NA:Bueno esto ha salido porque yo sigo escupiendo lo que mi mente fluye.

Nope, sigo sin saber a donde me lleva este barco más allá de a ser feliz.
Yo antes escribia bien, pero vivia muy triste y amargado amando a personas que no me amaban y sin amarme a mi mismo. Ahora solo me he divorciado y quiero dormir 15 minutos más, pero el Iphone me dice que 7 horas de sueño no cumplen el cupo y que 7 horas y 15 minutos tampoco. Pero eh, ahora me amo bastante y me dedico canciones de amor ami mismo. Así que si escribir bien es el precio y ahora escribo mal, pues a tomar por culo.

—Es que... Me siento muy avergonzado — se quejó Akaashi sentado frente a Suzumeda que le miraba con una risa picara en la cara. Aunque en sí la situación le parecía graciosa, le resultaba más gracioso ver a Keiji de aquel modo.

— ¿Avergonzado? No es como si pudieras elegir en que piensas cuando te corres — dijo la chica con naturalidad, viendo como las mejillas de Akaashi se sonrojaban aún más incómodo.

Estaban en la cafetería que ella regentaba. Se la había montado hacia medio año. Ante la imposibilidad de acceder a la Todai no tenía intención de matarse más a estudiar tras tres fracasos consecutivos.

Un negocio sencillo, una cafetería bonita con bubble tea y bollería era un negocio aceptable para ella. Por el momento le iba bien, y no tenía de qué quejarse. Tenía clientes, las facturas se pagaban y bueno, tenía que trabajar de sol a sol, pero ¿no era aquello algo que ya hacían todos los japoneses de bien?

Akaashi ocultó su cabeza entre sus brazos y contra la mesa sintiéndose absurdo.

—Pero es tan ridículo — si pensaba en ello quería desaparecer. No había llamado a Miya desde que aquello había pasado, y estaba mal claro. Pero ¿cómo contestarle? Ya había sido todo muy confuso para él mientras esperaba a que se marchase de su casa.

—Vamos, Akaashi tampoco es tan raro ¿no? — la chica no podía evitar reírse de la situación a aquellas alturas. Podía recordar los ratos en los que ellos hablaban sobre la fascinación que ella tenía por Konoha, mientras que él se obsesionaba con Bokuto Kotaro—. Te pasaste toda la secundaria, toda, fantaseado con Bokuto.

— ¡Yaaa! — emitió aquello como una queja. Toda la secundaria soñando con el chico de tercero que buscaba chavalas en las gradas haciéndole creer que no tenía oportunidades, para luego giñarle el ojo antes de empezar el partido y parándole el corazón—. Para luego darnos tres besos contados con los que...

Se calló al ver a Suzumeda reírse de nuevo.

—Te masturbaste los siguientes años mientras escribías novelas tórridas que te permiten vivir sin trabajar, pero prefieres matarte a hacerlo y hasta evitas publicarlas con tu propio nombre.

—Bueno, son buenas novelas —argumentó Akaashi pensado en sus historias. Por qué siendo objetivo había conseguido atrapar una atmósfera idílica gracias a todos aquellos sentimientos hacía Bokuto. Los románticos y los sexuales, con todos los matices que le añadían sus fantasías. Aunque a veces la realidad superaba a la ficción y no para bueno.

La miró alejarse unos segundos de la barra para servir a un cliente cuando su teléfono vibró. Eran mensajes de Osamu. Le dio la vuelta al teléfono para no ver que le escribía. Se moría de vergüenza, no importaba que Osamu no supiera la verdad, la verdad existía sin más y él la conocía de demasiado.

Suzumeda volvió robándole el teléfono al verlo vibrar sobre la barra y leyendo los mensajes que Osamu le había mandado a Akaashi.

—Que conste — empezó a decir mientras tecleaba y Akaashi sentía que le iba a dar un vuelco al corazón. La consideraba su mejor amiga, pero sabía que podía ser mezquina si hacía falta—, que hago esto por ti, Akaashi Keiji, porque te quiero, eres un buen amigo y no es algo tan relevante.

Ella terminó de mandar la respuesta a Osamu y le enseñó su propio teléfono móvil con una sonrisa radiante pintada en la cara.

Miya Osamu Le había invitado a ver un partido del vóley universitario. El equipo de la universidad de Miya Atsumu contra el equipo de la universidad de Bokuto Kotaro.

No era lo terrorífico, lo terrorífico era ver como Suzumeda, que se llamaba su amiga, había aceptado sin dudar por un segundo que él estaba dispuesto a sentarse en una grada junto a Osamu y ver a Bokuto jugar...

— ¿Pero qué te hace pensar que quiero ver a Bokuto de nuevo? —se irritó tomando su teléfono móvil entre las manos y pensado en qué podía hacer para evitar aquel encuentro, que había aceptado con un "Estaré encantado de acompañarte" que sonaba muy él. Pero no era él.

Y ahora no podía decirle sin más "Tengo un tumor en el páncreas y no podré ir porque estoy muriendo". Porque a pesar del incidente, él se sentía atraído hacia Miya. A él le gustaba Osamu y podía verse con él en el futuro, pero no con fantasías de Bokuto acechándole.

— ¿La novela tan buena que acabarás escribiendo después de esto?

Miró a Suzumeda reírse. Ah, la odiaba porque la vida no tenía que parase por una tontería así, estaba claro pero...

— ¿Y si salgo herido?

—Te recogeré de la basura, te recordaré que el dinero no es un problema para ti y que el tiempo todo lo cura — añadió ella siendo lo más asertiva que sabía ser.

— ¿Y si hiero a alguien más?

—Tendrá la valiosa lección de que en la vida no todo es tan bonito como en tus novelas y podrás escribir novelas más realistas — aclaró recordando que después de mucha, mucha insistencia ella había logrado que Konoha Akinori la invitara a salir. Había sido un polvo marrano y hasta luego, si te he visto no me acuerdo. Pero todo se superaba.

Ella le sirvió un café con hielo, sin azúcar, junto con un pan de castañas y le sonrió.

—Eres la peor amiga que tengo, pero sigo queriéndote igual.

Dijo aquello mientras se comía lo que ella había servido. A veces si alguien te quiere, te sacará para bien de tu zona de confort, pensaba Akaashi. Aunque muchas veces esa gente solo son idiotas que no tienen miedo a nada, como le pasaba a Kaori. Y acaba en medio de un circo, siendo el payaso triste del número central mientras la gente esperaba que todo empezara.

Si bien ver aquel partido en el que Konoha hacía de acomodador para Bokuto y Komi continuaba siendo un libero excepcional, la nostalgia no hizo mella en la mente de Akaashi. Estaba nervioso, sí, pero tampoco era el fin del mundo. O al menos aquello se dijo él mismo, viéndose sentado junto a Osamu en aquella grada.

Atsumu no le dejó indiferente, ya que era bueno no, lo siguiente.

— ¿Por qué no continuaste con el vóley? —preguntó Akaashi a Osamu, apoyado contra la barandilla frente a él fijándose en la precisión que el otro Miya colocaba la pelota a sus rematadores. Les había visto jugar en la secundaria, Osamu no era particularmente malo.

—Aún juego los fines de semana en una liga amateur —dijo Osamu. Aunque aquella liga amateur apenas sabían que hacían, si lo pensaba con claridad. Pero no quería vivir las presiones del deporte de nuevo, llevarse hasta el extremo para ¿no tener tiempo de estudiar después? — nunca vi jugar a Fukurodani y ahora me arrepiento, seguro eras bueno.

—No se me daba mal, pero no era para tanto.

Akaashi se quedó mirando a Osamu. Le gustaba, le gustaba mucho si lo pensaba sin meterle más información ¿Por qué tenían que pasarle más cosas a la vez? ¿No podía ser normal y tener un enamoramiento clásico? Aunque bueno, esperaba no ser Ana Karenina, por clásico de la novela rusa que fuera la verdad… ¿había sido encontrarse a Bokuto un mal presagio como la muerte del trabajador ferroviario de la novela*? No lo sabía, sabía que estaba allí con Osamu y era él el motivo real por el que se encontraba de nuevo viendo un partido de voleibol tras haber dejado la secundaria alta atrás.

Keiji buscó la mano de Osamu y entrelazó sus dedos con los de él. Osamu le miró sorprendido, pero no le soltó la mano.

Él sabía que sobre pensar nunca era útil, pero se sentía como un conductor que intentaba frenar un coche al que le habían quitado las pastillas de freno. Tan inútil como el sobrecalentamiento de su cabeza, cuando rato después se encontró sentado en mitad de un bar con Bokuto, Konoha, Komi y Sarukui sentados en la misma mesa que Osamu, Atsumu y él.

La mayoría, por no decir todos ya que no era el caso de Sarukui y Akaashi, llevaban más cervezas que la mayoría cuando aquella conversación reventó en la cara del antiguo acomodador del Fukurodani.

—Bueno a ver todos sabíamos que tú y Sarukui tenías algo y acabarías casados y sin hijos porque tú ya eres el crio, Komi — comentó Konoha con indiferencia.

Hasta el momento apenas habían hecho vagos comentarios del pasado. Para Akaashi aquello se parecía mucho a una reunión de exalumnos pasados de vueltas. Aunque añoraba a Yukie y a Kaori.

—Boh, pues como esto dos — saltó Komi señalando a Bokuto y después a Akaashi—. Fijo follabais como marranos en las duchas, porque siempre os quedabais solos hasta el final.

— ¡Que va!— se quejó Bokuto más rojo que un tomate.

Akaashi se rió incómodo ante la mirada de rojo de Osamu ¿Deseaba morirse? No, no era exactamente, realmente tan solo pensar en el él de años atrás era un poco incómodo. Aunque si lo analizaba, tampoco había cambiado tantísimo ¿o sí?

—Akkashi era el tipo más tímido del planeta tierra — continuó Bokuto mirando fijamente a los gemelos, como había hecho toda la noche cada vez que soltaban un anécdota del instituto—. Apenas se dejó dar un par de besos tontos y sí, me quedaba después para ver si pasaba algo pero, NADA DE NADA.

—No, solo es que tú y Komi ibais a saco con todo, además tu siempre buscabas a las porristas ¿Yo que iba a saber que te interesaba?— se quejó Akaashi. Era molesto que le clasificasen como alguien tímido. Él no era tímido, decía lo que era necesario cuando era necesario. Tan solo necesitaba su tiempo —. Yo no soy tímido.

— ¿No? — preguntó de forma irónica Osamu mirándole a los ojos. Si parecía tímido, al menos al principio. Aunque si lo pensaba, Keiji siempre era directo y franco con lo que pensaba. Hablaba de forma clara y contundente, tan solo quizá más despacio de la que otras personas hacían.

—No — contestó Akaashi devolviéndole la mirada.

—Bueno, ya os dejamos el bar para vosotros solos si eso — Atsumu estaba de mal humor. Había perdido y encima estaba allí con todos los tipos que le habían vencido y el estúpido novio nuevo de su hermano que le caía regular.

Bokuto apretó los labios mordiéndose el labio superior. Había hecho al promesa de no irritarse. Pero del mismo modo que él estaría deprimido, a pesar de todo, el Miya rubio estaba enfurruñado.

Komi le miró frotándose los ojos como si llorara y poniendo su cara de suficiencia después. Aquello provocó más la ira de Atsumu, pero se calmó un poco al ver como Sarukui le pegaba un codazo.

— Sois todos insoportables — añadió Atsumu.

—Y eso que no los has visto en su esplendor — añadió Akaashi recordando la vez que Komi, Sarukui y Konoha forzaron a Bokuto en un reto a meterse en la boca la mayor cantidad de panes de leche posibles. O la vez en la que entre todos se habían pintado la cara con rotuladores indelebles mientras dormían en un campamento. O la vez…

—Si lo dices por aquella vez en la que pusimos ratoncillos en el saco de dormir de Kenma… — empezó a decir Konoha intentando excusarse. La idea era haberlos puesto en el saco de dormir de Kuroo pero se equivocaron sin querer a pesar de que nunca solían ponerse cercanos.

—No, lo dice por cuando llenamos de pasta de dientes el asiento del entrenador Nekomata — recordó Sarukui en voz alta. No recordaba a Akaashi más avergonzado en la vida. Le pidió disculpas más de treinta veces mientras el hombre se reía pensado que solo era una niñería.

—Yo pensaba que se refería a cuando drogamos a Onaga y Anahori y los encerramos juntos en el terrado.

—Komi, esa vez podrían haberse matado — le cortó Akaashi. Aquella situación no le parecía esplendorosa, más bien aterradora. Aunque solo acabó con Anahori tratando de agarrar cosas en el aire llamando a las hadas y Onaga hecho una bolita y gritando que los dragones se lo querían comer.

Podrían haber seguido repitiendo anécdotas horrendas, incomodas y mal elegidas. En todos Akaashi ejercía el papel correcto. Aun así, él sentía que era participe de aquellas travesuras, si es que podía decirlo así. En muchos caso, su radar le intuía siempre que Sarukui y Komi tramaban algo, engatusarían a Bokuto y Konoha les seguía hasta el final. Pero nunca les paraba, porque en el fondo disfrutaba de ser el espectador de todas aquellas tonterías.

—Suna Rintaro y yo tratamos de hacer explosivos con caca de gato — cortó el rollo Osamu —. No nos salió porque el bueno en química era Gin, así que guardamos los excrementos sin querer, queriendo, en el saco de dormir de nuestro capitán, que le echó la culpa a Atsumu.

— ¿y nos cuentas esto porque…? — cortó Komi que en realidad se sentía orgulloso de todas aquellas idioteces.

—Quiero sentirme incluido.

Akaashi empezó a reírse y se dejó caer, apoyándose sobre el hombro de Osamu. Le gustaba aquel idiota con brazos hermosos y que amaba cocinar, que no era tan idiota después de todo.

—No es un incluido bonito.

Osamu ladeó la cabeza acercando sus labios al oído de Akaashi.

—Sí, si lo es si te incluye a ti — le susurró al oído mientras observaba a Komi y a Konoha contar otra anécdota de aquellos. De no haber bebido, quizá no le habría dicho aquello, de lo que se arrepintió a los pocos segundos desviando la mirada al techo y agradeciendo la poca luz del bar.

La mano de Keiji se desplazó por el muslo de Osamu, buscando su mano. Sobre la mesa la bajó y volvió a entrelazar los dedos con él. Era posible, en la mente de Akaashi y tal como se sentía en aquel momento, que quizá sí había escrito un montón de historias tórridas pensado en Bokuto, pero aquello no cambiaba que estaba con Osamu y le gustaba estar con él. "Kaori tiene razón, solo me corrí pensado en una fantasía del pasado" pensó para dejarse llevar e intentar no pensar en Bokuto Kotaro más allá de la fantasía adolescente que había sido.