Tenten
Había llegado el miércoles, día donde el aclamado y esperado grupo élite de "Byakugan" iba a venir a la escuela.
Todos se encontraban moviendo cosas y yendo de aquí a allá, preparándolo todo.
Mientras yo, estaba muy a gusto en un rincón viendo cómo todos trabajaban, estaba escondida detrás de un monto de sillas que aún no acomodaban. No pensaba ayudar, seguía desvelada y por lo tanto no tenía fuerzas suficientes.
«Hace cuánto no tenía una desvelada así.» Ya ni por la escuela lo había hecho.
—¡Maestra!, Tenten no está haciendo nada.
«Hijo de…»
.
.
.
Capítulo 3. Byakugan.
.
.
.
General
—¿Alguien sabe dónde está Shino?
Una castaña terminaba de pasar las sillas del salón de clases hasta el patio de la escuela.
—Y esa es la última.
—Ah, ah, ¿quién lo dijo? —preguntó una rubia platinada.
—La que le tocó cargar con más sillas que los demás. —se le quedó viendo.
—Según tú, porque yo nada más conté ocho.
—A ver, tú hazlo, barbie.
—Ni que tuviera un nombre raro. —dijo ignorándola, enfocando su atención en sus uñas recién hechas.
La castaña sonrió falsamente. —Pues si de nombres feos hablamos… —aunque se le veía sonriente, una vena en la frente decía lo contrario.
—¡Chicas! —llegó la pelirosa, sabía cuándo las cosas se ponían tensas entre la castaña y la rubia—¿Cómo van con el decorado, bien?
—Pues las sillas ya están colocadas, no sé qué cosa debía hacer Ino que se la pasó todo el rato ahí, parada.
—Yo nada, sólo supervisar.
—Mirándote las uñas estabas nada más. —la pelirosa tuvo que ponerse entre ellas para evitar algo más.
—Muy bien, ahora que sé que Ino no puso los decorados que tenía que poner—cada vez hacía la voz más gruesa—, le tocará acomodar todo cuando acabe. —volvió a su tono normal de voz.
La pelirosa se llevó casi a rastras a la platinada, dejando sola a la castaña.
—A descansar. —se sentó en una de las sillas.
—¿Y?, ¿cómo estuvo la cirugía?
—Dinos el cirujano porque te quedó increíble la nariz.
Escuchaba decir a unos pocos metros, volteó y era una rubia con la cabeza baja, rodeada de otras chicas.
—No sé de qué me hablan.
—No te hagas la que no, la genética no es tan generosa.
—Que hayas heredado los genes malos de tus padres, no es culpa de nadie. —habló la castaña, atrás de esas chicas.
—No te metas en lo que no te importa, ¿okey?
—Y ustedes no se metan con ella, ¿okey? —hizo el mismo gesto que la pelinegra, haciéndole burla.
—Tsk, sigue burlándote de mí y serás la siguiente.
—Mocosa, soy de tercer año, lo que significa que puedo ir a reportarlas a dirección si se me da la gana sin que me lo discutan—se le acercó más, quedando centímetros de su cara—, ¿okey?
La pelinegra rodó los ojos y se fue, seguida de las demás.
—Gracias… —alcanzó a escuchar apenas.
—Sí, claro. —se dio la vuelta.
—Disculpa—alguien la agarró del brazo—, ¿de verdad eres de último año?
—Sí, ¿por? —arqueó la ceja.
—Es que te ves más menor…
La castaña tragó saliva y carraspeó.
—Sí, ya me lo han dicho. —le restó importancia y estaba dispuesta a seguir su camino.
—Y, ¿por qué me defendiste? —volvió a preguntar la rubia.
—No iba a dejar que se siguieran burlando de ti, niña. —respondió sin verla.
—Normalmente nadie se interpone y menos si son ellas.
—¿Por qué? —empezaron a avanzar.
—Son groseras con todos, por eso, así que, si fuera tú me cuidaría de ellas.
—¿Cuidarme de esas mocosas?, ellas deberían cuidarse de mí si volviesen a molestar a alguien.
Los ojos color esmeralda de la rubia brillaron al oír eso y automáticamente sonrió.
La castaña se dirigió hacia su salón de clases, acompañada de la rubia.
.
.
.
Tenten
¿Cómo por qué me importaba la vida de esta chica?, ¿y por qué me seguía?, espero que no sea un chicle por lo que queda del año.
—¿Ya llegó Shino? ¿Tan siquiera alguien lo ha visto? —la voz de la maestra se notaba preocupada.
—¿Qué haces, Kiba? —quité sus audífonos para llamar su atención.
—Escondiéndome de la señorita Suzume, ¿qué tú no lo estabas también?
—Sí pero un bocota me delató y tuve que llevar ocho sillas al patio.
—Uy, vaya queja, —se incorporó un poco—así haces ejercicio y sacas músculo. —me guiñó.
Ja, si supiera.
Desde que llegué a esta escuela trato de estar lo más tapada posible, principalmente mis brazos que, aunque mis manos no tengan cicatrices, estos sí los tienen.
Y ya no soy una adolescente como todas aquí, en unos meses cumplo 21 años, pero parezco de 16 todavía, por mi estatura principalmente, siempre he sido la más pequeña en cualquier grupo. Tengo el músculo definido, no tan marcado para que mis movimientos sean fluidos y pueda conservar mi flexibilidad. Antes llegaba a entrenar hasta 3 veces al día si me lo permitía, ahora sólo lo hacía una vez por 5 días, pero eso cambiará y volveré a esa rutina.
«Bienvenida de nuevo a Akatsuki.»
—¿Y quién es ella? —alzó la barbilla, apuntando a la rubia que tenía detrás de mí.
¿Seguía ahí?
—Es… No sé, me la encontré por ahí.
—Hotaru, soy Hotaru Tsuchigumo. —agachó un poco la cabeza por un segundo, creo que hizo una mini reverencia.
—¿Y qué haces aquí?, ¿no eres de primer año acaso?
—¿Y tú cómo sabes eso? —arqueé una ceja y me le quedé viendo.
—Nada más, no es nada malo, te lo juro.
—Sí, pero apenas ingresé en enero.
—Tienes poco entonces. —dijo Kiba—¿Y de qué grupo eres?
—Cálmate con tu acoso, ¿sí? —le dije.
—A ti qué te importa.
Hotaru se rio, parece que le divertía nuestra pelea.
—¡¿Alguien sabe dónde está Shino?!
—¿Y ahora por qué se acuerdan de Shino? —pregunté.
—Va a decir un agradecimiento a los tipos que vienen hoy, por eso está tan alterada la señorita Suzume.
—¿Y por qué se preocupa tanto? Total, le dice a alguien más que lo haga y ya.
—¿Sí verdad? —esa sonrisa de Kiba significaba que iba a hacer algo—¡Maestra!, dice Tenten que ella puede decir el discurso si Shino no llega a tiempo.
Hijo de…
.
.
.
¿Ahora qué hago?
Me asomé al patio y veo que ya empiezan a bajar los grupos y a acomodarse en su respectivo lugar.
«Shino, nunca eres importante pero cuando te toca serlo no estás.»
—¿Quién soy? —unas manos taparon mis ojos, haciendo que saliera de mis pensamientos.
—Hinata, no te sale fingir la voz.
—Ah… —quitó sus manos de mi cara.
—Bienvenida, amiga. —sonreí, me sentía bien estando con ella que con las demás.
—¿Qué te pasa?, te veo preocupada.
—Pues necesito leer esto y está en un idioma que ni sé cuál es. —le mostré la carpeta donde venía el escrito.
—Deja veo. —abrió la carpeta y le dio una vista rápida—Es galés.
—Y encima un idioma que ni sabía que existía.
—No te preocupes, te saldrá bien.
—Eso lo dices porque tú lo sabes. —me quedé un momento pensativa—Espera, ¿entonces significa que no provienes de aquí?
—Mi familia es originaria de Gales, pero desde la generación de mi abuelo muchos se vinieron acá a seguir creciendo el imperio.
—¿Y no se ofenderían si lo dijera en español todo esto? ¿Lo entienden, verdad?
—La mayoría de nosotros somos políglotas así que sí lo entendemos bien y no habría ningún problema si se dijese en español, pero la generación de mi abuelo es muy conservadora y lo preferirían en nuestro idioma nativo.
Hice un gesto de fastidio y resoplé. —Qué pesados.
Hinata se rio y me acarició la espalda. —Ya verás que todo sale bien.
—¿Y tú dónde estarás?
—Junto con los demás miembros del equipo élite, es mi deber como hija del CEO actual.
¿Su deber? ¿Por qué los empresarios son tan aburridos?
Cuando se fue volví a entrar en pánico, de nuevo aquella presión en el pecho se hizo presente, aunque no tanto como la pasada.
«Respira y saldrá bien, es sólo un párrafo, ¿qué es lo peor que puede pasar?»
.
.
.
General
—Llegaré un poco tarde.
—Pero, señor, su tío ya está aquí y se supone que él es el único que debe llegar al último.
—Todavía no soy nombrado CEO como para que me llames "señor", Hideki.
Se escuchó una risa del otro lado de la línea. —Pero es en serio, tu tío está aquí y se pondrá furioso si no te encuentra antes de que empiece el evento.
—Ya verás que estaré ahí sentado antes de que se de cuenta.
—Pues más te vale que si no es así a mí también me va a ir mal. Por cierto, aquí está tu enamorada preguntando por ti.
Suspiró. —Se me había olvidado de que estudiaba ahí.
—¿Quién te manda a aceptar a la hija del alcalde?
—Yo no la acepté, ni siquiera estamos en algo, es muy joven todavía y tan inmadura, aunque se quiera comportar grande.
—Como sea, es tu problema al final de cuentas, me despido que aquí me necesitan.
—Te dejo, Hideki.
—Bye, Neji.
.
.
.
Continuará…
