Saludos queridos Lectores, miren lo que hizo tener vacaciones y una beta muy estimada leyendo todos los progresos 24/7, gracias Chris, eres genial y que sepas se logró este tiempo récord, por ti.

Quedo atenta a sus comentarios y espero les guste, háganmelo saber con sus opiniones y debatamos un poco los acontecimientos recientes.

Capítulo 64 ― Balanza I

La conocida luz de Derha destelló en el gran salón de la torre de arbitraje, donde los dioses mayores juzgaban a los involucrados en la confabulación de Kiyoku, allí establecían cuáles fueron los cimientos de la rebelión que finalmente tuvo lugar. La deidad creadora emergió naturalmente ya con los atuendos frecuentes del inframundo y las llamas argentas brillando en sus ojos esmeralda, así como la corona cristalina que hacía juego con la que su esposa Ceret ostentaba. En cuanto tomó asiento en el trono que le correspondía como primer pilar, observó a la bella mujer pelirroja a su lado y sostuvo su mano en la cual depositó un tierno beso, mirando significativamente sus ojos azules. La señora de la memoria sonora y estrechó los dedos de su amado cristal nocturno, murmurando brevemente en su oído, sobre los juicios que ya habían acontecido y en los que ella había ejercido su posición como representante del inframundo. Algunos de los casos, estaban relacionados con los dioses menores que habían confabulado junto con Kiyoku para la eliminación de las barreras dimensionales y el ritual que tuvo lugar en la bóveda del inframundo.

La hija de Tsukuyomi se sintió afortunada de la presencia de Ceret en su vida y reflexionó, lo cerca que estuvo de perderla. Darla por sentada fue su error, por lo que en este punto se aproximó con sus labios a su mejilla. —Te amo, Ceri… y estoy muy agradecida de tenerte a mi lado— susurró en su oído y con ello la sonrisa más radiante y enamorada que había visto nacer en ese rostro angelical. Derha podía convivir con la idea y admitió para sí misma, que se enamoró de ella poco a poco, con cada momento que compartieron juntas, con la amistad que siempre estuvo presente y permanecía en la actualidad.

Derha contempló a Susano-o en su trono y pensó en Zarabin… entonces susspiró como si fuera su alma la que se escapara para verla. Se mordió la mejilla desde la cara interna de su boca y volvió a sumirse en sus pensamientos, mientras apoyaba su barbilla en su mano con expresión perdida. Shizuru era su esposa ante los ojos de los mortales debido a la boda que ocurrió entre ellas cuando era Natsuki Kruger; pero no estaba completa, no era una diosa cuando aquello ocurrió, así que no tenía ningún derecho ante los ojos de los dioses, pues su marca de la unión jamás se separó.

Fue por esa razón que Susano-o mantuvo toda su potestad sobre Zarabin y no había nada que pudiera cuestionar de acuerdo a sus leyes. Odiaba el hecho de que el Gobernante de la Tormenta, la tenía resguardada en su palacio en la dimensión de los océanos.

Como Diosa, no tenía a Shizuru ni a Zarabin y como Natsuki… no… para Shizuru ella no era ni siquiera eso. Por si fuera poco, Susano-o la presionaba cada día exigiendo su restauración e insinuando que si no tomaba la chispa de Shizuru para sanar a su hija, jamás en el mundo volvería a verla ni mucho menos podría desposarla. Ciertamente, Susano no sabía que la conexión entre Shizuru y Zarabin era tan especial y compleja, que iba en doble vía… lo que significaba que si podía completar el pacto de unión con la castaña de Tsu, entonces también desposaría a Zarabin. Esta era la razón de fondo por la cual había sido tan persistente acerca de íntima con la futura madre de sus hijas, pues normalmente sería más que paciente; irónicamente y sin importar cuanto intenté cortar a Shizuru para hacerla su mujer y su esposa ante toda la creación… ella, simplemente la rechazó, no la quería, ni siquiera la deseaba más allá de un pasajero arrebato.

Esto era algo que hería su orgullo y apreciación propia, pero nada significaba su ego si la peor parte de todo esto era lo mucho que dolía en su corazón. No se sentía así desde que Zarabin le dijo que se casaría con Varun y aunque ahora conociese la verdad sobre ese hecho, no se sentía más cercana a ella que en ese entonces. Las dudas la asechaban y pensaba que Zarabin y Shizuru, quienes comparten algo tan profundo como la existencia misma, no la querían a ella, ni la querrían jamás. El sentimiento de insuficiencia no hacía más que crecer… tal vez solo pueden amar a la versión que se construyó a través de su ser mortal, solo importa Natsuki Kruger, y ella no significa nada al final de las cosas. Cerró los ojos con fuerza, sintiendo el escozor en ellos y cubrió su rostro como si le doliera la cabeza, mientras las voces continuaban escuchándose distantes, supo que Ceret habló en su nombre algunas veces más respaldándola como siempre. Incluso sintió su mano en su espalda, acariciando con suavidad, como si supiera cuanto necesitaba un abrazo ahora mismo.

Gracias a esto salió un poco de su propio abismo, abandonando la idea de desaparecer para dar paso solo a Natsuki Kruger, porque… amaba a Ceret y se valoraba a sí misma. No estaba tan ciega como para renunciar por completo a su propia consciencia en pro de otro ser, cuya voluntad podría cambiar con el tiempo. Por un momento consideró si debería renunciar a ellas y dejarlas ser del modo en que lo escojan, porque continuar mendigando su amor, la está matando un poco cada día y nada podría asegurar que haciendo tales sacrificios reciba de vuelta lo que se ha perdido. Todavía dudaba acerca de tomar el vial y recuperar a esa parte, ya que odiaba la vida de Natsuki Kruger y despreciaba profundamente lo mucho que alimentaba todas las heridas de su corazón. También pensaba, ¿qué consecuencias le traería? Ceret no es alguien que advierta cosas en vano y no es tan cruel para decir aquello solo para molestarla, tenía que admitir que sintió algo de miedo cuando ella le hizo esta advertencia con una expresión tan angustiada y molesta. Incluso como diosa, claro que sabía lo que era no sentirse amada ni valorada, conocía el desprecio y las traiciones, la pérdida constante… y eso era la vida de Natsuki Kruger, un recordatorio de las cosas más dolorosas que vivió, porque su vida mortal no era otra cosa que un castigo de los dioses. Shizuru era la única razón para intentar y ¿qué tanto la amaba si ella no podía evitarle tal agonía? Incluso cuando le dijo lo terrible que era para ella… realmente ¿debía vivir este tormento una vez más?

—Estableceremos el castigo de Kiyoku, a quien Shura venció y atrapó durante el caos de las grietas dimensionales.— Anunció Terim tan serena y magnífica como se espera de la joven dama de la verdad, trayendo de vuelta la atención de su hermana mayor. —Kiyoku ya fue juzgado y es de recordar que su voluntad se ha torcido más allá de cualquier punto de retorno, por lo que no hay salvación para él. Se le dio la oportunidad de morir en combate y ser sentenciado por la mano de la tercera espada, sin embargo, usó un cebo humano y vulneró la amabilidad de la diosa… sus crímenes son extensos y conocidos, así que hagamos justicia.

Múltiples voces se oyeron cada una con una idea para castigarlo, pero viniendo de las voces de seres con una jerarquía inferior, nadie se atrevió a decir lo necesario, ni siquiera estaba en duda la magnitud del castigo, porque solo la muerte era admisible ante tal número de fechorías.

—Si gustan, yo lo borraré de la existencia miembro por miembro… luego lo reconstruiré y lo borraré una vez más, repetiré este proceso en un millar de ocasiones dentro de una dimensión de bucle infinito. Luego lo encerraré en la misma prisión con el dios al que quiso liberar, para que Belor desquite su ira en él y no me agobie demasiado. Finalmente, después de un tiempo prudente, lo erradicaré de la existencia permanentemente, si es que Belor… no lo ha hecho ya por sí mismo.— Había una frialdad y falta de emoción en la voz de Derha, pero era claro que quien gobierna el inframundo conoce mucho más que el resto sobre como castigar las faltas de formas muy diversas. —Con un castigo así, ¿qué otro dios pensaría siquiera en repetir los actos de este insano hermano mío?

Un silencio sepulcral llenó el salón, por cuanto proponer tal cosa no era siquiera posible para alguno de los presentes, incluidos los tres gobernantes. Derha podía manifestar el poder de Belor y era por ello que su nacimiento había sido considerado un tabú, algo que podría desatar mil infortunios sobre el mundo e incluso causar su destrucción total, al mismo tiempo no había nada que ella no pudiera crear. Mencionar el hecho de que siquiera puede enviar a alguien a la prisión de Belor, no significa otra cosa, que tiene un potencial superior al de sus padres.

—Yo lo apruebo, el monarca del inframundo tiene razón. Con Kiyoku, nuestro castigo debe ser ejemplar. Eliminemos de raíz la maleza que ha infestado las mentes de nuestros súbditos.— Tsukuyomi fue el primero en hablar, estaba cansado de las concesiones que se habían hecho con este dios, simplemente por ser hijo de Susano-o y Amaterasu.

—Que así sea— También murmuró Amaterasu, siendo apoyada por Susano-o, quien solo asintió con la cabeza.

Llegó el momento de cobrar venganza, la plataforma reveló la figura encadenada de Kiyoku y las miradas de todos los reunidos se posaron sobre él, pero incluso entonces, el pelinegro no bajó la mirada y su postura altiva se preservó. Sus ojos soberbios, hechos del mismo color dorado que Amaterasu y Susanó-o… continuaban juzgando a sus captores como los culpables de todo el infortunio que recayó sobre él, sus hermanos y hermanas. Él había sufrido por tener que tomar el poder de los otros cuatro, pero era necesario para poner orden en las dimensiones superiores y hacer ver su error a todos aquellos dispuestos a escuchar. Los gobernantes eran tan vulnerables como ellos, después de todo, sus sentimientos eran la fuente de su debilidad.

—Ya no se te permite hablar, ponzoñosa serpiente— El gobernante de la luna selló la voz de Kiyoku, antes de que volviese a decir nada, pues notó los engranajes trabajando en su mente y sus intenciones. —Y tampoco obtendrás el desahogo de un grito herido, por todos aquellos que murieron sin poder exhalar su último aliento, por todos los que asesinaste en las sombras a pesar de sus súplicas.

Comprendiendo las intenciones de su padre, la mirada esmeralda manifestó el poder del vacío y de la creación simultáneamente, Derha levantó las manos y comenzó a trazar el destino de Kiyoku, con la zurda comenzó a extinguir los dedos de las manos del oscuro dios, cuyo rostro mostró la agonía sin poder emanar un solo sonido pese a su tormento. Los ojos de Kiyoku casi salían de sus cuencas, las venas de su cuello brotadas, su boca abierta sin poder musitar nada, mientras perdía partes de sí mismo que no podían regenerarse, fue expuesta la carne, los huesos y la sangre, incluso si ese líquido intentaba salir a borbotones por las heridas, se extinguía mucho antes de tocar el suelo.

—Propuse este castigo, porque al ser eliminado y recreado en la existencia, tu cuerpo jamás se adaptará a este dolor, ni podrás sanar pese a la sangre de los padres que te dieron vida.— La voz fría de Derha se escuchó en el salón, helando hasta los huesos de los escribas. Todos miraban con temor, mientras ella creaba un cristal con la forma de un pentágono, con su mano diestra, asegurándose de formar los sellos que darían lugar al bucle infinito.

Los presentes observaron a Kiyoku extinguirse hasta que su cabeza permaneció sin tronco y su cuello fue un muñón, se consumió su mandíbula y las mejillas. Fueron cuencas vacías… el lugar donde estuvieron sus ojos y al final fue su cerebro expuesto la última cosa por desaparecer, nervio por nervio, neurona por neurona. Cuando no quedó nada, Derha invirtió los roles de sus manos, y el mismo proceso a la inversa tuvo lugar, hasta que el dios de la Obsidiana fue recompuesto nuevamente. Ciertamente, su consciencia casi parecía perdida y la ira, el dolor y el terror era todo cuanto mostraba su faz. Con las paredes de su prisión rodeándolo, la desesperación más profunda cayó sobre él.

La joven de cabellos luminiscentes, no era gobernante del inframundo por nada y aunque nunca había castigado con saña a nadie, eligió este método en memoria de la muerte lenta que le llegó siendo Natsuki, cuando la obsidiana robó poco a poco su vida tras el ataque de Ankara en el templo de Fukka. La monarca completó las inscripciones del ciclo con la escritura arcana de su abuelo, el primer señor de la creación, dejando el bucle en perfectas funciones y estrechó a voluntad la prisión de su enemigo, hasta el punto en el que una preciosa joya transparente con núcleo dorado reposó en su mano. Era como un diamante de escarcha insertado en un precioso collar de Auroria, un elemento mucho más precioso que el oro o la plata de Aletis. —Este es el féretro que he creado para ti, Kiyoku… serás la joya más hermosa que se haya visto y tendrás el honor de permanecer en el cuello de aquella en la que más confío.

Terim no se sorprendió de recibir la joya que su hermana le entregaba, aunque se sonrojó por sus palabras. Levantó el collar por la cadena y con sus profundos iris verdes miró a través de las capas del cristal, la escarcha de trazos arcanos y el poder vibrante en su interior, notando como el bucle se activaba, haciendo que Kiyoku viviera este tormento una y otra vez en el más profundo silencio. Ceremoniosa, la dama morena lució la prenda en su cuello, aceptando la responsabilidad de ser custodia de este castigo, hasta el momento de la extinción permanente del ofensor.

No hubo un solo ser dispuesto a refutar, por cuanto la reserva y el respeto temeroso, se había sumergido en ellos calando hasta los huesos y en su memoria, Ceret se aseguró de que fuera de esa forma. Nadie pondría en duda el poder del inframundo en el futuro, dado que su voz y su voto comenzaba a equipararse con la voz de un gobernante, pues ahora resultaba evidente, que Derha no solo tenía el poder de castigar a los mortales, también podía hacerlo con los dioses.

Se dio paso a la siguiente fase de los juicios, en el centro del salón, observaron la pequeña dimensión que contenía a los prisioneros, era un estadio de luz artificial sin gravedad, creado específicamente para eliminar los puntos ciegos. Desde la perspectiva de los cautivos era lo más cercano al vacío perpetuo, pero perfectamente iluminado, y eso en sí, ya era una tortura, pues ya no tenían acceso al animus que los alimentaba. Claro que Derha los reconoció, muchos de ellos participaron en el ritual que la convirtió en él… en Belor, el destructor. Apretó la mandíbula y la dama a su lado, le consoló con un beso en los tensos nudillos.

—Estos dioses atentaron contra la continuidad misma de la creación, obra culmen de nuestro honorable abuelo. Es por esto que sugiero la extinción de todos los dioses que participaron en el ritual, pues Belor es la mayor amenaza que hemos enfrentado a lo largo de las eras.— La voz de Elfir se escuchó en el pulcro salón y las esmeraldas del monarca cristalino se preocuparon un poco por su enorme palidez, por no mencionar la irritación de sus ojos.

—Fue la gran voluntad de Ceret y Derha, pilares del inframundo… la que impidió el control total de este ser en el receptáculo que la profecía estableció.— Apoyó Shura, cuyo rostro no se veía mejor que el de su hermana menor, incluso parecía que había estado luchando en los momentos recientes. —Es su honor el que fue manchado, ¿no deberían ser los agraviados quienes establezcan la forma en que ha de ejecutarse el castigo?

La aludida entendió que si continuaban juzgando a esos dioses uno por uno, mucho de su tiempo se perdería. —Propongo que se exponga en mi memoria a todos los dioses que participaron del ritual, se establezca un castigo general si es que mi querida Terim, no encuentra otros pecados que castigar.

El silencio de los otros dos gobernantes dio a saber su aprobación tacita. —Entonces déjanos verlo, señora de la memoria— Dijo Amaterasu mirando con afecto a Ceret e instándola a hacer uso de su poder.

La pelirroja obedeció a su madre y las memorias que las dos compartieron ese nefasto día fueron expuestas, desde la trampa y los juegos de Luzine, los numerosos aliados, las diatribas verbales. Los corazones fueron conmovidos y la ira tensó la expresión de Tsukuyomi creando frías, capaz de hielo a su alrededor y cristales que usaría para jugar tiro al blanco. Su enfado alcanzó alturas insospechadas cuando vio la tortura a la que fue sometida su hija y la esposa de esta. Por su parte, Amaterasu se mordió la boca intentando mantener sus emociones a raya, pero comenzó a irradiar rayos de luz desde sus cabellos y sus ojos. Ateşi elevó sus flamas hasta la cúpula y quemó algunos de los papiros a su alrededor. Para los dioses menores las manifestaciones de los grandes era algo temible y no entendían como es que podían existir cerca el uno del otro.

Las voces de los tres grandes se pronunciaron afirmando unánimemente la idea y con ello, los juicios avanzaron a pasos agigantados. Cada ser fue erradicado por el fuego argento de la deidad del Inframundo sin ninguna clase de contemplación o piedad y la esfera que contenía a los prisioneros se fue vaciando mientras los siguientes esperaban su destino. Derha lo ejecutó así, porque una vez la primera ejecución tuvo lugar y uno de ellos fue empalado por uno de sus cristales y carbonizado como una brocheta en la flama azul, el terror y el espanto que padecieron los otros, trajo el caos dentro de la dimensión artificial. La verdadera naturaleza de cada uno de aquellos seres salió a la luz mientras intentaban escapar en vano, pues se asesinaron entre ellos. Entonces el primer pilar quemó los restos hasta llenar de vacío la esfera. Al final, y como la cucaracha que era, la única criatura viva en el lugar resultó ser Luzine.

La criatura que bien recordara a un hada, con sus brillantes cabellos dorados y sus grandes ojos grises, se había bañado de la sangre de los seres con los que se batió para mantenerse con vida. La vista de ella era atroz, pero no traía ninguna conmiseración a los ojos de Derha, quien acariciaba el envés de la mano de Ceret, como si intentara protegerla de esa infame mujer, aquella que alguna vez la miró con un afecto obsesivo haciendo la peor cosa.

—No perderé mi tiempo con una criatura insulsa. ¿Por qué no la eliminaste como a los demás? ¿Derha del inframundo?— La voz grave y molesta de Susano-o intervino, aplicando un sello de silencio en la deidad de las fantasías.

—Las faltas de esta criatura son más grandes, es necesario conocer que tan profundas fueron las raíces de sus embustes.— Respondió la monarca. —Ella fue la mano derecha de Kiyoku que lideró el ritual, no me cabe duda de que conocé toda la red de sus aliados y sabe de los pecados más profundos que nosotros no atisbamos a primera vista.

—Si intentáramos juzgar a todos los aliados de Kiyoku, haríamos bien en dudar de la mente frágil que posees, monarca. Tú fuiste el instrumento más fuerte con el que su ejército contó.— Los ojos dorados de Susano-o miraron con reproche a la joven bajo su ceño fruncido. —Causaste más daño en las dimensiones con tu interferencia que todos ellos unidos en justo combate.

—No por mi voluntad…— aclaró Derha con voz fría, luego miró con burla a Susano-o. —Se necesitaron centenas de dioses para atacar la 'frágil' mente que poseo, incluso tú podrías haber sido controlado, pero claro… tú no eras tan útil como yo lo sería.— La hija de Tsukuyomi sabía que ninguna otra criatura habría tolerado tanto y que su destino estuvo marcado por aquella maldita profecía. —En cambio, tú… que eres el padre de ese dios, dejas mucho que desear.— Negó con la cabeza, delatando su decepción. —Kiyoku mató a cuatro de sus hermanos y obligó la desfragmentación de otras dos de sus hermanas. Pero tú abogaste por él, pese a perder a seis hijos, pese a que su falta fue seis veces más grave. ¿Realmente te parecen tan prescindibles tus hijos? Si lo hubiera sabido, no habría lamentado demasiado la muerte de Varun, aquel que quiso violar a tu hija favorita.

—¡Jamás desposarás a mi hija!— Respondió el señor de la tormenta más que insultado. ¿Derha se había atrevido a burlarse de la muerte de su hijo en sus narices? Casi no podía creer que no estuviese rogando su perdón ahora mismo, si es que quería volver a ver a Zarabin. ¿Hay algo que desconoce entonces?

—Derha, hija mía. Este no es el lugar para discutir tales cosas…— intervino Satis, para disgusto de Amaterasu quien apenas toleraba el hecho de que esa mujer tuviera el descaro de intervenir.

—Me disculpo, madre.— La deidad de melena luminosa reverenció suavemente a la señora de las estrellas, pues no olvidaba el respeto que le debía.

—¿Cuál es la razón por la que ansías escuchar lo que Luzine tiene para decir?— Amaterasu habló, no queriendo ceder terreno ante Satis, si es que esperaba recuperar a su hija alguna vez.

—El honor mancillado de mi esposa.— Respondió Derha manteniendo a Ceret lo más cerca posible. —Que sea expuesto su engaño y su abuso sobre mi mujer, así cesen las murmuraciones sobre su dignidad.

—Entonces, escuchemos— Esta vez fue Tsukuyomi quien apoyó a su hija, siendo secundado por la deidad solar.

Derha deshizo el sello de silencio que Susano-o puso en Luzine, lo cual delató una vez más que su poder había crecido al nivel de un gobernante, lo cual solo tensó un poco más. —Luzine de la fantasía, confiesa tus crímenes y tal vez, el castigo sea menos doloroso que el de Kiyoku.

—Soy Luzine de la fantasía, nacida en la dimensión del sol.— murmuró la joven rubia levantando la mirada para ver a la pelirroja de ojos turquesa. —Soy una deidad de menor jerarquía que ha obedecido fielmente a sus superiores sin cuestionar sus voluntades. Tan solo hay una cosa que lamento en mi corazón… haberte herido, Ceret de la memoria.

—Deja que mire en tu consciencia…— Susurró Terim, ejecutando el ritual de la balanza, extrajo una réplica perfecta del corazón y la consciencia de Luzine, luego tomó una pluma de sus preciosas alas para evaluar la paridad, sorprendentemente la diferencia era menor a la esperada. —Dice la verdad. Habla sabiamente Luzine, pues no tienes otra oportunidad como esta.

—Las fantasías esconden deseos y los anhelos no siempre son buenos. Pues desde la primera vez que manifesté mi poder, conocí desde las cosas más dulces hasta los deseos más retorcidos que guardaban los corazones de los seres a mi alrededor. Durante años serví a cada deidad cuya jerarquía fue superior y obedecí su voluntad de acuerdo a la ley. Fui un medio que hizo más placentera la vida de muchos seres, y gracias a ello fui escalando posiciones poco a poco…— Luzine miró significativamente al pelinegro de ojos dorados, con una sonrisa que heló la sangre del gobernante de los mares, insinuando que encontrara el modo de liberarla.

—Sabiendo que no todos tus actos estuvieron llenos de maldad y Terim, reconocerá la verdad. Si nos informas de situaciones relevantes como los nombres de los aliados de Kiyoku que aún no conocemos, consideraremos un castigo en el que puedas preservar la vida.— Dijo Susano-o tratando de asegurar que aquella mujer hada mantuviera la boca cerrada al menos por el momento, porque luego podría resolver tal inconveniente silenciando permanentemente esa ponzoñosa lengua.

Luzine se limpió la cara sin éxito y Shura la baño con agua para lavar las impurezas, pues el olor a sangre que desprendía era todo, menos agradable. Agradecida, relató sus circunstancias. —Después de años de largo trabajo, se me designó servir al primer hijo de la magatama, Kiyoku de la obsidiana… por ese entonces, él ya ambicionaba cambiar el orden de las cosas y juzgaba extremadamente injusta la tarea que se le había asignado. Kiyoku me usó para conocer los deseos de los dioses, a muchos pudo moverlos en su dirección, proporcionando los objetos de sus fantasías, haciéndolas realidad y a aquellos con los que no pudo coincidir… los exterminó con tal de mantener su secreto— A nadie le sorprendió oír tal cosa, después de todo extinguió a sus hermanos para hacerse con el collar de las 90 perlas y las 10 magatamas elementales. —Yo misma temía por mi vida, si es que no lo obedecía, pues fui testigo de su crueldad.— La mujer se hizo ver lamentable a los ojos de los presentes y con el acuerdo que le fue tendido, tomó su oportunidad.

El proceso tardó el suficiente tiempo, se escucharon los nombres y las circunstancias de todos los seres que había traído a los brazos de Kiyoku y de acuerdo al pacto mencionado, se acordó mantener la vida de Luzine. La mujer de alas transparentes se arrodilló y mirando a Ceret con súplica pidió ser escuchada por aquella a la que adoraba. —Mi señora, ¿me permitiría pedir perdón por mi falta?

—Dime lo que lamentas Luzine— Habló esta vez Ceret, aún dolida por las cosas que ella le había hecho, después de todo había sido su amiga en los paraísos y por eso su traición fue más dolorosa. —Y tal vez, sea clemente.

—Lamento haber nacido como una deidad menor, con la divinidad de la fantasía. Hasta la vida de una nila, pudo ser más dichosa si se me hubiera permitido servirte desde el inicio de mi vida.— Admitió con pesar la joven de ojos grises sin dejar de ver a Ceret con la culpa plagando su mirada. —Conocerte fue como ver la luz finalmente y lamento, que mi codicia, me hizo incapaz de mantener la distancia. Trabajamos en los paraísos y me encandilaste con tu gentileza y con tus tiernas fantasías. Moría poco a poco sin poder amarte… Me rechazaste cuando supliqué ser tu amante, incapaz de faltar al honor de una esposa. Fuiste leal a Derha, quien nunca mereció tu amor y aun así la esperaste…— musitó con tristeza, diciendo las palabras siguientes con la intención de limpiar el honor de Ceret, como la esposa fiel que había sido. —Sepan todos, yo soy culpable de haber usado mi divinidad para traer fantasía sobre Ceret y en la vendimia tomé la forma de Derha su esposa, para poseerla.— Confesó y con ello los murmullos abundaron en la sala.

—Violaste la confianza de mi hija— Reprochó Amaterasu, ardiendo de ira. —Se te dio la tarea de nutrir los paraísos en una posición privilegiada. Pero mancillaste el cuerpo del tercer pilar y su honor fue entredicho por tu causa. Sea sabido que mi Ceret es una digna esposa y que tú la ultrajaste…— Una mirada de la gobernante del sol y los escribas tomaron nota, ya pronto se difundiría la verdad sobre esto. —¿Aun así te crees digna de merecer el aire que respiras?

—Es la naturaleza de lo que soy, me cegó el deseo, me venció mi propia fantasía, pues Ceret se convirtió en todo lo que anhelo.— Explicó Luzine con una súplica en su faz. —Perdóname, mi amor no fue tan puro ni paciente, como para esperar el retorno de tu esposa y solicitar su permiso.— La mirada gris se posó esta vez en Derha. —No sabés lo insoportable que era contemplar el llanto que vertía en tu nombre, esto ha sido toda tu culpa primer pilar.— Estas palabras llenas de reproche fueron arrojadas sobre el orgullo del monarca del inframundo, quien sabía el peso de esa verdad, había hecho daño a su esposa aun sin desearlo. —Quise dar sosiego a su larga espera, pero… me perdí a mí misma cuando sujeté su mano, al besar su boca y… sentir su amor.

—¡Callate!— Gritó Derha no queriendo saber lo que esa mosca rubia le hizo a su mujer. —Por violar a mi esposa, te destrozaré cada día… ¡Te prometo que no saldrás con bien de aquí! ¡Vivirás el peor de los destinos y desearás morir cada vez!— la de mirar esmeralda perdió los estribos, muriendo de celos e ira por la idea de imaginar lo que pudo ser en esa infausta ocasión.

Luzine negó con la cabeza, ignorando al primer pilar a quien Shura y Elfir retuvieron con mucha dificultad. Sin dejar de mirar a Ceret, la mujer hada musitó de nuevo. —Incluso en mis más atroces acciones, celebro tu nacimiento, pues si yo no hubiese obedecido a mi señor, tú mi amada Ceret… jamás habrías nacido y no habría conocido lo más cercano a la felicidad.

—¿Qué dijiste?— La voz de Amaterasu se escuchó y a su lado Ateşi miró confusamente a la criatura de las fantasías. —¿Cómo te relacionas con la concepción de mi hija? ¿De qué señor hablas?

—Usa dominio y hazme esclava de Ceret, sabrás así que jamás intentaré nada, ni siquiera con el pensamiento, entonces pagaré mi pecado a su servicio por toda la eternidad.— Luzine no usaría su mejor carta por poco. —A cambio te diré por qué perdiste a tu querida Luna y a la niña que de ella nació.

Un silencio sepulcral se formó ante las palabras de la acusada, Derha dejó de forcejear con sus hermanas y miró a su esposa, quien la sostenía por la cintura, aferrándose como si la vida se le fuera en ello. Ceri era tan ligera que casi ni la había sentido en medio de su enfado y apenada por su descuido la abrazó y besó su cabeza, pensando que se tardó demasiado en comprender lo valioso de su cuidado y cariño. Con ella en sus brazos, observó a Luzine y pensó, ¿alguien había orquestado su orfandad y la separación de sus madres? Casi no podía creer que algo como eso siquiera fuera posible.

—¡No permitiremos tus chantajes!— Susano-o aprovechó la duda en los rostros de los asistentes y lanzó un rayo letal en la dirección de Luzine. Las corrientes atravesaron el cuerpo de la mujer, carbonizándola por dentro hasta que su ser se desmoronó en pedazos a la vista de todos y con ella, siendo asesinada en el tribunal, el secreto se había desvanecido. —No perdamos más tiempos con gusanos como este, bastante ha sido el trabajo que nos trajo esta revuelta como para dar vueltas con indicios inventados. No caeremos de nuevo en estos juegos.

Quienes habían contenido el aliento, soltaron el aire y algunos parecieron aliviados, por cuanto la criatura se llevó el secreto a la tumba, Satis dejó de temblar en su asiento. Los ojos de Amaterasu no daban crédito a lo que pasaba y en su mente, el pensamiento de que todo lo había perdido en su corazón, había sido urdido por un enemigo en las sombras, hizo arder su pecho. —Eso, debía decidirlo por mí misma. Susano-o…— Decía la solaris, sin poder creer que Tsukuyomi no mostrara el más mínimo interés por algo de tal magnitud, como si no se hablara de su ruptura, de su hija o de los momentos más importantes. ¿Tan poco había significado todo aquello para él?

—¿Qué importa eso? Si vas a perder nuestro tiempo no tendré consideraciones, demasiado hice al conceder que hablara y lo hice en afecto del honor de Ceret cuya dignidad ha sido restaurada— Refutó el tercer hermano con una sonrisa condescendiente. —Ella era más que culpable, perdonar sus pecados a cambio de una mentira es una tontería. ¿Cuál es el siguiente caso?— Más que confiado, el de los océanos se acomodó las mangas de su ropa. A su espalda, Přistát miraba con curiosidad las circunstancias, más aún al sereno y silencioso señor de la Luna, cuya voz no se había pronunciado.

—Si vuelves a actuar de esa manera, tendrás un desacato y solo se permitirá a Přistát en esta torre.— Advirtió Amaterasu, esperando que Tsukuyomi estuviera a favor de su propuesta.

—Ya lo más importante se ha resuelto. ¿Quieres que me vaya? ¿Quieres que deje a mi esposo en este lugar con espías y víboras?— El pelinegro sonrió burlonamente. —Oblígame…— Dijo, con soberbia y ya sin preocupación alguna.

—Si alguna vez dejarás de comportarte como un niño, ¿sería demasiado pedir?— La voz grave de Tsukuyomi se oyó finalmente, en su rostro normalmente vacío de emociones sus ojos se llenaron de una gelidez azulina, pero Derha reconoció el brillo de una sonrisa naciendo en su boca. —¿Quieres que sea yo el que te obligue?— Había una tonalidad de reto en su voz, mientras dejaba a un lado el abrigo externo que siempre usaba. Satis miró sorprendida a su marido, considerando el hecho de que realmente estaba dispuesto a pelear físicamente contra él, una cuestión que se evitaría normalmente con su sabia diplomacia. ¿Qué le pasaba a Tsukuyomi?

El señor de los mares se sorprendió por las palabras del albino, incrédulo ante la fiereza que mostraba finalmente. No era frecuente que este hermano suyo lo retara tan directamente o que expusiera su piel blanca, tan tranquilamente. Miró la seda azul, los pectorales perfectos que antes escondía el abrigo, dejando todavía tanto a la imaginación, por lo que desvió la mirada más que molesto. El silencio repentino de Susano-o extrañó al joven rubio que ya pronto daría a luz a su hija, la única otra niña, además de Zarabin. Přistát no pudo evitar un desagradable sentimiento en su pecho, ¿acaso su esposo había mirado con deseo al señor de la luna?

Tsukuyomi no se dio por enterado de las circunstancias, ni de los corazones ansiosos en la torre, como si ignorara su propio encanto, pues reflexionaba en el actual predicamento. También quería saber a qué se refirió Luzine, pero la joven estaba muerta y los sirvientes retiraban sus restos del centro del salón, el olor a quemado aún permanecería. Se prometió a sí mismo que esta vez no dejaría que la vanidad de su hermano siguiera inflándose. Una solución vino a su mente, pues conocía la profundidad de los dones de sus hijas y estaba claro que la mayoría las habían subestimado. Miró la balanza sobre la mesa principal, Terim ya había recreado la gema del corazón de aquella chica, una réplica exacta de la consciencia y las intenciones del ser. Aquel elemento, normalmente usado en la balanza, era mucho más precioso de lo que los sobrenaturales siquiera imaginaban…

Incluso las acciones de su terco hermano no podrían ocultar los hechos. —Terim, muestra la magnitud de tu poder verdadero, usa la gema del corazón para mostrarnos la verdad de las cosas.

—He aquí el corazón y la consciencia de esta criatura… su voz aún puede ser escuchada. Pues la verdad es imborrable.— confirmó Terim sin dejar de mirar al gobernante de los océanos con bastante sospecha. Tomó en su mano, el corazón de Luzine que permaneció en su balanza todo este tiempo y dejando caer un par de gotas de sangre en él, el espectro de la esencia de Luzine emergió, como una imagen ligera y translúcida. —Hablame de la verdad, ¿cuál es ese secreto que has guardado?

Luzine, quien ni siquiera estaba consciente del final de su vida, no era más que el instrumento de un poder superior, uno que la abrumaba y la obligaba a hablar. Comenzando a relatar la verdad que había escondido, con la esperanza de usarla a su favor en el momento más aciago, y aunque en vano, su voz se escuchó:

Conocí a mi señor, en la morada de uno de los generales que frecuentemente contrataba mis servicios. Ellos se reunieron en las mansiones ocultas dentro del reino de Aletis, en la frontera con el gran abismo, donde el mar perpetuo cae a la nada. Los dioses de mayor jerarquía solían hacer uso de mi poder para crear fantasías tan perfectas, que sería imposible distinguir la realidad de aquellas visiones maravillosas. El tacto, el oído, los ojos y hasta el gusto, fueron engañados por mi mano a un precio justo; y todos ellos se sumergieron en los placeres más profundos de sus anhelos más secretos, sin negarse ninguna perversión. Él no fue la excepción… me compró y me obligó a proveerlo constantemente de las fantasías más lubricas, dadas al amor que jamás pudo tener para sí.

El mutismo llenó el tribunal, el espectro de Luzine levantó la mano, de ella brotó una espesa niebla que hizo las veces de cortina y en ella se proyectó la imagen del dios de la tormenta, siendo un tanto más joven y delgado. En la fantasía, el pelinegro, de ojos rojizos y piel morena, se desnudaba sumisamente bajo las fuertes manos de otro hombre, alto y de piel blanca, cuyo rostro se ocultaba por un velo negro. Los reunidos vieron al más formidable y tormentoso dios, ser embestido vigorosamente por un musculoso ser, que lo tomaba una y otra vez con la rudeza de un voraz semental. La voz, ahora más aguda del gobernante marino, suplicaba por un poco más, cuando el amante oculto jalaba la cadena en su cuello, como si se tratara de un mastín al que debía domar…

Mi amo, se llamaba Susano-o… y estaba enamorado, de su hermano mayor, el universal Tsukuyomi, quien le era indiferente. Se complacía siendo tomado por la fuerza en sus fantasías, como si creyera que alguna vez, el joven señor de la Luna, no podría controlarse al verlo.

¿Habían escuchado bien? En cuanto Tsukuyomi entendió que el domador del velo negro, era la representación fantasiosa de su versión masculina, la más incómoda vergüenza asomó en sus mejillas, pues realmente se sintió asqueado. Estrechó la seda azul sobre su pecho, para asegurarse que ninguna parte de su piel estuviera expuesta a la vista ni a las imaginaciones perversas de su hermano.

—¡Es una falsedad!— Gritó Susano-o, con la vergüenza ardiendo hasta en su cuello y la desesperación llenando su rostro. —¡Yo no siento nada por ese imbécil!

Terim, tan impactada como contrariada, extendió sus preciosas alas y dejó ver que ni una pluma había oscurecido en su ala izquierda, la cual estaba más próxima a Luzine, mientras que el plumaje más cercano a Susano-o se tornó más negro que el carbón… delatando su mentira. —Ella dijo la verdad.

El gobernante de los mares quiso refutar, pero el frío que sintió en su espalda pronto le heló la sangre, pues comprendió que su esposo había visto todo aquello. ¡No solo eso! Sus hijos lo habían visto también. Cuando volvió la mirada sobre ellos, la mayoría estaban deseando lavar sus ojos con algún ácido capaz de cegar, salvo porque podrían solicitar la bendición del olvido a Ceret, si con estas declaraciones no resultaran ser enemigos al final.

—Niños, necesito ir a casa… no me siento bien— Přistát tenía el rostro totalmente descompuesto de amargura y la ira se confundía con la decepción más profunda. Obedientes a la voluntad de su papá, los 5 príncipes de la dimensión de los océanos, rodearon a Přistát como si con ello pudieran mantenerlo a salvo y lejos de las perversas manos de su padre, a quien miraron con desdén.

—Alden, Lakshmi, Oren, Valiant y Zarem…— Susano-o llamó a cada uno de sus hijos por sus nombres, consciente de que había perdido el respeto de sus muchachos. —Les ordeno quedarse,— masculló con un tono de advertencia, pero ellos no cedieron ni un centímetro. —¡Přistát! No seas absurdo… ¡Soy tu esposo! ¡Yo no te he sido infiel!

—Dime por Terim, si en nuestro lecho te atreviste a tenerlo a él en tus pensamientos… si al intimar deseaste sus manos en lugar de las mías, o sus besos, si lo querías a él en mi lugar— murmuró el hombre rubio de triste iris verdes, sosteniendo temblorosamente su abultado vientre. Pero su esposo, quien juraba no serle infiel… no respondió. Con el silencio, se hizo obvia la respuesta. —Ya no más Susano-o, si al que amas es a Tsukuyomi… yo no seré un pobre reemplazo nunca más— No pudo evitar el llanto cayendo a borbotones por sus mejillas, antes de ser escoltado a la dimensión de los océanos por sus 5 hijos.

La tensa barbilla de Susano-o delató la ardiente ira en su pecho, caminó hasta el centro de la sala. —No necesitarás más de los relatos de ese espectro, pues yo mismo he de contarte lo que fue.

Derha también se levantó de su trono, dejando a Ceret al cuidado de Shura y Elfir. —¿Entonces me odiaste solo porque no pudiste tener a mi padre?— caminó serenamente entre Susano-o y Terim asegurándose de mantener a salvo a su hermana pequeña con su forma masculina emergiendo maravillosamente. Derha sería cuidadoso si una pelea ocurriera y quería mantener la atención de Susano-o sobre sí mismo. Miró con repugnancia al gobernante y luego sonrió irónicamente. —Qué pusilánime.

Nada de eso le importaba a Susano-o, quien había perdido a su esposo e hijos por una jugarreta de un ser extinto, debió matar a Luzine en cuanto fue capturada. Pero ya nada de eso importaba, quería venganza, así que miró sin pudor a Tsukuyomi, pues ya no tenía que esconder sus deseos por él. —Serás mi juguete un día, más que un juguete… serás el trono en el que me siente.

Las implicaciones ofendieron a todos, Satis quiso alejar esa mirada libidinosa del cuerpo de su marido más que agraviada por tales atrevimientos, pero eso solo hizo reír a Susano-o. —Por ejemplo, ¿Sabías que la esposa que te venera suplicó por ayuda para conquistarte? ¿Y qué crees que pasó?— El moreno levantó su ceja más que divertido. —Le pedí a Luzine que la convirtiera en tu fantasía, por una noche, bajo el influjo afrodisiaco de la deidad de la comida y la bebida, a fin de romper tu relación clandestina con Amaterasu.

—¿Qué hiciste Susano-o?— Amaterasu preguntó con una voz amenazante, mientras sus ojos buscaban la mirada plateada del ser al que había despreciado por motivo de esa infidelidad. No le había creído sobre un relato tan inverosímil, simplemente porque no pensó que pudiera existir una variante como Luzine, de quien no conocía en profundidad la magnitud de su poder.

—Nada, salvo poner a prueba el amor que decían tenerse una a la otra.— Dijo tranquilamente Susano-o, volviendo a mirar el rostro estupefacto del dios de melena e iris plateados, cuya gelidez se hacía más profunda, pues finalmente mostró una mueca de desengaño en su rostro. —No se me ocurrió pensar, que por tu dolorido corazón permanecerías en esta forma tan deliciosa y prohibida. ¿Por qué no pensé en convertirme en esa fantasía? Habrías sido mío, y yo estaría en el lugar de Satis.— Se burló, antes de confrontar a la dama de las estrellas, cuya mirada mostraba el temor del repudio que el albino le mostraría.

—Mi luna, no es de la forma en la que él lo dice.— Trató de defenderse Satis, pero su esposo mantuvo la barbilla tensa y un silencio sepulcral.

—¿Realmente pensaste que Tsuku el frío… te amaría?— Cuestionó sonriente el pelinegro, mientras miraba los ojos ardientes de la mujer morena de las estrellas. —Pero lo capitalizaste más allá de mis imaginaciones.— Levantó los hombros como si no supiera nada y fuese el más inocente de todo. —Dime Satis, ¿Por qué no te detuviste cuando te llamó por el nombre de su amada Asu? Pensar que incluso le solicitaste un vínculo de carne y hueso— Con sus palmas, señaló a Terim quién era el resultado de la mentira de aquella noche. —¡A mí no me hubiera ocurrido!

—Yo también creí que era una fantasía, decían que era muy reales…— Tomó la mano del albino. —Fue la primera vez que usé los servicios de Luzine. Eras inalcanzable para mí, por lo que ni siquiera sabía que realmente eras tú cuando entraste en la habitación, yo solo quería saber lo que sería ser amada por ti— Refutó nuevamente Satis, molesta porque ese hombre lo tergiversaba todo. La realidad es que entendió lo que había pasado al día siguiente, pero ya estaba embarazada de Tsukuyomi y él le pidió matrimonio un mes después. ¿No sería estúpida si lo hubiera rechazado? —Mi amor por ti es real, te lo juro.

Muy a su pesar, Terim sabía que ese hombre no mentía y un dolor inmenso llenó su pecho, porque había sido el error de una noche. Tragó saliva, intentando apagar el nudo en su garganta, pues comprendió que había sido la cadena usada para apresar a su padre y que su madre, aunque realmente amaba a su padre, fue la herramienta que alguien más utilizó para tal fin.

—Mi hija es mi tesoro.— Murmuró Tsukuyomi, tomando la mano de la niña pelinegra de piel canela que había comenzado a sollozar silenciosamente. —Fuiste mi anhelo genuino, Terim… y nada va a cambiar eso.— Abrazó a la menor, mientras Derha acariciaba la espalda de la más joven, tratando de consolarla.

—Bien, nos veremos dentro de… un par de milenios.— Chasqueó la lengua. —Derha, jamás intentes llegar a mi morada, porque te juro que no volverás a ver a Zarabin.

Aquella fue la gota que rebasó el vaso, Susano-o había cometido atrocidades tales, sin la más mínima consciencia, la brújula moral de ese hombre se había perdido, tal vez desde su nacimiento. Y Derha ya estaba harto de que ese maldito gobernante usara sus sentimientos como un cebo, ¿realmente creía que era tan idiota? ¿Pensaba que musitar el nombre de Zarabin era suficiente para tener un juguete a su disposición? Ya no más. Hizo gala de su abrumadora velocidad y antes de que el señor de los océanos abandonara el lugar viajando a través de la luz, lo embistió con su fornido ser.

Ambos dioses dieron tumbos en el suelo, girando y destruyendo las cosas a su paso, Susano-o quedó debajo del ser luminiscente cuya fuerza atronadora impactó en la forma de puño en su cara. El gobernante, de ojos rojizos como el magma, fue tomado por sorpresa y apenas pudo reaccionar golpeando los costados de su enemigo, sin siquiera poder defender su cabeza, el señor de la tormenta no imaginaba que sería sometido por el primogénito de Tsukuyomi.

—¡Hiciste llorar a mi hermanita!— Reclamó Derha con aquella voz grave, mientras sus puños asestaban golpe tras golpe. —¡Le hiciste daño a todas mis madres!— Añadió, golpeándolo aún más fuerte y llenando sus puños del líquido dorado, que poco le importaba destrozarse las manos, pero saben los dioses que realmente había querido destrozar a este hombre desde hace tiempo. —¡Zarabin no es una maldita zanahoria que puedas usar para tentarme!— Juntó sus manos como si fueran un martillo y dejó caer el golpe con una fuerza tal, que los dos cayeron varios pisos abajo.

Los seres sobrenaturales y dioses menores se apresuraron a escapar de la torre, conscientes de que una pelea entre los gobernantes, podría extinguir incluso una dimensión entera. Se oyeron explosiones, golpes cuya fuerza rememoraba los impactos de los truenos en la tierra y nadie quiso quedarse a corroborar quién estaba siendo apaleado. El sonido de la tierra estremeciéndose, junto a las grietas en las columnas, advertía de la fuerza desmedida que usaban los dioses en conflicto, pues la torre estaba hecha de los materiales más fuertes de toda la creación.

Susano-o había usado cada elemento para defenderse, el rayo que carbonizó a Luzine de un solo golpe, apenas quemó la espalda de su oponente. El agua y el viento, le hicieron cortes en múltiples puntos, mayormente los costados, dañando la parte superior del atuendo del monarca y revelando cada vez más piel. Era como si Derha eliminara todas las cosas a su alrededor mucho antes de que pudieran ser efectivas, así el daño era insuficiente. Él, en cambio, tenía el rostro desfigurado, huesos rotos y lesiones que ningún enemigo había podido ocasionarle incluso en los años de las guerras. ¿Cuándo el cuerpo de este dios imberbe maduró tanto?

Advirtiendo la derrota inminente y sus sentidos, comenzando a desvanecerse con el agudo dolor que el primer pilar le ocasionaba descontroladamente, impacto tras impacto. Susano-o se aferró a las ropas de la deidad estrangulando la tela, cuando algo del aspecto de un vial cayó sobre su pecho. Temiendo que fuera una daga, sujetó el cristal lo más rápido que pudo y cuando notó lo que era, lo imbuyó de animus oscuro… Susano-o sonrió pese a las lesiones en su cara o la sangre que salía a abundantemente de su boca, ya incapaz de hablar, porque bien sabe que las memorias son un arma si saben como usarse. Alzó su mano para sostener el cuello adornado con joyas, asegurándose de sujetarlo el tiempo suficiente mientras Derha le dislocaba el brazo y cuando vio su oportunidad, estrelló el frasco en la cabeza de su enemigo, rompiendo la pieza, cortando su ceja y manchando aquel hermoso rostro con la sustancia iridiscente.

Derha no pudo evitar la absorción de sus recuerdos y la abrumadora cantidad de tormentos que se asentaron en su mente, la hicieron gritar de dolor. Soltó a Susano-o y se sostuvo la cabeza con las dos manos, como si estuviera perdiendo el sentido y la cordura. El señor de la tormenta vio su oportunidad y sujetó el cuello del vástago de Tsukuyomi, quien padecía la asimilación con bastante dificultad. Kiyoku y Zek le había mencionado algunos de los aciagos destinos que esta criatura había padecido, por lo que celebró saber que volvería a vivirlos nuevamente.

Susano-o se lamentó de no tener funcionando correctamente su brazo izquierdo, el cual reacomodó rápidamente, pues quería tocar aquel torso precioso, que era incluso mejor que en sus imaginaciones. El dios del mar retiró la tela rasgada del pecho de Derha quien revivía las memorias de su vida mortal y se estremecía con las imágenes de cada instante, en total indefensión… Los dedos morenos se deslizaron por la manzana de adán, las clavículas y finalmente los pectorales que tanto lo fascinaban, deseando que la bravura que este ser mostró, se manifestara de otras formas más apasionadas. —Creeme que entiendo a Zarabin, mi hija quien heredó mi sangre… ¿Cómo podría no enamorarse de ti?— Le murmuró al oído, antes de acariciar el hombro desnudo de Derha contra su rostro sangrante. —Tal vez… rompa el corazón de tu padre, si muevo mi interés sobre ti.

Susano-o tuvo que soltar a Derha, pues un corte casi le arrancó el brazo, se apartó debido a la sangrante herida y al volver la vista, sintió pavor. Amaterasu había perdido los estribos, sus cabellos negros y sus ojos dorados, ya no ocultaban la flama del imponente sol. La ardiente ira de la mujer se manifestaba con su inconmensurable luz y todo su ser irradiaba el poder que era su divinidad.

(Manifestación solar de Amaterasu )

—¿Intentabas tocar a mi pequeño cristal?— La madre, abrigó en sus brazos a su atormentada hija y cubrió su torso desnudo con su propio abrigo exterior. —Que tal, si intentas pasar a través de mí, primero.

Susano-o supo que con tal fragor, Amaterasu podría secar sus océanos en unos segundos, era obvio que si la tocara ardería en llamas ahora mismo. Por lo que entendió que su vida estaba en verdadero riesgo. —Ocupate de tu propia sangre antes de que sea grave.— Advirtió, usando esa excusa para distraer su atención y escapar a su propia dimensión viajando a través de la luz.

Aunque Amaterasu quería ir tras su hermano, para castigarlo con saña, su hija era mucho más importante. Así que se aseguró de retirarle el privilegio de usar su luz, dejándolo varado a la mitad de las dimensiones. La madre centró su mirada preocupada sobre la figura temblorosa de su pequeño cristal nocturno, cuyas flamas argentas se extendían por todo su cuerpo, sus ojos se abrían intermitentemente soltando incluso más luz que ella en su forma original y aun así, Derha temblaba como si se congelara, su piel ya era más fría que el cero absoluto. La envolvió en sus brazos y le transmitió su calor, susurrando en su oído que todo estaría bien. Pero la energía no hacía más que acumularse a través del fuego azul que era capaz de borrar a deidades menores de la existencia.

El dolor, que atenazaba cada parte de su ser en contacto con las flamas azules, nada significaban… si algo de su calor podía adherirse a su hija. Pero las oleadas de poder puro brotando de ella, como profundas olas destructoras, realmente lastimaron a Amaterasu internamente y la tos acudió a su pecho, cuando su boca comenzaba a tener aquel conocido sabor metálico. Cuando la acumulación más alta llegó a su límite, la solaris la cubrió con todo su cuerpo lo mejor que pudo. Así, la expansión y extensión del poder descontrolado de Derha se liberó en todas direcciones, se oyó una explosión y la torre colapsó por completo.

Shura y Ceret, levitaban alrededor de la densa humareda, buscando a través de las capas de escombros a Derha, Amaterasu y Tsukuyomi. Elfir retenía a Terim con la abrumadora fuerza del viento, y sus propias alas, pues habría sido más que peligroso si ella hubiera acudido junto a su padre. Mientras, Satis, buscaba a su esposo e hija mayor… en medio de la desoladora vista, con la ayuda de los sobrenaturales que aún quedaban en la zona. La morena sabía que de no ser por el poderoso escudo que su querida Luna creó en el último segundo, los destrozos en el lugar serían mucho mayores y habrían alcanzado la ciudad más cercana. Satis odiaba la idea de que los seres de las dimensiones le tuvieran miedo a Derha, pero sería algo que no se podría evitar cuando el rumor de su batalla con Susano-o, así como las circunstancias de este incidente, se conocieran.

La dama de las estrellas, realmente sabía cuanto había perdido esa tarde y lo evidenció aún más, cuando el humo se disipó. Su hábil mirada ígnea se encontró con un cuadro que habría sido hermoso y consolador, en otro tiempo, con otros protagonistas, si no fuera ella solo una espectadora de aquella imagen. Amaterasu y Tsukuyomi habían creado una especie de capullo con sus cuerpos, cuyo centro era la mismísima Derha, el abrazo de los seres omnipotentes se entrelazaba por las manos unidas del Sol y la Luna, que se enlazaban incluso cuando los gobernantes yacían inconscientes junto a su querida hija.

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Mansión Gálad

Tras el incidente con la Akira evadió a la señorita Thália los días siguientes y trabajó más allá del límite de la devoción, pues era la primera persona en pie al amanecer, en las mañanas acudía con Marcel, el mayordomo de confianza del fallecido Jason, para apoyarlo. Con él, aprendió de las actividades agrícolas en los territorios, la línea más importante del proceso productivo de la metalurgia de la familia Gálad, así como sus intercambios comerciales. En muchas ocasiones acompañó al señor Marcel en las comitivas de negociación limitadas y ayudó en las mismas cuando intentaron tomar ventaja de la ausencia del señor Jason, ya que las de alto perfil deberían ser completadas por el futuro esposo de la señorita. Al medio día se escondía en la biblioteca, estudiando y pasando la mayor parte del tiempo con un libro en una mano y el bocado en la otra. Se aseguraba de no dar oportunidad al té que solía compartir con su anfitriona, ayudando al jardinero en las tardes; y al anochecer, acudía a la cena en la que el viejo señor Laster estaba presente y vigilaba a su prometida como un halcón.

El señor Laster se había mudado a la mansión tomando una de las tantas habitaciones de huéspedes, aquello ocurrió a la semana siguiente de la visita de la señora Valhen por causa de las reuniones de la alta sociedad a las que asistió la sastra. Se esparció el rumor que se suscitó con la confusión de la mujer, quien aseguró cuan joven y atractivo era el prometido de Thália, poniendo en ridículo al barón, cuyas invitaciones fueron remitidas con inmediatez. ¿Quién pensaría que él era joven y guapo? Ciertamente nadie. Temeroso de ser birlado, acudió raudo con la dama y fue más que atento a los movimientos del invitado; aquel que juzgaba un cazafortunas que estaba metiendo sus narices donde no debía, por la ocasión de tomar ventaja de la tonta e inocente hermana de Jason…

Cuando el último bocado se consumió en su plato, Akira casi devolvió el alimento, pues el asqueroso prometido de Thália intentó ofrecer su postre de chocolate a la joven, como si recordara que es su favorito, en un vano intento por parecer un futuro buen esposo. Negó suavemente con la cabeza, ella adoraba la torta de queso suavemente salpicada con vainilla, un poco de amaretto y cacao espolvoreado en la superficie. La joven Gálad no disfrutaba del dulzor excesivo, especialmente cuando las dietas de las doncellas nobles son tan restrictivas antes del matrimonio y durante los primeros años, si es que no hay hijos… lo cual le parecía tremendamente cruel.

—Tengan una agradable velada, deberes nos aguardan en la mañana.— Murmuró con la excusa de marcharse mientras la incomodidad de Thália crecía y la victoriosa sonrisa nacía en los labios de Laster. —Me despido, agradecido por su hospitalidad y buen gusto. Barón, honorable señorita.— ejecutó una reverencia elegante.

La castaña desvió la mirada con tristeza, pues el comportamiento distante de su querido amigo, solo le anticipaba lo que sería su vida en breve. Suspiró adolorida, e inclinó suavemente la cabeza en respuesta, ya que el orgullo de su prometido era tan evidente como para olvidar la etiqueta. Sin embargo, un sirviente intervino antes de la partida de Akira.

—El señor Kreig está aquí, ¿le concederá el paso joven señora?

—¿El escriba?— Cuestionó Laster más que extrañado por la presencia de otro hombre a tales horas de la noche en la casa Gálad.

—Lo esperaba, haz que pase al despacho…— Ordenó la mujer ante la mueca molesta de su futuro esposo, quien se indignaba porque la mujer ni siquiera preguntara su opinión al respecto, como si no le importara. Para más inri, la doncella volvió la vista sobre su evasivo amigo. —Capitán, me parece que esto es de su interés personal, así que acompáñeme.

—Iré con ustedes.

—No es necesario, barón.

—Eres mi prometida, querida. Es mi deber desde ahora y siempre velar por tu bienestar, por mínimo que sea.

—Liana estará allí, es una de mis doncellas de confianza, mientras la tenga a mi lado, nada me faltará.— Sonrió cortésmente, deseando no ser importunada por la presencia del hombre en algo que deseaba compartir con Akira, como un regalo. —Además, hoy es tu cita con los juristas del salón de magistrados, no es de señores honorables faltar a las reuniones pactadas con tanta anticipación.

—Ciertamente, no puedo faltar.— El argumento de la joven era tan audaz que intentar revertirlo, parecería un acto de desconfianza y mientras el acta no hubiera sido firmada, ni el matrimonio consumado, tenía que pisar delicadamente sobre aquel fino cristal. —Casi lo olvidé, qué descuidado soy. Le daré tus saludos a los señores, quienes vendrán a nuestra boda con sendos obsequios. Cuídate entonces cariño y abrígate, que las noches son algo frías.— Se aproximó, intentando prodigarle un beso en los labios; sin embargo, Thália evadió el movimiento hábilmente, posando la mejilla en el lugar previsto.

El viejo sonrió fingiendo demencia sobre la evasiva, salió del sitio, pensando que una vez la dama fuera su esposa, aprendería de la manera difícil quién debe obedecer a quién.

Pasaron por el salón y los pasillos de camino al despacho que tenía dentro de la biblioteca principal de la mansión, con el abrumador silencio del pelinegro y su ausentismo en los pasados días, Thália no pudo evitar preguntar. —¿Estás evitándome Akira?

—Solo estoy siendo prudente, un invitado que ha estado por tan largo tiempo en la casa de una amable anfitriona, debe en la medida de lo posible eludir rumores y malos entendidos. Sé bien lo que se dice de nosotros y entiendo que su prometido sea reluctante a dejarla sola en mi presencia por causa de ello, pero nada es más alejado de mi voluntad que enlutar su felicidad.

Thália se detuvo, incrédula por la perspectiva absurda que esos labios rosáceos le murmuraban. —Akira, si algo significa nuestra amistad para ti, no asumas las cosas por mí.— Deseó casi golpearlo, empero, la prudencia le llevó a tolerar por muy poco un acto infantil de burda intimidación. —Como mujer mis libertades son mucho menores, aunque parezca que soy señora de esta morada, mis palabras pronto serán omitidas como si no tuvieran valor alguno. Seré la hembra que lleve a los hijos de un señor por el que no siento más que desprecio, no me complace de ningún modo, así que no enlutarías otra cosa que mi funeral.

—Entonces, ¿desposará al señor por motivo de un acuerdo frívolo?— Era un alivio saber que no amaba al hombre, pero escuchar que se obligaba a casarse con él no era más animoso a su entender.

—Exactamente.— Dijo sin temor ni vergüenza.

—¿Por qué harías tal cosa?— Intentó mantener una expresión serena que no desvelara su disgusto por ello.

—Los Gálad han florecido en las tierras que nos fueron dadas, y con nosotros, las personas que sirven y trabajan fielmente; fueron buenos años, pero con la ausencia de un descendiente varón, tras la muerte de mi hermano Jason… todo eso está en riesgo.— Thália explicó pacientemente, sin siquiera cuestionarse si Akira ha leído o no sobre la ley de los derechos nobiliarios. —Aún puedo obtener el condado para un hijo varón una vez me case, siempre que mi esposo sea alguien con un título nobiliario, de esta manera se ha asegurado la monarquía que no se dilapide la riqueza de nuestra nación. ¿El modelo es perfecto? Claro que no, pero las mujeres siempre fuimos subestimadas sobre la capacidad que tenemos para sostener y hacer crecer la riqueza.

—Lo entiendo, sin embargo… ¿No tienes más candidatos? Al menos alguno de la edad adecuada, ¿un amigo que sea respetuoso?

—Ya están casados. La mayoría de las veces los compromisos se arreglan a una edad temprana y tengo la impresión de que también ese es tu caso.

—No… yo…— Una picada que como una aguja atravesando su cerebro trajo recuerdos de su infancia.

"—Este es Daye, tu prometido…—" escuchó la voz de un hombre de rostro serio, alto, los mismos ojos amatistas, el cabello negro, tenía el uniforme de un militar de alto rango, un comandante talvez…

—Argg…— Se sujetó la cabeza con dolor ante los preocupados ojos de Thália, quien raudamente le brindó su hombro para apoyarse y llegar al asiento más cercano, el sofá del despacho. Le taladró un pitido en el oído, junto a un grupo de imágenes de cuando era una niña de 7 años…

Ostentaba un vestido de flores rojas y frente a ella estaba un muchacho no mayor de cabellos y ojos negros. "—Es un honor conocerla, señorita Okuzaki, me esforzaré por ser el mejor en su nombre, y la protegeré siempre.—" la sonrisa del chiquillo no le removió ni un poco, pero la idea de ser considerada una persona débil sí que le pareció un insulto. Así que lejos de sonreír de vuelta, salió corriendo como si la vida se le fuera en ello, y por tal cosa ninguno de los dos hombres pudieron alcanzarla.

Respiró con agitación, pestañeando, como si apenas pudiera entender lo que pasaba por su mente, entonces sintió algo, mejor diría a alguien, de pie mirándole desde la espalda. Acto seguido una voz armoniosa le susurró al oído. —Eres el tesoro de alguien muy amado por mí, así que te lo devolveré… poco a poco.— Sintió una caricia en el hombro y una vez más fue sumergida en los tiempos de su tierna infancia, esta vez con una memoria más dulce.

"—Aquí puedes ser quien quieras, mientras esté en mi mano… serás tratado como gustes, Akira.—" Ahora tenía 10 años, tenía una espada en la espalda y la indumentaria de un joven señor. Pantalones cortos, una camisa blanca y un chaleco negro que adoraba ponerse. Asintió en silencio agradecido de no ser visto de manera extraña, aunque, quien le hablaba, llevaba una máscara de lobo hecha enteramente de metal y una gema preciosa en la frente.

"—Gracias, Natsuki…—" Murmuró fielmente, con una alegría inconmensurable, cuando esa persona le sonrió y a pesar de sus colmillos no sintió miedo.

"—Ahora la familia Kruger está a tu entero cuidado, seremos amigos por siempre, entonces confía en nosotras.—" Añadió otra niña, esta sí usaba un vestido, su piel era pálida y tenía ojos de color magma.

"—Será un honor, señorita Nina.—" Respondió alegremente, con la sensación de encontrarse en el lugar correcto por primera vez.

Volvió la vista rápidamente sobre su espalda y podría ser posible que hubiera visto una mujer tan hermosa como todos los lirios del mundo, de ojos azules y cabellos como el fuego, rojizos… tan pronto como la vio, esta desapareció; era una diosa, sin duda.

Respiró, intentando recuperar la compostura, mientras Thália sostenía sus mejillas con las palmas de sus manos. —Akira… ¿Estás bien?— le llamaba desde hace unos segundos, pero la mirada perdida de su querido protector, realmente le preocupaba.

—Estoy… bien— murmuro tomando las gentiles manos de su rostro, que una vez más estaba tan cerca, su expresión angustiada y sus ojos cristalinos. —Lamento haberte preocupado, pero pude recordar un poco de mi infancia, tenía dos buenas amigas…

—Oh, gracias a los dioses, entonces podrías recuperar la memoria, o al menos parte de ella— La señorita Gálad sonrió aliviada, hasta el instante en el que notó que estaba prácticamente encima de Akira, sobre su regazo.

Las mejillas de ambos se sonrojaron violentamente y los rostros calientes se desviaron mientras se apartaban en el momento exacto en el que el escriba ingresaba, sosteniendo alguna charla entretenida con la señora Liana, por la que al parecer mostraba un interés adicional, si es que un par de viudos buscan segundas oportunidades.

La tensión en el aire pudo cortarse con un cuchillo, Liana sonrió divertida, el señor Kreig pestañeó confundido, mientras que Akira cerraba sus puños estrangulando un poco la tela de sus pantalones y Thália miraba a otro lado, un viejo cuadro de su familia sobre la chimenea.

El escriba se aclaró la garganta antes de hablar con seriedad. —Señorita Gálad, ¿desea que procedamos con la revisión de la genealogía?

—Se lo agradecería, señor Kreig.— toda circunstancia que apartara la conversación de sí fue vista encima de Akira en una pose tan comprometida, sería apreciada como una gentileza de los dioses.

—Capitán, revisé los libros cuidadosamente y en efecto, encontré el linaje que se relaciona con usted, es propio de la familia Okuzaki. Su sello es el del vástago más joven del gran Hanzo Okuzaki, marqués de Cremonte… su único vástago dentro del matrimonio.

—El señor, es o era… tal vez ¿un militar?, y ¿somos parecidos físicamente?— Cuestionó Akira con la intención de corroborar sus recuerdos.

—Sí, su señoría… usted es un fiel retrato del General en sus años mozos.— murmuró alegremente el hombre mayor. —De hecho, usted quien tenía el derecho de la sucesión de su padre, pese a sus hermanos mayores que no son hijos legítimos, ahora tiene el título propio y un marquesado, que le fue concedido por la monarquía recientemente instaurada, su majestad, el Doncel de Hielo, hoy monarca de nuestra amada Winbloom, Natsuki Kruger.

—Natsuki, digo su majestad, entonces… ¿Aún somos amigos?— Sonrió, aunque fuera una locura, esa persona con máscara en el rostro y sonrisa colmilluda, ¿se convirtió en la gobernante de todo Windbloom? El pelinegro sostuvo las manos de Thália felizmente, mientras la joven se alegraba por la brillante mirada de su querido Akira.

—Su majestad, estableció que usted sea recordado y su título sea vigente por 10 años, en espera de su arribo, la imperatoria no se permitió creer que usted muriera tan fácilmente.

Los latidos de su corazón se aceleraron, con una alegría que desbordaba, porque una persona que admiraba tanto, realmente creyó en él; alguien que había jurado ser su amiga a pesar de su raro ser, no desvaneció el vínculo, entonces su vida no pudo ser tan mala, si luchó lo hizo por la familia real, no era una cosa simple. El llanto brotó silencioso, feliz. —Es un honor que ella no se olvidara de mí.

—Entonces te alegrará saber que dentro de unos meses se celebrará la ceremonia del nombre de las dos preciosas hijas de sus majestades, las emperatrices. A la cual le fue extendida una solemne invitación.— El señor Kreig extrajo un sobre del bolsillo oculto de su saco, que posó sobre la mesa, alegre por las excelentes noticias.

—¿Ti… tiene hijas?— Realmente estaba sorprendido, era una maravillosa noticia. —Los dioses les den larga vida.

El escriba asintió, aunque aclaró las cosas primero. —Aún no han nacido, pero ya será pronto… la buena nueva ha sido muy mencionada en los recientes días, después de la coronación de la imperatoria y la emperatriz, quienes fueron bendecidas por los dioses en persona. Fue testigo del acto el gran cardenal del templo de Susano-o.

Kreig estaba sorprendido de qué contrario a la mayoría de las personas, el joven marqués no cuestionase lo imposible del hecho, en vista de que dos mujeres pudieron concebir; aquel había sido el rumor más cuestionado en la alta sociedad en los últimos días. Aun así, relató los detalles más urgentes, sobre la actual situación política del país tras la oscura noche, mencionó lo que sabía sobre la abdicación de la anterior reina, Mashiro Kruger, y el ascenso al trono de Natsuki junto a su esposa, ya embarazada. Le indicó, la premura en la solicitud de su padre, quien quería verlo tan pronto como le fuera posible.

—Le estoy muy agradecida, señor Kreig, sus esfuerzos han aliviado enormemente la incertidumbre del marqués.— Intervino Thália para dar algo de tiempo a Akira, sobre como manejar las cosas. —Creo que es necesario que su señoría tenga un tiempo para consultar con la almohada, ya que han sido maravillosas pero abrumadoras noticias.

—Casi no puedo ni hablar de la emoción que me embarga, mi gratitud para todos ustedes es indescriptible.— Sonrió con el rostro completamente sonrojado y una sonrisa tímida.

—Gracias señoría, es comprensible… han sido tiempos difíciles, pero ya pronto la calma llegará.

Akira asintió, para no ponerse en vergüenza, había enfriado tantos sus emociones y bajado tanto sus expectativas acerca de las cosas para no sufrir una gran decepción, que recibir noticias tan buenas, simplemente era mucho más de lo que esperaba. Temía que incluso no se encontrara a nadie de su rama familiar, pero la fortuna le había sonreído. Liana acompañó al señor Kreig a la salida, no sin acordar verse nuevamente en condiciones menos formales, que Akira vio su oportunidad para seguir el consejo de su ahora nana.

—Un título adecuado, de alguien de la edad… adecuada.— Murmuró acercándose a la dama Gálad con una intensa mirada de sus iris amatistas. —¿Un marqués sería suficiente?— La mano izquierda de Akira se posó sobre la repisa que obstruía la vía de escape de la joven rubia, mientras se acercaba peligrosamente a su rostro.

La señorita Gálad tragó saliva y se esforzó por esconder el ardiente sonrojo de sus mejillas, incluso si la única cosa que deseaba, era sentir sus brazos envolviéndola y esos labios carnosos sobre los suyos. Levantó la mirada cerúlea para hablar con la calma que no tenía. —Akira, el matrimonio no es una decisión que puedas tomar a la ligera, es bastante posible que tú, aunque no lo recuerdes, tengas algún compromiso previo, incluso… podrías estar enamorado de otra persona.— Arguyó con honestidad, ya que sus sentimientos eran genuinos y tomar ventaja de la falta de memoria de su invitado… sería más que ruin.

El de morena piel suspiró, —Tengo un prometido, se llama Daye… y no me interesa ni un poco.

—No me refiero a eso, yo… solamente no deseo que te arrepientas después. "Después de todo, no lo soportaría…" — Pensó al final, cuando sus labios temblaban y su latido se sobresaltaba.

La mano fuerte y gentil, sujetó la barbilla nívea. —Thália, acaso lo que vivo y siento, aquí y ahora… ¿No significa nada?

—Akira no es eso… no quiero que te precipites, solamente es eso.

—Yo te elegí a ti. Si no sientes igual, puedo entenderlo. Así que toma un tiempo para darme tu respuesta. Esperaré en la fiesta del señor Harman durante la velada dentro de tres días, en el jardín a la media noche. Allí esperaré por tu respuesta, entenderé una negativa si es que no te presentas— Se mantuvo lo más sereno que le fue posible, aunque su rostro estaba completamente rojo, a fin de cuentas le había declarado sus intenciones.

Para cuando Liana volvió a la habitación se encontró a Thália un poco agitada y con la mano el pecho, mientras miraba el vacío con una expresión ansiosa y esperanzada. —¿Señorita? ¿Pasó algo? ¿Y el marqués?— Cuestionó al no ver a Akira en ningún lado.

—Fue a descansar, fueron bastantes las emociones de este día.— Se recompuso raudamente, mirando a la mujer mayor con una sonrisa amable.

—Tal parece que sus modales requieren ser refinados, debió escoltarla a su habitación.— Liana ya deseaba jalarle las orejas al muchacho.

—Lo habría hecho,— Defendió Thália hasta el momento en el que recordó su proximidad y esos ojos que como luceros consumieron cada ápice de su alma. —pero… no es apropiado.

—Señorita, ¿apropiado? Usted ya lo ha visto desnudo, ha pasado la noche a su lado y ¿vamos a fingir que no sabemos lo que pasa aquí? Los sirvientes tendrían que ser ciegos para pasar por alto lo mucho que usted y el joven marqués se anhelan. O lo lamentable que se ha tornado el joven después de saber sobre sus nupcias con el señor Laster.— murmuró con cierto desprecio por el viejo oportunista y falso amigo de la familia. Liana podría apostar que lo único que le impedía hablarle de ello sería su desventajosa posición, pero establecida su jerarquía, el Joven Okuzaki realmente puede proveerle tanto más que su rival, pues para nadie es un secreto que la rama de ese linaje es tremendamente próspera. —¿Le ha dicho algo indebido el joven?

—Se propuso como un candidato adecuado, alguien de mi edad… si es que pude entender bien.

—Esas son maravillosas noticias, señorita.

Thália negó suavemente, —Liana, cuando acepte la propuesta del señor Laster, he sabido con certeza la vida que me espera. Es frecuente casarse con hombres mayores cuando se ha perdido la oportunidad dentro de los jóvenes de la misma edad y Jerem murió junto a mi hermano. Akira salvo mi vida a un costo, terriblemente alto para él. ¿Cómo podría mi egoísmo permitirme aceptar su agradecimiento con un pacto del que podría arrepentirse después? Sería su carcelera.

Liana entendía la línea de pensamiento de su joven ama,sin embargo, no estaba de acuerdo. —Señorita, ¿ama usted al señor Laster?

—La sola idea es repulsiva, Liana, es una ofensa que lo preguntes.

—Bien, era una pregunta testaruda en todo caso. Entonces dígame, ¿le atrae el joven Akira?— El sonrojo que creció en su cara ciertamente la delató, por si no fuera claro, a esto le siguió un tenue asentimiento de la chica. —Entonces sea astuta, señorita.— Le animó Liana con una sonrisa.

—¿Astuta?— Miro cautelosa a la mujer mayor, ¿qué tenía en mente?

—No se casen de inmediato, firmen el contrato nupcial, de ese modo usted podrá controlar los bienes de la familia Gálad y el joven Okuzaki tendrá un escudo sobre los acuerdos antiguos que existan en su familia, nadie podrá obligarlo a desposarse con una persona que él no recuerde o sea de su gusto. Comprenda que usted es una persona en la que él confía plenamente, se atraen y pueden, con la excusa de la juventud, experimentar los deleites del afecto. Después de todo, si llegara el momento inconveniente de la separación, ahora las parejas son libres de divorciarse, la princesa Mashiro sentó un precedente importante al respecto. Estoy segura de que, con sus influencias, el marqués puede darle libertad.

—Es un tanto, utilitarista. ¿Acaso esto es lo que piensa Akira? Ciertamente, no parecía feliz con la idea de casarse con Daye, su prometido.

—Ho… imaginaba que tendría un compromiso, pero pensé que sería con una mujer, debido a la crianza del joven marqués.

—Sí, fue un poco sorprendente.— Admitió Thália para sí misma, sería la clase de cosa que desearía preguntarle al gran marqués. —Criar a una hija como un caballero para luego desposarla con un hombre.— Negó con la cabeza. —Está claro que la influencia del viejo general, como consejero principal de la cámara, no requiere de alianzas políticas que no se hubieran hecho ya con sus primeros hijos, incluso si no eran legítimos. Por lo que podría darle la libertad a Akira para tomar su camino, cuando este ya ha recibido un título por su propia cuenta.— Expuso sus ideas y Liana coincidió con ella. —Tienes razón, en vista de las circunstancias… Akira necesita de mí y yo de él. Incluso si soy vista como una persona oportunista, prefiero el escarnio público que yacer con el señor Laster.

La sonrisa amable de Liana se extendió, los jóvenes pueden ser bastante escurridizos, ya que al parecer la idea de admitir las emociones desbordantes que los embargan era tanto más imposible que hablar de arreglos convenientes. —Vamos a descansar, la señorita tendrá que tomar decisiones inmediatas. Yo me comunicaré con el señor Kreig para la elaboración de la carta de compromiso con el marqués.

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Castillo Silene

Donde el agua estuviese, una parte de ella estaría también, así que cada forma de aquel líquido vital, era como una puerta para la diosa del agua. De este modo, en la fuente principal del castillo Sileno, en la capital de Windbloom, el estanque comenzó a brillar purificándose, preludio de la llegada de aquella a la que sirve. La figura de un cuerpo femenino se formó y pronto la portentosa vista de Shura, emergió de ella. Ostentaba los atuendos propios de las mega islas, Ealis y Aries; una falda Shenti sostenida por un cinturón de plata aletis incrustada en gemas preciosas, y un top bordado, ambos hechos de seda turquesa con acabado perlado. Sus piernas desnudas desde el muslo hasta la pantorrilla, se protegían sandalias hechas con la misma plata que el cinturón. Llevaba joyas que son propias de los monarcas antiguos, brazaletes en sus brazos expuestos a la altura de las muñecas y los bíceps. La deidad ostentaba una armadura hecha de coral elemental, cuyas piezas se solidificaban según la voluntad del portador, lo cual hacía que pareciera una armadura de cristal como si la deidad llevara el océano a cada lugar que fuera en la superficie.

Su cuidadosa espera había valido la pena, pero Erstin se quedó sin aliento al verla, era imposible no mirar aquel vientre delineado por las arduas batallas, o las piernas fuertes y estilizadas, — "¡Dioses! ¡No mires su escote!"— Se dijo a sí misma, avergonzada por la forma en la que miró a Nina, pero era imposible no considerar el hecho de que como deidad su cuerpo parecía el de una mujer completamente desarrollada. Sus manos temblaron y su voz no quería salir, cada paso suyo se sentía como una aguja en el pecho y si se permitiera tener miedo nuevamente, se arrepentiría de por vida.

—¡Nina!

La deidad detuvo su andar y miró de soslayo a la jovencita de cabellos rubios que intempestivamente la había llamado, su mano estrechó el Yelmo que sostenía, reteniendo cualquier emoción resultante, qué linda estaba con ese vestido de flores con pétalos rosados. —Buenos días, señorita Ho.— Sonrió suavemente, levantando la mano para saludar a los demás guerreros que la acompañaban. —Estimados jinetes…— En realidad intentaba no toparse con ellos, pero estaba tan distraída en sus pensamientos que se descuidó al respecto.

Alanis y Krauss sonrieron, mientras que Christine bajó la cabeza consciente de las cosas que pasaron la última vez que se vieron. La culpa finalmente se había asentado en ella… pero era incluso más difícil, si Nina no la miraba con odio y desprecio.

Erstin se alejó de sus amigos posponiendo la práctica de combate y le pidió hablar a solas, con la esperanza de resolver las cosas. Se adentraron en el palacio de visitas de la emperatriz D'Kruger y ocuparon el salón del té en el que las doncellas dispusieron galletas, además de una tetera previamente preparada. Una vez a solas, la deidad movió la silla para que Erstin tomara asiento y después hizo lo mismo de su lado de la mesa dispuesta en aquel balcón con tan buenas vistas del jardín. La pelinegra miró en las aguamarinas de la dama aria, como esperando que iniciara la conversación.

—Es maravilloso verla en el castillo, casi ha pasado un mes desde que se fue…— Los nervios hacían mella en la joven herrera, pero lo más extraño de todo esto era notar la serenidad de la que gozaba la mujer frente a ella.

—Me disculpo, ciertamente dejamos una conversación pendiente…— Retiró los guantes de sus manos y los depositó un mueble aledaño, junto a su Yelmo. —Volví a mi morada de antaño, el templo Acua en la frontera de las mega islas de Ealis y Aries, regiones que solía proteger hace bastante tiempo, antes de… encarnar mi esencia como una mortal, fue… la forma en que Zarabin pudo protegerme.— mencionó casualmente. —He estado trabajando arduamente en la limpieza de los océanos que lamentablemente se infestaron de Orphans, los más inteligentes entienden que esta es una locación que la humanidad por sí misma jamás podría encontrar.

—Vaya, entonces es sorprendente que pudiera verte aquí en la capital.— Erstin entendió que Nina había puesto distancia entre las dos, medio continente y un mar, si era precisa. —¿Hay alguna razón en particular?

Shura asintió mientras apoyaba su mejilla en su mano. —Ya pronto veremos nacer a mis amadas sobrinas.— sonrió con ilusión y fue algo hermoso de ver. Era demasiado magnífica para contemplar a tal grado que Erstin se sonrojó y dejó escapar un suspiro. —¿Sabes? Este lugar es el favorito de Shizuru a quien vine a visitar después de una larga ausencia.

—No lo sabía…— La joven presionó sus puños bajo el mantel mientras el té se enfriaba.

—Pensé en remitirte una carta, pero… diría que es bastante impersonal y mi hermana Natsuki ya ha cometido tal error con anterioridad. Así que puedo aprender de ella, ¿verdad? Por eso decidí esperar, pero… tal vez no medí correctamente el tiempo.

—Lo entiendo, Nina… yo sé que te hice daño y realmente lo lamento. Herirte es la última cosa que habría querido hacer.— Erstin realmente no sabía como reparar esta situación, si bien ese día fue vencida por la soberbia, no mucho después comprendió la magnitud de su error y realmente quería resarcirlo.

La dama del agua negó con la cabeza y levantó su mano para dar a entender que eso era irrelevante, por lo que musitó un pequeño deseo. —Hay algo que quisiera pedirte, Erstin.

—Dime, yo… yo haría cualquier cosa.— Si había alguna esperanza, la tomaría sin lugar a dudas.

—Tu gentileza es encomiable. Pero desearía que no me llames Nina en el futuro. Soy Shura solamente…

No era una solicitud complicada, pero la joven Ho la miró sin entender. —Cla… claro, yo…

—No he olvidado quién soy, yo realmente fui esa persona. Era Nina Kuga Kruger…— Aclaró la pelinegra, bebiendo de su té.

—Entonces, ¿Por qué?

La dama del agua no sabía si ella estaba siendo demasiado inocente o era descarada, así que fue honesta. —Ese nombre es la mofa de este palacio y en general de la corte de Windbloom. No quiero ser asociada con esa situación en particular.

—¿Qué? No lo entiendo. ¿Mofa?

La pelinegra suspiró, era inocente… pero qué cruel era su ignorancia. —Dicen que probablemente me estoy revolcando en mi tumba, dado que mi viuda se hizo de la compañía de una amante, tan pronto la ceremonia fúnebre concluyó. Algunos mencionan que incluso quisiste comprar una casa de citas y que la cantidad de bebidas que consumen los cuatro, fácilmente abastecerían las fiestas estrafalarias de un burgués esnobista. Solo por mencionar algunas de las cosas… creo que es más gentil dejar atrás ese nombre, junto a las burlas. Realmente no tengo tiempo para vengar el honor de alguien que, a la vista del mundo, murió.

Erstin se quedó sin palabras, pues las cosas eran incluso peores de lo que imaginaba. Realmente no conocía estos rumores o… no prestó la atención suficiente. —Yo… yo te juro que no hice esto para arruinar tu reputación.

Shura negó con la cabeza. —Es posible que no lo sepas porque fue un tema tratado por la alta nobleza de Windbloom y ocurrió en el tiempo que tu abuelo cayó en desgracia. Pero… tuve un compromiso previo al de Sergei Wong y estaba destinada a desposarme con la actual emperatriz de Remulus, Shana Fendrak. Nuestro lazo fue obtenido por su padre, el Emperador de Remulus y con la recomendación del Rey Taeki, fue bastante lucrativo si me atrevo a decirlo. La razón del rompimiento fue el embarazo de Shana con un amante oculto, así que ya parece una costumbre que mi nombre se asocie al hecho de que mis prometidas no pueden controlar a quien meten debajo de sus faldas…— Tales palabras fueron denigrantes para Erstin, pero ella sabía que la mujer frente a ella tenía derecho a decir algo como eso, sacar un poco del dolor que esta situación ocasionó; sin embargo, su querida Nina ni siquiera parecía estar hablando de algo que fuera doloroso, salvo por su desagrado y eso era más preocupante, esta ausencia total de emociones. —Son sus palabras, no las mías— Aclaró. —Shana era mi amiga y sé que su amor no era para mí, lo supe siempre. Tú eras mi prometida y yo había muerto, esencialmente… no éramos nada desde ese momento, pues la muerte es el final de las relaciones, ¿verdad?

—Shura… hablas de esto con tal serenidad que no estoy segura si es algo bueno.— Erstin pensaba que era imposible que ella pudiera pasar la página tan rápidamente.

—¿Que harías si fuera al revés? ¿Me odiarías por seguir adelante con mi vida?— Negó con la cabeza, mirándola de soslayo. —Me enseñaste una valiosa lección, Erstin. Porque si esto me importara, todos los territorios de los nobles de Windbloom que hacen mofa de mí, estarían bajo el agua ahora mismo. Y si te odiara… te recordaría que yo soy el océano en carne y hueso, que el mar se abre a la mitad para darme paso y cuando siento ira, puedo destruirlo todo.— Realmente había un tono de amenaza en su voz y su rostro aunque cautivador, era tan afilado como una espada. —Pero, ¿por qué haría tanto por ti? ¿Dime por qué me permitiría sufrir por ti?— Preguntó con un tono más frío y el iris de la deidad se tornó azul del una gelidez glacial. —No eres la mujer devota que esperaba, pero ese fue mi error, por elegirte.

Ella la despreciaba, de eso no cabía la menor duda y eso la devastó. ¿Cómo podría recuperarla? —Nina… por favor.— El llanto comenzó a caer por borbotones, con el solo pensamiento de no poder hacerlo.

—Soy Shura, solamente.— dijo con más suavidad, pues no soportaba verla llorar y le tendió un pañuelo con la esperanza de apaciguar su tristeza. Así que habló con voz conciliadora. —Seguirás tu camino y yo lo haré con el mío. Fue lo que elegimos las dos… yo tampoco busco hacerte daño, pero asumo mi responsabilidad por elegir la muerte y acepto, que elegiste a alguien más con quien tienes un amorío debido a ello.

—Nosotras… no… ya no…

—¿Ya no están juntas?— La deidad levantó una ceja y tal vez, sintió un poco de esperanza, pero se detestó por ello. —Eso es algo entre ustedes. Espero que lo resuelvan si es que ella es valiosa para ti.

—Nada ni nadie es más importante para mí, que tú…— Las aguamarinas, que eran sus ojos, nada tenían que envidiarle a un cachorro y con ello la voluntad de la deidad temblaba.

—Me temo que tendrás que elegir a alguien más, para tal importancia. Yo no permaneceré en el mundo de los mortales al final de todo esto y ya pronto… elegiré una prometida adecuada. Nuestros caminos se separan aquí, señorita Ho.— La diosa posó la tasa vacía sobre la platilla y se puso de pie, dispuesta a ir en busca de Shizuru en persona, pues era intolerable ver a Erstin en tal estado y mantener la serenidad que su rostro mostraba cuando su corazón se comprimía.

—Ni… Shura, no nos hagas esto, te lo suplico.— Las manos fuertes de Erstin, magulladas por el constante uso de las armas en combate o el martillo en la herrería, eran rasposas y se aferraron a la muñeca de la deidad, como si de ello dependiera su vida. —Dame una oportunidad, por favor… perdóname.— En este punto Erstin dejó su orgullo a un lado y se arrodilló.

Shura la miró con ternura y se puso a su altura, retiró la mano de la joven sin demasiado esfuerzo, incluso cuando ella se esmeraba en impedir cualquier distancia con todas sus fuerzas. Contrarió a lo que pensaba, los ojos cambiantes se posaron en las marcas y dejó fluir el agua fresca a través de la piel, hasta que cada vieja herida o cicatriz, los callos y todo lo demás, desapareció. A la vista, las manos de Erstin eran más lozanas que las de las damas nobles, que jamás ocuparon sus manos en nada que no fuera cuidadoso. —No puedo, hacerlo.— murmuró, volviendo a mirarla, esta vez con sus iris verdes y algo que parecía escondido en el fondo de su ser. —No puedo.— negó una vez más, como si luchara por decir las palabras.

—Sé que te he decepcionado, pero haré todo lo que pidas para remediarlo. Por favor, dime que tiene solución— Erstin se aferró, manteniendo sus manos curadas entre las de Shura y sé acercó un poco más, hasta que sintió su dulce aliento. —¿No existe un momento que puedas traer a tu mente por el que valga la pena seguir?

—Son tantos los momentos en mi mente, que recuerdo cada cosa como si la hubiera vivido ayer, pero fuiste tú quien me olvidó más rápido y en brazos de Christine.— Se quejó molesta y apartándose de la peligrosa proximidad de la joven rubia, cuya nariz roja y ojos irritados le parecían un arma mortal.

—Entiende que perdí la cabeza y nada desearía más que volver a ese momento para decirme a mí misma que sin importar que, yo volvería a verte, entonces habría esperado toda mi vida. Por favor… eso no puedo cambiarlo. Imploro que me digas, qué cosa sí puedo cambiar. Puedo soportar tu enojo, pero no tu indiferencia, porque eso es peor que el olvido.

—Me subestimas. Te aseguro que mi indignación es incluso más grande que este palacio…— Sonrió aún con amargura en la garganta. —Lo que ha pasado, no es… por la ausencia de cosas. Incluso si no te recordaba, yo sentía un terrible vacío que no se sosegaba con nada. Pude intentar llenarlo con una centena de mujeres deslumbrantes que desfilaron frente a mí, con su salacidad expuesta y sus propuestas tentadoras susurrando en mi oído. Pero se sentía que era incorrecto…— Con la mano en el pecho estrechando la pulcra tela de Aletis, cuya tonalidad perla brillaba sobre el azul marino que lucía la diosa. Shura no escondió su dolor por un instante. —Acaso en algún punto, ¿siquiera pensaste en lo injusto que sería si yo hiciera lo mismo? Es tu respeto lo que perdí y por descontado, tu amor. Es una cuestión de principios, señorita Ho.— La pelinegra se recompuso, acomodó su atuendo y miró en otra dirección, tratando de apartar una imagen tan lastimera de Erstin en su mente.

—¿Es tu orgullo, el que te impide ver mi arrepentimiento?— Erstin se puso de pie y aunque intentó aproximarse, Shura se aseguró de mantener la distancia cada vez. —Sé que me desprecias ahora mismo. Pero no voy a aceptar nunca que digas que alguna vez me amaste de verdad y que ese amor se desvanezca por esto.

—Lo dices con gentileza, porque no estás en mi posición.

—¿Eso es lo que quieres cambiar? ¿Quieres que esté en tu lugar?— La joven rubia supuso que Nina quería recuperar su honor vengándose de la misma forma, un ojo por ojo.

—¿Te escuchas a ti misma?— Negó con la cabeza, con el ceño fruncido. —¡Yo solo te quería a ti en mi cama! ¡Yo solo quería amarte a ti!— Esto sí que le dolió decirlo, la de iris magma no pudo evitar pensar en la ocasión en la que se entregaron una a la otra y eso solo abrió una herida más grande. —Y soy una perfecta idiota por eso.— Perdió el aplomo por un segundo. —Porque no es igual para ti. No lo fue…— una vez más apretó su muñeca tras su espalda, intentando mantener la calma.

—No, Nina… no digas eso, no eres una tonta por amarnos… eso no puede ser un error, te lo ruego… perdoname.— Erstin la abrazó y tomó su barbilla entre sus dedos, sin dejar de mirarla a los ojos, porque Shura temblaba en ese momento. —Deja que te quite esta amargura poco a poco, dejame estar cerca para remediarlo.— Intentó aproximarse un poco más, si lograra al menos recordarle lo mucho que se aman…

—No me beses con los mismos labios que la has besado a ella— Susurró antes de que la joven se atreviera a besarla. —Se acabó. Así que, por favor, ve junto a la dama que limpió tus heridas para que lo haga ahora nuevamente, porque en verdad sé que, aunque cuestionables, sus métodos son eficientes.

—No me digas eso. Christine y yo no… no nos amamos.— rogó nuevamente, ya presa de la desesperación.

—Eso es peor.— Porque ni siquiera se trataba de amor, ¿entonces que valor tenía el suyo?

—¿Interrumpo?— La suave voz de Shizuru intervino, debido a que las jóvenes ni siquiera se habían dado cuanta de su llegada y más importante aún, podía ver el dolor y la humillación de su querida Nina, a punto de desmoronarse.

—Shizuru…— casi pudo respirar el nombre, pues cuanto más hablaba con Erstin, más difícil estaba siendo terminar de una vez por todas con lo que fue su relación. —Sale la luz del sol con tu presencia.— Halagó velozmente, como si soltara el aire, la tensión.

—Emperatriz— Erstin lamentó que esta ocasión única e irrepetible se diera. Estaba segura de que Shura no volvería a darle otra oportunidad como la que se escapaba de sus manos en este momento y con ello el conocimiento de la perdida, atajo. —Es un honor, ¿cómo amanece la luna y las estrellas del imperio?— La reverenció, aunque quisiera que jamás hubiera llegado.

—Gracias a las dos, sus buenos deseos son maravillosos— La sonrisa de la joven madre, era sin duda un bálsamo para las expresiones heridas de las dos mujeres. —Todo va bien con mis hijas, señorita Ho.— Shizuru miró a Erstin a los ojos, mostrando de antemano su autoridad. —Si nos lo permites, desearía hablar a solas con su gracia, la dama del agua.

Erstin pensó en el modo de resistirse, pero una mirada de los ojos escarlatas de la joven emperatriz, le dio a saber que eso… sería un gran error. —Como ordene, su excelencia.— Una inclinación más de cabeza y una mirada de soslayo a su amada pelinegra, quien se apreciaba regia, como si jamás hubieran tenido esa conversación.

—Debes aprender a leer el ambiente, Jinete. Algunas veces puedes hacer más mal que bien con la persistencia. La verdadera tenacidad está en la paciencia que es gentil y sabe esperar…— Le murmuró suavemente en cuanto la tuvo a su lado y mientras daba los siguientes pasos para salir por la puerta. —Sé constante.

Erstin asintió, reverenció a la deidad con su despedida y su cabellera rubia fue la última cosa que Shura vio, mientras la puerta se cerraba. En cuanto se supo a solas con Shizuru, soltó todo el aire que había estado conteniendo y sus ojos mostraron toda la tristeza que realmente sentía. Era Nina y a la castaña no le cabía la menor duda al respeto, pero se entristecía de que las cosas que realmente temía pasaran cuando sus recuerdos fueron restaurados y eso ya era un hecho.

—Gracias por tu oportuna intervención…— Shura se cruzó de brazos frente a la ventana, observando como la joven rubia se encontraba con sus amigos en los jardines cercanos, al menos tenía consuelo y apoyo. —Me destroza verla así. Pero aun cuando en mi mente la entiendo, mi alma se lamenta por no ser o significar lo suficiente para ella, no puedo pensar de otra manera, dadas las circunstancias, que… tú también conoces, seguramente.

Las manos de Shizuru la envolvieron y sus ojos se abrieron sorprendidos, pero pronto devolvió el gesto, ahora con una plena consciencia de la amistad que las unía. —Realmente pude pensar alguna vez, que no te vería nunca más… y es un alivio saber que estaba equivocada, poder verte y abrazarte otra vez.

Pudieron pasar largos minutos, como si ambas se pagaran la deuda de los abrazos que no se dieron en aquel tiempo de lejanía. La dicha de Shizuru por sentir las gentiles caricias en su espalda, trajo un sosiego que no tenía comparación; aunque tenía a esta deidad formidable cuidando de ella en todo momento, la realización de las pequeñas cosas únicas de Nina Kruger, era como un regalo del cielo y en realidad lamentaba que la falta de Erstin Ho, enlutara este momento tan especial. La castaña acarició la mejilla de su amiga y removió sus cabellos detrás de su oreja, la proximidad y la reacción de la pelinegra que era como un ronroneo le recordó a un gatito negro que tuvo cuando era niña, aunque no por demasiado tiempo.

Se apartaron y Shura ayudó a Shizuru a ponerse cómoda en un sofá cercano, ya que sus huesos no toleraban superficies duras. —Como sabes, vine a verte… aunque no esperaba que esta circunstancia se presentara. Me disculpo por eso…— La pelinegra notó que la ausencia de su hermana y sus cuidados se habían acumulado en la joven madre, las piernas hinchadas, la fatiga en su ser.

La castaña sonrió e informó las andanzas de los jinetes. —Creo que ella esperaba por ti como un halcón y supongo que te conoce lo suficiente para saber que vendrías a verme. No era frecuente que ellos se quedaran en el castillo por largos periodos, pues solían cazar Orphan constantemente… pero ahora están apostados vigilando, tal vez, buscándote.

—Entonces esto es más que solo terquedad de su parte— sonrió un poco, luchando por no darle a las a estas absurdas ilusiones. —De nada va a servirle.

—¿Ya has tomado una decisión?— Shizuru levantó una ceja con curiosidad y una sonrisa ladina.

—Como bien dijo, la señorita Ho. Lo hice el día que salté al lago para destruir las perlas negras.

—Es una tontería.— Refutó con la negativa de su cabeza. —Tal vez esté enojada y frustrada por perderte, pero… no creo que quisieras suicidarte aquella vez. Aun si no se dice en voz alta, lo que hiciste es una heroicidad inconmensurable para un ser humano.

—Claro que quería vivir y en verdad fue horrible saltar al lago, pero destruí las perlas y con ello pudieron sobrevivir.— Suspiró, recordando el dolor de esos momentos y hasta sintió una punzada en su ojo izquierdo. —Pero esta fue la razón por la que tenía una excusa para hacer lo que hizo, incluso los matrimonios acaban con la muerte.— Se mordió los labios y frunció el ceño con dolor. —Es solo que me ofende que no guardara el luto, como si yo no valiese nada. Tú… tú fuiste viuda a la vista de todos, ¿realmente te acostarías con otra persona tan… tan pronto?

—No me sentiría cómoda en la cama de otra persona, mi cuerpo es algo que atesoro y me daría vergüenza mostrárselo a alguien más. No es que me juzgue indeseable, ni mucho menos. Pero veo en el acto en sí una indescriptible vulnerabilidad y confianza que… tendría que pasar un tiempo, para que confiara y me entregara. Incluso no será algo que se dé por descontado a mi propia esposa, porque tampoco soy un objeto para usar. Intimar, para mí es… la unión del cuerpo y del alma. Es por esto que la infidelidad es algo que yo no sé si puedo perdonar— Explicó su forma particular de verlo. —Así que es malo que me lo preguntes a mí, porque si yo fuera tú, no perdonaría.

—Lo sé…— asintió con vergüenza, porque claro que Shizuru sabía lo que Erstin hizo, era humillante ver que ni siquiera fue lo suficientemente discreta. —Yo siento lo mismo. Sé que siendo Shura podía discernir de la básica lujuria y del sentir más profundo, he conocido el placer de la piel de una mujer divina. La diosa que soy, comprende el impulso vano… pero la persona que solía ser, solo conoce el lazo que se da por amor y sufro por ello—Suspiró con frustración. —Estoy molesta con ella, pero por dignidad no voy a mostrarle el daño que me ha hecho.

—Lo siento, Nina… soy realmente difícil y no soy un buen referente, dado que mi situación no era igual a la suya… Natsuki no murió ante mis ojos, ella fue llevada por Ceret al inframundo. Para mí no hubo ninguna certeza de que yo me hubiera quedado viuda y eso hace toda la diferencia. Yo esperaba a mi esposa, yo… aún la espero.— Depositó estas palabras en el tintero, la castaña había padecido el mismo tiempo de ausencia y los dioses no son conocidos por informar sus elecciones. —¿Puedes decirme que ha sido de mi esposa?

Shura bajó la cabeza y miró con tristeza a Shizuru, recordando lo que pasó el día del juicio de Luzine. —Su cuerpo está bien, su mente… no tanto.— informó la pelinegra, frotando sus manos con cierto nerviosismo.

—¿Derha se hizo daño? ¿Otro dios le hizo daño?— Cuestionó asustada, con una presión subiendo por su garganta.

—Su cuerpo es increíblemente resistente y se encuentra en perfecta salud. Teniendo en cuenta que apaleó a uno de los tres grandes gobernantes… sus heridas son leves.— Explicó intentando ser gentil con la información.

D'Kruger creía que esta versión divina derrochaba paciencia y diplomacia, por no decir que no la vio enojarse por nada desde que apareció en la ceremonia conmemorativa de los fallecidos durante el asalto a la capital y la tragedia de Fukka. —¿Por qué se peleó?

—Se le negó el derecho a visitarte… me refiero a que Susano-o le impidió ver a Zarabin.— Aclaró rápidamente. —Para mí es complicado separarlas como seres diferentes, porque eres ella y ella eres tú.

—Se oye complicado, pero dime. Porque su padre no respeta la relación de ambas, están casadas, ¿no es así?

—Zarabin jamás desposó a Derha, y ahora que Natsuki es una diosa, aún no te ha desposado a ti. Entonces no son esposas… para los dioses, no lo son. Siento decir que los vínculos de los mortales son, segundos, en el reloj de la vida de un dios, no tienen valor. Sin el pacto y la marca de unión, simplemente son desconocidas que coinciden un par de ocasiones.

—No lo entiendo, ¿por qué no lo haría? Natsuki no me habló de ninguna ceremonia en particular.— Shizuru temió que la diosa no quisiera casarse y tomar en serio a su familia, incluso teniendo a sus hijas.

—Estoy sorprendida de que Derha no haya completado el pacto contigo…— había genuina confusión en el rostro de Shura. —Tan solo debía consumar sus afectos en el lecho y luego darte un obsequio con su intención de boda. El anillo que ya usan en sus manos es más que suficiente. Podríamos celebrar su matrimonio cuando lo desearan después de eso, pero ya sería un hecho.

Las imágenes de las constantes ocasiones en las que esta divinidad intentó cortejarla para intimar, asaltaron el pensamiento de Shizuru y con ello vino el peso de su negativa. —Nosotras no hemos compartido la cama— susurró apenada. —Nosotras no hicimos ese pacto. ¿Por qué no me lo dijo? Si me lo hubiera explicado, tal vez… habría considerado la posibilidad.

La expresión de Shura era un poema. —¿Tal vez quería que fuera natural y no que lo hicieras por el deber?— La pelinegra no salía de su asombro. —¿Ustedes realmente no han tenido intimidad?

El sonrojo que llenó las mejillas de Shizuru delató lo evidente. —Te dije que no podía entregarme.

—Claro, no podías entregarte. En principio creí que hablabas de tu corazón…— Shura se abochornó igualmente, apenada por asumir que sería natural entre ellas e imaginando la frustración de su hermana. —quiero decir, tú considerabas que estaban casadas, ustedes ya han intimado como seres mortales y creí que ella te gustaba. Lo di por sentado…

—Yo sabía que iba a desposarme por un arreglo matrimonial entre nuestros padres y realmente fui capaz de relacionarme carnalmente con ella debido a esa responsabilidad como el deber de una esposa, pero eso ya no es posible, no después de conocer el sentimiento de hacer el amor. Ya no puedo, si no entrego mi corazón… y es culpa de Natsuki.

—Lo entiendo.— Sintiendo que ahora solo estaba diciendo cosas más y más vergonzosas, se cubrió la cara. —Mejor no me hagas caso— suplicó al final, tan roja como un farol. —No están casadas, así que, Susano-o tiene la potestad sobre Zarabin.

—¿Pero por qué no ha vuelto entonces? Si esa es por el momento una batalla perdida.— Shizuru pensó que lo más lógico sería que Derha volviera e intentara formalizar su vínculo, para tener derechos como esposa.

—En los juicios las cosas se salieron de control, Derha peleó con tu padre, quiero decir… el padre de Zarabin y en el intercambio de golpes, el vial terminó en las manos de Susano-o. Él rompió el cristal en la cabeza de mi hermana esperando humillarla con ello y los recuerdos entraron agresivamente en su memoria.— La pelinegra tragó saliva. —La sucesión de imágenes fue tan abrupta, que ella perdió el juicio por un momento. Temo que no pudo contener las emociones relacionadas con las memorias y su divinidad, se manifestó para protegerla, alejando toda amenaza de su cercanía. Básicamente, destruyó la torre de arbitrio con una onda de energía pura, y de no ser por sus madres, quienes contuvieron la mayor parte de la ola, habría sido una tragedia.— Shura tembló de preocupación con sus siguientes palabras. —Su mente no ha sido la misma después de eso, hay una debacle debido a sus memorias humanas. Está recluida en el inframundo, se ha obcecado con concluir cada tarea incansablemente. En tanto, sus ataques de ira no mengüen, sería bastante peligroso que viniera al mundo mortal. Debido a esto, no se le ha permitido el paso al plano terrenal.

—Dices que mi Natsuki ha sido recluida, porque… ¿Perdió el juicio?— Las pulsaciones de Shizuru subieron y la idea de haber ocasionado algo tan malo para ella, pesó en su consciencia. Derha le imploró por no hacerlo, ¿acaso ella sabía lo que le ocasionaría recordar? Sus ojos se llenaron de escozor y tragó saliva, para tener voz. —¿Realmente ha sido tan mala su vida para que reaccione así?

—Mi vida no fue tan horrible y yo misma necesité tiempo para mí. Aunque corrí con la intención de ver a Erstin esa noche, a mitad del camino colapsé. Vivir una vida en segundos es realmente difícil, por lo que pasaron unas horas antes de que me recuperara y continúe con mi estúpido empeño, corriendo hacia un desfiladero en el cuarto de Erstin.— Claro, su terquedad le había llevado a conocer el idilio de la peor forma, pues aún recordaba la figura relajada de la mujer en la cama y su desnudez al natural. ¿Cuántas veces lo hicieron para que fuera de esa manera? La idea le quemaba la garganta. —Al menos no las encontré en el acto en sí…— Sintió las lágrimas caer por sus mejillas.

La caricia de la mano de Shizuru, significó todo en ese momento, junto a su voz gentil y comprensiva. —No tienes que fingir fortaleza ante mí, está bien si quieres llorar. Esto pasará… aunque ahora parezca lo contrario.

Asintió y se lamentó de pensar algo tan desconsolador, por lo que volvió a centrarse en su conversación, desvaneciendo la humedad en su rostro con su control del agua —La aceptación de los recuerdos es importante en la asimilación de la memoria, para que la consciencia completa se equilibre naturalmente. Mis recuerdos ahora son un todo y para mí no hay distinción entre ser Shura o Nina. Pero yo bebí el vial por propia voluntad, mientras que Derha fue manchada por el líquido debido a la agresión y tengo la impresión que ella no quería recordar su vida como Natsuki Kruger— Explicó con expresión pensativa, se acarició la barbilla y se mordió la cara interna de la mejilla. —Siento decirlo, pero considero que la suma de los factores negativos al final de su vida mortal, fueron determinantes en su estado actual.

Shura pensó en las cosas por las que pasó su hermana siendo Natsuki, al menos las que sabía. Desde la liberación incompleta de la maldición que mantuvo Takeru siendo un monstruo; la traición de la familia Ho y el secuestro de Shizuru; la confabulación de Satoru que acabo con la muerte del padre de ambas; la entrega voluntaria de Natsuki al grupo de enemigos. Encontrarse con esa desagradable mujer… vivir entre la tortura y las manipulaciones de Nagi, sobrevivir y que sus circunstancias más desagradables fueran ventiladas descaradamente, obligándola a existir en el escarnio público, teniendo además que perdonar a uno de los artífices de su desgracia.

—Ciertamente, recuerdo las heridas en su cuerpo… su reticencia y amargura.— Musitó la de mirar rubí con tristeza, con tal daño se preguntaba como es que había sobrevivido y luego pensó en la súplica de la diosa después de aquel beso apasionado entre las dos. ¿Había pedido demasiado una vez más?

—Pasaron tantas cosas, pero el daño no está en el cuerpo, las heridas pertenecen a la mente. No se ha dicho con certeza, pero la suma de las cosas parece ser abrumadora.— La mirada magma se tornó dorada y triste. —Es inestable…— La deidad económica con la cabeza. —Es como cuando estábamos en el templo de Fukka, aquella vez me hizo daño con la oscuridad que reverberaba en su animus.— Claro que recordaba el dolor dentro de su cuerpo con bastante intensidad. —Sé que no fue intencional, pero… si una pequeña oleada de eso te tocara en este estado, sería perjudicial para ti y no quiero ni saber lo que le haría a las niñas.

—Inestable…— asimiló estas palabras.

—Ella ha hecho grandes esfuerzos para recuperar su autocontrol y mientras eso pasa, se esmera en completar las creaciones lo más rápido posible. Sé que no querría otra cosa tanto como verte a ti ya sus queridas estrellas, pero no ha sido recomendable en estos días que pasaron…

El silencio de Shizuru preocupó enormemente a Shura, pues parecía pálida y sudorosa de una forma tan arrepentida que realmente podría ser muy malo. —Creo que… ha llegado la hora, siento algo húmedo en mis muslos.— Dijo suavemente, como si esperara que las cosas se acomodaran, pero una punzada de dolor la atacada y no pudo evitar gemir.

La expresión de Shura se amplió sorprendida y luego alarmada, pero se forzó a tranquilizarse. —Todo está bien, puedo sentir el flujo de la vida en tu interior y está perfectamente…— informó con un tono gentil, se aseguró de absorber la armadura en su brazalete junto al Yelmo y el guante en la mesa auxiliar, mientras extendía sus brazos. . Para levantar a Shizuru en la pose nupcial, a fin de llevarla a la habitación preparada para el alumbramiento. —Mis sobrinas vendrán con bienestar y yo cuidaré de ti— Le susurró mientras caminaba a través del pasillo cuidado que estos movimientos no fueran demasiado dolorosos para la castaña.

Los ojos rojizos de la castaña se cristalizaron llenos de tristeza, pues intuyó que su esposa no estaría presente para el nacimiento de sus hijas, así que estrechó sus brazos alrededor del cuello de Nina y lloró en silencio, mientras la suave voz de la diosa del agua susurraba una tonada para tratar de brindarle la calma que no sentía. Shura se percató de los preciosos hilos de energía pura cuyo brillo dorado sabía tan familiar y se sumergían en la castaña para mantenerla a salvo, ese poder venía desde otra dimensión. Era evidente que su hermana había creado un vínculo artificial para salvar a sus tesoros sin importar la distancia.