Capítulo 10: Dulces Sueños

Dawn se encontraba en el comedor de la casa con Lucas, no en Undella Town sino en la casa del muchacho en Twinleaf Town. Había algo en ese hogar que siempre le llamó la atención, no sabía si era por lo acogedora que era la decoración o por el simple hecho de vivir en un pueblo mucho más aislado que Sandgem. Aquí en Twinleaf tenían un hermoso lago cerca, el aire no tenía ese aroma de mar sino el de pino y naturaleza.

—Y luego pensé, "a Dawn le encantan los brownies con helados, ¡le tengo que cocinar uno!", y bueno, como el experto de comida que soy, te hice estos brownies, —le dijo Lucas con una sonrisa tranquila sirviéndole un plato bien decorado—. No hice el helado porque bueno, tampoco soy así de bueno.

No estaba segura de cómo terminó en la casa del muchacho, pero honestamente no le importaba mucho. La verdad estaba más concentrada en escucharlo a él y disfrutar el ambiente. No sabía qué era lo que tenía la sonrisa de Lucas que le gustaba tanto, pero desde hace un tiempo se dio cuenta que buscaba hacerlo sonreír más con tal de verlo así. Tenía algo mágico que le atraía.

—Gracias por el postre, —le agradeció Dawn.

—Gracias a ti por venir, —le respondió Lucas sin dejar de sonreír—, me sentía solo.

No sabía cómo, pero Lucas terminó sentándose frente a ella en la mesa y tomó su mano. Dawn, sintiendo cada centímetro de su cuerpo ser envuelto por un extraño choque eléctrico, tomó la suya también y luego lo vio a los ojos. Esos ojos grises siempre la llamaban a gritos y esa vez, no tuvo miedo y no hizo a un lado su cabeza. Esta vez se armó de valor y se acercó a él para…

¡RIIIINNNG!

Con un salto, Dawn se levantó de su cama casi muriéndose del susto. Miró sus alrededores y al sentir una oleada de humedad y calor, recordó que no se encontraba en Sinnoh sino en Unova. No encontró a Cynthia acostada a su lado así que no se sintió obligada a responder su Pokétch. Frustrada, se dejó caer en la cama una vez más tapándose el rostro avergonzada, ignorando por completo su aparato que no dejaba de sonar.

No era la primera vez que soñaba con Lucas, pero en las últimas semanas esos sueños se volvían más… románticos y detallados. Antes sus sueños con el muchacho eran cosas a lazar como que se encontraba con él y Barry en un bosque, o que Lucas le pedía ayuda para encontrar a Barry que se había perdido en un súper mercado, tonterías así.

¡RIIIINNNGG!

Dawn tenía su Pokétch personalizado para que cada contacto tuviera su propio tono de llamada y no estaba segura si quería atender el teléfono. Reflexionando un poco (y sabiendo que no la dejarían de llamar aunque no contestara), se arregló un poco el cabello y atendió el dispositivo.

—Buenos días mamá.

—¿Buenos días? —dijo una mujer a través del teléfono molesta—. Ya son las 11, es muy tarde para un "buenos días". Sé que te gusta dormir pero no llegarás a ninguna parte en la vida si te despiertas a las 11 de la mañana todos los días.

—Mamá, aquí son las 7 de la mañana, —respondió un poco cansada la muchacha, la diferencia de horarios era algo que su mamá siempre se olvidaba.

—Cierto, andas de vacaciones con la campeona, lo había olvidado, —le dijo la mujer, Dawn se mordió la lengua para no decirle que no era lo primero que olvidaba—. ¿Cómo estás?

—Bien mamá, gracias, —no apreciaba que le interrumpieran su hermoso sueño, se sintió tan real—. ¿Tú cómo estás?

—Estaría mejor si estuvieras aquí, —le comentó la mujer—. Mis asistentes de laboratorio son inútiles comparados contigo, a ti no te tengo que decir cómo calibrar el medidor eléctrico para Pokemons. No entienden que tienen que calibrarlo según el Pokemón, creo que están acostumbrados a que todo automático. Típico.

Dawn se tuvo que volver a morder la lengua, la única razón por la cual aprendió fue por la cantidad de veces que su mamá la regañó de niña.

—Pero, entiendo que estés trabajando con el Profesor Rowan, es bueno que empieces a formar tus propias conexiones, —le comentó la mamá tratando de sonar feliz por su hija, énfasis en tratando, pues Dawn sabía que su mamá nunca le emocionó que decidiera trabajar para el profesor en lugar de ella—. ¿Qué tal Unova? ¿En dónde es que estabas? ¿Castellia?

—Undella Town, ya sabes, la playa, —le dijo la muchacha.

—Ugh, una lástima… es una trampa de turistas ese lugar… —la mujer tomó más de su taza de café—. Por lo menos en Castellia hay buenos museos. ¿Qué andan haciendo ahí?

—Descansar.

—No descanses tanto, por lo menos lee un libro para no volverte perezosa, —le dijo su mamá con buenas intenciones, pero su voz no era exactamente amable—. Arceus sabe lo que le pasan a esos turistas con tanto sol en la cabeza en esas horrendas playas.

—Papá le gusta ir a la playa.

—Sí pero tu papá le gustan muchas cosas, —le respondió un poco molesta la mujer—. ¿Quieres ir de vacaciones familiares cuando vuelvas a la playa? ¿Es eso lo que quieres?

—No mamá, —respondió molesta Dawn.

—Bien, porque ahora la asociación me dejó con más temas para investigar así que no tengo el tiempo, —la mujer quitó al vista de su taza y miró a su hija, quien se le veía seria y podía reconocer sus gestos perfectamente bien—. Pero… cuando vuelvas… ¿quieres que hagamos algo tú y yo juntas? Mientras que no sea una trampa de turistas, podemos ir a donde quieras.

—Lo pensaré, —le dijo la muchacha y escuchó unos golpes en la puerta, al no encontrar a Cynthia en la otra cama y al escuchar lo insistentes que eran los golpes, supuso solo había una persona capaz de levantarse tan temprano—. Mamá, me tengo que ir. Barry me está llamando.

—¿Barry? ¿El de pelo negro que le gusta comer?

—Por Arceus mamá, ya te dije mil veces que ese es Lucas, —sin decir una palabra más, la muchacha le colgó molesta. ¿Cómo era posible que esa mujer fuese capaz de recordar todos los elementos de la tabla periódica pero no quién era Barry o Lucas? ¡Eran sus únicos amigos, por Arceus! Los golpes de Barry en la puerta no eran muy altos, pero eran insistentes—. ¡Ya voy!

Todavía en ropa de dormir, Dawn abrió furiosa la puerta y se encontró con un Barry vestido y listo para comenzar el día con shorts anaranjados largos y una camisa blanca. También traía con él una cantidad ridícula de revistas.

—Soy yo o tienes el horrendo impulso de comprar muchas variedades de la misma cosa cuando no sabes qué comprar, —dijo Dawn arqueando la ceja recordando la alacena con 20 cajas de cereales diferentes.

—¡Buenos días para ti también, Dawn! —dijo Barry entrando a su cuarto ignorando su comentario—. Estaba en el Centro Pokemón y encontré estas revistas que supuse que te podrían ayudar.

Dejando la gran pila de revistas en la cama, la cual terminó cayéndose por todos lados, el muchacho la miró con los brazos cruzados.

—Wow, sabía que Lucas era un perezoso pero esperaba más de ti, —dijo el rubio indignado—. Como dice mi papá, el día se empieza a las 6 de la mañana, señorita.

—Ugghhh, —Dawn se cubrió el rostro frustrada, ya era suficiente estrés con su mamá y no quería expandirlo con Barry—. ¿Y Lucas?

—Durmiendo, no te preocupes, ayer le di mi Lunar Wing, el mismo que me consiguieron cuando me atacó Darkrai —la manera en que Barry usaba un tono tan casual cuando hablaba sobre un tema que casi le costó la vida, literalmente, sorprendió a la chica—. Estoy seguro que mi Lunar Wing lo ayudó a que durmiera mejor; además, es un holgazán y cuesta levantarlo, así que podemos hablar en volumen normal,

—¿Se puede saber qué haces con tantas revistas?

—Ven a verlas, marqué cosas que te podrían ayudar, —el rubio tomó una y abrió una sección que llevaba le título "¿Cómo ligar? ¡10 consejos para conquistarlo!". Había una foto de una chica con cara estúpidamente desubicada y un Unknown en forma de signo de interrogación arriba suyo (el cual Dawn notó que lo dibujaron mal)—. Te prometí que como tu amigo, te ayudaría en tus cosas de chicas, pero no sé nada de mujeres así que mejor investigué todo lo que pude.

Dawn se sonrojó mucho. Los días que Lucas estuvo en el hospital, se le salió sus sentimientos frente a Barry cuando el rubio le preguntó durante una pelea por qué le importaba tanto Lucas. El rubio no lo había dicho de mala fe, pero en ese momento fue una rabieta del muchacho que terminó desenmascarando los sentimientos de Dawn que ni siquiera ella estaba del todo segura que sentía.

Barry reaccionó de una manera muy…. Barry. Al principio no lo entendió hasta que miró la manera en que Dawn se sonrojaba, después le confesó al rubio que no sabía cómo avanzar en este asunto y no tenía amigas mujeres para que la ayudaran, así que sería mejor dejar a un lado el asunto. Barry, siendo él, se negó hacerlo y le prometió ayudarla.

—Barry, en verdad te agradezco la ayuda pero… no sé si Lucas esté interesado, —Dawn tomó su brazo insegura, estaba convencida que el muchacho seguro conocía otras chicas menos pretenciosas y molestas que ella—. Seguro no.

—¡Pues déjame decirte que…! —Barry hizo una pausa considerable para pensar muy bien en sus próximas palabras moviendo su dedo en el aire—. ¡Lucas es un aislado perezoso que odia a las personas! ¡Así que no te preocupes! No le gusta hablar en general así que no creo que conozca otras chicas. La única que conoció y sintió algo fue Cynthia, pero eso fue cuando empezamos nuestros viajes. Además, ¡es Cynthia! A mí también me gustaba mucho cuando la conocí. Ahora no, pero sigo pensando que es la mejor campeona del mundo.

Una extraña sensación se trabó en su garganta, Dawn recordaba muy bien todo el tiempo que Lucas pasó con la campeona en los últimos días… como cuando le contó la situación con los Ultra Beasts…. o el tiempo que pasó en el hospital con ella a su lado, en general parecían ser muy cercanos. Rápidamente sacudió su cabeza, ¡no podía sentir celos de la campeona! ¿O sí?

—Los primeros 5 consejos de este artículo no me convencieron, porque no entiendo a qué se refieren con "una de cal y otra de arena", —le comentó Barry acercándose a ella con la revista abierta—. Pero el consejo 7 sí me gustó: "dale regalos especiales de vez en cuando", ¿no tenías ese jugo de Shuckle que encontramos el otro día?

—Bueno sí, pero todavía estoy pensando en cómo dárselo, —respondió apenada Dawn. No quería aparecer solo así con un regalo, lo último que quería era espantar al muchacho.

—¡Duh! ¡En un vaso! —Barry cruzó indignado sus brazos sin entender por un segundo las inseguridades de la muchacha—. ¿O sino cómo esperas que lo tome, genia?

—¡Ugh! Me refiero al contexto, tarado, —le dijo Dawn frustrada—. Los regalos tienen que ser entregados en contextos específicos y determinados para no dar una impresión errónea que pueda persuadir al destinatario a un pasaje alejado del mensaje original del regalo.

—Wow, ¡hablaste con palabras complicadas! —Barry le dio una sonrisa iluminada que hizo que Dawn se pegara en la frente, odiaba cuando se le salían cosas así (sufrió muchas burlas de niña gracias a sus compañeras en el instituto)—. ¡Deberías hablarle a Lucas así más seguido! Él entiende esas cosas mejor que yo.

—¡No Barry! ¡No es fácil! —se cubrió la cara con sus manos apenada—. No sé por qué te complicas, soy un caso perdido.

Dawn solamente se lanzó de cara en la cama vencida, sentía que estaba perdiendo el tiempo dando vueltas en un circuito sin fin. ¿Tener novio? ¿Ella? A penas comenzó a tener amigos verdaderos que no eran compañeras del instituto o del trabajo, ¿qué clase de idiota era para pensar que estaba lista para una relación con alguien? ¿Y con uno de sus dos únicos amigos?

—Dawn, somos amigos, ¿verdad? —la pregunta de Barry vino de manera inesperada.

—Umm… sí lo somos, ¿de dónde salió esa pregunta?

—Bueno, si somos amigos eso significa que nos tenemos ayudar mutuamente, —Barry puso sus dos manos en su cintura—. Y si hay algo que odio es ver cuando mis amigos se dan por vencidos sin dar una pelea antes. Eres insegura y está bien, no todos pueden ser tan determinados como yo.

Que lo dijera en voz alta sus defectos hacía que se sintieran peor…

—El otro día me dijiste que amabas a Lucas, ¿verdad?

—Bueno… tal vez exageré un poco con las palabras… —Dawn admitía que se había dejado llevar por sus sentimientos durante su pelea con Barry.

—Pero te gusta, ¿verdad?

En verdad esas palabras tomaron un peso significativo en su cabeza. Dawn siempre fue conocida por tener un intelecto académico espectacular, pero su inteligencia emocional era tan buena como el de un Pokebean.

—La verdad… no sé qué significa que alguien me guste… —respondió honestamente Dawn sentándose en la cama y tomando una almohada para abrazarla—. Lo único que sé es que cuando veo a Lucas… me emociono mucho. Me gusta hablarle, me gusta pasar tiempo con él de una manera diferente al tiempo que tú y yo pasamos. Cuando estoy con él, solo quiero pasar más tiempo a su lado. Quiero ayudarlo, escucharlo y estar ahí para apoyarlo. Es algo que no entiendo pero no quiero entenderlo, solo quiero sentirlo

Eso es que alguien te guste, —dijo una nueva voz en el cuarto.

Tanto Barry como Dawn soltaron un grito horrorizados. Habían dejado la puerta abierta y encontraron en ella al ex-campeón de Unova apoyado en el marco con una sonrisa confiada pintada en su rostro.

—El desayuno está listo, —dijo Alder con una sonrisa inocente, después se alejó para cerrar la puerta.

Decir que Dawn entró en pánico no hacía justicia al horror que sintió en ese momento.


Finalmente bajaron al comedor cuando Barry logró calmar a su amiga, le tomó unos diez minutos y un baño, pero lo logró al final. Barry la esperaba afuera cuando decidió bañarse y decidió vestirse con un simple short de lona con una blusa rosada de manga corta.

Bajaron y al hacerlo, se encontraron con el ex-campeón leyendo tranquilamente el periódico en el comedor y a Cynthia durmiendo en el sillón de la sala. Dawn estaba tan apenada que no notó el enorme post-it amarillo que tenía la campeona en la cara que decía "perdedora", Barry sí.

—Perdió una apuesta, pero déjenla dormir, —le dijo Alder en voz baja al verle la cara molesta del rubio—. Hice budín de vainilla, pueden servirse y los espero afuera.

—Gracias, pero yo ya comí, —respondió el rubio en voz baja con cierto aire de orgullo.

Dawn notó algo extraño en la mirada de Alder, era la misma cara que veía del Profesor Rowan cuando tramaba algo.

—Conveniente, necesito que me hagas un favor entonces, —Alder tomó una hoja de papel que tenía en la mesa y se la entregó al rubio, mientras que la otra rubia continuaba durmiendo en la sala sobre un sillón (todavía con el post-it en la cara)—. Agradezco que hayas comprado cereal ayer, pero no es lo único que nos falta. ¿Me harías favor de comprar lo que hay en la lista? Aquí hay dinero.

—No lo necesito, gracias, —así el rubio salió disparado de la casa.

El aire de Dawn quedó atrapado en su pecho, ¿acaso el ex-campeón quería quedarse solo con ella? ¿Por qué?

—Bueno, ¿qué te parece desayunar afuera? —le dijo el hombre en voz baja.

—La verdad… no tengo hambre…

—Perfecto, entonces podemos ir a la playa, —el hombre le lanzó una botella de bloqueador y Dawn frunció el ceño al atraparlo, este tipo actuaba como su papá cuando iban de vacaciones (siempre insistiéndole con el bloqueador)—. Vamos.


Dawn no era buena interactuando con extraños. No es que Alder fuera uno pero siempre que pasó tiempo con él, jamás lo hizo sola. Siempre era Alder, ella y Cynthia o Alder, ella y Barry. Durante el tiempo que Lucas estuvo en el hospital, el hombre pasó más tiempo con Barry ya que el muchacho tenía más cosas en común con él. No lo culpaba, pero eso no quitaba lo extraña que se sentía por estar sentados en la playa observando el mar.

Había un extraño silencio entre los dos, Dawn miró al hombre y lo encontró con una posición tranquila sentado sobre la arena apoyado en sus brazos. ¿Cómo podía actuar tan tranquilo cuando evidentemente se encontraban en una situación incómoda? Ella estaba tan tensa que a penas logró sentarse, pero ahora su cuerpo estaba tan tenso que no lo podía mover. No quería hablar de sus sentimientos, si le costaba con Barry no quería imaginarse lo que sería hacerlo con alguien como el ex-campeón.

—¿Qué te parece Unova? —le preguntó el hombre.

—Bien, muchas gracias, —respondió educadamente, su tono de voz seguía siendo tímido e incómodo.

—Me alegro, —su sonrisa amistosa se miraba extraña con su cara claramente exhausta.

Hubo otro momento de silencio entre ellos. Dawn se mordió el labio preguntándose si querría hablarle sobre lo que escuchó unos minutos atrás. Se sentía tan incómoda sabiendo que habían varias personas que estaban al tanto sobre sus sentimientos con Lucas.

Era horrible ese sentimiento, pues podía ver como poco a poco estaba perdiendo el control sobre quién sabía y quién no, tenía miedo que fuese a llegar esa clase de conocimiento a personas equivocadas. ¿En dónde entraba Alder en este espectro? ¿Sería bueno y guardaría su secreto? ¿O sería malo contándole todo a Cynthia? Era obvio que ellos dos son cercanos, ¿qué pensaría la campeona si supiera eso? ¿Le contaría a Lucas? Seguro sí, después de todo eran tan cercanos esos dos…. la señorita campeona genial y asombrosa que todos amaban era más cercana con Lucas de lo que era ella con él...

—Me disculpo por haberme metido en tu conversación con Barry hace un rato, —dijo finalmente el ex-campeón sacándola de sus reflexiones celosas—. Es solo que lo vi necesario. ¿Nunca habías sentido algo parecido por alguien más?

—¿Y-yo? Umm… —Dawn se sonrojó tanto que se vio incapaz de formar una oración coherente en su cabeza.

—Está bien, entiendo que no te guste hablar de eso, —dijo tranquilamente el hombre encogiendo sus hombros—. Yo la verdad también soy muy malo en estos temas para serte honesto.

Dawn no pudo evitar hacerle una cara. Por la manera que interrumpió su conversación, supuso que por lo menos estaría mejor informado que ella… pero la manera en que lo hacía sonar le daba a entender otra cosa.

—Es en serio.

—Pero usted es casado, —Dawn trató de verle la mano para buscar un anillo, pero era difícil desde su ángulo ya que la arena cubría sus dedos—. ¿Verdad?

—Nop.

—¿Qué? —la chica admitía que era raro cuando escuchaba esta clase de conversaciones tan personales, típicamente hablaba sobre temas de investigación o metodologías científicas, pero era interesante de vez en cuando entrar a una conversación así—. Pero… tiene hijos… ¿verdad?

—Sí, tuve un hijo pero no me casé, —el hombre respiró profundo, Alder detestaba hablar de él mismo pero se sentía hipócrita de su parte exigirle a la niña ser sincero con él cuando él no lo era con ella—. Digamos que de adolescente fui un poco… descuidado. Era diferente en mis tiempos.

Dawn asintió, pensó que le tocaría hablar de sus sentimientos en algún momento, pero por ahora era bueno retomar el control de la conversación hablando sobre el ex-campeón. Era más interesante y menos incómodo.

—Justamente por eso no soy muy bueno en estos temas, —continuó Alder—. De joven, después de que naciera mi hijo Mirto, mis prioridades cambiaron y no tuve tiempo para pensar en tener otra relación.

—Qué hay de la chica con quién usted… ya sabe, ¿no se casó? —una vez más, las habilidades sociales de Dawn florecieron con una pregunta vergonzosa que la hizo gritar internamente en su cabeza.

—Tenía otros planes y bueno, me dejó a Mirto para continuar con ellos, —el campeón dio una extraña sonrisa, se le veía tan feliz como triste—. Al final fue lo mejor, en verdad la pasé muy bien criando a mi hijo. Viajamos mucho desde que era bebé, me alegra saber que tuvo una infancia feliz a pesar de no tener una mamá.

—¿Qué edad tenía cuando tuvo a su hijo?

—¿Así se te quita la timidez entonces? ¿Con chismes? —le preguntó el campeón con una sonrisa pícara, Dawn se cubrió el rostro apenada—. Cuando nació Mirto tendría… ¿cuánto? ¿16?

Santo Arceus, la misma edad que ella. Dawn reflexionó mucho con esa oración. Habían veces que olvidaba que técnicamente ya tenía la capacidad corporal de gestar un bebé y la simple idea le horrorizaba. Alder se rió al ver cómo se puso la cara de Dawn, estaba pálida en tan pocos segundos.

—Imagínate cómo me sentí yo cuando me enteré, —Alder se pasó la mano por su cara cansado—. Pero lo volvería a hacer para serte honesto, mi hijo en verdad fue una bendición.

Dawn le sonrió. Esa clase de oración le recordó mucho a su papá. Aunque su padre fuera un académico tan ocupado como su mamá, él siempre se tomó el tiempo para dejarle claro lo mucho que la quería. De niña le leía cuentos, siempre le daba besos de buenas noches (algo que hacía de vez en cuando ahora aunque ya fuera adolescente) y en muchas conversaciones con otros adultos escuchaba cómo la presumía diciendo la enorme bendición que era en su vida. La sonrisa de Dawn se hizo más grande, en verdad quería mucho a su papá y lo extrañaba. Pero habían temas que no se atrevía a tocar con él, una de ellas era sus sentimientos por Lucas, pero Alder parecía ser alguien más... en realidad, menos ocupado.

—Si usted no es tan bueno con… um… ya sabe, con estos temas, —dijo Dawn refiriéndose al hilo original de la conversación—. ¿Cómo sabe lo que yo siento?

—Bueno, te conté que viajé mucho, ¿verdad? —Dawn asintió ante la respuesta del hombre—. He conocido a muchas personas que han experimentado el amor de diversas maneras y digamos que aprendí algo observándolos. Tú más que nadie sabe cómo se puede aprender a partir de la observación, ¿verdad?

La chica tenía que admitir que era cierto, mucho del método científico que aplicaba en su trabajo requería pasar horas observando e interpretando aquello que observaba.

—Como por ejemplo: tengo a este amigo que es un experto en peleas, te diría que debe de ser el mejor cuando se trata de entrenar y fortalecer su cuerpo, —el hombre empezó a hablarle con un tono más alegre y Dawn escuchó atenta—. Y bueno, tenía una compañera de trabajo que le gustaba mucho, muchísimo si somos realistas. Estaba igual que tú: reflexionaba una y otra vez si en verdad tenía sentimientos por ella, siempre encontrando una excusa para evadirlo. Pero un día pasó algo extraño y sin darse cuenta, empezó a pasar más tiempo con ella ayudándola con sus viajes extraños. Esta compañera le encanta escribir así que siempre andaba viajando para buscar inspiración. Buscaba cualquier excusa para pasar tiempo con ella, ya fuera viajando o hablando, o para reírse juntos y un día cayó con que no quería entenderlo, sino que sentirlo. Se armó de valor y le pidió una cita.

—¿Y qué le dijo ella?

—Obvio le dijo que sí, —Alder se alegraba de ver cómo poco a poco Dawn parecía relajarse, haciéndole preguntas sin apenarse o tartamudear—. Y desde hace un par de meses andan saliendo, creo que ya son novios.

—Eso suena lindo, —Dawn se preguntó si algún día Lucas la invitaría a salir… miró al cielo del horizonte de aquella mañana con los suaves colores de la primavera para llegar a la conclusión que... seguramente no.

—Lo es, son adorable juntos, —Alder sonrió al pensar en esos dos—. Dawn, creo que ya me sacaste suficientes chismes. ¿Qué hay de ti y Lucas?

Dawn se sonrojó y una vez más se quedó sin palabras.

—No lo tomes mal pero… es un poco obvio que te gusta el muchacho.

Una vez más, Dawn se quedó muda. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué le costaba tanto hablar de sus sentimientos? Con Barry puede tener una conversación más o menos normal, ¿por qué no podía ahora en ese momento?

—No me tienes que hablar si no quieres, lo único que quiero es que sepas que es normal sentirse así y que estoy aquí para ayudarte, —Alder la tomó del hombro con esa actitud amistosa que Dawn le envidió en ese momento, si ella pudiera ser así de relajada seguro podría afrontar mejor sus propios sentimientos—. No estás sola, ¿ok?

Parte de ella deseaba nunca haber tenido esta conversación con él, pero tenía que admitir que se sentía bien poder hablar con alguien abiertamente del asunto que no fuera tan inquieto como Barry. Arceus la libre si su mamá supiera esto, seguro se enojaría y buscaría alejarla para que no la distrajeran de sus estudios. Su papá… bueno, no sabía cómo hablarle del tema y el pobre siempre andaba trabajando, no lo quería molestar con sus dramas de adolescente.

—Gracias Señor Alder, —era un agradecimiento sincero, jamás había tenido a un adulto en su vida que le interesara sus sentimientos (el Profesor Rowan intentaba a veces, pero no era la persona más sociable que digamos).

—De nada Dawn pero… no me llames señor, —lo indignado que sonó su voz hizo que se le escapara una risa—. Ustedes los jóvenes no respetan a los mayores. Solo dime Alder, por Arceus…


Pasaron un buen rato hablando después. Para la sorpresa de Dawn, Alder parecía estar educado en temas de investigaciones de Pokemón en Unova y le empezó a hablar de la profesora de la región. Era básico lo que sabía, pero por lo menos era lo suficiente para comenzar una conversación. Dawn admiraba enormemente a la profesora Juniper así que habló de ella sin parar.

—Entonces en su último trabajo publicado, la profesora Juniper hizo un recorrido histórico para reflexionar acerca de la epistemología del estudio del origen del Pokemón, —continuó Dawn emocionada—. Y se dio cuenta que mucho de los estudios se centraban en el origen entendido de manera cultural, como el concepto religioso del origen según el cual Arceus creó todo de la nada. No dice que está mal, pero propone buscar nuevas maneras de entender lo que pensamos cuando decimos la palabra "origen" en un contexto científico.

—Definitivamente es un tema muy alejado del de su papá, —respondió Alder sorprendido, había escuchado de Cynthia que le gustaba la ciencia, pero no esperó que fuera así de apasionada. Si lo hubiese sabido, no le habría hablado de su vida personal para sacarla de su timidez—. Juniper papá estudia... No me digas Dawn, ya te vi la cara. ¿Habitad de Pokemons?

—Cerca, en realidad su campo de estudio se especializa en distribución y biología Pokemón, —agregó Dawn y soltó una pequeña risa al ver la cara frustrada de Alder por no haber respondido bien.

—Bueno, por lo menos ahora podré sonar más inteligente en mis próximas conversaciones, —el campeón miró a la casa y notó a Lucas observándolos desde la ventana de la puerta corrediza y lo saludó con una sonrisa, ¿estaría celoso? Si fuese así, le pareció tierno. El muchacho se espantó al darse cuenta que lo habían visto y corrió adentrándose en la casa. En serio estaba celoso, era adorable—. Me encantaría seguir hablando, pero creo que ya casi es hora de almorzar.

Dawn miró su Pokétch y se asustó al darse cuenta que ya casi era medio día. Levantándose de la arena y sacudiendo un poco la arena de sus piernas, Dawn sonrió al sentirse un poco más relajada. Siempre le ponía de buen humor hablar de ciencia y Pokemóns.

Cuando entraron de regreso a la casa, Dawn notó que Lucas ya se había levantado y estaba sentado en el comedor. Se le veía distraído leyendo su Pokétch y Barry se encontraba sentado en la sala viendo TV (seguro algún resumen de batallas competitivas). Cynthia no estaba en el sillón, seguro ya se había levantado.

—¡Dawn! ¡No te vi! ¡Buenos días! —Lucas sonó un poco raro cuando dijo eso pero no le importó, se distrajo al verlo sin su gorro (le gustaba su pelo).

—Buenos días Lucas, —respondió apenada Dawn yéndose a sentar a la mesa a su lado, antes tomó un vaso con agua y un pedazo del budín de vainilla tratando de pensar cómo hablarle al muchacho sin tartamudear, Barry le hizo una cara molesta desde la sala—. ¿Por qué me ves así? Ya te dije buenos días.

—No, esperaba que me dijeras algo como "hola Barry, ¿cómo te fue en la tienda?" —Barry le hizo una cara de burla, dejándole claro que la estaba molestando. Ambos se sacaron la lengua mutuamente.

Escuchó unos pasos acercarse a la sala y encontró a Cynthia entrando rápidamente, antes de hablar se acercó al ex-campeón y le pegó un enorme post-it amarillo que decía "perdedora" en su frente.

—Buenos días Dawn, ¿ya comiste algo del budín? Me pregunto quién fue el perdedor que lo hizo.

—El mismo perdedor que se niega a compartirte un pedazo, —respondió molesto Alder quitándose el post-it de la cara—. Vete a comer tu Combee's Pop, dormilona.

—Pues quédate con tu budín, iré a comer mi cereal, —la campeona de Sinnoh le dio una sonrisa pícara—. Y sin leche.

Un extraño escalofrío recorrió los hombros de Alder y Lucas miró a Dawn notando lo feliz que estaba ella comiendo el postre hecho por el ex-campeón a su lado. Dawn admitía que siempre fue muy dulcera, era algo que compartía con el Profesor Rowan. No se dio cuenta cuando el muchacho se quedó pensando y luego la miró para decirle:

—Dawn, te gustan los brownies, ¿verdad? Te podría hacer si quieres.

La pobre muchacha empezó a toser descontroladamente recordando su sueño detallado con Lucas. Que Arceus la ayude, esto no iba a ser fácil.


Notas del Autor: Estoy con mucho estrés, pero escribir me relaja. Pasé casi 10 capítulos hablando de cómo Lucas se sentía y estoy feliz de finalmente hablar sobre como Dawn se siente. Los dos tienen maneras muy únicas de procesar sus sentimientos y me encanta explorar la manera en que Dawn lo hace (en resumen, es un desastre también, pero uno diferente). Juro que ya pronto regresaré al plot principal de las Ultra-Beasts, pero quería dar una pequeña introducción a la cabeza de Dawn.

Espero que les guste, sigo ocupada pero decidí escribir un pequeño capítulo para sacar un poco de estrés. Muchas gracias en verdad por los reviews, ¡me animan a seguir escribiendo!