraría que la veía como una adulta más que capaz y fueran a buscar el Horrocrux de la cueva, en Little Hangleton, pero ella ya lo sabía absolutamente todo. — ¡SRTA. POTTER!
—En su sexto año, gracias al profesor Slughorn, Ryddle descubrió la existencia de una magia tan oscura, que te permitía tener una falsa inmortalidad y esa es razón, detrás de su rostro tan… afeado y demacrado. —terminó Beatrice —Sé exactamente, en donde se encuentra… la última ancla del alma de Ryddle.
Dumbledore se levantó de un salto, asustando a sus alumnos. — ¡¿DÓNDE SE ENCUENTRA?!
—En la Cámara de los Lestrange en Gringotts, la Copa. —dijo ella, finalmente dirigiéndole la palabra, mientras suspiraba —Hora de descansar.
—Srta. Potter, no le he permitido abandonar esta habitación, Srta. Potter, ¿Cómo es que usted sabe…?
— ¿Sabes por qué no confío en ti? —Preguntó ella lentamente —Porque me arrancaste mi identidad, mi nombre, mi género, mi familia… eres su creador. Colocaste bloqueos mágicos en mi cuerpo. No pudiste ni tan siquiera intentar deshacerte del Horrocrux en mi frente y solo soy tu puto chivo expiatorio, en otro puto plan de mierda, en un intento desperado por matar a Ryddle y como él es un hombre, entonces la persona que le derrote y su igual y opuesto, también debía de ser hombre. —esas palabras, dichas tan lentamente, horrorizaron a Dumbledore —Sí Severus es una buena mascota tuya, entonces no debe de haberle hablado, sobre el nombre de la raza de fuego a la cual mi madre y yo, pertenecemos. Y esas llamas que han consumido a sus Mortífagos del cementerio y a los reclutas de la Sala de las Profecías anoche, serán las mismas que lo consumirán a él, porque el Horrocrux en mi frente, fue destruido en el amanecer del día en el cual llegaron los alumnos de Beauxbatons y Durstrang. Esa noche, yo fui libre de tus cadenas. Y seré libre completamente, al menos de que me asesines, aquí y ahora -la habitación se sumió en silencio y el ambiente se volvió tan pesado y denso, que podría ser cortado con un Diffindo.
Viendo que Dumbledore no le haría nada, Beatrice abandonó la oficina, para volver a su habitación en la Sala Común de Gryffindor.
Dumbledore suspiró derrotado. Beatrice Potter, finalmente le había dado sus razones para no confiar en él. Todo esto, seguía recubierto por una capa de gran misterio y algo de misticismo, flotando alrededor de Beatrice, pero ahora entendía como era posible que ella, se hubiera hecho tan poderosa en menos de dos años: Beatrice venía del futuro. Ella lo dejó caer muy en claro y obviamente, sabía sobre los Horrocruxes de Voldemort. Todos y cada uno. Conocería la historia de Voldemort, porque él se la contó en el futuro, pero ella le guardaba rencor, por dejar morir a James y Lily, dejar que encarcelaran a Sirius, enviarla con los Dursley, por arrebatarle su identidad de género y todo por una mugrosa Profecía. Dumbledore suspiró, se quitó su gorro, luego se deshizo de las gafas, mientras se pasaba las manos de largos dedos por la cabeza llena de canas, con un aire derrotado. Levantó la varita, levantó un puñado de polvos Flú, que lanzó contra la chimenea, la cual estalló en llamas verdes. —Severus, un momento de tu tiempo, por favor.
—Has vuelto, estoy allí, en seguida. —dijo Snape. Dumbledore suspiró, mientras se agarraba la cabeza con fuerza y las llamas se extinguirán. El querido Severus, odiaba usar el Flú a causa de que la ceniza se le pegaba al cabello. Unos segundos después, él llegó. Dumbledore frunció el ceño, estaba tan sumido en sus pensamientos, que no se dio cuenta de cuando llegó Severus. — ¿Perdimos muchos miembros de la Orden, en el intento por rescatar a Beatrice? —las últimas… cuatro palabras, sonaron estranguladas. Lo que más deseaba el profesor de Pociones, era poder imprimir su tono despectivo hacia Beatrice Potter, tal y como solía hacerlo, ante el tono que usaba en Harry Potter, pero, por el contrario, era incapaz de mostrar odio o aversión, ante el nombre o la idea de una descendiente femenina de Lily Potter, incluso si estaba manchada por James Potter.
—Cuando llegaron, Beatrice se había defendido magníficamente de los Mortífagos y habían muerto un máximo de cuatro de ellos. Entonces, la Orden llegó, los enfrentó y Beatrice llegó al atrio del Ministerio, en donde enfrentó con poder a Voldemort, permitiendo que Fudge lo viera con sus propios ojos y ya no puede negarlo, por mucho que él quiera hacerlo —explicó Dumbledore, desconsolado, por estas muertes.
Snape miró con gran sorpresa a Dumbledore. Era un verdadero shock, saber que habían Mortífagos muertos. La Orden del Fénix, sabía muy bien, cuanto odiaba Dumbledore la idea de matar… quizás por lo vívido en la Guerra de Magos Mundial o por cualquier otro trauma del pasado, así que las órdenes explícitas de la Orden, eran no matar a sus enemigos, pero esto no se aplicaba a los Mortífagos y que pareciera ser, que Beatrice Potter, el peón de Albus Dumbledore y su niñata malcriada y dorada de Gryffindor, era la principal causa de asesinatos y disminución en las filas de los Mortífagos, entonces era aún peor… para Dumbledore. —Sí ese es el caso… Entonces no demorará en llamarme. Debo de prepararme, con tu permiso.
Dumbledore suspiró cansado. —Sigue, Severus. —este era, sin duda alguna, uno de los diez peores días en la vida de Albus Dumbledore. Una Beatrice Potter, más poderosa de lo que él quería que ella fuese; una Beatrice Potter con conocimientos; una Beatrice Potter con poder en bruto y el deseo de venganza suficiente, como para caminar sobre un yermo carbonizado por llamas violetas y decorado con muertos, sin llegar a sentirse culpable y sin que eso le quite el sueño.
Se bañaron, bajaron al Gran Comedor y todos les asaltaron con preguntas, todos querían saber sobre la historia del Profeta y Beatrice lo resumió: «Desde que resucitó, Ryddle me ha estado enviando imágenes de una puerta, mediante algo llamado Legeremancia: una magia oscura que te permite en la mente de otra persona, mientras que yo usaba la Oclumancia: el escudo de la mente; solo él y yo, podíamos obtener un artefacto mágico, oculto en el Departamento de Misterios del Ministerio de Magia; y estaba yo, tan agotada, después del examen de Historia de la Magia, que el pesado de escoria, ha ingresado a mi mente, muy fácilmente y me ha enseñado a donde ir y mintiéndome con que mi padrino, estaba secuestrado allí, Hermione me despertó y cuando bajamos a hablarlo entre nosotras, allí nos encontramos con Neville y lentamente, todo el grupo se reunió, fuimos hasta el Ministerio de Magia, con aquellos caballos que solo unos pocos pueden ver, debido a que han presenciado una muerte y los usamos para a ellos, encontramos que era una trampa, pues solo Ryddle y yo, podíamos tocar esa esfera y cuando la agarré, los Mortífagos aparecieron, usamos hechizos para alejarlos de nosotros o para desarmarlos, mientras corríamos, con la Orden del Fénix de Dumbledore…»
— ¡SEÑORITA POTTER!
Pero ella lo ignoró. «A la espera de los Mortífagos y salvarnos a nosotros. Tomamos el ascensor, llegamos al Atrio y él se apareció allí, el combate se alargó lo suficiente, que Fudge pudo verlo por sí mismo y ahora está diciendo la verdad.»
Dumbledore estaba rabiando de ira no contenida y sufrió un caso de Magia descontrolada, ante la lengua larga de Beatrice Potter, pero allí estaba en el Profeta.
ÉL ESTÁ DE VUELTA, PERO POTTER LO HA ENFRENTADO DE NUEVO.
Decía El Profeta, mientras que se enseñaba en una foto a Voldemort enfrentando a Beatrice Potter.
Era Fudge admitiendo la verdad, sobre la resurrección de Voldemort en la última prueba del Torneo de los Tres Magos.
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Pero al día siguiente, salió otro titular que causó que Dumbledore quisiera volar por los aires su parte superior, debido a la rabia no contenida.
LA VERDAD SOBRE LORD VOLDEMORT: ALGUNA VEZ, FUE UN HOMBRE MESTIZO LLAMADO TOM SORVOLO RYDDLE.
Allí estaba la biografía de Voldemort, palabra por palabra, como si la hubiera escrito él mismo para el Profeta. Todos los secretos que él había intentado mantener así: Ocultos, en secreto, se vieron revelados, por un auténtico trabajo periodístico de primera calidad… así que no fue obra de Skeeter. Y solo una cosa, tuvo sentido para Dumbledore: En algún momento de la noche y esta misma mañana, Beatrice volvió a abrir la boca o lo contó a alguien más.
Y fuera quien fuera, iba a pagar. Nadie se burlaba de esa forma de Albus Dumbledore.
¡NADIE!
