Hola a todos. Aquí llega un nuevo episodio.
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Episodio 7. Por qué luchamos
Los portales hacia Mato que no desaparecen tienen un punto de entrada y salida fijos, los cuales están fuertemente vigilados por integrantes del Cuerpo Antidemonios.
El portal que se localiza en el dormitorio de la Quinta Unidad está conectado con la ciudad de Yamagata.
Y era precisamente junto al edificio gubernamental que custodiaba ese portal en Yamagata donde estaba Yuuki.
Aquel día iba vestido con pantalones azules y camiseta blanca, sobre la que llevaba una chaqueta marrón. Se encontraba en el exterior del edificio, apoyado contra uno de los bolardos que impedían el acceso de vehículos. Parecía estar esperando a algo… o a alguien.
–Perdón por la espera. He tenido que ocuparme del papeleo –dijo una voz, haciendo que el chico se volviera.
Ante él estaba Kyouka, pero no iba vestida con su uniforme militar. En lugar de eso, llevaba una blusa roja de manga larga, así como una larga falda blanca que le llegaba a las rodillas y unas medias negras. En su mano llevaba un bolso marrón.
Yuuki enmudeció ante lo que tenía delante.
–¿Ocurre algo? –preguntó la capitana al ver la expresión del chico.
–¡No… No pasa nada! –respondió con nerviosismo el chico mientras hacía aspavientos–. ¡Es agradable estar de vuelta en nuestro mundo, ¿verdad?!
–Asegúrate de disfrutarlo. Nuestro descanso será solo por el día de hoy –respondió ella con una sonrisa relajada.
Ya estaba acostumbrado a ver a Kyouka en su uniforme militar mientras estaban en Mato. Pero era la primera vez que veía a la capitana llevando ropas civiles (sin contar con el vestuario que solía llevar en el dormitorio de la Séptima Unidad). Y tenía que admitir que se veía preciosa.
–Iremos en tren. Te registraré como mi acompañante –informó la capitana.
Poco después, ambos se encontraban viajando en un vagón de tren. Era uno de aquellos vagones exclusivos para mujeres. Sin embargo, una mujer podía registrar como "acompañante" a un solo hombre, para poder viajar a su lado en el vagón. Por supuesto, siempre que no causara problemas. Estaba principalmente ideado para que las parejas y matrimonios no viajaran separados.
Yuuki estaba sorprendido del lugar donde se encontraba. Hasta ahora, en su vida escolar solo había podido viajar en vagones para hombres donde tenía que ir apretujado entre una muchedumbre, sin apenas espacio para respirar. Sin embargo, ahora estaba viajando en un vagón casi vacío, donde podía permitirse hasta el lujo de viajar sentado. Eran increíbles los privilegios que se otorgaban a quien era registrado como "acompañante".
No había apenas mujeres en aquel vagón, y apenas le prestaron atención. Yuuki pensó que probablemente le tomaran por la pareja de Kyouka, pensamiento que hizo que las mejillas del chico se sonrojaran ligeramente.
Se fijó entonces en la capitana, que iba sentada a su lado. Tenía las piernas y los brazos cruzados, y la cabeza gacha con los ojos cerrados. Yuuki se preguntó si se habría quedado dormida.
–Esta es una buena oportunidad para descansar mientras estemos aquí –dijo ella de repente, sorprendiendo al chico.
Ella levantó la cabeza para mirarle. Tenía una expresión seria.
–He traído varios caramelos, por si quieres –dijo ofreciéndole algunos.
–Oh… gracias –dijo él mientras tomaba uno.
Por un momento le recordó a una de sus primeras recompensas. Pudo percibir entonces que ella seguía estando consciente de todo cuanto ocurría a su alrededor, incluso aunque estuviera descansando… algo propio de ella. Sin embargo, el chico se extrañó de que le llevase consigo en su día libre.
Miró por la ventana, observando un paisaje montañoso. Fue en ese momento que supo donde se dirigía el tren.
Hacia el pueblo natal de Kyouka.
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Mientras tanto, en Mato, en el dormitorio de la Séptima Unidad:
–¿Yuuki? ¡Yuuki!
Shushu estaba recorriendo las habitaciones de la estancia en busca del conserje. Estaba aburrida y pensó que sería buena idea molestarle.
Pero por más que buscaba, no veía al chico por ninguna parte.
Se asomó a la puerta que daba al almacén. En la estancia se encontraba Nei, haciendo inventario de lo que tenían.
–¿Has visto a Yuuki en algún sitio? –le preguntó Shushu.
–Yuuki-san salió antes con la capitana –respondió Nei.
–¿Con la capitana? –se extrañó la rubia.
–¡Sí! Himari-san los llevó al portal que da a Yamagata mientras realizaba su patrulla.
–Oh, ya veo –dijo Shushu mientras miraba la pantalla de su teléfono.
En la pantalla se mostraba que era 11 de mayo.
–Es hoy…
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Más tarde, Kyouka y Yuuki estaban en un enorme cementerio. En el centro del mismo, ambos contemplaban un monumento en el que rezaba "Memorial a las víctimas del Desastre de Mato".
–El número de demonios que logró llegar a nuestro mundo se contaba por docenas –contó Kyouka–. Pero entre ellos hubo uno excepcionalmente fuerte. Lo recuerdo perfectamente.
Kyouka rememoró en su mente las horribles escenas que tuvo que vivir. Las casas derrumbadas. El pueblo, incendiado. La gente del pueblo yaciendo sin vida, al igual que su madre, habiendo tratado en vano de protegerla. Y delante de ellas, una horrible silueta.
–Tenía un cuerno enormemente largo en la cabeza –dijo con dureza, mientras recordaba la imagen de una niña de pelo blanquecino llorando de miedo–. Lo llamo el "Unihorn".
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Yuuki estaba mudo de asombro. Ya sabía que Kyouka fue la única superviviente de aquel incidente. Pero escucharla narrar todo eso, era algo diferente.
No podía hacerse una idea de las cosas horribles que había tenido que vivir. Perderlo todo con aquella edad tuvo que ser un golpe muy duro para ella. Una parte de él quería confortarla dándole un abrazo, pero estaba seguro que no sería una buena idea, dado su carácter.
–Los shuuki que vinieron desde Mato fueron aniquilados por el Cuerpo Antidemonios que acudió aquí, o eso fue lo que pensé entonces –prosiguió Kyouka–. Cuando leí los informes, descubrí que este "Unihorn" escapó de regreso a Mato a través de uno de los portales.
–¡Entonces, ese shuuki sigue con vida…! –dedujo Yuuki apretando el puño con cierto nerviosismo.
–De todos los shuuki –dijo Kyouka endureciendo el gesto y apretando los dientes–. Es especialmente el que nunca perdonaré. Lo cortaré en pedazos.
Yuuki vio su expresión. Venganza. Podía entender sus motivaciones.
–Quiero que estés preparado si llegamos a luchar contra él –dijo Kyouka mientras se agachaba–. Por eso te pedí que vinieras conmigo.
Kyouka depositó un ramo de flores que llevaba consigo junto a aquel monumento.
–Vengaré a todos… –sentenció.
Yuuki asintió. Ahora lo entendía. Ella quería que comprendiera por qué luchaba. Y que llegaría el momento en que tendrían que pelear contra shuukis más poderosos. Sí, tenía razón. Tenía que estar preparado para lo que estaba por venir.
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Tras salir de allí, ambos pasearon por las calles del lugar.
–Regresemos a Mato –ordenó la capitana.
–¡Espera, Kyouka-san! –pidió Yuuki mientras señalaba un café cercano–. ¡Tomémonos un descanso! ¡Hice algo de investigación, y parece que ese local sirve unos parfait muy famosos!
–Estoy preocupada por lo que pase en Mato –objetó ella.
–¡Pero fíjate! –insistió él mientras le mostraba su teléfono–. ¿No se ve delicioso este parfait?
La capitana no dijo nada por unos segundos, mirando la foto.
–…Está bien. Podemos tomarnos un pequeño descanso –concedió.
Ambos entraron en el local y se sentaron en una mesa juntos a unos amplios ventanales. Llegó una camarera y ambos hicieron sus pedidos. Esta no tardó en volver con lo que pidieron para beber, ya que los parfait tardarían un poco más.
Mientras esperaban, Yuuki miró encantado el local, mientras Kyouka solo observó el paisaje por la ventana.
–Eres más persuasivo de lo que pensaba –opinó mientras bebía un trago–. Estoy sorprendida.
–Hacía tiempo que quería venir a este local, y a ti parece que te gustan las cosas dulces, Kyouka-san –explicó Yuuki, recordando los caramelos que le ofreció antes.
–Pero estoy preocupada por la situación en Mato –objetó Kyouka apoyando la cabeza en su mano–. Me siento intranquila.
–Yo perdí a mi hermana en un Desastre de Mato, así que entiendo como te sientes –dijo él, tratando de sonar comprensivo–. Pero si no tomas de un descanso de vez en cuando, te quebrarás antes de tener tu venganza –Yuuki sonrió–. "Si no haces más que trabajar, estarás agotado cuanto me hagas falta", ¿recuerdas?
La capitana abrió levente los ojos, sorprendida.
En ese momento, llegó la camarera para traerles sus pedidos. Kyouka entonces observó el apetecible postre que tenía ante sí.
–Eres bastante persuasivo. Recordaste bien mis palabras –Kyouka sonrió–. Disfrutaré de esto por ahora.
–¡Que aproveche! –exclamó un ilusionado Yuuki juntando las manos.
El chico no tardó en dar el primer bocado.
–¡Está delicioso, Kyouka-san!
Pero no recibió respuesta. El chico miró a la capitana, quien también había probado su postre.
–Está buenísimo –dijo con una alegre sonrisa–. Este local no lleva mucho tiempo abierto. Has hecho un buen trabajo encontrándolo, Yuuki.
Pero el chico no dijo nada. Solo se quedó mirando a Kyouka con la cuchara en la mano.
–¿Pasa algo? –preguntó ella preocupada.
–Ah… No… –dijo el chico, reaccionando–. Solo me has pillado por sorpresa.
Era la primera vez que veía a la capitana sonreír de aquella manera, como haría una chica normal. Eso le sorprendió, viéndola mucho más encantadora. Se preguntó cuando fue la última vez que sonrió así.
Durante un rato, los dos compartieron una animada charla. Yuuki casi se sentía como si estuviera en una cita con Kyouka. Y pensar en ello hizo que se le volvieran a enrojecer las mejillas.
Pero aquel momento feliz quedó interrumpido por un sonido procedente del bolso de ella.
–¿¡Una trompeta!? –preguntó sorprendido el chico al reconocer el sonido.
–Una llamada de emergencia de Mato –dijo Kyouka revisando su teléfono–. Si suena una vez la trompeta, quiere decir que no hay vidas en peligro, pero hay una emergencia a punto de ocurrir. Parece que este es el fin de nuestro día libre.
Kyouka se levantó y extendió su mano hacia Yuuki.
–Regresemos al portal de inmediato –ordenó.
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Un coche circulaba por la carretera, no excesivamente transitada. Una niña iba en el asiento trasero del mismo, que conducía su padre.
Como la mayoría de los niños en los viajes largos, ella se entretenía mirando por la ventana, desde la que se contemplaba el paisaje de aquella zona.
Pero entonces algo llamó su atención. Por la misma carretera, justo en el carril contiguo al que circulaba el coche, una impresionante criatura blanquecina galopaba a cuatro patas como si fuese un vehículo más. Sobre la misma iba una chica, la cual sostenía una cadena que iba sujeta a un collar que llevaba la criatura.
No tardó en rebasar al coche, dejándolo atrás en cuestión de segundos. La niña quedó muda de asombro con lo que acababa de contemplar.
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Poco después, en el edificio del dormitorio de la Séptima Unidad, Yuuki recobró su forma humana.
–Uff… Estoy agotado… –suspiró casi al borde del desmayo.
Kyouka le había hecho galopar a gran velocidad por la carretera, hasta que llegaron al portal por el que llegaron allí. A pesar del aspecto de Yuuki, que sorprendió a algunas de las presentes, pudieron pasar de regreso a Mato, y una vez allí, el esclavo tuvo que galopar de nuevo a gran velocidad hasta el edificio de la Séptima Unidad.
Estando transformado, apenas lo notaba, pero era al regresar a su forma humana cuando se le venían encima los efectos del cansancio.
–Regresamos en poco tiempo. Buen trabajo –le felicitó la capitana, quien acto seguido pasó a una habitación–. Voy a cambiarme.
–¡Ah, sí! –exclamó Yuuki, quien se apartó para darle privacidad.
–Espera –dijo ella de repente–. Ayúdame a cambiarme.
Esto sorprendió al chico.
–¿E… Es la recompensa de tu habilidad? –preguntó perplejo.
–¡Como si fuera a decir eso por alguna otra razón! –rugió furiosa la capitana.
–¡Sí! –exclamó Yuuki poniéndose firme.
Mientras la ayudaba, él estuvo pensativo. Mientras estuvieron en el café, se le había pasado por la cabeza conocer mejor a Kyouka, hacerse más cercanos. Pero esta recompensa se le hizo un poco exagerada por aquellos deseos.
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Un poco después, y ya uniformados, Kyouka y Yuuki se reunieron con las demás miembros de la Séptima Unidad. Himari fue la que comenzó.
–Encontré esto durante la patrulla de hoy –informó mientras tendía una tablet a la capitana.
En la pantalla de la misma se veía un mapa de la zona, donde en un lugar se veía un gran número de puntos rojos.
–Parece un cráter que apareció a veintiún kilómetros al norte de aquí. En él se encuentra una impresionante cantidad de shuukis.
Kyouka y Yuuki se sorprendieron de aquello. Se veían muchos puntos en aquella pantalla, lo cual significaba que tenían entre manos algo muy preocupante.
–Nei está divisándolo todo a través de su clarividencia –prosiguió Himari.
Yuuki vio como el cuerpo de la niña brillaba.
–No están haciendo ningún movimiento para salir de allí –informó Nei entonces–. Es como si se tratara de un nido.
–Siento que esto haya tenido que pasar en tu preciado día libre –se disculpó Himari.
–No te preocupes. Buen trabajo –dijo Kyouka sin apartar la vista de la pantalla. Entonces se dirigió a los demás–. ¡Es un nido que merece la pena destruir! ¡Será un gran trabajo para la Séptima Unidad!
–¡Uooooooh! ¡Vamos y hagámoslo! –exclamó Yuuki entusiasmado.
–¡Oooh! ¡Estás encendido! –observó Shushu guiñándole el ojo.
Kyouka se encontraba ante la oportunidad de reducir el número de shuukis. Si lograba una gesta así, podría estar un paso más cerca de liderar el Cuerpo Antidemonios. Si quería consumar su venganza, necesitaba todo el poder que pudiera obtener.
Yuuki en cambio estaba emocionado. Era la oportunidad para hacer su papel de héroe. Y habría un número significativo de shuukis. Así que si solo traer a la capitana hasta el edificio le dio aquella recompensa, puede que destruir el nido supusiera una aun mejor. Lo daría todo en aquella misión.
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En algún lugar de Mato, mientras tanto, una enorme figura se movía sin nada más a la vista. Sobre la misma, había otra figura, mucho más pequeña.
–Esta presencia que siento… –dijo la última figura con una voz femenina–. ¿Será Yuuki?
Entonces se revelo su aspecto. Parecía una mujer, aunque su apariencia no era totalmente humana. Salvo la piel de su cara, el resto era de un tono negruzco, e iba vestida con unos guantes blancos y un chaleco con hombreras del mismo color que le cubría solo la parte del pecho. También llevaba una larga falda blanca abierta por la parte de delante, que dejaba al descubierto sus piernas, en las cuales llevaba botas blancas. Tenía los ojos amarillos y el cabello blanco, el cual era increíblemente largo, y en la parte de delante tenía cuatro mechones blancos hacia los lados que se veían como si fuesen antenas de insecto. En ese momento tenía en su mano un melocotón.
–¿Ha venido a Mato? –se preguntó sonriendo–. Si es así tenemos que ir a verle.
Le dio unas suaves caricias en la cabeza a la criatura sobre la que iba subida, un enorme shuuki con los ojos amarillos que tenía un enorme cuerno en lo alto de su cabeza.
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Hola a todos. Y con este episodio termina la primera temporada de esta historia. Lo aquí narrado correspondería con el capítulo 5 del manga y el 3 del anime.
Gracias por la acogida que ha tenido esta historia. Por ahora me tomaré un tiempo de descanso de la misma, pero os invito a leer el resto de historias de mi perfil.
Nos veremos en la próxima temporada. No olvidéis seguir y comentar esta historia.
