Rabastan Lastrange

La mañana siguiente trajo consigo una resaca emocional y física que golpeó tanto a Erin como a Snape con fuerza. Erin, a pesar del cansancio acumulado y la falta de sueño, se levantó temprano, intentando concentrarse en la emoción por la llegada de Lucas. Sabía que tenía que estar lista y hacer los preparativos necesarios, su pequeña cama estaba lista, sus cosas, pero sobre todo, algunos regalos que le habia comprado, sin embargo pese a todo mientras se duchaba, los recuerdos de la noche anterior comenzaron a invadir su mente.

Flashbacks del momento en el carruaje se presentaban con una claridad inquietante, recordándole cada beso, cada caricia y el calor que habían compartido y de quien. Mientras el agua caliente caía sobre su piel, Erin no pudo evitar sonrojarse, un calor inadecuado se apoderó de ella. Sabía que no debía pensar en ello, pero sus pensamientos seguían regresando a Snape, a cómo se habían tocado y cómo ella había sido la que inició el beso. Se regañó a sí misma, tratando de convencerse de que no significaba nada, que no debería darle más vueltas. Pero a pesar de sus intentos de racionalizarlo, una parte de ella sabía que las cosas habían cambiado.

Por su parte, Snape también se encontraba en una situación incómoda. La experiencia de la noche anterior parecía irreal, como un sueño extraño del que aún no se había despertado. Cada vez que pensaba en Dune y en todo lo que había sucedido, sentía que estaba siendo arrastrado por una corriente que no podía controlar. Snape había intentado relajarse al llegar a su habitación, pero la incomodidad y la confusión lo habían obligado a tomar una ducha fría avergonzado como si se tratara de un maldito adolescente antes de poder siquiera intentar dormir.

A la mañana siguiente, mientras se duchaba de nuevo, sus pensamientos se revolvían en su mente Se sentía como un imbécil por no haber podido mantener el control, por haber caído en una situación que normalmente habría evitado a toda costa. La imagen de Dune, sus labios enrojecidos, y la intensidad de lo que habían compartido, no dejaba de atormentarlo. No estaba seguro de cómo iba a enfrentarla ahora, sabiendo que ambos habían cruzado una línea peligrosa.

Con el tiempo corriendo en su contra, Erin se apresuró a terminar su ducha y a prepararse para recibir a Lucas, mientras Snape, aún incómodo y molesto consigo mismo, intentaba encontrar una manera de lidiar con la situación. Ambos sabían que el día iba a ser complicado, y que tendrían que enfrentarse no solo a las responsabilidades que les aguardaban, sino también a las emociones que ahora pendían sobre ellos como una nube.

Erin había pasado la mañana preparándose, asegurándose de que todo estuviera perfecto para la llegada de Lucas. Había puesto esmero en la habitación que él ocuparia, añadiendo pequeños detalles personales que sabía que a él le gustarían. A medida que la hora se acercaba, su impaciencia creció, y su emoción comenzó a mezclarse con algo de inseguridad, por primera vez Lucas estaria rodeado de mucha gente. Sin embargo, esa mezcla de sentimientos se convirtió en frustración cuando recibió una carta informándole que se retrasaría debido a problemas en el trayecto.

Con una sensación de decepción, Erin trató de centrarse en otras cosas para distraerse, lo que casi logró hasta que entró en el Gran Comedor a la hora de la comida. Al instante, su mente se vio sacudida por el recuerdo de la noche anterior al ver a Snape sentado en la mesa de profesores. Un sonrojo intenso se apoderó de ella, pero se consoló con la presencia de solo unos pocos profesores y pocos alumnos al rededor, la mayorai aprovechaba en actividades su dia libre: Dumbledore, Slughorn, McGonagall y Poppy, todos demasiado absortos en sus conversaciones para notar la tensión en el aire.

Erin caminaba de regreso a la mesa con el corazón latiendo acelerado, una mezcla de nerviosismo y autocrítica llenando su mente. Al llegar, vio a Snape sentado en su lugar habitual, con su expresión inalterable, observando lo que sucedía en el salón. Durante un instante, consideró dejar una silla vacía entre ellos, un espacio que la separara de la incomodidad que había creado. Pero sabía que sería un gesto inusual, algo que llamaría la atención, considerando que desde su llegada a Hogwarts, siempre había tomado asiento junto a él.

Respirando hondo, Erin decidió mantener la compostura. Con el mejor aplomo que pudo reunir, se sentó junto a Snape, su corazón aún palpitando en su pecho. Mientras intentaba encontrar una posición cómoda en la silla, no podía evitar sentirse estúpida. No era la primera vez que se besaba con un hombre estando ebria, pero lo que la inquietaba era que, a pesar de la niebla del alcohol, estaba consciente de que no estaba lo suficientemente ebria como para justificar sus palabras anteriores.

Se sentía atrapada en su propio torbellino de pensamientos, reprochándose por haber tomando decisiones con tanta ligereza, por haberse expuesto de esa manera. "¿Qué estaba pensando?" se preguntaba una y otra vez mientras sus dedos jugueteaban nerviosamente con el borde de su vaso.

Intentando aparentar normalidad, Erin buscó enfocarse en cualquier otro pensamiento, pero su mente estaba demasiado ocupada cuestionando cada palabra y acción suya desde que entró en el salón. Cada vez que se cruzaba con la mirada de Snape, sentía un nudo en el estómago. Él, por su parte, permanecía imperturbable, aunque sus ojos parecían observarla con una intensidad que Erin encontraba difícil de interpretar.

Mientras se sumergía en su almuerzo, tratando de calmarse, la puerta del comedor se abrió y Sirius Black entró, claramente aún afectado por los excesos de la noche anterior. Remus lo acompañaba, con una expresión divertida al ver el estado de su amigo.

Sirius, notando la distancia entre Erin y Snape, no pudo resistirse a hacer un comentario en voz alta-

Erin y Snape se mantenían en silencio, ambos con expresiones serias, cuando Sirius, con su tono habitual de sarcasmo, no pudo resistir la oportunidad de lanzar un comentario mordaz.

—Espero que hayas escoltado a Erin sin ningún incidente, Snape —dijo en voz alta, con una sonrisa burlona.

La atmósfera, ya tensa por la presencia de ambos, se volvió aún más incómoda cuando Slughorn, siempre entusiasta y sin mucho filtro, decidió intervenir.

—¡Por el contrario! —exclamó con una sonrisa—. Los vi muy bien juntos... aunque se quedaron dormidos en el mismo carruaje, nada menos. Severus, como siempre, mostrándose como todo un caballero —añadió con tono complacido.

El color subió rápidamente a las mejillas de Erin, su mente invadida por el recuerdo de la noche anterior con el los besos apasionados, las caricias intensas, los sonidos desmedidos ... "Caballeroso" no era precisamente la palabra que le venía a la mente. La incomodidad en la habitación era palpable, y todos los presentes se quedaron en silencio, sorprendidos por la revelación inesperada. Erin desvió la mirada, intentando mantener la compostura, mientras Snape, con su habitual semblante impenetrable, se mantenía firme, aunque una leve tensión en su mandíbula delataba su incomodidad.

Sirius se quedó quieto, su sonrisa burlona desapareciendo gradualmente al ver la tensión que había provocado. Snape, sin apartar la mirada de él, habló con un tono gélido.

—No me comporto como un perro, Black —dijo, su voz llena de desdén—. No todos compartimos tus costumbres vulgares.

Por fuera, Snape parecía tan imperturbable como siempre, pero por dentro sabía que había cruzado una línea con Erin. El recuerdo de la noche anterior se colaba en su mente, haciéndolo sentir una mezcla de culpa y deseo. Recordó vívidamente cómo Dune se había montado sobre él, sus manos hábiles desabotonando su túnica con determinación, meciéndose sobre su cuerpo y él había sentido cómo su propio cuerpo reaccionaba de manera instintiva, como si cada fibra de su ser estuviera sintonizada con su toque.

Aunque su rostro permanecía imperturbable, cualquiera que pudiera escuchar el latido frenético de su corazón habría sabido que su calma exterior era solo una fachada.

El silencio en la habitación se hizo más denso, con Sirius observando a Snape, tratando de descifrar la expresión en su rostro. Erin, que había captado el cambio en la atmósfera, apretó los labios, Antes de que pudieran siquiera pronunciar una palabra, la puerta principal se abrió de golpe, interrumpiendo la conversación. Un niño pequeño, de unos seis años, entró corriendo al comedor, gritando emocionado

-¡Mamá, mamá!- gritaba Lucas mientras corría hacia ella.

Tras él, un hombre de cabello rubio obscuro bien vestido, con ojos grises, seguía al niño con una sonrisa. La sorpresa y el alivio de Erin al ver a su hijo fueron evidentes, y se levantó rápidamente, olvidando momentáneamente la situación incómoda con Snape. Se agachó para recibir a Lucas, quien se lanzó a sus brazos con una alegría, como si llevara una vida sin verlo. El comedor quedó en silencio, todos los presentes observando la inesperada llegada.

Mientras Erin abrazaba a Lucas, se dio cuenta de la mirada de Snape, quien observaba al niño con una mezcla de sorpresa y algo que no podía identificar del todo. El hombre que acompañaba a Lucas se acercó con una inclinación cortés, dirigiéndose a Erin con un tono suave. -Lamento el retraso, tuvimos algunos problemas en el camino.-menciono suspirando y abrazandola, -odio el transporte britanico-aseguro

Erin, aún sosteniendo la mano de Lucas, asintió con una sonrisa agradecida. -No hay problema, lo importante es que llegaron bien,- respondió, sus ojos brillando de alivio y felicidad al ver a su hijo.

Snape, por su parte, se había quedado sin respirar, observando la escena, con preguntas formándose en su mente. La llegada de Lucas había cambiado la dinámica en un instante, y aunque no había logrado explicar lo sucedido la noche anterior, una nueva tensión se había instalado en el aire, esta vez ligada al pequeño que acababa de irrumpir en el comedor.

Durante el último mes, Erin había mostrado una amabilidad que pocos esperaban, pero a ojos de la mayoría, su carácter seguía siendo fuerte y resoluto. Ninguna sonrisa o mirada se comparaba con la que en ese momento esbozaba mientras miraba a Lucas. Para Snape, la escena era desconcertante; las dudas se acumulaban en su mente. Aunque nada parecía tener sentido, una certeza lo invadió: Erin, a quien ya había considerado agraciada, irradiaba una belleza y calidez que nunca antes había visto en ella, especialmente en la sonrisa que le dirigía al niño.

El silencio en el comedor se volvió casi palpable mientras todos observaban la interacción entre Erin y Lucas. Snape no pudo evitar sentir un pinchazo de celos, aunque no entendía bien por qué. ¿Qué significaba aquel hombre con el que iba el niño para Erin? ¿Y por qué su presencia le estaba fastidiando?

—¿Te has portado bien? —le preguntó en un tono suave.

Lucas asintió con una sonrisa radiante, y el brillo en sus ojos escarlata reflejaba una profunda conexión con Erin.

—Sí, mamá, —respondió el niño.

Todo comenzó a encajar de una manera que, le daba sentido a las piezas sueltas de su rompecabezas mental sobre Erin Dune, aunque no sabía del todo cómo se relacionaba con Draco aun…


Flashback

Erin Dune se encontraba de pie en la colina que dominaba la vista de lo que una vez fue su hogar ,tras ser liberda de las rejas de Azkaban, la habian encontrado con las manos llenas de sangre y el cuerpo de un mortifago, que habia sido acuasado como el asesiono de sus padre sin embargo gracias a Dumbledore y Alastor fue liberada,tan solo paso un mes en Azkaban pero al ser condenada como asesina de un mortifago aristocrata cada noche sobrevir habia sido escencial. La guerra había terminado, Voldemort había caído, pero para Erin, la victoria no trajo alivio, solo un vacío abrumador. A sus quince años, había sobrevivido a la brutalidad de la batalla, pero al hacerlo, había perdido todo lo que alguna vez conoció. Sus padres, ambos combatientes valientes, habían caído en combate, y ahora la casa que alguna vez estuvo llena de risas y vida, estaba fría y silenciosa.

El recuerdo de cómo llegó a este punto era vívido tras aquello como muchos de su generacion Hogwarts fue el unico sitio que le quedo y tras egresar de Hogwarts. Con solo diecisiete años, sin un rumbo claro se unió al pequeño ejército que Alastor Moody formó en las sombras, siendo una de las más jóvenes. El entrenamiento fue implacable, pero Erin tenía un fuego dentro de ella que no podía ser extinguido. La guerra la había endurecido, pero también la había dejado sin rumbo.

Después de la caída de Voldemort, Alastor no descansó. "Nada ha terminado", le decía siempre. "Los Mortífagos aún están ahí, esperando, tramando." Sin un propósito y sin un lugar al cual regresar, Erin no tuvo más opción que seguir a su mentor. Se convirtió en su aprendiz, cazando a aquellos que aún se aferraban a la ideología de las Artes Oscuras.

Fue durante este tiempo que conoció a Rabastan Lestrange. A diferencia de los demás, él había traicionado a los Mortífagos, ofreciendo pruebas cruciales que condujeron a la captura de muchos de sus antiguos aliados. Al principio, Erin dudaba de él. Rabastan era un hombre enigmático, con su melena oscura y sus ojos negros que parecían ver a través de ella. Su piel pálida contrastaba con su seriedad impenetrable, pero detrás de esa fachada había algo más.

Rabastan Lestrange apareció en la entrada del refugio de Alastor Moody en medio de la noche, tambaleándose y cubierto de sangre. La lluvia caía torrencialmente, pero incluso el aguacero no podía lavar la mancha carmesí que empapaba su túnica. En su brazo, la Marca Tenebrosa, alguna vez símbolo de su lealtad a Voldemort, estaba brutalmente desfigurada, como si hubiera intentado arrancarla de su piel con sus propias manos. Los ojos oscuros de Rabastan, normalmente fríos y calculadores, ahora estaban llenos de desesperación y miedo.

Alastor, al escuchar los golpes en la puerta, salió con su varita en alto, preparado para cualquier amenaza. Erin estaba justo detrás de él, siguiendo sus movimientos con precisión. Al abrir la puerta, la figura deshecha de Rabastan casi cayó al suelo, pero se sostuvo contra el marco, mirando a los dos con súplica en su rostro.

"Piedad... Por favor, no tengo a dónde ir", murmuró con voz quebrada. Su cuerpo temblaba, no solo por el frío, sino también por el dolor que lo consumía. Alastor, siempre desconfiado, mantuvo su varita apuntando directamente a Rabastan.

"Eres uno de ellos", gruñó Moody, sin bajar la guardia. "¿Por qué no debería acabar contigo aquí mismo?"

Rabastan alzó la mano, mostrando la Marca Tenebrosa destruida. "No soy el mismo... He estado huyendo desde la caída de Voldemort. No pertenezco más a los Mortífagos, no después de lo que hice."

Erin, sin apartar su mirada de Rabastan, sintió una mezcla de compasión y duda. "¿Qué hiciste?" preguntó con firmeza.

Rabastan tomó aire, como si reunir fuerzas para hablar fuera un esfuerzo monumental. "Cazé a... Bellatrix. La entregué al Ministerio. Sabía que si no lo hacía, ella seguiría matando, seguiría destruyendo. Pero después de eso, no pude regresar. Ni los Mortífagos ni el Ministerio me quieren. Me persiguen, me acosan. No tengo a dónde ir, y no tengo otra opción que pedir ayuda."

Alastor lo observaba con ojos duros, sin bajar la guardia. "¿Y por qué deberíamos confiar en ti?"

Rabastan bajó la cabeza, su voz apenas un susurro. "Porque soy diferente. Nunca fui como los demás. Nunca tuve la misma devoción ciega. Cuando Voldemort cayó, supe que todo había terminado, pero también supe que no podía quedarme con ellos. He estado viviendo en las sombras, huyendo, pero no soy un monstruo. Solo quiero una oportunidad para redimirme."

El silencio que siguió fue pesado. Alastor no movió ni un músculo, evaluando cada palabra de Rabastan. Erin podía sentir la tensión en el aire, sabiendo que la decisión que tomaran ahora podría cambiarlo todo. Finalmente, Alastor bajó la varita, aunque sin apartarla del todo.

"No confío en ti, Lestrange," dijo con un gruñido bajo, "pero si realmente quieres redimirte, tendrás que demostrarlo. Erin y yo te vigilaremos, y al primer signo de traición, será tu fin."

Rabastan asintió débilmente, sabiendo que esa era la mejor oferta que recibiría. Erin, aún desconfiada, se acercó lentamente y comenzó a ayudarlo a entrar. Mientras lo hacía, no pudo evitar notar la tristeza en sus ojos, una tristeza que reflejaba el peso de sus acciones y las cicatrices que llevaba, tanto físicas como emocionales.

A partir de ese momento, Rabastan Lestrange fue acogido en el pequeño círculo de Alastor y Erin, aunque siempre bajo la sombra de la sospecha. A medida que los días pasaban, su presencia se volvió una constante incómoda, una prueba constante de la redención que buscaba, pero también de la desconfianza que lo rodeaba.

Rabastan, a pesar de su reputación, fue distinto con ella. Era dulce, atento de una manera que la desarmaba. Aunque siempre mantenía un aire de seriedad, pequeños gestos, como ofrecerle una taza de té caliente después de un día agotador o cubrirla con su abrigo en las noches frías, comenzaron a romper las barreras que Erin había levantado a su alrededor. Ella no podía evitar sentirse atraída por él, por la manera en que, en medio de la oscuridad que ambos habían conocido, él encontraba maneras de mostrarle la luz.

Aun así, la desconfianza inicial de Alastor hacia Rabastan era evidente, y le costó mucho tiempo y esfuerzo ganarse su confianza. Sin embargo, cuando lo hizo, Alastor mismo reconoció la importancia de la información que Rabastan proporcionó para derribar a los Mortífagos restantes. Erin observaba cómo poco a poco, este hombre que había sido su enemigo, se convertía en alguien en quien podía confiar, alguien que le mostraba que, incluso en los momentos más oscuros, había lugar para la bondad.

Pero el precio de la guerra, el precio de todo lo que habían perdido, siempre estaba presente. Erin sabía que nunca podría regresar a lo que una vez fue, pero en Rabastan encontró una chispa de esperanza, algo que la mantuvo en pie cuando todo lo demás parecía desmoronarse.

Alastor Moody había tomado una decisión que pocos comprendían cuando decidió darle una oportunidad a Rabastan Lestrange. Todos en la Orden del Fénix conocían el daño que los Lestrange habían causado durante la guerra, y cuando supieron que Moody había acogido a uno de ellos, muchos lo tomaron por loco. Sin embargo, Alastor, con su instinto infalible y su ojo mágico siempre alerta, había visto algo en Rabastan que otros no pudieron ver. Aun así, se aisló de la Orden, prefiriendo mantener su distancia mientras seguía ayudando desde las sombras, enviando información crucial y rastreando a los Mortífagos que aún estaban libres.

Con el tiempo, de todos los aprendices que Moody había tomado bajo su tutela, solo quedaron Erin y Rabastan. Los demás habían caído en batalla o se habían retirado, incapaces de soportar el peso de la caza de Mortífagos. Pero Erin y Rabastan permanecieron, unidos por una mezcla de necesidad, supervivencia y, con el tiempo, algo más profundo.

Rabastan, utilizando los recursos que aún poseía de su familia, logró salir de las sombras. Con su influencia y conexiones, fue recibido de nuevo en la sociedad mágica, aunque no sin resistencia. Su posición se consolidó y, finalmente, se volvió alguien importante, no solo por su nombre, sino por su habilidad para maniobrar en un mundo que aún lo miraba con desconfianza.

Erin, por su parte, había crecido y cambiado junto a él. Cuando cumplió diecinueve años, se dio cuenta de que sus sentimientos hacia Rabastan habían evolucionado. Ya no era solo una atracción, sino un amor profundo y complicado. Sin embargo, Erin no se sentía lo suficientemente segura de sí misma para reclamar ese amor. Rabastan, con su pasado y su posición, parecía inalcanzable para ella, que aún cargaba con las cicatrices de la guerra y la pérdida.

Fue Rabastan quien finalmente dio el primer paso. Consciente de que Erin no tenía a nadie más, le pidió permiso a Alastor, quien había sido como un padre para ella, para poder cortejarla formalmente. Alastor, con su típico gruñido y una mirada que podría atravesar el acero, asintió. Aunque no dijo mucho, su aprobación lo dijo todo. Para él, la felicidad de Erin era lo más importante, y si Rabastan podía brindársela, entonces lo apoyaría.

Con el tiempo, la influencia y posición de Rabastan permitieron que Erin se convirtiera formalmente en Auror. Aunque a menudo trabajaba en misiones propias, nunca dejó de ayudar a Alastor. Sabía que, a pesar de todo, él seguía siendo una figura crucial en su vida, alguien que siempre había creído en ella, incluso cuando ella misma no lo hacía.

Los años pasaron, y la relación entre Erin y Rabastan se fortaleció. Finalmente, un día, Rabastan le pidió a Erin que vivieran juntos. Le habló de su deseo de formar una familia y de presentarle lo poco que le quedaba de la suya. Erin, aunque inicialmente nerviosa, aceptó. Sabía que la vida con Rabastan no sería fácil, pero estaba dispuesta a enfrentar los desafíos que vinieran, sabiendo que, juntos, podían superar cualquier obstáculo.

.Cuando Erin descubrió que Rabastan Lestrange había establecido una relación cercana con la familia Malfoy, sintió una oleada de preocupación. Los Malfoy, una de las familias más influyentes en la comunidad mágica, estaban estrechamente relacionados con los Black, una familia cuya reputación la llenaba de inquietud. La idea de relacionarse con una familia que había estado tan cercana a las sombras de las Artes Oscuras le causaba cierto temor.

Rabastan, al notar su preocupación, se apresuró a tranquilizarla. Le explicó que había buscado la amistad de los Malfoy como parte de su deseo de redimirse, de corregir los errores de su pasado. "No tienen la culpa de lo que pasó," le dijo con sinceridad en los ojos. "Solo quiero que la oscuridad no consuma también a ellos."

Erin, aún con reservas, decidió confiar en Rabastan y acompañarlo a la Mansión Malfoy. Desde el primer momento que entró en la majestuosa propiedad, sintió el peso de su historia. Los retratos de antepasados la observaban con expresiones altivas mientras recorría los amplios pasillos, pero el ambiente, aunque opulento, no era hostil.

Fue en esa primera visita que conoció a Draco, el hijo de Lucius y Narcisa Malfoy. Draco, que apenas tenía cinco años, corrió hacia ella sin ningún miedo, aferrándose a su túnica como si la conociera de toda la vida. Su rubio cabello y ojos grises reflejaban la pureza de un niño que aún no conocía el peso de las expectativas que le impondría su linaje. Erin no pudo evitar sonreír, dejando que sus preocupaciones se desvanecieran por un momento mientras se agachaba para saludar al niño. Desde ese día, su relación con Draco se fortaleció.

Con el tiempo, las visitas a la Mansión Malfoy se volvieron más frecuentes. Narcisa, con su porte aristocrático, siempre se mostraba servicial, manteniendo las formalidades que se esperaban de una mujer de su estatus. Aunque su comportamiento era educado, Erin nunca pudo descifrar del todo sus verdaderos pensamientos.

Mientras Rabastan pasaba tiempo en reuniones con Lucius Malfoy y otros magos influyentes, Erin a menudo se encontraba observando desde lejos a Severus Snape, una figura que siempre parecía estar en la periferia de estos encuentros. Snape, con su presencia sombría y su mirada penetrante, la intrigaba, pero su enfoque siempre regresaba al pequeño Draco. Ella encontraba consuelo en su compañía y dedicaba la mayor parte de su tiempo en la mansión a jugar con él o leerle historias. Con el tiempo, se convirtieron en amigos cercanos, y Erin empezó a sentir un afecto casi maternal hacia el niño.

En algunas ocasiones, los padres de Draco, debido a los compromisos de Lucius como un burócrata de alto nivel en el Ministerio de Magia, enviaban a Draco a pasar vacaciones en casa de Erin y Rabastan. Durante esas estancias, Erin se dedicaba a asegurarse de que Draco tuviera una infancia tan normal como fuera posible, alejándolo de las tensiones del mundo que lo rodeaba.

A pesar de sus dudas iniciales, Erin comenzó a ver a los Malfoy bajo una nueva luz, especialmente a Draco. Se dio cuenta de que, aunque sus orígenes estaban marcados por la oscuridad, había esperanza de que, con la influencia correcta, Draco podría tener un futuro diferente. Y fue esa esperanza la que la impulsó a seguir confiando en Rabastan y en la decisión que había tomado de involucrarse con esta familia.

Cuando Erin descubrió que Draco, el niño que tanto apreciaba, aún no tenía padrinos, se sintió sorprendida y conmovida. La idea de convertirse en su madrina era una oportunidad que nunca había esperado, pero que le ofrecía una forma de dar un propósito a su relación con el pequeño. A sus siete años, Draco ya mostraba signos de ser un niño encantador, aunque aún sacaba algunas presunciones de su padre, Lucius. Sin embargo, su adoración por Erin era evidente y sincera, y ella estaba más que dispuesta a aceptar el papel de madrina con el corazón abierto.

La vida continuaba de manera armoniosa para Erin y Rabastan. Habían encontrado un equilibrio en su relación, y el vínculo entre ellos creció con el tiempo. Una tarde, en un momento de ternura y sinceridad, Rabastan le pidió a Erin que se casara con él. Su propuesta estaba llena de amor y esperanza, y Erin aceptó con una ilusión pura, ansiosa de construir una vida juntos y de tener una familia propia. El pasado oscuro parecía desvanecerse ante la promesa de un futuro compartido, y Erin sentía que, finalmente, podía renacer.

Inmediatamente después de aceptar la propuesta, Erin decidió compartir la noticia con dos personas que significaban mucho para ella: Alastor Moody y Albus Dumbledore. Ambos habían sido figuras importantes en su vida, especialmente durante los tiempos difíciles. Esperaba que se alegraran por ella y compartieran su entusiasmo.

Sin embargo, la reacción de ambos no fue la que esperaba. Alastor, con su mirada analítica y su actitud implacable, expresó preocupaciones sobre las actividades de Rabastan. Dumbledore, aunque siempre más suave en su enfoque, también tenía reservas y mencionó ciertos indicios que le hacían dudar de las intenciones de Rabastan. Los comentarios sobre la actividad sospechosa de Rabastan y las posibles implicaciones para el futuro hicieron que Erin se sintiera herida y confundida.

A pesar de sus sentimientos encontrados, Erin no estaba dispuesta a aceptar las preocupaciones de Alastor y Dumbledore sin cuestionarlas. Para ella, el amor que sentía por Rabastan y la vida que estaban construyendo juntos era más importante que cualquier sospecha. Se alejó de ambos, eligiendo confiar en su propio juicio y en la promesa de un futuro con Rabastan.

La decisión de alejarse de Alastor y Dumbledore no fue fácil para Erin, pero sentía que era necesaria para proteger su relación y su propia felicidad. El amor que compartía con Rabastan era una fuente de fortaleza y esperanza, y estaba decidida a construir un futuro en el que el pasado no definiera su vida ni sus decisiones. En la intimidad de su hogar y en el amor que sentía por Draco, encontró la fuerza para seguir adelante, confiando en que el camino que había elegido era el correcto.

La fiesta para celebrar el papel de Erin y Rabastan como padrinos de Draco Malfoy fue un evento íntimo, con solo algunos miembros cercanos presentes. A pesar de las preocupaciones de Erin, todo parecía mejorar en ese momento. Los planes de boda estaban en marcha, y el futuro parecía prometedor. Sin embargo, en los meses siguientes, Rabastan comenzó a comportarse de manera extraña. Se mostraba cada vez más ocupado, hostil y paranoico, y sus disculpas constantes por sus arranques de ira solo añadían a la tensión.

La relación de Erin con Rabastan había sido, hasta entonces, un refugio de esperanza y renovación. Sin embargo, algo cambió en su comportamiento, especialmente durante los momentos íntimos. Rabastan insistía en no usar protección, y aunque Erin le sugería que sería mejor esperar hasta después de la boda, él insistía en que no había tiempo. Su argumento era que quería que Draco y su futuro hijo tuvieran tiempo suficiente para conocerse y fortalecer su vínculo. Pero Erin no estaba convencida y empezó a cuestionar las verdaderas razones detrás de su urgencia.

Decidida a averiguar qué estaba pasando, Erin comenzó a seguir a Rabastan con más atención. Sus sospechas crecieron cuando notó que él se estaba involucrando en actividades que no podía entender del todo. La situación culminó cuando, poco antes de la entrada de Draco a Hogwarts, Erin decidió confrontar a Alastor Moody.

Alastor, aunque inicialmente renuente, terminó por revelar información alarmante. Erin descubrió que Rabastan no solo le había mentido, sino que estaba profundamente involucrado en planes oscuros. La verdad era más siniestra de lo que había imaginado: Rabastan y sus asociados tenían un plan para usar al hijo que Erin estaba esperando como una carnada para atraer a Voldemort. Su objetivo era atraer al oscuro señor de vuelta a la vida, utilizando al niño que nacería como el centro de su plan. La idea era que, una vez que el niño Potter apareciera nuevamente, la presencia de un nuevo heredero de las artes oscuras crearía la oportunidad perfecta para que Voldemort regresara.

El descubrimiento dejó a Erin devastada. La vida que había estado construyendo, el amor que había creído verdadero y el futuro que había imaginado estaban en peligro. Sentía que el suelo se desmoronaba bajo sus pies. Había sido engañada por Rabastan, quien había usado su amor y su deseo de redención para ocultar sus verdaderas antes de la llegada de Harry Potter y el resurgimiento de la amenaza de Voldemort, los Mortífagos ocultos continuaban con sus oscuros planes. Erin, tras descubrir la verdad sobre Rabastan y sus intenciones, sabía que debía tomar una decisión crítica. Aunque su corazón estaba desgarrado, su deber y su lealtad hacia el bien le obligaban a elegir un bando. Decidió enfrentarse a la amenaza y detener los planes oscuros que se gestaban, pero antes de irse, optó por mantener la fachada de normalidad con Rabastan, sus encuentros intimos se volvieron vacios, y ella siempre cuidaba que no existiera la posibilidad de quedar embarazada, daba la fachada de ser la prometida de Rabastan, al menos por un tiempo asi fue, dormia con el enemigo, el enemigo que le decia cada noche te amo, el hombre mas dulce de su vida, pero con la llegada de Harry Potter el fin estaba cerca.

Algunas semanas antes en la Mansión Malfoy, Erin se sentó con Draco, que estaba al borde de la adolescencia. Aunque ya mostraba algunas de las presunciones de su padre, seguía siendo un niño en su corazón. Erin le habló con sinceridad y afecto, dándole consejos que sentía que podía necesitar en los tiempos difíciles que se avecinaban. Le dijo que debía ser amigo de los mejores, cuidarse bien y nunca perder su porte. Sus palabras estaban llenas de una mezcla de ternura y tristeza, y Draco sintió que algo importante se estaba diciendo, como si fuera una despedida.

Con lágrimas en los ojos, Draco la abrazó, pidiéndole que le prometiera que no se fuera Erin, con el corazón roto, le dio un beso en la frente a Draco, el cual no entendía del todo la gravedad de la situación, pero sentía en su interior que algo estaba por cambiar.

Pocos dias antes de la redada de mortifagos que estaba por pronunciarse, Erin lelgo cansada para esa epoca tenia un grupo de nuevos aurores que estaba formando, llego a casa el sol se había ocultado, sumiendo la casa que copart con Rabastan en una penumbra que parecía presagiar la tormenta que se avecinaba. En uno de los elegantes salones, Rabastan Lestrange revisaba los frascos de poción anticonceptiva que Erin tomaba sus ojos brillando con lágrimas. La luz tenue de las velas proyectaba sombras inquietantes en las paredes mientras él intentaba desesperadamente convencerla de su sinceridad.

Rabastan con la voz quebrada, mirando a Erin con intensidad-Erin, si no querías tener hijos aún, me lo hubieras dicho. Lo habría comprendido. Lo que más deseo es estar contigo, no presionarte para que hagas algo que no quieres."

Erin, con el corazón acelerado y la mente nublada por el dolor y la traición, dio un paso adelante. Sus ojos estaban llenos de determinación y furia mientras se enfrentaba a Rabastan.

Erin con voz firme y cargada de dolor- No estoy aquí para discutir sobre si quería tener hijos o no. Sé la verdad, Rabastan. Sé lo que has estado planeando. No solo has estado engañándome a mí, sino que has estado tramando algo mucho más oscuro."

Rabastan, al escuchar las palabras de Erin, se levantó rápidamente, buscando desesperadamente mantener el contacto con ella. Se acercó, sus manos temblando mientras la tomaba por los brazos- por favor... escúchame. Todo lo que he hecho, todo lo que te he ocultado, ha sido para protegernos. Para descubrir si había un infiltrado en nuestro círculo. Necesitaba saber quién estaba al tanto de nuestros movimientos.-

Erin mirando a Rabastan con dolor en los ojos-"¿Y por qué no me lo dijiste antes? ¿Por qué me mentiste y escondiste tanto?-

Rabastan-Lo hice porque no podía arriesgarme a que alguien lo supiera y ponerte en riesgo esto con la gente que trabajas te condenaria, no queria hicieras el trabajo sucio, desde un tiempo sospecho de Severus Snape... - mira como termino Barty Crouch, que está en la cárcel, no podía arriesgarme

Erin-temblando, con la voz apenas audible-¿Cómo puedo creer en tus palabras después de todo lo que has hecho?"

Rabastan en un susurro-Porque te amo, Erin. Porque llevo años demostrandote que estoy aqui contigo, he hecho todo para redimirme por nuestro futuro No hay nada más importante para mí que nuestra vida juntos. No puedo soportar la idea de perderte-

Erin, debilitada por los afectos y los años que habían compartido, se encontró atrapada en sus palabras. El amor y la confianza que había depositado en él desde el principio le hicieron dudar de sus propias convicciones.

Erin con voz vacilante, pero cediendo -Rabastan, no sé si puedo seguir confiando en ti después de todo esto... -

-Erin, si realmente no confias en mi llevame al ministerio ahora mismo, me entrego como espía, pero antes les dare el lugar exacto donde pretenden capturar al niño Potter. Solo confía en mí, por favor.-Antes de que Erin pudiera responder, Rabastan la tomó en sus brazos con una fuerza inesperada. Sus ojos, llenos de desesperación y la beso-hazlo, solo se que asi podrás combatir con ellos, se que tu equipo y tu iras…-

Erin, atónita y confundida, asintió con la cabeza. Su corazón estaba en conflicto, pero la revelación de Rabastan parecía una oportunidad para actuar. Con un nudo en el estómago, lo llevó al Ministerio, sus pasos resonando en la fría noche. La verdad parecía más tangible, y su determinación crecía con cada paso.

Erin se encontró de nuevo frente a la celda de Rabastan, ahora encerrado. El ambiente estaba cargado de una mezcla de tensión y tristeza. A través de las rejas, ella vio al Rabastan que había conocido, el que había compartido su vida y su amor. La confusión y la traición seguían pesando en su corazón, pero la visión de él, vulnerable y arrepentido, la hizo reconsiderar sus sentimientos.

Lucius Malfoy llegó al ministerio, su rostro un reflejo de sorpresa y desconcierto. Al encontrar a Erin haciendo papeleo se acercó con una mezcla de preocupación y alivio.

Y con un gesto de aparente sorpresa, abrazando a Erin-Erin, todo se aclarará pronto. Sé que es difícil de creer, por lo que te dijo Rbastan y descubriste, pero estamos del mismo lado. No dejaría que un loco fuera el padrino de mi hijo-

Erin, aún en shock por la revelación asintió lentamente. La sorpresa en el rostro de Lucius y su abrazo protector le dieron una sensación de alivio momentáneo, aunque no resolvía por completo el tumulto emocional que sentía.

Erin con voz cansada pero firme-. Gracias por estar aquí-

Lucius mantuvo su abrazo por un momento más antes de separarse, su expresión cambiando de la preocupación a una firme determinación.

Mientras la redada , Erin llevo a Rabastan un poco de te, aun no lo transferian a Azkaban el mirando a Erin le sonrio- Erin, no puedes imaginar lo que siento por ti. Lo que he hecho, lo he hecho pensando en nuestro futuro. Te amo más de lo que puedes imaginar y lo que daria por abrazarte aunque sea una vez mas-

Erin, atrapada entre la traición y el amor que aún sentía, se acercó a la celda. Los años de intimidad y pasión compartida la habían marcado profundamente. Con movimientos precisos, comenzó a quitar los sellos y conjuros de seguridad alrededor de la celda. Cada gesto estaba cargado de una mezcla de duda, mientras sus manos temblaban al desbloquear el último hechizo. Cuando finalmente terminó, creó un campo de protección alrededor de la celda, un hechizo que les proporcionara privacidad en medio de la confusión y el caos. Sin poder resistir más, se inclinó hacia él, sus labios encontrándose con los de Rabastan.

Sus labios se encontraron en un beso lleno de desesperación y pasión reprimida, un encuentro que resumía años de intimidad compartida . La intensidad del momento los envolvió por completo, mientras la barrera emocional que había existido entre ellos se desmoronaba en un torrente de necesidad y sentimiento.

Rabastan, abrazando a Erin con una urgencia casi salvaje, la hizo suya con una entrega que parecía desafiar el tiempo y las circunstancias. El amor, la traición y el deseo se entrelazaron en cada movimiento, mientras se entregaban completamente el uno al otro. El acto de hacer el amor fue una fusión de desesperación y devoción, un último intento de encontrar consuelo en medio de la tormenta que se avecinaba.

A medida que la pasión se desbordaba y el agotamiento se asentaba, Erin se entregó a Rabastan sin reservas. El cansancio y la intensidad de la experiencia hicieron que sus fuerzas flaquearan. Sin darse cuenta, el sueño la venció, y se quedó dormida en los brazos de Rabastan.

Erin despertó en un confuso estado de agotamiento y dolor. El primer indicio de que algo estaba mal fue el frío de la celda, ahora vacía. Sus ojos se abrieron, y su corazón dio un vuelco al darse cuenta de que Rabastan no estaba allí. La desesperación se apoderó de ella cuando vio las evidencias de la traición.

Erin gritando-"¡Rabastan! ¡No, no puede ser!"

La voz de Erin reverberó en el vacío de la celda, pero no hubo respuesta. La verdad se hizo evidente cuando notó el hechizo insonificador que había sido lanzado, el cual había cubierto el espacio y evitado que sus gritos llegaran más allá de las paredes de la celda.

Erin se dio cuenta con horror de que todo había sido una trampa. La traición de Rabastan se reveló en toda su crueldad. Su corazón estaba en pedazos mientras un grupo de aurores finalmente la liberaba. El alivio momentáneo se desmoronó al ver la magnitud del engaño.

La batalla se desató con un caos de hechizos y gritos. Erin luchaba con una intensidad desesperada, sus movimientos eran una mezcla de furia y técnica afinada. La visión se le nublo un poco sus aprendices muertos en el suelo la llenó de horror caídos por las manos de Rabastan y sus propios aprendices de él que al final el habia reclutado para trasnformarlos en mortifagos.

Finalmente, Erin se encontró cara a cara con Rabastan, su rostro, marcado por una mezcla de cinismo y tristeza, se volvió hacia ella con una frialdad hiriente con una sonrisa sarcástica- cariño tardas en llegar, te perdiste como tus pobres aprendices sucunmbian como moscas-

Erin lo miro con un nudo en la garganta-¿me pediras que te crea?- dijo en respuesta apuntando con la varita

-Vaya, Erin, parece que olvidas que conozco cada movimiento en el campo de batalla tan bien como los que tienes en la cama¿sabes es una lástima que al final ni siquiera pudieramos tener un hijo? tenia esperanza en ti.-

Erin estaba callada lanzando hechizos uno tras otro, las palabras de Rabastan eran como cuchillos, perforando el dolor ya existente en el corazón de Erin. Cada comentario parecía una burla cruel a sus esfuerzos por acabar con el.

Rabastan con una sonrisa cruel-Siempre me fascinó como me mirabas, tu esperanza de verme redimido. Es una lastima que despues de esto la mayoría como la mujer de Rabastan Lestrange, nunca sabran si confiar o no en ti, menos después de ver a tus aprendices, cualquiera diría que los entrenaste mal aproposito-

Erin lanzaba hechizo uno tras otro pero rebotaban inútilmente-¿porque me hiciste esto?-agrego al fin Erin.

Rabastan, con su varita apuntando directamente hacia Erin, mantenía una expresión de cruel satisfacción, sus palabras cortando el aire como cuchillos con voz fría-Fue difícil, realmente lo admito. Imagínalo, tantos años esperando por este momento, para vengar por completo a Rodolphus Lestrange... Y por cierto, cariño, fui yo quien mató a tus padres, cuando descubrí que ellos mataron a mi hermano-

Erin sintió un frío que le atravesó el corazón al escuchar esas palabras. Pero Rabastan no se detuvo, su tono se volvía cada vez más venenoso-Lo raro es que, después de todo, no sentí ninguna satisfacción. Necesitaba hacer algo más. Y luego supe que su bastarda aún vivía. El resto es historia… Estaba dispuesto a perdonarte la vida, Erin, si me hubieras dado un hijo. Solo así, tal vez, el Señor Tenebroso hubiera podido revivir a Rodolphus.-

Erin con voz temblorosa, pero desafiante, lo miraba, el mago la atacaba pero había algo raro, de querer matarla lo hubiera hecho, de querer hacerlo ahí podía hacerlo, pero no lo hacia- No te creo… ¿De verdad fingiste todo este tiempo solo por tu hermano?-

Por un momento, Erin vio un destello de duda en los ojos de Rabastan. Sus palabras lo habían alcanzado, y por un instante, él vaciló, perdiendo la concentración. Aprovechando la oportunidad, Erin lanzó un hechizo que él apenas pudo bloquear. Los dos seguían combatiendo, pero la intensidad en sus movimientos ahora tenía un trasfondo-

Erin-no te creo , no creo fingieras todas esas noches que me hablaste de tu hermano, de como te emocionaste cuando jugabas con Draco y habalas de los hijos que querias tener ami lado, no creo que mintieras de tus deseos de ser diferente… No te creo! lo creo es que fue que te involucraste con Lucius que revivió todos eso Yo sé quién eras realmente. Acepto que te acercaste a mí por una mala razón, pero no eras así…- gritaba Erin

Rabastan perdiendo su control- tu no sabias quien era…

Las palabras de Erin perforaban la fachada que Rabastan había mantenido durante años. Por primera vez, el hombre que había jugado con las sombras parecía vulnerable, despojado de su control. Cada hechizo lanzado por Erin parecía cargado con el peso de su dolor y la verdad que había intentado negar.

Erin lo miro con mas profundidad mientras lagrimas salian de su rostro- ¡Tuviste tantas oportunidades de hacerme daño, y aún así esperaste hasta hoy… ¿En serio?! ¿Esto es lo que te llevó tanto tiempo? ¿Esto es lo que pretendías hacer desde el principio?-

Rabastan, exhausto emocionalmente, dejó escapar un grito de frustración mientras lanzaba un hechizo descontrolado. Erin lo esquivó con agilidad, su mirada llena de determinación. Ella había visto más allá de su fachada, y eso lo destruía tanto como cualquier hechizo.

Rabastan con voz rota, casi en un susurro -Rodolphus... No todo era una mentira…-una lagrima salio del mago, pero aparecio Alastor, Rabastan de inmediato le apunto al hombre-no puedo matarte Erin, pero puedo hacerte daño-dijo al fin Erin había previo su ataque, y lanzo un último hechizo, uno que no pudo desviar. El hechizo golpeó a Rabastan directamente en el pecho, derribándolo al suelo. Su varita cayó de su mano, y mientras brotes de sangre salian de su pecho y el se desvanecía, una última lágrima de rabia y desesperación rodó por su mejilla, Erin corrió hacia el y lo abrazo mientras las lagrimas se acumlaban, Alastor la cubria.

Rabastan-Erin… No quería… que terminara así…de verdad te ame…-

El silencio cayó sobre el campo de batalla mientras Erin, con su varita en el suelo, miraba el cuerpo sin vida de Rabastan. Su corazón estaba destrozado, pero sabía que no había otra opción y el acto de asesinar a Rabastan significaba el fin de todo lo que había conocido.

Rabastan Lestrange, el hombre que había amado y odiado, y que había destruido todo lo que alguna vez valoró, yacía muerto. Erin sintió que una parte de ella moría también con él. No había marcha atrás, ni redención en su camino. Solo quedaba la desolación y la carga de su decisión, una que la marcaría para siempre.

El Ministerio de Magia estaba en caos tras la batalla. Los Aurores, exhaustos pero victoriosos, lograron detener a los Mortífagos que quedaban, pero el temor se extendía como una sombra sobre todos. Voldemort quería volver, y las señales eran claras. Sin embargo, en medio de la victoria, Erin estaba consumida por una ira insondable.

Sabía que Lucius Malfoy estaba implicado en todo lo ocurrido, que había manipulado a Rabastan y usado la situación para sus propios fines. Decidida a confrontarlo, Erin irrumpió en la oficina de Lucius en el Ministerio. Sus ojos brillaban con rabia contenida mientras le apuntaba con su varita con voz firme y llena de veneno -Todo esto fue un juego para ti, ¿verdad, Lucius? Manipulaste a Rabastan, planeaste cada detalle. Quiero verte pagar por lo que hiciste.-

Lucius se mantuvo en calma, su rostro imperturbable mientras le devolvía la mirada con una leve sonrisa.-Erin, querida… No hay nada que puedas probar. hasta donde yo se el te confeso todo, pobre imbecil Rabastan era una pieza floja ya, sucumbiendo a los encantos de los propios asesinos de su hermano ¿te das cuenta lo grave? solo le di una muerte digna frente a los mortifagos agradeceme luego , el tono se creyó que esto era orden de Voldemort y por cierto no hay evidencia alguna que me incrimine-

Las palabras de Lucius la golpearon como un jarro de agua fría. Sabía que tenía razón; no tenía pruebas tangibles que lo implicaran. Fue un momento devastador, sabiendo que no podía hacer nada para detenerlo. Erin propino un golpe firme en su cara provocando que su mejilla se abriera, su mirada aún fija en Lucius, pero ya no había nada más que pudiera hacer.

-te voy a cazar Lucius…-afirmó Erin

Lucius inclinó la cabeza ligeramente, satisfecho con su victoria -si ese día, llega, estaré preparado. Pero hasta entonces, te sugiero que te mantengas lejos de mi familia.-

Ese día fue el último que Erin vio a Lucius. Narcisa, al enterarse del enfrentamiento, prohibió rotundamente que Erin tuviera cualquier contacto con Draco. Durante años, Erin intentó cazar a Lucius, buscando pruebas para incriminarlo, pero cada vez que se acercaba, él se escabullía, dejando solo frustración y rabia a su paso.

Unas pocas semanas después, Erin recibió la noticia que cambiaría su vida para siempre: estaba embarazada. Se lo confió a Alastor Moody, quien la escuchó con seriedad, entendiendo el peso de la decisión que tenía que tomar.

Alastor con voz grave- Erin, tienes una decisión difícil por delante. ¿Qué vas a hacer?-

Erin se quedó en silencio por un momento, mirando a la distancia, antes de responder con determinación-Voy a tenerlo, Alastor. Pero nadie debe saberlo. Este niño no puede cargar con la sombra de su padre ni con la mía. Será un secreto que llevaré conmigo-

Alastor asintió, respetando su decisión. Sabía que Erin había elegido el camino más difícil, pero también comprendía que no había otra opción para ella. Así, con el peso de su pasado sobre sus hombros, Erin decidió seguir adelante, determinada a proteger a su hijo de un mundo que ya había causado demasiado daño.

No fue hasta con la ultima caida de Voldemort que Erin finalmente obtuvo las pruebas que necesitaba: Lucius había planeado todo, usando a Rabastan como chivo expiatorio. Y ahora, Lucius estaba en proceso, para tener un juicio y luego ser condenado en Azkaban