General
—Romeo, tengo tanto miedo de perderte.
—Alma mía, no temas, estaré siempre a tu lado sin importar que nuestras familias se interpongan en lo nuestro.
—Oh, Romeo…
—Julieta…
—Romeo…
—Julieta…
—Iugh… —una castaña hizo una mueca de disgusto, cambiando de canal.
—¿Por qué le cambias?, la estaba viendo. —se quejó una pelirosa.
—Por favor, Sakura, han pasado miles de veces esa novela, la puedes buscar en internet, ¿sabes? —seguía cambiando de canales.
—¿Cómo me veo? —una rubia platinada con larga cabellera suelta salió de su vestidor con un vestido strapless, morado, corto y pegado a su silueta.
—¡Gloriosa! —contestó la pelirosa, quien ya estaba vestida para la ocasión.
—Bien. —levantó el pulgar mientras que con la otra mano seguía picando los controles para cambiar de canal.
—Tenten, ¿qué haces todavía vestida así? —volteó a ver a la Haruno—Sakura…
—Intenté cambiarla, pero lo único que me dejó hacerle fue el peinado. —señaló a la cabeza de la castaña.
—Tampoco fue la gran diferencia, sólo agregaste adornos en sus moños. —dijo Ino sin mucha motivación.
—Así lo quería, ahora cállate. —dijo sin verla, sus ojos marrones estaban en la pantalla de la televisión.
La rubia suspiró con pesar, volteó a ver a su gran ropero y divisó entre todos los vestidos uno en específico, rojo metálico, al sacarlo recordó que era el vestido el cual se compró en un viaje a China pero que sólo se lo puso una vez, aunque era un poco más largo que el que llevaba, se podía considerar corto.
—Sakura. —habló desde el vestidor.
—Mande. —respondió desde la habitación.
—Tengo una idea. —una media sonrisa se le dibujó en el rostro.
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Capítulo 5. La Fiesta.
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Tenten
Me siento violada.
Aquellas me agarraron manos y pies, me dirigieron al gran closet de Ino y ahí me quitaron la única ropa que tengo para ocasiones importantes y me forzaron a ponerme aquel vestido que se veía tan diminuto en el gancho, apostaba incluso que no me quedaría, pero al parecer se ajusta a cualquier cuerpo, genial…
—¡Por fin! —Ino dio una gran bocanada de aire, como si acabara de hacer algo de gran esfuerzo.
—Sí… —Sakura volvió a la cama, tumbándose, al lado de ella también se puso Ino.
—Malditas… me las van a pagar… —decía entre dientes, mirándolas.
—Mejor nos lo agradecerás. —Sakura se incorporó—Mírate, estás perfecta para la ocasión.
—Estaba bien antes, —me miré al espejo—así me parezco a una mujer de la calle.
—Por Dios, Tenten, —escuché a Ino—es la primera vez que te ves bien, en realidad.
¿En serio? ¿Entonces me queda el look de mujer de la noche?
—Quién lo diría, por eso tan tapada estás en la escuela—vi la sonrisa de Sakura por el reflejo—, tienes cuerpo ya de toda una mujer, así ni parece que tengas dieciocho.
Tragué saliva y traté de sonreír, debía seguir suponiendo que tenía 18 y no 20.
En eso escuchamos un auto afuera de la casa de Ino.
—Ya llegaron por nosotras. —sonrió Sakura, se le notaba demasiado ansiosa.
—Espero que esa sonrisita tuya no sea porque verás al Uchiha. —dijo Ino.
Al parecer, por lo que tengo entendido, a Sakura le atrae muchísimo un tal Sasuke Uchiha, es mayor a nosotras, pero todavía está en universidad, no sé todavía muy bien porqué está tan obsesionada con ese chico, porque ni a Ino ni a Hinata les agrada que esté así por él.
—¡Ya!, no molestes con eso. —tomó su bolso y abrigo para salirse casi corriendo de la habitación.
—Esta niña… —rodó los ojos—Y tú—me habló—, todavía no estás lista.
¿No?
—¿Qué más me falta? —pregunté, viéndome en el espejo.
—Te faltan tacones—¿ah? —, no podrás lucir el vestido como se debe.
—¿Cómo se debe? —me le quedé viendo mientras ella buscaba entre su amplia colección unos que me combinaran.
—Los tacones te harán lucir más alta y estilizarán tus piernas, —dejó unos zapatos rojos con un tacón muy alto para mí—además, como el vestido es pegadito, relucirás mejor la bendición que Dios te dio. —sonrió maliciosamente.
¿De qué estaba hablando?
Fue cuando sentí una nalgada que se escuchó por toda la habitación.
—Ah… —me dolió, tiene la mano pesada esta mujer.
—Bueno, póntelos. —dijo entre risas.
Al momento de pararme con ellos sentí que me iba a caer si daba un paso, pero Ino me forzó a que le desfilara unos segundos para ver más si me quedaban o mejor otros.
—Definitivamente esos son los indicados.
Sonreí, aunque una vena de la frente se me marcaba.
—¿Ya nos podemos ir? —pregunté.
—Sí, claro- —pero en ese momento se acordó de algo más—¡Espera!, tengo algo que te dará el último toque.
Con una sonrisa se dirigió a una cajita dorada, por lo que alcancé a ver tenía bastantes broches para el cabello.
—Este. —dijo dejando ver un broche rojo vino brillante, con unos pequeños diamantes incrustados, formando una rosa al parecer.
Dejé que me lo colocara en la parte derecha de la cabeza.
—Perfecto, ahora sí estamos listas.
«Ya era hora.»
Agarré mi bolso y mi suéter, que a comparación de todo el conjunto era lo más básico y sencillo.
—Créeme que te cambiaría el suéter ése y la bolsita que tienes por otros, pero ya se nos hace tarde.
«Cállate, rubiecita.»
Salimos y nos esperaba una limosina blanca quien era además del padre de Ino, un abogado muy acaudalado del país en los últimos tiempos.
Cuando me subí me encontré a Sakura y al señor Yamanaka ya adentro, esperándonos.
—Buenas noches, señor. —saludé.
—Buenas noches, señorita, ¿nos vamos?
—Sí. —asintió Ino, aplicándose gloss en los labios.
Mientras íbamos en camino, yo veía por la ventana, estaba en la zona lujosa de la ciudad, grandes casas y pent-house estaban por doquier.
¿Cómo había llegado hasta acá? Déjame recordar.
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—Vuelva pronto. —sonreí como costumbre al entregar la orden al cliente.
Suspiré y volteé los ojos a mi lado. —Deja de mirarme así.
—¿Así cómo?
—Así como si tuviera que confesar un crimen. —qué irónico.
—Has estado callada últimamente, pensando en algo, dime, ¿qué te atormenta? —tomó un banco y se sentó al lado mío.
—Son temas de la escuela… Amigas y… salidas… —lo último lo dije más bajo, desviando la mirada.
—¡Ajá! —me señaló con su dedo índice—Te invitaron a un lugar, pero no quieres ir, ¿cierto? —arqueó una ceja mientras seguía mirándome.
Suspiré. —Sí…
—Y es hoy.
Volví a asentir.
—Hora.
—Ocho… en punto.
Mani le dio una rápida vista al reloj que teníamos en la cafetería.
—Todavía tienes tiempo.
—Ay, por favor, no estarás insinuando que… —crucé miradas con ella, obviamente que quería que fuera—¿Pero por qué?
—En todo este tiempo que llevas trabajando conmigo no me has pedido ni un solo permiso para faltar o salir más temprano. Dale, puedes irte ya.
—¿Y quién ocupará mi puesto?
—Puede hacerlo Lee, ¿verdad? —miró de reojo al pelinegro que tenía como compañero de trabajo.
—A-Ah… pues… Claro que no tengo ningún problema. —noté un sonrojo por su parte, eso me ponía tan incómoda.
—Ya lo oíste, puedes irte sin preocupación. —y seguía.
—Pero me lo vas a descontar las horas que no esté. —Mani me tomó por los hombros y me dirigió hacia el cuarto de atrás.
—¿Tan mala jefa crees que soy? Sólo quiero que vayas a divertirte y punto, eres joven y entrarás próximamente a la universidad, por lo que ya no tendrás más ratos libres que en este preciso momento.
—Pero- —me interrumpió, sosteniendo mi mochila, indicando que ya me fuera.
—Buenas noches, Tenten.
Tomé mis cosas y se fue de la habitación, dejándome sola para que pudiera cambiarme.
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Ah ya.
—Ya casi llegamos. —escuché decir a Ino con impaciencia.
Minutos después, el coche frenó frente a una gran casa, a los alrededores había tantas personas con cámaras esperando a que bajáramos, sentí un revoltijo en mi estómago.
El chofer nos abrió la puerta, la primera en salir fue Ino, no es sorpresa, luego Sakura quien se arregló rápidamente el cabello antes de bajar.
—Usted primero, señorita. —el señor Yamanaka me sonrió, cediéndome el pase.
Como último tragué saliva y respiré profundo y me levanté de mi asiento para tomar la mano del chofer de la familia Yamanaka.
Apenas puse los pies en el pavimento perfectamente liso alcé la cabeza para que una bomba de luces me cegase al instante.
«Así que así se siente...»
Sentí una mano que me tomó del brazo y me dirigió rápidamente al interior de la casa.
—Casi te perdíamos, Tenten. —me dijo Sakura.
—Lo siento, pero no sabía que iban a haber fotógrafos.
—Pues deberías de haberlo intuido, o sea, estamos hablando de la graduación del próximo CEO de Byakugan, la empresa tecnológica que está posicionada como la número uno, ¿qué esperabas?
Ese comentario lo sentí como un ataque, pero no le di importancia, no me llevaba tan bien con Ino a pesar de que había hecho todo esto por mí por esta noche, pero qué más da.
—Mejor vayamos a ver si Hinata o Koyuki ya están aquí. —Sakura intentó calmar la situación.
—¿De qué hablas?, si Yukie fue casi casi la primera en llegar. —dijo Ino, poniendo sus manos en sus caderas.
—Entonces vamos con ella. —la pelirosa tomó mi brazo para que no me quedara ahí parada y nos dirigimos hacia la multitud que había en medio del salón.
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Neji
—… Y recuerda que el señor Kawasaki y Honda esperarán un comportamiento ejemplar de ti esta noche, así que compórtate y cuida todos tus movimientos, aunque sea sólo por hoy, queremos dar buena impresión y que tu tío no cambie de opinión y le pase la empresa a otro miembro de la familia….
Escuchaba que mi madre me daba el mismo discurso que vengo escuchando una y otra vez desde que mi tío compartió el anunciamiento de mi nombramiento como CEO de la empresa.
Desde hace tres años.
Mientras que seguía hablando mi madre, me llegó una llamada de Hideki.
Le hice una señal de "alto" que iba a contestar.
—Dime, Hideki.
—Señor, todos los invitados ya están aquí, sólo falta su presencia para que empiece la fiesta.
—En cinco minutos estoy ahí.
—Perfecto, nos vemos, señor. —Colgó.
—¿Qué quería ese entrometido? —preguntó mi madre con su tono tan amable de costumbre.
—Avisaba que ya nada más faltábamos nosotros para dar inicio a la fiesta.
—Bueno… Como te decía—aquí vamos de nuevo—, ¿está invitada la hija del alcalde Kazahana? —cambió su tono de voz por uno más amigable.
Esa pregunta no me la esperaba tan de golpe.
—Sí, lo está.
Sonrió. —Perfecto, —sacó de su bolso una cajita negra de terciopelo y me la ofreció—quiero que lo hagas esta misma noche.
—¡¿Pero de qué hablas, madre?! —me puse tenso en mi asiento.
—Anda, tu tío se lo pidió a Gina el mismo día que se graduó de la universidad, hazlo tú también. —seguía sosteniendo la cajita.
—Pero no estoy seguro todavía de proponérselo, y más si es a ella… —desvié la mirada.
—¡JA! Tonterías, querido, —con sutileza guardó la cajita en uno de los bolsillos del interior de mi saco—sé un hombre y actúa como tal.
Aunque mi mirada estaba clavada en la ventana del coche, sentía los ojos blancos de mi madre incrustados a mi espalda, acariciando mi cabellera larga, resbalando sus dedos entre mis cabellos, lo cual me helaba la sangre. No era un gesto nada común de ella, era tal su desapego de mí que daba miedo que hiciera eso.
En cuento dejó mi cabello en paz, el coche se detuvo y una muchedumbre lo rodeó, estaba listo para esos flashes que tanto odiaba desde niño.
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Continuará…
