Otros 13 reviews, oigan, comienzo a ver un patrón. Capítulo = 8 reviews c/u. capítulo = 10 reviews c/u. Capítulo = 13 reviews c/u. Matemáticamente hablando, eso significa que para los capítulo deberé tener 15 reviews en c/u. Espero se cumpla, jajajajaja. En fin, a contestar reviews:
Strennus Stalian: Yo strennus lector contigo, jajajajaja, perdón, no me aguanté la broma, jajajajaja. Con el gigante te refieres a Áyax de Tauro, todavía no sale en la historia pero ya está planeado, gracias por tus palabras de mi forma de escribir, espero lo sigas disfrutando. Jajaja, desearía ser guionista, muchas gracias.
TsukihimePrincess: El detalle de Helena es que hay dos mitos, en uno va voluntariamente, en el otro no, yo usaré los dos: Helena no desea ser raptada, Perséfone desea ser raptada. Esa es la idea. Jajaja, pobre Hades, te vamos a contratar de abogada defensora de Helena, Tsuki. La razón por la que Patroclo mencionó lo de los colmillos es para asemejarlo un poco a Aioria, pero no te preocupes, todos los personajes tendrán la faceta inversa de su signo a la que usó Kurumada, ejemplo: Milo = Serio, calculador y leal vs Diomedes = Divertido, espontaneo y lujurioso. Los dos son Escorpio, pero Milo es el Escorpio Positivo, y Diomedes el Negativo, igual pasará con todos los signos para diferenciar sus personalidades. Lo mismo le pasa a Aquiles y a Dohko: Dohko = Honrado, equilibrado, justo vs Aquiles = Orgulloso, arrogante, avaro. Todo está bien pensado, jajaja. En el caso del odio de Diomedes por Toante, es un guiño de mi propio desprecio por Seiya de Pegaso, pero no te preocupes, Toante tendrá un muy buen papel.
Guest: Jajaja, actualizo cada tres días gracias a la cantidad de reviews, así que, sigue mandando reviews y seguiré actualizando rápido, jajajajaja, ya estoy sobornando a mis lectores, muahahahaha. Con este capítulo, ya son 10 los caballeros dorados mencionados, de los cuales 9 ya salieron. Ayáx es el de Tauro pero todavía no sale, aquí presentaré a Cáncer, y faltarán solo Sagitario y Aries.
dafguerrero: te tengo noticias, nuevamente actualizo tarde, jajajajaja, es que me gusta despertarme con reviews, me animan a continuar con el día. Menelao te repito, será un personaje muy importante en la historia, ya que intento mostrarles la verdadera relación de Helena y Menelao, no la que Hollywood forjó. Jajajajaja, sí soy malo, como Diomedes, muahahahaha. Calcas dará mucho de qué hablar, no tengo idea de cómo reaccionarán a varias de sus profecías, pero no creo que lo hagan de forma positiva. Ya intentaré encontrar el tiempo de leer esa historia que me cuentas.
Suki90: Jajaja, me sentí insultado porque Diomedes es mi parodia, jajajajaja T_T. No te preocupes por lo del Milori, yo fui el precursor, pero te entiendo perfectamente, ni con pistola en mano me obligarían a leer un Seiya/Saori, pero respeto a los que les gusta. Mira, en cuanto a los personajes, si te encariñas con un personaje y vive o muere no es mi culpa, es culpa del mito. Anfímaco tendrá un buen papel, lo prometo, pero su destino, al igual que la película del Titánic, ya fue escrito hace mucho tiempo, solo te resta esperar y disfrutar o sufrir, no diré más al respecto, jajajajaja. Políxeno por otra parte, será un personaje que enorgullecerá a Poseidón, te lo aseguro. Y Hablando de Poseidón, en esta encarnación definitivamente es aliado de Athena, poco a poco esa parte irá tomando fuerza. T_T No me grites, digo a Diomedes, jajajajaja. No maté a Polixeno, maté a su padre, y no fui yo, fue Edward, jajajaja.
midusa: La razón por la que no ocurría nada en el Santuario era la falta de Shana, lo comprenderás en este capítulo. Cierto, Anfímaco se parece a Albafica pero con cabello naranja, jajajajaja. No pretendo deber con los combates, pero verás, me concentraré en los nuevos personajes, Lune no tenía razón de ser en la historia, así que tuve que disponer de él temprano, y, ¿qué mejor forma que enfatizar la fuerza de Anfímaco? Todos los caballeros de Libra pueden manejar al Tigre y al Dragón, pero se enfoca más en un tipo, Aquiles es Tigre como Dohko, Shiryu era rayado digo Dragón, jajaja chiste regio. Para Anficlas hay planes muy ambiciosos, no te preocupes.
Guest (2): Jajaja, me refería a Paris y Casandra, en el caso de Casandra está lunática, pero no sé si Paris va a ser bueno y Hades malo, a eso me refería. Solo Heleno, Casandra y Políxena saben que Paris es Hades, Héctor y Trolio no lo saben, ni Príamo o Hécuba. Es Toante, no Teneo, jajajajaja, Diomedes seguirá haciendo de las suyas, aunque ya me estoy concentrando más en Aquiles y Odiseo.
Toaneo07 Ver2.0: Posees buen conocimiento, es solo que yo indagué en la parte "no mítica" de los personajes, y de allí sale más conocimiento. Lycaon es abuelo de la madre de Odiseo, la línea es: Lycaon, padre de Autólico, padre de Anticlea, madre de Odiseo, padre de Teléfon, padre de Telcel… digo, jajajajaja. En mis historias suele haber mucha sangre, así que vete acostumbrando. Soy hombre por cierto -_-;
estrella blank: La posesión ParisxHades se supone que de ese sentimiento, si tú lo sientes he hecho bien mi trabajo. Si no conoces el mito te recomiendo no leerlo todavía, o te arruinarás la historia, yo aquí lo contaré, ya después puedes investigar por tu cuenta. Lo lamento pero no me gusta el yaoi, podré usarlo de broma pero no comparto ese gusto así que no verás yaoi en esta historia, lo siento. Ya te dije el mito de Anficlas así que por favor no lo menciones, y a los demás, yo prefiero dejarlo en secreto, por favor dejen de preguntar T_T arruinan la ilusión de la historia. Aunque bueno, es su decisión, pero si les digo por favor no lo comenten en reviews. Lo de Odiseo y Diomedes en rivalidad es un mito poco conocido, pero que presentaré en un futuro lejano.
Abaddon DeWitt: Hoy te volverás a sentar en el jardín de la universidad a leer, jajaja. Se me antojó un Nescafe, T_T. ¿eres millonario? ¿Nescafe? ¿Tablet? ¿Universidad? De seguro eres del Tec, jajajajaja. Oh, olvídalo, eres de Serbia, por un momento pensé que eras mexicano, jajaja. Gracias por tus palabras, he estudiado mucho para escribir esta historia, me alegra que te guste. Deja reviews en Guerras Doradas, me falta un último capítulo.
Liluz de Geminis: Ya llegó Liluz, ahora sí a actualizar, si no llegas no actualizo, jajajajaja. En esta época Poseidón y Athena son aliados, así que trata de ver a los Generales de Poseidón como Amigos de los Caballeros Dorados. Jajaja, admito que me gusta andar descalzo, los pies femeninos son sexys, jajajajaja, que miedo. Claro, Diomedes es el aspecto de los Escorpio que más se parece a mí. Amm… para que te digo que no, me fascinan las mujeres así que sí, creo que soy un pervertido, muahahahaha. Lo de la Exclamación de Athena es una mención, no va a aparecer como la aprenden todavía, y los Libras pueden usar al Tigre y al Dragón. Lo ves, también eres pervertida, jajajajaja como Casandra. Casandra seguirá de simpática durante toda la historia, al menos ese es el plan, pero hoy está de vacaciones.
kyokai1218: Me recordaste a un esqueleto de Accel World: MegaIncreible, no, GigaIncreible, no, Teraincreible, jajajajaja. A Antíloco todavía no sé cómo usarlo bien, es difícil imaginar a un Virgo sin que este todo Buda-like. Te faltó Cáncer en tu lista pero hoy sale el de Cáncer, estoy seguro que todos se van a sorprender por su actitud. A ver, ¿Quién es Sagitario? No creo que sepas quien es, y no, no es Filoctetes. Lo de los Espectros es muy temprano para saberlo, ni yo lo sé, jajajajaja. Si Agamenón hubiera visto a Casandra desnuda la hubiera partido a la mitad, eso tenlo por seguro. ¿Me estoy volviendo predecible? Es culpa del mito… bien… colocaré algo impredecible en este capítulo referente a Patroclo, muahahahaha. Lo del mito de Anficlas ya lo discutimos. Enserio, ¿Por qué todos están tan preocupados por ella? ¿Tan popular se volvió? Voy a hacer una encuesta de Popularidad entre Shana, Casandra y Anficlas, a ver quién gana, jajajajaja.
EDITADO: 30/06/2024
Saint Seiya: Guerras de Troya.
Saga de los Aqueos.
Capítulo 7: El Epíteto Glaucopis.
Hélade. Atenas. Año 1,195 A.C.
Caía la noche en Atenas, y la ciudad se encontraba de luto, sorprendiendo a un caballero que vestía una Armadura Dorada, de cabellera azul oscura, lacia y corta, de al menos unos 19 años de edad. Cabalgaba sobre un caballo blanco, y detrás de él había un ejército de soldados Atenienses, a quienes el Caballero Dorado guio en silencio hasta llegar a una solitaria pira, donde Políxeno de Sireno lloraba acompañado de Anfímaco de Piscis, de Talpio de Delfín, y de Calcas de la Copa, el ultimo siendo el Patriarca del Santuario y quien, al notar la presencia del Caballero Dorado, se arrodilló, interrumpiendo los lamentos.
-¡Mi señor Acamante! ¡Rey de Atenas! ¡Caballero Dorado de Cáncer! -se arrodilló Calcas, el Caballero Dorado de Cáncer observó la pira donde se quemaba el cuerpo de Agástenes, el fallecido Caballeros de Triangulo y padre de Políxeno- Mi señor… ruego su perdón… en su ausencia, mi ineptitud como Patriarca nos ha arrebatado a Agástenes, Caballero de Plata del Triángulo y Co-Rey de Élide -terminó Calcas, con sus ojos ahogados en lágrimas por el sentimiento de culpa que le rodeaba sus hombros.
-Comprendo, Calcas. No tienes nada de qué arrepentirte -mencionó Acamante, bajando del caballo, acercándose a la pira, y mirando a Políxeno con tristeza-. Joven Políxeno, yo, el Rey Supremo de Atenas, me arrodilló ante usted por la terrible pérdida. Sé que no puedo recuperar una vida, pero, enviaré tributo a Poseidón, el dios al que usted es leal, y a Élide la llenaré de joyas y tesoros. Todo sea por mantener la relación de paz en nuestros reinos, y por otorgarle mi más sentido pésame. Pida lo que sea su deseo y se lo entregaré -terminó Acamante.
-Rey Acamante… después de Menelao de Acuario usted es el más grande entre los reyes no por su riqueza, sino por su nobleza de corazón… -lloró Políxeno, y cayó en sus rodillas frente a Acamante-. No tengo más que un solo deseo… use su poder y permítame despedirme de mi padre… -lloró Políxeno, y Acamante asintió.
-Si ese es tu deseo… lo cumpliré, mi noble amigo -prosiguió Acamante, elevando su dedo, concentrando su cosmos, y todos los presentes lo observaron con detenimiento, mientras el afamado Rey Acamante creaba su milagro-. ¡Flamas Azules del Praesepe! ¡Entréguenme el alma de Agástenes, Co-Rey de Élide, y Caballero de Plata del Triángulo! -continuó Acamante, en su mano se formó un alma plateada- ¡Manifestación de Almas! -gritó, el alma adquirió forma humana, aunque continuaba brillando con el fuego del mundo de los muertos. Agástenes había regresado, aun si era tan solo para despedirse.
-Políxeno… -lloró el alma en pena, y Políxeno reconoció a su padre-. Mi único arrepentimiento… es dejarte solo… hijo mío… -terminó Agástenes, Políxeno lloró con mayor fuerza, podía ver a su padre frente a él, pero no podía tocarlo, el fuego de las almas se desvanecía en cada intento de Políxeno de tomar su mano.
-¡Padre! -gritó el joven General de Poseidón. El Caballero de Cáncer lo abrazó en lugar del alma en pena, ante los ojos atónitos de varios soldados quienes no comprendían lo que estaba ocurriendo, ya que su rey, lloraba y abrazaba a un niño de un reino lejano.
-Acamante de Cáncer… el más noble entre los Caballeros Dorados… el de corazón más puro -mencionó Anfímaco, agradecido por la presencia del Rey de Atenas-. Gracias por permitir a Políxeno despedirse de su padre -lloró Anfímaco agradecido.
Argos. Una Luna más tarde.
-¿Padre? -habló Shana, llegando a la Sala del Trono, la cual de momento estaba cerrada a cualquier audiencia. En el instante en que abrió la enorme puerta de la Sala del Trono, escuchó el aire partirse y observó destellos de luz dorada mientras Diomedes, el Rey de Argos, ahora de 19 años de edad, lanzaba estocadas con su lanza concentrado en su entrenamiento. Vestía únicamente las protecciones de las piernas, del peto, y los brazos de su Armadura Dorada. Mantenía su pecho al descubierto, y giraba su lanza con una velocidad impresionante antes de lanzar sus estocadas nuevamente. Su sudor escapaba de su larga cabellera escarlata, y las gotas se convertían en un blanco, y Diomedes atacaba, perforando las gotas de sudor, generando más sudor en el proceso, retrocediendo, moviéndose tan rápidamente que ante sus ojos su sudor se movía lentamente, atacaba, rompía las gotas, buscaba las recién formadas, las rompía también, y así continuamente. Diomedes estaba empapado, pero el suelo en que practicaba estaba totalmente seco-. Increíble -habló Shana, y en la distracción la lanza de Diomedes resbaló, y salió disparada a su trono, donde la lanza quedó clavada en el respaldo donde recargaba su cabeza-. Recordaré… no sentarme en tu trono mientras entrenas -habló Shana, Diomedes la miró mientras respiraba pesadamente-. ¿Revivías algún combate? -preguntó Shana.
-Podría decirse… -respiró Diomedes-. 799 para ser precisos. Mi entrenamiento en la Isla de Memblis donde tuve que asesinar a 799 aspirantes por el derecho a vestir mi Armadura Dorada -Shana bajó la mirada, no le gustaba en absoluto la mención de los asesinatos de su padre-. Aún hay noches en las que sueño con sus rostros. El Caballero de Escorpio debe ser el más mortífero de los 12, inclusive desalmado… en ocasiones pienso que debo ser el peor Escorpio de todos, incapaz de sentir odio… algún día… mi indiferencia hacia el odio mismo seguramente significará mi ruina. Soy incapaz de asesinar desalmadamente… -Diomedes vio en su mente a un Águila con el pico en llamas, recordando el sueño que había tenido no hace mucho-. Dejando esto a un lado, ¿necesitabas algo? ¿Más vestidos? ¿Un nuevo criado al cual admirar mientras trabaja? -preguntó Diomedes.
-Solo estás molesto porque no te permito serle infiel a Egialea -se molestó Shana, Diomedes bajó la mirada, entristeciendo a Shana-. Lo lamento… falta 1 año para la mayoría de edad de Egialea. Sé que no te agrada, pero, lo hago por tu bien, padre. Quiero que seas feliz -se preocupó Shana.
-¿Cómo puedo ser feliz con todas las noticias de hijos de mis compañeros y amigos naciendo por toda Hélade? -se molestó Diomedes, sobresaltando a Shana, Diomedes notó que Shana llegaba cargando varias cartas con los sellos violados- Por Athena… que por cierto eres tú… ¿Cuántas veces tengo que decirte que no leas mi correspondencia? Ya te dije que no tengo ningún amorío secreto. Una vez casado, soy fiel, incluso si Egialea me tortura con su ausencia -Shana se apenó un poco por su desconfianza, pero Diomedes se la había ganado-. Ya que te gusta leer mi correspondencia -comenzó Diomedes mientras tiraba de la lanza y la sacaba del trono-. Resúmemelo -Shana sonrió, Diomedes le regresó la sonrisa-. Creo que ya estás mayor como para darte más responsabilidades -agregó Diomedes.
-¡Gracias, padre! -sonrió Shana- Entonces daré mi mejor esfuerzo -mencionó tomando una de las cartas- Odiseo y Penélope te envían decir que su hijo, Telémaco, ha nacido en excelente salud. ¡Nació en la Décima Luna! ¡Es un Escorpio! ¡Odiseo te manda decir que está muy preocupado por el futuro de su hijo y la naturaleza de los Escorpio de frecuentar burdeles! -Diomedes se burló de lo que escuchaba.
-¿Un Escorpio? ¿Télemaco? Que nombre más horrible -se burló Diomedes- Asegúrate de mencionar eso en la respuesta de mi carta, quiero que Odiseo se moleste -Shana corrió al púlpito, tomó tinta y cuero de becerro, y comenzó a escribir la respuesta-. «Mis mejores deseos, Odiseo. Aunque espero de corazón que tu hijo jamás tenga que seguir la senda de un Escorpio. Rezaré a Athena por tiempos de paz que alejen a tu hijo de la sombra de la guerra» -terminó Diomedes.
-«De la sombra… de la… guerra… » -terminó Shana, y Diomedes continuó entrenando-. Bien… la siguiente carta es de Menelao, de Esparta -y Diomedes sintió una fría sensación en su espina-. «Helena es bella en túnica y sin ella, me ha dado a una hija, y en 3 Lunas nacerá mi segundo hijo. ¿Qué has hecho tú para dejar tu marca en este mundo, Escorpio inútil?» -Diomedes se molestó, y miró a Shana sombríamente- ¡Fue Menelao! –se defendió Shana.
-No lo tienes que mencionar con semejante énfasis, Shana… dolió más escucharlo de tu voz -Shana se ocultó detrás del púlpito, apenada-. ¡A Menelao! «¡Me parece perfecto el que pienses en tu amada Helena con semejante devoción! ¡Permíteme recordarte que Helena pudo haber sido mi trofeo también! ¡No es lo mismo una esposa a la que has elegido, que un trofeo en una competencia de la cual fui descalificado! ¡Disfruta tu trofeo, Acuario! ¡Este Escorpio encontrará verdadero amor! ¡No un premio del cual presumir!»-terminó Diomedes.
-Esa respuesta indudablemente causaría una guerra… padre… -agregó Shana en preocupación, y comenzó a escribir-. «Mi estimado Menelao, mi corazón se llena de gozo al saber de tu bella esposa, y de los hijos que te ha brindado. Me cuesta creer que tan frívolo corazón haya logrado derretirse por amor verdadero a tu esposa que con orgullo has merecido» -Diomedes se molestó un poco al notar que Shana escribía una carta más diplomática-. «Yo no tengo hijos aún, sueño con tener un heredero de mi propia sangre. Pero tengo una hija adoptiva hermosa, quien para mí es una diosa. Muérete de envidia, Acuario, mi hija es más bella que la tuya» -terminó Shana, y sonrió ante Diomedes, quien se preocupó un poco por la última parte-. Si no agregaba eso al final, Menelao no pensaría que fue tu carta -Diomedes sonrió, y volvió a lanzar estocadas-. Oh… la siguiente es de Ethon… el hijo de Héctor… viene desde Troya -y Diomedes parpadeó un par de veces-. «Muere, muere, te odio, muere, no vuelvas a tocarme, sueño que te asesino todas las noches, muere, muere, muere, te odio, no soy un gato, no vuelvas a tocarme de esa manera, por más bien que se sienta, solo muere» -Diomedes logró sentir el odio, aunque también un poco de aprecio, por parte de Anficlas-. De hecho, esta carta venía de anexo de la carta del Príncipe Héctor, la carta de Héctor es la que ahora enuncio -se aclaró la garganta Shana y continuó-. «Rey Diomedes, envío esta carta con mi más sincero agradecimiento. La Familia Real Troyana ha quedado satisfecha con su hospitalidad. En nuestra ausencia, sin embargo, hemos notado que se ha declarado a Laódice, hija del Rey Príamo, como miembro del Consejo de los Hijos de Príamo. Como bien sabe, a este consejo solo atienden los hijos más sobresalientes de la familia del Rey Príamo, que consta de 50 descendientes varones y 12 mujeres» -Diomedes se molestó, y Shana se preocupó-. «Laódice… de 12 años actualmente… será anunciada como prospecto de matrimonio para la casa de Argos. Por favor indique en su respuesta si desea unir a nuestras familias por la línea de sangre. La familia del Rey Príamo es famosa por su capacidad de producir descendencia» -y Diomedes comenzó a ser rodeado por un aura oscura.
-No me molestaría poner a prueba mi suerte enfrentando a Héctor en batalla a muerte -sentenció Diomedes-. Ya sé a quién mataré en mi entrenamiento, maldito Troyano -Shana tan solo preparó la pluma para escribir la respuesta-. «Príncipe Héctor, agradezco la mención y su preocupación por mi descendencia. Pero me temo que debo declinar su oferta. Por más que sea mi deseo unir a la Familia Real de Argos con nuestros hermanos Troyanos, mi voto a Deméter no puede romperse» -Shana se alegró por la respuesta diplomática-. En respuesta a Anficlas, quiero decir, Ethon… -Shana parpadeó, pero recordando la carta de odio, sacó otro pedazo de cuero para escribir-. «No he olvidado tu bello rostro, cuando aquella mariposa se posó delicadamente en tu nariz. Jamás había visto semejante belleza e inocencia, tan cálida y placentera. Aún ahora, en mis sueños, veo esa hermosa sonrisa tan perfecta y conmovedora» -sonrió Diomedes.
-¿Eh? ¿Cómo? -preguntó Shana, Diomedes comenzó a reírse en silencio- ¿Seguro que esa es la respuesta a la carta de Ethon y no para una de tus novias en los burdeles de Ítaca, padre? –ante la mención, Diomedes se horrorizó- Así es… sé lo de Ítaca… no volverás a ir a un viaje de placer sin mí, incluso si es para visitar a Odiseo y a Penélope. Cuando tengas uno de esos viajes, pediré a la abuela Deípile que te supla. ¿Qué pasaría si tienes un hijo ilegítimo? -se molestó Shana.
-Tendrías un hermano o una hermana ilegitima -respondió, Shana parpadeó un par de veces, y de inmediato hizo una cara de alegría-. ¿Entonces tengo permitido frecuentar los burdeles? –pero ante aquello, Shana fue rodeada por un aura oscura como respuesta, preocupando a Diomedes- Bien… no volveré a salir en viajes diplomáticos sin ti -Shana asintió, con sus brazos cruzados-. De todas formas, esa fue la respuesta a la carta de Ethon. Contéstala como te mencioné -Shana asintió y escribió lo que se le había descrito-. Siguiente carta -Shana tomó la última carta, que no había abierto, y rompió el sello.
-¿Talpio? ¿Ese quién es? -Diomedes miró a Shana con detenimiento- «Es con profundo dolor que me permito informarles…» -y Shana abrió sus ojos de par en par-. No conozco a esta persona… padre… pero… habla de la muerte de un tal Agástenes de Triangulo -Diomedes perdió entonces el agarre de su lanza, que cayó al suelo.
-Agástenes es uno de los Co-Reyes de Élide, el reino al este de Argos -Shana se sorprendió-. No contestes a esa carta… envía a un mensajero con tesoros de Argos como muestra de nuestro apoyo. Un rey debe despedir a otro presentándose ante la familia en luto. Terminaré unos pendientes en la corte, le pediré a mi madre que me supla, e iremos a Élide, pero envía los regalos primero -Shana asintió, pero siguió leyendo.
-En realidad… la carta dice que por respeto a Agástenes, se solicita no visitar Élide. Habla de una segunda carta, de manos de Acamante -Diomedes miró a Shana, y la carta en sus manos-. Pero… son todas las cartas… no hay más -Diomedes le arrebató la carta a Shana, alzó la mano, y elevó su cosmos alrededor de la carta. En esta comenzaron a brillar de dorado letras ocultas en el cuero, con un nombre escrito en Héladico antiguo-. «¿Glaucopis?» -leyó Shana.
-«Ojos de lechuza» -tradujo Diomedes, Shana parpadeó un par de veces-. Acamante es el Caballero Dorado de Cáncer, y es el Rey de Atenas. Se podría decir que es el líder de los 12, aunque solo moralmente hablando. Una segunda carta de Acamante, significa un mensaje secreto oculto en la carta que recibes donde se enuncia esa frase. El cosmos de un Caballero Dorado revela el mensaje secreto. Hay varias claves, pero, Glaucopis, es un epíteto de Athena. Lo que significa que Acamante presentará a Athena ante los Caballeros Dorados -terminó Diomedes.
-Pero… yo soy Athena -mencionó Shana apuntándose a sí misma inocentemente, Diomedes colocó su mano sobre la cabeza de su hija, y Shana comprendió que los tiempos de paz habían terminado-. Van a convertirme en Athena, ¿verdad? -preguntó Shana, bajando la mirada, y derramando unas lágrimas- ¿Cuánto tiempo me queda? -lloró Shana, Diomedes miró el trozo de piel que brillaba de dorado, y vio 5 círculos dorados debajo del nombre de Athena.
-En la Quinta Luna. La Orden Dorada se reúne siempre al inicio de cada Luna. Lo lamento -Shana asintió, abrazó a Diomedes, pegó su frente a su pecho, y Diomedes le regresó el abrazo con tristeza.
Tesalia. Ciudad de Ftía. Corte del Rey Peleo.
-Agástenes era el padre de Políxeno, uno de los 7 Generales Marinos de Poseidón y mi compañero de armas, mi Rey Peleo -en Tesalia se encuentra Ftía, la capital del reino. Allí gobierna el Rey Peleo, padre de Aquiles, un viejo soberano que en esos momentos observaba a un General de Poseidón. El General tenía 25 años, cabellera café cremosa, y ojos azules celestes, leía una carta que había llegado al reino de Peleo desde Atenas-. Le solicito su permiso para retirarme en dirección a Élide, deseo entregar mis respetos a la familia de Políxeno -prosiguió el General de Poseidón.
-Automedonte, quiero que recuerdes la Escama que vistes, y quien es el verdadero dueño de tu lealtad -habló el anciano rey, Automedonte tan solo hizo una reverencia-. Automedonte de Hipocampo, General de Poseidón. No me debes lealtad alguna. Es solo por la alianza entre Poseidón y Athena, y mi respeto al Señor de los Mares, el que te he permitido vivir en mi castillo por tantos años. Pero sabes que no requieres de mi permiso, eres libre de ir y venir como te plazca, mi querido Automedonte -el General Marino de Hipocampo asintió.
-¡Padre! ¡Hay problemas! -llegó corriendo una niña de al menos unos 14 años, muy hermosa, de cabellos dorados y ojos azules muy brillantes, quien interrumpió la reunión entre Peleo y Automedonte, y se arrodilló a las piernas de su padre- Los guardias detuvieron a un grupo de invasores. Hubo problemas, un choque de egos creo, y de un golpe como el rugido de un Tigre los soldados salieron disparados por toda el ala este -explicó la niña, sumamente cansada por correr y comentarle aquello a su padre.
-¿Un golpe como rugido de Tigre? -preguntó Automedonte, y la niña asintió- ¿Estás segura, Polidora? -la niña estuvo a punto de llorar, pero asintió un par de veces- Suena a que los supuestos invasores poseen el conocimiento del cosmos. ¿Qué ha ocurrido con los hermanos Protesilao y Podarces? -preguntó Automedonte, y en ese momento las puertas que daban entrada a la Habitación del Trono del Rey Peleo fueron derribadas por un estruendo similar al rugido de un Tigre, y un par de Caballeros de Athena, uno vistiendo una Armadura de Bronce de color verde, y el otro vistiendo una Armadura de Plata, fueron derribados y azotados contra el suelo- ¡Podarces de Dragón! ¡Protesilao de Orión! -gritó Automedonte- Mis príncipes. ¿Qué ha ocurrido? -preguntó el General Marino, mientras ayudaba al del Dragón, de cabellera larga y negra, de un ojo azul y el otro esmeralda, a ponerse de pie.
-Se podría decir que enfurecí a la persona equivocada -mencionó el joven de Armadura de Dragón, de tan solo 15 años, con la cabellera negra amarrada en una trenza-. Hermano, ¿te encuentras bien? -preguntó.
-Sí… soy igualmente culpable -mencionó el Caballero de Plata de Orión, limpiándose un hilo de sangre del rostro. Igual que Podarces, el hermano menor, Protesilao de 17 años, tenía un ojo azul y el otro esmeralda, solo que los colores estaban invertidos. El cabello de Protesilao sin embargo, era corto-. Esta es tu última advertencia, caballero. ¡Desiste! -sentenció Protesilao.
-Con esta ya van 3 últimas advertencias… papanatas… -habló el atacante, de cabellera rubia, y vistiendo la Armadura Dorada de Libra-. ¡Te lo repito! ¡No esperaré 2 Lunas para tener audiencia con el rey! -era Aquiles, y estaba furioso.
-Cuanta violencia solo porque te empujaron y te impidieron el paso. Aquiles, eres muy violento -habló Antíloco, que por donde caminara ayudaba a los soldados abatidos a recargarse en la pared y hacía una reverencia-. Por favor acepte mis disculpas -decía tras ayudar a otro soldado a levantarse, e inmediatamente después haría una reverencia, antes de ayudar al que sigue, molestando a Aquiles aún más.
-Bueno… admito que Aquiles es muy violento -mencionó Patroclo, quien llegaba con los brazos alrededor de la nuca-. Pero lo pidió amablemente antes de que el Dragón lo empujara y digiera: «Órdenes son órdenes. Un paso más y usaremos la violencia» -defendió Patroclo a Aquiles, y Antíloco se molestó un poco.
-Es también culpa de Aquiles por dar ese paso y sonreírle al Dragón como probando su valor. Cualquiera al ser el guardia de un palacio hubiera golpeado el rostro de Aquiles como el Dragón lo hizo -recriminó Antíloco, Aquiles se mordió los labios con molestia-. De todas formas, no es razón para entrar en cólera -terminó Antíloco, reprendiendo a Aquiles.
-¡Si es razón! ¡El Dragón me fastidió! -apuntó Aquiles al Caballero del Dragón, y tanto él como el de Orión y el General de Poseidón de Hipocampo, se colocaron a la defensiva- ¡Me están retando! -apuntó Aquiles, pero Antíloco se cruzó de brazos- ¡Bien! -gritó Aquiles- Yo… ya sabes… lo lamento… -se disculpó Aquiles, el de Dragón y el de Orión intercambiaron miradas, y observaron la devastación alrededor de todo el palacio.
-¡No es suficiente! ¡Hazlo con sentimiento! -reprendió Antíloco, Patroclo comenzó a burlarse. Aquiles simplemente suspiró, y se arrodilló frente a Podarces de Dragón- Nosotros también, Patroclo -agregó Antíloco, y el de Leo se molestó, pero se arrodilló también.
-Con Athena de testigo le ofrecemos nuestras más sinceras disculpas por lo inapropiado de nuestro comportamiento -se disculpó Aquiles, la habitación entró en un silencio incómodo, y tras unos instantes, el trio se puso de pie.
-¿Estás bromeando? -gritó Automedonte- ¡Cualquiera tomaría esto como un acto de guerra! ¡No puedes arreglar este tipo de conflictos con una simple disculpa! ¿Cuándo vas a aprender? –tras la reprendida, Automedonte hizo algo que no se esperaba de él, y golpeó la nuca de Aquiles, y en ese momento, Automedonte se horrorizó- ¿Eh? ¿Por qué hice eso? -preguntó Automedonte.
-¡Ya entendí! ¡Ya entendí! ¡No tienes por qué ser tan rudo, Automedonte! -se quejó Aquiles, y parpadeó un par de veces- ¿Acto reflejo? -preguntó Aquiles- Solo una persona me reprendía de esa forma cuando niño. ¿Automedonte? -preguntó Aquiles.
-No me digas que… -comenzó Automedonte, y Peleo se puso de pie, y comenzó a llorar-. ¿Prí… Prí… Príncipe Aquiles? -se impresionó el General de Poseidón, Aquiles le sonrió- No es verdad… pero… es usted… definitivamente es usted… mi príncipe… -y Automedonte de inmediato abrazó a Aquiles.
-¡No me abraces! ¡Automedonte! ¡No tolero que los hombres me abracen! ¡Suéltame! -gritó Aquiles, Automedonte lo soltó tras unos instantes- Tengo un trauma desde hace 6 años, Automedonte. Jamás vuelvas a hacer eso, lo odio -terminó Aquiles, furioso.
-Aquiles bien que sabe herir sentimientos -se burló Patroclo, explicándole la situación a Automedonte-. Por 5 años Aquiles fue conocido como Pirra, la criada de la Princesa Deidamía -y Aquiles se molestó.
-Y Patroclo era el novio de Aquiles -se burló Antíloco, y tanto Patroclo como Aquiles lo miraron con desprecio, Antíloco les sacó la lengua a ambos-. Tú tienes la culpa por ser tan femenino. Patroclo fue uno de muchos, me apunto en la lista -se continuó burlando Antíloco.
-En verdad es una molestia. ¿Por qué naciste hombre? -se quejó Patroclo, y la ira de Aquiles comenzó a resurgir, pero Patroclo entonces desvió la mirada a la niña en las escaleras guiando al trono del rey- ¿Eh? ¿¡Pirra!? -gritó Patroclo, Aquiles tomó las cabezas de Patroclo y de Antíloco, y las impactó la una a la otra- ¡Eso no! ¡Tonto! ¡Esa niña es idéntica a ti vistiendo de mujer! -apuntó Patroclo, y tanto Antíloco como Aquiles desviaron la mirada a la hija del Rey Peleo, sorprendiendo a Aquiles, quien podía jurar que se veía en un espejo, pero con una mirada mucho menos fiera y más femenina.
-Eso es porque esta niña es la hermana de Aquiles… -mencionó Peleo, acercándose a Aquiles, jalando a Polidora con él y parándose frente a su hijo-. Tu madre… te ocultó de mí. Por 6 largos años he vivido sin verte, mi gran alegría. Aquiles… mi hijo -Aquiles se mordió los labios, tragándose las lágrimas, siendo un arrogante hasta el final. Pero recibió el abrazo de su padre el rey-. Bienvenido a casa, Príncipe de Ftía -terminó Peleo.
-Estoy en casa -habló Aquiles, agradecido de volver a ver a su padre, agradecido de estar de vuelta, agradecido de no tener que ocultarse nunca más.
Esparta. Habitación de Menelao.
-No vayas por favor. Te lo suplico, Menelao -habló Helena, tenía ya 7 Lunas de embarazo, y su hija Hermione ya podía gatear por sí sola por la cama, aunque de momento en momento, Menelao tenía que colocar su brazo alrededor de la pequeña para evitar que se lanzara por el borde de la cama-. Menelao, por favor. Tengo miedo de que me dejes sola. El viaje a Atenas es de 3 Lunas -se estremeció Helena.
-Y la reunión es en 5 Lunas, pero antes de ir a Atenas debo ir a Micenas a presentar respetos por el fallecimiento de mi padre, Atreo -mencionó Menelao, mirando la marca secreta en el cuero de la carta que había recibido-. Soy un Caballero Dorado, y Athena ha regresado. Tengo que atender al llamado -Menelao cargó a su hija, de cabellera azul-verdosa como la de él, pero con la piel y los ojos de su madre-. Por fin, nuestra diosa ha vuelto. Partiré en el momento en que des nacimiento a mi hijo, Helena. Y aun así debería partir antes por respeto a mi padre. Sé que es una carga, pero soy un Caballero de Athena -terminó Menelao, y besó a la bebé en sus brazos.
-Yo soy tu esposa, Menelao. Y tengo miedo de que no me encuentres cuando regreses -lloró Helena, Menelao se sobresaltó por esa respuesta-. Tengo sueños horribles… pesadillas… no dejo de ver al joven Paris en mis sueños -Menelao bajó la cabeza, y cerró su mano en un puño-. No es lo que piensas… he tenido este sueño desde que llegó a Esparta hace ya 6 Lunas… siento que hará algo horrible, Menelao… te necesito aquí para protegerme -suplicó Helena, y Menelao la miró con cierto desprecio.
-¡La única persona que debería estar en tus sueños soy yo, mujer! -gritó Menelao, y Helena se sobresaltó. Pero inmediatamente después, Menelao se tranquilizó- Yo… lo lamento, Helena -Menelao entonces cargó a su hija, y pegó mejilla con la bebé-. Mi familia fue criada por los lazos del odio y la traición -Helena observó a Menelao fijamente, desconociendo las penas de su esposo-. No suelo hablar mucho por miedo a herir a los demás. Cuando nos conocimos, yo era parte de la orden del Rey Tindareo, ¿lo recuerdas? -y Helena recordó a un joven Menelao de 14 años, junto a su hermano Agamenón de 20.
-Eso fue hace casi 7 años… no lo recuerdo muy bien, yo tenía apenas 10 años -se sonrojó Helena-. Pero sí recuerdo que siempre estaba colgada de tu cintura, asustada, mientras más y más nobles de reinos lejanos pedían mi mano a tan temprana edad. Tú siempre les gritabas: «¡Cuando crezca, Helena será mi esposa!» -sonrió Helena, y miró a Menelao con una gentil sonrisa- Y heme aquí, 7 años después, y esperando a nuestro segundo hijo o hija -sonrió Helena, y Menelao asintió-. Pero, no lo entiendo… no te volví a ver hasta tu batalla con Diomedes… para ese entonces eras irreconocible, ira divina. Cuando ganaste mi mano estaba muy asustada, no quería creerlo. Pero cuando me sonreíste y dijiste: «cumplí mi promesa», te recordé y estaba muy feliz –Menelao entonces besó la frente de Helena gentilmente-. Pero debo saberlo, ¿por qué me abandonaste para regresar años más tarde a competir por mi mano? -preguntó.
-Nunca pertenecí a la corte de Tindareo para empezar -explicó Menelao, y Helena asintió-. Micenas es mi verdadero hogar. La historia de Micenas está llena de traición y de sangre. Mi padre, el Rey Atreo, tenía un gemelo, Tiestes, que era un tirano. Su tiranía impulsó a mi padre a hacer la guerra por el trono de su hermano y desterrarlo -Helena se sorprendió por la revelación-. Pero Tiestes regresó, asesinó a nuestra madre y a nuestro padre con la ayuda de su hijo Egisto, pero Agamenón y yo escapamos y nos refugiamos en la corte de tu padre, Tindareo, amigo de nuestro padre. En Esparta nos entrenamos, hasta convertirnos en guerreros. Volvimos a Micenas años más tarde, cuando tenías 13. Matamos a nuestro tío, y regresamos el trono a nuestro padre nuevamente. Nuestro pueblo nos odió al principio, inventaban historias de como Atreo había matado a la familia de Tiestes mientras nuestro tío estaba de caza, y que Atreo se los dio de comer en un banquete sin que Tiestes lo supiese -la revelación horrorizó a Helena, quien se cubrió la boca incrédula y a punto de vomitar-. Lo siento… sé que la escena, aunque una mentira, es una imagen horrible. Pero Agamenón y yo obligamos a la fuerza a la lealtad de Micenas, nos convertimos en dictadores. No regresé por ti hasta que estuve seguro de que Agamenón tenía todo bajo control. Para entonces, yo era ya un hombre de odio… y tú me salvaste… aún hoy siento mucho odio… contra Tiestes, mi tío que violó a su propia hija, y contra su hijo incestuoso Egisto que desterró a mi padre. Contra mi padre por el miedo de que los rumores del engaño que forzó a Tiestes al canibalismo sean reales. Contra el pueblo de Micenas a quien prefiero llamar mentiroso. Contra Agamenón por convertirse en Rey de Micenas. Mi única alegría eres tú, Helena. Eres la única que puede aliviar mi odio, lo más importante para mí, la única a la que jamás veré con odio. Madre de mis hijos, reina de mi pueblo adoptivo. Helena… sin ti… seguro ya hubiera declarado la guerra a mi propio hermano por el trono de Micenas y sería un maldito asesino… -terminó Menelao.
-Una confesión bastante inquietante, hermano -habló Agamenón, quien había llegado a la habitación de Menelao, horrorizando al de Acuario y a Helena por la conversación que hasta esos momentos sostenían-. Doy gracias a Athena entonces por la existencia de Helena que ha apaciguado tu odio. Me alegro al menos de no tener que enviarte a una tumba -Agamenón colocó su mano sobre la cabeza de Menelao, e ignorando sus 21 años, le revolvió el cabello-. Eres un hombre de buen corazón ahora, Menelao. Estoy orgulloso de ti -y Menelao se alegró, aunque no se sintió más tranquilo-. Debemos partir a Atenas, Helena. Es nuestro deber como Caballeros Dorados. Pero para tu seguridad, te juro en el nombre de mi diosa que haré todo lo posible por volverlos a reunir -sonrió Agamenón, y comenzó a retirarse.
-Pensé que Agamenón te cortaría la cabeza, Menelao… no seas tan imprudente -reprendió Helena, y Menelao le sonrió. Helena le regresó la sonrisa, pero esta pronto desapareció-. ¿Por qué no quedarnos como hasta ahora? Te daré todos los hijos que me pidas, pero por favor, suplico que me comprendas… yo… tengo miedo… -Menelao, con tristeza, tuvo que rehusarse-. Volverás por mí, ¿verdad? ¿Sin importar qué? -y Menelao asintió, besando a su esposa con gentileza.
-Llevaría a los 30 Pueblos que me juraron lealtad a la guerra solo por ti, Helena. Por más egoísta que eso suene -la respuesta sin embargo no alegró a Helena, sino que la preocupó por los malos presentimientos que la rodeaban. Aun así, se sintió segura, y besó a Menelao nuevamente.
Fuera de la habitación de Menelao, sin embargo, Néstor, el padre de Antíloco y Caballero Dorado de Géminis, quien continuaba en servicio en la Corte de Menelao, entristeció, teniendo un muy mal presentimiento al respecto.
-No es respetuoso escuchar conversaciones ajenas, Néstor -habló Agamenón, del otro lado del marco de la puerta, e igual que Néstor pegando su espalda a la pared-. Te dejé escuchar hasta ahora para tu tranquilidad, pero ya es momento de que ambos nos retiremos -Néstor asintió, y ambos dejaron a Menelao con Helena-. ¿Qué te preocupa? ¿Por qué desde el matrimonio de mi hermano continúas visitando Esparta y te quedas por largos periodos de tiempo, desatendiendo Pilos que es tu reino? -preguntó Agamenón, y Néstor, el de cabellera café y sombra de barba, le sonrió.
-Diferente del resto de los Caballeros Dorados, yo poseo una habilidad que me permite moverme entre las dimensiones, Agamenón -explicó Néstor-. Puedo estar en Esparta o en Pilos en una fracción de segundo. El salto entre dimensiones es bastante ventajoso, aunque se torna peligroso por no saber en dónde has de aterrizar. Una vez cuando visité Ítaca, aterricé en un establo con los cerdos. Mi capa olió a excremento de marrano por días… Odiseo dijo que con leche de cabra podía… -prosiguió Néstor.
-Limítate a contestar la pregunta en lugar de revivir tus tiempos en Ítaca con Odiseo, Néstor -interrumpió Agamenón, algo molesto-. Apreciamos tu presencia cuando no se vuelve una carga, Rey de Pilos. Has sido un huésped recurrente por casi 2 años. No duermes ni comes en nuestra mesa, pero paseas por nuestros pasillos. ¿Por qué? -preguntó Agamenón.
-Yo no enuncié el Juramento de los Pretendientes… pero mi hijo Antíloco de Virgo sí -explicó Néstor-. 30 Pueblos juraron lealtad a Esparta. Quería saber la clase de rey que poseería semejante poder. Y acabo de escuchar lo que me temía. Por Helena, Menelao enviaría a 30 Pueblos a la guerra. Agamenón, mi deseo es que antes de que algo malo ocurra, tu hermano disuelva ese juramento -Agamenón observó a Néstor con detenimiento-. Todos recibimos la carta de la muerte de Agástenes con el epíteto de Athena oculto. En 5 lunas los 12 nos reuniremos en Atenas. ¿Sabes lo que significa? Si Athena ha regresado, Hades también lo hará. Jamás en toda la historia un Caballero Dorado había tenido semejante poderío militar. ¿Qué pasará cuando Hades aparezca con sus 108 Espectros? ¿Enviaría Menelao a 30 Pueblos a la guerra contra Hades? Los dioses no lo aprobarán -razonó Néstor-. Ese muchacho, Paris, los sueños de Helena. No se necesita ser un intérprete para conectar las piezas. ¿Por qué Héctor, el Príncipe de Troya en Anatolia, visitaría a Hélade? ¿Y si Odiseo tenía razón? ¿Y si en verdad estaban trazando mapas? Y si los trazan, ¿para qué? Deberían escuchar los sueños de Helena, Agamenón. Sigue mi consejo -suplicó Néstor.
-Néstor, no puedo escuchar un consejo tan absurdo. ¿Insinúas que Héctor, y el renacimiento de Athena, tienen alguna relación con Hades? -Néstor asintió- Tanto tú como Odiseo y el inútil de Diomedes, están dementes -apuntó Agamenón-. Héctor vino a Hélade en paz, y si no es así, 30 Pueblos aplastarán su ciudad y demolerán sus murallas -terminó Agamenón.
-30 Pueblos encontrarán la ruina… Agamenón… -sentenció Néstor-. Y cuando eso ocurra… espero que vuelvas a confiar en mis consejos. Ya no tienes que preocuparte por que pasee por los pasillos del reino de tu hermano. Iré a donde sí me escuchen. ¡La Otra Dimensión! -y en un parpadeo, una esfera morada se tragó a Néstor, quien desapareció frente a los ojos de Agamenón.
Tesalia. Ciudad de Ftía.
-En verdad son idénticos… -admiró Patroclo a Polidora, sentada en una silla frente a él, y arrepintiéndose de haber elegido ese lugar-. Es perturbador… y a la vez me siento extrañamente sobresaltado. ¿Pirra era así de hermosa? -Polidora se sintió avergonzada por esas palabras, y Patroclo fue golpeado por una fuerza de cosmos lanzada por Aquiles a 7 sillas de donde Patroclo se había sentado con Polidora- ¿Estás celoso? -preguntó Patroclo.
-¡Como si eso fuera posible! -gritó Aquiles con ira- Deja de andar seduciendo a mi hermana, Patroclo inútil. Polidora, te recomiendo alejarte de él. Es un depravado con gustos extraños -Patroclo le sacó la lengua a Aquiles, quien se molestó e intentó ir a encuentro de Patroclo para romperle el rostro, pero Antíloco movió su mano, y con una fuerza de cosmos forzó a Aquiles a sentarse.
-En realidad, sí pareces una chica. No es culpa de Patroclo. Antes de él yo también iba a intentarlo, pero ya no estabas en Esciro cuando yo llegué pidiendo tu mano -explicó Antíloco, Aquiles alzó una ceja en señal de desprecio-. Fue en una visita de Néstor a Esciro de paso a Ítaca. El objetivo era visitar a Odiseo a quien mi padre quiere como a un hijo. Pero terminamos en la orden de Licomedes pidiendo tu mano en matrimonio, pero no avanzamos porque al Rey Licomedes le dio un ataque de risa que le provocó fiebre. Para cuando regresamos, ya te habías ido a entrenar al Monte Pelión. Menos mal, estuve a punto de raptarte -mencionó Antíloco.
-Lo dice el sujeto de la Armadura de la Virgen -apuntó Aquiles con desprecio, Antíloco lo ignoró, aunque se molestó por el comentario-. En todo caso, padre. ¿Cómo permitiste que mi madre me llevara a travestirme en la orden de Licomedes? -preguntó Aquiles.
-No fue mi elección. Tu madre huyó contigo una noche -le explicó Peleo a Aquiles, en el fondo, Patroclo tomaba la mano de Polidora y le susurraba palabras dulces, que avergonzaban a la hija de Peleo y enfurecían a Aquiles y al Caballero de Plata de Orión, Protesilao, sentado junto a su hermano Podarces del Dragón y con Automedonte, el General de Hipocampo, frente a Aquiles y Antíloco-. Pero ahora que has regresado… tengo un presentimiento que me dice que no te quedarás por mucho. Odiseo, el Príncipe de Ítaca, y Diomedes, el ahora Rey de Argos, vinieron a buscarte hace unos años. Decían algo de una guerra en la cual tendrías que participar -Aquiles parpadeó en un par de ocasiones, y asintió-. En el Santuario de Athena, el Patriarca, Calcas de la Copa, puede ver el futuro. Hay una profecía que dice que debes participar en una guerra de 10 años, y que serás el héroe que abrirá la puerta a la victoria contra un enemigo pensado invencible. Tu madre, Thetis, al escuchar esa profecía de labios de Calcas, huyó contigo esa misma noche -explicó Peleo.
-Pasó durante la noche -interrumpió Automedonte-. Yo era tu guardián, tu maestro. Dormíamos juntos como todo guardián y su príncipe. Pero esa noche no desperté. Me habían drogado. No pude protegerte cuando tu madre escapó contigo… solo tenías 10 años cuando te raptaron -terminó Automedonte.
-No… rapto es cuando se roban a alguien con intereses sexuales, como Patroclo con Polidora -apuntó Aquiles a Patroclo, quien se alejaba con una sonrojada Polidora en brazos-. ¿A dónde crees que llevas a mi hermana? -le gritó Aquiles a Patroclo.
-Cierra la boca, ya te superé. No eres tú, soy yo -bromeó Patroclo, Aquiles desenvainó su espada, pero Podarces de Dragón le quitó la espada a Aquiles, y Protesilao de Orión golpeó la cabeza de Patroclo con fuerza, le quitó a Polidora, y la sentó en su silla-. ¿Qué tipo de hospitalidad es esa? ¡Odio a los Príncipes de Fílace! ¿Qué hacen en la Corte de Peleo de todas formas? -preguntó.
-Fílace y Ftía son parte de Tesalia -comenzó a explicarle Polidora-. 8 grandes ciudades forman Tesalia. El Rey Peleo es el Rey Supremo, el rey que gobierna sobre los reyes. Podarces y Protesilao son Príncipes de Fílace, pero trabajan para Peleo. De hecho, Protesilao está molesto porque él es mi prometido -terminó Polidora, y Patroclo se estremeció mientras Protesilao lo miraba con cierto desprecio-. Pero… no deja de ser un compromiso impuesto… -susurró Polidora, pero con la suficiente intensidad para que Patroclo escuchara-. Protesilao no me ama… -volvió a susurrar.
-Polidora… -reprendió Protesilao-. Es un honor pertenecer a la familia del Rey Peleo. Cuidaré bien de ti -Polidora asintió, mientras Protesilao se sentaba junto a ella. Patroclo simplemente se sintió con el corazón destrozado y maldiciendo su suerte. En ese momento, Patroclo buscó su copa de vino, y accidentalmente la derribó. El líquido quedó regado por su sección de la enorme mesa.
-¡Ah! ¡Lo lamento! -se disculpó Patroclo, buscando por todas partes algo con qué limpiar, pero sin encontrar objeto alguno, miró su capa, la tomó, y estuvo a punto de limpiar con ella cuando una gentil mano lo detuvo.
-Despreocúpese por favor -mencionó una joven, de cabellera castaña suave, criada del palacio de Peleo, y quien comenzó a limpiar el desastre de Patroclo-. Si tiene cualquier otro problema, no dude en pedir mi apoyo, mi señor Patroclo -terminó la joven.
-Ah… no… la verdad lo lamento mucho. Soy algo distraído -mencionó Patroclo, y de reojo notó las miradas tanto de Polidora como de Protesilao. Polidora se veía deprimida, y Protesilao molesto-. ¿Ahora qué hice? -preguntó- Este, ¿tu nombre era…? -preguntó.
-Laodamía -explicó la criada, que entonces miró a Protesilao, quien estaba sumamente molesto, y al notar la razón, se retiró con cuidado de Patroclo-. Mantendré mi distancia… amo Protesilao -terminó Laodamía, y volvió a su puesto lejos de la mesa.
-¿Te molestaste porque miré a Laodamía? -preguntó Patroclo a Polidora, quien se ruborizó ante la mención- Pero creo que tú eres más hermosa. Mucho más hermosa -Protesilao se molestó, se puso de pie, y tomó a Patroclo del cuello. Aquiles de inmediato fue en auxilio de Patroclo, pero Podarces, el hermano menor de Protesilao, se puso de pie frente a Aquiles con actitud desafiante. Antíloco simplemente hizo una mueca mientras sostenía una carta que el Rey Peleo le mostraba, pero que no logró ser leída por Antíloco por la escena que ocasionaba Patroclo-. Una pregunta. ¿Estás molesto porque elogie a tu prometida? ¿O te molesta que haya dicho que pienso que Polidora es más hermosa que Laodamía? -Protesilao se ruborizó- Lo sabía, te gusta Laodamía -Protesilao se estremeció, y Polidora se impresionó.
-¿Eeeeeh? ¿Es enserio? ¿A pesar de que yo soy tu prometida? -preguntó Polidora, Protesilao la miró fijamente, asustado por las deducciones de Patroclo y la revelación de sus sentimientos ante su prometida.
-¡Tú dejaste que este completo extraño te cargara como a una princesa! ¿Para qué pensabas que lo hacía? ¿Por el placer de darte un paseo? -se quejó Protesilao, Polidora se ruborizó al extremo- ¡Ya tuve suficiente de tus acercamientos! ¿Pretendes raptar a mi mujer? -preguntó Protesilao, tomó una copa, y bañó a Patroclo con el líquido- En Tesalia, tenemos una forma de arreglar los conflictos. Si pretendes seguir con esta farsa, lo arreglaremos en una batalla -habló el de Orión con desprecio.
-¡Por mí perfecto, Caballero de Plata! ¡Te venceré con una mano atada a la espalda! -respondió Patroclo, y en ese momento Polidora se estremeció por la vergüenza, y Laodamía se preocupó por lo que estaba viendo, mientras Patroclo y Protesilao se empujaban las frentes con desprecio mutuo.
-Tengo el presentimiento de que tendré que dejar las noticias sobre Athena para después -susurró para sí mismo Antíloco, quien miraba la marca de Acamante en el cuero de la carta que anunciaba la muerte de Agástenes-. Rey Peleo. ¿Aceptará este desafío que lanza Protesilao a Patroclo? -preguntó Antíloco.
-Desafortunadamente, en Tesalia no se pueden negar los desafíos. Sería una deshonra no aceptarlos -mencionó Peleo, y todos lo miraron, menos Polidora, quien se encontraba sumamente avergonzada y mirando a la mesa con la mirada perdida-. Aquiles, te has educado con el Centauro Quirón para convertirte en un guerrero, pero de ahora en adelante se te conocerá como el Príncipe de los Mirmidones. Y será tu deber el velar porque todo Mirmidón, hombre o mujer nacido en Tesalia, honre su juramento. Un hombre vencido en batalla debe renunciar a ello que defiende, una mujer nacida en Tesalia debe honrar la promesa que se defiende. Ahora no lo comprendes, pero como Príncipe de los Mirmidones tienes un derecho único que te autoriza a ordenar ceremonias específicas. En este caso, un duelo -y Aquiles asintió-. Prepararemos la arena inmediatamente. Da tus órdenes, Príncipe de los Mirmidones -Aquiles se puso de pie.
-Automedonte… no eres un Mirmidón, pero confío en ti más que en nadie por ser mi guardián -mencionó Aquiles, y Automedonte se mostró agradecido por aquellas palabras-. Prepara todos los materiales para la ceremonia del duelo, y para las posteriores resultantes al mismo -Automedonte reverenció, y comenzó a retirarse.
Hélade. Ítaca. Tálamo Nupcial de Odiseo y Penélope.
-Duerme bien, Telémaco -le acarició Odiseo el cabello a su hijo de un par de Lunas de nacido, quien succionaba el dedo de Penélope, agotada por cuidar del recién nacido que simplemente no dormía en los mismos horarios que su madre-. Debe ser muy difícil para ti, Penélope. Si fuera un poco mayor podría aligerarte la carga -habló Odiseo, recostado en contra de un árbol de olivo, alrededor del cual se construyó una cabaña de madera, y que era el lugar donde Odiseo prefería dormir, lejos del palacio. Era el tálamo nupcial que Odiseo había construido para su esposa la noche del regreso a Ítaca, el lugar donde pasaban sus noches privadas.
-No te preocupes, Odiseo -habló Penélope con cansancio-. Hace poco fuiste declarado Rey de Ítaca. Tienes muchas responsabilidades, igual que Diomedes. Cuidar a un bebé es muy diferente a cuidar todo un reino -sonrió Penélope, y Odiseo la besó con gentileza. El bebé se quejó un poco por el ruido, y Odiseo y Penélope se separaron un poco, haciendo silencio, y sonrieron cuando Telémaco no se despertó. Sin embargo, alguien más sí se despertó, un perro de piel anaranjada que mordisqueó la bota de Odiseo-. Ese perro… no puedo creer que lo hayas traído al tálamo… Odiseo… me molesta… -sentenció Penélope.
-¿Por qué a las mujeres no les gustan los perros? -preguntó Odiseo con cierta molestia- Argos, ya basta, estoy defendiendo tu estadía en el tálamo y no ayudas -se quejó Odiseo. Pero Argos, el perro de Odiseo, continuó mordiendo-. Es bueno para el niño. Argos lo cuidará bien. Además, fue un regalo de mi abuelo, Arcisio -explicó Odiseo.
-No hace más que mordisquear todo lo que encuentra. Puedo cuidar a un niño, no puedo cuidar a un perro -se quejó Penélope-. No quiero a Argos en el tálamo -insistió-. Además, ¿por qué le pusiste Argos? Es un insulto a Diomedes -se quejó Penélope.
-De hecho, quería llamarlo Diomedes, pero el nombre se lo puso mi abuelo -explicó Odiseo, y el perro continuó jaloneando-. Ya voy, ya voy. ¿Qué te pasa, Argos? ¿Quieres pasear? Te llevaré a pasear -prosiguió Odiseo, abriendo la puerta del tálamo.
-Si hace sus gracias en mis flores, tanto tú como Argos dormirán afuera del tálamo -se quejó Penélope, y Odiseo le sonrió-. No es broma… dormirás afuera… prométeme que no se acercará a mis flores -habló Penélope con un aura sombría, Odiseo se preocupó.
-Lo prometo en el nombre de Athena -mencionó Odiseo, cerró la puerta del tálamo con cuidado, y al hacerlo, encontró a Néstor afuera acariciando a Argos-. ¿Néstor? -se preguntó Odiseo, mientras veía al perro lamerle el rostro al Caballero Dorado de Géminis- No es que no aprecie una visita, pero, ¿cómo? -preguntó.
-La Otra Dimensión -explicó Néstor-. Es un poder que no comprenderías, nadie lo haría. Gea y los hombres y mujeres que habitamos en ella no estamos listos para conocer el poder de las dimensiones -Odiseo asintió, pero continuaba curioso del cómo había llegado Néstor a Ítaca sin llamar la atención de nadie-. Vengo con la esperanza de que tengas más sentido común que Agamenón. Menelao es un peligro, ha adquirido demasiado poder -explicó Néstor.
-¿Te refieres al Juramento de los Pretendientes? -preguntó Odiseo, Néstor asintió y comenzó a caminar, pidiendo a Odiseo seguirlo- Hice lo que pensé que era lo correcto. Si los representantes de los 30 Pueblos que participaron en la competencia por la mano de Helena hubieran continuado engañados pensando que Helena era Athena, habría estallado una guerra -explicó Odiseo, y Néstor asintió-. Ser el padre de un hijo de un dios es una propuesta sin precedentes. No era algo que pudiera evitarse. Más si pensamos en lo codicioso que es la virginidad de la Diosa Athena. Dudo mucho que hubiera quien pudiera resistirse a semejante premio. Tindario lo sabía. Por eso Helena tuvo tantos pretendientes, sin mencionar que Helena es hermosa -terminó Odiseo.
-Esa belleza seguro causaría una guerra con o sin la intervención de Tindareo declarando a Helena falsamente como la reencarnación de Athena -explicó Néstor-. Por toda Hélade se habla de tu audacia de mente, Odiseo. Y se dice que has unido a los pueblos de Hélade. Argos e Ítaca son reinos aliados muy cercanos a Atenas y a Pilos. Micenas y Esparta, las capitales de la guerra, se unieron debido al matrimonio de Menelao y Helena. Élide al norte de Argos ha comenzado negociaciones comerciales con Tebas, también con parte de Argos. Creta y Yolco también, todas estas ciudades se han unido a la lista de aliados de la Corte del Rey Menelao. Ftía y Fílace de Tesalia, gobernadas por el Señor de los Mirmidones, también han ofrecido la paz. Todo parecía tan placentero. Pero entonces llegó Héctor -sentenció Néstor.
-Héctor… Príncipe de Troya… -suspiró Odiseo en señal de preocupación-. Tengo un mal presentimiento con respecto a él. Es un guerrero, escuché de Diomedes que poseía una mirada asesina, de desconfianza, de odio. Diomedes dice que es por ser un verdadero guerrero, pero yo creo que trama algo. Nadie se toma casi un año viajando con tesoros por toda Hélade visitando a todos los 30 Pueblos a menos que… -continuó Odiseo.
-A menos que quiera dar una falsa sensación de comodidad y confianza regalando tesoros dignos de reyes mientras trazan mapas de guerra -y Odiseo asintió-. De cualquier forma, está regalando lo que recuperará a la fuerza. Atacarán, Odiseo. Por todas direcciones, los 30 Pueblos al unísono, pero. ¿Por qué? -preguntó Nestor.
-¿El Paladio de Athena? -preguntó Odiseo, y Néstor se impresionó por el conocimiento de Odiseo, pero lo negó con la cabeza- Néstor, no tiene caso que guardes ese secreto. Diomedes me lo dijo. El Paladio de Athena, construido de la madera donde cayó la sangre de Atenea la primera el día que fue asesinada por Radamanthys de Wyvern. Un objeto casi igual de importante que Athena, con un secreto para brindar la victoria que solo la diosa conoce -y Néstor se impresionó-. Sé que este conocimiento pertenece únicamente a Calcas como Patriarca del Santuario y a los 12 Caballeros Dorados. Pero, ahora que lo sé no puedo pretender quedarme en silencio. Deberíamos decirle a Calcas, reforzar el Santuario por lo menos -sugirió Odiseo.
-No tendría caso -le explicó Néstor-. Hace 4 Lunas robaron el Paladio -la noticia conmocionó a Odiseo, ahora más que nunca la sombra de la guerra rodeaba a toda Hélade-. Escucha… el Paladio era un secreto, y aun así fue robado. Alguien sabía de su importancia. La razón por la que Calcas no ha informado al resto es porque no quiere propagar el pánico entre los 30 Pueblos. Calcas piensa igual que nosotros, es solo cuestión de tiempo para que estalle una guerra. Por eso ha enviado llamar a los 12 a Atenas -le entregó su carta Néstor a Odiseo, quien se sobresaltó al escuchar la noticia-. Acamante sabe lo de Shana. La resguardará en el Santuario, piensa que es uno de los objetivos de los Troyanos, pero yo pienso diferente. Sin embargo, la prefiero en las 12 Casas rodeada de Caballeros Dorados a que esté sola contra los Espectros -explicó Néstor.
-¿Pero si ya tienen el Paladio? ¿Qué más quieren? -preguntó Odiseo- Además, ¿no son el atacar el Santuario, asesinar a un Caballero de Plata, y el robo del Paladio de Athena, razones suficientes para iniciar una guerra? No quiero una guerra, Néstor, tengo un hijo, Telémaco. Pero me sorprende que no se haya hecho algo al respecto -mencionó.
-¿Cómo le ordenarías a 30 Pueblos el buscar en toda Hélade un objeto que solo 12 Caballeros Dorados y el Patriarca del Santuario saben que es importante? -Odiseo entendió el punto- No, Odiseo, tristemente no puede ser. Debemos esperar. Troya atacará, estoy seguro. Y creo saber qué es lo que buscan -Odiseo tan solo esperó la respuesta-. Cuando Paris estuvo en Esparta, lo seguí en secreto, y lo que vi me dejó sin aliento. Paris… besaba a Helena -la mención causó que un sentimiento frio recorriera la espalda de Odiseo. Helena, y la paz en los 30 Pueblos, estaban en un gran riesgo-. Pensé en decírselo a Menelao. Pero sabes lo que hubiera pasado. Sin escuchar razonamiento alguno hubiera asesinado a Paris, a Héctor, y a Casandra en ese momento. La guerra hubiera estallado por culpa de su cabeza caliente. No queremos guerra, intentamos evitarla. Por alguna razón Paris quiere a Helena, y creo saber por qué… si Athena ha reencarnado en esta era. ¿Quién crees que reencarnaría junto a ella? -preguntó.
-Poseidón o Hades. Pero Poseidón es aliado de Athena, y en Anatolia no es venerado. Troya venera a Apolo, Ares y Hades -y Néstor asintió-. ¿Supones que uno de los hijos de Príamo ha sido elegido como la reencarnación de Hades? -preguntó.
-Si no es así, entonces se iniciará una guerra por la lujuria de un Príncipe de Troya -explicó Néstor-. Lo único que sé, Odiseo, es que vi a Paris y a Helena besarse -Odiseo se mordió los labios, preocupado-. He visitado los pasillos del Palacio de Esparta por casi 2 años investigando la relación de Menelao y Helena. No se ha visto amor más profundo en toda Hélade. ¿Por qué besaría entonces Helena, con una hija en sus brazos y un bebé en su vientre, a un completo extraño? Aunque te lo repito. No tengo más que sospechas -terminó Néstor.
-Confiaría más en tus sospechas que en un oráculo, Néstor -confesó Odiseo-. ¿Qué hay que hacer? ¿De qué forma podemos evitar una guerra? -preguntó Odiseo, y Néstor se alegró por la amistad y confianza de Odiseo.
-Como miembro de los 12, no puedo escapar de mis responsabilidades. Los 12 tendremos que estar presentes en el Santuario y proteger a Athena. Sé que eres padre, sé que eres rey. Pero por prudencia, en 5 Lunas cuando los Caballeros Dorados se reúnan, debes estar en Esparta -Odiseo suspiró ante esas palabras.
-Lo haré… pero no podré hacerlo solo… -Néstor asintió-. Si algo ha de pasar, Ítaca resistirá la invasión. Diomedes, a mi sugerencia, ha optado por doblar las guardias de soldados. Pero Esparta estará sola -Néstor se rascó la barbilla, preocupado.
-Buscaré aliados que protejan a Esparta a tu lado. Tienes mi palabra -Néstor y Odiseo entonces intercambiaron un apretón de manos-. De momento, Argos -Odiseo pensó en la ciudad, pero de pronto vio al perro olfatear en las flores de Penélope y ponerse en pose.
-¡No! ¡No! ¡No! ¡Argos! -lo asustó Odiseo, el perro con tristeza tuvo que replantear su lugar de liberación canina- Eso estuvo cerca, te agradezco, Néstor -pero al darse la vuelta, Néstor ya no estaba-. ¿Néstor? -preguntó Odiseo- Odio que haga eso… vamos Argos, harás tus gracias en otra parte –tiró Odiseo de su perro, mientras meditaba sobre las palabras de Néstor.
Tesalia. Ciudad de Ftía. Arena de los Mirmidones.
-Impresionante -habló Patroclo, quien se encontraba en el medio de un círculo perfecto de tierra en los interiores de un coliseo construido frente al palacio de la ciudad de Ftía. Ya era de noche, pero un centenar de antorchas brillaban desde las gradas que se alzaban rodeando la arena hasta una altura de 7 metros alrededor de toda la circunferencia terrosa, dando una iluminación casi perfecta. Patroclo acababa de ser anunciado como el retador, y los Mirmidones, el pueblo de Aquiles, gritaban y se burlaban de Patroclo, quien les saco la lengua de forma infantil, aunque Antíloco lo tranquilizó.
-¡Patroclo! ¡Enfurecer a un Mirmidón es igual o peor que molestar a un Espartano! -le explicó Antíloco, pero Patroclo le restó importancia mientras veía a Protesilao de Orión, casi de su misma edad, llegar con Podarces de escolta-. Ahora Aquiles, como Príncipe de Ftía, declarará que has insultado el honor de Tesalia, y que por ello honradamente has solicitado pedir perdón por tu ofensa al aceptar duelo con Protesilao -le explicó Antíloco.
-Él debería disculparse… yo solo soy víctima de las circunstancias -explicó Patroclo, pero Antíloco lo negó con la cabeza. Patroclo entonces notó a Polidora y a Aquiles llegar ante Peleo a un palco en lo alto de la escalinata que daba al norte, donde ambos se sentaron. Polidora inclusive vestía prendas hermosas de un rojo intenso que forzaron a Patroclo a ruborizarse-. ¿Qué hace Polidora en el palco? Pensé que solo el rey y el príncipe podían presentarse en el palco a presenciar la batalla -explicó Patroco.
-Al final del combate lo sabrás. Solo tienes que saber de momento que tú solo te metiste en este problema -sentenció Antíloco y se retiró. Podarces también se retiró, y Patroclo y Protesilao se encontraron en el medio de la arena, y esperaron las instrucciones de Aquiles.
-¡Mirmidones! -gritó Aquiles- Me presento ante ustedes como el hijo de Peleo, el Rey de los Mirmidones, soberano de Ftía, y de toda Tesalia -los Mirmidones gritaron, aclamando el nombre de Aquiles-. Patroclo, Caballero Dorado de Leo, y mi hermano de armas. Has insultado el honor de Protesilao de Fílace, Caballero de Plata de Orión, al intentar seducir a mi hermana Polidora, comprometida al Príncipe de Fílace -todos gritaron e insultaron a Patroclo, y el de Leo se sintió molesto por el resultado del discurso de Aquiles-. Con el fin de mostrar respeto ante nuestra cultura, Patroclo de Leo ha aceptado duelo. ¡Que comience la batalla! -y el tremendo grito de los Mirmidones resonó en toda la arena.
-¡Lamentarás haber irrespetado a mi prometida! ¡Infierno Cósmico! -gritó el Caballero de Plata, lanzando de un movimiento un fuego violeta, que sorprendió a Patroclo por su velocidad, y lo derribó de un golpe certero mientras Protesilao lo atravesaba- Escuché que llevas 3 Lunas de poseer esa Armadura Dorada, Leo. Al parecer no la mereces -mencionó con furia Protesilao, y Patroclo alzó las piernas, se resorteo a sí mismo, y se puso de pie con agilidad.
-Perdóname, pero no estoy del todo de acuerdo. ¡Relámpago de Voltaje! -lanzó el poderoso ataque Patroclo, en la forma de una esfera de truenos que a pesar de que Protesilao intentó evadir, liberó una fuerza estática que hirió a Protesilao, y lo dejó a merced de un tremendo puñetazo de Patroclo, quien le impactó el estómago con fuerza, dejando a Protesilao de rodillas frente a Patroclo, a quien los Mirmidones abuchearon-. Oye… respóndeme algo… -habló Patroclo, levantando a Protesilao del cuello de su armadura, y alzándolo con una mano-. ¿Por qué te esfuerzas tanto por alguien a quien no amas? No lo entiendo -mencionó Patroclo, y en ese instante lanzó otro puñetazo al rostro de Protesilao, tumbando al de Orión, clavándolo al suelo, pero el de Orión se puso de pie.
-Polidora… es mi prometida… es lo único que importa -se quejó Protesilao, reuniendo una esfera de fuego negro en sus manos, misma que estallaba con centellas como si fueran relámpagos en miniatura, y lanzando la esfera-. ¡Flama Negra! -lanzó la esfera, Patroclo tan solo golpeó con su mano, forzando a la esfera a estallar- Serás un Caballero Dorado, pero no me negarás mi derecho. Que solo existan 12 Armaduras Doradas no significa que otros no estemos al nivel del Cosmos Dorado -insistió Protesilao.
-Es injusto para Polidora -mencionó Patroclo ignorando la conversación sobre la igualdad de cosmos, y Polidora, en el palco, se impresionó por escuchar esas palabras-. Protesilao… he entrenado con Fénix en el Monte Pelión por un año. Soy muy superior a ti, pero tengo la humildad de darte la oportunidad, no solo de intentar herirme, pero de rectificar. Puede que tú consideres a Polidora un derecho, pero, ¿te considera así ella? ¿Qué opina Polidora de este matrimonio? No se veía feliz, te lo aseguro -Protiselao enfureció, se lanzó a Patroclo, quien dio un giro, evadiendo a Protesilao, saltó, tomó a Protiselao de la nuca, y lo estampó al suelo creando un cráter con su rostro-. Controlas el relámpago dentro de tus fuegos negros, pero no te mueves a esa velocidad. Tú y yo podríamos aprender mucho el uno del otro, pero primero debemos arreglar esto como Caballeros de Athena. ¡Ponte de Pie! ¡Te enseñaré la velocidad del relámpago a la que debes aspirar! -gritó Patroclo, incinerando su cosmos, mientras Protesilao se ponía de pie- ¡Plasma Relámpago! -gritó, e hileras de relámpagos dorados rodearon a Protesilao, destrozaron su Armadura de Plata en el pecho, y lo dejaron tumbado en el suelo.
-Soy el… primogénito de Ificles… el Rey de Fílace -mencionó Protesilao, poniéndose de pie nuevamente, impresionando a Patroclo, quien veía su cuerpo quemado y tembloroso-. ¿Cómo puedo permitir que llegues, insultes a mi prometida, y te salgas con la tuya al ridiculizarme en un duelo? No podría perdonarme el no hacerte frente -Protesilao se lanzó con el puño en alto, y Patroclo lo detuvo con una mano-. ¿Qué clase de monstruo eres? -preguntó.
-Hace un año, no podía siquiera pensar en poseer el poder que ahora tú tienes, Protesilao -admitió Patroclo-. Mi entrenamiento fue tan brutal que me vi obligado a incinerar mi cosmos al infinito. También lo fue así mi deseo de victoria -Patroclo retajo su puño izquierdo, mientras aprisionaba el de Protesilao con la mano derecha, e impactó el mentón de Protesilao, estaban a un nivel abismalmente diferente, era evidente, pero Patroclo deseaba darle una lección a Protesilao-. Escucha… no vine a ridiculizarte… intento combatir retrayendo mis puños. Puedo terminar con este combate en un movimiento, a ese grado llega el entrenamiento brutal de Fénix. Pero te intento ayudar. Polidora es una mujer hermosa, simpática, tímida, una belleza envidiable. Pero ella no te ama, y tú no la amas. ¿Por qué continuar con esta farsa? ¿Acaso no amas a Laodamía? -preguntó.
-Laodamía es una criada -mencionó Protesilao, parándose nuevamente-. ¿Qué importa si la amo? En comparación a una princesa como Polidora… sería una desgracia a mi padre si la amara. Debo enorgullecer a Fílace -Patroclo miró al débil de Protesilao, sintiendo pena por él-. Debo… proteger mi derecho… -Protesilao cayó nuevamente, y su rostro quedó tendido en el suelo-. Competí… por la mano de Helena… mi hermano Podarces también… ambos perdimos en la primera ronda tras dar nuestro mejor esfuerzo… avergonzamos a nuestro padre… yo… al menos recuperé el honor al pedirle al Rey Peleo la mano de Polidora… si pierdo eso también… seré una vergüenza -lloró Protesilao, y Patroclo se agachó en cuclillas para mirar al de Orión.
-Ellos no te creen una vergüenza -apuntó Patroclo al público, que apoyaba a Protesilao-. En todo caso la burla soy yo. Pero, aun así, no me interesa lo que piensen, el único que tiene derecho a decidir si soy una burla o no, soy yo mismo, y no me considero una burla. ¿Infantil? Tal vez. ¿Raro? Me gusta fastidiar a Aquiles, si eso es ser raro me declaro un rarito. Alguien me dijo hace poco que no tenía madera de héroe… no soy un héroe, pero ahora visto una Armadura Dorada, lo cual es más de lo que muchos héroes han logrado. Heracles combatía semidesnudo -se burló Patroclo, Protesilao volvió a ponerse de pie, a cerrar sus puños, y reunir lo poco que le quedaba de cosmos-. ¿No es más importante lo que tú desees? Solo tenemos una vida, ¿por qué vivirla preocupándonos por lo que los demás piensan de nosotros? ¿Por qué no vivirla pensando en lo que nosotros deseamos? -Protesilao rodeó su puño en fuego negro y relámpagos, y Patroclo hizo lo propio con el suyo- ¿Tanto deseas el enorgullecer a tu padre que le das la espalda a tu propia felicidad? -terminó Patroclo.
-No… -mencionó Protesilao-. Solo intento… caer con la frente en alto… demuéstrame tu verdadera fuerza y termina con esto -Patroclo notó una sonrisa en el rostro de Protesilao, y lo comprendió-. ¡Flama Negra! -gritó Protesilao.
-¡Relámpago de Voltaje! -chocaron ambos ataques, y la explosión resultante lanzó a Protesilao al suelo, de donde no logró pararse más, derrotado. Patroclo lo había vencido, pero se las había arreglado para no humillarlo. Al final, los Mirmidones aclamaron el nombre de ambos, sorprendiendo a Patroclo, el ganador de la contienda.
-Un resultado bastante obvio, pero no por eso menos importante -sonrió Aquiles, y Polidora lo miró fijamente-. Voy a disfrutar mucho esto, y también lo voy a odiar mucho, pero ese inútil realmente se lo merece. Espero no te arrepientas, hermana -sonrió Aquiles.
-Yo… la verdad no amaba a Protesilao en primer lugar -sonrió Polidora, y se avergonzó un poco-. Patroclo sin embargo… es muy amigable y divertido… la verdad… creo poder tolerarlo. Un amigo de Aquiles no puede ser tan malo -sonrió.
-Es un inútil, no le tengas muchas esperanzas -se puso de pie Aquiles-. ¡Mirmidones! -gritó, y todos callaron- El honor de Protesilao ha sido defendido, y pese a que ha perdido su derecho, yo, Aquiles, Príncipe de los Mirmidones, le concedo un deseo por su valeroso esfuerzo -Protesilao se impresionó, mientras Patroclo le ayudaba a ponerse de pie.
-¿Un deseo? -preguntó Protesilao, y Aquiles le sonrió. Patroclo también le dirigió una mirada de apoyo, y asintió- Mi príncipe… aprecio su gentileza. No tengo más que un solo deseo, pero no me atrevería a solicitarlo ni a dictaminarlo. Mi deseo es la mano de Laodamía en matrimonio, pero no si ella desea a alguien más. Deseo amor, y felicidad… no compensación y desdicha -Aquiles hizo una mueca de asco.
-Vomitaré… -se quejó, pero Polidora le golpeó el pecho con el codo-. Tienes valor, mocosa -se molestó Aquiles-. ¡Laodamía! -gritó Aquiles, la dueña del nombre llegó al palco, encaminada por Automedonte- ¿Qué tienes que responder a esta petición? -Protesilao se ruborizó, mientras la criada lo miraba con incertidumbre e impaciencia.
-Yo… yo… -comenzó Laodamía-. No desearía nada más… -lloró-. Es lo que siempre he deseado -Aquiles hizo otra mueca, pero Polidora le pateó el talón, que para suerte de Aquiles ya había sido sanado, o terminaría rodando en el suelo y llorando de dolor.
-Ve por él antes de que vomite -mencionó Aquiles, Laodamía bajó del balcón, corrió hasta Protesilao, y lo abrazó con fuerza-. Y al ganador -mencionó Aquiles-. Es con gran orgullo, que como prueba de tu victoria te entrego a Polidora como esposa anulando así el compromiso entre ella y Protesilao. Aquiles ha hablado -terminó, y Patroclo se sobresaltó.
-¿Qué Espectros? -gritó Patroclo, Antíloco se burló de él a lo lejos- ¡Yo no combatí por esa razón! ¿Sabías esto? -Antíloco asintió- ¿Cómo voy a casarme con una chica a la que acabo de conocer? ¿No deberíamos pasar por prometidos primero? ¡No vayas por allí declarándome tu cuñado! -se quejó Patroclo.
-El Príncipe Aquiles ha hablado. Que no se hable más del tema -sentenció Aquiles, bajando del balcón con molestia-. De esa forma dejarás de pensar en Pirra y yo terminaré con años de trauma. Prefiero odiarte por ser mi cuñado que por pensar en ti como un maldito pervertido rarito. Ahora ve con mi hermana, y si la hieres… te mataré… -sentenció Aquiles, y se retiró con su padre.
-¡Pe-pe-pe-pe-pero Aquiles! ¿Estás de acuerdo con esto, Polidora? -preguntó Patroclo, y Polidora se avergonzó un poco- ¿Cuñado de Aquiles? ¿Esposo de Polidora? ¿Acabo de partirle el rostro a tu prometido y ahora estamos casados porque al Príncipe de Ftía le viene en gana? -preguntó Patroclo.
-En Tesalia no hay ceremonias como en Hélade… así que… creo que ya es oficial… -mencionó Polidora, Patroclo se horrorizó más y más-. En Tesalia, un matrimonio se vuelve oficial si se hace una audiencia frente al pueblo, y con el rey de testigo. Lo anotarán en el libro real llegando al palacio. Así que, a menos que asesines al escriba real, somos marido y mujer en estos momentos -Patroclo buscó al escriba por todo el coliseo-. ¿Acaso solo intentabas tenerme por una noche y luego abandonarme? Defendiste mi felicidad con tanta pasión que yo pensé… -se humedecieron los ojos de Polidora.
-No, no, no. Lo entendiste mal, no llores por favor -suplicó Patroclo, en extremo ruborizado-. Es solo que… no lo esperaba… siento que ha sido inclusive tan sencillo. Pe-pe-pe-pero. Si tú lo deseas también… -Polidora sonrió, se paró de puntas, y besó a Patroclo gentilmente, quien se quedó atónito momentáneamente-. Al Hades con la paciencia… acepto el compromiso por extraño que haya ocurrido -Polidora sonrió, y su risa paralizó el corazón de Patroclo-. Que linda… olvida a Pirra… eres 1,000 veces más hermosa que tu hermano… -terminó Patroclo.
-Eso es muy raro, Patroclo -sonrió Polidora-. Solo cállate y déjame a mí guiarte. El Rey Peleo ya te ha preparado una habitación -Patroclo asintió, extremadamente ruborizado. Mientras tanto, Automedonte escribía los nombres de Patroclo y de Polidora en el libro real, oficializando el extraño e improvisado matrimonio. En ese momento, sin embargo, Néstor, el Caballero Dorado de Géminis, se materializó frente a Automedonte, sobresaltando al General Marino, quien terminó con la espalda clavada a la pared.
-Automedonte de Hipocampo. Es un placer el verte como siempre -mencionó Néstor, Automedonte se tomó el pecho y respiró con normalidad al recuperarse del susto-. Lamento la intromisión, pero requiero de tu ayuda en un tema importante. La sombra de Hades ha rodeado a toda Hélade, y pretendo suplicarle a Poseidón de ser necesario. Todo sea por evitar una masacre –Automedonte entonces se decidió a escuchar con atención.
Hélade, Creta. Templo de Poseidón.
-¿Quién se atreve a irrumpir en este Santuario? ¡Triángulo Dorado! -en el palacio de Poseidón, en la Isla de Creta, la más grande de toda Hélade. Uno de los Generales Marinos de Poseidón lanzó un tremendo ataque al techo del templo, e inmediatamente después cayeron Néstor de Géminis y Automedonte de Hipocampo, quienes aterrizaron con gracia frente al General de Dragón Marino, de ojos rosados, y cabellera blanca atada en una coleta. Su edad rondaba los 28 años- ¿Néstor de Géminis? -preguntó.
-Un placer volver a verte, Peneleo de Dragón Marino. Rey de Tebas -se inclinó Néstor, y Peneleo hizo una reverencia-. Me sorprende verte en Creta. Pensé que las relaciones con Argos eran más sólidas que las que has entablado con los Cretenses -mencionó Néstor.
-Ya no soy el Rey de Tebas. Fuimos conquistados, Néstor. Diomedes puede obligar a los Tebanos por derecho de gobierno a adorar a Athena, pero mi lealtad siempre estará con Poseidón -mencionó Peneleo-. Se lo he advertido en varias ocasiones. Tebas no soportará la opresión religiosa de Argos por mucho tiempo. El hijo del Rey Caníbal está caminando sobre tierra muy blanda. Tebas le sirve, pero si pretende imponer sus preferencias religiosas… -sentenció Peneleo.
-Calma, calma. Hasta donde sé la relación de Argos y Tebas está más estable por el gobierno justo de Diomedes. Además, en defensa de Diomedes, el Rey de Argos no ha negado a Poseidón, ha construido templos en honor a Athena, es muy diferente -explicó Néstor-. Vamos Rey de Tebas, ya han pasado 5 años desde la conquista de Tebas por parte de Argos. Sé que es duro el compartir el gobierno y subordinarte a Diomedes para no perder tu poderío político, pero Tebas se buscó el ser conquistada tras negar a Argos y clamar independencia. Ustedes fueron los primeros en atacar. ¿Debo recordarte el destierro del hijo de Edipo? -terminó Néstor, Automedonte decidió interponerse entre ambos antes de que iniciara una riña inútil sobre una tierra de la cual ninguno era el rey.
-¿A qué has venido a Creta, Néstor? -preguntó Peneleo- Y tú, Automedonte. Deberías estar cumpliendo servicio en Ftía, y en cuanto a ti, Políxeno -mencionó Peneleo, descubriendo al niño que se ocultaba tras una columna-. Mi más sentido pésame por lo que ocurrió con tu padre. Pero no deberías abandonar al Rey Acamante -sentenció.
-Peneleo -interrumpió otro General, de piel morena, ojos azules, y cabellera blanca como la de Peneleo-. No seas descortés. Néstor, Rey de Pilos. Sea usted bienvenido a mi humilde reino -reverenció Idomeneo, el General de Crisador.
-Su reino es todo menos humilde, Idomeneo, Rey de Creta -sonrió Néstor, quien extendió su mano, y los reyes intercambiaron saludos-. ¿El resto de los Generales se encuentra en Creta? -preguntó, y tras el moreno llegó un joven de cabellera negra y larga, ojos dorados, y piel pálida- ¡Anceo de Lynmades! -saludó Néstor.
-No me olvide, Rey Néstor -mencionó otro general de cabellera larga y rosada, amarrada en una cola de caballo, y quien era sumamente hermoso-. Meríones de Escila, para servirle, mi señor. ¿Qué le trae a Creta? ¿Por qué reunir a los 7 Generales Marinos de nuestro Señor Poseidón? -preguntó con excelentes modales.
-Me arrebataste las palabras de la boca, Meríones -habló el ultimo del grupo, un general de al menos unos 40 años, de larga barba verde que asemejaban algas marinas, y quien miraba a Néstor con desprecio-. ¿Qué desea, Rey de Pilos? -preguntó.
-Audiencia con su excelencia, Poseidón, el Dios de los Mares, por supuesto. No seas paranoico por favor, Memnón, Rey de Etiopía -los 7 Generales Marinos se sorprendieron por el atrevimiento de Néstor-. Con el debido respeto hago la solicitud, claro está -reverenció Néstor, y de pronto los 7 Generales se arrodillaron.
-Tu solicitud ha sido aceptada, mortal -escuchó Néstor la voz de un niño, y al darse la vuelta, encontró a un pequeño de al menos 9 años, cabellera corta y azul celeste, y cargando un tridente mucho más alto que el-. Poseidón, el Dios de los Mares, escuchará tus exigencias por respeto a Athena. ¿Ya ha reencarnado mi querida sobrina? -preguntó Poseidón
-No es la única que ha reencarnado, mi señor Poseidón. Por ello he venido en su auxilio -prosiguió Néstor arrodillándose-. Hades… ha regresado -el niño se sorprendió, y asintió con determinación en su rostro.
Anatolia, Troya. 5 Lunas más tarde.
-Diomedes negó la mano de nuestra hermana Laódice -mencionó Héctor, quien leía una carta de Diomedes en un jardín frente al Palacio de Troya, y donde Laódice, la nueva miembro del consejo de la familia de Príamo, de 12 años de edad, se bañaba desnuda en una fuente purificando su cuerpo y limpiándose la larga cabellera castaña-. De cualquier forma, Príamo no iba a aceptar el matrimonio, solo quería molestar a ese Escorpio inútil -terminó Héctor, rompiendo la carta.
-«No he olvidado… tu bello rostro… semejante belleza e inocencia, tan cálida y placentera…» -mencionó Anficlas, nuevamente con su cabellera larga, y leyendo la carta que Diomedes le había enviado-. «Aún en mis sueños… veo esa hermosa sonrisa tan perfecta y conmovedora» -se ruborizó Anficlas, Héctor la miró con curiosidad. Anficlas simplemente permaneció en shock por unos momentos, y entonces destrozó la carta con ira-. ¡Lo odio! -gritó.
-Demasiado odio para una niña de 11 años, ¿no lo crees? -habló Trolio, montando guardia junto a Héctor mientras Laódice se bañaba, y Héctor asintió- Esto es muy aburrido. Debería ser yo quien invadiera Esparta. ¿Estás seguro de que esos 3 harán bien su trabajo? -preguntó Trolio de forma indiferente.
-Si no funciona, he enviado también al cuarto -sonrió Héctor, y Trolio sonrió también-. No sé si es mentira, pero Casandra profetizó que Helena sería necesaria para la guerra. Hace 3 Lunas dio a luz a un hijo varón, su nombre es Nicóstrato. El infante ya dejó de necesitar el pecho de su madre, por lo que es el turno de Paris. Casandra dice que ese matrimonio traerá gloria a Troya –Laódice, interrumpiendo su baño, miró a sus hermanos con curiosidad-. La verdad no me fio de ella, pero, si Paris cree en ella, le traeré a Helena, incluso si tengo que usar la fuerza -terminó Héctor. La sombra de la guerra estaba ahora más presente que nunca, y Laódice, la nueva miembro del Consejo de Hermanos, no comprendía el por qué se hablaba de guerra en tiempos de paz.
