¿Vieron el final de Next Dimension? Yo vi el final de Next Dimension, ¿les gustó el final de Next Dimension? Si sí, que bueno, si no, también. A mí no me gustó el final de Next Dimension, cada quien tendrá su opinión, pero para mí, toda la historia carece de sentido desde el momento en que nace del capricho de Athena y termina en una visita de los hombres de negro y un "mira a la lucecita", en fin, el fin de Next Dimension tiene algo positivo… me hizo enojar. Y cuando estoy enojado, necesito algo de calidad de lectura, y como no suelo encontrar calidad de lectura de mi agrado, pues me pongo a escribir. Acabo de editar TODO guerras de Troya, y estoy tan molesto con el cómo terminó Next Dimension, que necesito terminar esta historia, mínimo terminar el Año 3. Insisto, si te gustó Next Dimension está bien, pero yo no esperé casi 20 años para un final de: "se les reseteó el windows a los bronces y a Athena", me dejó tan mal sabor de boca, que ya no quiero hacer esperar a mis lectores semejante cantidad de tiempo para que terminen insatisfechos. Así que, vuelven las actualizaciones semanales hasta terminar el Año 3, y después, regreso al Ciclo Infinito, y después de la Saga de Ares, regreso al Año 4, y así hasta terminar esta historia, sé que algunos necesitan algo de Saint Seiya que no sea Next Dimension, lo siento si les gustó, lo entiendo y lo respeto, pero entiendan que yo me siento traicionado y decepcionado, en fin, a contestar reviews:
Josh88: Ya vi que los mejores días de esta historia han pasado, de 10 reviews por cap a uno, jajaja, mendigo Covid, se llevó a los mejores, mínimo ellos no vieron el final de Next Dimension. Bueno ya suficiente de mi queja a Next Dimension, tampoco tan las está. Y lo que te falta de información mi estimado, lo siento, pero se me dificulta resumir toda esta barbaridad de mito. Aquiles y Patroclo son importantes claro, pero este año es de los Generales Marinos, y vengo planeando este capítulo desde hace una eternidad. El amargado de Peneleo, también tendrá sus momentos, se llama evolución de personaje, no lo descartes al pobre todavía, por algo Diomedes le permitió ser Co-Rey de Tebas, aunque la Reina de Tebas ya es Anficlas, así que lo de Co-Rey de Tebas… como que ya no cuenta mucho. ¿Qué va a ser de Memnón? Pues de eso se trata este capítulo, jajaja, en fin, que lo disfrutes.
POSTDATA: SE CREÓ UN GRUPO DE FACE BOOK PARA LA TRILOGÍA DE GUERRAS DE TROYA - GUERRAS DORADAS - EL CICLO INFINITO - GUERRAS DEL RAGNAROK. EL GRUPO DE LLAMA: "Saint Seiya - Guerras Doradas", EN ESTE GRUPO SUBIRÉ ARTE IA DE LOS PERSONAJES PRINCIPALMENTE DE GUERRAS DE TROYA, Y MAPAS ACTUALIZADOS QUE LES SERVA PARA ENTENDER MEJOR LA HISTORIA.
Saint Seiya: Guerras de Troya.
Troya: Año Tres.
Capítulo 4: La Traición de Samos.
Anatolia. Edium. Bosque de Krene. Campamentos de los Mirmidones. Año 1,193 A.C.
La llegada de los ejércitos de los Mirmidones liderados por Aquiles, había sido tranquila, pese a que los navíos debían ser fácilmente visibles desde los faros del pueblo costero de Edium. Todo fue gracias a la nueva peneste de Aquiles, Diómeda, quien conocía las rutas comerciales de los Ediumnios, sugiriendo a Aquiles rodear por la Isla de Quios, y montar sus campamentos en la punta más sureña del Golfo de Esmirna, justo donde terminaba el Canal de Quios, una zona boscosa donde los Mirmidones, por la falta de noticias de los Mirmidones de Patroclo, acampaban, ya que no se podían comenzar con las incursiones. Enemistadas o no, Edium y Focea eran pueblos que compartían los muelles en el Golfo de Esmirna, atacar una de las dos ciudades portuarias, alertaría a la otra, razón por la que debían esperar a que terminaran los tres días de Juegos Fúnebres, que Aquiles ya sabía que Patroclo celebraba en Lineón, antes de continuar con la Conquista del Egeo.
Así pues, los campamentos Aqueos de Aquiles habían sido construidos dentro del Bosque de Krene, lugar que también había sido sugerido por Diómeda, que en esos momentos dormía bajo las pieles junto a Aquiles dentro de su tienda, dispuesta a serle enteramente de utilidad a su dueño y buscando el título de concubina principal, mientras la verdadera concubina, Briseida, se había liberado nuevamente de su poste, y caminaba por la tienda de Aquiles descalza y en silencio, acercándose a la Armadura Dorada de Libra, y tomando de la misma la Espada de Libra, admirándola momentáneamente, e incinerando su ira. Con esta espada, Aquiles había asesinado a su esposo, con esta espada ella habría de vengarse. Así pues, Briseida caminó lentamente hasta donde Aquiles yacía durmiendo junto a Diómeda, y se preparó para cometer su acto de venganza, pero antes de que pudiera hacerlo, fue pateada violetamente por el pie descalzo de Diómeda, que la derribó, antes de lanzarse sobre ella y someterla en el suelo de la tienda de Aquiles.
-Un excelente intento –se incorporó Aquiles, observando el cómo Diómeda le arrebataba la espada a Briseida, y la colocaba sobre el cuello de la Princesa de Lirnesos-. Pero aún si Diómeda no se despierta, ya te había escuchado zafarte de tu poste, tan solo aproveché el momento para cerciorarme de las lealtades de Diómeda antes de plantarte cara –le sonrió Aquiles.
-¡Eres un malnacido! –pataleaba Briseida, intentando liberarse, mientras Diómeda la levantaba a la fuerza y la llevaba a punta de espada a su poste- Y tú, no eres más que una zorra. Cuando Edium caiga y Aquiles le corte la garganta a tu padre Forbante, y masacre a tu pueblo, no seguirás defendiéndolo –le aseguró ella, mientras Diómeda la ataba nuevamente a su poste.
-Falta atención, Edium no es reino de Forbante, él conquistador, Hititas en guerra con todo mundo. Los de Edium no mi gente –le recordó Diómeda, Briseida la observó furiosa-. Además, si padre no negociar, o no rendirse, no es problema mío. Negarle derecho de guerra, lo avergonzaría, incluso si Aquiles mata a padre, yo estaría orgullosa de él –le comentó ella.
-¿Qué clase de degenerados sin respeto por la vida son los Hititas? –se molestó Briseida- ¿Intentas decirme que si Aquiles y los Mirmidones masacran a tu pueblo, matan a tu gente, y ejecutan a tu padre, no los odiarías? –preguntó ella.
-Hititas fueron imperio más grande de Asia Menor, no poder quejarse donde Hititas hacer lo mismo, sería hipócrita –le comentó ella, Briseida no lo comprendió, pero Aquiles definitivamente respetaba aquella manera de pensar-. Única vida que importar, es vida mía, yo hacer lo que sea necesario por vivir y mejorar vida, el resto, problema de mi padre –le aseguró ella.
-Primitivo, pero efectivo. Ven aquí, Diómeda –pidió Aquiles, Diómeda sonrió, dejó la espada junto a la Armadura de Libra, y fue a envolverse dentro de las pieles junto a Aquiles, quien la abrazaba y frotaba su cabeza, orgulloso-. Me estás sirviendo muy bien, eres interprete, y estás familiarizada con las rutas comerciales del Golfo de Esmirna, además de que conoces la cultura de los Hititas, y de los Egipcios, y tienes un sentido de la auto preservación muy inquietante –admiró Aquiles, Diómeda sonrió agradecida-. Te convertiría en mi concubina si la facilidad con la que me sirves no fuera igual de sencilla de perderse. Si tu padre me derrota, seguro me darías la espalda –le frotó la barbilla Aquiles con interés.
-Por supuesto –le respondió Diómeda-. Si no ver utilidad en captor actual que mejore la vida mía, no necesitar defenderlo. Ambos deber ganar algo, o de nada servir relación –le comentó Diómeda, rodeando a Aquiles con sus brazos, y besándolo gentilmente, Aquiles asintió y regresó el beso, Briseida solo realizó sonidos guturales de asco mientras Aquiles continuaba frotándole la cabeza a Diómeda-. Ser gentil conmigo ayuda, si usted perder, suplicar yo por su vida –le aseguró ella.
-Es un lindo pensamiento, pero no voy a perder, y eres demasiado útil, así que tratemos de continuar con esta relación –le pidió Aquiles, Diómeda asintió con entusiasmo, Briseida se molestó inmensamente por lo que estaba viendo.
-¡Eso básicamente significa que no le importas tampoco a ella para nada! –se quejó Briseida sonoramente, Aquiles y Diómeda asintieron comprendiéndolo perfectamente- En definitiva son tal para cual, no tienen lealtades en absoluto, solo les importa ustedes mismos. ¿Acaso no hay nadie importante para ti? –se quejó ella con lágrimas en sus ojos.
-Por supuesto que hay gente importante para mí, no soy un monstruo. Tan solo entiendo que el primero en mi lista de importantes soy yo, y después están todos los demás –le comentó Aquiles, lo que para Briseida fue inmensamente egoísta-. En fin, ya que mi intento de asesinato diario funciona como mi despertador, supongo que es tiempo de volver a lo importante. Sitiaremos Edium, pero antes de hacerlo esperaremos a que Patroclo termine con sus Ritos Fúnebres en Lirnesos. Sé que Edium y Focea no son aliadas, pero, ¿qué posibilidades hay de una rendición? –le preguntó Aquiles.
-Imperio Hitita es bélico, no entregarán Edium –le explicó ella, Aquiles se frotó la barbilla con preocupación sobre la invasión a Edium-. Intercambio de prisionero tampoco es viable, no soy tan importante, pero posibilidad de negociación existe. Hititas en guerra con Egipto, si Aquiles negocia dominio del Egeo, posible alianza, Imperio Hitita, no tan fuerte como antes, guerras civiles, guerra con Egipto, Pueblos del Mar, Troya. Alianza es oportunidad de recuperarse –aseguró ella.
-Entonces partiremos con una escolta a Edium buscando una alianza –le aseguró Aquiles, Briseida escuchó aquello, y miró a Aquiles con sorpresa, su mirada no pasó desapercibida por el Mirmidón-. ¿A qué va esa mirada de incredulidad tuya? –preguntó Aquiles.
-¿Negociar? ¿Desde cuándo los Aqueos negocian? Son conquistadores, asesinos, merecen todo lo malo que pueda pasarles -aseguró Briseida con furia ante Aquiles, quien suspiró ya cansado de los insultos de su concubina.
-Estoy cansado de esto. No tengo que explicarte nada cuando solo escuchas lo que quieres escuchar –se fastidió Aquiles, Briseida viró su rostro, pero Aquiles la ignoró de todas formas-. Busca a Anceo, pídele que forme una cuadrilla corta, pero con los soldados más efectivos que encuentre entre los Mirmidones, preferentemente que no sean violentos –pidió Aquiles, Diómeda asintió y salió de la tienda, Briseida enfureció.
-¿¡La dejaste salir de la tienda!? –preguntó ella curiosa, Aquiles la miró con molestia, pero asintió- No solo eso, lleva tus ordenes, ¿por qué? ¿No se supone que yo al ser tu concubina debería tener más derechos que tu esclava? –preguntó ofendida.
-¡Peneste! ¡Que la esclavitud no existe en Hélade mujer! –se quejó Aquiles, Briseida no le creyó nuevamente- Tú también eres libre de irte del Campamento Aqueo cuando quieras, solo te ato a un poste por tus continuos intentos de asesinato –le comentó Aquiles, Briseida abrió su boca hasta sus límites por la noticia-. Si sobrevives a salir de los Campamentos Mirmidones sin que alguien te reclame claro, este es el tercer año de guerra, hay muchos soldados lujuriosos a quienes no se les ha entregado una concubina, pero convengamos en que es posible salir de los Campamentos Aqueos sin ser vista ni raptada, no tienes forma de demostrar tu procedencia como Princesa de Lirnesos, lo que te vuelve una mujer pobre sin nada a tu nombre, que seguramente tendrá que vivir en las calles si es que no te asesinan desde la cima de las murallas de Edium al pesarte una espía Aquea, probablemente podrías convencer a los guardias al venderles tu cuerpo, actividad que tendrías que hacer continuamente por monedas para comprar tus alimentos e intentar llegar a donde sea que está tu familia, quien te adelanto, si es que te está buscando, sabría que Lirnesos, donde fuiste capturada, fue saqueada por los Mirmidones, por lo que enviarían una nota de rescate a este campamento, o al que está en sitio en Troya, haciendo de conocimiento común que eres buscada por alguien, lo que no ha pasado todavía, lo que es curioso, ¿realmente eres una Princesa de Lirnesos? Pareciera que no le importas a nadie, en todo caso, si alguien te pidiera, yo ya me habría hecho oídos sea donde sea que esté, y de esa forma se podría negociar una devolución pacífica de ti princesa, si me ofrecen buen dinero y tesoros, pero claro, mientras esta solicitud no exista, no eres nadie, solo una sin nombre, que no puede demostrar quién es. ¿Quieres irte? Allí está la salida –la liberó Aquiles, sorprendiendo a Briseida-. Y respondiendo a tu inquietud inicial, sí, Diómeda puede moverse libremente sin ser raptada, porque me ha servido bien y mis hombres la conocen, a ti solo te conocen los que entran a mi tienda y saben que intentas asesinarme, lo que deja solo una reducida lista de personas, Patroclo, Antíloco, Automedonte, Anceo, Fénix y Trasímedes, de esos solo Antíloco y Anceo están en este campamento, así que, a menos que te los topes entre un grupo de 1000 Mirmidones, y que mágicamente quieran protegerte pese a que intentas asesinarme diariamente, buena suerte saliendo de los Campamentos Mirmidones –terminó Aquiles.
-Es probable… que no haya pensado las cosas con la propiedad debida –comentó Briseida, mientras Diómeda volvía a entrar en la tienda, amarrándose un poco mejor su túnica blanca-. ¿Te pasó algo? –preguntó Briseida.
-Tirón de ropa, pero me soltó tras reconocerme, estoy bien –respondió Diómeda, notando que Briseida no estaba atada al poste-. ¿Estoy perdiendo terreno? –preguntó ella con curiosidad mientras miraba a Aquiles.
-Nah, tu posición de poder en esta carpa está a salvo, solo estoy invitando a Briseida a que intente llegar a Edium por sí misma –le explicó Aquiles, Diómeda entonces recorrió a Briseida de arriba abajo con curiosidad.
-¿Tienes forma o pertenencia que pruebe identidad? –preguntó, Briseida se molestó, y movió su cabeza en negación-. Por ese lado jalan ropa, mejor trata por allí, aunque huele a vino, no muy seguro –admitió ella.
-Creo que Briseida por fin entendió la parte de salvarle la vida al reclamarla como concubina –aclaró Aquiles mientras se colocaba su Armadura Dorada, prestando muy poca atención a Briseida, quien lo miró con desprecio-. En fin, la carpa sigue abierta. ¿Nos vamos mi querida peneste? –le ofreció su brazo Aquiles.
-Me estoy enamorando genuinamente de usted, amo Aquiles –sonrió ella divertida y aceptó la oferta, saliendo de la carpa, y sacándole la lengua a Briseida, quien se paró en la entrada de la carpa furiosa, mientras Diómeda se frotaba la mejilla contra el brazo de Aquiles.
-Esa hija de… ¡la detesto! –se molestó Briseida, miró a la carpa abierta, pensó al respecto, sacó un pie de dentro de la misma, e inmediatamente notó a Antíloco caminando por los campamentos- ¡Aaaaah! ¡No planeaba huir! ¡Lo juro! –se metió Briseida a la carpa y cerró la misma.
-¿Y ahora? –preguntó Antíloco, mirando a Orsedice, quien caminaba con él en esos momentos por el Campamento Aqueo- Hazme un favor y échale un ojo. No quiero que otros Mirmidones se sobrepasen con ella mientras no estamos –le pidió Antíloco.
-Tranquilo, soy la administradora de concubinas de este campamento, es igual que en los prostíbulos de Chipre, sin dinero, no hay servicio –agregó Orsedice, preocupando a Antíloco-. No voy a cobrarte… a menos que me cambies, en cuyo caso, llevo muy bien la contabilidad –aseguró ella divertida.
-Solo ve que ningún Mirmidon se propase con ella –se quejó Antíloco, y llegó hasta donde Aquiles y Anceo preparaban a su auriga, mismo en el que Aquiles acomodaba a Diómeda, antes de que partieran en dirección a Edium. Orsedice entonces se asomó por la carpa de Aquiles, y tuvo que evadir una bota que por poco le impacta el rostro.
-¡Soy la concubina de Aquiles! ¡Solo él puede tocarme! ¡Fuera! –abanicó un repetido número de veces Briseida, preocupando a Orsedice- Este… soy Princesa de Lesbos, pero no del tipo que me piensas –se apenó ella.
-Qué pena, con esos chinos, si te me antojas –aclaró Orsedice, preocupando a Briseida-. Bromas aparte, si ya te liberaron de tu poste, a trabajar, necesitamos ayuda en despellejar animales. Andando –ordenó Orsedice, Briseida se estremeció-. No me digas que jamás has destazado a un animal –le preguntó Orsedice, Briseida lo negó-. Perfecto, otra inútil. Andando, te enseñaré –continuó ella, pero Briseida se negaba a salir de su tienda- ¡Nadie te va a hacer nada siempre que trabajes! ¡Andando! –la empujó Orsedice.
Mares de Samos. Navíos de Etiopía.
-¿Memnón? –el mayor de los Generales Marinos había estado viendo por la borda de su navío principal, y en dirección a la Isla de Samos, una de las pocas islas que no denotaba alianza con nadie, y que simplemente era un puerto comercial y de abastecimiento para cualquiera que lo requiriera, hasta que Políxeno logró ganar su atención, forzando al anciano Rey de Etiopía a dirigirle la mirada- Memnón, te pregunté sobre tu opinión de mi sinfonía. ¿Fue así de mala? –preguntó Políxeno preocupado.
-¿Sinfo…? ¿Cómo? ¿On toy? –se quejó Memnón, despertando sus sentidos, y mirando al preocupado de Políxeno frente a él- Oh… lo siento, Políxeno… estaba algo distraído. ¿Puedes empezar otra vez? –le pidió Memnón.
-Sería la tercera vez que vuelvo a empezar, Memnón. ¿Qué sucede? Pensaría que sigues preocupado por Peneleo, pero su único navío Tebano va del otro lado y detrás de nosotros –le comentó el General Marino de Sireno, Memnón se viró para ver a la embarcación, y suspiró.
-No… no es por Peneleo… él realmente no me molesta tanto como suelo decir –le explicó Memnón, Políxeno se sentó junto a él, preocupado-. A veces pienso que eres al único que realmente le importo, Políxeno… nadie más me escucha, si no es porque dicen que Etiopía nada tiene que ver con Hélade y los Aqueos, es porque soy viejo y aburrido. Solo con Néstor, de vuelta en Troya, podía conversar sin sentirme… bueno… fuera de lugar… -admitió él.
-Yo te escucho Memnón… siempre lo hago… -le recordó Políxeno, Memnón sonrió para él-. Sé que tu relación con el resto de Generales Marinos no es la más sana. Creo que, además de mí, solo te llevas bien con Anceo, aunque nunca entendí por qué –admitió él.
-Anceo tampoco es de Hélade, eso es lo que no entienden algunos –le comentó Memnón-. Verás, Políxeno, en estos momentos los Aqueos sienten que cualquiera que no nació en la Hélade, ya sea en la Argólide, o en Tesalia, es un aliado Troyano. Etiopía no está ni en Hélade ni en Anatolia, está en un lugar al que llaman Kemet, la Tierra Negra, está más cerca de Egipto que Atenas de Troya –le explicó él, sorprendiendo a Políxeno-. Pero mientras Anceo, con tierras en Cos y en Samos, ambas perteneciendo a Anatolia, puede luchar por los Aqueos ya que es hijo de Poseidón, yo no tengo el mismo derecho que él, porque mis lealtades están comprometidas según algunos –le explicó él con tristeza.
-No es por darles la razón, Memnón, pero… ¿por qué apoyas a los Aqueos? –le preguntó Políxeno, ganando la atención del de Kraken-. Quiero decir, entiendo que, al no ser de Anatolia tampoco, no tengas tampoco lealtad a Troya, pero… está más cerca Anatolia que Hélade para los Etíopes –agregó recordando sus lecciones de navegación.
-Bueno… eso es porque hice un juramento a Heracles –le explicó Memnón, sorprendiendo a Políxeno, mientras el anciano rey miraba a todos los alrededores-. No es una historia que me sienta cómodo contando –le explicó.
-Vamos Memnón, no hay nada que me puedas decir a estas alturas que me haga dudar de ti… -le regresó los susurros Políxeno, Memnón lo pensó, aquella historia no le beneficiaba en absoluto para que otros lo tomaran en cuenta como leal a la causa Aquea, pero Memnón quería mucho a Políxeno, quien siempre estaba a su lado.
-Está bien… -admitió él, Políxeno se alegró-. Pero nada de contarle esto a los demás, o Peneleo será el primero en pedir mi cabeza. ¿Entendido? –preguntó, y Políxeno asintió- Muy bien… comenzaré diciendo que… bueno… que Príamo es mi tío –le explicó, lo que fue una sorpresa para Políxeno-. Lo que ahora que lo pienso, no debería ser la gran cosa, Teucro es sobrino de Príamo también, es mi primo, pero a él no lo juzgan como me juzgan a mí –comentó él.
-¿Eres sobrino de Príamo? ¿Alguien más lo sabe? –preguntó Políxeno, Memnón miró en todas direcciones, y después asintió- ¿El Amo Poseidón? –preguntó, Memnón asintió-. ¿Nuestro Señor Idomeneo? –preguntó, y Memnón asintió- ¿Entonces cuál es el problema? Estás de nuestro lado –aseguró Políxeno.
-Sí, porque no solo se lo prometí a Heracles, sino que también porque el imbécil de Príamo es un egoísta sin corazón que consintió el Rapto de Helena –le comentó Memnón, aunque pronto notó que Políxeno estaba más interesado en la primera parte-. Sobre Heracles… bueno… yo era joven, y él iba de paso por Etiopía buscando el Jardín de las Hespérides, creo que era su Undécimo Trabajo, solo necesitaba unas manzanas doradas de un árbol consagrado a Hera. Mi hermano mayor, Ematión, no lo permitió… y Heracles le rompió su garrote en la cabeza, ya sabes cómo era ese bruto –le explicó, Políxeno se impresionó por aquello-. Heracles y Troya… no tienen tan buena relación. Ematión se puso en su camino porque Heracles era enemigo de Troya, él destruyó las Puertas Esceas que daban al mar cuando raptó a la madre de Teucro y hermana de Príamo, Hesíone, y mi hermano Ematión solamente quería recuperarla… la diplomacia de Heracles claro, es agarrar a todo lo que diga: «sangre de Príamo» a garrotazos –continuó él-. Obvio yo seguía en la lista, pero tomé mi lanza, y me decidí a enfrentarlo. Aparentemente Heracles tiene algo con matar a todos los de una familia menos a uno, así que me dijo que, si juraba no prestar servicio a Troya de ningún tipo, me perdonaría la vida, y me dejaría gobernar Etiopía, se lo juré, y bueno, Rey de Etiopía, sin poder bajo juramento a Heracles, brindar apoyo a Troya –aseguró.
-Pero Heracles ya murió, ya no tienes por qué seguir ese juramento –le explicó Políxeno, y Memnón asintió-. No es que quiero que vayas al lado Troyano Memnón, pero… tampoco tienes un juramento a con Menelao, no como yo… puedes irte cuando quieras –aseguró él.
-¿Y dejar a mi querido amigo a que le corten la cabeza? No, eso no es opción, estaría muy preocupado por ti –le revolvió los cabellos Memnón, despeinándolo-. Además, sí que tengo una responsabilidad. Lo primero que hice como Rey de Etiopía que no podía negociar con Troyanos, además de hacerle la broma a los Egipcios con lo de los frutos de café y que se creyeran la historia de que sabían dulce para quien era de descendencia divina, lo que disparó la economía de Etiopía, fue comerciar con Creta. Una cosa llevó a la otra, Idomeneo me retó a un combate de boxeo para que le redujera los precios a la mitad, lo que era una locura considerando la tremenda distancia que tenía que recorrer el comercio Etíope por culpa de Heracles, y listo, le tumbé un par de dientes al Rey de Creta, y General Marino de Kraken –resumió él.
-¿De verdad le tumbaste dos dientes al Rey Idomeneo? –preguntó Políxeno, Memnón miró en todas direcciones cerciorándose de que nadie lo escuchaba, y asintió- Pondré atención la próxima vez que se reúna el Consejo Cretense, quiero ver sus remaches –sonrió él.
-Así que, tengo una responsabilidad como General Marino –admitió Memnón-. Mientras vista esta Escama, mi lealtad es a Poseidón, pero incluso si no la vistiera, el imbécil de mi tío Príamo se merece la bronca que le está cayendo. Estoy con Eneas la verdad, lo de Troya es problema de Troya. Afortunadamente no tengo una razón para unirme a Príamo, al menos… es lo que me gusta pensar… -agregó él, Políxeno comenzó a preocuparse-. Tú… bueno… comprenderías… incluso si yo… -intentó decir Memnón, cuando el navío Etíope se detuvo de improviso, como si hubiera chocado con algo, y todos salieron disparados por todas partes-. Por las barbas de Tritón. ¿Quién fue el imbécil que chocó con…? –intentó decir Memnón, asomándose por la borda, descubriendo que no había nada con lo que chocar.
-¿Qué hiciste ahora rey senil? –se quejó Peneleo desde el barco de Tebas, que apenas logró evadir al navío Etíope de Memnón, quien lo miró con molestia por sus palabras- Solo un anciano como tú permite que los incompetentes de sus marineros se estrellen con… -intentó buscar pelea Peneleo, cuando salió disparado también por chocar con absolutamente nada.
-¿Decías? Perdona, creo que no te escuché bien. ¿Solo un incompetente permite a sus marineros chocar con qué exactamente? –preguntó Memnón, el furioso de Peneleo se incorporó, y fue a donde su marinero, lo empujó, e intentó mover el timón de su embarcación, pero este no se movía- Si… suerte con eso… -se burló Memnón.
-¿Memnón? –escuchó el de Kraken desde estribor, viendo a Idomeneo junto a Meríones y Poseidón- ¿Qué ocurre? ¿Por qué no se mue…? –intentó preguntar el rey, cuando el navío principal de Creta se detuvo, e incluso Poseidón salió disparado hasta casi caer por la borda, solo que Idomeneo y Meríones lo sujetaron cada quien de un brazo.
-Esto apesta a Afrodita… -se quejó Poseidón, mientras lo ayudaban a incorporarse-. Oribarkon –pidió Poseidón, el Atlante de cabellera azulada encendió su zafiro que pasó a color de rubí, sus ojos pasaron a amarillos, y su cabellera a castaña-. Pensé que la estatuilla de madera encadenada impediría que Afrodita volviera a hacer de las suyas –se quejó Poseidón.
-Ah, pero esto no es obra de mi esposa –le comentó Oribarkon, en realidad Hefestos-. Samos está consagrada a Hera, Afrodita no haría travesuras en la tierra de nacimiento de Hera. Hasta donde sé el único tan listo para meterse con Hera sin repercusiones, soy yo –se apuntó Oribarkon.
-Entonces esto debe ser obra de alguien más –se molestó Poseidón, quien entonces comenzó a escuchar un grito, uno que se refería a él sin el menor atisbo de respeto, y al cual Poseidón comenzó a buscar por todas partes.
-¡Oye! ¿Tienes sed niño? ¿No quieres agua? –continuaba el grito, molestando a Poseidón, e intimidando a Idomeneo y a Meríones, mientras Poseidón tomaba su tridente plateado y lo rodeaba de relámpagos azules-. 1 chalcus de bronce el cuenco, a 1 dracma de plata el ánfora, y la tina se la dejo a 1 estatera de oro. Vamos niño, dile a tu papá que le hago precio –comentó el hombre, que viajaba en una balsa de remos con varias ánforas llenas de agua dentro de la misma, y a quien Poseidón ya apuntaba para ejecutar.
-¡Mi señor! ¡No lo olvide! ¡No es un tirano! –lo tomaba Meríones por la espalda, impidiendo que Poseidón lanzara sus relámpagos a la embarcación del mercader de agua potable que lo llamaba desde su balsa.
-¿Quién eres hombre? –se quejó Idomeneo- ¿Qué hace un Samience vendiendo agua potable en medio del mar? –se quejó nuevamente Idomeneo, incrédulo de lo que estaba presenciando.
-Haciendo el negocio de mi vida por supuesto –reverenció el hombre en la balsa-. Mi nombre es Dexicreón, mi señor de Creta, y no distingo entre Héladeos y Anatolios, todo el que pase por estas aguas es mi cliente, y le recomiendo aprovechar que todavía me queda agua. ¿quiere un cuenco? Le doy tres por 2 chalcus de bronce, pero es todo lo que puedo bajar –le informó.
-¿Tienes de sabor? –preguntó Memnón, sacando su bolsa de monedas mientras Dexicreón buscaba entre sus ánforas- ¿No tienes que no sea de uva? –se quejó el General Marino, cuando sintió las miradas del resto de Generales Marinos- ¿Qué? La verdad sí hace sed –aceptó Memnón, y miró a Políxeno- ¿De qué te gusta? –preguntó.
-¿Tienes de nectarina? –preguntó Políxeno, cuando escuchó que Poseidón se aclaraba la garganta- Es… solo un cuenco… -comentó Políxeno, mientras Dexicreón utilizaba unos palos para pasarles sus cuencos a Memnón y Políxeno, el de Kraken lanzo un chalcus de bronce al comerciante.
-¡Somos los ejércitos combinados de Creta, Etiopía, Tebas, Élide, entre otros! ¿¡No estamos en un viaje gastronómico!? ¡Somos una avanzada en una misión de saqueo! –se molestó Poseidón.
-Poseidón… es solo un mercader… aunque uno que apesta a Afrodita –le espetó Oribarkon, en realidad Hefestos, y quien se asomó por la borda-. Tú, Dexicreón, ¿verdad? –comenzó Hefestos, el mercader le ofreció un cuenco-. No gracias. Pero te pagaré una estatera de oro por información, y otra más por llevar a algunos de nuestros hombres a Samos –ofreció Oribarkon, la estatera de oro brillando intensamente en su mano, y en los ojos de Dexicreón-. Responderás tres preguntas, y la primera estatera es tuya. Primero, ¿qué te ordenó Afrodita? Segundo, ¿quién espera en Samos para emboscarnos? Y tercero, ¿cómo movemos nuestros barcos? –ofreció Oribarkón.
-Ow… lo que daría por una estatera de oro… pero solo puedo responder a la primera pregunta, mi señor, a lo mucho guiarlos a alguien que puede responder las otras dos, ¿le sirve? –preguntó Dexicreón, Oribarkón lo pensó, y le lanzó la estatera que, tras atraparla, Dexicreón mordió para cerciorarse de que fuera genuina-. Respondiendo a la primera pregunta, en efecto, Afrodita me ha ordenado hacerme a la mar con solo agua para comerciar, pero ella no es responsable de que el viento no se mueva, que no haya mareas, y que los barcos se detengan frente a Samos incluso si la Luna brilla de noche –exclamó Dexicreón.
-Eso es imposible –se quejó Poseidón-. Si Afrodita te mandó a hacer negocio es porque ella tiene algo que ver. Afrodita manipula los vientos, y Artemisa prometió no hacer una treta como lo de Aullis tras el sacrificio de Ifigenia. ¿Quién más además de ellas y de mí, que no estoy haciendo esto, puede hacer semejante manipulación de las mareas? –se preguntó Poseidón.
-¿Dánae? –preguntó Dexicreón, Poseidón miró a Oribarkon, quien alzó y bajó los hombros sin saber qué decirle- En todo caso, esas son solo ideas mías. Pero como me han pagado les ayudaré en lo que pueda. En Samos vive una sacerdotisa, su nombre es Ocírroe, tiene un rancho de caballos cerca del Santuario del Árbol Casto de Hera. Ella sin duda podrá ayudarles –aseguró él.
-Templo de Hera, ¿verdad? –se molestó Poseidón, y miró a Meríones-. Llévate a Memnón y a Peneleo contigo, y regresa con la información para que podamos mover nuestros barcos. Hera y yo no nos llevamos bien, si entro en su templo terminaré irrespetándola de alguna manera, como lo de Medusa en el Templo de Athena, espero que no me pidan explicarme –se retiró Poseidón.
-Yo paso, mejor no meterse con Hera –agregó Oribarkon, su cabello y su mirada regresando a la normalidad-. ¿Ahora de qué me perdí? –se molestó el Atlante, Meríones le sonrió mientras bajaba al bote del comerciante-. ¿Samos? ¿Templo de Hera? Usó la excusa de Medusa, ¿verdad? –preguntó Oribarkon.
-Nos vemos Oribarkon –saltó Meríones a la barca, junto con Memnón, y un bastante molesto Peneleo-. Dame uno de dátiles –susurró entonces Meríones, ofreciendo a Dexicreón un chalcus por un cuenco, mientras Dexicreón seguía haciendo el negocio de su vida.
La Troade. Campamentos Aqueos. Tienda de Diomedes.
-¿Dexicreón? ¿Enserio? –se quejó Lodis, con su cabello rojo oxido y sus ojos morados, diferente de la rubia de ojos azules de siempre, y asustando a Anficlas quien dormía a su lado- Que truco más sucio, Afrodita… -se fastidió Lodis.
-¿Otra vez? –se quejó Anficlas, pateando a Lodis fuera de las pieles, y despertando a Diomedes. Anficlas entonces caminó a donde su bebé, Cinortas, lo levantó, abrazándolo de forma protectora, tomando su lanza con su mano libre, y apuntando con esta a Lodis- ¿Quién eres y que hiciste con mi esposa? –se quejó Anficlas.
-Ow… Anficlas, ¿no es algo temprano para andar de hostil? Y amarrete bien la túnica –se molestó Diomedes, caminando tras de Anficlas para amarrarle bien la ropa, y entonces notando a Lodis- ¿Tan ebrio estaba? –preguntó Diomedes.
-Pasó la noche conmigo, no contigo, tú llegaste después –le explicó ella, Diomedes la miró con curiosidad y duda en su mirada-. ¿Qué? Si sí está guapa –comentó ella, pero rápidamente se repuso-. Ese no es el punto, ¿no le vez el cabello y los ojos? Sé que estás crudo, pero… mi esposa es rubia –le recordó ella.
-Ya sé que tu esposa es rubia, por cierto, ¿quieres dejar de llamarla esposa? Soy tu esposo por orden de Athena –le recordó él, Anficlas se aclaró la garganta, y apuntó con su mirada a la lanza al lado de la cama de Diomedes-. No voy a amenazar a tu esposa, no soy tan ruin… un momento… ¿una posesión? –se quejó Diomedes, y entonces tomó a Lodis de su rostro, acercándose para verla mejor, Anficlas le dio con el mango de su lanza en respuesta- ¡Aw! –se quejó él.
-¡Mínimo pídemela no seas descarado! –se molestó Anficlas, mientras Diomedes se sobaba la cabeza con fuerza, Lodis solo suspiró en señal de descontento, se incorporó, y se limpió su túnica mientras miraba a Anficlas con indiferencia.
-Lo que tú y esta mortal hagan me es indistinto. Mi posesión sobre ella es eventual, dista mucho de la de Hades con Paris, solo la uso como un conducto para comunicarme con los Aqueos –le explicó ella, abriendo las telas de la tienda de Diomedes, y permitiendo a cierta sacerdotisa a entrar a la misma-. Casandra –saludó Lodis.
-Hera, que gusto –sonrió Casandra, y entonces miró a Diomedes-. Oh, yo te recomiendo no entrar en la lista negra de Zeus –recomendó Casandra, Diomedes se preocupó, Anficlas desvió la mirada preocupada-. Pero fuera de las bromas, tenemos problemas. Los Hados han comenzado a moverse de formas muy particulares. Heleno… está jugando con fuerzas muy peligrosas. Debemos reunir al Consejo Aqueo, yo daré las explicaciones mi señora –reverenció Casandra.
-Te agradezco, no me gusta involucrarme más de lo necesario. Los tres nombres que necesitan los Cretenses para volver a mover sus navíos son: Lindo, Yaliso, y Camiro -finalizó Lodis, y entonces recuperó su color de cabello natural, antes de desplomarse en las pieles, y roncar sonoramente-. Me haces cosquillas Anficlas… -salivó Lodis.
Tienda del Consejo Aqueo.
-¿Lindo, Yaliso y Camiro? ¿Qué significa? –tras la manifestación de Hera en la tienda de Diomedes, y una vez que Diomedes terminó de vestirse, se reunió el Consejo Aqueo para poner atención a una de las visiones de Casandra, misma que requirió de Hera para que la Sacerdotisa de Apolo pudiera entenderla- No entiendo, ¿Calcas? –preguntó Agamenón al de plata de la Copa.
-No había escuchados esos nombres en ningún Hado, mi señor –le confesó Calcas, con Odiseo a su lado. Shana se sentaba junto a Agamenón y Menelao, Diomedes estaba del otro lado de la tienda junto a Néstor, Acamante también se encontraba en la tienda, aunque cabeceaba, había pasado casi toda la presente Luna poniéndose al corriente con la contabilidad, Casandra permanecía en medio del consejo, ya que era la que daba la noticia-. Los Hados que he visto incluyen a un muchacho, Tríopas, ¿nada sobre unas muchachas llamadas Lindo, Yaliso o Camiro –le aseguró él.
-Pues uno de los dos está mintiendo, y no soy yo, ya no más –le comentó Casandra, Calcas suspiró, y se quitó la Armadura de la Copa, y miró en su interior-. ¿Dónde esta esté tal Tríopas? -preguntó Casandra, asomándose también.
-Rodas –le mostró Calcas a un niño que estaba encadenado a una pared, dentro de un calabozo de Rodas-. Con todo respeto, Ama Casandra, pero tenemos que ponernos de acuerdo. Si enunciamos mal el Hado los ejércitos Cretenses retrasarán su regreso por un año más –le aseguró Calcas, lo que preocupó a los presentes.
-Esto apesta a Tiresias, Heleno por sí mismo no hubiera logrado algo así –se fastidió Casandra, y entonces miró los rostros de los presentes, todos con los mismos llenos de escándalo-. ¿Qué? –se miró la túnica Casandra- ¿Se me rompió el chitón? Pero es el que me coció Cheshire –se apenó ella mirándose a la ropa.
-Casandra… -llamó Agamenón, pero Casandra seguía mirándose la túnica, buscando alguna ruptura-. Bueno la verdad es que… Casandra… -insistió Agamenón, apenándose, Casandra continuó ignorándolo, Agamenón suspiró-. ¿Amorcito? –susurró.
-Soy toda oídos, mi hermoso Rey Supremo –sonrió Casandra, Diomedes se cubrió la boca con su mano, del otro lado de la tienda Menelao hizo lo mismo, a ambos Agamenón los fulminó con la mirada, Acamante afortunadamente estaba demasiado cansado como para percatarse de nada, Néstor y Odiseo simplemente sonrieron en complicidad mientras miraban al Rey Supremo.
-¿Qué? ¿Ustedes no les dedican palabras dulces a sus concubinas? Sé de primera fuente que tú si lo haces Diomi –se burló Agamenón, apenando a Diomedes, y causando la carcajada de Menelao tras la revelación. Shana solo se ruborizó al extremo por lo que estaba escuchando-. Ahora, si ya todos se acordaron de que estamos en un consejo de guerra. ¿Me ayudas amorcito a explicarnos mejor las cosas? –pidió Agamenón, mientras Menelao se sostenía el estómago por la risa, al menos hasta que Agamenón le golpeó la nuca, tumbándole el casco.
-Será todo un placer querido –se ruborizó Casandra mientras sonreía de forma lasciva-. Ajem… como saben, nosotros los profetas constantemente estamos revisando los Hados en esta guerra. A inicios de año, los Hados dictaminaban que el regreso de los Cretenses a Troya sería durante el invierno del segundo año, pero algo ha ocurrido –les explicó ella.
-El Hado dictamina ahora que, o llegan en tres, o simplemente no llegan –les explicó Calcas, complementando la información de Casandra-. Todo parece indicar que hay un adivino muy poderoso, mucho más poderoso que Heleno, moviendo los Hados –les comentó él.
-Heleno recientemente resucitó a los Oneiros, y con ellos a las Furias, ya de por sí su intervención se está tornando demasiado molesta, y podría encausar a consecuencias indeseables a con los Generales Marinos de Poseidón –les explicó Casandra, preocupándolos a todos.
-Básicamente, hay una única manera de que los Cretenses regresen a Troya para inicios del siguiente año, en lugar de dentro de dos más –continuó Calcas-. Todo dependerá de la duración de la maldición que en estos momentos mantiene a la flota Cretense sin poder moverse frente a la Isla de Samos –les mostró Calcas en la copa, Agamenón se inclinó sobre su trono más alto que el del resto, y encontró a la flota Cretense enteramente paralizada frente a la Isla de Samos-. Esto que les está ocurriendo a los Cretenses, no es obra ni de Afrodita ni de Artemisa, salvo la presencia de Dexicreón, pero no es por motivo de castigo de ningún tipo, sino como premiación a Dexicreón por siempre realizar sacrificios a Afrodita –les explicó.
-Básicamente, Afrodita está premiando a un mercader llamado Dexicreón por su devoción, ella no puede hacer nada contra los barcos Aqueos protegidos por Hefestos –les comentó Casandra-. Lo que significa que la deidad que está deteniendo a la flota Cretense frente a Samos es otra, Dánae, quien ha renacido en los cuerpos de Lindo, Yaliso y Camiro, a quien los Cretenses deben reunir en el Templo de Hera en Samos para resucitar a la Diosa Partida –les explicó ella.
-Allí es donde discrepo –les informó Calcas, confundiendo a los presentes-. En la Armadura de la Copa dice que a quien hay que recuperar y llevar al Templo de Hera en Samos, es a Tríopas, el hijo de Forbante, y actual reencarnación de Dánae –les explicó él.
-Dánae es una chica, ¿por qué reencarnaría en un chico? –se molestó Casandra, Calcas tan solo apuntó a la Armadura de la Copa- Ya sé que la Copa está diciendo eso, pero, ¿a quién le creemos? ¿A la Armadura de la Copa o a Hera? –preguntó ella.
-Con el respeto que se merece la Diosa Hera, es esposa de Zeus, y él no está muy del lado de los Aqueos –se defendió Calcas, Diomedes en su trono comenzó a incomodarse por lo que estaba escuchando, y levantó la mano con preocupación.
-Yo… creo que la esposa de mi esposa es Hera, y nos vino con el chisme de Lindo, Yaliso y Camiro, me decanto por creerle a ella, prácticamente estamos casados con la misma mujer –les comentó nerviosamente, y entonces notó la mirada de descontento de Shana-. Tú me casaste con Anficlas –se molestó él.
-Porque la embarazaste y tenías que responsabilizarte. ¿Qué hace Lodis en tu tienda? –preguntó Shana con molestia, Diomedes tomó su lanza, y golpeó la carpa detrás de él, el sonido de Anficlas sobándose la cabeza siguió al golpe de Diomedes.
-¡Aw! Mi culpa, esta vez es mi culpa –escuchó Shana, escandalizándose, Agamenón en su trono se molestó-. Ya me voy –salió corriendo Anficlas, incluso Agamenón la vio pasar por frente a la apertura de la carpa del Consejo Aqueo.
-Si descubro que hay otros espías… les corto la cabeza, tienen hasta la cuenta de tres para retirarse… tres… -enunció, frente a la tienda, y por la apertura de la carpa, salió corriendo Tersites-. Athena… dame fuerzas… somos un consejo de guerra, no un mercado para obtener chismes… -se fastidió Agamenón.
-Paciencia, Agamenón, yo creo en ti –susurró Shana, dándole ánimos a Agamenón-. Resumiendo… hay un Hado nuevo, que si no se cumple significa una de dos posibilidades, o los Cretenses retrasan su llegada un año más, o no vuelven, ¿es correcto? –preguntó Shana, y tanto Casandra como Calcas asintieron- ¿Son las únicas posibilidades? ¿Hay forma de que se restauren las cosas y los Cretenses regresen a tiempo? –preguntó ella.
-Encontrar a las tres partes de Dánae y llevarlas al Templo de Hera en Samos –le comentó Casandra, insistiendo en que ella tenía la parte de la profecía que era la correcta para el cumplimiento del Hado.
-Rescatar a Tríopas de Rodas y llevarlo al Templo de Hera en Samos –enunció Calcas, ligeramente molesto y mientras apuntaba a la Armadura de la Copa-. Esto es ridículo, no podemos desviar recursos en ambos sentidos. Los Cretenses morirán de hambre antes siquiera de que lleguemos a un acuerdo sobre esto –se molestó Calcas.
-¿Insinúas que estoy confabulando contra los Aqueos? Oye, mis elecciones son morirme en 15 años tras la victoria Aquea, o el año que viene si no se vence este Hado. ¿Cuál de las dos crees que voy a elegir? –se molestó Casandra, Agamenón se aclaró la garganta.
-Amorcito… -volvió a llamarle la atención Agamenón, y Casandra lo miró con sus ojos brillando rosados en su enamoramiento por él-. Perdona por interrumpirte, de verdad no quiero hacerlo, pero esto es muy importante. Recuerdo a Calcas no exactamente fallando en una profecía, pero sí confundiéndose en la misma, y con esto no estoy diciendo que dude de Calcas, ni de ti, pero no podría ser que… bueno… ¿sea la misma profecía, pero cada uno tiene una parte? –se quejó él.
-¿Cada uno tiene una parte? ¡Delfos! –exclamaron Diomedes y Odiseo al unísono, incluso se apuntaron de un extremo de la habitación a la otra, Diomedes entonces movió su puño, Odiseo hizo lo mismo-. Espada, Hacha, Lanza. ¡Gané! –celebró Odiseo- Me toca a mí, y no hay dos de tres –agregó Odiseo, Agamenón ya estaba que se lo llevaban las Furias-. Mi Rey Supremo, esto ya ha pasado antes. Cuando Calcas nos pidió buscar a Aquiles, Calcas no podía encontrarlo, porque Tetis lo había vestido de mujer, y enviado a la Corte de Licómedes –explicó Odiseo.
-Espera… ¿qué? –despertó por fin Acamante, como si aquel pedazo de información hubiera sido tan ridículo que por fin el Rey Supremo de Atenas había logrado prestar atención-. Definitivamente no estoy bien, estoy escuchando cosas. Solicito permiso para retirarme a mis aposentos –pidió Acamante a Agamenón.
-Denegado, sí escuchaste bien, y ahora yo también tengo curiosidad –se molestó Agamenón, Acamante se cruzó de brazos, sintiéndose ofendido-. Odiseo… por favor, estamos a nada de que Héctor inicie las hostilidades. Dame cordura, estoy a nada de quitarle su concubina a Diomedes solamente por sentirme tirano nuevamente –suplicó el de Capricornio, Diomedes se aferró a su lanza por la molestia de lo que acababa de escuchar.
-Calmados todos… -pidió Odiseo, y se aclaró la garganta-. Aquella vez, Diomedes y yo viajamos a Delfos para obtener un Oráculo, ambos pedimos a la Pitonisa que nos guiara a Aquiles y nos dio una visión, misma que partió a la mitad, dándole parte del conocimiento a Diomedes, y parte a mí, ya que ambos hicimos la misma pregunta, este es el mismo caso, Casandra y Calcas buscaron un Hado, y este les respondió, pero partió el conocimiento. En resumidas cuentas, necesitamos encontrar a las 4 personas y llevarlas al Templo de Hera en Samos, el verdadero problema no es ese, el verdadero problema es que solo Calcas sabe dónde está Tríopas, mientras Casandra desconoce el paradero de Lindo, Yaliso y Camiro –terminó Odiseo.
-Entiendo y no entiendo a la vez –comenzó Menelao-. Lo que dices es que las cuatro personas son la reencarnación de una diosa llamada Dánae. ¿Esta es diosa de qué o de quién? Jamás había oído hablar de ella –se fastidió Menelao.
-¡Había un santuario a Dánae en Chipre! –enunció alguien, Agamenón se molestó, Anficlas asomó la cabeza por la entrada- Sigo aquí… lo siento… no te enojes –miró Anficlas a Agamenón, quien suspiró, y le pidió pasar, Anficlas así lo hizo-. Ajem… mientras permanecí en Chipre, Cíniras me contó la historia de mi futuro reino. Una de las razones por las que Chipre tenía un ejército de figuras de cobre, incluía el hecho de que Chipre no contaba con una población muy numerosa, ya que se encontraba constantemente en guerra con el Imperio Hitita –les explicó ella, Agamenón suspiró porque la explicación se estaba tornando incluso más confusa-. Seré breve… en ese entonces, gobernaba el Rey Hitita Tudhaliya IV, quien sufrió un golpe de estado por parte de su primo Kurunta, que fue desterrado a Egipto, y quien invadió Chipre unos años más tarde –les explicó ella, y Agamenón le pidió continuar-. Kurunta conquistó el Reino de Alasiya, y allí construyó un santuario a una de sus diosas, Dánae, la Diosa Triple, una Diosa de la Luna, los Vientos y las Mareas para los Hititas. Si la flota Cretense no se mueve, debe ser por la influencia de Dánae, quien era la Diosa Triple por poseer tres dominios, la Luna, los Vientos y las Mareas –terminó ella.
-Gracias, Anficlas… ya puedes retirarte… a tu tienda… hablo enserio… -pidió Agamenón, Anficlas se apenó, y salió de la tienda yéndose directamente a la suya, lo que Diomedes notó. Anficlas no lo obedecía en absoluto, pero la autoridad de Agamenón era ley para ella-. Entonces… una Diosa Hitita, anda haciendo de las suyas con los Cretenses… y solo resucitándola, lo que no tiene ningún sentido para mí, la flota Cretense volverá a moverse. El problema, es que quienes pueden hacer algo por los Cretenses, están a Lunas de distancia, y no podemos mover a más ejércitos en auxilio a las incursiones. ¿Qué hacemos entonces? –se fastidió Agamenón.
-Patroclo, Antíloco y Aquiles… -susurró Shana, Agamenón le prestó toda su atención-. Aquiles va junto a Antíloco de camino a negociar con Forbante, el conquistador de Edium… -les comentó ella, Agamenón trastabilló, pero soltó aire y le pidió terminar-. Y Patroclo está por iniciar el viaje a Focea. Te resumiré mi plan. Forbante es un Hitita, además del padre de la peneste de Aquiles, Diómeda, quien tiene un hermano, Tríopas… puede que sea una coincidencia, pero si se trata de la misma persona, puedo comunicárselo a Aquiles, y pedirle que envíe a alguien a rescatar a Tríopas de Rodas. Además, puedo interceptar a Patroclo antes de que parta a Focea, y pedirle que envíe a su navío más veloz a Samos, informando a los Cretenses, que están por reunirse con un oráculo de Samos, el que pregunten por la ubicación de Lindo, Yaliso y Camiro. De esa forma, no necesitamos mensajeros que lleguen en Lunas, puedo informarles lo que hay que hacer inmediatamente –sonrió Shana, orgullosa de su idea.
-Ya no quiero ser el Rey Supremo –suspiró Agamenón, desplomándose en su trono, Shana se preocupó un poco por él-. Es una diosa… haga lo que tenga que hacer… Menelao… ¿Espada, Hacha, Lanza, y si gano me reemplazas en la defensa de los campamentos? –preguntó Agamenón.
-Yo salgo a la defensa, ustedes descansen –se ofreció Menelao sin un Espada, Hacha, Lanza, saliendo de la Tienda del Consejo Aqueo-. ¡Espartanos! –gritó Menelao, los de Esparta no estaban listos, y los de Micenas ya tenían sus armaduras puestas- ¡Nos toca! ¡Micenas descansa! ¡Alístense que queda poco tiempo! –continuó el de Acuario.
Lineón. Puerto provisional de Lineón.
-Espera, ¿¡qué!? –preguntó Patroclo, los Mirmidones a su cargo se preparaban para zarpar en dirección a Focea para iniciar con las hostilidades al mismo tiempo que los Mirmidones en manos de Aquiles. Una proyección de cosmos de Shana se encontraba frente a él. Automedonte y Fénix estaban cerca, al igual que una sumamente curiosa Antissa, a quien Ifis llevaba de la mano para ayudarla a subir a los navíos de Lirnesos que harían pasar por mercaderes.
-Más adelante me reuniré con Aquiles para pedirle que investigue sobre un posible hijo de Forbante, Tríopas, pero de momento es más importante que alguien llegue a Samos antes que los enviados por Poseidón hagan la pregunta equivocada al Oráculo de Samos. Necesito entonces, Patroclo, que envíes tu navío más veloz a Samos, a impedir que hagan la pregunta equivocada, y en su lugar pregunten por la ubicación de Lindo, Yaliso y Camiro –le pidió Shana.
-Estoy increíblemente confundido. ¿Una Diosa Triple? ¿Reencarnando en un hombre? ¿Reencarnando también en tres doncellas? Los Dioses son demasiado complicados, yo solo soy un soldado, Diosa Athena –se preocupó Patroclo, Shana hizo una mueca por lo mucho que se menospreciaba a sí mismo Patroclo.
-Incluso el navío más rápido de Lirnesos no llegaría a tiempo –le interrumpió Automedonte, preocupando a Shana-. Pero si puedo serle de ayuda, mi señorita, como el General Marino de Hipocampo, puedo convocar a uno y cabalgar por el mar. Llegaré más rápido que cualquier navío, incluso uno Cretense –le explicó Automedonte.
-¿De verdad? ¿Harías eso por mí, Automedonte? –le preguntó Shana, Automedonte se ruborizó torpemente, pero asintió, alzando su cosmos, y lanzando un destello de su dedo al mar. Momentos más tarde, un Hipocampo, una criatura que asemejaba a un caballo, de piel verde y escamosa, con brillos tornasolados de un azul muy vívido, se posó frente a Automedonte- ¡Qué bello! ¡Muchas gracias Automedonte! ¡Te lo encargo! –pidió Shana.
-¡Lo que sea por la alianza entre mi señor Poseidón y la Diosa Athena! –le comentó Automedonte orgulloso, y entonces subió al Hipocampo- Patroclo… buena suerte… y perdón por abandonarlos –se apenó Automedonte.
-Meh, no me gusta ir sobre un auriga de todas formas, tú ve con los Cretenses y tráelos con bien de regreso a Troya –pidió Patroclo, Automedonte asintió, y golpeó las riendas de algas del Hipocampo, que nadó más rápido que un caballo por tierra, desapareciendo rápidamente de la vista de los Mirmidones, que comenzaron a subir los barcos para continuar con el asedio.
Troya. Ciudadela de Ilión. Sala del Consejo Troyano.
-¡Príamo! –a la Sala del Consejo Troyano, entró el moreno y desalineado de Mygdon, el Rey de los Frisos, con sus ojos negros de pupilas amarillas repletos de alegría. Posándose ante Príamo sin anunciarse, pero lo que en esta ocasión no molestó al Rey de Troya, después de todo, Mygdon era su viejo amigo- ¿Es verdad lo que he escuchado? Mi hijo Corebo… -preguntó Mygdon.
-¡Estoy sano y salvo padre! –exclamó el Príncipe de Frigia, llegando a la Sala del Consejo junto a Héctor y su compañero Otreos quien, pese a no pertenecer a los Frigios, era sobreviviente de Lineón, y uno de sus generales. Mygdon entre risas llegó ante Corebo, y le entregó un poderoso abrazo- Todo es gracias al Rey Télefo de Misia. Llegó con sus hombres a rescatarnos, estoy en deuda, Rey Télefo –aseguró Corebo ante el rey que llegaba también, seguido de un acompañante.
-No estás en deuda con nadie, yo hice mi parte –se quejó Télefo, mirando a Príamo con molestia, aunque pidiendo a un joven príncipe de cabellera castaña y ojos esmeralda que se acercara, llevaba el cabello atado en una coleta, y vestía una Suplice sin forma aparente, parecía una armadura más del montón, pero con los colores de las Suplices-. Mi hijo Eurípilo, el ultimo que me queda gracias a Paris –se molestó Télefo-. Él liderará a los ejércitos de Misia, 3,000 lanzas, no más Príamo. Ya recibí la paga por mis servicios, y ahora no quiero tener nada que ver contigo, ¿comprendes? –se molestó él.
-Acepto la participación de tu hijo Eurípilo como disculpa por tu inacción de hace dos años, Télefo, puedes retirarte –fue la respuesta de Príamo, misma que enfureció a Téfelo, pero quien, en lugar de discutir con el Rey de Troya, tan solo colocó su mano sobre la hombrera de la Suplice de su hijo, antes de retirarse de la Sala del Trono Troyano, a momento en que Eneas, Trolio y Pándoro entraban dentro del recinto-. Esto es perfecto, la Alianza Troyana que había estado esperando –se regocijó Príamo, mirando a Héctor y a Trolio fijamente-. Por los Troyanos, los Príncipes de Troya, Héctor y Trolio –se dirigió entonces a Eneas-. Al mando de los ejércitos de Dárdanos, Eneas –continuó el anciano rey, virándose, y notando a tres Suplicios Obsidiana entrando también a la Sala del Consejo Troyano-. De Tracia vienen Niso, Asió e Hipocoonte, con sus más de 40,000 Pestaltas –agregó Príamo con orgullo-. Y por supuesto, la alianza con los Frigios de Corebo, y los sobrevivientes de Lineón de Otreos. Esta es la Troya que debió siempre alzarse contra los Aqueos. De haber contado con estos números, los Aqueos hubieran sido derrotados hace tiempo –aseguró Príamo conmovido por el poderío que el Año 3 traía consigo.
-Ahora mantenlos –se quejó Eneas para sus adentros, lo que no pasó desapercibido para Príamo-. Me escuchaste, y si no me escuchaste te lo repito. Con todas estas nuevas adquisiciones, llegaremos a unas 80,000 lanzas, con las bajas en los ejércitos Aqueos, que te recuerdo no han sido tantas como las nuestras, estaremos unas 20,000 lanzas por debajo de ellos. Claro, tenemos muralla, y ellos unas empalizadas, así que podrías pensar que tenemos las de ganar. 40,000 Pestaltas son un número muy bonito, pero son solo bulto. Sin entrenamiento, salvajes, sin ofender, Reyes de Tracia, pero es la verdad. ¿Sabes lo que sí hacen igual que los demás? Tragar, y los Aqueos están haciendo muy buen trabajo matándonos de hambre –se quejó Eneas.
-Siempre tan negativo. Acabamos de triplicar nuestro número, déjanos disfrutarlo –se fastidió Héctor, pero Eneas simplemente bufó, sabiendo que Troya solo sobrevivía por su muralla, pero nada más-. Los entrenaremos –le aseguró Héctor.
-Odio decirlo, pero Eneas tiene razón –espetó Niso con molestia-. Lo que salvó a los Hijos del Quersoneso, fue la astucia de mente de su reina, Ilíona, y las bendiciones de Artemisa. Sin ellas, nos habrían fulminado, y eso que solo venían Salamina, Atenas y Élide, unas 20,000 lanzas a lo mucho, allí afuera siguen habiendo más de 100,000, y los Mirmidones y Cretenses continúan mermando nuestro comercio –aseguró Niso.
-No podemos entrenar a 40,000 Pestaltas, no hay suficiente tiempo –aseguró Trolio, continuando con la queja de Niso-. Muchos van a morir, y no lo digo a la ligera, sé que estamos en guerra, la muerte de los soldados es natural. Lo que no es natural es enviar a soldados inexpertos a estamparse contra bestias belicosas como lo son los Aqueos. Ni Misia, ni Frigia, ni los Hijos del Quersoneso, son reinos bélicos, ni siquiera Troya lo es. Aquí el único ejército entrenado es Dárdanos –les recordó Trolio, exponiendo una madures que no se esperaba de él-. Y los de Dárdanos no van a educarlos. Si luchamos bajo estas condiciones, perderemos –resumió él.
-No los entiendo, a ninguno de ustedes –se molestó el Rey de Troya, mirando especialmente a Trolio-. 80,000 lanzas y una muralla construida por los Dioses, ¿y ustedes piensan que van a perder? –se molestó- ¿Quieren que lidere yo la afrenta y les demuestre que se equivocan? –se fastidió Príamo, sintiéndose insultado.
-Yo me conformo con que Paris lo haga, lo maten, y fin a la Guerra de Troya –susurró Eneas a Trolio, quien asintió. Desde que Trolio había dejado de ser un principito berrinchudo, él y Eneas habían comenzado a tolerarse al grado de bromear sobre la vida de Paris sin que Trolio se disgustara al respecto, lo mismo no podía decirse de Héctor, quien le gruñó por la mala broma.
-¡Lo que yo escucho son solo quejas y no soluciones! –se molestó Príamo, sintiéndose especialmente decepcionado de Trolio, a quien quería mucho como su hijo, y lo pensaba más sabio. No se daba cuenta el Rey de Troya que precisamente, era la sabiduría de Trolio lo que podría poner fin a la guerra, no su proeza militar- ¿Qué sugieres entonces, Trolio? ¿Rendirnos? –se fastidió Príamo.
-Ya es demasiado tarde para eso –le recordó Trolio-. Pero si es consejo lo que buscas, y no una forma de liberar tu estrés acumulado por no poder dormir a causa de la peste de nuestros muertos que ya ascienden hasta los 10,000, entonces te daré consejo, padre –admitió Trolio furioso, e intimidando a Príamo-. Troya está conformada por 10 ciudades, cada una de alrededor de 10,000 pobladores, y en tres años hemos perdido a la población entera de una ciudad, sumado a los 40,000 pestaltas, la suma de 20,000 lanzas más del resto de pueblos de Anatolia que se nos han aliado, y tomando en cuenta que nuestra fuerza militar Troyana es de 20,000 de los 90,000 pobladores que quedan, estamos hablando de 150,000 habitantes, de los cuales 80,000 son militares. Más del 50% de la población actual de Troya es militar, y ellos necesitan más alimento, más atención médica, más manutención, armamento, y descanso que los otros 70,000 que mantienen una economía cada vez en mayor decadencia. ¿Sabes lo que pasa cuando la mayoría de una ciudad es militar y no civil? –le preguntó Trolio sombríamente.
-Un golpe de estado –le respondió Eneas, comprendiendo la idea de Trolio-. Si no les das de comer, si no los tratas bien, premias su valentía, y das educación y entrenamiento, tendrás a un ejército ligeramente menor al de los Aqueos, entre Capis y Temiste, muy bien, Príamo, magistral. Solo falta decidir quién de nosotros es el nuevo Rey, voto por Trolio, ya me cae mejor –se burló él.
-¿Me estás amenazando, Eneas? –se fastidió Príamo, elevando su cosmos, Eneas sacó su espada, Maleros, pero Trolio lo detuvo con su mano negra- Puedo expulsarte de Troya y a tus 5,000 Dardanelos, tal vez así las matemáticas de mi hijo eviten un golpe de estado, ¿no lo crees? –agregó al borde de la ira Príamo.
-Eso solo dejaría los números iguales, 50 y 50 –le espetó Trolio, Príamo comenzó a hacer las matemáticas mentales, pero ese no era el punto-. A estas alturas solo hay una solución. Necesitamos una segunda nación bélica en nuestras filas –aclaró Trolio, lo que confundía a Príamo-. Una que tenga un poderío militar en igualdad del de Troya, y con un pacto de lealtad a la corona Troyana, un reino que no tenga el poder económico de Troya, pero con la promesa de la mitad de los tesoros de Troya en recompensa al término de la guerra –ofreció Trolio, escandalizando a Príamo, y sorprendiendo al resto de los presentes-. Con una nación bélica con esas condiciones de nuestro lado, necesitada de semejante cantidad de tesoros, no importará la cantidad militar por sobre la civil. Mientras esta fuerza militar que deberá ser superior a la Pestalta, quiera esa recompensa, se mantendrá la lealtad a Troya, y se evitará un golpe de estado de cualquier tipo. Y solo sé de un reino… no… un imperio, que está tan necesitado de restaurar su economía, que permanece en guerra con toda Asia Menor, Anatolia, Hélade, y Egipto. Debes sellar la paz con los Hititas. Dale a Políxena por esposa a Kurunta y renuncia a Esmirna –negoció Trolio.
-¿Y entregar a Quios y Lesbos a esos salvajes? ¡Jamás! –se molestó Príamo, Trolio suspiró, Eneas colocó su mano sobre el hombro de Trolio, indicando que él apoyaba su idea, aun cuando Príamo no lo hacía- No necesitamos a esos salvajes en nuestras filas, y no debilitaré el poderío Troyano por ganar esta guerra –aseguró el Rey.
-¿Cuál poderío Troyano? –se quejó Trolio- El mayor ejército es el del Quersoneso Tracio, que te recuerdo no vino gratis. Sobrevivimos al primer año por Dárdanos, quien controlaba al estrecho de los Dardanelos, tuviste que suplicarle a Télefo en Misia para salvar a Corebo y asegurar la lealtad de los Frisos, ¿me falta alguien? Ah sí, toda Asia Menor está en llamas, y la que no está en llamas pronto lo estará por las incursiones de los Mirmidones, que están a nada de romperse el rostro con el único imperio que sí que tiene una razón para enfrentarlos, su no extinción. Allí están las armas, dales dinero y tómalas. Si ganamos esta guerra sin los Hititas te voy a decir lo que va a pasar, nosotros seguimos en su lista, y no estaremos lo suficientemente fuertes para enfrentarlos. No seas necio, si ya quedó claro que no regresarás a Helena, al menos ten la decencia de liderar esta guerra hasta sus últimas consecuencias en nombre del bien de tu pueblo. ¿Crees que todos los que están aquí pelean gratis y por honor? Todos tienen algo que ganar. Troya siempre fue la única que tenía todo lo de perder. ¿O vas a decirme que todo se queda igual tras la guerra, cuando la realidad es que tienes una deuda con Tracia, Dardanos, Frisia, Misia, y hasta con Tenedos, Lesbos y todos los conquistados? Ya no te queda nada Príamo, solo ganar la guerra, y recoger las migajas. Así que usa tus recursos mientras todavía puedes usarlos. ¡Asegura la alianza con los Hititas! –por fin enfureció Trolio, y Príamo, meditó al respecto, sintiéndose derrotado, impotente, y pensando que Trolio tenía razón.
-¡Ajajajajajaja, excelente, excelente! –escuchó el grupo a Heleno, quien llegaba aplaudiendo a las palabras de Trolio, quien lo miró curioso de sus reacciones- Trolio, Trolio, Trolio. Casi me convences. Pero tras años de no hacer más que subir tus pies a la mesa mientras todos discutíamos planes de expansión de nuestra gloriosa civilización, ¿crees que tienes la guerra resuelta solo porque Diomedes te partió el rostro en una exhibición de boxeo frente a nuestras murallas, cuando ya teníamos al argivo entre la espada y la pared? –se burló Heleno, Trolio se molestó, pero Eneas y Pándaro lo detuvieron- No sabes nada de política, la restitución de todos los aliados de Troya, es Hélade. Después de todo, están muriendo los defensores de 30 Pueblos –se regocijó Heleno.
-Así que la recompensa de defenderse de una invasión, ¿es invadirlos de regreso? No le veo la diferencia entre lo que los Aqueos hacen pidiendo a Helena de vuelta, y lo que pretendes que hagamos –le respondió Trolio-. ¿Entonces ahora nosotros viajamos a Hélade como el marido ofendido, cuando nosotros ofendimos primero? Vergüenza debería ser llamarnos Troyanos después de eso –terminó Trolio.
-Ow… señorito… soy su fan… -lloró Pándaro de fondo, Eneas le pidió silencio, muy interesado en lo que estaba ocurriendo, y en la nueva resolución de Trolio, mientras ambos hermanos se veían aparentemente despreciándose uno a otro.
-El poderoso exige al débil. ¿No es eso lo que hacen los Dioses? El que no te des cuenta del secreto del universo es una pena –le apuntó Heleno-. Si tengo el poder de hacer algo, entonces lo hago, si no tienes el poder de defenderte sobre lo que te hago, no es mi problema, es el tuyo por ser débil. Somos Troya, somos lo más alto, nos codeamos con los Dioses, vestimos el morado en nuestras prendas y armaduras, el color de los Dioses, porque somos lo más cercano a ellos. Si te ofendes por que el fuerte te golpea, entonces sé lo suficientemente fuerte para golpearlo de vuelta y hacer valer tu autoridad. Si no, quédate callado y acepta tu inútil realidad –le aseguró.
-¿Ah sí? –respondió Trolio con una sombría sonrisa, y entonces tumbó a Heleno de un potente golpe al rostro con su mano negra, Eneas rio con fuerza tras ver aquello-. Oh lo siento, pero si te ofendes porque el fuerte te golpea, entonces sé lo suficientemente fuerte para golpearme de vuelta y hacer valer tu autoridad. Si no, quédate callado y acepta tu inútil realidad –se burló Trolio.
-Basta Trolio –lo reprendió Héctor, mientras ayudaba a Heleno a ponerse de pie-. Heleno se refiere a Troya como una fuerza en conjunto, no a que vayas golpeando a los más débiles que tú, eso es cobardía –le aseguró Héctor.
-Vaya, porque a mí me parece que Troya, como una fuerza en conjunto desde que Príamo se negó a entregar a Helena, golpeó, y los Aqueos están golpeando de vuelta –le recordó Trolio, Héctor intentó hablar, pero Trolio lo detuvo-. Antes de que digas cualquier cosa, sé perfectamente que yo estuve entre los que se negaron a devolver a Helena, y te recuerdo que Heleno estuvo a favor de su devolución. ¿Qué cambio? Te diré qué cambió… yo estoy allí afuera, partiéndome el rostro, viendo a soldados morir, mientras este se queda aquí atrás planeando y sintiéndose el "más fuerte", por nacer en la nobleza. ¿O me equivoco? Héctor. Levantaste a una hija de una prostituta, y ella, además de que me amenazó de cortarme el miembro, ahora es la Reina de Tebas. Todos… absolutamente todos los hijos de Príamo, necesitamos que nos partan el rostro, y nos tumben tres dientes, para que recapacitemos. Que este vaya a la batalla y regrese con vida, y después me sermonea. Tú por otra parte… me extraña… el Defensor de Troya… y se niega a ver que nosotros tenemos la culpa de este conflicto, por qué, ¿por Paris? Ni que le importáramos lo suficiente al Gran Rey Ha… -intentó quejarse, cuando su propia Suplice comenzó a estrujarle el cuello, y Trolio cayó al suelo de rodillas.
-¡Señorito! ¡Me gusta que se ponga en 4 pero no así! –lloró Pándaro, Eneas le golpeó la nuca para que se callara, e intentó ayudar a Trolio a reponerse, dándose cuenta de que la Suplice se le encajaba al cuello, hasta el punto de que Trolio comenzó a sangrar por la boca y la nariz.
-Disculpa, me cansé de que me insultaran –llegó Paris a la Sala del Trono, seguido de Políxena, quien se mantenía solemne, y siempre respetuosa de su señor. Paris entonces liberó a Trolio, quien se desplomó en el suelo respirando por fin-. Y déjame decirte que solo te perdono la vida porque Casandra dijo que debías sobrevivir para que Troya no caiga –le recordó Hades, Trolio lo miró con desprecio-. No me mires así de feo, Héctor, ¿serías tan amable? –preguntó Paris.
-Enseguida, amo Hades –comentó Héctor, tomó a Trolio del rostro, y se lo estrelló en el suelo, rompiéndole la nariz a Trolio, preocupando a Pándaro, y deprimiendo a Enea-. ¿Algo más en que pueda servirle? –preguntó el de Bennu.
-No, solamente quiero decirle a Trolio lo siguiente –se agachó Paris, mirando a un furioso Trolio desde el suelo-. Si te ofendes por que el fuerte te golpea, entonces sé lo suficientemente fuerte para golpearlo de vuelta y hacer valer tu autoridad. Si no, quédate callado y acepta tu inútil realidad. ¿Eres más fuerte que un dios, Trolio? –se quejó Paris, Trolio se mordió el labio con fuerza-¿No? ¿Enserio? Qué lástima, supongo que debes hacer mi voluntad entonces –continuó Paris, caminando hasta Príamo, y observando su ropa morada- Ajem… -comenzó Paris.
-Oh… sí… disculpe… aquí está su trono… mi señor Hades –se apartó Príamo, Hades entonces se sentó en el trono de Príamo, y tomó posesión del consejo, Príamo incluso se arrodilló frente al Dios del Inframundo.
-Ahora que todos estamos de acuerdo en que Troya va a ganar esta guerra, sin importar nada más, y que todos serán recompensados por su lealtad. Trolio, tu idea no es mala, ofrécele a Kurunta, el verdadero Rey de los Hititas, a Pandora por esposa –apuntó Hades, Políxena se escandalizó-. Trolio me faltó al respeto, y ya lo castigué por eso, pero también, tiene razón. Atenderé a todos los consejos de quienes son en verdad valiosos, ¿lo ves Trolio? No soy tan malo. Simplemente no soy una mente maestra militar, por eso no me presento todo el tiempo en el consejo. Ustedes tienen toda mi confianza, por favor no se peleen, todos queremos lo mismo, que Troya rompa sus fronteras, y se convierta en el imperio más grande de Gea… y bueno, Eneas solo quiere que lo dejen en paz, también te prometo eso –terminó Paris.
-Que emoción –agregó Eneas sarcásticamente-. A riesgo de que me parta la nariz también, su majestad. Acaba de decirlo usted mismo, no es militar, y prometer esposas no es lo mismo que ganar lealtades. Yo no vine aquí hasta que me sentí ofendido también. Políxena es joven y bonita, pero o se pone a trabajar en darle un hijo a Kurunta, o va pensando en otra estrategia –espetó.
-Cierto… además los bebés tardan 9 Lunas, y debemos asegurar lealtades antes –continuó Paris, mirando a la ya ruborizada Políxena-. Así que, aunque te pongas a trabajar inmediatamente, es poco probable que aseguremos la lealtad de Kurunta a tiempo. De todas formas, que alguien la lleve con Kurunta a Esmirna, inmediatamente, y te pones a trabajar en ese bebé –ordenó Hades.
-¿Bebé? ¿Yo? –se quejó Políxena, y de pronto sintió un aura oscura rodearla- Tengo el presentimiento de que cierto Juez del Inframundo no estará muy complacido con la noticia. ¿De verdad tengo que…? –intentó quejarse ella.
-¿Eh? Pensé que Radamanthys no era correspondido, pero sí, tienes que hacerlo, el único Juez del Inframundo con tierras importantes es Sarpedón, y de ese ya tengo la lealtad incondicional –le recordó Hades, Políxena se apenó, pero aceptó su destino-. Pero estas son solo medidas precautorias. Heleno, tú tenías otro plan, ¿no es así? –preguntó Hades.
-Ah, sí… su excelencia… -respondió Heleno nerviosamente, Trolio solo lo miró con desprecio mientras se limpiaba la sangre de la nariz, viendo al ofendido que se creía fuerte intentando hacerse el fuerte-. Y ya he estado trabajando en ello. Hay un reino que no le debe lealtad a Hélade, pero que actualmente está con los Aqueos –continuó Heleno, la sonrisa de Paris no se hizo esperar-. Un reino con un rey tan poderoso, que finge debilidad por mantener un estatus respetable a con sus hombres, pero quien realmente tiene el poder similar al de un dios –continuó Heleno, los presentes no imaginaban de quién estaba hablando-. Un rey que hizo un juramento a Heracles, y que posee un ejército de las mismas dimensiones que los Pestaltas, pero con la proeza militar de Dárdanos… un rey, que mantendrá a los Cretenses atrapados frente a Samos, e incapaces de volver antes de dos años a Troya desde que iniciaron su incursión, y tal vez no regresen jamás, si cambia al bando Troyano –sonrió Heleno, divertido-. Estoy hablando de Memnón el Guerrero Negro. Actualmente de piel pálida por su exilio auto impuesto a Creta, donde se convirtió en General de Poseidón, y que es solo por esta lealtad que se ha unido a los Aqueos, quien he de decirle, no lo quieren. Pero el poderoso Rey de Etiopia… ya está de nuestro lado… solo necesita un último empujón para completar su cambio de lealtades –le aseguró Heleno.
-Excelente trabajo, Heleno –comenzó a elevar su cosmos Paris, mismo que intimidó a todos los presentes por su extensión. Si es verdad lo que me dices del cambio de lealtades de Memnón, entonces he de recompensarlo, con la Memnónida –tras decir aquello, un ave de viento y hielo se materializó, soltó un poderoso graznido, transformándose en una Suplice, y esta desapareció frente al grupo.
-¿Memnónida? ¿Qué rayos es eso? ¿Se lo acaba de inventar, mi señor? –preguntó Políxena, sorprendida, y Paris sonrió orgulloso- Entre las 108 Suplices, no hay una con ese nombre –meditó Políxena, y observó el como una Suplice se desintegraba en su cosmos. La Suplice del Esqueleto, se ha desintegrado… ya entiendo, destruyó una Suplice que no le servía y cuyo dueño era un inútil, y creó una Suplice nueva para premiar a Memnón por su cambio de lealtades. Pero… ¿Memnónida? Jamás había oído hablar de esa criatura –comentó ella.
-Porque no existe –declaró Paris-. O más bien no existía. Ahora existe por mi propia voluntad, después de todo, soy un dios. Y así como las Escamas Marinas fueron primero a las bestias que representan, yo elijo de la Suplice de la Memnónida sea primera a la bestia Memnónida, un ave contraria a Fénix, que representa al hielo y al viento, que vuela desde Etiopía hasta Troya, y que no teme matar a su propia especie de ser necesario, por lo que él considera que es lo correcto. Este es mi premio para ti, Memnón, ¿aceptarás? –preguntó Hades divertido.
Isla de Samos. Frente al Templo de Hero de Samos.
-Bienvenidos –frente al Templo de Hero, consagrado en honor a Hera, llegaban Dexicreón, el mercader de agua, y con él llegaban Meríones, Peneleo, y un triste Memnón, que no dejaba de ver en dirección a los navíos Cretenses que no se movían de donde habían quedado atrapados-. Mi nombre es Ocírroe, la Sacerdotisa de Hera en Samos, pasen por favor –comentaba la mujer, que ocultaba su cuerpo dentro de una capucha marrón, pero que poseía cabellera castaño cobriza, y ojos amarillos, e invitaba al grupo a adentrarse en un templo rodeado por las raíces de un árbol muy alto y hermoso. Meríones y el Molesto de Peneleo se adentraron en el mismo, Memnón por su parte, continuaba triste, y aceptó de Dexicreón una cortesía, un cuenco con agua de dátiles, misma ante la cual Memnón suspiró, y bebió con tristeza-. No se estará arrepintiendo de venir, ¿o sí, mi señor Memnón? –preguntó Ocírroe, un cosmos oscuro rodeándola, y dejando ver a Ápate en el mismo.
-Mientras cumplas tu parte del trato… Ápate… no tienes nada de qué preocuparte… -le respondió Memnón, dándose la vuelta, y entrando en el Templo de Hero-. Terminemos con esto… -prosiguió Memnón, confundiendo a Dexicreón, mientras los Generales Marinos y Ocírroe desaparecían en los interiores del templo.
Navíos Cretenses frente a Samos. Navío Principal de Etiopía.
De regreso con la flota de los Cretense, Políxeno observaba el sol, y como este comenzaba a ocultarse. Un soldado de Etiopía medía el tiempo con las sombras, lo que Cedalión, quien acompañaba a los Etíopes, notó y encontró curioso, mientras Políxeno iba y venía de un lado del barco al otro desesperadamente, esperando a que la luz del Sol llegara a una línea en específico, y cargando un papiro en su mano, lo cual también era raro, ya que los Aqueos escribían en pergaminos de cuero, no en papiros.
-Políxeno, me estás molestando, ya deja de dar vueltas –se fastidió Cedalión, mientras Políxeno miraba desesperadamente las líneas negras en el barco-. ¿Qué son esas líneas? ¿Qué estás esperando que pase? –le preguntó.
-¿Te interesa? –comenzó Políxeno emocionado, la verdad es que Cedalión simplemente estaba demasiado aburrido y molesto porque Políxeno no se estaba quieto, pero decidió prestarle atención- Es un reloj de Sol, existen de diferentes tipos en Kemet, es la forma que llaman a Egipto, Memnón me dio este papiro, me pidió no leerlo hasta que el Sol golpeara esta línea, dijo que era muy importante –le comentó Políxeno alegremente-. Y aquí Lalibela está para cerciorarse de que no haga trampa y sea paciente –los presentó Políxeno, el soldado Etíope asintió.
-¿Por qué tendría Memnón que pedirte tiempo para leer un mensaje? –se preguntó Cedalión, mientras Lalibela, el Etíope que cuidaba de Políxeno, daba por fin el permiso a un emocionado Políxeno a que leyera el mensaje- Algo… no me agrada… -declaró él, cuando notó entonces la mirada de sorpresa, terror y tristeza de Políxeno-. ¿Qué ocurre? –le preguntó preocupado.
-«A mí querido Políxeno… el único amigo que tengo entre los Aqueos… »-comenzó Políxeno, sus ojos cubiertos de lágrimas-. «Conmigo viajaron desde Etiopía aquellos a quienes considero los más fieles, y más nobles entre los Etíopes… todos juraron lealtad a Poseidón, y ni uno solo de ellos siente resentimiento u odio por los Aqueos…»- continuaba Políxeno, temblando por lo que leía-. «Lo que estoy por confesarte, solo Lalibela lo sabe. Voy a traicionarlos, la promesa que hice a Heracles ya no existe gracias a su muerte. Pero antes de hacerlo quiero que sepas que lo intenté, realmente intenté, el pertenecer a la Liga Aquea, y defender el honor de Menelao por el insulto de Paris de Troya. Pero no soy bienvenido, no me han perdonado el permitir a Sarpedón llevarse a Helena a Troya, y probablemente yo sea responsable de esta guerra. Mi pueblo que existe lejos en el Kemet, jamás estuvo de acuerdo con enviar apoyo a los Aqueos, apoyo que yo únicamente otorgué por ser un General Marino de Poseidón. Quienes me acompañaron desde Etiopía, son hombres de honor que defenderán la causa Aquea, y a su nuevo príncipe, Políxeno, incluso contra los Etíopes que pronto marcharán conmigo en contra de las fuerzas Aqueas… realmente lo siento, Políxeno… solo espero que comprendas que esta traición… viene con un motivo secreto mayor que no puedo compartirte… espero no tener que enfrentarte en el campo de batalla. Siempre agradecido con tu amistad, Memnón… Rey Negro de Etiopía… »-lloró Políxeno.
-Esto… tiene que ser una broma, ¿verdad? –preguntó Cedalión, cuando Lalibela se arrodilló, con sus ojos repletos de lágrimas, e igual hicieron el resto de los Etíopes en el navío de Políxeno, todos jurando con su silencio lealtad a Políxeno- No lo creo… ¡hay que avisar a Poseidón! –intentó elevar su cosmos Cedalión, cuando alguien lo interrumpió.
-¡Cedalión! –llamó Automedonte desde el mar, sobre su Hipocampo, y moviendo su brazo para que Cedalión lo descubriera- ¡Hola! ¡Traigo un mensaje de Athena! ¿¡Puede atenderme el amo Poseidón!? –preguntó él emocionado.
-¡Automedonte! –gritó Cedalión, e inmediatamente apuntó a Samos- ¡Templo de Hero de Samos! ¡Debes alertar a Meríones y a Peneleo! ¡Memnón va a traicionarlos! –exclamó Cedalión, Automedonte no preguntó, tiró de las riendas de su Hipocampo, y se dirigió a la Isla de Samos.
-¿Traicionarnos? –escuchó Cedalión, y comenzó a sudar frio, mientras notaba en el navío al lado del suyo a Poseidón, junto a un incrédulo Idomeneo. Los ojos de Poseidón de pronto se tornaron agresivos-. ¿A qué te refieres con esto, Cedalión? ¡Explícate! –exigió Poseidón, mientras una tormenta de relámpagos azules comenzaba a conjurarse.
Templo de Samos.
-Lo lamento mucho… mi señor… pero esto lo hago por un bien mayor… -lloró Memnón, las lágrimas le ahogaban los ojos, mientras se detenía frente a la sacerdotisa Ocírroe, junto a Meríones y Peneleo, el ultimo mirando a Memnón con desprecio.
-¿Por qué lloras, rey pelele? –se molestó Peneleo, Meríones se molestó por aquello y empujó a Peneleo, haciéndolo callar, Memnón solo suspiró incomodado, y comenzó a secarse las lágrimas, mientras Ocírroe se acomodaba frente a un árbol muy bello e inmenso en medio del Templo del Héroe de Samos.
-Una pregunta pueden hacer al Oráculo de Samos, piensen bien en qué pregunta han de hacer –sonrió la sacerdotisa, Meríones se adelantó, Memnón se mordió los labios, cerró sus manos en puños, y lloró con más fuerza-. ¿Harás tú la pregunta? –se molestó Ocírroe, mirando a Meríones con molestia, y dirigiendo una mirada asesina a Memnón, mientras Meríones abría su boca para preguntar sobre el cómo liberar a los barcos atorados frente a Samos.
-¡Lindo, Yaliso y Camiro! ¡Revela su ubicación! –enunció Memnón furioso, sorprendiendo a Meríones y a Peneleo, y molestando a Ocírroe- Ya escuchaste, Sacerdotisa de Samos. ¡Nos responderás a los tres lo que Heleno deseaba que solo fuera para mis oídos! –declaró Memnón.
-¡Memnón! ¿Qué estás haciendo? –se molestó Meríones, pero quien estaba realmente enojada era Ocírroe, cuyo cosmos se mostró furioso, y reveló a Ápate controlando a la sacerdotisa- Ese cosmos… jamás había sentido algo así –se preocupó Meríones.
-Malnacido traidor –le apuntó Ocírroe, Memnón solo lloró con más fuerza- ¡Has traicionado a Heleno! ¡Y has traicionado a Hades! –le apuntó Ocírroe, esta vez hasta Peneleo estaba sorprendido de lo que acababa de escuchar.
-No… bruja… mi lealtad es incuestionable, aún si todos me piensan un traidor… mi señor Poseidón podrá odiarme todo lo que quiera. ¡Soy un General Marino! ¡Y serviré al bienestar de mi Señor Poseidón hasta sus últimas consecuencias! ¡Incluso si debo ganarme su odio! ¡Ahora contesta la pregunta! ¡Lindo, Yaliso y Camiro! ¿¡Dónde están!? –volvió a preguntar Memnón.
-Me vengaré por esto, Guerrero Negro –le respondió Ocírroe, rodeando su mano con una esfera de cosmos- ¡Revela el secreto, contesta la pregunta! ¡Lindo, Yaliuso y Camiro! –enunció ella, liberando de la esfera de cosmos tres destellos de luz, que impactaron a Memnón, Meríones y Peneleo, obteniendo cada General Marino una revelación. Memnón observó a una bella mujer de piel pálida, ojos blancos y cabellera del mismo color, el nombre de Lindo resonando en su mente, seguido del nombre de una ciudad, Clazomene. El siguiente en recibir revelación fue Meríones, quien observó a una doncella de cabello esmeralda, escuchando su nombre, Yaliuso, y después el nombre de una ciudad, Tenos. Por último, fue Peneleo, en su mente veía a una doncella de cabello azul, y escuchaba su nombre, Camiro, y después el nombre de una ciudad, Colófon-. Está hecho… -terminó Ocírroe furiosa, antes de desmayarse, y revelar el cuerpo de Ápate, quien observaba a Memnón furiosa-. Yo, la Furia de la Traición… no puedo creer haber sido traicionada… -se molestó la furia, mientras Memnón, aún sin poder dejar de llorar, la observaba con desprecio-. Y aun así, estás por ser recompensado por Hades –frente a ella, apareció una Suplice, misma que brilló intensamente, forzando a la Escama de Kraken a desprenderse del cuerpo de Memnón-. Levántate como un guerrero de las sombras, un ferviente perseguidor de la muerte, Memnón de Memnónida, Estrella Celeste de la Lamentación –presentó ella.
-No podía existir una mejor estrella para mí… -le respondió Memnón, con una Suplice muy similar a la que ya vestía-. ¡Pero aún con esto! ¡No he terminado de traicionarte, Ápate! –alrededor del cuerpo de Memnón comenzó a formarse un vórtice de hielo, mismo que sobresaltó a Ápate- ¡Ventisca Congelante de Cocito! –lanzó los vientos congelantes Memnón, que se estrellaron contra el cuerpo de Ápate, quien no se esperaba la traición de Memnón a ese nivel, mientras Memnón se daba la vuelta, y observaba a Meríones y a Peneleo aun sintiendo el dolor de su propia traición-. Escúchenme bien, Meríones, Peneleo, la revelación de un Oráculo siempre debe ser individual, y jamás debe de revelarse, si revelan a quien sea lo que saben ahora, las memorias de los tres se pierden para siempre. Busquen a las chicas en su mente, y salvarán a la avanzada Cretense, es todo, ahora lárguense, es momento de cumplir con mi última lealtad a Poseidón. ¡Aliento del señor de los Mares! –resopló Memnón, pese a que Kraken lo había abandonado, aún podía usar los vientos de Poseidón.
-¡No lo entiendo! –se molestó Peneleo, incorporándose, lágrimas en sus ojos- ¡En mi corazón… deseaba perdonarte! ¡Solo buscaba tu odio para liberar mi tormento en alguien! ¡Memnón! –elevó su cosmos Peneleo, para sorpresa e infortunio de Memnón- ¿De verdad te has unido a Hades? ¡Respóndeme! ¡Explosión de Galaxias! –atacó Peneleo, sorprendiendo a Memnón, quien perseguía a Ápate intentando asesinarla, cuando ambos fueron abatidos por el ataque de Peneleo-. ¡Memnón! ¡Deseo escucharlo de tus propios labios! ¡Dime la verdad! ¿¡Traicionas a Poseidón!? –continuó Peneleo, conteniéndose, pero manteniendo la ilusión, y a los planetas alrededor del ahora Espectro de Memnónida.
-Cuanto poder… -sonrió Memnón, y se viró para ver a Peneleo-. Defiende a Poseidón con todas tus fuerzas, Peneleo. ¡Aliento del Dios de los Mares! –atacó Memnón, esta vez a Peneleo, quien se sorprendió, intentó atacar con sus planetoides, pero no pudo hacerlo, dándose cuenta demasiado tarde de que realmente jamás odio a Memnón.
-¡Cortina de los Mares! –escucharon todos, mientras Automedonte llegaba ante Peneleo, y levantaba una barrera de viento, que disipó el ataque de Memnón- Peneleo, Meríones… esta traición es real, Memnón dejó a los ejércitos de Etiopía al mando de Políxeno –les comentó él, sorprendiendo a ambos.
-¿Por qué dejarías a tus hombres al mando de Políxeno? –enunció Meríones, adelantándose, y preparando su aguijón- ¡Responde Memnón! ¡No creeré esta traición hasta que te expliques! –insistió el de Scilla, reuniendo su cosmos en su dedo.
-Así que… secretamente no me veían como a un miserable traidor… algo tarde para eso, ¿no lo creen? –se cruzó de brazos Memnón, Ápate intentó escapar, pero Memnón lo notó- Ah no, de aquí no sales viva. ¡Ventisca Congelante de Cocito! –volvió a atacarla Memnón, dejándola congelada contra el árbol del Templo del Héroe de Samos- En cuanto a ti, Meríones. No me lo creerías, aunque te lo deletreara. Pero mi lealtad a Poseidón es tal, que soy capaz de levantarme incluso en su contra, por mantener a mi dios puro y alejado de la tiranía, no espero que lo entiendan, pero llevaré a Etiopía a destruir a los Aqueos si eso me garantiza que Poseidón jamás volverá a ser un Dios Tirano. ¡Aliento del Dios de los Mares! –intentó atacar Memnón, pero los vientos no lo acompañaron esta vez.
-No mereces ese poder… Memnón… -escuchó el ahora Espectro, notando que la voz venía desde el navío principal Cretense, desde el cual Poseidón preparaba su relámpago- ¡Desaparece! –atacó Poseidón, su relámpago entrando en el templo, Memnón no se movió, solo se dejó electrificar, pero incluso con el dolor que el ataque de Poseidón le había causado, el antiguo General Marino se mantuvo firme, y mirando en dirección a Ápate, quien elevaba su cosmos para liberarse de su prisión congelante-. Generales Marinos… yo, Poseidón, su dios, les ordeno traerme la Cabeza de Memnón –apuntó Poseidón, furioso.
-Mi dios… yo hubiera sido el hombre más inmensamente feliz… de haberlo servido por siempre… pero si lo que dijo Ápate es cierto, la victoria Aquea llegará con el sacrificio más grande de todos, el de usted adoptado la tiranía… -le explicó Memnón, Poseidón, desde el navío Cretense, lo escuchó, y calmó su cosmos-. No me pida por favor que lo permita… Athena no es la diosa más importante en esta guerra, es usted. ¡Por favor entiéndalo! –hizo estallar su cosmos Memnón, lanzando a Meríones, a Peneleo y a Automedonte, aunque el de Scilla liberó su aguijón, que penetró el pecho de Memnón, forzándolo a vomitar algo de sangre- Que puntería… -se molestó el ahora Espectro, cayendo en su rodilla- ¡Pero ninguno de ustedes tres es rival para mí! ¡Prisión de Cocitos! –alzó su cosmos Memnón, los pies de los tres Generales Marinos comenzaron a rodearse de hielo, que comenzó a subir y a encerrarlos dentro del mismo- Para fortuna de ustedes, solo hay una monstruosidad a la que deseo asesinar. ¡Ápate! –volvió a lanzarse Memnón a la furia.
-¡La Sombra de la Traición! –extendió su cosmos Ápate, golpeando a Memnón con fuegos oscuros, que comenzaron a debilitarlo, y a envejecerlo- Se dice que aquellos culpables de traición envejecen más rápido por sus arrepentimientos y crímenes, Memnón. ¿me quieres de enemiga? No tienes idea de a quién te enfrentas –aseguró ella.
-Me enfrento a un cadáver –azotó su pie Memnón al suelo, disipando el cosmos de Ápate, quien se sorprendió por aquello, aunque el mismo ataque de Ápate había quemado el cabello y la barba de Memnón, mismos que pasaron de un verde alga, a un grisáceo oscuro-. ¿Quieres quitarme años de vida? ¡Adelante! ¡Lo mejor que me puede pasar es no volver de esta guerra! ¡Será mi penitencia por traicionar a un dios! ¡Tú por otro lado, no pasarás de hoy! –se posó Memnón poderoso, agresivo, y con un instinto asesino inquietante frente a Ápate, su cosmos estirando el cabello de la Furia, quien comenzó a temblar de miedo- Vas a morir, Ápate, y me voy a quedar con el Cinturón de los Pseudologos como presea personal –agregó, colocando su mano en el cinturón de monedas doradas de Ápate, arrancándoselo de la Suplice-. En estos momentos, estoy perdonando a todos quienes son culpables de traición –elevó su cosmos Memnón alrededor de su cinturón, y las monedas doradas todas estallaron, todas menos una, que Ápate rápidamente tomó del cinturón-. ¿Es mi moneda, Ápate? No me importa, castígame después si es lo que quieres, pero hoy te mueres –la tomó Memnón de los hombros, abrió la boca, y una fuerza congelante comenzó a reunirse alrededor de su garganta y a resonar dentro de su boca-. ¡Aliento Mortuorio! –disparó de su boca Memnón a quemarropa, congelando el cuerpo de Ápate, que se fragmentó en pedazos, y estalló, destruyendo a la Furia.
-¡Memnón! –escuchó entonces el Espectro de Memnónida, encontrando a Peneleo con su brazo al aire- ¡No voy a permitirte manchar tu alma! ¡Sea cual sea la razón! ¡Triángulo Dorado! –atacó Peneleo, empujando a Memnón a una dimensión portátil de su propia creación- Te llevaré con Poseidón, y le explicarás a él personalmente lo que pasa, ¿lo has entendido? –preguntó él desafiante.
-Lo he entendido, Peneleo… al final, sí eres un buen tipo, ya entiendo por qué Diomedes te permitió gobernar, Co-Rey de Tebas –con tan solo elevar un poco su cosmos, el Triángulo Dorado de Peneleo fue destruido-. Pero insisto… ninguno de ustedes es tan fuerte. Pero, aun así, elegí rendirme ante Sarpedón. ¿Entiendes ya que aquella noche, lo único que quería era salvar sus vidas…? -lloró nuevamente Memnón, y Peneleo fue transportado de regreso a ese día, frente a Sarpedón, el Cuarto Juez del Inframundo y quien vestía a la Suplice de la Quimera, y al momento en que los sometió a ambos, a Anceo y a él, Anceo incluso teniendo una fuerza comparable a la de Heracles, y al notar la extensión del verdadero poder de Memnón, por fin lo comprendió, el secreto guardado frente a sus narices. Memnón era el General Marino más poderoso de todos, y no era rival para Sarpedón, Memnón genuinamente salvó sus vidas-. Hazme un favor, Peneleo… vuélvete fuerte, y asesíname en el campo de batalla si es que puedes… me ahorrarás el saber si Poseidón terminó convertido o no en un tirano en esta guerra… y por favor… cuida de Políxeno… hasta siempre, mi querido amigo Peneleo, hasta siempre, mis queridos, Meríones y Automedonte, mi rey Idomeneo, y mi estimado Anceo, y mi señor Poseidón… gracias por ser un dios de bondad. ¡Ventisca Congelante de Cocitos! –forzó su cosmos a estallar Memnón, y comenzó a destruir no solo el templo del Héroe de Samos, sino al árbol sagrado de Hera, que comenzó a desquebrajarse frente a ellos.
-¡Memnón! ¡Explosión de Galaxias! –volvió a atacar Peneleo, pero sus planetoides y cometas estallaron, Memnón era demasiado poderoso para él- ¡No podemos permitirlo! –se quejó Peneleo, desesperado.
-¡No vamos a permitirlo! ¡Aguijón de la Abeja Reina! –atacó Meríones, pero ni una fuerza de cosmos como la Aguja Escarlata, aunque de colores esmeraldas, logró llegar a Memnón, y terminó por disiparse en una barrera de cosmos personal del ahora Espectro-. ¡Cuánta fuerza! –se impresionó Meríones.
-¡A un lado! –gritó Automedonte, su cosmos azul y dorado, lo que impresionó a Memnón- Soy un General Marino, pero también soy un Caballero de Athena. Voy a derrotarte, Memnón, y a llevarte a suplicar el perdón de Poseidón. ¡Galope de Hipocampo! –se lanzó Automedonte transformado en un corcel de agua que brillaba con un cosmos dorado.
-¡Necio! ¡No eres el único que posee dos tipos de cosmos! –apoyando al cosmos oscuro de los Espectros, acrecentó nuevamente el cosmos azul de los Generales de Poseidón, lo que fue incomprensible para Automedonte, mientras su puño se estrellaba contra una barrera tanto morada como azul- Así que este es tu poder… me impresionas… tú realmente, aceptaste tanto a Athena como a Poseidón en tu alma… ante fuerza semejante, yo que me veo forzado a usar el cosmos de un Espectro, no podré detenerte por mucho tiempo, pero, eres de un corazón más noble que el mío, Automedonte –apuntó su mano Memnón a la Sacerdotisa Ocírroe, quien apenas despertaba, para ver el templo de Hera desquebrajándose-. Ella no tiene nada que ver, fue Ápate quien la mantuvo controlada y la forzó a revelar el Oráculo. ¿Qué vas a ser, Automedonte? ¿Completas tu ataque, me derrotas, y me llevas ante Poseidón? ¿O la salvas a ella? ¡Ventisca Congelante de Cocitos! –la atacó Memnón.
-¡No! –exclamó Automedonte, deteniendo su puño, y corriendo a toda velocidad frente a una aterrada Ocírroe, posándose frente a ella- ¡Cortina de los Mares! –elevó su muro de viento Automedonte, atrapando el ataque de Memnón, y dando tiempo al antes General de Poseidón de terminar de demoler el Templo del Héroe de Samos sobre sus cabezas- Con tu permiso, seré irrespetuoso –la levantó Automedonte, y comenzó a correr con ella en brazos. Meríones observó el templo desquebrajarse, e intentó retirarse también, pero Peneleo no se movía, no podía creer lo que acababa de ocurrir.
-¡Peneleo! –lo volteó Meríones, notando su mirada perdida, e incrédula de lo que acababa de ocurrir- Yo también me siento culpable, hermano, pero debemos irnos –le pidió Meríones, Peneleo se mordió los labios, se repuso, y escapó junto a Meríones mientras el templo colapsaba sobre ellos, ambos saliendo del mismo justo a tiempo para recibir solo la nube de escombros que los rodeó en ese momento.
-Memnón… -enunció Peneleo, cayendo en sus rodillas, furioso- ¡Maldito! ¡Voy a detenerte me oyes! ¡Te detendré! –enfureció Peneleo, pero entonces sintió un cosmos agresivo a sus espaldas, proveniente del navío de Etiopía.
-Tendrás que hacer fila… Peneleo… -le enunció Políxeno, destrozado, y apretando el papiro de Memnón en su mano con todas sus fuerzas-. ¡Memnón! –enunció furioso, dolido, traicionado- Ni yo ni tu pueblo vamos a permitirte caer en desgracia –terminó Políxeno, desafiante, y lejos, del otro lado de Samos, Memnón lo había escuchado, mientras usaba su cosmos para congelar el mar, y caminar sobre el mismo, buscando tierra firme.
-No eres tan fuerte, Políxeno… nadie lo es… -respondió Memnón para sí mismo, observando los desiertos de Asia Menor, y a un grupo de guerreros en carros de batalla, quienes lo miraban sorprendidos de que caminara por el agua-. No sé de qué país son, pero por sus pieles, son de Kemet como yo… -continuaba él, mientras conectaba la Isla de Samos con el continente, y se reunía con los guerreros de pieles bronceadas, quienes apuntaron sus lanzas en su dirección-. Soy Memnón, el Guerrero Negro, Rey de Etiopía. Y les pagaré muy bien por llevarme a mi hogar, el Palacio de Oro de Etiopía –agregó con autoridad, los hombres de pieles bronceadas intercambiaron miradas, y ofrecieron un carromato para Memnón.
