Salvación desde las Sombras
Acá el nuevo capítulo.
ADVERTENSIA: Contenido no apto para sensibles.
Cazados por la oscuridad
Ya era entrada la noche en el bosque que precedía el camino escarpado y montañoso que conectaba a la región de Farone con la región de Lanayru. Por decisión de Zelda y Ashei el escuadrón se había detenido a acampar en un claro que habían encontrado para así dejar descansar a sus monturas. Los lamentos y la presencia oscura del muro habían quedado atrás haciendo que los miembros del batallón se relajaran un poco ante la falta del constante peligro que la estructura negra significaba.
Los soldados habían logrado hacer una fogata en el centro del claro donde una pequeña tienda se alzaba a un costado para que la princesa del destino pudiera descansar y resguardarse del viento y del frio de la noche. Colgando de la fogata había una gran olla de barro que en su interior se podía ver como una sopa con pollo y más ingredientes humeaba gracias a la preparación que había hecho Ilia con la ayuda de Link en el instante en que la fogata había empezado a calentar el lugar haciendo que el ambiente y los ánimos de los miembros del escuadrón se elevaran al tener comida caliente con la cual llenarse esa noche.
2 de los soldados hacían de centinelas del campamento mientras sus compañeros se sentaban alrededor de la fogata a contar historias y anécdotas pasadas de la guerra. Ashei estaba sentada al lado de la regente de la luz con mapa en mano estudiando y proponiéndole a su soberana posibles rutas en caso de que hubiera complicaciones siendo aconsejada por la sabiduría que poseía la de cabello castaño. Por su parte Ilia, Midna y Link estaban con los caballos, más específicamente, con Epona mientras la cepillaban y hablaban animadamente.
- ¿puedes creerlo Link? - exclamo Ilia de manera dramática mientras peinaba la larga crin blanca de la Silver Bay la cual se dejaba mimar por los presentes – tu novia prefiere a los chandosos que a los caballos- dijo mientras retomaba aquella conversación que había tenido con la de mirada escarlata unos meses atrás en la pradera de Farore.
- ¿de que estas hablando Ilia? - pregunto la bestia de ojos sagrados con una enorme expresión de duda dibujada en su rostro.
- me refiero a que Midna- hizo una pausa la de cabello castaño mientras señalaba a la reina del crepúsculo, más específicamente a su collar, que se encontraba al lado de su amado ayudándolo a cepillar a su fiel yegua – prefiere a esos perros hormonados conocidos como lobos que a Epona- ante lo dicho por su amiga de toda la infancia Link solo atino a voltear a ver a la twili quien solo miraba divertida aquel pequeño berrinche que la ordoniana estaba armando por aquel tema - ¿Cómo es posible que prefiera a los pulgosos que a una belleza como Epona que fielmente te carga cuando cabalga?-
Y al terminar de escuchar la frase dicha por la de ojos verdes, el heroe del crepúsculo sintió como los brazos de la regente del ocaso eterno lo abrazaron del cuello solo para sentir como el aliento de su amada le rosaba su cabello erizando cada uno de los bellos de su piel.
-pobre Ilia- susurro Midna con malicia y una sonrisa de oreja a oreja en el oído del hyliano - Si supiera que hay más de una forma de montar y cabalgar a un lobo- dijo la de cabello anaranjado haciendo que no solo las imágenes de ella cabalgando encima de él en su forma de duende llegaran a la mente de la bestia sagrada sino también las imágenes de la noche anterior en la que la regente del crepúsculo lo montaba con pasión y deseo mientras llamaba su nombre entre suspiros y gemidos. Ante aquel descarado y muy desvergonzado comentario de parte de la hechicera del crepúsculo, el ojiazul de cabellos rubios se tornó rojo de la vergüenza sin poder evitar esconder la sangre que se le había subido al rostro gracias a la memoria que invadió su pensamiento en aquel momento.
-¡MIDNA!- regaño Link mientras ocultaba su cara entre sus manos mientras la doncella de piel pálida estallaba en risa haciendo que todos los presentes los miraran y se rieran por lo bajo de la escena a pesar de no entender muy bien el contexto del momento.
- esos dos nunca cambiaran, ¿no es cierto majestad? – dijo Ashei con una sonrisa al ver como la reencarnación de Hela se reía del heroe del crepúsculo mientras Ilia ajena al chiste interno entre los 2 elegidos los miraba sin entender que era lo gracioso al no haber escuchado la burla de Midna.
-Lo dudo, en especial por Midna- expreso la princesa de ojos zafiro con una pequeña risa mientras veía a sus 2 amigos –sin embargo…- y con aquello la coronel de cabello azabache se giró en dirección a su soberana solo para ver como la castaña sonreía levemente mientras ponía una de sus manos en su corazón mirando directamente a los 2 elegidos –rezo y ruego a las diosas que les den la felicidad que ambos han estado buscando por tanto tiempo-
- ni las dimensiones, ni la luz y mucho menos oscuridad han podido separarlos, no es cierto? -
-a ese nivel de poder puede llegar el amor- continuo Zelda lo que Ashei había dicho –ni si quiera las diosas ni los demonios los han podido separar. Se merecen el final feliz por el que tanto han luchado-
- ¿y usted majestad? - pregunto la de ojos castaños mirando a los melancólicos ojos de Zelda quien ante la pregunta solo aparto la vista para poder centrarse en el mapa.
-mi felicidad esta con la felicidad de mi gente- respondió con seriedad y cierto grado de frialdad –cuando vea a mi gente gozar en paz y alegría podre decir que he encontrado mi felicidad-
A pesar de ser una maestra y veterana en ocultar sus emociones a través del tiempo, no pudo evitar mostrar su cara de sorpresa al sentir como la coronel de armadura plateada ponía su mano de forma fraternal y reconfortante en su hombro.
-y le juro por mi vida majestad, que no descansare hasta que usted y el pueblo de Hyrule tengan la felicidad que tanto merecen- y mirando a los ojos zafiro de Zelda continuo con solemnidad –mi espada y mi arco están a su disposición en el momento que más lo requiera, y mi mente, mi corazón y mi alma no descansaran hasta haber cumplido mi meta-
Había escuchado juramentos de aquella índole en el pasado. Desde los más altos mandos de su ejército hasta el rango más bajo de su milicia habían dicho palabras similares y de formas más elegantes que el que acaba de escuchar, no obstante, ninguno se había sentido tan cálido y verdadero como el que estaba expresando la coronel y su amiga en aquel instante. Y por primera vez en su vida había dejado que una lagrima se saliera de uno de sus ojos haciendo que esta delineara su rostro de porcelana.
-gracias Ashei- dijo dibujando una sonrisa mientras tomaba con cariño la mano de la coronel que estaba en su hombro – si las diosas así lo quieren podremos ver ese día cuando la nación recupere su paz y su gloria-
Y con aquello abrió los ojos con convicción renovada mirando directamente a la coronel que en sus ojos cafés mostraba la ferocidad y la lealtad que le profesaba a la monarca.
-que lastima- fueron las palabras que habían roto aquel momento solemne entre ambas mujeres –porque para su desgracia ni las diosas ni los espíritus podrán ayudarlos a cumplir tan lindo sueño-
Sin tener que dar la orden todos y cada uno de los presentes se levantaron con rapidez desenfundando sus armas ante aquellas palabras que habían retumbado en el campamento y que habían hecho que sus almas por un breve segundo se salieran de sus exaltados cuerpos.
- ¿pero qué diablos? - exclamo el heroe que ante el susto dado por aquella voz había tomado con rapidez a su mejor amiga y la había puesta entre él y su amada quien al igual que Link había desenfundado su espada mientras veía a la oscuridad del bosque en busca del dueño de aquellas palabras.
Todos los guardias estaban en posición mirando con cautela a la profunda arboleda mientras hacían una burbuja defensiva alrededor de la fogata y la tienda de Zelda y Ashei las cuales se habían levantado desenfundando sus arcos a la espera de ver al intruso que había cortado con su calma. La enervante risa que salió de las sombras lleno el claro donde estaba el campamento haciendo que la piel de todos y cada uno de los presentes se erizara ante aquel tétrico sonido que escuchaban sus oídos.
-Muéstrate maldita cobarde- reto la coronel de armadura plateada mientras tomaba una flecha de su carcaj y la preparaba en su arco.
- ¿y dónde estaría la diversion en mostrarme? - escucharon otra vez aquella voz retumbar desde lo profundo de las sombras sin saber exactamente de dónde provenía la fuente – podría estar en cualquier lado, podría estar a su izquierda- y ante lo dicho vieron como las copas de los árboles se mecieron logrando que todos se voltearan de forma defensiva hacia aquella dirección –podría estar al frente o quizás a su derecha- y con cada lugar que mencionaba parecía que el bosque cobraba vida moviéndose y haciendo que los nervios de los presentes aumentara a cada segundo. Estaba jugando con ellos, así como manipulaba con el paisaje así el espectro estaba jugando con los nervios de los integrantes del batallón. Eran el gato y el ratón siendo el cazador aquel que con simples movimientos hacia que el pequeño ratón se sumergiera en su propio abismo oscuro, tenebroso y aterrador. Y fue de un momento a otro que el paisaje se detuvo en su agitar dejando por un leve segundo todo el lugar en silencio.
-o podría estar detrás de ustedes- fue el susurro que escucharon a sus espaldas haciendo que un frio gélido subiera lentamente por su cuerpo junto con un miedo aterrador que a más de uno lo dejo con el corazón en la mano. La primera en reaccionar fue Ashei que en un rápido movimiento giro y tenso la flecha que tenía en su arco. Al darse la vuelta pudo ver por un segundo un destello blanco que se perdía en la oscuridad de la arboleda, y a pesar de que había usado cada gramo de habilidad que su cuerpo poseía, la flecha que disparo certeramente fue esquivada por el espectro perdiéndose entre las sombras –eso estuvo muy cerca- fue la burla que escucharon solo para ser precedida por la risa esquizofrénica del intruso.
-te voy a hacer pagar por lo que le hiciste a mi padre asquerosa bruja- rugió el protegido de Farore mientras apretaba con fuerza la empuñadura de la espada maestra haciendo brillar con intensidad a la trifuerza del Valor. Si bien la amenaza había salido gutural y salvaje proviniendo del interior del heroe dejando ver a aquella bestia de mirada zarca, la respuesta del intruso solo fue una enorme carcajada que hizo sacudir el ambiente y a los nervios de los presentes en el claro.
-así que crees que soy la contraparte de la inútil, berrinchuda, incompetente y autoproclamada princesa de Hyrule- insulto con sarcasmo el espectro haciendo que más de uno mirara a la castaña la cual no mostraba la más mínima emoción ante aquellas palabras –pero estas equivocado enano. La pomposa, egocéntrica, engreída y narcisista de la que hablas se encuentra en este momento con el duendecillo follandose y arrancándole muy lentamente la vida a las sirvientas del castillo-
-desgraciada bruja y ruin- vocifero Ashei con ira mientras hacía rechinar sus dientes del enojo que le hervía dentro de las venas en aquel momento - ¿Quién demonios eres? - y al igual que la afirmación que había hecho el heroe de cabellos rubios, la respuesta que recibió la de armadura plateada fue una risa infantil y oscura que sin importar que ya la hubieran escuchado logro el mismo efecto que la primera vez que la oyeron.
- usen esas enormes orejas puntiagudas que tienen y escuchan bien la voz que les habla. ¿acaso no la reconocen? - y fue aquella frase que hizo que las mentes de los presentes empezaran a armar el rompecabezas que aquella incógnita les estaba generando. La voz que les habla a pesar de su oscuridad, de su fingido timbre de voz agudo y molesto y de aquella manía de hablar entre eses alargadas y sibilantes como las de una serpiente, no dejaban de tener esa familiaridad y esa burlona forma de hablar tan característica de alguien conocido para todos los presentes.
- ¿Midna? - fue el susurro temeroso que soltó Ilia viendo como la regente de cabellos anaranjados no había soltado palabra alguna desde que aquella tétrica escena había comenzado.
"a dormir debilucha" fue la frase dicha por esa tenebrosa voz que retumbo en la mente de la de ojos escarlata proveniente de aquella pesadilla que había tenido cuando estaba ayudando a los habitantes de Ordon a resguardarse dentro de las murallas de la ciudadela.
-mierda- susurro por lo bajo y con su voz mezclada por un sentimiento de ira y miedo al darse cuenta del significa de la conclusión a la que había llegado.
- ¿acaso no lo adivinas debilucha? - fue la respuesta que recibió Midna haciendo que sus temores se volvieran lentamente reales. Al igual que aquella vez en ese lugar onírico dentro de su mente, la doncella de piel pálida sintió como su alma dejaba su cuerpo dejando en el mismo un helaje que congelaba cada fibra de su ser.
-muéstrate y te sacare la información y esas estúpidas adivinanzas a golpes- exclamo la de cabello anaranjado con valentía a pesar de estar reviviendo aquella terrible experiencia una vez más.
-que aburridos son ustedes. Yo solo quiero jugar y divertirme un rato con ustedes- escucharon la voz fingiendo estar dolida – ¿Estrellita dónde estás? Quiero verte titilar- empezó a cantar con voz aguda e infantil haciendo que la escena se volviera terrorífica y terriblemente perturbadora. El ambiente se ponía cada vez más frio a medida que la canción oscura y fúnebre retumbaba en aquel escabroso claro. Cada palabra que la intrusa cantaba hacia que el fuego de la fogata pareciera perder lentamente su calidez y su brillo sumergiendo al bosque en la penumbra que lo iba matando a cada segundo que transcurría. Y así como el lugar moría ante la sombría canción, el valor de los miembros del escuadrón escapaba de sus cuerpos abriéndole paso al terror que se estaba apoderando de sus cuerpos.
Después de aquello la risa infantil se volvió a escuchar logrando que a más de uno de los soldados las piernas le empezaran a tiritar del pavor que sentían lo cual hizo que las carcajadas maquiavélicas aumentaran - ¿así de aterradora soy? - fue la pregunta que soltó la intrusa con fingida inocencia –pero si yo solo soy una inocente niña que quiere divertirse-
A pesar de que aquel teatro montado por el espectro estaba tintado de una burla infantil, cuando la voz dejo de reverberar por la zona fue que el caos en el campamento se desato. Los caballos que habían estado amarrados a un árbol a un par de metros del claro se agitaron con fuerza empezando a relinchar de manera errática y desesperada mientras movían sus cabezas con miedo, saltando y pateando con fuerza a todo aquel que se les acercaba.
-wow tranquila- exclamo Ilia quien se había salido de la defensa provista por Link y Midna solo para intentar de calmar a los caballos siendo asistida por el heroe de ojos zarcos. La atención de los soldados que integraban la burbuja defensiva estaba en un dilema al no saber a dónde mirar decidiéndose entre las sombras provista por los arboles y el alboroto generado por sus monturas. Después de un par de segundos eternos, el heroe y su amiga habían logrado que los equinos dejaran de relinchar y de sacudirse con fuerza.
-tranquila linda- fue el susurro reconfortante que expreso el heroe a su fiel yegua de crin blanca.
-esperen un momento- dijo Midna quien a pesar de su postura rígida y defensiva no podía dejar de apartar su mirada del lugar donde se encontraban los equinos –faltan dos caballos-
-no debilucha- volvió a hacer acto de presencia la oscura voz del intruso–acá esta uno- y seguido de aquello de entre el espesor de la noche los soldados vieron atónitos como el cuerpo de un caballo salía volando de entre las sombras solo para después estrellarse contra la olla de barro haciendo que la sopa se regara sobre la fogata dejando aquel claro sumido en la penumbra.
-todos en formación- fue la orden que Zelda grito cuando sus ojos dejaron de ver lo que había alrededor. Con aquella orden todos y cada uno de los integrantes se reunieron en un círculo defensivo alrededor de la apagada fogata dejando a Ilia, Zelda y Midna dentro de aquella formación defensiva siendo Zelda y Midna las que usaron su magia para poder proveer un poco de visibilidad al escuadrón. La oscuridad los bañaba en aquel paraje que habían escogido para descansar el cual por su espesor no dejaba pasar la poca luz provista por la luna menguante y las estrellas de aquella turbia noche. Si bien los hechizos de ambas monarcas les dejaban ver un poco de lo que ocurría a su alrededor, aquellos destellos no se podían comparar a la calidez de las llamas que habían tenido segundos atrás.
Si antes sentían como el miedo los invadían con su lento recorrer por la extensión de sus tensos cuerpos, ahora que la calidez del fuego se había extinto sentían como aquel terror torturaba y asesinaba a sus pobres almas que buscaban salirse de su prisión con aquel momento que estaban viviendo.
-ups- se escuchó entre la penumbra la voz burlona de su atacante –creo que use mucha fuerza en tu caballo princesita-y solo fue ante aquella frase que los presentes giraron a ver el lugar donde había caído el cuerpo del equino solo para así poder contemplar con horror la aterradora escena. Contra uno de los árboles del claro se encontraba el cadáver del majestuoso caballo de color blanco perteneciente a la princesa del destino. Su pelaje inmaculado estaba manchado de un rojo espeso que salía a borbotones de una enorme cortada en el cuello manchando y salpicando el pasto y al animal que en sus ojos ya no había ningún rastro de vida- ¿que acaso no fue ese el caballo que te regalo tu padre? -se burló el fantasma desde el espesor de la oscuridad logrando que el arco de luz que se encontraba en las manos de Zelda crujiera ante la fuerza aplicada por la princesa - ¿pero qué pomposos son los gobernantes de hyrule? Tan egocéntricos que hasta sus monturas son blancas para así mostrar una inexistente pureza y majestuosidad –
Sin aviso o señal de sus acciones la princesa del destino materializo una flecha de luz la cual tenso con fuerza y en un grito furico y salvaje lanzo al cielo. El haz de luz viajo con rapidez hasta las copas de los arboles solo para que dé un momento a otro estallara con fuerza iluminando el claro con una luz incandescente de color blanco. Si bien aquella explosión de magia fue rápida cual relámpago en una noche de tormenta, esta fue lo suficientemente fuerte para que el espectro se viera cegado ante tal acto que con su brillo logro sacarle un quejido de dolor al intruso. Fue en aquel breve momento que todos pudieron ver a la figura blanca del fantasma de piel negra parada sobre una de las ramas de un gran árbol mientras se cubría los ojos de aquel arranque de ira que había sufrido la reencarnación de Hylia. Aprovechando ese instante los reflejos de Ashei entraron en el acto con una flecha certera que la coronel tensó y lanzo igual de rápido que el destello del conjuro de Zelda.
El grito desgarrador que hizo temblar la zona solo fue precedido por una risa estridente y maniática peor que la que habían escuchado antes. La locura tintada en la voz del intruso solo era reflejo del sadismo y la maldad que residía en aquel ente demoniaco que entre las sombras los acechaba como el cazador a punto de aniquilar a su presa.
-esos ojos tuyos coronel se están volviendo un maldito y estúpido problema- y si bien se notaba que era una clara amenaza, lo que aterro a los soldados no fueron las palabras sino la forma en que habían sido dichas las mismas. Aquella burla aguda e infantil había desaparecido por completo de la voz del espectro, solo la oscuridad, la locura y la crueldad que moraba en el interior de su enemigo era lo que podían escuchar detrás de aquella voz que había estado jugando con ellos –un problema con el cual tendré que lidiar-
- ¿por qué no muestras tu cara, vienes y me los arrancas? Si te atreves a intentarlo- gruño la coronel mientras tensaba otra flecha en su arco. Como respuesta al reto escucharon una vez más la enervante risa del intruso que los estaba volviendo locos de miedo con sus juegos y su acecho dentro de las sombras.
-acepto el reto- y con aquella sentencia dicha por el espectro el lugar se silenció súbitamente haciendo que el claro quedara sumergido en la penumbra.
Sentían que estaban acorralados, eran 10 soldados altamente entrenados, una coronel de alto rango y 3 héroes elegidos para salvar al mundo, sin embargo, aquel solitario intruso tenía el corazón de cada uno de los presentes en la palma de sus manos infundiéndoles terror con cada segundo que pasaba en aquel sepulcral silencio. La quietud del lugar y su carencia de sonido hacia que el miedo aumentara haciendo que los únicos sonidos que pudieran escuchar fueran los de sus propios corazones retumbándoles en los oídos. La espalda de cada uno de los presentes estaba empapada un sudor helado que hacía que la más mínima brisa en el ambiente se sintiera tan gélida como los vientos del pico nevado. El más ínfimo y pequeño sonido producido por ellos o la naturaleza hacia que este retumbara como un grito escalofriante en el silencioso claro. Y la que peor lo estaba llevando era sin duda la ordoniana de ojos verdes que con cada segunda de tortuosa calma hacia que esta empezara a hiperventilar ante el terror que se estaba apoderando de su cuerpo.
-Ilia no te separes de mi- fue la voz del heroe rubio que llamo la atención de la muchacha haciendo que su respiración se calmara por un segundo –no te separes y estarás a salvo- y fue gracias a esas palabras que la castaña pudo por breves segundos recuperar la compostura, sin embargo, aquella tranquilidad provista por el elegido por las diosas solo duro unos muy cortos segundos.
-no prometas algo que no puedes cumplir- se volvió a escuchar la tétrica voz del espectro romper el sepulcral silencio.
De un momento a otro el caballo que se había perdido junto con el de Zelda salió volando de entre la noche con fuerza contra la burbuja de protección derribando a cada uno de los soldados presentes junto con los héroes y la mejor amiga de la bestia sagrada. Después de aquella terrible embestida unas cadenas oscuras salieron de entre las copas de los arboles agarrando del cuello a uno de los soldados solo para estrangularlo con fuerza mientras lo colgaba de una de las ramas. La presión de la cadena era tal que en pocos segundos fue capaz de perforar la piel dejando que una cascada fluyera y a la vez arrancándole la vida al desafortunado escolta.
-aghh- gruño la regente de las sombras mientras volvía en sí después de aquel golpe que la habida dejado por un momento inconsciente y solo fue cuando su cabeza dejo de dar vueltas que sintió la enorme presión ejercida sobre su cuerpo. Sus piernas y su cadera habían quedado atrapadas por el cuerpo del enorme caballo que era nada más y nada menos que el gran de garañón de color negro que había estado montando Ashei. A pesar de estar recobrando la consciencia al intentar de quitar el cadáver de encima pudo sentir la debilidad de su cuerpo el cual por más que lo intentaba no podía salirse de debajo del equino –Link- busco con desesperación a su amado solo para encontrarse con su cuerpo bocabajo e inconsciente a unos metros de ella. Al lado de la bestia de ojos zarcos a unos metros se encontraba Zelda inmóvil con su cabeza contra un árbol y sangrando de un lado de su rostro.
-Ayuda- grito con pocas fuerzas mientras intentaba de sacarse al caballo de encima, no obstante, solo podía ver con terror como los guardias estaban sucumbiendo ante aquellas tenebrosas serpientes de metal. En un intento de cortar de un tajo una de las cadenas, uno de los soldados salto con agilidad intentando lograr su cometido, sin embargo, antes de que su espada pudiera tocar el conjuro la mano del soldado fue cortada limpiamente por la misma cadena que intento cortar solo para después ser decapitado de forma rápida y precisa.
-Ilia atrás- escucho la voz de Ashei quien, con espada en mano, un labio roto y sangre saliendo de su boca estaba manteniendo a raya con destreza y agilidad a las cadenas que intentaban alcanzar a una muy asustada Ilia que se arrastraba con terror por el suelo del claro. Fue entonces que una de las serpientes de metal golpeo con fuerza a la coronel en la espalda sacándole todo el aire del cuerpo y haciendo que cayera de rodillas al suelo. Sin darle tiempo de respirar, dos cadenas la ataron de manos solo para después ser retenida de los pies por otra que se enrollaba lenta y dolorosamente a sus piernas.
-Ashei- grito con terror la hechicera del crepúsculo intentando de zafarse del cuerpo del caballo con desesperación. Al ver que no estaba logrando mucho alzo su mano intentando de asistir a su amiga, no obstante, la debilidad de su cuerpo le impedía hacer uso de la trifuerza y de su magia crepuscular. Con impotencia vio como la coronel fue elevada con lentitud mientras las cadenas apretaban con cada vez más fuerza haciendo que de las uñas de la azabache empezara a emanar sangre de la presión ejercida.
-aquí está mi cara la que tanto querías ver - y solo fue en aquel momento que pudo ver al espectro que los había estado cazando. Y así como en aquella pesadilla en la pradera de Farore así era como se presentaba su enemigo, aquel cabello azulado pálido, de ojos negros e inyectados de rojo en la esclerótica con una piel tan negra como la noche siendo recubierta por una túnica blanca manchada por sangre negra que emanaba de una flecha incrustada en el hombro del intruso. Aquel momento la elegida y protegida de Din veía cara a cara a su contra parte haciendo que el miedo se apoderara de ella - ¿no dices nada? ¿es que mi belleza te ha dejado muda? –
-maldita bruja- gruño la coronel solo para después escupir sangre al rostro de Dark Midna quien entre risas abofeteo con fuerza a la de ojos castaño solo para después agarrarla de la garganta mientras enterraba sus uñas en el cuello de la azabache.
-te dije que me iba a deshacer del problema que eran tus ojos- y lentamente con su mano libre inserto sus uñas por entre la cuenca y la mirada de Ashei quien ahogaba sus gruñidos intentando de no mostrar debilidad ante su enemigo –y yo soy una mujer de palabra- y terminada la frase arranco el ojo derecho de la azabache.
- ¡no! – fue la voz de Midna que acompaño el grito de dolor que desgarro la garganta de la azabache la cual empezaba a sangrar a mares de un lado de su cara. La doncella de mirada escarlata solo podía ver impotente como aquel demonio salido de su interior reía a carcajadas solo para después llevarse el ojo de la capitana a la boca y con su lengua de serpiente tragárselo al frente de Ashei quien intentaba no mostrar el dolor que sentía.
-ahora el otro- dijo con sadismo el demonio de piel negra mientras reía como niña jugando con su muñeca preferida. Sin embargo, cuando estaba por arrancarle el otro ojo a la azabache, una flecha de luz silbó cerca de su cara y estallo al lado de su rostro mandándola a volar y perdiéndola entre el follaje de los árboles. A penas se perdió entre las sombras la contraparte de Midna, las cadenas que apresaban a Ashei y que atacaban a los soldados restantes desaparecieron dejando caer a la coronel estrepitosamente al suelo.
-falle- fue lo que escucho a su lado la de cabellos anaranjados solo para encontrarse con Zelda apuntando con su arco mientras se recostaba contra el árbol con el cual había chocado –no demorara en aparecer- y así la princesa del destino se limpió el rostro de la sangre que brotaba de su cien para poder asistir a Ashei la cual se tenía el rostro intentando de mitigar el dolor que sentía.
-aggh- escucho a su lado solo para ver como el heroe se removía saliendo de la inconsciencia en la que había caído después de la embestida del cadáver.
-Lobito- llamo a su amado con dolor.
-carajo- fue lo primero que soltó el heroe al ver como la de piel pálida estaba atrapada bajo el caballo negro. Con rapidez corrió hacia Midna y con la poca fuerza que había recuperado ayudo a la twili a salir de su prisión. Cuando la reencarnación de Hela intento levantarse sintió como las piernas le fallaban solo para ser atrapada por el heroe antes de que esta tocara el suelo.
-gracias- fue el susurro que soltó Midna con tristeza mientras veía como Ashei seguía gimiendo de dolor mientras Zelda ponía su mano en el rostro de la coronel dejando que la luz tocara a la azabache.
-vaya- se escuchó la voz de Dark Midna hablándoles desde las sombras del bosque haciendo que todos se pusieran en alerta. Al estar tan débil la hechicera del crepúsculo solo pudo sostenerse de Link alzando la espada aciaga al mismo tiempo que el heroe tomaba a la espada maestra y la apuntaba hacia el espesor del follaje de los arbolé –te advertí o poderosísimo heroe que no hicieras promesas que no podías cumplir –
Después de aquella sentencia soltada por la contraparte de la reina del ocaso eterno solo le tomo unos segundos a la bestia sagrada entender el significado de las palabras de aquel ente maligno. Abriendo los ojos como platos giro con rapidez hacia donde estaba su mejor amiga de toda la infancia que estaba siendo resguardada por 2 soldados los cuales no paraban de mirar a su alrededor en busca del espectro.
Con el corazón en la mano totalmente impotente y gritando de terror el heroe vio como el demonio de piel negra salió de una de las sombras de los arboles solo para acercarse y abrazar por la espalda a la ordoniana quien palideció al sentir la presencia detrás de ella. –hombres…- dijo con suave y oscura voz a la altura de los oídos de Ilia y sin dejar de mirar con burla a la reencarnación del heroe del tiempo –nunca pueden mantener su palabra- y antes de que los guardias o los héroes pudieran reaccionar, el espectro arrastro a la de ojos verdes a dentro de la oscuridad del bosque mientras los gritos de terror de la castaña retumbaban en el claro –también me llevare a estos 2- y seguido unas cadenas salieron con rapidez de entre los arboles agarrando del cuello y los tobillos a los 2 guardias que estaban segundos atrás resguardando a la mejor amiga del heroe.
-¡ILIA!- y seguido de aquel desgarrador grito salió corriendo el protegido de Farore como alma que lleva el diablo detrás del demonio que se habia llevado a su amiga. Tanto Zelda como Midna reaccionaron y siguieron al rubio al interior de aquella arboleda siendo seguidos por 3 soldados que los escoltaban dejando a la malherida Ashei y al resto atrás. Si bien la regente de las sombras había recuperado parte de su fuerza, aquella carrera por entre los arboles hacia que más de una vez tropezara intentando de alcanzar a su amado quien solo seguía la voz aterrorizada de su mejor amiga.
- ¿acaso no dijiste que la ibas a proteger Link? - fue la mofa seguido de un grito desgarrador de la ojiverde quien rogaba entre sollozos que la soltara.
-¡déjala ir!- rugió con ira el elegido mientras corría desesperadamente siguiendo la voz que se perdía entre la noche.
-¿Qué acaso no te quedo claro que no eres capaz de hacer absolutamente nada contra nosotros?- se escuchó desde la oscuridad adentrando más a los héroes a las profundidades de la arboleda. Y fue de un momento a otro que la voz de Ilia, los soldados y la risa desquiciada de Dark Midna empezaron a sonar cada vez más fuerte y sin un lugar de origen especifico haciendo que los 3 elegidos se detuvieron con desesperación y terror escuchando aquella macabra sinfonía de gemidos, gritos y burlas haciendo que sus almas se retorcieran de temor ante aquello que estaban viviendo. El miedo y el dolor tintado en la voz de sus conocidos estaba torturando a sus pobres corazones mientras las almas se retorcían de terror ante aquella cacofonía, y sin duda el que más lo estaba sufriendo era Link que miraba a todos lados buscando algún rastro del paradero de su amiga mientras lamentos de angustia dejaban su boca en aquel intento por hallar a la hija de Bo.
-por favor suéltame- se escuchó el grito de desesperación de Ilia quien sollozaba con puro y físico miedo tintado en su quebrada voz.
-pero si apenas empezamos a ser amigas- fue la respuesta que se escuchó haciendo que la espada maestra crujiera bajo el agarre del heroe quien ejercía fuerza en un desesperado intento de controlarse - ¿Por qué pones esa cara tan fea Ilia? ¿Por qué esa cara tan seria? - y seguido de aquello los chillidos de la ordoniana empezaron a subir hasta convertirse en lamentos y gemidos desesperados tintados de miedo y terror.
- ¿sabes que le falta ese rostro? Una enorme sonrisa- y con aquella frase la zona murió en un silencio sepulcral que por breves y muy tortuosos segundos hizo que la tensión en los elegidos los empujara al borde de la demencia ante la incertidumbre que los estaba devorando vivos. De un momento a otro el grito desgarrador que se escuchó rompió de manera abrupta y terrorífica aquella tensión que había en el ambiente y a comparación de los sonidos que habían escuchado segundos atrás, este si había sido perfectamente audible y sobre todo localizable. Sin preguntar ni avisar el heroe corrió con todas sus fuerzas hacia donde había sido escuchado aquel grito de dolor. Con dificultad las 2 monarcas, y en especial Midna, intentaron de seguirle el paso a la bestia sagrada que en cuestión de segundos había desaparecido de su vista y solo fue gracias al lamento de desesperación que el heroe soltó de un momento a otro que pudieron volverlo a encontrar arrodillado, con el rostro desfigurado por las emociones que lo estaban invadiendo, gritando y llorando a mares por lo que en ese momento estaba viendo.
-Link- fue el gemido desconsolado de Midna quien se arrodillo con rapidez viendo el estado en el que estaba su amado y solo fue cuando vio a Zelda con los ojos totalmente abiertos y el rostro totalmente pálido que alzo la mirada para ver lo que tenía en aquel estado al heroe elegido por las diosas.
Frente a ellos se hallaba un enorme, oscuro, grueso y viejo árbol sin hojas que solo demostraba su decadencia y la carencia de vitalidad en su aspecto lúgubre y sobre todo muerto. De las ramas muertas de aquel árbol decadente cual fruto putrefacto colgaban los miembros, los torsos y cabezas descuartizadas de los 2 soldados que habían sido arrastrados por el demonio de piel negra, y en el centro de aquella cosecha infernal estaba Ilia colgando de sus brazos, con una de sus piernas cercenadas y sangrando de 2 enormes heridas en la comisura de sus labios en forma de una macabra y perversa sonrisa.
-fracasaron inútiles-
Y hasta acá el capítulo. Nos vemos en la siguiente actualización.
