Maestro de la Oscuridad

Capítulo 5

El regreso a Grimmauld Place fue casi anti climático después del bullicio de su reunión con Narcissa. Harry había esperado sentir algún tipo de agitación, de desasosiego, pero en su lugar, todo parecía sorprendentemente normal. Las paredes oscuras de la casa seguían siendo tan sombrías como siempre, y Kreacher, a pesar de todo lo que había pasado, aún los recibió con su habitual murmullo despectivo. Sirius, sin embargo, parecía más en paz que nunca. Se movía por la casa con una ligereza que Harry no le había visto antes, como si por fin hubiera encontrado algo en lo que enfocarse, algo que lo anclara.

Los días siguientes transcurrieron con una extraña calma. Sirius y Harry pasaron el tiempo disfrutando de una libertad que ambos sabían era efímera. A pesar de los peligros inminentes, Harry encontró consuelo en la rutina diaria que compartían: desayunos tranquilos, tardes de lectura en la biblioteca de la casa, y paseos furtivos por calles muggle disfrazados, donde podían ser simplemente ellos mismos sin la sombra del mundo mágico acechándolos. Pero a medida que se acercaba la próxima reunión de la Orden, Harry no podía evitar sentirse inquieto. Sabía que tarde o temprano tendría que enfrentar a sus amigos, y la perspectiva de lo que podría pasar lo mantenía en un estado constante de tensión.

Finalmente, la noche de la reunión llegó. Sirius había recibido el aviso temprano en la mañana, y desde entonces, la casa había sido un hervidero de actividad, preparándose para recibir a los miembros de la Orden. Harry había esperado en silencio en su habitación mientras escuchaba los sonidos de los que llegaban, uno tras otro. Fue el estruendo en la entrada lo que le indicó que los Weasley y Hermione habían llegado.

—¡Harry! —gritó Ron, con sorpresa y alegría en su voz, cuando lo encontró en el pasillo camino a la cocina.

Harry les sonrió a todos, tratando de aparentar que todo estaba bien. —Hola, chicos.

Hermione fue la primera en abrazarlo, apretándolo con fuerza. —No sabíamos que estabas aquí. Nos preocupábamos por ti.

—Sirius y yo volvimos hace unos días —explicó Harry, evitando dar demasiados detalles. No era el momento, no con la reunión de la Orden en marcha y todas las preguntas que sabía que surgirían.

—¿Y qué has estado haciendo? —preguntó Ron, con la curiosidad evidente en su voz.

—Es una larga historia. ¿Subimos a mi habitación? —sugirió Harry, señalando hacia las escaleras.

Una vez en la seguridad de su habitación, Harry cerró la puerta detrás de ellos y se sentó en la cama, con sus amigos mirándolo expectantes. El silencio se apoderó del ambiente, y por un momento, Harry no supo por dónde empezar.

—He estado... bueno, Sirius y yo hemos estado haciendo algunas cosas... diferentes —comenzó, eligiendo sus palabras con cuidado. —Hemos pasado tiempo en el mundo muggle, y también en la biblioteca de Grimmauld Place.

—¿En la biblioteca? —preguntó Hermione, con interés.

Harry asintió, pero se dio cuenta de que estaba evadiendo el tema principal. Sabía que tenía que contarles lo que había sucedido desde su cumpleaños, pero la idea de cómo podrían reaccionar lo hacía dudar. Finalmente, decidió que la honestidad era lo mejor.

—Hay algo que necesito contarles, pero tienen que prometerme que no se lo dirán a nadie. Ni a la Orden, ni a Dumbledore —dijo, mirando a sus amigos con seriedad.

Ron frunció el ceño. —¿Qué es tan grave como para que no se lo podamos decir a nadie?

—Prométanme —insistió Harry.

Hermione fue la primera en asentir. —Te lo prometo, Harry.

Ron miró a Hermione, luego a Harry, y finalmente suspiró. —Vale, lo prometo.

Con un suspiro de alivio, Harry comenzó a relatar todo lo que había sucedido desde su cumpleaños: cómo había recibido la marca, la explicación de Sirius sobre su herencia mágica, el viaje a Gringotts, y la prueba de herencia que lo había declarado un Maestro Oscuro, un título superior al de los Señores Oscuros, incluyendo a Voldemort. Les contó sobre la reunión con Narcissa y la posibilidad de una alianza con el lado oscuro. A medida que hablaba, podía ver cómo las expresiones de sus amigos cambiaban, desde la sorpresa inicial, hasta la incredulidad y el shock.

Cuando terminó, el silencio en la habitación era casi palpable. Ron fue el primero en romperlo.

—¡No puedes ser oscuro, Harry! —exclamó, su voz temblando con una mezcla de enojo y desesperación.

Harry no sabía cómo responderle. Sabía que esta reacción era inevitable, pero aún así, dolía escuchar esas palabras de su mejor amigo.

—No es tan simple, Ron —dijo, intentando mantener la calma. —No es algo que haya elegido. Es parte de quién soy.

Ron se puso de pie, su rostro enrojecido. —¡Pero es Voldemort! No puedes... ¡No puedes ser como él!

Hermione, que había permanecido en silencio todo el tiempo, finalmente intervino.

—¡Ron, cállate! —dijo, con una firmeza que sorprendió a ambos chicos. —Harry puede ser oscuro, pero eso no lo convierte en una mala persona. No olvides todo lo que ha hecho por nosotros, por ti. Ya una vez lo abandonaste durante el Torneo de los Tres Magos, ¿recuerdas? Piensa bien las cosas antes de cometer otro error.

Las palabras de Hermione resonaron en la habitación, llenando el espacio con una intensidad que parecía hacer eco en las paredes. Harry sintió una oleada de emoción por el apoyo incondicional de Hermione. Sin pensarlo dos veces, se levantó de donde estaba sentado y la abrazó con fuerza.

—Gracias, Hermione —murmuró, sintiendo un nudo en la garganta.

Hermione lo abrazó de vuelta, apretándolo con calidez. —Siempre estaré de tu lado, Harry.

Ron, mientras tanto, parecía derrotado. Se dejó caer en una silla cercana, su mirada fija en el suelo.

—No puedo tomar una decisión ahora —murmuró finalmente, con la voz apagada. —Necesito tiempo para pensar.

Harry observó cómo la puerta se cerraba detrás de Ron, el eco de sus pasos resonando en el pasillo mientras se alejaba. Un pesado silencio cayó sobre la habitación, y Harry sintió que su pecho se apretaba, temiendo que tal vez esa puerta no se volvería a abrir.

Hermione, aún junto a él, parecía estar lidiando con sus propios pensamientos. Harry no pudo evitar preguntarse si, en el fondo, ella también dudaba de él. Apretó los puños, tratando de ahuyentar esa idea.

—¿Crees que Ron volverá? —preguntó finalmente, rompiendo el silencio con una voz que sonó más vulnerable de lo que habría querido.

Hermione lo miró, sus ojos cálidos y comprensivos. —Ron necesita tiempo. Esta es una gran noticia, Harry. Y Ron… bueno, ya sabes cómo es. Reacciona primero y piensa después. Pero al final, vendrá —le aseguró, con una convicción que hizo que Harry quisiera creerle.

—¿Y si no lo hace? —insistió Harry, su voz apenas un susurro. —¿Y si esto es el fin de nuestra amistad?

Hermione suspiró y le tomó la mano, apretándola con suavidad. —Sería doloroso, no lo voy a negar. Pero, Harry, tienes que recordar que hay personas que estarán a tu lado sin importar qué. Si Ron decide que no puede aceptar esto, será su decisión, y aunque te duela, lo superarás. Porque eres fuerte, y porque no estás solo.

Harry asintió lentamente, absorbiendo sus palabras. Era cierto; él siempre había contado con sus amigos, y la idea de perder a Ron era aterradora. Pero sabía que, al final, tendría que aceptar lo que sea que ocurriera, incluso si eso significaba dejar ir una amistad que había valorado durante tanto tiempo.

Hermione soltó su mano y se sentó de nuevo en la cama, mirándolo con preocupación.

—¿Y tú? —preguntó Harry, rompiendo el silencio de nuevo. —¿Qué piensas de… bueno, de todo esto? ¿Crees que una alianza con el lado oscuro es viable?

Hermione suspiró profundamente, tomándose un momento para ordenar sus pensamientos. —No es una pregunta fácil, Harry. Sinceramente, no creo que nadie pueda darte una respuesta clara porque… bueno, esto no es algo que hayamos enfrentado antes. Pero lo que puedo decirte es que lo más importante es que te mantengas fiel a ti mismo. Sé que suena cliché, pero es la verdad. Si crees que esta alianza puede ayudar a evitar más muertes, a poner fin a la guerra… entonces podría ser viable. Pero también tienes que estar preparado para las consecuencias. Alianzas como esta no vienen sin un precio.

Harry asintió, sintiendo el peso de sus palabras. —No quiero que nadie más muera por esta guerra —dijo con determinación. —Y sé que Voldemort… bueno, que él está más controlado ahora. No ha habido muertes indiscriminadas, al menos no como antes. Pero me preocupa lo que podría pasar si hago esta alianza. ¿Y si al final no puedo controlarlo?

Hermione lo miró con una mezcla de preocupación y confianza. —Esa es una posibilidad, Harry. Pero también sé que eres increíblemente fuerte. Has sobrevivido a tantas cosas que habrían destruido a cualquiera. Y aunque no puedo decirte qué decisión tomar, te apoyaré en lo que decidas. Solo… solo ten cuidado, ¿de acuerdo? No te dejes arrastrar por el poder o por lo que otros puedan querer de ti.

Harry sonrió débilmente. —Gracias, Hermione. Siempre eres la voz de la razón.

Hermione le devolvió la sonrisa, aunque su preocupación aún era evidente. —Hablo en serio, Harry. Sea lo que sea que decidas, no te olvides de quién eres. Porque ese es el Harry Potter que todos necesitamos, no importa en qué lado estés.

Harry asintió, sintiendo un renovado sentido de claridad. Sabía que la decisión que tenía por delante no sería fácil, y que las consecuencias podrían ser enormes. Pero con Hermione de su lado, se sentía un poco más preparado para enfrentarlas.