Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del webtoon y la novela "La emperatriz divorciada" de Alphatart y con arte de Sumpul, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia.
Capítulo 386. La Desesperación De Irina (2)
En ese momento, Irina suplicó al borde de las lágrimas.
—… Por favor, sálvame.
Jasper la miró sorprendido mientras presionaba sus sienes palpitantes.
Irina lo miraba como un gato empapado en la lluvia, con una expresión triste y desolada.
—Su Majestad, no castigue a Irina con demasiada dureza. Irina nunca ha cometido un crimen grave. Si el crimen de Irina fue ocupar la posición de emperatriz, entonces es nuestro crimen, no sólo el de Irina. Por lo demás, Irina no ha hecho nada malo.
Jasper mantuvo los labios cerrados con fuerza.
Si la otra persona actuaba de forma arrogante, uno optaría por luchar hasta que su moral se derrumbara y dejaría que sufriera un castigo severo. Por el contrario, si la otra persona actuaba de forma lamentable uno no se sentía bien luchando. Este tipo de persona hacía sentir incómodo a cualquiera, incluso cuando se le daba un castigo merecido.
Más aún para Jasper, que había recogido a Irina herida, le dio amor y la cuidó.
Al final, Jasper ordenó fríamente a Irina con una expresión de enojo.
—Lárgate.
Irina respondió "sí" con una voz apenas audible e indefensa. Luego se dio la vuelta para irse.
—Irina.
Mirando su espalda, Jasper la llamó antes de que abriera la puerta.
—Sí, Su Majestad.
Irina se dio la vuelta sin la menor esperanza, como una flor marchita.
—Hoy es el juicio contra el Vizconde Vulturi y contra los Vizcondes Greengrass. Puedes asistir si quieres.
Jasper habló sin siquiera mirar a Irina.
Irina no entendía por qué quería que asistiera a los juicios, pero después de pensarlo un poco le contestó que asistiría.
Jasper asintió y le dijo que uno de sus secretarios la acompañaría. Irina esperaba que fuera el Barón Lant.
Sin embargo, el secretario que Jasper envió más tarde donde Irina era el Conde Pirnu, no el Barón Lant.
—Su Majestad es libre de asistir a la corte suprema de forma oficial o no oficial. Puede hacerlo de la forma que le resulte más cómoda.
El Conde Pirnu y Irina no solían relacionarse ni siquiera en los días buenos de Irina, por lo que se sentían incómodos el uno con el otro. En cambio, el Barón Lant se preocupaba por ella tanto como para sugerirle que huyera.
Por eso, Irina pensó que Jasper había excluido deliberadamente al Barón Lant, que intentaba ayudarla, y le asignó al Conde Pirnu, con quien no se llevaba bien.
Las intenciones de Jasper sólo las conocía el propio Jasper, pero Irina tenía razón en que no era del agrado del Conde Pirnu.
El Conde Pirnu siempre tuvo un mal presentimiento sobre Irina.
No le caía bien desde hace mucho tiempo cuando investigó sobre un regalo que Irina había recibido de Jasper. Descubrió que ella se lo había dado al Vizconde Vulturi, quien lo vendió.
—¿Qué me recomienda el Conde Pirnu?
—Recomiendo asistir al juicio de forma no oficial.
—¿Por qué?
—Ambos están relacionados con Su Majestad. La situación podría complicarse si la Emperatriz está presente.
A Irina le resultaba difícil confiar en el Conde Pirnu, pero sentía que tenía razón, así que se puso un vestido sencillo, una capa de color púrpura claro encima, se recogió el cabello y se cubrió parte de la cara con la capucha.
La Corte Suprema tenía una estructura en la que un lado estaba conectado con el Palacio Imperial. Aunque se podía entrar a la Corte Suprema directamente desde una pequeña puerta del Palacio Imperial, normalmente se entraba y salía por la puerta principal.
Gracias a esta singular estructura de la Corte Suprema, que teóricamente no pertenecía al Palacio Imperial por estar situada fuera de sus muros, permitió al Conde Pirnu y a Irina entrar fácilmente en el lugar donde se llevarían a cabo ambos juicios sin salir del Palacio Imperial.
Irina, que entró en el gran salón, se situó entre la audiencia oculta bajo su capucha. El Conde Pirnu y su guardia se colocaron a ambos lados de Irina por precaución.
Se podía oír los murmullos de los presentes. Principalmente hablaban de los juicios, pero por momentos también hablaban de Irina.
Dado que los comentarios no eran buenos, Irina se bajó aún más la capucha y preguntó.
—¿De quién es el primer juicio?
—Primero será el juicio contra el Vizconde Vulturi, después vendrá el juicio contra los Vizcondes Greengrass.
El juicio sólo comenzó tras una lenta espera de casi 40 minutos.
—Aro Vulturi.
Cuando el Juez de la Corte Suprema, que se sentó en el lugar más alto, miró hacia abajo y pronunció un nombre, un rostro familiar subió por unas escaleras con los brazos sujetados por dos caballeros.
Era el Vizconde Vulturi.
En cuanto apareció el Vizconde Vulturi, los presentes se quedaron callados por un momento.
Irina miró a su alrededor. Aunque el salón estaba en silencio, los presentes tenían una expresión feroz.
Debido a la larga historia de la Familia Imperial del Imperio Oriental, ésta siempre había sido motivo de orgullo.
A pesar de que hubo veces en las que apareció un emperador que no se ganó el corazón de los ciudadanos, y otras veces en las que los ciudadanos tomaron la iniciativa de criticar a la Familia Imperial, por lo general los ciudadanos que amaban al Imperio Oriental también amaban a la Familia Imperial.
El Emperador Jasper era uno de los emperadores más queridos por los ciudadanos. Se vio envuelto en varios escándalos desde que tomó a Irina como concubina, pero el Emperador Jasper nunca abandonó sus obligaciones.
Para los ciudadanos, lo importante era Jasper como emperador, no como hombre. Incluso si fuera un playboy, no les disgustaría mientras velara por los intereses del país.
El Vizconde Vulturi fue quien quiso convertir a su nieta en miembro de la Familia Imperial amada por sus ciudadanos.
Ninguno de los presentes dirigió una mirada cálida al Vizconde Vulturi.
Este sentimiento no fue diferente para el Juez de la Corte Suprema. Cuando el Vizconde Vulturi se detuvo en el sitio del acusado, el Juez de la Corte Suprema comenzó a recitar sus cargos con una expresión tan fría como la de la audiencia presente.
—Aro Vulturi. Engañaste al Emperador, a los ciudadanos y al país, para hacer de la hija de tu hijo, Alec Vulturi, una princesa. Cuando Irina Greengrass, la esposa de tu hijo, se convirtió en la concubina del Emperador, permitiste que quedara embarazada de tu hijo y lo ocultaste para que tu nieta fuera consagrada como princesa. Además, te aprovechaste del secreto de esta relación para obtener beneficios, chantajeaste a la Emperatriz Irina para recibir periódicamente dinero y objetos de valor. ¿Es esto cierto?
—… Sí, es cierto.
Cuando el Vizconde Aro lo admitió, los presentes comenzaron a maldecir rotundamente. Aro contuvo la respiración.
Lo único cierto en lo que dijo el Juez de la Corte Suprema fue que el Vizconde Vulturi la había chantajeado para recibir dinero y objetos de valor.
Sin embargo, el despreciable Vizconde Vulturi 'admitió' que tales mentiras eran ciertas.
¿Qué demonios le pasa? ¿Por qué reconoció esas mentiras con tanta tranquilidad?
El Juez de la Corte Suprema levantó la mano para calmar a la audiencia y le hizo otra pregunta al Vizconde Vulturi.
—¿Quiénes están involucrados en este crimen? Si dices la verdad, tu castigo podría reducirse, pero si mientes, tu castigo será mayor.
—Mi hijo, Alec Vulturi, y mi nuera, Irina Greengrass.
El Vizconde Vulturi cerró los ojos mientras la audiencia escupía maldiciones con más vehemencia.
El Conde Pirnu vio a Irina a su lado mordiéndose los labios con fuerza.
—¿Reconoce usted todos los cargos?
El Juez de la Corte Suprema hizo otra pregunta, a lo que el Vizconde Vulturi respondió con calma,
—… Sí. Lo planeé con mi hijo y mi nuera porque quería que mis descendientes fueran de la Familia Imperial.
Desde el momento en que Alec se enamoró de Irina, el Vizconde Vulturi no quiso aceptar a Irina como su nuera, por lo que se opuso con todo tipo de acciones.
Sin embargo, la Irina a la que tanto se había opuesto y maltratado, ahora la consideraba su nuera. Era realmente irónico.
El Juez de la Corte Suprema volvió a hablar con un rostro inexpresivo.
—Traigan a Alec Vulturi.
Mientras que el Vizconde Vulturi fue llevado a otro piso por los caballeros, esta vez apareció Alec.
Las voces llenas de indignación de la audiencia se hicieron más fuertes, comenzaron a lanzar huevos, frutas y todo tipo de cosas.
—¡Maldito bastardo!
—¿¡Cómo se atreve a codiciar a la Familia Imperial?!
—¡Cuélguenlo ahora!
—¡Cuélguenlos a los dos!
—¿Dónde se esconde la Emperatriz? ¡Tiene que ser arrastrada con ellos!
Al oír los gritos a su alrededor, la cara de Irina se puso blanca.
Esperaba que el Vizconde Vulturi culpara a otros de sus crímenes. Pero no había esperado que el Vizconde Vulturi tratara de hundir a todos con él.
El Vizconde Vulturi sujetó a su hijo con una mano y a Irina con la otra para llevárselos a ambos a la muerte.
A Irina le temblaban las piernas de miedo.
No había persona más aterradora que aquella que estaba decidida a morir con tal de arrastrar a otros.
Podría encontrar formas de atacar a quienes intentan defenderse, pero no había forma de hacer frente a quienes lanzan un ataque suicida. Este era el caso del Vizconde Vulturi.
Bajo la capa holgada, un par de lágrimas cayeron al suelo.
¿Su Majestad quería que viniera aquí para ver esto? Ahora que estoy acorralada, ¿se supone que debo aceptar mi situación con los brazos cruzados?
