¡Hola! ¿Cómo va su domingo?

No lo había pensado antes, pero me resulta muy curioso estar subiendo una historia con esta temática justo los domingos jajaja. Bueno, quizá es una de las tantas cosas que extrañamente parecen ser sincronías. Creo que Fate tiene algunas cosas importantes que decir.

Disclaimer: MSLN ni sus personajes me pertenecen. Todo el crédito a sus respectivos autores.

Capítulo 2: Testimonio.

- Entonces Fate ¿Qué opinas del nuevo grupo? - preguntó Precia con una sonrisa, mientras le daba un sorbo a su taza de té.

Había tenido que levantarse muy temprano ese día para poder tomar el desayuno junto a Precia, su madre, en la cabaña privada de la misma, que también le servía como oficina. Tampoco era como si se hubiese tenido que esforzar mucho para levantarse. Como cosa rara, cada vez que empezaba un nuevo campamento sus horas de sueño tendían a ser bastante escasas, aunque eso era algo que no podía admitir frente a su madre.

- Parece un buen grupo - comentó Fate - Si nos esforzamos creo que lograremos el milagro.

Su madre sonrió complacida pero ella, en sus adentros, se retorció. El milagro le llamaban. Con cada grupo nuevo de chicas que llegaba su tarea siempre era la misma. Tenía que guiar a esas jóvenes perdidas a través de la oración, convencerlas de pedir con fe para que Dios tocara sus corazones y les quitara la mancha tan grande que había quedado en sus almas por el pecado tan horrible que se les había ocurrido cometer.

Ese pecado tan antinatural que Dios había logrado limpiar de su propia alma.

Amar a otra mujer.

Fate era el ejemplo de que, con una oración firme, se podía lograr cambiar. Eso era lo que predicaba su madre. Ella, a diferencia de su hermana, había decidido seguir el camino correcto. Su objetivo era que, con su guía, Dios también obrara un milagro en esas jóvenes que habían sido inscritas al campamento por sus familiares.

Solo que el milagro del que hablaba su madre era una mentira.

La mancha seguía allí. Ella no había podido cambiar lo incambiable y, peor aún, había decidido agregar otro pecado más a su larga lista: El pecado de la mentira.

Porque era una mentirosa. No podía decirle a su madre que le seguían gustando las chicas como le tenían que haber gustado los chicos, así que había optado por refugiarse en la mentira mientras, en sus oraciones, solo le pedía a Dios una oportunidad para poder escapar de las garras de su madre e intentar ser feliz, tal cual era.

- Cuento contigo para eso - confió Precia - Me gustaría que, en su primera reunión, les dieras tu testimonio Fate. Lo mejor para saber de primera mano que el milagro puede obrarse en ellas es conocer la experiencia de alguien que sí lo logró.

Y allí estaba otra vez. La petición de su madre.

- Desde luego. Si así lo deseas les contaré mi experiencia - afirmó Fate, sonriendo.

Su madre le dio algunas directrices adicionales mientras terminaban de desayunar, y durante todo ese tiempo Fate se esforzó en mantener la sonrisa comprensiva que la caracterizaba. Excusándose al llegar la hora, se levantó de la mesa y, luego de ayudar a su madre a fregar los platos que habían utilizado durante el desayuno, salió del lugar en dirección al centro de actividades para chicas.

El centro de actividades para chicas quedaba a algunos minutos de caminata de los dormitorios que asignaban a las ocupantes del sexo femenino. Otro centro similar, destinado para los asistentes de sexo masculino, se emplazaba prácticamente al otro lado del campamento. Ese otro centro, a percepción de Fate, era mucho más amplio. Aunque al inicio se había quejado, la excusa de su madre al darle más espacio a los chicos era que, sus actividades, al requerir a veces mayor uso de fuerza y actividad física, hacía necesario que dispusieran de más espacio a su favor.

Patrañas. Estaba segura de que muchas de las chicas también se interesarían en las actividades que estaban en el itinerario de los chicos, pero discutir con su madre era un caso perdido.

Al ver a lo lejos el grupo de chicas que esperaba por su llegada dejó escapar un sonoro suspiro, y se preparó mentalmente para esbozar su mejor sonrisa.

Le dolía tener que mentir tanto. Se sentía como una tremenda hipócrita al plantarse ante los grupos de jovencitas que iban a ese campamento y prometerles un milagro que sabía que no existía, pero era la única forma que tenía de ayudarlas. Ella, que sentía que ya no tenía salvación, atrapada en la jaula que su madre había diseñado para su ser, lo único que podía hacer era tratar de que la estancia de esas chicas fuera lo más tranquila posible, para que pudieran salir de allí con su moral intacta, y más adelante pudiesen decidir su propio camino.

El resto de las orientadoras no serían tan benevolentes al corregirlas si las encontraban mirando por mucho rato a alguna de sus compañeras. Al sentirse tan identificada por la situación de esas jóvenes, se sentía en la obligación de protegerlas lo más posible.

Cuando el grupo se percató de su cercanía las chicas se apresuraron a enderezarse, como si estuviesen frente a un capitán del ejército. Al ver esa reacción Fate no pudo evitar soltar una risita con algo de culpa.

Era demasiado evidente que esas chicas estaban aterradas.

- ¡Hola! - saludó Fate al grupo, mostrando su mejor sonrisa - Creo que vi a muchas de ustedes en la recepción el día de ayer, pero me presentaré nuevamente. Mi nombre es Fate, y soy una de las orientadoras del campamento. Las ayudaré con algunas clases, y también podrán verme durante los servicios y actividades grupales. Si tienen alguna duda acerca de alguna de las actividades, o en general, pueden acercarse a mí para conversar. ¿Entendido?

Un suave murmullo afirmativo corrió entre las integrantes del grupo.

- ¡Bien! Entonces, acompáñenme - continuó, abriendo la puerta del centro de actividades, haciéndoles señas para que la siguieran - Hoy tendremos una pequeña reunión introductoria, así que acompáñenme al salón de lectura.

Siguiendo sus pasos, el grupo acompañó a Fate hasta uno de los salones que se encontraban cerca del final del centro. En el amplio espacio había algunas sillas dispuestas de manera circular, así que las invitó a tomar asiento. Una vez todas las integrantes del grupo se sentaron, ella misma tomó asiento en la silla que había quedado disponible y las observó por unos segundos, sin decir nada.

Con una sonrisa, vio como muchas hacían gestos corporales que dejaban relucir la incomodidad que sentían al estar en ese lugar. Pronto empezaron a aparecer sonrojos de vergüenza, pero también aparecieron expresiones de miedo.

En esos momentos era cuando Fate más clamaba a Dios, no necesariamente para que cambiara lo que sentía, si no para que le permitiera dar la palabra de aliento correcta que las asistentes de ese campamento necesitaban.

- ¿Cuántas sienten miedo en este momento? - preguntó con voz suave.

Al ver que ninguna se atrevía a levantar la mano, Fate, lentamente, levantó la suya, y sonrió.

Como si fuese una luz a la cuál seguir, muy pronto más integrantes del grupo se atrevieron a levantar sus manos tímidamente.

- ¿No vas a preguntar quién siente rabia? - espetó mordazmente Arisa.

Ante el comentario, Fate se giró y la miró, sonriendo aún más.

- Es normal sentir miedo. También sentir rabia. - explicó Fate, pensativa - Somos seres humanos. Es nuestra manera de defendernos ante una situación inhóspita, así que, aunque muchos les digan que no deben sentir temor ya que Dios está con ustedes, quiero que sepan que es algo normal, y no tienen que avergonzarse de sentirse de esa manera.

La respuesta de Fate era algo que Arisa no se esperaba. Ahora, más que con rabia, la chica miraba a la orientadora extrañada, intentando no mostrar mucho su curiosidad.

- Sé que muchas no llegaron a este campamento por sus propios deseos, por eso entiendo que sientan miedo, o que estén molestas por lo que sucedió. Pero, a veces lo que nos queda es intentar sacar lo mejor de la situación en la que podemos encontrarnos. Aunque no lo crean, la oración ayuda mucho en estos casos - explicó - No es necesario que intenten castigarse con la culpa eterna. Si se sienten afligidas en estos momentos, si sienten que no entienden muy bien lo que está sucediendo y la aflicción es más grande que su voluntad, recuerden que la palabra indica: Cuando mis inquietudes se multiplican dentro de mí, tus consuelos deleitan mi alma. Aunque se empeñen en decirles que Él las juzga, la verdad es que Él consuela.

Las palabras de Fate empezaron pronto a llamar la atención de las jóvenes sentadas a su alrededor. Cuando alcanzó a percatarse de algunas llorosas miradas, también logró divisar a unos purpúreos ojos que la miraban con profundo interés.

Era una mirada preciosa, la de la chica cobriza que la miraba atentamente. Se llamaba Nanoha, si más no recordaba.

- Me gustaría compartirles una historia de mi vida, para que podamos entrar en confianza - empezó a decir Fate - La verdad es que yo no era tan diferente a ustedes hace tiempo.

- ¿A ti te gustaban las chicas? - dejó escapar una de las integrantes del grupo, sin poder aguantar la curiosidad.

La repentina pregunta hizo que Fate tuviera que aguantar la risa.

Aún le seguían gustando, pero era algo que no podía admitir a vox populi.

- Sí - admitió Fate, con una sonrisa - Yo era igual que ustedes.

Un murmullo de asombro recorrió el grupo ante esa repentina confesión. La información que les estaba proporcionando parecía haber llamado aún más el interés de Nanoha, y su mirada seguía tan intensamente sobre ella que Fate requirió mucho de su autocontrol para no sonrojarse.

- Por eso entiendo cómo se sienten - indicó la rubia - Sé lo que es tener miedo y sentirse confundida. Pero, cuando pensé que nunca lo superaría, clamé a Dios. Me refugié en la oración, pidiendo que me ayudara. Le pedí que me trajera paz, que me diera consuelo, y Él respondió a mis súplicas. No todos los días son perfectos pero, cuando me siento desconsolada, clamo nuevamente y la angustia desaparece. Las invito entonces a orar cada vez que sientan que la desesperanza las invade, para que puedan superar esta prueba con su ayuda.

Mientras las integrantes del grupo asentían, no se le pasó por alto que Nanoha seguía mirándola, esta vez con los ojos ligeramente entrecerrados.

¿Acaso su discurso no había sido tan convincente? Esa cobriza parecía que no se terminaba de tragar el cuento.

- Ahora, me gustaría conocerlas un poco más. ¿Qué les parece si se van presentando de una en una, y me cuentan algo interesante acerca de ustedes? - propuso Fate - Me gustaría saber si tienen algún pasatiempo que les guste, o ¡Ya sé! ¿Tienen alguna mascota?

La propuesta de Fate tuvo una acogida maravillosa. Pronto, cada integrante del grupo se levantó, indicando su nombre y algún dato curioso. Para fomentar la interacción entre todas, Fate a veces tomaba el dato que alguna indicaba como referencia para alguna anécdota, o para consultar si alguna otra de las presentes tenía un pasatiempo similar. Muy pronto, se encontraron riendo a carcajadas, esta vez con un aire de camaradería en el ambiente.

Fate solo pudo sonreír al ver el cambio en el aire, y trató de guardar la mayor cantidad de detalles posibles de ese momento en su memoria, para usarlo como impulso cuando sintiera que no podía más. Por eso era que había aguantado tanto, todo ese tiempo. Esas sonrisas lo valían. Las jóvenes que estaban allí reunidas tendrían una oportunidad de ser felices más adelante si lograban atravesar el campamento sin tanto drama.

Mirando como las horas habían avanzado rápidamente en el reloj colgado en la pared del salón, Fate esperó pacientemente a que todas terminaran de reír al finalizar las últimas presentaciones y se preparó para la oración de despedida.

- Creo que podemos dar por terminada la reunión el día de hoy, así que me gustaría pedirles que cierren sus ojos por unos minutos, mientras elevamos una oración - pidió Fate.

Las asistentes se apresuraron a cerrar sus ojos y, una vez Fate se aseguró de que todas habían seguido sus instrucciones, se levantó de su silla y caminó lentamente alrededor de las jóvenes.

- Repitan después de mi - pidió Fate - Señor mío…

Señor mío

- ¡Oh Dios Todopoderoso!

¡Oh Dios Todopoderoso!

- Clamamos a ti para pedirte consuelo…

Clamamos a ti para pedirte consuelo

- Ayúdanos a encontrar la fortaleza que necesitamos…

Ayúdanos a encontrar la fortaleza que necesitamos

A diferencia del resto del grupo, Fate permanecía caminando lentamente mientras dirigía la oración, con los ojos bien abiertos. Por eso, fue bastante fácil para ella percatarse cuando Nanoha abrió disimuladamente uno de sus ojos, para poder mirarla.

Divertida ante la curiosidad de la chica, siguió caminando para hacerla pensar que no se había percatado de su atenta mirada y, cuando estuvo tras ella, tapó sus ojos con una de sus manos.

Un furioso sonrojo avergonzado apareció en las mejillas de la adolescente, y Fate solo alcanzó a sonreír complacida por unos segundos antes de tener que continuar con la oración.

Minutos después, cuando salieron del salón de lectura, las mejillas de la cobriza seguían encendidas.


Chat'de'Lune: ¡Un gusto leerte de nuevo! Vaya, creo que existen tentaciones a las que resulta imposible resistirse. Precia... Bueno... Precia en esta historia será un personaje muy, pero muy complicado. Dirían por allí: Que Dios nos agarre confesados. ¡Feliz domingo!

Nadaoriginal: Mi querido nadaoriginal, siempre un gusto saber de ti. Ufff, hablar de esa persona es hablar palabras mayores jajaja. Incluso, hasta yo tengo una barrera en cuanto al drama (aunque con esto no lo vaya a parecer). Esa es otra prueba de que a veces, la ficción, puede resultar mucho menos terrorífica y dolorosa que la misma realidad. Toma en cuenta que... Escribir pensando en lo que piensa esta Precia me conflictuó bastante, así que, se viene fuertecito. ¡Un gran abrazo!

¡Nos leemos el próximo domingo!