Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del webtoon y la novela "La emperatriz divorciada" de Alphatart y con arte de Sumpul, yo solo busco entretener y que más personas conozcan esta historia.
Capítulo 511. Desconcierto De Vladimir (1)
Si bien Leah era decidida y buena con las manos, le faltaba experiencia. Tras varios fracasos, me aplicó una capa básica de maquillaje y me peinó el cabello, dejándolo suelto al natural.
Leah parecía desanimada por el resultado, pero me veía bien. De todos modos, había traído un vestido azul marino ajustado. No quedaría bien vestirme como si fuera una fiesta normal. Y si hubiera planeado arreglarme como de costumbre, habría traído a la Condesa Jubel o a Lauren.
Esa noche, a las seis, bajé los escalones, acompañada por Edward.
Al entrar, oí música sonando. Los que ya habían llegado estaban charlando en grupo o bailando en los alrededores de la pista. El ambiente parecía agradable. Algunas personas nos miraron con extrañeza, pero la mayoría no nos prestó atención.
Mi principal motivo para asistir había sido rescatar a Edward. Con él a mi lado, ya había logrado mi objetivo. Aunque me preocupaban todos los caballeros de la tribu de pájaros que habían huido durante su rescate, el Vizconde Dimitri liberó a los tres que habían sido capturados.
Debería estar bien, ¿cierto?
—Esto me recuerda a nuestro primer baile, mi reina.
Edward sonrió. Parecía relajado, a pesar de todo. Si no lo hubiera visto perdido dentro de aquella jaula, nunca habría sabido cuánto le había afectado el encarcelamiento.
—Mi Reina, ¿bailamos esta noche?
—Si lo hacemos, podría pisarte los pies.
Justo entonces, hubo un alboroto en la entrada. Miramos en esa dirección mientras aceptábamos copas de vino de un sirviente que pasaba cerca. Había tantas personas agrupadas en torno a la entrada que no podíamos saber qué pasaba.
Entonces alguien pronunció el nombre de Lord Vladimir. Apreté los dientes. ¿Acaso era la única que lo encontraba irritante? Los de los otros países parecían adorarlo.
Finalmente, Vladimir se abrió paso entre la multitud. No le quité los ojos de encima mientras bebía mi vino.
Aún no sabíamos si Vladimir y la Alianza habían contado a los demás países por qué querían aislar al Imperio Occidental. Supuse que lo averiguaríamos esta noche. Bajé mi copa de vino. Vladimir se dirigía hacia nosotros.
Lo primero que noté fue la cinta verde.
¿Él realmente lo hizo...?
Por un momento, me sorprendí. Vladimir había enrollado una cinta verde alrededor de todo su torso, hasta el cuello, donde había atado la cinta en forma de mariposa. Parecía una caja de regalo andante.
Tras verlo, me pregunté si había malinterpretado la cinta verde que le había puesto a Edward. Pensé que era un insulto. ¿Tal vez era simplemente un gusto personal?
Mientras lo miraba fijamente, Vladimir se rió como un zorro complacido,
—Su Majestad será mi señora hoy.
Tan pronto escuché eso, me replanteé el plan de hacerle sufrir tanto como había lastimado a Edward.
No parece del tipo que se ofende, no importa cuán duramente lo castigue.
Aun así, le extendí con autoridad mi copa vacía.
—Llévate esto.
Por un momento, sólo levantó las cejas en confusión. Luego entrecerró los ojos.
—Como desee.
Aceptó la copa obedientemente y desapareció.
Le miré marcharse, atónito. Entonces sentí que alguien temblaba a mi lado. Al girarme, vi a Edward temblando, con los puños cerrados.
—Edward.
Le toqué la mano.
—¿Viste su expresión, Mi Reina? ¿Viste cómo ese zorro intentaba seducirte?
—Eres el único que lo ve así.
Edward se golpeó el pecho con un puño.
—Por favor, mantén un poco de dignidad.
Le agarré el puño. Cerró la boca, pero mantuvo la expresión de disgusto.
Mientras tanto, Vladimir volvió con una silla. Me la puso delante.
—¿Quiere tomar asiento? Le deben doler las piernas de estar de pie.
Sacudí la mano.
—No hagas nada sin mi permiso. Deshazte de la silla.
Había sido considerado, pero pensaba acosar a Vladimir tanto como pudiera.
Sin embargo, si había pensado que esto le molestaría, estaba muy equivocada. Vladimir sólo sonrió y se llevó la silla.
Edward parecía irritado otra vez, temblando de pies a cabeza.
—Mi Reina, estás siendo demasiado amable con él.
—Edward, no hay nada de qué estar celoso. Estoy acosando a Vladimir, no a ti.
—Pero él puede ver tu fría mirada...
Levanté una ceja.
—¿También debería actuar fríamente contigo?
Edward cerró la boca con fuerza.
—¿Ves? No querrías eso.
Apreté la mano de Edward y pedí un trozo de pastel a un sirviente que pasaba por delante con una bandeja. Sólo cuando corté el pastel y metí un bocado en su boca, Edward finalmente se relajó. Entonces me miró y se lamió seductoramente la crema de los labios...
Varios de nuestros acompañantes se sonrojaron. Le di un manotazo en el brazo.
—Sólo haz eso cuando estemos solos.
El Vizconde Dimitri ni siquiera puede mirarnos.
Aunque los representantes de los demás países mantuvieron la distancia, noté que más de uno nos lanzaba miradas furtivas. Estábamos lo suficientemente lejos como para no oír sus conversaciones, pero ya debían de haberse enterado de nuestro acuerdo comercial con Rwibt. Con un poco de suerte, la noticia habrá provocado un debate entre ellos, sobre si luchar por su orgullo o por intereses más prácticos.
Oh, alguien viene.
—Sus Majestades, Emperador y Emperatriz del Imperio Occidental.
El Rey de Whitemond se inclinó. Parecía genuinamente emocionado, a diferencia de la mayoría de los otros invitados que rondaban incómodamente. ¿Acaso desconocía el clima político actual? No lo parecía, según nuestras últimas conversaciones.
—Su Majestad Isabella, ¿por qué Lord Vladimir está vestido con una cinta y le adula?
El Rey se aseguró de que el comandante no estuviera cerca.
—¿Él es el regalo que Su Majestad deseaba?
Ya veo que es tonto.
Durante unas horas, envié a Vladimir a hacer numerosos recados. Esto molestaba a Edward, que no dejaba de fruncir el ceño. Mientras tanto, el Rey de Whitemond no paraba de parlotear entusiasmado. Entre los tres, me cansé rápidamente.
La actitud de Vladimir me resultó especialmente sospechosa. No pensé que dejaría el caso del pájaro tan fácilmente. ¿Estaba esperando una oportunidad, planeando una nueva forma de descubrir la verdad?
Sin embargo, no habló del pájaro en toda la noche.
De repente, tuve un pensamiento inquietante.
¿Cómo sabemos que sólo capturó a tres?
Vladimir dijo que había capturado a tres. En ese momento, estaba tan preocupada que no lo había cuestionado. Pero, ¿y si mintió? ¿Y si había capturado a más de tres...?
Un escalofrío me recorrió la espalda.
—Edward, Vizconde Dimitri.
Mis palmas hormigueaban de ansiedad. Apresuradamente, los arrastré a ambos a un rincón.
—¿Y si es una trampa? ¿Y si Vladimir nos dijo que atrapó a tres caballeros a propósito?
—¿Una trampa?
—Digamos que capturó a cinco caballeros. Luego nos dice que sólo capturó a tres. Pero tal vez le dice a otro país que capturó a cuatro, y a otro país que capturó a dos. Sea cual sea el número de caballeros rescatados le dirá quién liberó a los hombres...
Mientras que la expresión de Edward se volvía rígida, yo pregunté.
—Vizconde Dimitri, ¿está seguro de que sólo capturó a tres?
—Sí, la prisión tiene varias celdas diferentes. Cuando entré, encontré a tres caballeros enmascarados en la misma celda. Había algunas personas en las otras celdas, pero eso es normal, la prisión siempre está llena...
Se detuvo al oír el sonido de unos pesados hierros arrastrándose por el suelo. Todos nos dimos la vuelta hacia el ruido, al igual que el resto de los presentes.
Vladimir se dirigió hacia nosotros, riendo sombríamente.
—Aquí viene. He preparado algo de entretenimiento para usted, mi señora. Por favor, mire bien.
Un momento después, la fuente del clamor se hizo evidente. Una enorme jaula entró en la habitación, lo bastante grande como para que entrara una persona, con una manivela colocada a un lado. Y dentro de ella...
—Maldita sea.
Edward murmuró con los dientes apretados.
Reconocimos al caballero al instante. Era un miembro de la tribu de pájaros.
