General
—Vuelva pronto.
La puerta de la cocina se escuchó abrirse.
—Ese es tu último, —era una morena—ya puedes irte.
La castaña se sobresaltó al oír la voz de la mujer.
—Mani… me espantaste.
—He andado de aquí para allá, me has visto, no sé de qué te asustas.
—Perdón, es que estoy tan cansada. —frotó sus ojos.
—Sí me di cuenta cuando pisaste la tienda, esas ojeras se notan a metros de distancia, chica. ¿Acaso no dormiste?
—… No muy bien que digamos. —desvió la mirada.
—¿Trabajo de escuela?
La castaña se mantuvo callada por unos segundos.
—¿Tenten?, ¿estás bien? —posó su mano en el hombro de la castaña.
—Sí, estoy bien, sólo fue mala noche, nada más.
.
.
.
Capítulo 2. Bienvenida de Nuevo.
.
.
.
Tenten
—¡¿Es en serio?! —me levanté de golpe que la silla cayó al suelo—¡Dijiste que no volverías a hacerlo!
—Hija, entiéndeme por favor, no tenía dinero para…
—¡Tú y tus malditos vicios! ¡Por ese motivo mamá se fue!
—¿Cuántas veces te tengo que decir que si ella hubiera querido seguir con nosotros hubiera hecho lo imposible para ayudarme?
—¿Haciendo qué? Mamá nunca se hubiera manchado las manos por ayudarte a salir de cuentas con esos tipos. —aparté la mirada de mi padre y suspiré—¿Cuánto les debes?
—… Diez mil…
Cerré los ojos y di un golpe en la mesa.
—Es el doble que la vez pasada… —agaché la cabeza.
—Hija, yo entiendo que estés abrumada por los estudios y el pago de tu departamento… —lo interrumpí.
—¡Sabes perfectamente mi situación y aún así te atreviste a…! —levanté la mirada, pero me mantuve en silencio y sin decir más me fui de la habitación.
«Cuando él necesita algo siempre tengo que estar ahí para él, pero cuando soy yo la que necesita algo, no está disponible.»
Caminaba apresuradamente, pero una presión en mi pecho me hizo detener por un momento.
—Uff… —llevé mi mano al pecho y respiré profundo.
«Tengo que calmarme.» Pensé.
Cuando pude nivelar mi respiración continué a paso firme.
Entré a la cantina de golpe, sentí todos los pares de ojos en mí, aunque no me guste que todos me miren así, le resté importancia y fui directamente con el tipo de la barra.
—Nagato. —dije lo más bajo posible—Quiero verlo.
El tipo ladeó la cabeza, indicándome una puerta. Asentí y fui allá.
Atravesando la puerta había un pasillo que daba a unas escaleras que conducían al sótano, apenas me disponía a bajarlas cuando un olor a cigarro me llegó.
«Supongo que debe estar sólo.» Intuí.
Pero no, no fue así, ahí estaban todos, como si me esperasen.
—¡Miren quién nos decide visitar! —dijo Kisame con una gran sonrisa—¿Acaso ya te aburriste de tu vida "decente"? —rio.
—Cállate, Kisame. —le contestó Konan, quien estaba al lado de… ¿Yahiko?
—¿Nagato? —pregunté extrañada.
—Supongo que vienes a pagar la cuenta de tu papá, ¿no es así? —dijo, ignorando mi extrañeza a su imagen.
Carraspeé. —Bueno… Sí, pero… —me interrumpió.
—No me digas que no tienes para pagarme—su mirada se encontró con la mía, me sentí nerviosa por un momento—. Si fuiste una de las grandes herramientas de Hanzo, deberías tener un buen monto con todo lo que sabes hacer.
—Dije que viviría y trabajaría honestamente y eso es lo que estoy haciendo.
—Claro, —escuché de nuevo a Kisame—se puede vivir honestamente teniendo otra identidad. ¿Verdad, "Tenten"?
Fruncí el ceño, me empezaba a doler la cabeza de solo estar en ese lugar, quizás era en parte por el cigarro.
—Dejemos tanto diálogo y vamos al punto. —habló Kakuzu—¿Pagarás o no?
A muy duras penas pude juntar todo la otra vez para evitar que le hicieran algo a mi papá, si le hacían algo seguiría yo, es por eso que no podía dejarlo del todo, de alguna manera él seguía teniendo poder sobre mí, era su escudo básicamente.
—Denme tiempo.
—¿Tiempo? —Kisame rió—¿Debemos darte tiempo a ti?, ¡no juegues!
—Por favor, estoy con lo justo para sobrevivir esta semana.
—Tks, tks, tks—negó Kakuzu—, necesitamos una respuesta clara, nada de tiempo, sabemos lo que significa.
Iba a decir algo cuando Nagato se adelantó.
—Tienes de dos, pagas la deuda teniendo siete días—escuché el ajuste de un arma, al levantar la vista tenía una pistola a unos escasos centímetros de mi cara—o tú y tu padre morirán.
Enfoqué mi mirada en la suya.
—O…
—¿O qué?
Sonrió. —Si no puedes pagarme en ese transcurso, vuelve con nosotros.
—¡Ni loca volveré a ser parte de ustedes! No tienen idea de lo mucho que me costó poder liberarme para que caiga de nuevo.
—¿Segura? —puso la punta del arma en mi frente—, porque ya no eres la protegida de Hanzo para que seas arrogante en estas situaciones.
—¿Protegida? ¡Protegida nada más ante los ojos de los demás! Me sentía una esclava estando con él.
—Sea como haya sido, tuviste su protección durante años y nunca faltó dinero en tu casa, —pude notar un cambio en su voz—no tienes idea de cuántas personas arriesgaron su vida e incluso su propia libertad para poder ser su subordinado, ¡casi muero yo por serlo!, pero no, tuvo que fijarse y centrarse en una niñita como tú. Al principio me preguntaba qué tenías de especial, tanto como para que el egocéntrico de Hidan se obsesionara de ti, pero fui conociéndote mejor que lo pude entender todo… —se detuvo de repente, como si se acordara de algo.
Despegó la pistola de mí y la bajó.
—¿Y qué piensas? —su tono de voz volvió a la normalidad.
—No lo haré. —era mi última palabra.
—¡Piénsalo!
—Déjala, Kakuzu, —dijo Kisame—no es la gran persona que una vez nos dijo Hanzo, —sonrió de lado—si lo es en realidad, no hubiera dejado morir a Yahiko.
De sólo volver a escuchar eso, algo en mí tembló.
—Yo no lo hice… —dije.
—¡Ah, cierto!, no lo dejaste morir, ¡sino que fuiste tú misma la que lo mató!
Vi de reojo cómo Konan le hacía una señal para que parara.
Yo seguía sin moverme, mi mirada la tenía en el suelo.
«Pase lo que pase, no te despegues de mí.»
Las imágenes iban y venían de aquella noche.
«Estarás bien, sólo aprieta el gatillo.»
Yo no lo quería hacer…
—Viendo tu cara, no es algo muy bonito de recordar, ¿verdad? —la voz de Nagato me hizo volver a la realidad—Para nadie lo fue.
Yahiko era el único que no me trataba como un objeto, como lo hacían los demás, fue el hermano que nunca pude disfrutar.
—Piénsalo, Tenten, en la realidad no eres nadie, —cierto—pero aquí, eres más que especial y esencial para la banda. Aquí puedes ser la protagonista, algo que no tienes estando allá, ¿no quisieras volver a serlo? Además, estás marcada de por vida—rodeó mi cuerpo y se acercó por detrás—, eres parte de nosotros quieras o no a final de cuentas. —eso último lo dijo a mi oído que hizo estremecerme cerrando los ojos.
Al abrirlos, vi mis manos de ambos lados, no tenían cicatrices recientes, únicamente había tenido una en el dedo pulgar, la cual me la hice cuando entrenaba por primera vez y sin vigilancia de nadie con las cuchillas.
—Rápido, no tenemos toda la noche, tenemos cosas que hacer también. —escuché a Konan decir.
—Creo que la respuesta es obvia, ¿no? Digo, si sigues viviendo como lo has estado haciendo durante todo este tiempo sin que tu buen historial te atormente cada noche, es que tienes buena resistencia y fuerza de voluntad.
¿Fuerza de voluntad?, la había perdido hace mucho…
«Tenten, por favor, después de que yo muera no sigas en el equipo, no quiero que termines peor que yo, huye… »
Recordar las palabras de él… me daba esperanzas de seguir adelante…
—Acepto.
¿Pero tenía de otra?
Tan rápido como contesté, se sintió una vibra distinta en la habitación, no sé cómo describirla, en sí ya no se sentía esa presión de cuando bajé, pero una corazonada se me vino de repente.
—Bienvenida de nuevo a Akatsuki.
Perdóname Yahiko.
.
.
.
Continuará…
