¡100 Reviews! ¡Wohooooo! ¡100 reviews! ¡No puedo decirles lo agradecido que estoy! ¡Es una locura! ¡100 reviews! Definitivamente Guerras de Troya está superando a Guerras Doradas, lo cual es algo triste, pero al mismo tiempo inspirador. En fin, es tarde, y quiero que este capítulo este arriba a primeras horas de la mañana así que, gracias por 100 reviews, vamos por 100 más, jajajajaja. A contestar reviews:

kyokay1218: Una excelente síntesis del capítulo en cuestión, jajaja. Aprecio el que hayas disfrutado de las batallas. Tristemente, con la finalidad de no extenderme de más no las terminé como yo quisiera, con excepción claro está de la de Diomedes, que Diomedes se robó el estrellato nuevamente, este tipo tiene mucha tela de donde cortar. Pero bueno, ya empieza la Guerra de Troya, así que, a disfrutar de un poco de protagonismo de Odiseo y de mucho Aquiles.

dafguerrero: Te perdono Daf, no te preocupes, yo espero que estés bien. Probablemente Miroku sea Escorpio, hay que investigarlo. En el caso específico de Diomedes, es diferente al de Milo, a Milo yo lo hice sufrir, a Diomedes todo es culpa del mito, y por el mito seguirá sufriendo. Laódice se embarazó de Acamante en una sola noche, no se necesitan de muchos intentos para embarazar a alguien de cualquier forma, jajajajaja. Trolio será un ejemplo del machismo griego, y tristemente, en esa época, Trolio está en lo correcto y quien piense diferente está mal. Por esa ideología es por la que el mito de Anficlas y de muchas otras mujeres famosas fue destruido. Por Menelao vas a sentir más lástima, yo lloré… sniff… me dices si lloras.

Roygvid: Vaya Roy, lamento mucho escucharlo. No te preocupes, no tienes que explicarme nada, espero que todo esté bien y sabes que tienes mi apoyo. Tomate tu tiempo descansa y recupérate de lo que sea que esté pasando, primero la salud y la familia mi buen, no te preocupes.

Toaneo07 Ver2.0: Ya van creciendo tus reviews mi estimado, así me gusta. Jajajajaja, no creo poder imaginarme a Lionidas de caballero de Athena, por Dios, no puedo imaginármelo sin verlo vestido de león por el nombrecito que tiene, jajajajaja. No sé hasta qué punto es cierto la historia de Lionidas pero, si sé de la invasión Persa. Gracias por seguir leyendo.

midusa: Bien, que bueno que te agrade Acamante de Cáncer. No será un personaje muy sobresaliente por culpa del mito pero estoy decidido a darle un buen papel, y sí, fue violado, aunque en el mito él es el que viola también le estoy dando mi toque personal a las cosas así que, jajaja, en este universo él fue el violado. ¿Lloras porque Anficlas odia a Diomedes? El mito original era que Helena amaba a Menelao, todo el resto fue manipulado con el tiempo, pero originalmente Helena fue raptada y de hecho se conocían desde la infancia y Tindáreo, el padre de Helena, la quería casar con Menelao, esa es la versión del mito que estoy usando. Jajaja, en lo que respecta a Casandra y Agamenón, me voy a tomar una libertad por el bien de la historia, pero en cuanto lo haga lo admitiré abiertamente, de momento, Casandra tendrá que ser paciente y esperar su violación.

Liluz de Geminis: Ya llegó Liluz, a actualizar, jajajajaja es broma Liluz. Sé que habrán capítulos con demasiada información, pero son necesarios, jajaja, estoy abarcando todos los mitos que hay y adecuándolos, Aquiles y su talón son el mejor ejemplo, ya que tuvo las tres versiones: Rio Estigia, Quemado, y la Operación, mientras que los autores escogen uno, yo elegí los tres, y así he ido haciendo toda la historia. Creo que en este capítulo llorarás, y el culpable será Menelao, y digo creo porque yo lloré escribiéndolo, jajajajaja, y eso que soy machito, jajajajaja. Lo de Diomedes matando a Héctor es imposible, recuerda que estoy respetando el mito, eso no va a pasar. Jajajaja, Casandra de Trol, jajajajaja. En fin, que bueno que disfrutaste, y te adelanto, este Áyax no se parece al de Guerras Doradas.

DaanaF: ¿Estás hambrienta? Umm pues fíjate que ese capítulo te va a llenar mucho porque no tiene una historia, sino 12 historias cortas, espero sea de tu agrado. Y sí, estás en lo correcto, Héctor es el espectro de Bennu, ustedes me dieron la idea, jajaja. Y sip, en al menos 3 capítulos más revelaré el mito de Anficlas, o al menos parte de este. Shana sigue creciendo como personaje, todavía le falta, espero vaya todo bien.

GiiMee: Yo quiero review, yo quiero review, y que sea largo, jajajajaja porque para ese capítulo te traigo 12 historias cortas para que conozcan más de los dorados de esta historia. Disfruta.

TsukihimePrincess: Lo sé, sé que la leíste, pero me sorprende que hayas olvidado a un personaje tan odiado como fue Áyax. ¿Olvidaste a Sarpedón también? Fueron mis personajes insignia T_T. Poco a poco veremos si cambia tu idea de Antíloco de Virgo, de momento solo creo que si le hubiera dado otra armadura no lo odiarías, jajajajaja. No puse a Menelao muy temperamental… ES muy temperamental, jajaja, es la verdad. Yo creo que cualquiera en la posición de Menelao quisiera hacer todo lo posible por recuperar a un familiar que le han arrebatado a la fuerza. Lo de Diomedes y Acamante y la contra parte Odiseo y Menelao son dos mitos separados que yo uní, hay autores que dicen que solo fueron Diomedes y Acamante, otros que dicen que Odiseo y Menelao, otros dicen que Diomedes y Odiseo, yo digo, todos se pudren, fueron los 4, jajajajaja. Igual con el mito de Helena, unos dicen se fue, otros la fueron, yo dije, las dos, muajajajaja, eso es lo divertido de mi versión.

Estrella Blank: Espero que sigas enganchada, eso me haría muy feliz porque me gustan los reviews largos. Ok, mira, Perséfone no ama a Hades, por eso estaba triste, pero lo aceptó, esa es la mejor explicación que puedo darte de momento. Persefone es altanera, envidiosa, y hasta conformista, así que solo actúa por interés personal. Recuerda que en esos tiempos no había tele, por eso había tantos embarazos, Príamo tuvo 50 hijos, jajaja. Creo que hoy Menelao te volverá a hacer sufrir, jejeje. Claro que es expresivo en comparación de Camus, ya que Camus y Degel son el Acuario Ascendente, y Menelao el Descendente, siguen siendo Acuario pero con problemas de actitud. Tienes toda la razón con lo de la sorpresa, jajajajaja, no será muy grata. ¿Osea que sí quieres que Anficlas odie a Diomedes? Wow, esa es nueva, yo pensé que todos querían a Anficlas con Diomedes, umm… replantearé las posibilidades entonces.

Suki90: Te malacostumbraré entonces, jajajajaja. Aquiles se parece a un Shiryu con cabellera rubia pero con la cara de Hyoga, es lo mejor que puedo hacer para describirlo, jajajajajaja. Polidora es igual pero con la cara de Shun. Diomedes se parece en rostro a Xerxes de Pandora Hearts, y su cabello es como el de Luco de Piscis de Lost Canvas pero en rojo intenso como el de Shana de Shakugan no Shana cuando se le prende el fuego de rojo, jajajajaja, mejor allí la dejamos. Aplausos por tu mejoría con los nombres. Jajaja ¿te pusiste celosa porque Shana obligó a Diomedes a abrazarla? Qué lindo, jajajaja. Shana tiene actualmente 14 años y medio al término de este capítulo, estimo que a la llegada a Troya ya tendrá 15. Mira, para que no te confundas, la mayoría cuando empieza la guerra de Troya tendrán entre 16 y 17, cuando termine entre 26 y 27, así de fácil. Diomedes y Odiseo son mejores amigos, pero también rivales, viviremos más de esos momentos en especial por culpa de Palamedes, ya lo verás. Jajajajaja me encanta tu ira contra Diomedes. De hecho me da mucha risa todo tu review, jajajajaja. ¿Diomi? Definitivamente tengo que poner a Anficlas diciéndole Diomi a Diomedes, aunque sea solo a tono de burla, jajaja, a Diomedes le causaría un infarto. Lo de la profecía, es un secreto que tendrás que esperar por leer.

Lord Dracon: De hecho sí noté que nadie le prestaba atención a Trolio, pero es un personaje central del mito, así que hay que comenzar a trabajarlo. En resumen Trolio será un lunático de la guerra, algo así como Casandra fusionada con Héctor. De momento Hades no vestirá su suplice, recuerda que Hades no sale en el mito, pero explotaré a Paris lo más que pueda. Jajajajaja Casandra, reina del Troleo, me gusta, jajajajaja. Umm… ya veremos si llegamos a algo con Shana a ese nivel, de momento aún hay mucha tela que cortar, estoy preocupándome un poco, la guerra dura diez años y yo aquí llevo diez capítulos sin que empiece la guerra. No tengo ni idea de qué tan larga va a ser esta historia T_T.

Kennardaillard: Se bienvenido. En fin, veo que tienes muchas preguntas y mucho conocimiento de la Ilíada y la Odisea, intentaré respondértelo todo. En mi país cólera significa: Rabia, ira, desprecio, furia, y también significa la enfermedad que mencionas. Cólera simplemente engloba todas las formas de decir odio. Odiseo tiene razones para no vestir de dorado, ese es uno de mis secretos, de momento el Titán es su mejor arma, en cuanto a Patroclo, su papel como el mejor amigo de Aquiles tenía que dejarlo a un nivel "digno" de acompañarlo, por lo que para que Patroclo no fuera un estorbo, debía vestir de dorado. Créeme, entiendo muy bien el carácter de Agamenón, y lo veras. De momento no ha tenido oportunidad de brillar con su odio por la etapa temprana de la historia. El caso de Menelao es especial y varía de versión a versión. Menelao sin embargo, era un personaje agresivo, casi sin corazón, algunos autores homerinos lo pusieron más sensible y sabio. En mi caso en particular, yo combino un poco de ambos, el agresivo, y el sensible, Menelao es uno de mis personajes favoritos por lo profundo que puede llegar a ser. Originalmente, Menelao iba a ser Leo por los leones de micenas, pero me gustó más la personalidad de los Acuario para su papel, además de que un Acuario que odie a un Escorpio es una novedad. Oh, parís es Odioso, créelo, te recomiendo leer: La guerra de Troya de Robert Graves, allí está el verdadero Paris. Primo tiene 50 hijos e hijas, pero con Hécuba solo tiene 14, por ello solo los uso a ellos como prospectos del consejo. Para Eneas hay muchos planes, Memnón ya salió como parte de los guerreros de Poseidón, y sí, ya sé lo que vas a decir de Memnón, por favor no lo menciones, es una de mis sorpresas. A Eos no creo usarlo. Entiendo lo que dices del yaoi, lo único que puedo decir al respecto es lo siguiente, lo entiendo, sé que se daba mucho, pero no lo usaré, prefiero evadirme ese problema, no tengo nada contra los gays, pero mientras pueda evadir ese tipo de temas por mí mejor, así que, lo lamento, esa parte no está en discusión, lo más cercano son las bromas de Patroclo y Aquiles como pirra, de allí en fuera no escalaré más lejos. La esclavitud botines y violaciones, eso sí será tema, está tan marcado en el mito que sería casi imposible de ignorar, de igual manera el concubinato. De Patroclo y Aquiles hay muchas versiones, yo trato de usar la mayoría, pero la que más me agradó fue la de que eran cuñados, además de que le da más sentimentalismo a la historia y un toque diferente y casi desconocido, para muchas cosas estoy usando el mito menos conocido, los ejemplos perfectos son Anficlas y Toante, así como Laódice, y de hecho poco a poco me voy a meter en un mito muy poco conocido de Teucro. Aquiles nunca fue rey, pero conozco perfectamente su papel en la Iliada, no te preocupes, brillará de dorado, por cierto mi aqueo favorito es Diomedes, ¿se nota? Jajajajaja. Tienes razón, me estoy tomando libertades con las edades para fines de la historia, espero no estar exagerando mucho. Mira, hay una sola fuente que dice que Aquiles participó en el torneo de Helena, pero si le hacemos caso a esa fuente, nos olvidamos de Pirra, y de la famosa frase de Aquiles que le grita a Agamenón y por la cual puede ordenar a los Mirmidones incluso a no combatir: "Yo no te debo lealtad, no presté tu juramento, vine aquí por mi propia voluntad, y mis Mirmidones son solo míos para comandar", si Aquiles hubiera sido parte del Juramento de los Pretendientes, esta frase no aplicaría. No te adelantes con lo de Ifigenia, ya llegaremos a eso, y lo de ser prometida de Aquiles era una trampa. Deidamía no era esposa de Aquiles, era solo su amante o una chica a la que violó, yo estoy usando la versión de la amante. Los caballos de Aquiles… uff… los caballos. No sé siquiera cómo voy a manejar lo de los aurigas. Supongo que sí saldrán, tengo que investigar un poco de ellos, cielos esta historia será eterna, jajajajajaja. Automedonte sí es un mirmidón y Auriga de Aquiles. Pero para hacer más emocionantes las cosas me lo llevé con Poseidón, pero le di el Hipocampo para conservar la idea del Auriga de Aquiles. No recuerdo haber leído del Fresno de Pelión, lo investigaré. No te preocupes por agobiarme, de hecho aprendí algo nuevo, lo del Fresno y los caballos. Y tú podrás aprender también, no dudes en seguir preguntando.

EDITADO: 02/07/2024


Saint Seiya: Guerras de Troya.

Saga de los Aqueos.

Capítulo 10: La Despedida de los Héroes.


Anatolia, Troya. Senda al Palacio de Ilión. Año 1,195 A.C.

-¡Paris! -para Enone la mañana había comenzado con un soldado abriendo su puerta y anunciando que su esposo había sido herido, y con el sonido de las campanas de guerra resonando por toda Troya. La milicia se dispersaba alrededor de todo el palacio, se empujaban, se gritaban, mencionaban la traición de 4 reyes de Hélade que habían intentado asesinar a la familia del Rey Príamo. Enone escuchó que Trolio sufría de un resfriado horrible, y que Heleno llevaba desmayado ya un buen tiempo. De Héctor escuchó decir que vomitaba sangre sin parar, pero ninguno de ellos era su esposo, solo Paris estaba en la mente de Enone, y cuando lo encontró, parado frente a las escalinatas del Palacio de Ilión, encontró a otra mujer, de cabellera rosada, abrazándolo mientras Paris observaba a los soldados de toda Troya perseguir a 3 Caballeros Dorados y uno de Plata por la ciudad- ¿Paris? -preguntó Enone, Paris la miró de reojo- ¿Quién… es ella? -preguntó algo perturbada, y Helena, en su lujuria, le mordió la oreja a Paris.

-Ah, Enone. Había olvidado que tenía una esposa -sonrió Paris con malicia, Enone sintió su corazón destrozarse-. ¿Vienes a atender mis heridas como siempre? -preguntó con arrogancia- Eso ya no es necesario. Ya tengo a quién pueda curar mis heridas -Paris aceptó un beso de Helena, y Enone bajó su mirada mientras lloraba.

-¿Mamá? -escuchó Paris, y dejó de besar a Helena, mientras un bebé de 2 años de edad llegaba y abrazaba la pierna de Enone. Paris sintió su corazón destrozarse en ese momento, y su sonrisa desapareció- ¿Padre ha…? -comenzó el niño, Enone se agachó y levantó a su hijo.

-Mi señorita Enone -llegó una criada-. Lo lamento mucho, en cuanto la vio salir de su habitación buscando a Paris, su hijo Córito escapó -se disculpó la criada, quien entonces notó a Paris con Helena-. ¿Mi… señora…? -se preocupó.

-Escuché que llegaste ayer… Paris… -comenzó Enone-. Te esperé… ambos lo hicimos… Córito aprendió a hablar en tu ausencia… -Paris miró a Enone, ligeramente abatido-. Pero no llegaste… no dormiste con tu esposa esa noche… me levanto para escuchar que estás herido, y te encuentro con otra mujer, y desvergonzadamente la besas… enfrente de tu esposa y de tu hijo -Enone tomó a su hijo en brazos, y le besó la frente mientras se tragaba el llanto-. ¿Qué es ella para ti? Deseo escucharlo de tus labios antes de concluir por mí misma lo que es más que solo evidente… -lloró Enone, abrazando a su hijo contra su pecho.

-Es mi nueva esposa… -mencionó Paris, pero sus ojos lloraron, aunque una sonrisa malévola se dibujó, y Paris se secó las lágrimas-. Puedes quedarte si lo deseas. Hay suficiente Paris para ambas -Helena se molestó, y le mordió la oreja a Paris con fuerza-. ¡Ow! ¡Estoy ocupado, mujer! -se quejó Paris.

-¿Cómo podría perdonarte por esto? -preguntó Enone- No… Paris… te amé como nadie más… pero no soportaré ser engañada, mucho menos públicamente. Me iré y no volverás a verme. Y cuando vuelvas a ser herido… y requieras de mi magia para salvarte… -prosiguió, y lloró con fuerza-. No estaré allí para curar tus heridas… -Enone corrió, con Córito en sus brazos, y la criada los siguió a ambos, preocupada.

-¿Quién era esa? -preguntó Helena- ¿Por qué hacía tanto énfasis en decir que se negaría a curar tus heridas? -insistió Helena, Paris lo pensó con detenimiento- Eso no importa. Me juzgas por andar de lujuriosa y mira que bella muchachita tenías para ti. ¿Con un hijo de 2 años? Hades lujurioso -se quejó Helena.

-Enone, es una ninfa con poderes curativos asombrosos, capaz de curar cualquier herida -mencionó Paris-. Fue la esposa de Paris, y Enone ya estaba embarazada antes de que tomara posesión de este cuerpo. Cuando terminé de poseerlo pensé en conservarla, sus habilidades curativas pudieron haberme resultado útiles. Pero, ya no tiene importancia -uno de los ojos de Paris volvió a llorar, mientras se sentaba y miraba la ciudad, y a un destello dorado impactar las puertas y forzarlas a abrirse-. Paris parece haber despertado momentáneamente. Así que creo que dejar ir a Enone es lo mejor. Sin ella, Paris no me molestará más -Paris sonrió, disfrutando de la guerra que estaba por estallar-. Ya estamos listos para hacerle la guerra a Athena -una gran guerra, estaba a punto de comenzar.

Hélade, Atenas. Año 1,194 A.C.

Los héroes que viajaron a Troya en una misión de paz habían logrado escapar milagrosamente de Troya antes de que las murallas se cerraran y los dejaran a la merced de los Troyanos. Con los príncipes heridos y al borde de la muerte, y con los soldados de la guardia real Troyana masacrados por Menelao, el liderato de Troya para evitar el escape de los 4 reyes fue muy deficiente, por lo que Shana pudo disfrutar de ver a su padre adoptivo y a sus acompañantes llegar ante ella. Menelao fue el primero en caer sobre sus rodillas, dando respuesta a Shana, ya de 14 años de edad, quien se arrodilló frente a Menelao y lo abrazó con fuerza, tranquilizando al abatido Rey de Esparta.

-Parece que la guerra es inevitable, sobrina mía -habló un niño de 10 años de edad, acompañado de Idomeneo de Crisaor, Peneleo de Dragón Marino, y el anciano, pero poderoso, Memnón de Kraken. Shana lo miró extrañada, sin saber quién era, pero recordando que los Generales Marinos eran sirvientes de Poseidón con quien Athena era aliada-. Umm… es extraño… tu actual encarnación es mayor a la mía. Normalmente yo soy el mayor de ambos -Shana soltó a Menelao, y se posó frente al niño-. Es verdad, no hemos tenido el placer de ser presentados, mi nombre es Poseidón, Dios de los Mares -Shana se sorprendió, pero se esforzó por mantener su postura como Diosa de la Sabiduría en la Guerra.

-Mi señor Poseidón, es un placer tenerlo aquí -reverenció Shana, Poseidón reverenció de igual manera-. Por triste que parezca, está guerra no es solo por el capricho de un joven. Hades ha movido sus hilos, nos ha invitado a enfrentarle. Como Diosa de la Sabiduría en la Guerra aceptaré la invitación, y le agradezco de antemano por su apoyo, mi querido tío -Poseidón asintió con orgullo, ofreciendo su apoyo incondicional a su sobrina-. Calcas, ¿cuál es la posición estratégica más adecuada para una reunión? -preguntó.

-Esa sería la playa de Aulis, en una playa semi-desierta en el Estrecho de Euripo -Shana asintió, volviendo a su trono, con Poseidón a su lado en todo momento como recordatorio de que en esta era no existían en enemistad-. Como bien sabe, enviamos a los Caballeros Dorados a sus tierras a preparar a sus tropas. Procederé a enviar a los mensajeros con la confirmación a la guerra. Estarán reunidos todos en Aulis en 3 Lunas, de allí el viaje a Troya será únicamente de una Luna más -Shana asintió, y miró a Diomedes.

-Entonces… por 3 Lunas… permíteme volver a ser tu hija… padre… -suplicó Shana-. Antes de que todo termine, y no pueda disfrutarlo más, viéndome obligada a convertirme en una Diosa de la Guerra -Diomedes observó a Shana, luego a Calcas y a Poseidón. El Patriarca asintió, dando su permiso a Diomedes de actuar conforme a las exigencias de su diosa, el Dios de los Mares dio su permiso también, y solo entonces, Diomedes aceptó-. Nos veremos todos entonces, dentro de 3 Lunas en las playas de Aulis.


Epeo: El Príncipe de los Ladrones.


Fócide. Mercados de Fócide.

-Calcas mencionó que el caballero de Aries era diferente de todos los demás, ¿verdad? -habló un Caballero de Bronce, de cabellera café suave y corta, vistiendo la Armadura del Leoncillo. Junto a él viajaba otro Caballero de Bronce, de cabellera negra y corta, su Armadura de Bronce era un Caballo. Ambos eran jóvenes de 17 años, pero les esperaba una sorpresa bastante extraña- No veo palacios, ni fortalezas. ¿Será un reino pobre? ¿Conoces al Príncipe Epeo, Polipetes? -le preguntó el de Leoncillo al de Equuelus, que lo negó con la cabeza.

-Jamás había oído hablar de Fócide hasta ahora, Leonteo -le respondió el de Equuelus-. Lo que sí sé es que Epeo formó parte de los pretendientes de Helena de Esparta, pero que no se presentó a su combate. Dicen que Áyax el Grande estaba furioso al respecto. Al parecer Epeo se quedó dormido -Leonteo de Leoncillo se preocupó por esa información.

-Si es uno de los 44 pretendientes, no veo razón para no invitarlo, pero. ¿Qué puede ofrecer este pueblo tan pequeño? -Polipetes de Equuelus no supo qué decir, en toda Hélade no se había visto un reino tan deplorable a su parecer- Oiga… disculpe señorita -se acercó Leonteo a una joven cargando una canasta de pan, quien, al ver al Caballero de Bronce, le dio una tremenda patada, lo derribó, y sacó un cuchillo de cocina de su vestido, sorprendiendo al de Leoncillo, y obligando a Polipetes a sacar su espada, aunque se encontraba sorprendido de tener que usarla contra un cuchillo de cocina-. ¡Espera! ¡Solo queremos información sobre el Príncipe Epeo! -se sobresaltó el Caballero de Bronce de Leoncillo.

-Puedo adivinar tus intensiones sin que me lo digas, bandido -explicó la niña, quien entonces acercó su cuchillo a la garganta de Leonteo-. ¿Qué quieren con Epeo? ¿Lo vieron siquiera robarles? ¡Sin pruebas no pueden acusarle! -Polipetes comprendió que todo era un malentendido, e intentó arreglarlo guardando su espada.

-No lo entiende, señorita, venimos del Santuario de Atenas -la niña se molestó aún más, y también derrumbó a Polipetes, le quitó la espada, y amenazó a ambos con ella-. Creo que estoy enamorado -mencionó Polipetes, la joven se molestó.

-¿Eurícide? ¿Ocurre algo? -habló a quién buscaban los Caballeros de Bronce, Epeo, el niño de ahora 13 años de edad que era el Caballero Dorado de Aries- ¿Te están molestando? ¿Quieres que los envíe al pueblo más cercano con mi Extinción de la Luz de las Estrellas? -preguntó Epeo.

-Obviamente esto es tu culpa, Epeo –tras escuchar el nombre, tanto Leonteo como Polipetes se sorprendieron al ver al joven harapiento-. ¡Nuevamente el Santuario ha enviado a sus mercenarios a buscarte! ¿No te cansas de causarnos problemas? ¡Siempre estás robando! ¡Conseguir un trabajo honrado es lo que deberías hacer! -le recriminó la niña.

-¡Tengo un trabajo honrado! ¡Soy el herrero del pueblo, carpintero, y dueño de la forja! -le gritó Epeo- ¡Además! ¡Alimentar a 49 hermanas con solo el sueldo de la forja no es suficiente! ¡Tengo 13 años! ¿Cuánto crees que puedo trabajar por mantenernos a todos? -y tanto Leonteo como Polipetes intercambiaron miradas.

-Disculpa -comenzó Leonteo, y vio a Eurícide sosteniendo la espada muy cerca de su nariz-. Lamento la intromisión en la discusión, pero, ¿es usted Epeo de Aries? ¿El Príncipe de Fócide? -Epeo parpadeó un par de veces.

-¿Príncipe? -preguntó Epeo- Bueno… si vienen del Santuario supongo que me conocen como un príncipe. Aunque no soy la clase de príncipe que creen -mencionó, y Eurícide retrajo su espada al notar que no eran enemigos, y le devolvió el arma a Polipetes-. Mi nombre es Epeo de Fócide, Caballero Dorado de Aries. Y soy el Príncipe de los Ladrones -el par de Caballeros de Bronce intercambió miradas de incredulidad.

Momentos después, Epeo guio a sus invitados por Fócide, que era un pueblo solamente, no llegaba siquiera a ser una ciudad. En Fócide sin embargo, había una casa de madera extensa, muy bien construida, y que rebosaba de vida. Fuera de ella había una centena de chicos, y al verlos, Epeo se molestó.

-¿Ellos otra vez? -se quejó Eurícide- No podemos salir de compras ni un momento sin que medio pueblo esté a las puertas de nuestra casa. Epeo, siempre que no estás, la situación empeora -mencionó.

-Lo sé, lo sé. Yo me encargo -se aclaró la garganta Epeo-. ¡Hey! ¡Hermanitos! ¿Quieren jugar? -habló Epeo de forma infantil, y al escucharlo, todos los jóvenes se retrajeron asustados- ¿Eh? ¿No quieren jugar? Aprendí un nuevo truco de magia, puedo darles un paseo por las dimensiones con solo romper sus cuerpos en millones de destellos como polvos de estrella, y reconstruirlos en un lugar totalmente diferente. ¿Quieren probar? -los jóvenes salieron corriendo, horrorizados- Listo -habló Epeo sombríamente, y entró en la casa-. Adelante, son mis invita… -comenzó Epeo, pero fue derribado por un ejército de niñas que lo abrazaron y lo besaron, agregando más confusión a los Caballeros de Bronce visitantes-. ¡Esperen! ¡Hermanas! ¡Me avergüenzan frente a mis invitados! -explicó Epeo.

Cuando Leonteo y Polipetes entraron a la hermosa casa de madera, se dieron cuenta de que el lugar rebosaba con niñas de entre 7 y 16 años, siendo Eurícide la mayor de todas. Todas las niñas compartían rasgos que forzaron a Leonteo y a Polipetes a deducir lo que estaba ocurriendo, la mayoría tenía el cabello rosado, otras cuantas contaban con cabellos de otros colores, pero todas tenían los mismos lunares que Epeo y Eurícide en la frente.

-¿Epeo? No conoces a estos sujetos, ¿verdad? -le preguntó Eurícide, y Epeo lo negó con la cabeza, mientras Leonteo y Polipetes eran rodeados por niñas quienes los veían ruborizadas- Todas a la mesa, rápido. Sirvan la comida -las niñas todas obedecieron, y comenzaron a servir la mesa y dejaron a Epeo con sus invitados-. Explícales -terminó Eurícide.

-Jaja, me gusta ver las reacciones de todos quienes llegan a nuestra casa -mencionó Epeo, quien entonces miró a Leonteo y Polípetes-. Verán, en mi familia somos 50. 49 niñas, y un niño. Ellas son mis 49 hermanas -apuntó Epeo a todas las niñas sentadas en la mesa, y Leonteo y Polipetes pegaron un grito de sorpresa.

-Nuestro padre era un Muviano mujeriego que tuvo amoríos por toda Fócide -explicó Eurícide, Polipetes no podía quitarle la vista de encima, pero al notarlo, Eurícide le golpeó la cabeza con su bandeja-. Obviamente, tras las perversiones de mi padre que dieron nacimiento a 49 niñas y un niño, no estoy interesada en ningún pervertido -anunció Eurícide con desprecio.

-No seas ruda, hermana, jajaja -se burló Epeo, y Eurícide colocó un plato de sopa frente a su hermano, y otro par frente a Leonteo y Polípetes-. Padre tuvo tantos amoríos en 18 años, que pudo tener a tantas hijas. Pero, siempre eran amoríos con mujeres casadas, así que todos somos bastardos negados por nuestras madres consanguíneas y abandonados por nuestro padre. Lo último que supimos de él, es que se metió con la hija de un rey tirano, y ahora es un eunuco -Leonteo y Polipetes se cubrieron sus partes nobles instintivamente, y todas las niñas se sonrojaron. Eurícide tan solo se molestó y los miró con odio-. Como el único niño que nació, todas mis hermanas, incluso las mayores, me seguían a todos lados. Fue muy problemático, vivíamos en la calle, no teníamos donde quedarnos, los chicos querían robarse a mis hermanas, y tuve que lastimarlos. Un día escuché el rumor de que había una armadura de oro sólido. «Si pudiera tener esa armadura, podría venderla y comprarles a mis hermanas un palacio», pensé. La robé mientras los Atenienses pasaban por Fócide de camino a Atenas, pero el Santuario mandó a «El Grande», por mí -continuó Epeo, y el par lo miró con interés-. El Grande, me causó muchos problemas, es el hombre más fuerte que jamás he conocido. Por suerte soy pequeño y rápido, y el pensar en mis hermanas me motivaba a sobrevivir. El Grande no pudo atraparme, mandaron traer a otro Caballero Dorado, Acamante. Él me dio un susto de muerte, tenía unos poderes horribles, solo de recordarlo me hiela la sangre -se estremeció Epeo-. Pero… Acamante dijo que yo poseía un cosmos inmenso, y me enseñó a usarlo. También me dijo que podía conservar la armadura si juraba lealtad a Athena y no la vendía. Me preguntó qué más quería, y le respondí: «dame madera para construir una casa», y él respondió: «¿Por qué no pedir carpinteros, o tal vez, una casa?», y yo le respondí: «Porque tengo 49 hermanas, y solo un verdadero carpintero podría construir una casa para todas ellas» -Epeo observó la casa, y Leonteo y Polipetes intercambiaron miradas.

-Epeo construyó esta casa él solo -mencionó Eurícide, y tanto Leonteo como Polipetes se impresionaron-. Así que… como pueden ver, si Epeo fue obligado por alguna razón a robar, lo hizo por una razón noble. Y sea lo que sea que haya robado, no podemos reponérselos. Pero pelearemos de ser necesario -y cada niña sacó un palo, y el ejército de niñas intimidó al par de Caballeros de Bronce, quienes comenzaron a temer a ser asesinados a palazos.

-Te repito, lo entendieron mal -mencionó Leonteo, Eurícide se cruzó de brazos esperando la explicación-. Epeo, fuiste uno de los pretendientes de Helena de Esparta -Epeo parpadeó un par de veces, pero recordó el evento.

-¡Ah! ¡Es verdad! ¡Todos los Caballeros Dorados que no estaban comprometidos fueron invitados! ¡Fue una sorpresa el haber sido invitado! Pero saben, El Grande me daba mucho miedo, no quise competir por miedo a que se sentara en mí -el par de Caballeros de Bronce se preocupó nuevamente-. Pero estuve presente en el Juramento de los Pretendientes, me escondí detrás de Menelao, creo que no llamé mucho la atención -sonrió Epeo-. Vienen a obligarme a cumplir el juramento, ¿verdad? Y tienen órdenes de matar a quienes no atiendan al mismo. ¿Creen poder conmigo? -el par de Caballeros de Bronce se preocupó al ver el respaldo de 49 niñas con sus palos listos- Tengo 49 hermanas. Si voy, ¿quién cuidará de ellas? -preguntó Epeo con tristeza.

-El Rey Acamante… al parecer te tiene en alta estima… -habló Polipetes-. Su instrucción fue muy clara: «Vayan y busquen al Príncipe Epeo. Y díganle que debe cumplir su juramento. En mi palacio en Atenas, serán aceptadas todas sus hermanas como miembros de mi corte» -Epeo se impresionó, y a Eurícide se le cayó su palo de la sorpresa-. No estoy seguro, pero… a pesar de que Acamante no nos dijo el número de hermanas… creo que… se refería a todas… -Epeo bajó la cabeza, y comenzó a llorar-. ¿Eh? ¿Mi señor? -preguntó.

-¿Saben que solo tengo 13 años? ¿Saben que desde los 7 me he visto obligado a robar para cuidar a mis hermanitas? ¿Saben que solo robé la Armadura Dorada para venderla? -el par de caballeros lo miró con preocupación- La guerra me da mucho miedo… soy un niño… pienso como adulto algunas veces, pero soy un niño. ¿Ir a la guerra por solo poseer una Armadura Dorada o por un juramento? ¿Qué niño aceptaría eso? Pero… si mis hermanas son felices, en un palacio, siendo tratadas como princesas. Iré con mucho gusto -sonrió Epeo, Eurícide lloró, y todas las hermanitas de Epeo se lanzaron a él y lo abrazaron y lo besaron, conmoviendo a Leonteo y a Polípetes, pero dejándolos con la duda, de si Epeo volvería a ver a sus hermanas.


Áyax: El Grande en Familia.


Salamina. Granjas de Salamina.

-¡Gran Arado! ¡Roooooaaaaar! -resonó el grito de Áyax, quien corría con una collera para ganado alrededor de los hombros, y tirando con fuerza una guadaña de hierro para arar por las vastas granjas. Todos los granjeros estaban impresionados y aplaudían, mientras el de Tauro, inmenso y semidesnudo, corría incluso más rápido que los toros de labranza y preparaba la tierra para los cultivos de primavera- ¡Cuando termine con esto quiero ver en mi mesa al toro perezoso que se negó a arar mi campo servido a las brasas! ¡JA JA JA JA! ¿Escuchaste, Brenda? ¡Tengo un Gran Apetito! -le gritó Ayáx a su esposa mientras continuaba arando. Brenda, una joven granjera de cabellera anaranjada y corta, y quien era bastante delgada y algo corta de estatura, la total opuesto del inmenso Áyax, asintió a las palabras de su marido.

-Así será, cariño -respondió Brenda, y miró a un niño de 4 años a su lado-. Ve y pon la mesa, Eantides. Papá va a tener mucha hambre -el niño moreno asintió, y entró en una pequeña cabaña-. Teucro, ¿te quedarás a comer? Hay suficiente comida para todos -explicó Brenda, y Teucro, el hermanastro de Áyax, la miró con una sonrisa.

-No te preocupes, Brenda. Solo vine de paso -mencionó Teucro, y Brenda asintió-. Aunque… estoy algo preocupado. Brenda, eres muy frágil para este bruto. Seguro te pulveriza los huesos de un abrazo. En especial cuando se embriaga y empieza con sus tonterías de: «¡Gran Abrazo!» -se burló Teucro.

-¡Te escuché! -gritó Áyax mientras volvía a correr arando de regreso- ¡Cuando termine con esto te espera un enorme y sudoroso abrazo, Teucro inútil y perezoso! -continuó corriendo Áyax, giró y continuó arando otra línea- ¡No intentes escapar! ¡Beberemos un buen vino de Salamina antes de partir a Troya! -Teucro tuvo que resignarse y aceptar la invitación con lágrimas de cascadas en sus ojos, y Áyax comenzó a burlarse de él, pero cambió la expresión en su rostro por una de molestia- Aunque… primero hay que sacar a los indeseables de mi granja… -mencionó, Teucro se sorprendió por escuchar esas palabras, y se dio la media vuelta, encontrando a un Caballero de Bronce con la Armadura del Oso.

-¡Menesteo! -se alegró Teucro- Que sorpresa el ser visitado por el poderoso Caballero del Oso. Me alegra mucho verte -mencionó Teucro, extendiéndole la mano al Caballero de Bronce, de cabellos café y con una altura entre Áyax y Teucro, siendo un buen amigo y rival del de Tauro.

-Mi señor Teucro, me temo que el Rey Acamante me ha enviado con órdenes muy específicas -mencionó el Caballero del Oso sin soltar la mano de Teucro-. Traer a El Grande, y forzarlo a cumplir el juramento de ser necesario -en ese momento, Áyax terminó de arar el campo, se quitó el arnés, y miró a Menesteo-. ¡Por órdenes del Rey Acamante, Rey Supremo de Atenas! ¡Te someteré de ser necesario! ¡Abrazo de Oso! -gritó Menesteo.

-¡Nadie me da órdenes pedazo de Oso maloliente! ¡Gran Abrazo Sudoroso! -gritó Áyax de regreso, y el par se abrazó e intentó partir la columna del otro- ¡Tonto reyezuelo de Atenas! ¿Cómo dejaste que Acamante se convirtiera en el Rey Supremo de Atenas? ¡Gran Abrazo Sudoroso! -abrazó con más fuerza Áyax, preocupando a Teucro, Brenda se carcajeó sujetándose el vientre con fuerza.

-¡Acamante es el Rey Noble de Atenas! ¡Pero yo también soy un Rey de Atenas! ¡No me subestimes! ¡Abrazo de Oso! -el combate de abrazos continuó, hasta que Áyax superó a Menesteo, y el Caballero de Bronce del Oso terminó dando palmadas a los sudorosos brazos de Áyax- ¡Me rindo! ¡Me rindo! ¡Me rindo! ¡Tú eres el más fuerte! -Áyax entonces soltó a Menesteo, y comenzó a reír con fuerza.

-¿Eh? Entonces era una competencia para ver quién era más fuerte… y yo que pensaba que era una competencia para determinar quién daba más amor -mencionó Teucro en tono de burla, y la sombra de Áyax lo rodeó, Teucro se preocupó-. ¡Era broma! ¡Era broma! ¡Era broma! -Teucro intentó huir, pero Áyax lo atrapó y comenzó a abrazarlo- ¡Áyax! ¡Qué asco! ¡Estás todo sudoroso! ¡Suéltame! -se quejó Teucro.

-¡No te soltaré hasta brindarte todo mi amor! ¡Gran Abrazo Amoroso! -los huesos de Teucro comenzaron a ceder, Brenda y Menesteo se burlaron también. Pero la risa de Menesteo cedió temprano, y miró a Áyax.

-Áyax… te lo advertí. ¿Lo recuerdas? -preguntó Menesteo- Competiste por la mano de Helena, aun a sabiendas de que habías embarazado a una criada, a Brenda -mencionó Menesteo, y Áyax soltó a Teucro-. ¿Por qué competiste? Ya tenías a Brenda. Aún ahora no lo puedo entender. Brenda es el amor de tu vida y aun así competiste por Helena, con un hijo de un par de años. ¿Por qué? Ahora estás obligado por juramento -sentenció Menesteo.

-Ah, esa pequeñez. Nunca quise a Helena -Áyax se acercó a Brenda, extendió sus brazos para abrazar a su esposa, pero Brenda lo detuvo y se tapó la nariz, y Áyax desistió-. Malvada… -lloró, Brenda sonrió con dulzura-. Solo competí porque quería combatir a los más grandes. Heracles me dio mi nombre el día que nací. Heracles y mi padre, Telamón, eran grandes amigos. Y mi padre, siempre ha querido que sea tan fuerte como Heracles, y lo seré -Menesteo se mostró impresionado, incluso hasta perturbado, por la simpleza de mente de Áyax. Pero lo que más lo impresionaba era que Brenda al parecer había estado al tanto, e incluso apoyó a su marido en su decisión-. Recibí la invitación del ya fallecido Rey Tindáreo cuando aún no estaba comprometido. Brenda ya me había dado a Eantides como hijo, pero ella estuvo de acuerdo en dejarme competir con la condición de perder la última batalla. Prestar el Juramento de los Pretendientes era también un requisito, y ahora, mira que han mandado a un matón a por mí. ¿Qué pasaría si me negara a ir? -y Menesteo se espantó- De todas formas, yo iré -Áyax miró a Brenda, quien asintió-. No me perdería una guerra por nada. Seré tan fiero como Heracles, pero esta noche, mi único combate será en la cama, contra mi esposa. Enviaremos a Eantides con la criada a visitar a sus hermanastros -Brenda sonrió.

-¿No tienes descaro alguno? -le gritó Teucro, pero Áyax y Brenda ya estaban intercambiando palabras de dulzura. Menesteo simplemente miró a Teucro confundido- Áyax es un maldito ebrio… se embriagó y tuvo 2 hijos con otra criada -Menesteo se horrorizó-. Pero Brenda le perdona lo que sea. Además… Áyax tiene un corazón muy grande. Cuida de sus hijastros como hijos legítimos, y Brenda los quiere también. Se podría decir que Brenda es la única mujer que puede amar a un idiota como Áyax. Es capaz de perdonarle lo que sea, y Áyax… la ama más que a nadie… que envidia me da… -Menesteo lo miró fijamente-. Yo espero algún día encontrar a una mujer como Brenda… -y Teucro entonces suspiró-. ¡Brenda! ¡Juro por Athena que por más ebrio que Áyax se ponga, no le permitiré tener más hijastros! -gritó Teucro, Áyax se molestó y comenzó a correr tras Teucro, quien extendió sus alas, escapando de Áyax- ¡Lo lamento! ¡Me necesitan en el Palacio de Salamina! –el de Sagitario escapó de Áyax.

-¡Miserable arquerito de pacotilla! ¡Te machacaré a la primera oportunidad! -le recriminó Áyax, pero entonces entristeció- Yo quería que se quedara a comer y seguirle presumiendo mi matrimonio perfecto, con mi esposa perfecta, y mi hijo perfecto -entristeció Áyax.

-Tu esposa perfecta te preparará una cena perfecta, y después podremos tener una noche perfecta, cariño -Áyax se alegró, y cargó a la delgada y pequeña Brenda en sus brazos-. Estás todo sudado, me arruinarás el vestido -sonrió.

-¡De todos modos te lo voy a quitar! ¡Oye, Eantides! -gritó Áyax a su hijo- Comamos rápido que tu padre quiere jugar con tu madre. Y sabes que mientras el toro juega, el becerro debe irse a pastar. Come rápido y lárgate con tu madrastra, y comete los testículos del toro, mientras padre no esté, tú eres el hombre de la casa. ¿Entendiste? -Eantides asintió con alegría.

-Cariño… Eantides tiene 4 años, no puede comer carne -Áyax entristeció-. Pero… supongo que, si sacrifico una gallina a Artemisa, la Diosa de la Cacería lo entenderá -Áyax se alegró, y se puso cariñoso con Brenda-. ¡No enfrente de Eantides! -y el niño se cubrió los ojos.


Néstor: El Padre de Hijo Ajeno.


Ítaca. Palacio de Odiseo.

-¡Argos! ¡Oye, Argos! -gritó Penélope, quien perseguía al perro por los prados del palacio de Ítaca, mientras Odiseo labraba la tierra y sonreía ante su esposa, quien furiosa continuaba la persecución en contra de Argos y mientras cargaba a Telémaco en brazos- ¿Qué Espectros le pasa a ese perro? ¡Odiseo! ¡Tu perro necesita tomar un baño! ¡El tálamo apesta a perro sucio! -reprendió Penélope.

-Sabes bien que el tálamo solo se usa en la noche de bodas. Ya no deberíamos dormir allí -explicó Odiseo, continuó labrando, y secándose el sudor-. Bien, iré por él. ¡Argos! -comenzó Odiseo, pero encontró al perro saltando y derribando a Néstor, el Caballero de Géminis, quien acababa de materializarse en los prados del palacio de Ítaca-. ¿Néstor? -preguntó Odiseo.

-¡No! ¡Argos! ¡Espera! ¡Jajaja! ¡No traigo golosinas hoy! ¡Argos! -se quejó Néstor mientras se quitaba a Argos de encima y se limpiaba el rostro con su capa- Menudo recibimiento, perro loco -sonrió Néstor-. Es un placer verlos, Penélope, Odiseo -reverenció Néstor.

-El placer es nuestro, Néstor -se acercó Odiseo y abrazó a Néstor con fuerza-. Pero Néstor. ¿No deberías estar con tu familia? En 2 Lunas zarparemos a Aulis. Sé que tu Otra Dimensión te permite moverte con facilidad por toda Hélade, pero, piensa en tus hijos -sonrió Odiseo.

-Pienso en mis hijos todo el tiempo, Odiseo. Por eso estoy aquí -apuntó Néstor al rostro de Odiseo-. Sabes que te considero un hijo, aunque no sea tu padre. Y de mis hijos, tu eres el único que está casado -Odiseo no comprendió lo que ocurría-. Mis otros 2 hijos que irán a la guerra sueñan con encontrar una concubina en Troya. Pero tú tienes esposa e hijo, eres joven. Tienes toda una vida por delante, así que por tu bien -Néstor elevó su cosmos, y Odiseo, quien confiaba plenamente en él, no tuvo tiempo siquiera para pensar en subir su defensa-. ¡Me las arreglaré para que no vayas a Troya! ¡Decreto Imperial! -gritó Néstor, y atravesó el cráneo de Odiseo de un puñetazo, horrorizando a Penélope, quien fue en auxilio de Odiseo, sumamente preocupada, mientras Odiseo caía en sus rodillas, con la mirada perdida.

-¿Qué está haciendo, tío Néstor? ¡Odiseo, a pesar de que le he suplicado, ha aceptado ir a la guerra! -lloró Penélope- Usted es como un padre para Odiseo. ¿Por qué le ha herido? -preguntó, Néstor la miró con una sonrisa.

-Hija mía, preciosa Penélope -comenzó Néstor-. Lo que hago es para salvar a Odiseo. Escúchame por favor. Palamedes de Perros de Caza está por llegar, y si amas a Odiseo lo suficiente para salvarlo, entonces harás lo que te ordene -Penélope miró a Odiseo, y a su bebé Telémaco de un año, y asintió.

Un par de horas más tarde, Penélope se encontraba sentada en una silla de madera, con Telémaco en brazos, y Argos durmiendo a sus pies. Como Néstor le había dicho, Palamedes de Perros de Caza llegó ante Penélope, e hizo una gentil reverencia.

-Bella Penélope, Reina de Ítaca -se presentó Palamedes, a quien Penélope odiaba simplemente porque Odiseo lo odiaba también, por lo que la bella Reina de Ítaca se negó a reverenciarlo-. Puedo ver que tiene los brazos ocupados. Así que no te molestes, no espero reverencia alguna. Mis asuntos son con Odiseo. Vengo a ver su ejército, el que enviará a Troya por el juramento que él mismo propuso y convocó -Penélope se mordió los labios, ya odiándolo por razones propias.

-Me temo, mi señor Palamedes, que mi marido no atenderá al juramento -mencionó Penélope, y Palamedes se preguntó la razón. Penélope busco de reojo a Néstor, oculto tras un árbol y asintiendo, Penélope entonces continuó con el plan-. Mi marido ha enfermado, una enfermedad de la mente lo ha corrompido. Mírelo usted mismo, no hay médico que haya sido capaz de ayudarlo -apuntó Penélope, y Palamedes encontró a Odiseo. Vestía como campesino, y no como un rey, y caminaba como un ebrio con un saco de sal en el cual hundía la mano, y lanzaba la sal al campo, horriblemente labrado por un asno y una vaca que había amarrado juntos y forzaba a tirar de una piedra que utilizaba como instrumento de labranza-. Repentinamente enfermó, no entiende razonamiento alguno. Lleva 9 líneas de cultivo bajo esa misma postura, siembra sal, lo que arruina la tierra. Está por comenzar la décima línea -a la mención, Odiseo, que reía como lunático y poseía una mirada sombría y perdida, viró y comenzó a ordenar al asno y a la vaca labrar la décima línea.

-Discúlpame que te lo diga, Penélope. Pero no les creo -habló Palamedes, le arrebató a Telémaco de los brazos, y la empujó a la silla. Penélope entonces se puso de pie, y Palamedes materializó su espada y la apuntó a su cuello. Odiseo siguió labrando como si nada pasara, y Néstor comenzó a preocuparse, pero si salía de su escondite sería descubierto. Palamedes entonces se paró frente a las bestias de labranza, y colocó a Telémaco, quien lloraba asustado, en la tierra. Penélope intentó acercarse, pero Palamedes la amenazó con su espada-. No interfieras. Si Odiseo en verdad ha perdido el juicio, entonces no le importará labrar a su propio hijo. En todo caso, ni siquiera lo sufrirá. Tú, sin embargo, estarás despechada, pero lo superarás. Es muy joven como para que te encariñes de él. Y no es como si no pudieras tener más hijos –se burló él.

Néstor enfureció por lo que estaba pasando, salió de su escondite e intentó ir en auxilio de Telémaco, pero un resplandor plateado impactó el rostro de Palamedes, lo derribó, y Odiseo detuvo al asno y a la vaca, caminó hasta donde su hijo, y lo levantó, sorprendiendo a Néstor, y molestando a Palamedes, quien se puso de pie y se limpió la sangre de los labios.

-Largo de mi reino… antes de que decida matarte, Palamedes… -mencionó Odiseo con desprecio, Palamedes simplemente sonrió-. ¡Lo único que me impide rebanarte la garganta es tu amistad con Diomedes! ¡Ahora largo! -gritó Odiseo, y le entregó al bebé a una preocupada Penélope.

-Por supuesto, Odiseo. Pero antes de irme, requiero apuntar cuantas naves mandarás a Aulis a la guerra -mencionó Palamedes, molestando a Odiseo, quien lo tomó del cuello, Palamedes simplemente le sonrió con malicia-. Me pregunto. ¿Quién es más importante para Diomedes? ¿Su querido amigo Odiseo con quien ha viajado y a quien conoce desde hace 5 años? -Odiseo lo levantó, furioso- ¿O seré yo, su amigo de la infancia, quien lo cuidó como un padre cuando Tideo murió? No te creas especial, Odiseo. Si Diomedes tuviera que elegir entre los 2. Ambos sabemos a quién elegiría -Odiseo le dio otro puñetazo, dejándolo tumbado en el suelo.

-12 naves… Palamedes… dile a Acamante que enviaré 12 naves con mis mejores hombres… lo que es más que tú, consejero real, puedes ofrecer -sentenció Odiseo, Palamedes se puso de pie y se sacudió la tierra de la Armadura.

-Consejero o no, también soy un príncipe -Palamedes sacó una pluma y tinta, y anotó-. Odiseo, Rey de Ítaca, llevará 12 navíos. Palamedes, Príncipe de Nauplia… llevará 13 navíos, aunque con los aliados a Nauplia acompañándome, ese número haciende a 80… -Odiseo enfureció-. Siempre estaré muy por delante de ti, Odiseo. Aprende a vivir en mi sombra -terminó Palamedes.

-Un día se te acabará la astucia, Palamedes -sentenció Odiseo-. Y ese día, seré yo quien te habrá superado, malnacido -enfureció Odiseo, y se dio la media vuelta para ver a Néstor-. Te agradezco la preocupación, Néstor. Pero el Juramento de los Pretendientes fue mi idea… y ahora es mi responsabilidad… iré a Troya -Néstor bajó la mirada, pero aceptó la decisión de Odiseo-. Y te juro, mi amada, que regresaré -se acercó a Penélope, y le acarició el rostro-. Pero si llegase el día en que Telémaco se convierta en un adulto, y no he regresado para cuidar de ti y mi hijo. Tienes mi permiso de volver a elegir marido y olvidarme -terminó.

-Eso jamás pasará. Te lo juro -terminó Penélope, y besó a Odiseo. Néstor simplemente suspiró, sonrió, y desapareció siendo tragado por la Otra Dimensión. Aunque el temor de que Odiseo no regresara, ni viera a su hijo crecer, dominaba el corazón de Néstor.


Acamante: El Noble.


Atenas. Muelles de Atenas.

-Me pregunto. ¿50 barcos serán suficientes? -se preguntó Acamante, rascándose la barbilla. Se encontraba en las playas de Atenas, llenando sus barcos de suministros, pero la duda invadía su mente- Tal vez debería mandar construir más… pero… la construcción tomaría mucho tiempo… y mientras más barcos se necesitan más personas, y las compensaciones económicas del tesoro de Atenas no podrían solventarlo. Además, más soldados son más familias en pena y preocupación. Tal vez deba llevar menos barcos… pero si llevo menos barcos estos tendrán menos soldados y podría significar más muertes… pero llevar un grupo muy amplio sería darle blancos a los Troyanos, ¿qué debo hacer? -preguntó.

-Solo lleva los barcos que puedas, no los que crees que debas -habló un Caballero de Bronce, pateando a Acamante con fuerza, pero sin molestar al Rey de Atenas-. Tienes 50 barcos, envía 50 barcos, normalmente el primer número que se te viene a la mente es el que necesitas -mencionó el Caballero.

-No patees a tu rey, pondrás mal ejemplo, Demofonte de Lobo -se quejó Acamante, y volvió a sus anotaciones, en este caso del tesoro de Atenas-. Las guerras no son buenas, hermanito… cuestan mucho dinero de los contribuyentes -explicó.

-Tal vez si no pensaras en retribuir a las familias que mandan hijos o padres a la guerra, Atenas tendría más tesoro. ¿Y qué fue eso de adoptar a todas las hermanas de Epeo de Aries? -se quejó Demofonte, que era una copia menor y arrogante de Acamante.

-No adoptar, sino aceptarlas como miembros de la corte. Criadas, por ejemplo. Son 49 niñas trabajadoras, y si no lo hacía, Epeo no iría a la guerra y tendría que obligarlo, y no me gusta obligar a la gente -un aura sombría y oscura entonces rodeó a Acamante-. Nadie debería jamás hacer algo en contra de su voluntad… no debo odiar, no debo odiar, no debo odiar… -Demofonte comenzó a preocuparse-. En todo caso. Demofonte. ¿Cómo crees que debería actuar un hombre al ser violado? ¿Debería sentirse ofendido? -preguntó el de Cáncer.

-¿Qué clase de pregunta idiota es esa? Acamante, siempre estás en las nubes -Acamante se rascó la barbilla, curioso-. En todo caso, no hay forma de que un hombre pueda ser violado. Ningún hombre se negaría a pasar la noche con una bella señorita. Tendrías que ser un llorón para sentirte violado. ¿A quién violaron según tú? -preguntó.

-¿A quién? -se preguntó Acamante- Probablemente a mí, pero no estoy muy seguro. Estaba drogado -Demofonte se estremeció por la noticia-. ¿Entonces soy un llorón? No me consideraba así, pero, si mi hermanito lo dice seguramente lo soy. He vivido engañado -mencionó Acamante con tranquilidad y curiosidad.

-¡No lo digas como si de verdad lo creyeras! ¿Qué clase de rey eres? -Acamante lo ignoró y continuó con su contabilidad- ¡Espera! ¡Acamante! ¿Qué fue eso de que fuiste violado? -preguntó Demofonte.

-Joven Príncipe Demofonte -reprendió Calcas, el Caballero de Plata de la Copa que recién llegaba-. Haría bien en no gritar por toda Atenas incoherencias que podrían malinterpretarse -continuó el Patriarca, a Acamante no pareció afectarle-. Mi rey, tiene permitido molestarse en ocasiones -mencionó Calcas, algo preocupado.

-¿Ah? ¿Molestarme? Oh, sí… me he molestado… -mencionó distraídamente Acamante-. Umm… me pregunto… si en un solo intento puede una mujer quedarse embarazada… la familia de Príamo es muy fértil después de todo, ¿y si en verdad tiene un hijo? ¿Me vuelve eso un traidor? Me pregunto si reconocería a mi hija o hijo si los viera. Con lo distraído que soy probablemente no. No puedo siquiera llevar la contabilidad correctamente. Son muchos soldados, o tal vez no los suficientes… ummm, ¿qué debo hacer? Me pregunto. ¿50 barcos serán suficientes? -preguntó nuevamente.

-Hermano, estás horriblemente distraído… seguramente quien te violó era una abominación de mujer -mencionó Demofonte, y en ese momento, Acamante hizo algo que no se esperaba de él, y golpeó la nuca de su hermano menor con fuerza-. ¿Acamante? -preguntó.

-Era hermosa… -mencionó frívolamente, sorprendiendo a Demofonte y a Calcas-. Tan hermosa que le dije que no se acercara a Diomedes por miedo de que la violaran, y terminé siendo yo el violado. Hablando de Diomedes, el violaría a la primera chica que le pongan en frente, me preocupa Egialea, ¿debería mandarle una carta prometiéndole la fidelidad de su marido? No… definitivamente eso no es posible… Diomedes es preocupante, tendré que cuidarlo. Conociéndolo se escapa del campamento y visita un burdel en la misma Troya, Diomedes tonto, lujurioso, inútil. ¿Por qué demonios me hice su amigo? Ah, ya recuerdo, es muy divertido… umm… ¿ya sabemos cuántas naves mandaremos? -y tanto Calcas como Demofonte se preocuparon por Acamante.

-Con su permiso… mi señor Acamante… -comenzó Calcas, sumamente preocupado-. Permítame por favor encargarme de la contabilidad por usted… Demofonte… lleva a tu hermano a dar un paseo para despejar su mente de la violación. No quiero que mi rey divague en medio de una batalla -Demofonte asintió, y se llevó a su hermano lejos de los muelles.


Patroclo: El Faldero más Leal.


Isla de Esciro. Muelles de Esciro.

-Quiero vomitar -lloró Polidora, con el rostro enverdecido, y Patroclo, su marido, la cargó fuera del barco mientras la joven se cubría la boca-. Pensé que nunca llegaríamos… creí que moriría… -continuó quejándose Polidora.

-Eres igual de exagerada que tu hermano Aquiles -le sonrió Patroclo, y Polidora le tiró del cabello-. ¡No te estoy comparando con Aquiles! Es solo que, en verdad Aquiles se comporta como todo un niño en los barcos, siempre aferrándose a la proa, y por más mareado que está sigue viendo al mar. Creo que es masoquista -mencionó Patroclo.

-No te entiendo… Patroclo… -continuó Polidora-. Cuando estás con Aquiles lo comparas con Pirra, quien dices que se parece a mí… pero cuando estás conmigo me comparas con Aquiles… -Polidora entonces volvió a taparse la boca-. Pafprofco… -se quejó Polidora.

-¡Uwah! ¡Resiste! ¡Buscaré un cuenco! -gritó Patroclo, corriendo por todo Esciro- ¡Aquí! -apuntó a un cuenco de barro en el suelo de los muelles, donde Polidora logró descargar el contenido de su estómago, Patroclo montó guardia mientras su esposa vomitaba- Pero Polidora… tú no tiendes a marearte así. Sé que no nos conocemos mucho porque siempre estoy de aventura con tu hermano, pero, fueron 2 Lunas de viaje, no comenzaste a vomitar hasta hace poco -Polidora se sentó en el suelo, sumamente agotada-. ¿Estás bien? -preguntó.

-¿Me veo bien? -Patroclo movió su cabeza en negación- Se supone que en momentos como estos el marido diga algo como: «tú siempre te ves hermosa, mi bella Polidora», o algo así… seguramente a Aquiles se lo dices… -se quejó Polidora.

-Tú y Aquiles me tienen tan poca fe que me doy lástima -respondió Patroclo, y cargó a Polidora, quien se ruborizó-. De todas formas, yo soy más expresivo -Patroclo le besó el cuello, Polidora se ruborizó, y todos quienes paseaban por los muelles de Esciro miraron a la parejita con sonrisas en sus rostros.

-¿Po-po-po-porqué el cuello? -Patroclo apuntó al cuenco de los muelles en respuesta- Ah… es verdad… acabo de vomitar… -se sonrojó Polidora, Patroclo asintió, y caminó con Polidora por Esciro-. ¿Visitaremos al Rey Licomedes? -preguntó.

-Lo visitaremos después, hoy venimos a ver a mi padre, Menecio -Polidora asintió, y miró a los alrededores de Esciro, sonriendo al ver el pueblo al estilo costero-. ¿Te gusta la playa? Podemos vivir en Ftía si quieres -mencionó Patroclo.

-Donde sea está bien, siempre que me cuides… -Patroclo sonrió, y Polidora se tomó el vientre, Patroclo parpadeó un par de veces-. Tengo… antojo de algo dulce… melón… -el de Leo se sorprendió-. Patroclo, quiero melón -suplicó Polidora.

-¿Cómo podría decirle que no a esa hermosa carita? -se sonrojó, y dejó a Polidora recargada en un árbol en el pueblo- Espera aquí, buscaré melón -Patroclo salió corriendo por los mercados, y Polidora sonrió agradecida.

-¿A dónde más voy a ir de todas formas? No conozco Esciro para nada -continuó sonriendo Polidora y viendo al cielo de medio día-. Pero… es extraño… a mí no me gusta el melón… ni me mareo con facilidad… me pregunto sí… -Polidora se picó el vientre con el dedo- ¿Acaso estaré…? -más Patroclo llegó en ese momento, a toda velocidad- ¡Uweeeeeh! ¡Patroclo! ¡No me asustes así! -gritó Polidora.

-Lo siento, Polidora -se disculpó Patroclo-. Estaba preocupado de dejarte sola así que… corrí tan rápido como pude… toma… -le ofreció Patroclo un trozo de melón, Polidora se alegró y mordió su melón-. ¿Feliz? -preguntó mientras volvía a cargarla.

-¡Sí! ¡Y mucho! -respondió Polidora- Oye… Patroclo… -se apenó Polidora, y Patroclo la miró-. ¿Por qué me sigues cargando como a una princesita? Ya no estoy mareada -terminó con rubor en su rostro.

-¿Quieres que te baje? -preguntó, Polidora no respondió- Es solo que me gusta ver tu cara sonrojada… -Polidora se avergonzó, y desvió la mirada-. La casa de Menecio está por aquí cerca. Te agradará mi padre, es un anciano muy leal. Él me enseñó que siempre hay que atender con pasión y entrega a quienes nos importan. Como Aquiles, y como tú. Ustedes son las personas más importantes en mi vida. Aquiles es mi hermano y cuñado, y Polidora mi hermosa esposa -sonrió Patroclo.

-Patroclo, en verdad te portas como todo un faldero -Patroclo se horrorizó por la mención-. Pirro… -sonrió Polidora, y Patroclo la miró fijamente-. Si es un niño… le llamaré Pirro… si es una niña… le llamaré Pirra… así cada vez que pienses en Pirra será para verla a ella y no a Aquiles -Patroclo alzó una ceja, sin comprender a lo que se refería su esposa-. Patroclo. ¡Estoy embarazada! -mencionó Polidora justo en el momento en que Patroclo se paraba frente a la puerta de una casa, y al mismo tiempo en que la puerta se abría y revelaba a un hombre ya mayor, ambos entraron en shock, y gritaron al unísono.

-¿EMBARAZADA? -gritaron ambos, pero el hombre con mayor fuerza- ¡Patroclo! ¿Cómo te atreves a embarazar a tan bella jovencita? ¡Tomarás responsabilidad! ¡Te casarás con ella inmediatamente! -gritó el viejo.

-¡Padre! ¡Lo tomaste todo mal! ¡Además ya estoy casado! ¡Vine para presentarte a tu nueva nuera! -gritó Patroclo, y Polidora se sonrojó- Polidora, este es mi padre, Menecio. Padre, ella es Polidora -el hombre se impresionó.

-Mu… mucho gusto en conocerle… -se avergonzó Polidora por la extraña presentación, pero entonces se cubrió la boca-. ¡Uff! ¡Pafprofco! -suplicó Polidora con la mirada, Patroclo se horrorizó, empujó a su padre, entró en la casa, y tomó una anfora, en la cual Polidora volvió a vomitar- ¡Estar embarazada es horrible! -Patroclo se estremeció por la noticia, aún incrédulo. Pero cuando Polidora se repuso, miró a Patroclo con ojos llorosos- Sandía… yo… quiero sandía… -suplicó.

-¡Acabas de vomitar el melón! -se quejó Patroclo, pero al ver la carita de Polidora, se sonrojó, y asintió-. Traeré sandía. Perdona padre, nuestra cálida reunión tendrá que esperar. Al parecer… sí tengo corazón faldero -sonrió Patroclo y salió a los mercados, su padre sonrió, mientras Polidora lo miraba también.

-Me cuesta mucho trabajo el pensar que el tonto de mi hijo realmente se las arregló para traer a una esposa a casa -Polidora se sonrojó, pero asintió aún colgada de los bordes de la ánfora-. Pero, al mismo tiempo me entristece… -Polidora parpadeó un par de veces-. El Rey Licomedes ha anunciado que la guerra ha comenzado, y ha mandado por reclutas a cada casa. Pensaba en alistarme yo mismo y evitarle a Patroclo la responsabilidad… pero… soy muy viejo, y conozco a mi hijo… -mencionó Menecio.

-De corazón faldero… definitivamente se enrolará voluntariamente y seguirá a Aquiles -dedujo Polidora-. Supongo… que me embaracé en el peor momento… es triste si uno lo piensa… -Menecio asintió, Polidora sonrió, y comenzó a abrazarse el vientre y a rodar en el suelo-. Aunque… ahora tendré a un pequeño Patroclo para no extrañar a mi esposo. Si lo pienso así, incluso si él no vuelve… tendré la prueba definitiva de que lo amé, dando a luz a un bebé suyo y mío -Menecio sonrió ante esas palabras.

-Ahora entiendo lo que vio en ti. ¡Eres igual de cabeza de aire que él! -se burló Menecio, Polidora lo miró con curiosidad-. Polidora, ¿verdad? -la chica asintió- ¿Te gustaría quedarte a vivir en Esciro conmigo y Patroclo? -Polidora lo pensó- Sé que Patroclo no se quedará mucho tiempo. Pero aquí es donde nació, donde creció, donde trabajó. Este es el pueblo que define todo lo que significa Patroclo. Para mí sería un honor enseñarte a Patroclo, al niño de corazón faldero que críe. Además… así no me sentiría solo y preocupado al mandar a mi hijo a la guerra, sabiendo que dejó atrás a una mujer a la que puedo llamar mi hija -Polidora sonrió, y Patroclo llegó, agotado, y con toda una frutería en sus brazos.

-Perdón… no encontré sandía… lo siento mucho… -se preocupó Patroclo mostrando su carga-. Pero encontré toda esta fruta. Espero compense -Polidora comenzó a reírse, y Patroclo parpadeó un par de veces en curiosidad.

-¡Ya no quiero fruta! -Patroclo se deprimió- Me apetece… probar a Patroclo… -Patroclo se ruborizó, sonrió, le entregó la fruta a su padre, se agachó, y besó a Polidora con gentileza, aunque tras unos segundos, se separó e hizo una mueca.

-Sabes a vomito -se quejó Patroclo, y Polidora y Menecio comenzaron a reírse a carcajadas y a burlarse del pobre Patroclo, cuyo corazón faldero los alegraba a ambos.


Antíloco: El Adorado por los Dioses.


Pilos. Corte de Pilos.

-¡La Otra Dimensión! -resonó el grito de Néstor, quien se materializó en la Corte de Pilos, más precisamente en el comedor, el cual encontró hecho un desastre- ¿Qué está pasando aquí? -gritó Néstor, y vio unas cadenas volar frente a su rostro, persiguiendo un destello dorado por todo el comedor- ¡Antíloco! ¡Trasímedes! -gritó Néstor, furioso, mientras las cadenas continuaban volando por todo el comedor, y Antíloco salía de un portal y corría sobre ellas.

-¡Aún te falta mucho para alcanzar mi nivel, hermanito! -se burló Antíloco, saltando de cadena en cadena hasta llegar ante un joven de apariencia femenina como la de Antíloco. Poseía la cabellera café cremosa de su hermano mayor, y serían idénticos a no ser por el color de los ojos. Los de Trasímedes eran azules, mientras los de Antíloco eran verdes. Trasímedes vestía la Armadura de Andrómeda, e intentaba golpear a Antíloco con las cadenas de esta, pero Antíloco llegó al final de la cadena y se paró sin peso alguno sobre el antebrazo de su hermano-. Muy lento, hermanito, ya no estoy aquí -se burló, desapareció, y Trasímedes fue golpeado por su propia cadena y derribado al suelo-. Concéntrate, hermano. Tu cadena puede atravesar las dimensiones, pero solo si puedes sentir el cosmos de tu oponente entre las mismas. Si no puedes encontrarme en las dimensiones, no verás cuando te ataque por la espalda -mencionó, desapareció, y apareció detrás de Trasímedes en el momento en que se incorporada-. ¡Prominencia de Gea! -colocó sus manos Antíloco sobre la espalda de Trasímedes, y liberó una tremenda fuerza de energía que lanzó a Trasímedes por toda la mesa, resbalando de un lado de la mesa de banquetes hasta el otro, donde cayó sentado en la silla, detrás de la cual apareció Antíloco, la giró con Trasímedes en esta, la ladeó, y tumbó a Trasímedes en el suelo- Además, siempre ten en cuenta que tu entorno puede ser usado como un arma. En las manos adecuadas, una silla puede ser un objeto de descanso… -prosiguió con la lección Antíloco, Trasímedes lanzó sus cadenas, y Antíloco las amarró rápidamente a una de las patas de la silla, la giró, y enrolló la cadena, jaloneando a Trasímedes, y terminando con el de Andrómeda encadenado de ambas manos a las patas de la silla-. O puede usarse como un carrete de pesca para tirar de una presa -continuó con su explicación Antíloco, sentándose en la silla-. O ambos -terminó, y un niño de 5 años sentado en una silla, con un ojo verde y el otro azul, aplaudió felizmente.

-No alimentes su ego, Pisístrato -recriminó Trasímedes-. Antíloco, eres un presumido y vanidoso -Antíloco lo pensó, y asintió-. ¡No tienes que autocalificarte como tal! -se quejó Trasímedes, intentando liberarse.

-Trasímedes… puedo parecer pedante y presuntuoso… pero la verdad es que todas estas lecciones son por tu bien. ¿Lo sabías? -preguntó Antíloco, se puso de pie, y alzó la silla, liberando a Trasímedes- Ambos iremos a la guerra, y quiero asegurarme de que regreses para casarte y vivir una vida plena. Gustoso daría yo mi vida porque tú o padre vivieran -le sonrió Antíloco, y Néstor colocó su mano sobre la cabeza de Antíloco.

-Hazme un favor y jamás te atrevas a sacrificar tu vida por la mía, Antíloco -mencionó Néstor, y Antíloco le sonrió a su padre-. No hay nada peor que un padre sepultando a sus propios hijos. Tengan eso bien presente… el mayor orgullo de un padre, es y siempre serán sus hijos. Métanselo en la cabeza, par de necios -terminó Néstor, tomando a ambos de las cabezas y azotándolos el uno al otro-. Pisístrato. Hazle a este viejo un favor y nunca seas tan irreverente y cabeza hueca como Trasímedes, ni tan presuntuoso y vanidoso como Antíloco. En otras palabras, se un niño normal -Pisístrato asintió, y los hijos de Néstor se soltaron a reír a carcajadas, como si la guerra no les fuera de preocupación alguna.


Aquiles: Príncipe de los Mirmidones.


Ftía. Coliseos de Entrenamiento.

-¿Aún no se desocupa Aquiles? -preguntó Deidamía, quien cargaba a un bebé rubio en sus brazos, quien tenía un par de años de edad- Tengo el presentimiento de que está ignorándome, padre -entristeció Deidamía, mientras caminaba con Peleo a su lado, el padre de Aquiles y Rey de los Mirmidones.

-Me temo mi querida Deidamía, que Aquiles vive únicamente para la guerra -explicó Peleo-. No es mi intención el ser cruel. Pero Aquiles seguramente te tomó únicamente como un placer. Dudo inclusive el que te vea como a una esposa, solo eres la madre de su hijo -Deidamía asintió, mientras acariciaba la cabellera de su bebé-. Lo lamento mucho, en verdad. Pero Aquiles tomó su decisión. Thetis, su madre, le dio a elegir entre la vida larga y plena, o corta y gloriosa. Esta… fue su respuesta… -apuntó Peleo al coliseo, donde un ejército se lanzaba a Aquiles en medio de la arena.

Aquiles combatía desarmado, pero los soldados Mirmidones atacaban con armas reales y como si Aquiles fuera un verdadero enemigo. Aquiles simplemente esperaba, observaba, se movía con gracia y cautela, saltaba sobre la punta de las lanzas por su hoja sin filo, y golpeaba con su mano la madera, rompiéndola, desarmando a los soldados, pateando sus cascos y cegándolos, barriéndose entre sus piernas y pateándolos al suelo, esquivando las espadas, pateando con el talón izquierdo como estaba acostumbrado, derribando a varios soldados de un solo puñetazo, alternando entre el Tigre y el Dragón.

-¡Vamos Podarses! -gritó Protesilao de Orión, y el Caballero de Plata y su hermano el Caballero de Bronce con Armadura del Dragón, atacaron al unísono, pero fueron esquivados por Aquiles, quien giró en el aire pateando los rostros de ambos, y golpeando a Protesilao con el Dragón, y a Podarses con el Tigre. Aquiles entonces elevó su cosmos, azotó un puñetazo en la tierra, y derribó a todos los Mirmidones, quienes quedaron impresionados por el poder de Aquiles.

-Van mejorando -sonrió Aquiles e hizo una reverencia, los Mirmidones, aunque humillados, se pusieron de pie y reverenciaron a Aquiles también-. Volveremos a practicar mañana por la mañana. Los Mirmidones deben ser los guerreros más fieros de todos, cada uno apoyando al hermano de al lado, todos juntos, como una colonia de hormigas. Separados, somos fuertes, unidos somos invencibles -y los Mirmidones glorificaron a Aquiles, orgullosos de tenerlo por líder-. Descansen -continuó, se dirigió hacia la salida, y se horrorizó al ver a Deidamía-. ¡Uwah! ¡De-De-De-Deidamía! -gritó Aquiles, se dio la media vuelta, e intentó huir. Pero Podarses y Protesilao lo detuvieron- ¡Traidores! -gritó Aquiles.

-¡Aquiles! -se molestó Deidamía, Aquiles comenzó a retroceder, solo para encontrar a Protesilao y a Podarses nuevamente funcionando como paredes- Viajé desde Esciro hasta aquí solo para verte y que conocieras a tu hijo, Pirro. ¿Por qué me evitas? -preguntó.

-¡No puedo verlo! ¡Deja de insistir! -gritó Aquiles y salió caminando a paso veloz, ignorando a Deidamía y a su hijo- ¡No tengo un hijo! ¡Solo deja de mencionarlo! -insistió, pero Deidamía lo persiguió, y Aquiles estaba tan decidido a ignorar a Deidamía que se atrevió inclusive a empujar a su padre a un lado- ¡No insistas! -gritó.

-¡Es tu hijo! ¡Aquiles! -insistió Deidamía, pero Aquiles lo negó- ¿Acaso solo fui un juego para ti? ¿Un escape a una vida de vergüenzas? ¡Yo te amé de verdad! -Aquiles se mordió los labios con molestia, pero se detuvo, y miró al suelo intentando concentrarse- Desde hace años te he amado. Puede que sea verdad y al principio te quería como a mi mejor amiga. El día que te pedí que te bañaras conmigo yo te juro que no lo sabía, fue una gran sorpresa, pero poco a poco dejé de verte como a una chica, y te vi como a un chico. No te permití llegar tan lejos solo por compensación a tus servicios. ¡Te amaba! ¡Y aún te amo! -gritó Deidamía, despertando a su bebé, y forzando a la madre a prestarle atención e intentar calmarlo.

-Fue un error… no debí haberte amado… -lloró Aquiles, y Deidamía sintió un horrible dolor en su corazón-. Escucha… Deidamía… mi madre, Thetis, profetizó que podía tener una vida larga y plena… o corta y gloriosa… en ese momento atesoré ambas posibilidades -Aquiles se volteó, y miró a Deidamía-. Mientras era Pirra, me atreví a soñar… pensé en que cuando creciera y no pudiera ocultar mi masculinidad, le rogaría a tu padre por tu mano en matrimonio… serías la madre de mis hijos… y serías lo único que me importaría… -Deidamía sonrió, pero Aquiles no estaba feliz-. Pero… Shana… tú sabes que es Athena, ¿verdad? -Deidamía asintió- He elegido a Athena como mi única diosa, quien me ayudará a encontrar la gloria que tanto deseo, y permitirá que mi nombre perdure. Cuando un hombre muere… lo único que queda es el nombre… -Deidamía entristeció-. Quiero que mi nombre sea recordado… quiero que, sin importar cuantos años pasen, todos sepan quien fue Aquiles, sepan lo grande que fue. Quiero que mi nombre se mencione con el mismo orgullo que se menciona a Jasón y a Heracles… eso es lo que quiero… y por llegar a esa gloria… a ese deseo… no puedo amarte, ni tener un hijo… solo me distraería, me obligarían a arrepentirme, porque Deidamía… hay una guerra, más lejos del Mar Egeo… y sé que si voy a esa guerra, no regresaré… lo sé… y aun sabiendo esto… quiero ir… quiero pelear… quiero ser un héroe… deseo ser un héroe, es lo que siempre he querido… que mi nombre sea una inspiración, ser temido por los dioses, respetado por todos… que mi nombre sea sinónimo de leyenda, de gloria, de valor, de honor… por ello… no puedo ser un padre… perdóname… -Deidamía lloró, y asintió-. Pero de haber elegido otro camino… Deidamía… te habría tomado por esposa sin dudarlo… y habría cuidado de Pirro… lo lamento -y Deidamía asintió.

-No… en parte, yo lo sabía -mencionó Deidamía-. Tan solo, tenía miedo de que no me amaras -Aquiles lo negó, se acercó, y colocó sus manos en los hombros de Deidamía-. ¿En verdad crees que no regresarás? -preguntó.

-Olvídate de mí -mencionó Aquiles con tristeza, pero Deidamía lo negó-. No quiero partir a la guerra sabiendo que tengo a alguien quien me espera. Te aseguro que en Troya no me permitiré ser distraído por tu recuerdo -Deidamía asintió.

-No esperaría menos -sonrió Deidamía, confundiendo a Aquiles-. De esa forma, combatirás concentrado, y cuando menos te des cuenta, habrás regresado a mí, Aquiles -el rubio lo dudó, pero Deidamía estaba tan convencida que se atrevió a tener esperanza-. Te esperaré… quieras o no… -Aquiles la miró, y aceptó aquel comentario.


Diomedes: El Galán Escarlata.


Argos. Corte del Rey de Argos.

-¿Diomedes? ¡Diomedes! -resonó un grito en el comedor, en el que Diomedes se encontraba sentado con una preocupada Shana a su lado, y con Deípile, la madre de Diomedes, frente a él y gritándole para que el distraído de Escorpio le prestara atención- ¡Diomedes! ¿Me estás escuchando? ¡Te estoy diciendo que es la peor decisión que has tomado en tu vida! ¿Cómo puedes confiarle tu reino a Egialea? ¡Es una locura! -se quejó su madre, Diomedes apenas y puso atención.

-¿Eh? ¿Egialea? ¿Ya llegó? -preguntó Diomedes, Shana se preocupó más y más por su padre- Umm… ¿no ha llegado? Ya veo… incluso si llega no lo sabré… odio esto… -se quejó, Shana comenzó a sacudirle el brazo a Diomedes, quien la miró de reojo-. Ah… lo siento, lo siento… -sonrió Diomedes-. Es tu última oportunidad de ser humana y la estoy arruinando. Trataré de ser más animado -Shana se levantó de su silla, y se sentó en las piernas de Diomedes, mirándolo fijamente, lo que molestó a Deípile-. ¡Uwah, eres tan linda cuando te preocupas por tu padre! -la abrazó Diomedes.

-Padre… antes de convertirme en una diosa y volver a ser imparcial. ¿Por qué no me dices lo que te está molestando? Aún tenemos un par de Lunas en las que puedo ser tu hija consentida -Diomedes le sonrió, y la abrazó con mayor gentileza-. ¿Qué te preocupa? -preguntó.

-Desearía que fueras mi hija legítima… -le susurró Diomedes, Shana sonrió y asintió-. Pero… Egialea no ha alcanzado la mayoría de edad… y no lo hará e iré a la guerra sin siquiera haber dejado a un heredero… -y mientras Diomedes hablaba, unos pasos se escucharon resonar por los pasillos-. Sé que no te gusta que hable de esto. Pero realmente… quisiera dejar mi marca en este mundo… realmente deseo que mi sangre siga viviendo… -Shana asintió, y en ese momento las puertas del comedor se abrieron, y Egialea llegó.

-¿Qué quieres decir con que te vas a la guerra a Troya…? -suspiró Egialea de cansancio por la carrera, Diomedes la miró fijamente, mientras la Caballero de Bronce de Armadura del Cisne se quitaba la máscara para refrescarse un poco- Diomedes… yo… estoy tan impaciente como tú de tener un hijo… pero… sabes que aún no soy mayor de edad… -Diomedes se paró tranquilamente de su silla, dejando a Shana y acercándose a Egialea-. Perdona por no poder ser la reina que quisieras, pero… yo… aún soy muy joven… -Diomedes le secó las lágrimas con gentileza, y le besó la frente-. Además de que tengo miedo… Lunas me separan de la mayoría de edad, pero sigo siendo tu prima… en el momento en que suba al trono… yo… -Diomedes la abrazó, y la besó gentilmente, lo que molestaba a Deípile.

-Lo entiendo… -respondió Diomedes-. Pero debo ir a la guerra. Aulis está del otro lado de Hélade, en una de las costas más alejadas de Anatolia -explicó Diomedes, Egialea sabía lo que significaba-. Mañana partiremos… es un viaje largo de 2 Lunas, y mi ejercito ya está listo. Solo puedo compartir esta noche contigo -susurró la última parte.

-Pero… incluso si es esta noche no lo lograrás… -lloró Egialea, abrazada de Diomedes, Deípile miró a la entrada, encontrando a Esténelo de Argos, y a Euríalo de Unicornio. Deípile pasó por donde Egialea y Diomedes se abrazaban, tomó a Euríalo del brazo, y lo alejó. Aquello le pareció sospechoso a Shana y a Esténelo, pero ella estaba más concentrada en Diomedes y en Egialea, además que el de Argos no podía dejar de concentrarse en despedirse de su hijo, Cometo-. Perdóname por no poderte dar un hijo… no creo en tu maldición, de hecho, temo que por desmentirla intentes con otras mujeres -Diomedes se mordió los labios conociendo la extensión de su lujuria-. Júrame que no me serás infiel en suelo Troyano, júrame que solo yo seré la madre de tus hijos… y yo te juro esperar tu regreso, y darte los hijos que tanto quieres… -Diomedes desvió la mirada, y encontró a Shana cruzada de brazos y ligeramente molesta.

-Egialea, que cruel… -lloró Diomedes-. Lo juro… -Egialea sonrió, y abrazó a Diomedes con más fuerza-. De todas formas… con ese juramento no tendré que preocuparme por Anficlas… sí… creo que es lo mejor… -sonrió Diomedes, y se separó un poco de Egialea para mirarle el rostro-. Pero hoy no me importa si estás en temporada o no, de todas formas, lo vamos a hacer -Egialea se ruborizó, y Shana, quien en ese momento bebía su jugo, lo escupió repentinamente, y ambas se ruborizaron a más no poder.

-¡Padre! -se quejó Shana, incluso más ruborizada que Egialea- ¿Siempre tienes ese tema en la cabeza? ¡Me haces muy difícil el dejar de pensar en él y mantenerme pura! ¡Personalmente me encargaré de que no irrespetes tu juramento en Troya, padre! ¡Jamás en ninguna de mis encarnaciones anteriores había pensado tanto en ese tema! ¡Estoy molesta! –tras la rabieta, Diomedes fue incluso capaz de ver las flamas en el cosmos de Shana.

-Shana, mi querida Shana, no me prestes atención, definitivamente seré un ejemplo de castidad -Shana miró a Diomedes sombríamente-. Esa mirada definitivamente dice: «no puedes presumir de lo que careces», ¿verdad? -Shana asintió varias veces, y Diomedes intentó tranquilizar a Shana, y mientras el grupo discutía, Deípile se alejó con Euríalo.

-¿Mi reina? ¿Ocurre algo? -preguntó el de Unicornio, y una vez que Deípile se dio cuenta de que nadie la escucharía, se dio la vuelta y encaró a Euríalo- ¿Mi señora? -y Deípile le entregó una pequeña olla de barro envuelta en piel de cabra- ¿Y esto es? -preguntó.

-Un poderoso afrodisiaco -mencionó Deípile, Euríalo se ruborizó y lo alejó de sí mismo con miedo-. Escúchame bien, Euríalo, esta es una orden de tu reina, y con el mejor interés de Argos como principal detonante. ¿Sabes lo que ocurrirá cuando Egialea sea coronada reina? -Euríalo lo negó- Los 30 Pueblos Aqueos negarán a Argos, podríamos inclusive hablar de Tebas invadiendo nuestras tierras al considerar una relación incestuosa como débil e inestable. ¿Lo comprendes? Egialea será declarada una Reina Temporal en ausencia de Diomedes, y mientras así sea, Argos estará en la ruina -Euríalo comprendió las preocupaciones de la reina-. Te entrego este afrodisiaco, y con este, la esperanza de Argos. La maldición de mi hijo dictamina que no habrá mujer en toda Hélade capaz de brindarle un heredero. Pero Anatolia no es Hélade, ¿o sí? -y Euríalo comenzó a comprenderlo- En la guerra, seguramente tomarán esclavas y concubinas, cuando encuentres que Diomedes ha sido premiado con una, hazle beber este afrodisiaco, y no importará si le jura al mismísimo Zeus, no soportará la lujuria y se unirá a su esclava. ¡Continúalo haciendo beber hasta que deje a una embarazada! Y en cuanto eso ocurra, manda un mensaje a mí, y recuperaré el trono por reemplazo de concubinato -Euríalo miró el afrodisiaco, y luego a Deípile.

-Usted… odia a Egialea con todo su corazón, ¿no es así? -dedujo Euríalo, Deípile no dijo más, simplemente observó a Euríalo fijamente- Pero desgraciadamente, tiene razón. No podemos arriesgar la seguridad de Argos, mucho menos con la pobre relación entre Argos y Tebas. Pero no lo hago por usted. ¿Lo entiende? Sino por Argos -Deípile simplemente asintió, sabiendo que Euríalo cumpliría con su responsabilidad.


Teucro: El Maestro Arquero.


Salamina. Campos de Tiro de Salamina.

-Áyax en verdad tiene mucha suerte por tener a una esposa tan bella y comprensible como Brenda… aunque exageradamente comprensible -se quejó Teucro mientras preparaba su arco y su flecha, y lanzaba a los blancos fuera del palacio de Salamina, donde una multitud se reunía para ver al Caballero Dorado de Sagitario acertar en todos sus tiros-. Me pregunto si habrá alguien para mí. No necesita ser perfecta, pero quisiera al menos que no fuera solo una chica que me quiera por mi fortuna -continuó Teucro, mirando de reojo a las fanáticas que intentaban seducirlo mientras practicaba-. Quiero a alguien real, como Áyax tiene a Brenda -prosiguió, y antes de lanzar su flecha, una flecha de cosmos azul se clavó en el blanco al que Teucro apuntaba-. ¿Quién? -se impresionó Teucro.

-Ya tienes tu blanco, joven Teucro. Mientras no pierdas la mira en tu objetivo siempre conseguirás lo que te propones -le habló un Caballero de Plata, de barba ligeramente larga de color naranja, y de cabellera revuelta, una persona a quien Teucro conocía bien.

-Maestro Filoctetes de Sagita -reverenció Teucro, y el dueño del nombre le regresó la reverencia-. Maestro, me honra con su presencia. ¿A qué debo este honor? -continuó Teucro, y Filoctetes apuntó con un movimiento de su cabeza en dirección a los blancos, Teucro tensó el arco, y disparó, justo en el centro del blanco.

-Sabes por qué estoy aquí. Fuiste uno de los pretendientes de Helena igual que yo. Te requieren en Troya para cumplir el juramento -Filoctetes lanzó su flecha, y esta se clavó en su blanco-. Y, por cierto, ya no soy tu maestro. Competimos por la misma armadura, y tú venciste al final -Teucro sonrió, y lanzó su flecha.

-Tuve un maestro increíble, mi señor Filoctetes –el de Sagita continuó lanzando sus flechas, el de Sagitario le siguió, y el espíritu competitivo de ambos se incineró-. Sin importar cuantos años pasen, ni cuanto mejore con el arco, usted siempre será mi maestro -Filoctetes le sonrió-. Pero sabe… hay días en que me pregunto si no le he ofendido al convertirme en Sagitario. Era su sueño -explicó Teucro.

-Tengo una presea mejor que la Armadura de Sagitario que fue creada en honor a mi buen amigo, el Centauro Quirón, Teucro –Filoctetes entonces creó un hermoso arco de cosmos en su mano, sorprendiendo a Teucro-. El arco del héroe más grande de Hélade. El Arco de Heracles -Teucro se impresionó. Fue el regalo de Heracles para mí el día en que murió. Un obsequio por ser quien prendiera su pira. Tal vez algún día te cuente esa historia, hoy, deléitate en la gloria de este hermoso arco. ¡Flechas de Heracles! -lanzó el ataque Filoctetes, y este perforó 3 blancos al unísono, dejando a Teucro sin habla- Acostúmbrate a llamarme maestro nuevamente, mocoso. Hasta que aprendas ese movimiento sin un Arco Divino, vuelvo a ser el mejor arquero de los 2 -Teucro sonrió, y preparó su arco.

-Entonces, será mejor que comience a practicar -mencionó Teucro, preparando su cosmos, mirando los blancos-. En Troya… tendré blancos muy difíciles de acertar, y los dioses estarán mirándome. Y no solo eso, Héctor, el Príncipe de Troya… el Rey Príamo y todos sus hijos… son mi familia -y Filoctetes asintió, recordándolo todo-. Soy hijo de Telamón de Salamina… y de Hesíone… la hermana del Rey Príamo de Troya que fue secuestrada por Heracles y entregada a mi padre. En otras palabras… Príamo es mi tío, y sus hijos son mis primos… pero para mí… mi única familia… es Áyax -Teucro disparó, perforando 7 blancos de un solo disparo-. Y por él, seré el mejor arquero, maestro… lamento seguirlo irrespetando -Filoctetes simplemente se rio con orgullo.


Agamenón: El Rey Supremo.


Micenas. Tejado del Palacio de Micenas.

-¡Excalibur! -gritó Agamenón desde la cima de su palacio en Micenas, lanzando cortes perfectos mientras se paraba sobre la punta más alta de su palacio, y veía la ciudad inmensa de Micenas desde arriba. Su pueblo lo miraba, maravillado, y asustado. Agamenón era un Rey Tirano después de todo, quien no soportaba insubordinación. Micenas era la ciudad más segura de toda Hélade por el temor que Agamenón infundía en sus corazones- ¡Excalibur! -repitió el corte, más fino, más veloz, pero Agamenón continuó mostrándose insatisfecho- Más rápido… más filoso… debo ser capaz de cortar incluso las dimensiones. ¡Excalibur! -lanzó un tercer corte, pero este obtuvo el mismo resultado- Tal parece… que sin la Espada de Libra me es imposible… -tomó Agamenón una espada dorada. Igual que cada Caballero Dorado, él tenía un arma de la Armadura de Libra, elevó su cosmos alrededor de ella, lanzó un corte similar al que lanzaba con sus brazos, y por un segundo el cielo cambió de color, viéndose oscuro como la noche-. ¡Allí está! ¡El corte capaz de cortar las dimensiones! ¡La Fisura en el Espacio! -gritó, lanzó el corte con la espada dorada, y el cielo se partió a la mitad, una mitad era el cielo del medio día, la otra mitad el de media noche, y la población de Micenas se horrorizó. El corte de Agamenón, el Caballero Dorado más poderoso, por fin cortó las dimensiones.

-Increíble… el poder de mi padre no tiene límites… -se sorprendió Ifigenia, la hija de Agamenón, y quien era la Caballero de Plata del Águila-. Padre… debo saberlo. ¿De qué sirve poder cortar las dimensiones si con el revés de una espada puedes acabar con una vida? ¿Por qué desafiar a los dioses con tan monstruosa técnica? -preguntó Ifigenia, y el cielo volvió a la normalidad.

-Escúchame bien, Ifigenia. En una guerra no existen amigos ni enemigos, solo aliados potenciales -explicó Agamenón con frialdad, y bajó del techo para reunirse con su hija-. Te llevaré a la guerra solo porque tú me lo has pedido pese a las quejas de tu madre, Clitemnestra. Pero debes entender mis palabras. El idealismo de la amistad, el compañerismo y el amor, no sirven de nada. Esta técnica, la he preparado únicamente para defenderme de quienes entre los Caballeros Dorados son mi única preocupación. Néstor de Géminis y Antíloco de Virgo, ellos quienes se mueven entre las dimensiones -e Ifigenia se sorprendió-. Harás bien en recordar que nadie, ni siquiera tu padre, es tu amigo en una guerra. Habrá momentos en que como rey deba tomar decisiones, difíciles decisiones. Espero lo mismo de ti, hija mía. Enorgulléceme en la guerra -Ifigenia asintió, y saludó a Agamenón al estilo militar Micénico.


Menelao: El de Gélido Corazón.


Esparta. Habitación de Menelao.

-Tienes los ojos de tu madre -habló Menelao a su bebé de ya casi 2 años, Hermione, quien apenas y comprendía lo que ocurría. Menelao se encontraba en su habitación, con su hija en sus piernas, y su hijo dormido en su cama mientras Menelao escribía en cuero y tinta un mensaje para sus hijos-. Cuando seas mayor, y la nodriza te haya enseñado a leer, mi querida Hermione, quiero que le leas esto a tu hermano Nicóstrato -hablaba Menelao mientras escribía, y su hija, quien no comprendía, le abrazaba el vientre a su padre-. «Mi nombre es Menelao, y desde los 14 años de edad, viví enamorado de su madre, la hermosa Helena, una pequeña niña de cabellos de oro de, en ese entonces, tan solo 10 años de edad, pero que desde entonces ya era la dueña de mi corazón» -Hermione estornudó, y Menelao le sonrió-. «Helena solía pasear por los pasillos de Esparta, siempre tomada de mi mano o de mi cintura. Le tenía miedo a mi hermano Agamenón, y a todos los adultos que querían casarse con ella. Pero Helena era mía, y desde sus escasos 10 años le juré que la haría mi esposa» -Hermione comenzó a intentar jugar con la pluma de Menelao, quien la cargó, y le besó la frente-. «Helena y yo jugábamos al príncipe y la princesa enamorados y prometidos en matrimonio, pero yo era solo un criado, debía ser príncipe antes de hacerla mi reina. Viajé a Micenas, dejé sola a su madre, no volví hasta 6 años más tarde, y cuando lo hice, yo era un demonio desalmado, frio y si corazón. Pero solo el pensamiento de su madre me devolvía la luz, la esperanza, y el calor…» -Menelao le acarició la cabellera a Hermione, quien ya cabeceaba por el cansancio-. «El día en que gané su mano, volvimos a enamorarnos. Fuimos felices, ella me dio a los tesoros más grandes a los que cualquier hombre pudiera aspirar. Hermione, mi princesa de cabellos de color de laguna, la más hermosa de las princesas. Nicóstrato, solo eres un niño, pero mi sangre fluye en tus venas, serás grande e indomable, un verdadero guerrero, de corazón cálido y sincero» -Hermione estuvo a punto de caer de las piernas de su padre, pero Menelao la sostuvo, la cargó, y la colocó junto a Nicóstrato, tapándolos a ambos, antes de regresar a su escritura-. «Mis tesoros amados, mi princesa y mi príncipe, mi sangre y devoción. Cuando crezcan y lean esta carta, ¿se sentirán traicionados por sus padres? Sepan al leerla, que este es el acto de amor más fehaciente que invade mi mente. A su madre la bella Helena, la han raptado contra su voluntad. Me han robado a mi esposa, y a ustedes les negaron la madre que tanto los ama… me embarcaré, rumbo a Troya, tierra de los raptores. Hoy será la última noche en que los tenga en mis brazos, la última noche en que veo sus rostros de inocencia, de amor, de cariño, de esperanza, de calidez» -Menelao comenzó a llorar-. «Porque no hay nada más duro que un padre obligado a abandonar a sus hijos. Sepan que los amo con todo mi corazón, y que combatiré por un mundo en que los monstruos que hoy destruyen a nuestra familia, no destruyan la suya también. A Troya marcho, con mi corazón frio como el hielo, furioso, inexpresivo, sin mirar atrás, y viendo siempre al futuro. Sueño con un futuro en que ustedes mis niños, mayores, tal vez con sus propios hijos, príncipe y princesa, o rey y reina de sus propias naciones, miren a la entrada de Esparta y vean a su anciano padre, junto a la anciana más hermosa de toda Hélade. Entonces yo lloraré, y les diré: hijos míos… les traigo a su madre de las tierras de quienes nos la arrebataron, y les juro, que injusticia semejante no volverá a ocurrirles jamás» -Menelao tomó un instante para secarse las lágrimas, que ya caían en el cuero-. «¿Me recordarán cuando haya regresado? ¿Al menos me amarán? No hay forma en que pueda yo saberlo. Pero hoy, ustedes son mi luz y mi esperanza, la prueba definitiva de que amo a su madre y que ella a mí me ama. Mi único arrepentimiento por siempre será el no estar allí con ustedes, y ser un padre que los vea crecer… la guerra destruye familias, hijos míos… no me arrepiento de las elecciones que he tomado, y cargaré con toda muerte que mi venganza coseche… esto lo hago por amor… por todo hombre y toda mujer que adora a sus hijos… piensen en mí como un hombre de amor… no como la bestia en que he de convertirme por asegurar un futuro a las nuevas generaciones… con todo el dolor y amor que mi corazón de hielo es capaz de brindar… Menelao… Rey de Esparta… padre orgulloso… de los hijos más bellos… los amo tanto… espero en Athena el pronto volver a verlos…» -Menelao terminó su carta, y lloró sin consuelo.


Anfímaco: Bello por Fuera y Dentro.


Élide. Cementerio de Élide.

-Agástenes, mi querido amigo -mencionó Anfímaco, colocando una rosa frente a una estatua en Élide, donde se honraba al héroe caído en el ataque al Santuario de Atenas. Talpio y Políxeno estaban junto a él, ambos con sus ojos ahogados en lágrimas al igual que los de Anfímaco-. Llorar llenará mi rostro de arrugas, pero me purificará el alma. Juro por Athena el que vengaré tu muerte mi querido amigo, y que cuidaré a tu hijo, y de él estarás orgulloso -terminó Anfímaco.

-¿Qué caso tiene? -tembló por el dolor en su alma Políxeno, quien cayó en sus rodillas- Si Hades es el enemigo, ¿qué esperanzas tenemos? -Talpio se preocupó e intentó animarlo, pero Políxeno le golpeó la mano lejos de sí-. ¡Todos moriremos algún día! ¡Sea en la guerra o de enfermedad o vejez! ¡Hades tarde o temprano tendrá nuestras almas y seremos torturados en muerte! -lloró Políxeno con fuerza- ¿Por qué combatir a Hades? ¡Que haga lo que quiera! ¡Nada me regresará a mi padre! ¡Y si me levanto contra él únicamente sufriré en muerte! -Anfímaco suspiró, se quitó la capa, rodeó a Políxeno con esta, se agachó, y lo abrazó, permitiendo al joven llorar en su hombro.

-Todos llegaremos al Hades como lo has dicho, Políxeno -mencionó Anfímaco-. Pero solo se tiene una vida, y Hades podrá torturarnos en muerte, pero es lo que hacemos en vida lo que realmente importa. Porque en vida Hades no nos controla… en vida podemos abofetearle el rostro. Hades se cobrará de todas formas hágase lo que se haga, los mortales estamos destinados a ese sufrimiento antes de la reencarnación -pero Políxeno no encontraba consuelo en esas palabras-. Tu padre, Agástenes. Vivió sabiendo eso. Siempre vive tu vida al límite, es el único momento en que puedes disfrutar. El único momento en que se es realmente libre de elegir. No temas a lo que es inevitable, Políxeno. Vive por la esperanza y la felicidad. Nadie nació para sufrir, todos nacimos para vivir, y vivimos para encontrar la felicidad. La muerte es triste porque nosotros la hacemos triste. ¿Sabes lo que hay al final de la penitencia? -Políxeno lo negó- Primero vendrá la sentencia, luego la penitencia, y al final, la recompensa -y Políxeno comenzó a tener esperanza-. Hay un lugar en el Hades llamado los Campos Elíseos. Quienes han sido nobles en vida y valientes de corazón llegan a ese lugar. Tu padre, estoy seguro que llegará a ese lugar, donde la recompensa le aguarda, así como la felicidad. No temas a la muerte, Políxeno. Teme a no ser alguien en vida. Teme a no disfrutarla. El que muere triste y desolado, no llegará a los Campos Elíseos -Políxeno asintió, y Anfímaco volvió a abrazarlo-. Yo cuidaré de ti… y me aseguraré de que comprendas la naturaleza de la vida y la muerte… y que entiendas que ambas son hermosas… -Políxeno volvió a asentir, con el recuerdo de su padre incinerándole el corazón de esperanza.

Playa de Aulis. Día de la reunión de Aullis.

-Diosa Athena -habló Calcas, el Patriarca del Santuario, mientras Shana miraba a la playa, en dirección hacia donde ella sabía que se encontraba Troya-. Disculpe las molestias, pero, los últimos barcos de Esparta han llegado. Es el momento -terminó Calcas, retirándose, Shana entonces miró a Poseidón, sentado en una roca junto a ella.

-A mí no me mires. Mientras se hagan los sacrificios pertinentes yo convocaré océanos en paz -mencionó el niño a tono de burla-. Tú eres la Diosa de la Sabiduría en la Guerra, sobrina mía. A ti es a quien están encomendados la mayoría de los Aqueos. Ahora ve y recibe a tu pueblo -Shana comenzó a escuchar a los Aqueos, y tragó saliva con fuerza-. Estarás bien incluso si no tienes un discurso preparado. Confía en mí. Ni siquiera te dejarán hablar -sonrió Poseidón, Shana asintió y comenzó a subir la colina detrás de la cual Poseidón y ella se habían mantenido escondidos, y en el momento en que salió, y vio la playa, un tremendo grito de más de 100,000 almas, resonó con fuerza en toda Aulis.

-¡Salve Athena! ¡Diosa de la Sabiduría en la Guerra! -se escuchó una y otra vez, y Shana comenzó a sentirse nerviosa- ¡Tú puedes hija mía! -gritó Diomedes- Aunque bueno, ya no eres mi hija, eres mi diosa, pero yo sigo orgulloso de mi princesa -sonrió Diomedes, quien se encontraba junto a Odiseo.

-Tranquilo, Diomedes. Todavía no llegamos a Troya -lo tranquilizó Odiseo, Diomedes simplemente sonrió-. Oye… Diomedes, ¿crees que Príamo llegue a arrepentirse de su decisión de proteger a Paris? -Diomedes sonrió con malicia- Yo creo que definitivamente lo hará. 30 Pueblos. 1,186 barcos. 118,600 soldados, 46 Caballeros de Athena y 7 Generales Marinos de Poseidón… no está mal -Diomedes asintió-. No está nada mal… -los Aqueos, marchaban a la guerra.


Fin de la Saga de los Aqueos.

Comienza Troya: Año Uno.