Capítulo 3: Pereza Pesada

Lucas se levantó con los ronquidos de Barry, miró el reloj de su Poketch leyendo que eran las siete y media de la mañana. Refunfuñando amargadamente, decidió levantarse al saber que era imposible dormir con esos ronquidos de su amigo rubio.

La casa en donde se quedaban era lujosa para los estándares del joven. Era de un solo piso, con vista al mar y todo exquisitamente decorado con muebles bien cuidados. Ayer estaba tan cansado que no tuvo tiempo de explorar bien el lugar, esperaba poder descubrir algo interesante mientras que los demás se levantaran. Rápidamente se bañó y se puso su traje de baño con una simple camisa blanca.

Al salir, se dirigió a la cocina y encontró un mueble repleto de fotografías que no pudo evitar mirar al notar que habían caras conocidas. Lady Caitlin estaba en una de las fotos, pero ahora era rubia y su cabello había crecido notablemente. Se sorprendió al ver que estaba con el Valet Darach en una posición que dejaba clara una relación entre ellos (el hombre besando tiernamente la frente de la joven).

En sus días enfrentando el Battle Frontier recordaba haber escuchado rumores al respecto, jamás esperó que fueran a terminar juntos. No por Darach, el tipo era respetuoso y un gran luchador, pero Lady Caitlin aparentaba ser de las damas pretenciosas que no aceptarían a un plebeyo de tercera. Pensó que la había juzgado mal después de todo.

—¡Buenos días!

Lucas casi bota el marco de fotos y encontró a Dawn sonriéndole dulcemente atrás suyo. Su susto fue tan obvio que la hizo reír, era tierna.

—Buenos días, —dijo Lucas apenado—. ¿Dormiste bien?

—¡Definitivamente! ¡Y hoy estoy de muy buen humor! —Lucas no lo dudó al no encontrarla regañándolo por cualquier tontería—. ¿Ya desayunaste?

—No, pero pensaba ver qué sobró de la cena, —respondió Lucas con pereza de prepararse algo, era mejor recalentar y comer lo que tuviera al alcance.

—No es que piense que la comida del Sr. Adeku sea fea, —dijo Dawn recordando las impresionantes habilidades culinarias que tenía el hombre—. Pero un Quiche de Espinaca no me parece el mejor desayuno.

Antes que Lucas pudiera responder, Dawn le puso una mano en su brazo.

—¡Yo prepararé el desayuno! —dijo con una sonrisa caminando hacia la cocina vacía—. ¿Te parece bien tostadas a la Kalosiana?

—Umm… me parece espectacular, —dijo Lucas siguiéndola, la sala de la casa tenía un diseño de concepto abierto que dejaba a la vista la cocina y una isla que lo conectaba con un comedor—. ¿Quieres que te ayude?

—Estoy bien, gracias, —respondió Dawn atándose su cabello negro largo en una cola de caballo, Lucas no pudo evitar observar las pequeñas pecas que tenía entre la espalda y el cuello...

¡SMACK!

Autodisciplina. Esa liga de Barry lo ayudaría… o por lo menos eso esperaba.

—Pero puedes hacerme compañía, —agregó Dawn sin darse cuenta de la muñeca roja del muchacho—. Eso me ayudaría mucho.

Lucas se sentó al otro lado de la isla y observó la manera en que Dawn empezó a sacar los ingredientes. No es que no confiara en sus habilidades culinarias (a diferencia de él, ella sí se esforzaba) pero se sentía culpable de dejarla sola.

—En serio, no me molesta ayudarte, —dijo Lucas como último intento de involucrarse.

—Lucas, estoy bien, —aclaró Dawn con una pequeña sonrisa mientras mezclaba en un plato azúcar y canela—. La verdad, sé que tienes algo que te está preocupando mucho. Lo noté ayer, estoy segura que no me quieres decir porque no me quieres involucrar y… respeto tu espacio.

Dawn levantó la mirada para verlo con una sonrisa amable.

—Pero aún así, quiero estar ahí para ti y te ayudaré en lo que pueda, —Dawn se dio la vuelta para buscar huevos y Lucas juraría que en cualquier momento se moriría de amor, ¡cuánto se preocupaba por él cuando no lo merecía!—. Por ahora, te ayudaré a comer un desayuno decente.

—Gracias, en serio Dawn, —le respondió Lucas, en verdad ella estaba haciendo todo por ayudarlo… ¿por qué él no hacía lo mismo por ella? Se levantó de la silla y buscó una sartén y mantequilla—. Tú prepara los panes y yo los freiré, también quiero ayudar.

Dawn le asintió alegremente y continuó batiendo los huevos con leche para poner las rodajas de pan. La joven notó cómo Lucas puso un poco de aceite y luego mantequilla.

—¿Por qué le echas aceite? —preguntó Dawn—. ¿No basta con la mantequilla?

—Es para que la mantequilla no se queme tan rápido, —Lucas había leído eso en internet y era un consejo simple, aunque sonara como un chef para Dawn—. ¿Cuántas crees que debamos hacer?

—Mm… me imagino que entre tú, Barry y el Sr. Adeku, comerán como tres o cuatro cada uno, diría que empecemos con quince, —respondió Dawn, su conversación fue interrumpida cuando vieron al ex-campeón de Unova salir de su cuarto apurado, pasó frente a la cocina y ni los notó—. ¡Sr. Adeku! ¡Buenos días!

Alder pareció asustarse, los miró y parecía apurado.

—¡Niños! Vaya, ustedes si que madrugan, —Alder llevaba puesto una camisa negra y pantalones blancos, tal parecía que buscaba algo en la sala—. Perdón que no me quede a desayunar, tengo que irme.

Finalmente sacó entre las almohadas del sillón su poncho blanco y mientras se lo ponía caminó hacia la salida de la casa apurado. Sin darse cuenta, se chocó con Barry y cuando este calló, el ex-campeón lo ayudó a levantarse fácilmente.

—Los veo después, —dijo Alder saliendo del lugar, los tres jóvenes vieron a la puerta que se cerró rápidamente y notaron que Barry se veía atónito.

—El ex-campeón Alder Adeku me levantó del suelo y tocó mi camisa, —dijo Barry asombrado, levantó sus puños al aire feliz y empezó a celebrar—. ¡Jamás volveré a lavar esta camisa!

Tanto Dawn como Lucas se rieron de su amigo, pero el muchacho no pudo evitar preguntarse por la actitud del campeón. ¿Qué era tan urgente como para que se fuera así de rápido? ¿Había ocurrido algo?

Dejando la sartén con los panes a un lado, Lucas caminó hacia la sala y prendió la televisión, buscó el canal de noticias y lo dejó puesto. Barry se acercó a la cocina e intentó comer el azúcar con canela, Dawn deteniéndolo como una domadora profesional. No había nada interesante, pero decidió dejarlo puesto mientras regresaba a cocinar.

—¿Qué quieren hacer hoy? —preguntó Dawn mientras le ponía azúcar y canela a los primeros panes listos que le pasó Lucas.

—Algo que no involucre batallas Pokemón, —comentó Lucas—. Los míos están descansando de ayer.

—Pues lo que sea no puede ser en la Ruta 14, —agregó Barry desde el sillón frente al gran televisor—. Miren.

Desde la cocina vieron la pantalla y pudieron ver un reportaje. Una reportera se encontraba en la entrada de la Ruta 14 en Undella Town, aquella ruta que conectaba con el White Forest. Lucas tenía una vaga imagen del lugar, tenía unas montañas y ríos que había visto en algún folleto.

Bajo el pedido del alcalde de Undella Town, todas excursiones turísticas serán canceladas en la Ruta 14 y todo entrenador que quiera pasar, tendrá que hacerlo bajo el camino autorizado en los horarios establecidos…

Las tuercas en la cabeza de Lucas empezaron a girar, ¿qué habría pasado? ¿Tal vez esto fue lo que hizo que Alder saliera tan apurado? Miró a Dawn que también ponía una atención absoluta a la televisión con una vista analítica, tal vez pensaba igual que él… notó también que su vestido de verano tenía un moño atrás y que su cintura se veía muy bien con el cincho…

¡SMACK!

Autodisciplina… otra vez.

—Qué mal que no se puedan hacer excursiones, —dijo Dawn suspirando triste—. Quería ver si podía encontrar un Shuckle, dicen que son más fáciles de encontrar que Sinnoh.

—¿Y por qué querrías uno? —preguntó Barry sentándose en la mesa—. Tienen una defensa excelente pero no son muy buenos en batallas competitivas o interesantes.

—¿Alguna vez probaste el jugo que hacen? —preguntó Dawn terminando con las últimas tostadas y llevándolas a la mesa—. Mi papá me trajo una vez que viajó a Johto y es lo más rico que he probado en mi vida.

—Yo escuché que ahí hay Pokemons pelea, —dijo Barry sonriendo—. Si estuviera abierta la ruta 14, buscaría atrapar un Mienshao. ¡Escuché que son increíbles para batallar!

Lucas continuó escuchando la conversación a medias, tratando de poner más atención al reportaje. Le resultaba extraño que jamás dijeran por qué se estaban tomando tantas precauciones. ¿Tal vez un algo que no querían que se cruzara con los turistas? ¿Tal vez un Pokemón? Era una lástima que era demasiado perezoso para tratar de pensar más, un holgazán que no sabía qué hacer con su vida…

—¡Lucas! —el grito de Barry fue lo suficientemente fuerte para asustarlo—. ¡Ven a comer! ¡Una panza vacía equivale a una cabeza vacía! ¡No te quiero multar por llegar tarde a la mesa!

—¿No deberíamos de esperar a que se levante Cynthia? —preguntó Lucas.

—¡La iré a despertar! ¡Con el desayuno en la cama! —dijo Barry emocionado saltando de su silla—. ¡La Srta. Cynthia lo apreciará!

No lo haría, todos sabían que eso no era así. Tanto Lucas como Dawn corrieron a detenerlo y el muchacho no sintió arrepentimiento alguno cuando envistió a Barry directo al suelo.


Lo primero que lo levantó fue una horrenda sensación en su mano. Colress se sintió extraño, sabía que estaba helado pero no sentía frío. Le tomó un momento a su cabeza para ubicarse y se dio cuenta que se encontraba en una clase de cuarto de hospital. Lo supo en el momento que vio un muchacho en uniforme de enfermero cambiándole

—¿En dónde estoy? —preguntó Colress preocupado.

—¡Despertaste! ¡Justo cuando le dije a tu novia que no se preocupara! —dijo el muchacho enfermero con un tono apenado—. No te preocupes Coco, estás a salvo en un hospital y tu novia está acompañando a su hermanita al baño. ¡Pero volverán pronto! Siempre vuelven por ti.

Colress sintió su corazón estrujarse contra su pecho, la imagen de la pequeña Amanita llorando no podía ser una buena… Sabía que el enfermero tenía buenas intenciones y tal vez le decía Coco porque así lo llamaba Amanita y Fennel, pero en ese momento lo encontraba molesto. La puerta del cuarto se abrió y el científico esperó encontrarse con alguien menos molesto que el enfermero excesivamente amigable… pero se encontró con otra cara que no esperaba.

—¡Primo! ¡Estás bien! —era Kukui acompañado por su Ninetails de Alola, tenía puesta su conjunto normal de siempre: bata sobre torso desnudo y pantalones cortos, pero estaba cubierto de vendas por la cabeza, torso, piernas y brazos—. ¡Gracias a los tapus! ¡Pensé que te perdía!

Colress lo vio incrédulo, lo último que recordaba era que ambos habían caído de un acantilado y no podía creer que él era el único que resultó con una pierna rota inmovilizado en una cama. Lo vio de pies a cabeza y su sorpresa fue obvia.

—¿Pero cómo? —preguntó Colress sorprendido.

—Mi trabajo es literalmente recibir Hyper Beams en la cara para estudiarlos, ¿si? Así que digamos que este cuerpo está acostumbrado a recibir golpes fuertes, ¡oh sí! —su Ninetails le puso una pata sobre la cintura y el profesor rápidamente la acarició con cariño—. Además, esta niña bonita nos salvó de la muerte. La entrené para que supiera Heal Bell y me ha salvado del pellejo cuando mis experimentos salen mal, supongo que esto fue como un ejercicio más, ¿verdad preciosa?

Su Ninetails simplemente apoyó su cabeza más sobre las manos del profesor, como la buena niña mimada que era.

—¡Coco! —el grito de una niña se hizo presente, tan sorpresa que logró asustar al pobre enfermero. El científico vio cómo Amanita entró corriendo a la habitación solo para lanzarse encima de él en un cariñoso, y tristemente extremadamente doloroso, abrazo—. ¡Estás bien! ¡Estás bien! ¡Estás bien!

—¡Tirarse en el paciente no es bueno! —dijo el enfermero, quien con un simple movimiento logró cargar a la niña lejos del científico, quien parecía estar a un paso de agonizar de puro dolor—. Dale espacio, pequeña.

—¡Colress! —Fennel entró a la habitación con Burnette y aunque no se tirara tan salvajemente como su hermana, el pobre hombre parecía que en cualquier momento se rompería a la mitad—. ¡Perdón! ¡Lo siento! ¡Es solo que…! Pensé que…

Fennel se cubrió al boca y era obvio que estaba intentando no llorar, sin éxito alguno ya que caían lágrimas. El enfermero se puso a Amanita en sus hombros y salió del cuarto para darles privacidad, Kukui los siguió de cerca encontrándose con su esposa afuera. Burnet se encontraba viendo el pasillo del hospital, se le veía preocupada y Kukui supo que seguramente pensaba en algo que la molestaba. Se le acercó y le puso una mano en el hombro llamando su atención.

—Tal parece que el primo Coco estará bien, —dijo Kukui tranquilamente a su esposa—. Aunque tendrá que mantenerse lejos del trabajo de campo por un tiempo.

Miró a Burnet quien se le veía triste, se les salió unas lágrimas y su esposo rápidamente la tomó de los dos hombros preocupado.

—Cariño, ¿qué pasa? —preguntó Kukui asustado.

—Mi cielo, no quiero que seas parte del trabajo de campo, no quiero que salgas ahí otra vez, —Burnette lo vio a los ojos, repletos de lágrimas—. Casi mueres en la misión y me niego que vayas solo, simplemente no te puedo dejar. No puedo…

Kukui abrazó a su esposa entendiendo sus sentimientos. Si quería seguir investigando la misteriosa criatura que los atacó, supo que necesitaría buscar ayuda.


—¿Entonces cuáles son los planes de hoy? —preguntó la recién levantada Cynthia comiendo sus tostadas kalosianas recalentadas, todavía llevaba puesto su ropa de dormir con un cabello desarreglado pero aún así lograba sacarle un par de suspiros a Barry.

—Yo iba a decir que fuéramos a la Ruta 14, —dijo Dawn un poco decepcionada—. Pero tal parece que no están dejando circular turistas…

Lucas la miró apenado, sabía que tenía muchas ganas de ver el lugar. Estaba convencido que quería hacer más que simplemente conseguir jugo de Shuckle y pensó en alguna manera de hacerla feliz.

—En realidad… —dijo Lucas recordando bien lo que dijo la reportera—. Dijeron que no se podía circular por las montañas, que se podía entrar siguiendo las rutas marcadas. ¿Qué les parece si vamos ahí?

Los ojos de Dawn se iluminaron y Lucas juró que crecieron un par de veces su tamaño normal. Jamás había visto ojos tan hermosos y una vez más se perdieron en ellos.

—Me gustaría averiguar un poco de información antes de irnos… —dijo Cynthia tomando su taza de café para llenarla otra vez—. Qué les parece si mientras que yo investigo, ustedes van a la playa.

—En realidad… —dijo Lucas sorprendiendo a Cynthia, jamás solía discutirle o contradecirle nada—. Me gustaría ayudarte, si eso está bien.

—¡Me parece maravilloso! —respondió Cynthia, Barry y Dawn se vieron el uno al otro un poco sorprendidos por la iniciativa de Lucas de querer involucrarse en algo. Típicamente solía dejarse llevar por la corriente—. Hay un coleccionista en esta ciudad que es buen amigo mío, iremos con él.


Lucas sabía que podría estar en la playa con Dawn y Barry, ver a Dawn con su traje de baño en verdad era una vista que hubiera amado ver… ¿sería un traje completo o un biki…?

¡SMACK!

Más autodisciplina.

Él se había metido en esto solo y ahora le tocaba seguir con lo que empezó. Lucas y Cynthia caminaban por el asfalto hirviendo de Undella Town buscando la casa de este amigo de la campeona.

—¿Por qué un coleccionista sabría información de lo que pasa en la Ruta 14? —preguntó Lucas, empezando a pensar que debió haberse preguntado esto desde hacía horas antes de salir de la casa.

—Este amigo mío no solamente colecciona artículos antiguos, siempre está alerta a cualquier chisme o información que esté rondando por aquí, —Cynthia lo miró levantando una ceja mostrando su confianza—. Estoy convencida que no solamente nos puede aclarar cuales son los caminos autorizados, sino también qué pasó para que prohibieran la circulación libre.

La mujer adulta le guiñó un ojo y Lucas se sonrojó. Se sentía idiota por hacer esa clase de pregunta.

—Tengo que admitirlo, me gusta verte interesado en averiguar cosas, —dijo Cynthia rompiendo el silencio entre ellos—. Últimamente sentía que andabas solamente siguiendo la corriente, sin ningún interés en particular.

—¿Tenemos que hablar de esto otra vez? —preguntó irritado Lucas, ya había sido incómodo en el barco y ahora en medio de una calle vacía y bajo el sol intenso de la mañana, era peor.

—Solo si tú quieres hacerlo, —aclaro la adulta con un tono tranquilo—. Solo quiero que sepas que siempre estoy aquí para que me hables, ustedes tres son muy especiales para mi.

—¿Lo somos? —eso solamente hizo que las orejas de Lucas se sonrojaran más—. ¿Hasta Barry?

Ante esa pregunta, Cynthia soltó una carcajada.

—Sí Lucas; tú, Dawn y hasta Barry son especiales para mi, —Cynthia se arregló el cabello, recogiéndolo un poco dejando claro el calor que sentía con sus capas de pelo rubio—. Al principio solamente estaba pendiente de ustedes porque sabía que tenían potencial para muchas cosas. Pero, estos últimos años los he ido conociendo mejor y ahora los veo como familia. Es raro que lo admita en voz alta, pero quiero dejarte claro que si me preocupo por ti es porque en verdad me importas. No creas que lo hago porque esté obligada como adulta a darte una mano.

—Umm… —Lucas sabía que debería sentirse conmovido, pero esa confesión solamente lo hizo sentir más presionado. Sabía que Cynthia era una mujer reservada y que le dijera eso debía ser alguna clase de privilegio, ¿por qué no se sentía tan agradecido como debía?—. Gracias Cynthia.

—De nada, —le respondió con una simple sonrisa.

Odiaba esto, Lucas tenía un horrendo sentimiento que llevaba mucho tiempo arrastrando atrás suyo. Era esa presión de saber que la gente estaba pendiente de él, siempre observando cada cosa que hacía: sus decisiones, sus acciones… solamente cosas que terminarían decepcionándolos. Dawn era lista y seguramente se convertiría en la próxima Profesora de la región como Rowman; Barry tenía talento y determinación para ser un entrenador fuerte y conociendo su necedad y esfuerzo, seguramente iba a conseguir ser Frontier Brain… ¿en dónde encajaba él? ¿En dónde iba Lucas el holgazán?

Sí era fuerte… pero un holgazán. También era listo… pero seguía siendo un holgazán. ¿Cómo podía ser especial para Cynthia, una de las mejores campeonas de la historia de Sinnoh, siendo un holgazán? Sí, la había vencido en una batalla, pero no tuvo las fuerzas o el valor de aceptar el título de campeón. ¿Cómo podía ser alguien cuando solamente buscaba una salida fácil?

—¡Llegamos! —dijo Cynthia sacándolo de sus pensamientos.

Lucas vio frente a él un enorme portón de metal que dejaba ver entre los barrotes una mansión en la cima de una colina. Quien fuera que fuese este coleccionista, tenía plata en el bolsillo sin duda alguna. La campeona se acercó a un timbre que cuando lo tocó, Lucas vio que de la pared apareció una cámara y saltó del susto.

—¿Quién es? —preguntó una voz saliendo del contestador.

—Solo una vieja amiga pasando a saludar, —respondió Cynthia con una sonrisa dulce.

La puerta se abrió automáticamente y Lucas miró con cierta frustración el camino que les esperaba. Era uno largo de concreto que subía una colina… ¿cómo era posible que Cynthia pudiera caminar por ahí en pantalones negros sin morirse del calor? Sí, se cambió la blusa negra de mangas largas por una celeste de manga corta, pero era ridículo.

Después de caminar por la colina, Lucas y Cynthia fueron bienvenidos por un fuerte golpe de aire condicionado. Lucas se quedó abstraído en su lugar disfrutando de la brisa fría mientras que un hombre aparecía en unas enormes escaleras bajando hacia la entrada. Llevaba puesto un pantalón claro y de esas camisas floreadas que solamente lo usaban los turistas ridículos con dinero.

—¡Cynthia, querida! —dijo el hombre, quien la tomó de las manos para darle un beso en la mejilla—. Siempre un gusto tenerte aquí, mi maravillosa y curiosa cazadora de misterios.

—Ya me conoces, pero no vine sola, —Cynthia rápidamente tomó el hombro de Lucas y lo presentó ante el hombre—. Él es Lucas, un muy buen amigo mío.

—¡Lucas! ¡Bienvenido pequeño! —le revolvió el pelo y el muchacho se preguntaba si el hombre sabía que estaba cerca de cumplir dieciséis años—. Vengan, les preparo algo de tomar frío para el clima.

Cuando Cynthia le había dicho que irían a averiguar cosas esperaba que fuese algo rápido, pero pronto se dio cuenta que era una clase de rodeo que la mujer se aproximaba lentamente. Le abrió una conversación sobre unos objetos antiguos y cuando el hombre se retiró a servirle más extracto de Berrys, Cynthia le susurró:

—Hay que darle un poco de cuerda para que suelte lo interesante…

—Entonces Lucas, ¿te gustan los Pokemons? —le preguntó el hombre regresando con tres vasos.

—S-sí señor, —respondió nervioso el muchacho, no sabía que venir aquí involucraría la participación en un extraño juego de rodeos y darle cuerda al hombre.

—¿Qué te parece si te enseño mi biblioteca personal mientras que hablo en privado con Cynthia? —algo en su tono no le gustó y cuando Lucas miró a la mujer, le asintió con cierta cara derrotada… sabía que siempre le coqueteaban porque… bueno, ¡era preciosa! Pero esto parecía demasiado.

—Ve Lucas, luego te alcanzo, —le dijo Cynthia asegurándole que estaría bien.

Y así terminó solo en una biblioteca en el tercer piso de la casa. Lucas suspiró frustrado, la idea era que averiguaría algo interesante que lo ayudaría a sentirse menos inútil. La biblioteca era básicamente un piso completo con paredes de vidrio que daban vista al océano. La vista era increíble y Lucas se acercó un momento para contemplar el cuerpo de agua cristalino… ¿estaba condenado a siempre sentirse inútil?

Pensó que lo mejor que podía hacer era buscar un libro que lo entretuviera. Mientras lo hacía, revisaba las portadas poco interesado al no encontrar nada que llamara su atención. Tomó un tomo sobre Pokemons legendarios y ojeó algunas páginas. Se detuvo al encontrar uno que jamás había visto en su vida: Marshadow.

Un extraño escalofrío recorrió su espalda, este Pokemón le recordaba mucho a Darkrai y no tenía memorias dulce de dicho Pokemón. Había tenido un encuentro con Darkrai en su primer viaje por Sinnoh con Barry y Dawn y recordaba cómo le tocó con su amiga buscar un Lunar Wing para salvar a Barry de la eterna pesadilla de Darkrai.

No gracias, —pensó Lucas regresando el libro en su lugar, cualquier cosa ligeramente parecida a Darkrai lo perturbaba.

Encontró otro libro que hablaba sobre los lugares más bellos de Unova y con más curiosidad, decidió llevar el tomo hasta la mesa frente a las enormes ventanas. Buscó la Ruta 14 y encontró una entrada interesante sobre un santuario que honraba a Landorus, uno de los Pokemons legendarios de la región.

Lucas sonrió y leyó una vez más el nombre: El Santuario de la Abundancia… ¡seguramente Dawn amaría ese lugar! Tenía que haber alguna manera para que pudiera llevarla.

—Lucas, —el muchacho miró hacia la entrada de la biblioteca y encontró a Cynthia caminando hacia él, tomó una silla y también vio el libro con mucha curiosidad—. El Santuario de la Abundancia… sabes, Dawn me ha hablado mucho de ese lugar desde que vinimos.

—¿En serio? —cuando Lucas conectó ciertos puntos en su cabeza—. Tal vez es por eso que quiere ir a la ruta 14 con tantas ganas.

—En parte sí, pero enserio quiere encontrar un Shuckle, —le respondió Cynthia ojeando el atlas apreciando todas las fotografías—. Estoy segura que quiere que cierto alguien, quien ama comer, pruebe cierto jugo para animarlo…

Cynthia lo vio con una cara pícara y Lucas parpadeó confundido… ¿se suponía que debía de entender algo o…?

—Umm… ¿quiere llevarle un poco de jugo al Profesor Rowman? —la respuesta de Lucas parecía más una pregunta. Había notado que el profesor andaba un poco tenso últimamente y se podía imaginar a Dawn buscando una manera para animarlo. Entre más lo pensaba, más sentido tenía, pues el profesor de Sinnoh era un glotón con todos los dulces que escondía en su escritorio (él ya había logrado robarle un par de dulces a sus espaldas con éxito).

—En verdad eres un lelo, —Cynthia negó con su cabeza encontrando su confusión tierna—. En fin, mientras que mi amigo termina su llamada, te cuento lo que logré sacarle.

Lucas puso muchísima atención a la mujer, olvidando el libro con fotos de Unova.

—No sabe mucho, pero al parecer un Pokemón muy fuerte anda suelto por la Ruta 14, —dijo Cynthia en un tono de voz más bajo.

—¿Crees que podamos ir al Santuario de la Abundancia? —preguntó Lucas susurrando también.

—No lo sé, tendríamos que averiguar cuando entremos a la ruta, —Cynthia miró a Lucas y sus ojos se enternecieron mientras apoyaba su cara en su mano conmovida—. Quieres ir ahí para hacer feliz a Dawn, ¿verdad?

—¿Qué? —diablos, lo había descubierto, ¡pero se negaba admitirlo en voz alta!—. ¡N-no!

Cynthia fue envuelta en pequeñas risas traviesas que molestaron por completo a Lucas. Muchos creían que la mujer era demasiado seria, pero Lucas había descubierto con el tiempo que era de esa clase de gente que disfrutaba analizar las cosas y después echártelas en la cara.

—¡Cynthia! ¡Querida! ¿Quieres que abra una botella de vino? —el coleccionista entró a la biblioteca y Lucas vio cómo la cara de la campeona se retorció ligeramente, pobre mujer.

—¡N-no pero muchas gracias por la oferta! —Cynthia se levantó rápidamente—. Lucas y yo tenemos que ir a comprar un par de cosas, el ex-campeón, Alder Adeku, anda con nosotros y ese mastodonte come por cuatro. Así que tenemos que comprar mucha comida para la casa.

—Oh… ¡bueno me tienes que invitar algún día! —el hombre compartió una risa un poco forzada y Lucas juraba escuchar un poco de celos por ahí escondido, el hombre lo vio y le revolvió el pelo—. ¿Qué leíste muchacho? ¿Algún libro que te quieras llevar?

—Bueno… —Lucas pensó en el Pokemón tétrico que vio en el libro de legendarios y se preguntó si podía sacarle una conversación a Dawn con enseñárselo—. Vi un libro de Pokemons legendarios y…

—¡Llévatelo! ¡Tengo como siete copias de ese libro! —sin decir una palabra más, el coleccionista se acercó a la misma librera que había visto antes y sacó justo el mismo tomo que había estado leyendo. Después de presentárselo, Lucas lo tomó y sintió su pelo ser revuelto otra vez por su molesta mano—. ¡Lee y que te crezca mucho esa cabezota!

Por Arceus… que hombre más insoportable…


Notas del Autor: Escribí una historia hace tiempo en donde ponía a Colress y a Fennel como pareja y ahora los pongo juntos siempre... ups... Espero que les haya gustado el capítulo, espero verlos en el siguiente. :)

Gracias por sus comentarios, me animan a seguir escribiendo.