A LAS PROFUNDIDADES

Otras escenas habían aparecido en lo hondo de su mente que se hacían ostensibles con sólo el hecho de atenderlas sin juicios maliciosos. Diferentes escenas (o no tan diferentes en realidad porque todas repetían la misma intención) que siempre marcaban un mismo sentimiento, ese tan perdido y anhelado por toda una vida. El sentimiento de la familia. El núcleo de una célula, la raíz de un árbol, el estallido de combustión de una llama. En dónde estaba el principal eslavón de todo el conjunto de sucesos que era su vida? Que ni siquiera la creía vida sino eso, una seguidilla de sucesos que transcurrían flotando en el aire de una mente inestable. Pues aquí está. Borboteando de pies a cabeza. Aquí está el grillete de contención, el primero que sujeta el resto, de la cadena tan larga y pesada, enredada y oxidada.

Por qué hacer todo lo que se hiso? Por qué perseguir o no perseguir? Por el recuerdo y el sabor dulce de su familia. Eso que una vez fue tan bueno en su fundamento. Pero qué estoy diciendo? Para qué hacer de todo esto algo tan intelectual? Qué razón de ser tiene tanta explicación a algo que ya lo conocen todos? Qué tan diferente puede ser Shadow a todos? Qué tan difrente puede ser a cualquiera que nació? Todavía no lo sabe pero él es idéntico a un animal común, como los que se mencionaron en capítulos anteriores, si de esencia se trata.

Qué cosa es más común, ordinaria y popular que la familia? Él, que no se permitía ser ninguna de ellas.

De pronto supo que el grillete de contención no era más que uno fantasma. Que en realidad había existido hace muchos años pero que ya no estaba. Se horrorizó, se vió cara a cara con su miedo más íntimo. Creyó que nunca recuperaría su sanidad. Finalmente pudo ver tan límpido el terror que azotaba el sostén de su vida, como una maldición, como un gusano diabólico qué comía, corroía y quemaba con su cuerpo ácido la poca vida que le quedaba a su corazón.

Sonic se despertó por el agua que caía sobre su cara y por sentir que había un fuerte sismo en la tierra porque toda la hamaca temblaba y vibraba. Hacía mucho calor y esto lo hiso levantarse de un salto para ver qué le estaba pasando a la naturaleza. Sin embargo por la oscuridad no pudo ver nada. Bajó la mirada y tocó el cuerpo hirviente de Shadow.-Shadow?-preguntó. Pensó que una enfermedad se había apoderado de él. Hubiera querido tirar a Sonic lejos de su lado con todo el odio del mundo y después levantarse para roerse de desprecio hacia sí mismo por no haber podido evitar el exterminio de su familia, hacia la raza humana por haberle arrancado aquello y arrastrarlo hacia la locura, y a todas las familias del mundo que le recordaban lo fatídicamente solitario y vacío que será el resto de su casi inmortal vida. Pero no pudo moverse porque aquel gusano le estaba terminando de consumir los últimos trocitos de juicio que le quedaban. Se paralizó. Odió a Sonic por contemplarlo más loco que nunca. Sin embargo, por alguna desconocida razón, Sonic mantuvo la boca callada y lo abrazó, como abrazar a una caldera a fuego máximo, lo besó en el pómulo, lo sostuvo fuerte en ese beso, y esta increiblemente estúpida y miserable acción (por lo insignificante ante algo tan inconmensurable) acabó con el estúpido y miserable gusano y todo lo que había hecho dentro de Shadow. Fue como si la mano de Sonic hubiera tomado al gusano y lo hubiera estrujado facilmente con los dedos convirtiéndolo en una baba inservible. Lo volvió a salvar. Era un auténtico héroe legendario.

Shadow era nuevamente un hilo de vida. Era por fuera lo que era por dentro. Había que volverlo a construir a base de cariño, suavidad y benevolencia. Y dejar de una vez por todas la rudeza atrás con la que Shadow vapuleaba diariamente este fino hilo. Sonic le enseñaba sin palabras cómo hacerse bien, y María, que parada del otro lado de la hamaca, aprobaba alegremente cada gesto, cada maniobra delicada y comprensiva que Sonic le regalaba.