SEGUIR ADELANTE 5

Siendo egoísta (una mezcla de su necesidad añeja con el alocado deseo que tenía por este erizo) Shadow se dió rienda suelta. La mejor manera de recibir placer es cuando estas dos cosas circulan en cada mililitro de sangre del amante. Cuando uno está ahí sólo para satisfacer de uno mismo al otro. El Shadow guerrero resurgió, el verdadero Shadow, ese que siempre estuvo, el que luchó en alma contra su propia tragedia y en cuerpo contra su propio creador Black Doom, su eventual jefe Robotnik, las criaturas Metarex y hasta su actual objeto de deseo. Ahora una nueva forma de lucha se le hiso presente, la lucha amorosa con el amante, la más honda, la más deseada, la que más se acercaba a lo correcto. Todo de sí surgió en cada movimiento que ejecutaba, estaba extasiado de su propia complejidad interna. Siguío adelante confundido, amnésico, adolorido, resentido y con culpa pero también liberado, fluctuante, vencedor. Y así como se sentía por dentro por fuera realizó algo parecido a la cosa extraña que había hecho anteriormente, agarró, tironeó, empujó, levantó, sostuvo lo equivalente a su propio peso en una sola mano, la gravedad parecía no funcionar entre ellos pues levantaba y daba vuelta a su amante como si nada. Solamente alguien como Sonic u otro luchador hubiera aguantado estos ataques. Lo amó con todo lo que tuvo sin dejar nada rezagado. El esfuerzo que emplaba en esta contienda era cien veces mayor a todas las otras, necesitaba desahogarse de tantas luchas perdidas, de tantos sacrificios infructuosos, de tanto que tuvo y nunca dió. Los gemidos de desesperación volvían a resonar en su garganta y cuando esto pasaba, cuando los brazos se le tensionaban inmóviles por todos los odios contra sí, su amante lo besaba pacíficamente para transmitirle sentimientos amorosos. Y resultaba muy bien. Lograba transformar gruñidos en sollozos dulces y mansos. En un hogar seguro, en un soláz.

El lenguaje de Shadow era muy distintivo, hasta fácil de leer. Los arrebatos furiosos se distinguían de los amorosos. Los ruidos bestiales de los sonidos domesticados. Los manotazos cargados de culpa con las caricias suplicantes de perdón. Todo esto era fácil de controlar porque Sonic tenía su corazón en sus manos y Shadow, como el niño sensible y lastimado que era, enseguida se echaba para atrás si él se lo pedía con un beso. Sonic pensaba-Quién me hubiera amado así?- conmovido por su adoración casi demencial.

Sus movimientos eran extraños, sí, inesperados, pero completamente alagadores. Una rica mezcla entre pasión y violencia, o mejor dicho deseo desmedido, o mucha fuerza. Lo agarró conteniéndolo entre su brazo y su cuerpo, sentado donde él tuviera fácil acceso a las partes favoritas de su amado, la boca, la cara, el cuello y los ojos para mirar. Y lo devoró a mordizcones hasta en los lugares que parecía imposible hacerlo estando regidos por la razón. Literalmente se lo estaba comiendo como un lobo a su presa, uno muerto de hambre. Lo mordía y después lo sobaba con la lengua arrastrándole la piel porque no se contentaba con lo primero. Sonic lo agarró fuerte con una mano en sus púas, la que tenía del lado del cuerpo de Shadow, y con la otra en los vellos del pecho y le exigió con suma urgencia:-Dios, acábame.-y cuando el erizo negro lo tomó Sonic no pudo contenerse y descargó toda la tensión que vino acumulando en su puños. Shadow soportó un gran suplicio, mientras que su amado perdía la cabeza, hacía su mejor trabajo en complacerlo a la vez que tenía la sensación de que parte de su cuerpo iba a ser arrancada.

Después, con Sonic demolido en el suelo, lo besó dulcemente y retomó su loca trayectoria por los torrentosos canales de su alma.