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Shadow se quedó dormido ni bien alcanzó la paz. Sonic lo miraba mientras sus ojos se cerraban sin oposición. Se recostó a su lado y sintió el cuerpo de Shadow como una estufa a vapor, las púas de los dos ayudaban a mantenerse aislados del suelo frío. La temperatura estaba bajando considerablemente. Por esto y porque Sonic, al pasar una media hora, ya se sentía aburrido de esperar a que despierte llamó al otro erizo y lo sacudió.-Déjame dormir, chachorro.-le decía a penas abriendo la boca.-Sabes hacer fuego? Está helando.-le preguntó, y Shadow le respondió con la voz decayendo-Me has acabado, no puedo hacer nada, necesito... dormir.-Levántate! Tienes que hacer fuego o nos congelaremos!-Recuéstate sobre mí que no te pasará nada.-Sonic se levantó con mucha energía y lo tiró del brazo para levantarlo, pero era imposible. Shadow sonrió y se divertía con su torpeza mientras era ligeramente arrastrado por el campo.-Vamos, Shadow, levántate!-le decía Sonic aplicando toda su fuerza y apretando los dientes.-Dime mi amor, mi erizo... dime mi protector.-Qué?-Dime que soy tu erizo.-Por favor, Shadow, no seas cursi. Tú? con esas cosas?-Dilo.-No lo haré!-Dilo.-Sonic lo soltó y dejó que la mano le golpee en el suelo, se cruzó de brazos testarudo.-No!-Dilo.-Oh, de acuerdo! Levántate, mi lo...!-y se cortó, tenía la cara roja de verguenza-...bito.-Dijiste... lobito?-le respondió.-No soy un lobo, soy un erizo.-Eres más lobo que otra cosa. Eres solitario, acechas a escondidas, y eres un devo...rador.-Shadow lo miró complacido-Soy un erizo-le insistió para pelearlo.-Cállate, yo te digo como quiera. Tú me llamas cachorro, estamos a mano.-Shadow se paró, con dificultad, pero se paró. Lo besó en la mejilla roja y encendida. Le dijo-estamos a mano, cachorro. También acepto que me digas el más cool.-Cállate ya y ponte a hacer el fuego.-le dijo Sonic todavía con la cara colorada.
Entre los dos juntaron ramas, las llevaron al espacio dentro de la cueva y al lado de las esmeraldas escondidas Shadow produjo las primeras chispas con dos piedras. Los dos estaban sentados uno en cada lado y Sonic apoyaba la espalda en la garganta de la cueva.-Hey.-le dijo-Qué es todo eso del experimento y del castigo que has dicho? Sigues pensando en eso?-Claro que sí, es lo que soy.-No, Shadow, tú eres lo que haces hoy, eso ya es muy viejo, hombre.-Necesito un pasado.-Tu pasado apesta! Olvídate de todo, puedes cambiar, puedes ser alguien nuevo.-Tú no puedes entender que no todo puede ni tiene que ser luz, este soy yo, y soy oscuridad. Somos el día y la noche. Los dos son necesarios.-Deja de divagar y sal un poco de tu burbuja.-Quizás tengas razón.-dijo y con esto los dos mantuvieron el silencio.-Cómo estás? Has entrado en calor?-le preguntó Shadow-Sí, bastante mejor.-y después de admirar un poco el fuego agregó-eres mejor de lo que crees.-y empezó a tirar piedritas a las llamas.-Tú sólo te culpas de las cosas del pasado, pero no fue así.-y Shadow reflejó las acciones que usaba Sonic para descargar su aflicción, tomó piedritas también y las movía entre los dedos para después tirarlas al mismo sitio.-Tantas cosas, chachorro... desde lo más esencial a los más general de mi vida, todo tengo que asimilar. Tengo que superar todo aquello por mi cuenta. Necesito tiempo y paciencia.-nuevamente se tomaron un instante para seguir hablando, los dos miraron la luna y las estrellas.-Sólo deja de culparte y no seas tan duro contigo mismo. Me preguntaste si ya te habías castigado bastante. Sí, lobito, termina ya de hacerte daño.-Shadow lo miró y luego bajó la cabeza.-Qué dulce eres.-dijo. Sonic pasó la mano por arriba del fuego jugando con él. Le contestó:-Tú también.-no se animó a decírselo pero lo pensó-te quiero, amigo-y en su cabeza también escuchó que Shadow le contestaba con las mismas palabras.
Los dos durmireron acurrucados el uno con el otro. Era como si hubiesen vuelto a ser erizos silvestres en la naturaleza, como si ese valle fuera el único lugar que conocían y que necesitaban para ser felices. La noche los acunó, con su perfume y sus sonidos los durmió, el amor reverdeció su juventud y la emoción de estar vivos en ese sólo instante los hiso nobles y libres.
