Cap 3

Había amanecido y todos se encontraban reunidos en la mesa para el desayuno. Ranma, ahora en su forma de chica, trataba de mantener la compostura a pesar de la culpa que aún cargaba por lo sucedido la noche anterior. Cada vez que sus ojos se cruzaban con los de Akane, un torbellino de emociones la invadía, pero sabía que no era el momento ni el lugar para hablar del tema.

Mientras tanto, para el resto de la familia, la mañana transcurría con la acostumbrada normalidad. Su padre, en su forma de panda, le desafiaba a una pelea por la comida. El ambiente bullicioso y los ruidos de la vajilla llenaban el comedor.

—¡Te lo advierto, viejo! Esta vez no me quitarás la comida —gruñó Ranma, volviendo a centrarse en la pelea con su padre panda.

Akane, ya había superado el susto de la película y no parecía tener conocimiento de lo ocurrido durante la noche, lo que aliviaba en parte a Ranma. Kasumi, como siempre, servía el desayuno con su habitual amabilidad, mientras que la tía Nodoka colaboraba en la cocina. La disputa entre Ranma y el panda era ignorada por todos, quienes continuaban con su rutina matutina sin prestar demasiada atención al alboroto.

–Señor Saotome… me parece que no hemos dado la buena noticia –dijo el padre de las chicas, interrumpiendo la pelea.

–¡Es cierto! –resaltaba uno de los letreros del panda.

–Me complace anunciarles que en el evento de anoche ganamos el segundo premio en contienda –anunció el señor Tendo con una gran sonrisa.

–¿En serio? ¿Y cuál es el premio, padre? –preguntó Kasumi delicadamente mientras servía el té.

–Consiste en una estadía familiar de una semana en un hotel con termas y buffet libre –respondió el señor Tendo, aun sonriendo con entusiasmo– ¡Partiremos mañana!

–¡Qué buen premio! –dijo Akane, animada–. Si ese es el segundo premio… ¿Cuál sería el primero?

La expresión del señor Tendo pasó de alegría a nerviosa felicidad –Pues… un viaje a China.

–¡AAAAAGGGG, PAPÁ! ¿POR QUÉ DEMONIOS NO PUDISTE GANAR ESE PREMIO? –gritó la pelirroja, mientras agarraba con furia el pelaje de su padre.

–¡Hicimos nuestro mejor esfuerzo! –se leía en el letrero del panda.

Panda e hija seguían discutiendo cuando Akane le comentó a su padre:

–Pero papá, justo esta semana es semana de exámenes, y son los últimos de este año.

Ranma, aún discutiendo con su padre, escuchó el comentario de Akane y se detuvo en seco, soltando el pelaje del panda. –¿Qué...? ¿Exámenes? –murmuró, su preocupación empezando a tomar protagonismo sobre su enojo.

Akane asintió. –Sí, estamos en el período de exámenes finales, Ranma. No podemos faltar por una semana entera, estos exámenes son importantes para la universidad –dijo con un tono mucho más racional.

El señor Tendo puso su mejor cara de lamento (aunque en verdad no lo lamentaba mucho). Sabía perfectamente que los jóvenes estaban en época de exámenes, lo que en realidad le daba una excusa perfecta para dejarlos solos y que, tal vez, finalmente se enfrentaran a su complicada relación de prometidos.

La pelirroja, que aún tenía agarrado del pelaje a su padre, miró a Akane con una mezcla de frustración y desilusión: –¡Oh, rayos! Lo había olvidado por completo –reclamó, soltando un suspiro de descontento.

En ese momento, Haposai, que había estado escuchando en silencio, no pudo contener su entusiasmo: –¡Pues yo sí me apunto! –exclamó con ojos brillantes–. Ya quiero ver a las hermosas chicas tomando un baño.

La repulsiva afirmación de Haposai generó un coro de miradas sombrías de todos en la mesa.

—Viejo degenerado... —murmuró la pelirroja con desdén.

—¡Te oí, Ranma! ¡Me las pagarás! —respondió el anciano, agitando su pipa con furia infantil.

Nabiki, ignorando el altercado, interrumpió con su acostumbrada calma: —Lo siento, padre, pero ya tenía planeado un retiro universitario para estas fechas.

—Pues a mí sí me gustaría ir —comentó Kasumi con su habitual dulzura.

El rostro de Ranma se transformó en puro terror al escuchar a Kasumi. Si Kasumi se va... tendré que sobrevivir a las comidas que de seguro Akane querrá intentar hacer... ¡Moriré en una semana!, pensó con desesperación, aunque rápidamente recapacitó, sintiendo que tal vez lo merecía por lo que había sucedido la noche anterior, de seguro sería un castigo muy adecuado para él.

Kasumi, siempre tan atenta, sonrió amablemente antes de levantarse de la mesa.

—Les dejaré comida hecha en el refrigerador, muchachos, así podrán concentrarse en sus estudios. Sé que tienen varias cosas que hacer esta semana —dijo con ternura—. Será mejor que empiece ya mismo a cocinar, con su permiso —añadió, haciendo una reverencia antes de dirigirse a la cocina.

Ranma, al escuchar esas palabras, soltó un suspiro de alivio. Al menos no moriré intoxicado... pensó, sintiendo que la vida le sonreía otra vez.

Por otro lado, Akane observaba la escena con furia contenida. La expresión de terror que Ranma había mostrado cuando supo que Kasumi quería ir no pasó desapercibida para ella. ¡Qué grosero!, pensó, apretando los labios. No tiene por qué ser tan evidente, menos frente a mí...

Sin embargo, su enfado pronto se disolvió cuando una idea brillante cruzó por su mente.

—¡Podrían invitar al doctor Tofú! —exclamó con entusiasmo, sorprendiendo a todos—. Él siempre ha sido parte de esta familia, y sería una buena oportunidad para que pase tiempo con Kas... —titubeó, corrigiéndose rápidamente—. Quiero decir, sería una bonita forma de agradecerle todo lo que ha hecho por nosotros.

—Qué buena idea, hija. Hablaré enseguida con el doctor Tofú —respondió el señor Tendo, animado por la sugerencia.

Tras terminar el desayuno, el día transcurrió sin mayores contratiempos. Todo parecía en calma hasta la noche, cuando P-chan hizo su aparición estelar, lo que desató una gran alegría en Akane. Con una sonrisa radiante, lo tomó en brazos, abrazándolo con cariño, y como de costumbre, le dio un beso en la trompa. P-chan, por su parte, estaba en el paraíso.

Pero esa escena perfecta solo sirvió para molestar a Ranma, quien no perdió la oportunidad de burlarse del pequeño cerdito.

—¿Dónde has estado, cerdito inútil? Seguro te perdiste y apenas lograste volver —soltó con tono burlón.

Enfurecido por la humillación, P-chan reaccionó como siempre, mordiéndolo con fuerza. Ranma, sin pensarlo dos veces, le dio un golpe que lo lanzó al suelo. Al ver esto, Akane, llena de furia, no dudó en patear a Ranma con una fuerza descomunal, enviándolo a volar por los aires.

—¡DEJA A P-CHAN TRANQUILO DE UNA BUENA VEZ! —le gritó, mientras se giraba con una sonrisa para hablarle a su mascota—. Vamos, P-chan, es hora de ir a dormir —dijo con dulzura.

—Quik, quik —chilló el cerdito, feliz de ser el centro de atención de Akane.

Mientras tanto, Ranma volaba sin control hasta caer en el estanque, transformándose en chica al contacto con el agua.

—¡Maldito Ryoga! ¡Me las pagarás, cerdo aprovechado! —murmuró entre dientes, furiosa por la situación.

Luego de secarse, Ranma decidió irse a dormir en su forma femenina, compartiendo el espacio con su madre y el panda-padre, resignada a otro día más de caos en su vida.

Al día siguiente, tras el desayuno, Ranma se dirigió al baño para disfrutar de un relajante baño caliente y transformarse en hombre. Mientras tanto, el resto de la familia estaba ocupada preparando todo para su estancia en el hotel, inclusive el doctor Tofú ayudaba con los preparativos.

–Akane, por favor, ¿me podrías ayudar con algo? –preguntó Kasumi con amabilidad.

–¡Claro! ¿Qué necesitas? –respondió Akane, mientras abrazaba a P-chan.

Ranma llevaba varios minutos disfrutando de un relajante baño en el ofuro, el vapor envolvía el ambiente, creando una atmósfera tranquila y apacible. De repente, la puerta del baño se abrió de golpe y P-chan irrumpió corriendo, saltando directamente al agua caliente. En un parpadeo, el pequeño cerdito se transformó en Ryoga, quien emergió del agua con una expresión de furia.

Antes de que Ranma pudiera reaccionar, Ryoga lo confrontó con ira:

–¡Oye, Ranma! ¡Nunca pensé que serías así! ¡ERES UNA VERGÜENZA, AKANE NO MERECE ESTAR CON ALGUIEN COMO TÚ!

–¿¡QUÉ TE PASA!? ¿¡POR QUÉ ENTRAS ASÍ AL BAÑO!? ¡ESTABA TRANQUILO AQUÍ! —se defendió Ranma, levantando las manos, confundido, molesto y frustrado de no tener ni el más mínimo de intimidad.

–¡ERES UN PERVERTIDO DESCUIDADO! ¡CON TODAS LAS CHICAS A TU ALREDEDOR, INCLUIDA AKANE!... ¡ES INCREÍBLE QUE NO TE SEA SUFICIENTE!

Ryoga terminó su reproche con una mano en la cintura y la cabeza inclinada hacia abajo, como si estuviera en medio de un dramático discurso.

–Oye, Ryoga, realmente no sé de qué estás hablando. Si solo vienes a molestarme por el amor de Akane, mejor vete, "P-chan" –dijo Ranma, enfatizando el apodo con burla mientras se acomodaba de nuevo en la tina. –Además, ¿no deberías estar con Akari? No me digas que ahora quieres andar a dos bandos –añadió en tono burlón, sin dejar de mirar a Ryoga.

–No es que quiera andar a dos bandos, maldito... es que aún no me decido, y es más complicado cuando te pierdes tanto como yo. No puedo pasar el tiempo suficiente con cada una –respondió Ryoga, frustrado y visiblemente agitado. –De todas formas, ahora sí que estás acabado –rió Ryoga con malicia. –Esto facilita mucho las cosas para que Akane me vea como una verdadera opción y se dé cuenta del mal ejemplo que eres.

–¿Y qué es lo que, supuestamente, te facilita las cosas? –preguntó Ranma, alzando una ceja con escepticismo.

Ryoga, con una sonrisa maliciosa en el rostro, respondió: –Akane encontró tu revista.

En cuestión de segundos, Ranma comprendió de qué revista hablaba Ryoga. Sus ojos se agrandaron y su rostro se puso pálido, a pesar del calor del agua. Sin pensarlo dos veces, salió de la tina a una velocidad increíble, envolviéndose en una toalla que mantuvo firmemente sujeta con una mano.

–Akane se puso tan furiosa que preferí salir corriendo de allí –dijo Ryoga, con una mezcla de preocupación y satisfacción en su voz –¡Eres hombre muerto, Ranma! –se burló, disfrutando de la escena.

Ranma no prestó atención a las palabras de Ryoga; estaba sumido en el temor. Corrió por la casa, mojado y dejando un rastro de charcos en el suelo. Subió las escaleras a toda prisa, su mente centrada únicamente en lo que podría y no debería estar sucediendo en su habitación.

Cuando Ranma irrumpió en su habitación, lo hizo con tal estrépito que Akane se dio un brinco que le aceleró el corazón. Ella estaba sentada en el suelo sobre sus piernas, frente a la cómoda que supuestamente cuidaba la escandalosa revista que en esos momentos estaba extendida en sus manos, como si la revista en sí misma fuera un grito silencioso de traición.

El rostro de Akane, giró rápidamente hacia Ranma, mostraba una mezcla de sorpresa, enojo y un deje de tristeza. La luz del cuarto brillaba sobre sus mejillas realmente sonrojadas, acentuando su descontento o quizás vergüenza. Ranma, empapado y con la toalla deshecha alrededor de su cintura, observó con creciente pánico la expresión de su prometida y el objeto de su angustia en sus manos.

Demonios, pensó.