Holi, tiempo de no verlos. Aprovechando el cumpleaños de Kumiko, traigo un nuevo capítulo extra, en el que Kumiko rememora un poco su historia con Shuuichi y su autodescubrimiento. Este capítulo se sitúa entre los capítulos 39 y 40 de este fanfic. Espero que disfruten la lectura.
Sonata para bombardino y trombón
Recostada en la cama, jugueteo con la hebilla para el cabello que Shuuichi me regaló hace poco más de un año. Admito que es bonito, pero nunca he encontrado una razón para usarlo. Su figura, un girasol blanco italiano, me llena de dudas. ¿Sabrá él el significado de esa flor? De ser así, ¿por qué ha estado tan distante conmigo desde que le confesé que me gustan las chicas? Puede que le siga gustando, y entendería que estar cerca de mí le duele, tal como a mí me dolía estar junto a Reina cuando aún le gustaba el profesor Taki, pero… extraño pasar tiempo con él como antaño.
Shuuichi y yo nos conocimos el día que mi familia se mudó de Tokio a Uji. Los esposos Tsukamoto nos recibieron con amabilidad, y él estaba tras ellos, mirándome con curiosidad. Nuestras madres se llevaron bien desde el principio, siendo ellas quienes nos juntaron como compañeros de juego. Conforme pasaba el tiempo, nos fuimos haciendo cada vez más cercanos. Supongo que mi actitud de dejarme llevar por los demás me ayudó a adaptarme a su grupo de amigos, pero había algo en él que era diferente del resto.
Cuando mi hermana y yo nos distanciamos, él estuvo a mi lado, confortándome, diciendo que ella aún me quería a pesar de todo. Esa amabilidad innata de él me hizo tomarle cariño, lo que, influenciada por los mangas románticos que acostumbro a leer, me hizo creer que me había enamorado de él.
En secundaria, tuve un altercado con una de mis mayores cuando ella perdió una audición contra mí. De nuevo, Shuuichi estuvo a mi lado dándome su apoyo, algo que sigo agradeciendo al día de hoy. Por supuesto, en ese ambiente tan lleno de hormonas y jóvenes descubriéndose a sí mismos, los rumores sobre él y yo siendo más que amigos no se hicieron esperar. Azusa, una de mis mejores amigas, fue quien más me apoyó e intentó motivarme a dar el primer paso con él, aunque la influencia de los mangas me hacía esperar que fuera él quien tomara la iniciativa, y lo hizo.
Estuvimos saliendo por algunos meses. Al principio todo iba bien, teníamos citas cuando los ensayos de la banda nos lo permitían, íbamos juntos desde y hacia la escuela tomados de la mano, y todas esas cosas que hacían las parejas de los mangas, excepto por los besos. Por alguna razón entraba en pánico cuando parecía que era el momento de besarlo, lo que se traducía en golpes de mi parte hacia Shuuichi. Me disculpaba cada vez, y él era muy paciente conmigo, pero me sentía mal. Las dudas acerca de mis sentimientos hacia él comenzaron a crecer, lo que me llevó a terminar nuestra relación.
De forma instintiva comencé a alejarme de él. Al momento de elegir la preparatoria en la que continuaría mis estudios, quise apartarme de todo y de todos, empezar de cero. Además, ver el uniforme de Kitauji me recordó a aquellos mangas, así que elegí aquella escuela sin pensarlo demasiado, creyendo que nadie más de mis compañeros iría ahí. Sin embargo, dos personas también fueron a parar allá. Dos personas a las que sentía que había lastimado: Shuuichi y Reina.
En secundaria, Reina y yo apenas hablamos en contadas ocasiones, siempre por asuntos de la banda. Haberle preguntado si realmente creía que iríamos a las nacionales la hizo reaccionar de una forma tan furiosa que creí que me odiaría. En su momento no le presté mucha atención; sabía lo talentosa que es, así que asumí que iría a una escuela con una banda fuerte. Ofertas no le faltaban, pero eligió Kitauji por el profesor Taki. Irónico que ese crush infantil la llevara a acercarse a mí. Y aún más irónico que mi instinto por marcar distancia con Shuuichi, en especial al saber que a una de mis nuevas amigas le gustaba él, fue lo que dio inicio a la locura de enamorarme de Reina, de darme cuenta de que soy lesbiana.
Al elegir las actividades extracurriculares, la mayoría de los chicos optan por los deportes, mientras que las actividades culturales y artísticas las dominan las chicas, así que siempre he estado en ambientes femeninos. En ese ambiente empecé a notar las primeras señales de quién soy. La mayoría de las chicas consideran que el profesor Taki es guapo, mientras que yo hago parte de la minoría que no lo ve así. Eso por sí mismo no es raro, no porque te gusten los hombres te tienen que gustar todos. Sin embargo, me di cuenta de que, cuando quería pensar en personas que encajan con esa palabra, nombres como el de Asuka, Kaori, Yuuko, obviamente Reina y otros nombres femeninos venían a mi mente, al punto de que el pensamiento de que "si fuera hombre saldría con alguna de ellas" se hizo recurrente en mi mente, al igual que la duda de si eso era correcto o no.
Fue mi amiga Azusa quien me ayudo a resolver esa duda. Ella me dijo que no tiene nada de malo que a una chica le gusten otras chicas, pero debía ser cuidadosa de a quién le hablaba de ello, ya que no todos toman esto para bien. Además, me deseó suerte con aquella chica que robó mi corazón. Ella no supo de quién se trataba hasta que inicié mi relación con Reina.
Admito que en muchas ocasiones he comparado los recuerdos de mi relación con Shuuichi con mis vivencias con Reina. Al ser mi primera experiencia romántica, se convirtió en mi principal referente a la hora de esclarecer mis sentimientos. Por ejemplo, no recuerdo haber fantaseado alguna vez con la idea de que Shuuichi me besara, pero con Reina sí que lo hice. El contraste es tal que, mientras que con él entraba en pánico, con ella he tomado la iniciativa.
Contarles a mis padres al respecto me aterraba, en especial por papá. Él siempre ha sido recio en sus opiniones, al punto de no dudar al echar a mi hermana de la casa cuando ella decidió dejar la universidad. Siempre está pendiente de mis calificaciones, y últimamente se preocupa bastante por mi futuro. Más de una ocasión había insinuado que tener una relación romántica a esta edad sería una distracción, así que temía ver su reacción al enterarse, no solo que estaba en una, sino que era con otra chica. Sin embargo, enterarme de que los padres de Reina nos habían descubierto y nos apoyan me hizo armarme de valor.
Aún recuerdo la mirada seria que papá me dio cuando le revelé mi verdad. Por varios y eternos segundos me perdí en el granate de sus ojos tras sus lentes, y mi mente comenzó a maquinar los peores escenarios posibles: tener que dejar la casa sin siquiera haber cumplido los 17 años, o verme forzada a terminar con Reina.
—¿Hace cuánto tiempo? —preguntó para mi sorpresa.
—Desde finales de marzo —respondí haciendo lo posible por no titubear.
Papá suspiró, se acercó a mí y me dio una suave palmada en el hombro.
—Mientras ella siga siendo una buena influencia para ti y no descuides tus estudios, no tengo objeciones contra su relación —aseguró. Su mirada se había suavizado—. Al menos no tengo que preocuparme de que resultes embarazada.
Recuerdo sentir mi rostro arder cuando papá dijo eso, y una risilla se me escapa. Con mamá fue más sencillo. Si bien se desilusionó acerca de la idea de que volviera con Shuuichi, me dio su apoyo incondicional y deseó mi felicidad.
Hablando de Shuuichi, creo que debería hablar con él. No solo porque extraño a mi amigo de la infancia, sino porque ahora que somos presidenta y vicepresidente de la banda, deberíamos hacer que esas incomodidades que pueda haber entre nosotros se diluyan, por el bien de la banda. Tomo mi teléfono, busco su contacto y le escribo pidiéndole que nos veamos. Él accede sin dudarlo.
—Es raro que seas tú quien quiera que hablemos —comenta nada más verme llegar. Si bien tiene razón, no puedo evitar rodar los ojos al escucharlo—. Esa hebilla… —señala al notar que la llevo puesta.
—Me la regaló un amigo muy especial, y quise ponérmela hoy —respondo encogiéndome de hombros. Shuuichi sonríe, gesto que relaja un poco los nervios que siento—. ¿Cómo tomaste que te nombraran vicepresidente?
—Admito que me tomó por sorpresa. Creí que nombrarían a Kawashima o a Katou.
—También yo. De hecho, había sugerido a Midori, pero Asuka movió sus hilos y terminaste siendo el elegido.
Pese a que intento hacer que mi voz suene neutral, Shuuichi parece incomodarse por mis palabras.
—Como sea, daré lo mejor de mí para que logremos el oro en las nacionales.
—No esperaba menos de ti, Shuuichi. —Con una sonrisa, palmeo la parte baja de su espalda. Se queja, pero no estoy golpeando con fuerza—. Tendremos que mejorar nuestra comunicación ahora que estamos al mando. No me gusta que estés tan distante de mí.
—Mira quién habla —protesta.
—Lo sé, y realmente lo siento. Creí que te lastimaría más si seguía junto a ti, pretendiendo que todo era igual que antes de que empezáramos a salir. Por eso me alejé.
Shuuichi palmea con suavidad mi hombro, brindándome una sonrisa. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan cómoda junto a él como ahora, por lo que no puedo evitar sonreírle de vuelta.
—Tranquila, te entiendo perfectamente —expresa—. También debería disculparme por mantener la distancia. —Retirando la mano de mi hombro, Shuuichi rasca su mejilla, con un ligero rubor—. A decir verdad, lo hice porque le temo a Kousaka…
Suelto una carcajada al escuchar esto. Reina puede ser bastante intimidante, pero eso no le quita lo gracioso al hecho de que alguien tan grande como Shuuichi le tenga miedo a ella.
—¡No es gracioso, Kumiko! —protesta, pero mi risa no se detiene.
—Perdón —hablo entre risas—, pero mira lo alto y fuerte que estás. ¿En serio le temes a Reina, siendo ella tan pequeña?
—Lo dices como si tú misma no le hubieras tenido miedo a inicios del año pasado.
—¡Eso es diferente! —exclamo, dejando de reír—. Cuando obtuvimos ese oro simbólico en tercero de secundaria, le dije algo insensible, así que creí que me odiaba. Tú, por el contrario, salvo por esa vez que insinuaste que el profesor Taki no tenía madera de docente, realmente no le has dicho o hecho nada a ella.
—¿Recuerdas cómo se puso ella entonces? Estoy seguro de que me odia por esa razón.
—Nah, ella ya superó eso hace mucho tiempo. —Suspiro ante la mirada dudosa que Shuuichi me lanza—. Deberías intentar acercarte a ella. Es nuestra tambor mayor, así que debemos intentar llevarnos bien para hacer un buen trabajo juntos. No pido que sean íntimos amigos, con que dejes de temerle y puedan ser cordiales entre sí me conformo.
—Lo intentaré, pero no puedo prometer nada, en especial si ella no pone de su parte.
—Al menos pon de tu parte, ¿sí? —insisto.
—De acuerdo, de acuerdo, no te enojes.
Sonrío, tanto satisfecha por la respuesta de Shuuichi, como graciosa por su actitud tan defensiva. Las cosas bajo nuestro mandato pueden ser divertidas.
Divertidas, lo que se dice divertidas, no estoy seguro. ¿Qué tal la tercera temporada? En lo personal que gustó bastante, aunque eché en falta las presentaciones en el Sunfest y en la etapa de Kyoto. Espero que sigan teniendo en buena estima a Reina y le den una oportunidad a mi versión de su tercer año el próximo año. Muchas gracias por leer.
