Resumen: Saitama siempre creyó que el verde era un color aburrido, hasta que conoció a Fubuki.


- Anime: One Punch-Man (ワンパンマン)

-Todos los personajes le pertenecen a su creador: ONE®


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El verde es un color muy común. Está en las hojas jóvenes de los árboles, es la hierba en el suelo, el cactus que Saitama riega cada que puede y el repollo en el estofado. Bastante típico, sin mucha gracia, aburrido más allá del llamado de algo saludable y natural.

Pero, si Saitama rebusca entre los significados, tanteando algo que pueda valer la pena, él diría que es un color relajante.

La cosa es que Fubuki tiene los ojos verdes y ella es cualquier cosa menos una persona que inspire "calma".

Ella es todo menos sencilla, todo menos fácil de entender, todo menos algo natural.

Fubuki es una psíquica, sus ojos son puramente verdes pero su aura no, porque su cuerpo brilla en un verde de tonalidad azul. Inquieta, llamativa, como el viento frío que desprende cuando se enoja.

Sin querer, Saitama comienza a relacionar el verde con cosas que no son nada relajantes: la histeria, la envidia, el dinero, la avaricia y la ambición. Eso definitivamente es algo más acorde a lo que Fubuki muestra de sí misma, o de lo que ella le hizo creer en un principio.

Cuando le grita, cuando lo trata como un subordinado, cuando le dice lo que debe hacer y cuando trata de tomarlo como un guardaespaldas; entonces el color verde ya no luce tan brillante, sino más como la suciedad de los lagos, las algas apestosas y el moho de los troncos caídos.

Pero el verde también es el color de la lealtad.

Fubuki podrá ser muchas cosas molestas e inquietantes, pero ser una mala líder no es una de ellas.

Los integrantes de su grupo la adoran, Saitama ha visto sus ojos iluminarse de la misma forma en la que los de Genos lo hacen cuando lo mira y reconoce la sinceridad y orgullo en ellos. Cuando Fubuki habla de su grupo, el brillo en sus ojos cambia haciendo parecer que la intensidad del color es diferente. Un verde más amigable, como la frescura, la armonía y la buena suerte. Esa clase de verde tampoco es relajante, sino entusiasta. Es un color que le recuerda que en lo "natural" también se encuentra la vida misma.

"Lo natural es intrínsecamente puro, real y veraz" leyó Saitama en algún lugar y le costó trabajo poder dejar de pensar en eso.

¿La mezcla de colores cambia el significado?

¿Los ojos de Fubuki seguirían viéndose igual de verdes cuando llora que cuando ríe?

¿El verde que encuentra Saitama sería el mismo verde que todos ven en ella?

La clase de equilibrio que encuentra en sus ojos le resulta curiosa y ciertamente contradictoria. Es una mezcla de amarillo y azul, un color cálido con uno frío, los dos extremos de la paleta de colores; como el día y la noche, justo como lo son él y ella. Lo encuentra interesante, pero no del tipo que le hace rodar los ojos y resoplar con cansancio, sino del que le hace sonreír ligeramente sin darse cuenta. Un pequeño brinco en el corazón y una chispa de alegría muy dulce y tranquila, ligera, notable pero apenas destacable, como la brisa con aroma a perfume que suelta Fubuki al caminar o el sonrojo en sus mejillas cada vez que sus miradas se cruzan sin planear.

Entonces Saitama piensa insistentemente sobre el verde siendo un color entre el azul y el amarillo. Porque él está familiarizado con el color amarillo por su traje, el sol sobre su cabeza y el cabello de las dos personas más cercanas a ser consideradas como sus amigos: Genos y King.

En cambio, el verde es extraño, ajeno a aquello que no pertenezca a la naturaleza. Una tonalidad típica de los humanos con poderes sobrenaturales como los espers. Fubuki tiene un aura verde que está más cerca del azul que del amarillo, es de un color natural que busca la confianza de aquella característica que comparte el cielo y el mar, pero no con ese matiz corriente de lo vasto y ordinario porque este verde azulado brilla en la oscuridad y hace flotar cosas.

Definitivamente Saitama puede distinguir ese verde ser menos verde que el verde de los ojos verdes de Fubuki.

Saitama ha visto con cierto detenimiento a Fubuki por la noche, cuando la luz blanca de la lámpara ilumina su rostro y hace más notorio el color de su iris. Saitama nunca había prestado atención a la forma en la que los colores se combinaban.

Para él, el rojo y el amarillo hacen una buena combinación con el blanco. Mucha luz, muy llamativo, tonos fuertes y cálidos. Más allá de eso, él nunca prestó atención a la gama de colores que elegía.

Pero Fubuki sí, siempre lo ha hecho, siempre lo hace. Ella es una persona que busca más la noche porque eso le parece elegante. De incógnito, sobrio, resplandeciente pero sin tocar nada blanco porque no debería haber luz o esplendor, sino un simple reflejo de eso. Por eso ella usaba siempre vestidos y tacones de colores oscuros. Su maquillaje podría ser fuerte pero nunca colorido. Lo único claro en ella es la piel de su rostro y sus manos, las únicas partes que nunca están cubiertas.

Cuando Fubuki encuentra sus ojos, Saitama puede distinguir el color con facilidad. Le recuerda a un gato negro. Una lámpara en la oscuridad. Una estrella en el cielo. Como la luna misma. El verde en los ojos de Fubuki son de un color que se resalta perfectamente entre el negro y el blanco. Ese verde se ve horrible en el rojo y amarillo de Saitama, pero se ve bien en ella.

Saitama decide que, si él tuviera ojos verdes, probablemente nunca hubiera vestido de la forma en la que lo hace. Necesitaría algo más discreto para que ellos brillarán de la forma en la que lo hacen los de Fubuki.

De pronto, el verde se vuelve un color muy bonito.

"Esperanza", recuerda que es otro de sus significados. Aquella que Fubuki nunca pierde cuando sus conversaciones se encaminan a hablar del futuro, de la fuerza, de la superación y el deseo. Fubuki quiere ser mejor, Saitama sabe que ella puede lograrlo. Ella siempre consigue lo que quiere.

El recuerdo de esa extraña belleza versátil lo persigue el resto del día, de la noche y de la semana entera. Está en el repollo, en los bosques, en las hojas de té y en todo aquello que tenga un azul y un amarillo unidos.

De pronto, el verde se vuelve un color hipnotizante, inquietante e inevitablemente adictivo.

Los significados permanecen en la punta de su lengua y se ven incrustados cálidamente en el interior de su pecho cada vez que la escucha hablar, huele su aroma o la ve entrar por la puerta de su apartamento.

De pronto, Saitama no puede dejar de pensar en ella.

Es ahí cuando "verde" deja de ser un color y se convierte en un sentimiento.