Capítulo 7: El Extraño Destino de Dos Desconocidos

La conversación que tuvo con su mamá pareció tener un efecto milagroso en Lucas, pues admitía que después de colgar se sintió más ligero. Era como tirar algo que no sabías que tenías encima tuyo, pero todavía podías sentir sus mórbidos efectos sobre tu ánimo. Pero ahora que Lucas logró sacarse ese peso invisible de encima, logró levantarse más determinado.

Obvio sintió pereza cuando tuvo que entrar al baño, ducharse, arreglarse un poco y ponerse la ropa que le trajo Cynthia. Desearía poder dormir por meses después del estrés emocional que sintió en tan poco tiempo… pero ahora la pereza ya no era pesada.

La ropa que le trajo la campeona lo hizo sonreír: unos pantalones cortos grises y una camisa celeste con un estampado de Frillish, definitivamente esas camisas que le venden a los turistas por precios ridículos. Lucas le gustó pensar que seguro se la compró pensado que lo haría reír, pero estaba convencido que había sido una compra impulsiva del momento. Le habían traído también una boina, pero parecía más deportiva como para golf. No le importó, le gustaba mucho la camisa de turista.

Antes de salir de su cuarto, Lucas le dio un buen abrazo a su Torterra antes de regresarlo a su Pokeball. Su enorme amigo tortuga terrenal hizo tanto por él que merecía un buen Pokepuff cuando tuviera tiempo de hacerle uno. Después de regresarlo y arreglar su cincho, Lucas salió para buscar a Cynthia, aunque le dijera que la esperara el muchacho admitió que quería salir lo antes posible del hospital y prefería buscarla. Nunca fue muy fanático de los hospitales, le traían malos recuerdos.

Tan pronto encontró su determinación, ésta se esfumó en el momento que el muchacho notó que llevaba más de diez minutos recorriendo pasillos blancos con olor a alcohol. Pasillo tras pasillo, todo se veía igual. Era oficial, estaba perdido.

Por un momento temió haberse metido en un lugar donde no debía, pues ya habían pasado un par de doctores viéndolo de reojo con una impresión molesta. A juzgar la manera que caminaban estos doctores, siempre con un paso firme y apurado, con enfermeras y Audinos cerca, supuso que estaba en un área seria.

Estaba tan distraído que Lucas no se dio cuenta cuando un Audino en uniforme de hospital se paró frente a él, con sus orejas rosadas moviéndose atentamente hacia el muchacho.

—Umm… —Lucas miró a su alrededor para ver que era el único en el pasillo, definitivamente este Audino con gorro de enfermera lo estaba observando—. ¿Hola?

Uno de los extremos de la oreja de Audino encontró su mano y revisó la pulsera de paciente que llevaba puesta, era de aquellas que no te podías quitar hasta salir del edificio. Lucas se dio cuenta que el Pokemón trató de guiarlo afuera de ahí después de revisarlo. Audino emitió un chillido dulce que le muchacho pudo inferir que era la manera más educada de decirle: "lárgate de aquí, estás estorbando". El muchacho se dejó guiar de manera dócil reconociendo que estaba fuera de lugar y esperó que lo sacaran del hospital; sin embargo, terminó en un extraño jardín en donde se encontró con varios pacientes.

El Audino lo sentó en una banca abajo de un árbol y entró al edificio. Su mamá siempre le dijo que cuando se perdía, era mejor quedarse quieto y esperar que alguien lo encontrara. Aceptando la sabiduría de su madre, Lucas se resignó con un suspiro y miró sus alrededores buscando con qué entretenerse.

Los hospitales era un lugar deprimente para él, ver pacientes débiles y moribundos definitivamente podían afectar tu estado de ánimo. Había una anciana viendo fijamente al cielo y también un par de niños con mascarilla y sin cabello… en verdad era una fortuna tener salud.

Continuó observando el jardín, era lindo y se imaginaba que el hospital se esforzaba por tener un lugar con algo de naturaleza en un ambiente tan incoloro y deprimente. Con muchas flores bien cuidadas, árboles y un par de arbustos… Dawn seguro amaría este lugar…

Pensar en ella le trajo un extraño escalofrío en todo su cuerpo, el cambio repentino de algo triste a algo más tierno como su rostro definitivamente le afectó en su cabeza porque por un segundo se sintió mareado. ¿Era normal sentirse así cuando uno se enamora? Su corazón palpitó fuerte y se emocionó al imaginarse su encuentro con ella… ¿Lo mimaría por haber ido al hospital? Esperó que sí, le gustaría recibir un abrazo con ella…

Suspiró sonriente y decidió continuar mirando el jardín, seguro se encontraría con Cynthia eventualmente. Entre más rápido la encontrara, más rápido regresaría a los brazos de Dawn… y Barry, seguro Barry también lo estará esperando. Era un amigo que lo quería con todo su corazón, ¡pero deseaba solamente estar con Dawn en ese momento!

Vio que la puerta se abrió con un Audino, pero su gorro de enfermera era diferente al que lo atendió a él. Lo seguía de cerca un hombre extremadamente delgado, con una bata celeste de paciente, y con una piel pálida con pelo negro. Esforzó más su vista y Lucas lo miró atentamente, juraba haberlo visto en otra parte. El Audino guió al hombre al mismo banco que él y cuando se sentó a su lado, Lucas miró al Pokemón un poco asustado. Todavía se sentía raro y apreciaría no estar a lado de un extraño. Audino movió un poco sus orejas mirando al muchacho y le dio un par de palmadas en el hombro, como de consuelo. Juraría haber leído que esos Pokemons podían escuchar latidos del corazón y seguro escuchó cómo el suyo se aceleró un poco.

Pero emitió el mismo chillido, con la misma entonación amable y dulce, que recién le había dado el otro Audino que lo guió hasta aquí. Seguro significaría algo entre las líneas de "aguántate y estarás bien", pero más educado. El Pokemón se alejó dejando a los dos hombres solos.

—Del 1 al 10, ¿qué tan mal me veo? —le preguntó el hombre repentinamente.

Lucas lo miró un poco confundido por el comentario repentino.

—¿Perdón?

—Del 1 al 10, ¿qué tan mal me veo? —el hombre volteó la cabeza y mostró su rostro, Lucas sintió un horrendo escalofrío recorrerlo una vez más, pero esta vez fue uno de los escalofríos feos.

El hombre se le veía pálido cuando lo vio de lejos, pero al tenerlo tan cerca se dio cuenta que esa blancura era una marchita que mostraba mala salud, ojeras negras y fuertemente marcada bajo sus ojos azules y unas canas marcadas que se veían fuera de lugar en su cabello.

—25, —respondió Lucas sin pensarlo.

El hombre casi se atragantó con su propia saliva por la respuesta y antes que Lucas pensara que lo había ofendido, dejó escapar una carcajada. Pero fue una extraña, ya que aunque fuera una risa que debería de mostrar risa, sonaba triste.

—Para que un niño reconozca mi mala salud, en verdad debo de ser un maldito miserable, —dijo el hombre pasándose una mano por la cara—. En menos de una semana y ya traumaticé a dos mentes jóvenes… en verdad soy un desastre.

—Umm… ¿perdón? —Lucas no estaba seguro del por qué se disculpó, pero era lo mejor que se le ocurrió en ese momento.

—Oh… si yo tuviera esa misma valentía que la tuya, pedir perdón como si fuera algo fácil, te envidio, —el hombre mostró su rostro pálido y marchito otra vez y miró al muchacho tratando de sonreír… énfasis en tratando—. Dime, ¿qué te trajo aquí a este lugar tan triste?

—Me atacó un Pokemón fantasma, —ya lo había insultado, merecía que le siguiera un poco la conversación—. ¿Y usted?

—Adicciones, ojalá solo fueran a las apuestas, —el hombre estiró el brazo para mostrar su piel pálida llena de moretones y marcas de aguja, la sangre de Lucas se volvió hielo en una fracción de segundo—. Casi 15 años limpio tirados a la basura… soy un perfecto desastre andante.

El hombre escondió su rostro entre sus manos y respiró profundo. Lucas también se vio obligado a respirar también, ahora el jardín se volvió tan deprimente y turbio como el hospital. ¿Qué se suponía que tenía que decir?

—Es extraño, —tal parecía que el hombre le ahorraría la molestia—. Siempre entramos a las batallas y sabiendo que habrá un perdedor esperando ser el ganador. Por muchos años perdí pero jamás sentí la derrota como hoy… Dime, ¿quieres jugar un juego?

Abrió su mano y reveló una moneda.

—La lanzaré y tú me dices en qué caerá. ¿Cara o escudo?

Sin esperar su respuesta, la lanzó con un movimiento de dedos solo para atraparlo rápidamente entre su mano.

—¿Cara o escudo?

—Escudo.

Reveló la moneda: cara. Lucas no pudo evitar que se le escapara una pequeña risa de su boca.

—¿Te da risa perder? —le preguntó el hombre viéndolo fijamente, parecía estar buscando algo en su rostro y Lucas odiaba esa clase de atención.

—A veces, —dijo el muchacho encogiendo de hombros un poco desinteresado, la verdad a esta altura la pérdida en este juego tonto era lo que menos le preocupaba.

Los ojos del hombre lo vieron directamente a los suyos, como esperando algo más. Pero dejó escapar otra carcajada, pero ya no sonaba tan triste.

—¡Cuánto se aprende en los crueles ojos del destino! ¿Qué lección me traerá mañana? ¡Ah! Ahí está mi doctor, —dijo el hombre apuntando con su barbilla a la puerta del jardín, revelando al otro Audino con un hombre en bata blanca, se le veía molesto—. Tal parece que mi pequeña aventura ha terminado, no crucé tantas fronteras pero por lo menos conocí a alguien interesante hoy. Pero bueno, ya me toca volver a mi tumba desinfectada... necesito mejorar por mis amigos.

El hombre se levantó del banco y se sacudió su bata de hospital. Lucas seguía sin entender cómo cada palabra de este tipo podía sonar tan deprimente, definitivamente le iba con su apariencia.

—Gracias niño, creo que a la próxima que nos veamos, seré victorioso, —le extendió su mano y Lucas se la tomó, era tan delgada y frágil que el muchacho juró que la rompería con el más pequeño apretón de manos—. Fue un placer.

—Igualmente.

Antes de poder preguntar su nombre, el tipo se alejó y se acercó al doctor enojado. Definitivamente se había metido en problemas el pobre, Lucas esperó que lograra salir bien del hospital. Entró por la puerta y Lucas encontró al Audino que lo había traído aquí saliendo por otra puerta hacia el jardín. Atrás de ella se encontraba una mujer conocida con pelo rubio y traje negro.

—¡Cynthia! —dijo Lucas un poco demasiado emocionado, por fin alguien más animado y menos deprimente.

—Lucas, —dijo la mujer acercándose con el Audino—. Te dije que me esperaras en tu cuarto. ¿Te gusta la ropa de turista que te compramos?

—¿Tú y quién más? —preguntó el muchacho estirando un poco su camisa con estampado de Frillish.

—El mastodonte, —entonces Alder, supuso Lucas—. Ven, hora de irnos a casa.

Casa… eso sonaba muy bien. Lucas le dio una sonrisa sincera que logró sacarle una a ella. Antes de pasar por la puerta, el muchacho dijo:

—Gracias por la camisa, en verdad me gustó.

Cynthia lo tomó del hombro dándole un pequeño abrazo mientras caminaban. En verdad le traía mucha alegría ver al muchacho más animado.


Caminar por el hospital con Cynthia fue más rápido y animado de lo que esperaba, tal vez era que ya lo había perdonado y no se sentía tan culpable de hacerle compañía. Terminaron los últimos papeles y le dieron el alta al muchacho. Caminando hacia el parqueo del establecimiento, la campeona le dijo:

—El doctor te mandó a pasar unos días en reposo así que tendrás que descansar los próximos días.

—Me parece perfecto, —dijo Lucas con una sonrisa perezosa.

Cynthia le respondió con un empujón suave y amistoso.

—Perdón que me tardara, es solo que tuve problemas con el carro.

—¿Cuáles? —le preguntó Lucas.

—Es que el carro resulta que no es de Burnet, es de su jefe, —le explicó la campeona un poco molesta—. Y el jefe se lo había llevado hoy a una reunión y entonces nos tocó esperar a que terminara sus cosas de negocios y blah, blah, blah… En fin, nos está esperando afuera ahora.

Lucas no se miró muy feliz.

—Yo sé, a mi tampoco me da gracia andar con extraños, —finalmente llegaron a la entrada y esperaron en el caluroso asfalto alguna señal—. Esperemos que sea amable.

Vieron un Jeep acercarse al hospital y Cynthia le dijo que ese era su auto. Al parecer tenía un logo que Burnet le había mandado una foto para guiarse. Lo único que rezaba Lucas era quien sea que estuviera manejando ese auto, no fuera alguien hablador. Solo quería dormir… y que también tuviera aire acondicionado.

Era un jeep blanco, tan blanco que Lucas se preguntó cómo en nombre de todos los Regis podía tenerlo así de limpio. Un extraño logo dorado que tenía figura de una cabeza de diamante con un cuerpito raro… ¿se suponía que era una clase de triángulo o qué? ¿En dónde trabajaba la linda esposa de ese Kukui? Parecía un logo de alguna marca cara de ropa.

Se detuvo frente a ellos y la puerta del conductor se abrió rápidamente, ambos escucharon alguien casi correr hacia el otro lado para recibirlos y se encontraron con un hombre rubio vestido con una camisa abotonada y un pantalón tan fino como ese extraño logo. Tenía una corbata verde con un pin que parecía estar hecho de oro al igual que la hebilla de su cinturón.

Se pasó su mano por su cabello rubio intentando peinarse un mechón indomable que estaba fuera de lugar (sin éxito). Estiró su mano y dijo:

—Mil disculpas por mi tardanza y por dejarlos aquí. ¿Qué tal se encuentra Srta. Shirona?

—Solo Cynthia por favor y no se preocupe, gracias a usted por llevarnos en su auto.

—¡Pero es un placer! —dijo el hombre rubio soltando su mano para sonreír calurosamente… ¿profesional? Lucas notó algo raro en ese tipo—. Solo porque soy presidente no significa que no esté dispuesto a hacer favores. La Dra. Burnet me lo explicó todo y agradezco mucho su ayuda en nuestra investigación.

Claro, Lucas recordó que todavía la campeona le debía explicaciones respecto a cómo le fue en su misión. Tal vez ahora ya tendría una mejor idea de lo que estaba pasando en la Ruta 14.

—¿Y tú, muchacho? ¿Qué tal te sientes ahora? ¿Mejor? la Dra. Burnet y su esposo están muy preocupados por ti, —el hombre le estiró la mano y Lucas lo tomó, trató de sonreírle educado ya que el tipo, aunque le diera mala espina, los llevaría a su casa.

—Estoy bien gracias, mi nombre es Lucas, —el muchacho admitió estar un poco conmovido de escuchar que Kukui y su esposa estuvieran preocupados por él.

—¡Lo sé! Campeón de Sinnoh de hace un par de años, sé que rechazaste el puesto pero se tiene que reconocer talento en donde hay, —el hombre sacó una carcajada de su boca que parecía una mala imitación de la risa de Alder, no sonaba tan genuina—. Lucas Diamond, mi nombre es Mohn, presidente de la Fundación Aether. ¡Es un placer muchacho!


Notas de Autor:

Otro capítulo corto, pero honestamente ya viene la parte jugosa así que mejor lo acorto para prepararlos. No sé cuando saldrá ya que ando estúpidamente ocupada, pero quiero hacerlo bien. Por ahora los dejo con esta pequeña introducción a la siguiente parte de la historia. ¡Espero que les guste!

Creo que es obvio quien era el otro paciente pero que me disculpen, su aparición en Sun and Moon me dejó con mucho en qué pensar. Pero como siempre, no te dicen nada de cómo y por qué está ahí. Así que yo hice mi propia explicación… deprimente.. y muy dura. Espero que el sol de Alola lo ayude a curarse.

Y Mohn… Esto es pre-Sun and Moon así que… ¿qué clase de hombre es este presidente antes de olvidarlo todo? Yo tengo una idea y no puedo esperar a contarles.

Muchas gracias por leer :)