RISAS Y JUEGOS
Pasaron cinco días en aquel lecho verdoso. La petición de Sonic, volver a casa, había quedado en el olvido. El momento presente se expandió como una larga mano ávida de deseos, de pequeños instantes creados espontáneamente, de sencillos juegos y descubrimientos entre los árboles. Hubo mucho para darse, no dejaban de embelesarse de sus miradas, de ese misterio que cada uno poseía para el otro, tan diferente y revelador. Las risas sonaban en todo el valle como si las hadas huvieran llegado para apropiarse del lugar. Se amaban a la vista de todas las criaturas, la naturaleza los abrazaba, y muchos animales e insectos venían en su encuentro para amarse también. No existía nada más natural que hacer el amor y volverlo a hacer. Nada más correcto y acomodado para estos dos.
Ocupaban gran parte del tiempo buscando qué comer, el estómago de Sonic los obligaba a explorar los rincones entre las rocas, los arbustos escondidos y las copas de los árboles. Encontraron un manzano, un ciruelo y un nogal. La mayoría de la fruta había caido sobre el pasto y era madura y deliciosa. Había mucha cantidad porque los árboles eran enormes y sus raices llegaban hasta el agua del riachuelo. Shadow tenía que aprender a dar bocados sin empaparse del jugo y a acostumbrarse al sabor envolvente de la pulpa en toda la boca. Y también a las burlas de Sonic.
El avance realmente ocurrió durante estos días, cuando ninguno pensaba en nada, cuando Shadow se recostaba con una mano sobre la nuca y la otra sobre el plexo solar a no esperar nada ni de sí mismo ni de la vida. Un oído lo escuchó, un amigo le dió alegría, ahora era tiempo de estar en paz. Sonic jugaba con su cara, hacía sonidos mientras le estiraba los párpados, le tiraba de las orejas, le martillaba las sienes, le pellizcaba los cachetes, lejos de molestarlo lo relajaba profundamente y se quedaba dormido. Esto era hilarante para Sonic, lo hacía cada vez que se le presentaba la ocasión, y cada vez que se le cerraban los párpados, loco de divertimento, se los volvía a abrir con la llema de los dedos muerto de risa. Para cuando ya veía que los ojos se le cerraban ineludiblemente lo sacudía como a un saco de trastos viejos, pero la sensación era contraria a lo que Sonic se proponía, esto era como un arrullo para Shadow que lo conducía por un camino directo al sueño profundo.
La voz libre de Shadow resonaba en todas las cosas. Su garganta hacía vibrar la tierra hueca, las plantitas a su alrededor hacían revotar la gravedad de su tono, cuando reía abiertamente todo su entorno le devolvía su risa, cuando exclamaba dulcemente la dulzura retornaba a él. En una tarde, después de entregarse los besos más primorosos, decidieron unánimes volver.
