Trigger warning: Sexo explícito.


ME GUSTAS

La quedada se alargó durante horas. Estaba siendo más silenciosa de lo habitual. No por falta de entusiasmo, aunque desde luego la euforia y la violencia intrínsecas a un partido reñido de exy ayudaban a que fuese más discreta, sino porque Andrew fulminaba con la mirada a cualquiera que osase gritar o levantar la voz.

A pesar de ser demasiados Zorros, e invitades, en un amplio salón que empequeñecía con tanta gente, pronto la conversación se dividió en grupos. Algo que salvó la vida de Nick y Aaron, probablemente, pues ambos dedicaron gran parte de la tarde a lanzar burlas hacia Neil por haberse ausentado durante la comida y, en general, contra Andrew y él a causa de su acogida. Neil era consciente de que había más malicia que sinceridad en sus bromas, así que no le importaba mucho y prefería no devolverlas para no llamar la atención de Andrew sobre ellos y que este acabase decidiendo que un sarcasmo no sería suficiente, por buena relación que mantuviese con su hermano en la actualidad.

—¿Dan? —Andrew no había levantado la voz al preguntar, pero Neil, que estaba en ese momento escuchando a Robin parlotear acerca de su último partido, se volvió hacia la puerta al instante.

Dan estaba en el umbral, descalzo y sólo con el pijama de manga corta. Tenía un vaso vacío en la mano y miraba, con los ojos abiertos de par en par, a toda la gente reunida en el salón.

—Me desperté y tenía sed —explicó, mostrando el vaso a Andrew. Este se levantó del sofá, donde estaba apretujado junto a Kevin, Neil y Robin, y tendió la mano hacia el rostro de Dan. Este puso los ojos en blanco antes de asentir.

—Ya no tienes fiebre. —No le dijo nada por ir descalzo. Ni en manga corta. Neil dejó escapar una risita sólo por haberlo pensado, comprendiendo que quizá Nicky no estaba tan desencaminado en sus bromas.

—Me encuentro mejor —dijo Dan, asintiendo. Dudó unos segundos, como si no quisiera marcharse. Neil iba a decir algo, pero Robin se adelantó, levantándose de un salto del sofá y acercándose a él.

—¿Así que este es el cachorro que habéis adoptado?

—Me llamo Dan —dijo este, frunciendo el ceño y entrecerrando los ojos, desconfiado.

—Robin.

—Tengo gripe —repuso Dan, sin aceptar la mano que esta le estaba estrechando.

—Bueno, ya te encuentras mejor, ¿no? No te preocupes, nadie se enferma de gripe en verano. —Nada más decirlo, se hizo un silencio en toda la sala que la propia Robin rompió con una estentórea carcajada al darse cuenta de lo que acababa de decir—. Bah, no hagas caso a este par de tontos. Andrew puede ponerse muy sobreprotector, ¿verdad?

—¿Andrew? Neil es peor. —La afirmación de Dan, que había arrugado la nariz, fue secundada por una carcajada general del resto de la sala, incluido el propio Neil. Hasta Andrew levantó una comisura al regresar al sofá.

—Va, quédate —intervino Matt. Dan, su pareja, sentada en sus rodillas, lo secundó al momento—. La otra vez casi no pudimos conocerte.

—Si mañana me levanto con esto —Nicky señaló su cara con efusividad— destrozado por los mocos de una gripe, recuerda que no fue culpa mía, Eric.

—No le hagas caso. Sólo es otro idiota —dijo Robin, descartando el comentario con una mano. Luego condujo a Dan hacia el sofá. Neil se apretujó más contra Andrew para hacer sitio al chico, que se sentó con cierto aire de timidez. Su sed estaba olvidada, pero Renée se cercioró de rellenarle un vaso con agua y acercárselo.

Dan se convirtió en el centro de atención de todos excepto, quizá, de Jean y Kevin, que estaban absortos en su enésima discusión sobre los entrenamientos infantiles de Jeremy y cómo mejorarlos, durante la siguiente hora u hora y media. Sólo recordarle a Dan los nombres de los que ya conocía del partido en la cancha de la urbanización llevó un rato, y hubo que añadir las presentaciones de Cat y Laila, que habían sido invitadas por Jeremy en esta ocasión y que parecían ansiosas por saber más sobre cómo había acabado Dan en la casa de Neil y Andrew.

Sin embargo, una vez pasada la emoción inicial, los adultos regresaron a sus conversaciones cruzadas y, ahora que Andrew no estaba gobernando el volumen de voz con mano de hierro, pronto el salón se convirtió en una cacofonía de sonidos. Dan no se movió del sofá, sentado entre Neil y Robin. Estaba sonrojado, pero no por la fiebre, sino por la excitación de estar en un entorno adulto. Tenía las manos entre las rodillas, tímido, pero escuchaba la conversación de Robin, Cat, Laila y Jeremy sin perder un ápice de atención, salvo cuando se inclinó para preguntarle, en un susurro casi inaudible, a Neil si Cat y Laila eran novias. Este asintió.

—Bueno, dice Jeremy que juegas de distribuidor y que, de hecho, se te da muy bien —dijo Robin. Neil alzó las cejas, no sabía que habían hablado con tato detalle de los entrenamientos infantiles.

—Son todos muy buenos —dijo Dan, encogiéndose de hombros con humildad, pero sonrojándose más.

—Tiene que ser más taxativo con la defensa —intervino Kevin, desde el otro lado del sofá, atraído por el viraje de la conversación hacia un tema de su interés. Jean no dijo nada, pero Jeremy sí se rio entre dientes, lo cual hizo que tanto Neil como Andrew volviesen a levantar las cejas—. Es demasiado blando con Johnson. Cuando ella está en la defensa contraria, le roba demasiadas raquetas.

—¿En serio? —La voz de Nicky atravesó todo el salón con un chillido falsamente escandalizado—. ¿Qué habéis hecho tan mal para que el chaval os salga heterosexual?

—Nicky… —advirtió Neil, consciente de que su amigo podía llegar a ser más bocazas incluso que él. A su lado, Dan había enrojecido de nuevo, claramente incómodo. Kevin ni siquiera se había percatado del efecto de su comentario, embarcándose en una explicación que nadie escuchaba sobre tratar a los oponentes sin infravalorarlos.

Andrew se limitó a mirar tras de sí, como si buscase a alguien que obviamente no estaba, y luego se volvió hacia Nicky, con una mirada peligrosa en los ojos y una expresión depredadora en los labios.

—No sé a quién te refieres con ese habéis, Nicky, ni tampoco por qué presupones cosas que no sabes —dijo, fingiendo jovialidad—. Y ya que estamos, no estaría de más que en el próximo Orgullo preguntes qué significa la B. Pista: no es de Bocazas.

—Vale, vale, lo pillo. Me he pasado de frenada —respondió Nicky, con una sonrisa de compromiso.

—B de Brindo porque el cerebro de Nicky Hemmick se haya puesto al día —celebró Andrew, sarcástico, levantando el botellón medio vacío que tenía en la mano. Al lado de Neil, Dan se rio entre dientes, como si no estuviese muy seguro de poder hacerlo.

—Ni caso. Es la forma que tenemos de bromear, de meternos unos con los otros y, en cierto modo, de interesarnos por lo que nos pasa o enterarnos —le dijo Neil, en voz baja.

—Es raro.

—Sí —suspiró, comprendiendo que desde fuera sobre todo tenía que verse extraño. A ellos les funcionaba, claro, pero no era ni mucho menos saludable—. Ya te dije que no somos perfectos. Él sólo estaba tanteando, pero no te tienes que sentir presionado, ¿vale? Es cosa tuya y ni siquiera tendría por qué preocuparte ahora.

—¿Os habéis enterado de lo del señor Stevenson? —dijo Jeremy en ese momento, para cambiar de tema. Tenía la cualidad de suavizar el ambiente con facilidad. Quizá por eso se había integrado tan bien en el grupo una vez su relación con Jean se consolidó. Tenía una cierta aura luminosa que había sido una gran ayuda para Jean, pero que hacía que el resto también lo apreciase. Además, no podía haber elegido mejor combinación de palabras para atraer la atención de Neil y Andrew—. Por lo visto se ha marchado de casa y ha abandonado a su mujer. Se presentó un buen día con los papeles de divorcio, así de la nada.

—¿Cómo te enteras de esas cosas? —preguntó Kevin. Dan miraba a Jeremy con los ojos muy abiertos y luego a Andrew y Neil, atónito. Este se dio cuenta de que probablemente nadie, ni siquiera Jeremy, recordaban cuál había sido la anterior casa de acogida de Dan.

—Hay un grupo de chat de la urbanización. Para gestionar lo que pasa cada día, avisar y esas cosas, ya sabes. Lo dijo la misma señora Stevenson, que a partir de ahora su marido ya no vive aquí.

—Si hay alguien que tiene pinta de estar en un grupo de chat de su urbanización, eres tú, en definitiva —se burló Allison.

—No parece muy afectada —comentó Matt, ajeno a las reacciones de Dan, Andrew y Neil.

—De hecho, diría que está más alegre y participativa —dijo Jeremy, encogiéndose de hombros.

La sonrisa satisfecha de Andrew se esbozó con ferocidad. Dan se quedó pensativo. Neil lo observó con disimulo, esperando a ver cómo reaccionaba, pero cuando minutos después una sonrisa sincera apareció en sus labios, se despreocupó. Durante el resto de la tarde, Dan habló poco. En algún momento, agotado por batallar contra la fiebre y una interacción social tan fuerte, a pesar del ruido y del olor de la comida para llevar que Eric, Aaron, Nicky y Katelyn habían ido a buscar, cayó dormido, apoyando la cabeza sobre el hombro de Neil. Andrew fue a buscar una manta con la que cubrirlo, pero no fue hasta que todos los demás empezaron a marcharse, ya de noche, cuando lo tomó en brazos para subirlo a su dormitorio.

—No tiene fiebre —constató Neil en un susurro. Dan ni siquiera se desveló cuando le rozó la frente para comprobarlo, ni tampoco cuando Andrew empezó a subir las escaleras con él. Neil se contuvo de hacer comentario alguno al ver cómo, de hecho, se acomodaba en sus brazos, escondiendo la cara en el hueco de su cuello.

Neil se quedó en el umbral de la puerta del cuarto de Dan, observando cómo Andrew acostaba y arropaba a Dan.

—Quiere bloqueadores para la pubertad —dijo, en voz baja. Andrew lo miró y Neil sonrió recordando la conversación con Dan y cómo este se había abierto por fin a él—. También tiene preguntas incómodas para ti, me temo.

Andrew asintió, comprendiendo. Se sentó en el borde de la cama, con la mano posada encima de la sábana a apenas unos centímetros de la de Dan, pero sin tocarlo.

—Si Nicky vuelve a presionarlo así, me lo cargaré.

—Creo que esta vez lo ha pillado de verdad.

—Le conseguiremos los bloqueadores.

—He pensado que podías llamar a Dobson y preguntarle si conoce alguien de confianza que pueda asesorarnos con respeto. —Andrew asintió—. Yo llamaré a Abby. Es quien se lo sugirió, así que quizá ya haya pensado en alguien.

Los dos se quedaron en silencio unos minutos, Andrew sentado, con una mirada clavada en Dan que Neil sabía que era de feroz protección y él en el umbral. No le preguntó nada al acercarse e inclinarse sobre la mesita de noche para apagar la lamparita y dejar el cuarto a oscuras. Tampoco al depositar un beso en la coronilla de Andrew, que levantó la mano y se aferró a su camiseta para retenerlo unos segundos más antes de dejarlo marchar.

A Neil le dio tiempo a darse una ducha rápida antes de que Andrew regresase de la habitación de Dan. Tenía el rostro inexpresivo, como de costumbre, pero su mirada era serena y… feliz. Neil, desnudo sobre la cama y todavía con partes de su cabello y piel húmedos por la ducha, se contagió de esa felicidad, que le llenó el pecho. Andrew, en lugar de irse al cuarto de baño, se sentó en el borde de la cama. Su mano, esta vez, se posó sobre el abdomen de Neil y este sonrió con una expresión salvaje.

—Estás muy alegre —dijo, satisfecho. Neil se encogió de hombros, incapaz de poner en palabras su felicidad por ver a Andrew tan cómodo con Dan, tan protector y tan volcado en alguien más. «Interesado de verdad», comprendió—. Estoy contento, Abram. De que hayas podido hablar con él.

—Yo también —admitió Neil, un poco abrumado—. Es un chico genial.

—Lo es.

Andrew se levantó con lentitud y se dirigió al cuarto de baño. Neil escuchó el agua caer durante un par de minutos. Luego regresó, con sólo una toalla sobre los hombros. Se frotó el cabello. Como Neil, no llevaba cubiertos los antebrazos. Era la primera vez desde hacía varias semanas.

—Espero que no estés tan cansado de cargar con gente de aquí para allá que ahora no puedas conmigo —dijo Neil, en lo que esperaba que fuese un tono sugerente, sobre todo porque aún estaba desnudo y no se había cubierto con la sábana.

—¿Es lo que quieres? —Neil asintió, sonriendo—. Eres un fetichista.

—¿Sí o no, Drew?

—Claro que sí. Y por supuesto que eres un fetichista.

Andrew tenía unos brazos fuertes, capaces de sostener con facilidad cargas pesadas. Incluso a Neil, algo más alto que él. Eso le permitía sentir a Andrew más profundo dentro de él. Cedía por completo el control, pues nada podía hacer para elegir el ritmo o la intensidad. Y, sobre todo, le daba acceso al cuello de Andrew. Podía enterrar la cara en él y chupar, besar y lamer a placer, desatando el placer de este y anticipando el suyo propio.

—Te gusta —dijo, mirando a Andrew. Se sentó en la cama, fingiendo reluctancia a la espera de la admisión que quería escuchar.

—Me gusta —respondió este, tendiéndole la mano.

Neil ya se había preparado a sí mismo mientras esperaba a Andrew. No tanto ni con el mismo cuidado con que solía hacerlo este, porque no le importaba un poco de dolor o brusquedad, pero no dijo nada mientras entrelazaba los brazos tras la nuca de Andrew y este le subía los muslos, fuertes y musculados, para ayudarlo a rodearle la cintura con las piernas.

Sus manos grandes, ásperas y fuertes, le sujetaron las nalgas.

La facilidad con la que Andrew parecía sostenerlo podría resultar insultante, si no fuese porque la postura de este, arqueada hacia atrás para compensar el peso de Neil, le permitía a este, tal y como había pronosticado Andrew, pleno acceso a la piel suave y clara de su cuello. Mientras todavía estaba acomodándolo para cargarlo con facilidad, Neil fue depositando una línea de besos suaves por la carótida, hinchada por el esfuerzo. Cuando Andrew lo bajó unos centímetros, dejándolo caer sobre su polla ya dura, mordió el punto en el que se unían el cuello y el hombro. Sin fuerza, sólo lo justo para ahogar el gemido que había escapado de su garganta.

Andrew fue abriéndose paso hacia su interior poco a poco, dejando que la gravedad y el propio peso de Neil empujasen a este hacia abajo, empalándolo. Cuanto más descendía, más doblado sobre sí mismo se encontraba Neil, pues no quería alejar el rostro de los lametones y besos que estaba depositando en el cuello de Andrew.

Para cuando estuvo completamente enterrado en su interior, Andrew se detuvo varios segundos, para darle tiempo a acostumbrarse, pero Neil lo espoleó jugando con la punta de la lengua bajo el lóbulo de su oreja.

—Pervertido fetichista —dijo Andrew, divirtiéndose. Una oleada de placer involuntario recorrió la espalda de Neil, haciéndolo estremecerse y apretar alrededor de Andrew, que lo notó al instante—. ¿Estás muy cerca?

—Prácticamente a punto —admitió Neil, que había usado uno de sus plugs favoritos para prepararse y lubricarse y ya había tenido que detenerse para no adelantar en exceso su orgasmo. Al susurrarlo al oído de Andrew, regando la concisa narración con algunos besos en el cuello, fue el turno de este de estremecerse—. No pasa nada si yo termino antes, ya lo sabes.

Andrew movió las caderas, sin responder, apenas saliendo de su interior para clavarse de nuevo profundamente. Neil ahogó un sollozo besándole el cuello, pero la forma en la que se movía Andrew, certero y constante, le acercaba más y más al clímax. La presión que sentía en su abdomen, similar a la que notaba cuando necesitaba ir con urgencia al baño, era urgente e imperiosa. Su culo se apretó alrededor de Andrew al mismo ritmo con el que varios chorros de esperma manchaban la piel desnuda de ambos, sudorosa por el esfuerzo.

—Seguir moviéndome ahora que has acabado, ¿sí o no? —preguntó Andrew en un murmullo urgente.

—Sí, Drew, sí.

No se hizo de rogar. Volvió a adoptar un ritmo tan imperioso que las propias embestidas le hicieron caminar hacia adelante, hasta que la espalda de Neil topó con una de las paredes del dormitorio. No tardó en pasar de movimientos rítmicos a embestidas erráticas que anticipaban la llegada de su orgasmo, clavándose una y otra vez dentro de Neil, que seguía besándole el cuello, ahora con la calma de estar disfrutando de los restos de placer que inundaban su cuerpo, más centrado en el de Andrew. Cuando terminó, Andrew jadeó junto a la oreja de Neil, pero no lo dejó caer. Afianzándole antes de moverse, lo separó de la pared y lo llevó hasta la cama, donde lo dejó caer suavemente antes de salir de su interior. Luego se dejó caer a su lado, exhausto.

—Vas a matarme un día de estos, Abram.

—Pensaba que iba a ser al revés.

—Te odio. —Neil sonrió, cansado y encontró una leve y sutil réplica en los labios de Andrew—. Me gustas.