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Si Sonic se sentía como el viento que volaba despreocupado sobre las cosas, Shadow era el océano de la ultramar que abatía todas las cosas con sus corrientes peligrosas. Decidió dejarse arrastrar a la deriva de sus olas y por su caracter encrespado, es decir, sólo dejó que Shadow lo manipulase a su gusto porque una buena porción de lo que recibía lo llevaba a un bienestar extraordinario. Digo una buena porción porque no siempre había sido así. A veces tenía la sensación de estar ahogándose en aguas profundas donde sólo podía llegar a la superficie si tenía la suficiente paciencia de esperar a la voluntad de este poderoso dios de las aguas. Cuando esto pasaba Sonic se preguntaba por qué su corazón no se había enamorado de alguien con un espíritu más liviano. Sabía que tenía poder sobre las corrientes, que podía transformar las peligrosas en cálidas y mansas, pero todo era tan espontáneo y arremolinado que no podía predecir cuándo debía tomar medidas.

Quiero decir que Sonic percibía los sentimientos de Shadow como algo tan pesado, y tenebroso a veces, como todo un océano y todo lo que le hacía como correntadas peligrosas o cálidas que iban y venían sobre él ahogándolo o mesiéndolo. Nunca intentó tomar las riendas, seguramente Shadow le hubiese permitido pero lo único que hacía era espiar por las pequeñas aberturas de sus ojos si todavía seguían amándose sobre el suelo de la tierra o si habían trascendido a otro plano existencial. Mientras que su cuerpo era amasado, pisoteado y besado.

Los gruñidos de su amante, las expresiones de encanto y sopresa que exclamaba al dar una caricia era su deleite favorito. Conoció una sensación sin igual cuando Shadow en uno de sus impulsos le tomó las espinas más largas y gruesas y las llevó hacia arriba de su cabeza, entre sus orejas. Todo el resto de la piel se le corrió por detrás haciéndole vibrar de placer hasta las rodillas.-Tírame más.-le susurraba Sonic, y Shadow como amante servil que era no vaciló en complacerlo. Sonic estiró tantas veces su mano para alcanzar su cara y traerla hasta su boca para besarlo, y lo difícil era cuando estaba boca abajo porque tenía que darse vuelta para hacerlo, cómo estando tan relajado? Y a Shadow le gustaba mucho darle besos por encima de sus espinas mientras las peinaba.

La cúspide la alcanzó en el instante en que Shadow se lo comió a mordiscos. No hubo retorno sólo una vertiginosa vía que caía en picada.