Harry Potter pertenece a JK Rowling

Bruja Llameante

20: Los hombres estúpidos

Los hombres son estúpidos. —con el pasar de las semanas, esa frase se convirtió en el lema de Beatrice Potter, mientras veía a la Orden actuar, bajo las órdenes directas de Dumbledore. Resistía las ganas de lanzar carcajadas, de poner los ojos en blanco o de pasarse la mano por el rostro.

—Entonces, según la información de Severus, respecto a Voldemort, él no planea liberar a sus Mortífagos en Azkaban. —informaba un Dumbledore tranquilo, a la Orden allí reunida. En eso, todos escucharon un resoplido, lo que podría haber sido una risa, pero que fue contenida y miraron hacia una esquina, en donde vieron a Beatrice Potter, leyendo un libro —Señorita Potter, ¿Qué está usted haciendo aquí?

—Vivo aquí, Albus. —dijo ella, decidida a ignorar a Dumbledore tajantemente, mientras pasaba de página y continuaba la lectura de su libro —No me importa si lo has olvidado, no tengo motivos para andar recordándote eso.

Los ojos de Dumbledore, pronto estaban entrecerrados y fijos en la pelinegra. —Me refiero —el anciano apretó los dientes y las manos, tensando la barbilla. — ¿Porqué estás escuchando esta reunión?

—Porqué estás hablando, acerca del asesino de mis padres y a quien estoy destinada a asesinar, mientras que volvemos a encerrar a sus Mortífagos en prisión, rogando para que (esta vez) decidan escucharte hablar sobre el "Perdón" y la "Segunda Oportunidad", mientras permites que un hombre, quien estaba deseoso de que mi padre encontrara su fin y que mi madre viviera, esté sentado en esta misma sala. —Dumbledore y Snape, se removieron en sus lugares —Proteges y crees fielmente en alguien quien libremente, asesinó Muggles y Aurores, en la guerra pasada, sólo porque te vino a avisar que la mujer que amaba, estaba por ser asesinada y te rogó que la salvaras... fracasaste. Y no solo eso: Sino que no te pidió salvar a su esposo, porque tiene un rencor inmaduro, contra alguien que le hizo un matoneo por siete años y se quedó con su mejor amiga. —la chica suspiró, se quitó los lentes, colocó un separador de páginas y masajeó sus parpados. —Severus no fue maduro. No te pidió que salvarás a mi padre, ni me salvarás a mi. Mi único pecado es ser la hija de James Charlus Potter y Lily Janeth Evans. —los ojos de Dumbledore, Snape, McGonagall, Lupin y Sirius se abrieron, al escuchar los nombres completos de los padres de Beatrice —Para cualquiera con un ínfimo gramo cerebral, entendería que el plan del.… de Severus es simple: Él juega para ambos equipos: Orden del Fénix y Mortífagos; así que da igual, quien sea el ganador al final, porque él también saldrá ganando.

—Señorita Potter... —comenzó a hablar Dumbledore, enfadado por la osadía de la elegida de la Profecía, ante las palabras dirigidas a su más confiable aliado.

—Tenemos la Profecía custodiada. Ese es el ÚNICO MOVIMIENTO de la Orden, para luchar contra Ryddle. —dijo Beatrice —Y todo esto, es por obra de tu deseo de las "Segundas Oportunidades", ¿No puedes ver, que ninguno de ellos jamás se arrepiente de sus actos? Todos ellos creen que hacen lo correcto, al asesinar Muggles e Hijos de Muggles y como saben sobre el regreso triunfal de Ryddle, entonces no tienen miedo. Pero el mejor camino de su patético maestro Mestizo, es quedarse oculto en las sombras, agazapado en un rincón y mandar a sus hombres a hacer lo que él quiere, en lugar de dar la cara. —ella enseñó una sonrisa y resopló, ante el nuevo grito de Dumbledore: «¡SEÑORITA POTTER!» —Dar la cara. —repitió, como si eso fuera divertido, todos la miraron con desconcierto —No es un Gryffindor. Los Slytherin son de planificar, son los reyes en el ajedrez: Mandan a los peones, alfiles, caballos, torres y a la reina a morir por ellos, mientras se enrocan, al tiempo que rezan plegarias, para que no sea un Jaque Mate. —Nadie habló. Todos miraron hacia el suelo, sintiéndose avergonzados, por las palabras de la joven pelinegra. Se sentían como si sus esfuerzos no valieron nada. — ¿Qué puede hacer tu Orden, que sea valioso, ahora que el registro de la Profecía, ha sido destruido?

Los ojos de Albus Dumbledore se abrieron tanto, que Beatrice, Remus y Sirius, enseñaron sonrisas burlonas, mientras apostaban mentalmente a cuanto se le tardarían en caer los ojos. Su grito resonó en todo el cuartel general de la Orden del Fénix. — ¡¿QUÉ HAS DICHO?!

— ¡DIJE QUE DESTRUÍ EL REGISTRO DE LA PROFECÍA! —Gritó Beatrice de vuelta, mientras sonreía e ignoraba el rostro sonrojado de Molly Weasley, a quien no le gustaba en lo más mínimo, que alguien le respondiera de esa forma al profesor Dumbledore, ni mucho menos, que lo enfrentara. Pero Beatrice ignoró (nuevamente) a Molly y centró su mirada en Dumbledore —Además: Tengo casi todos los Horrocruxes destruidos ¿Qué más puede hacer la Orden, que vaya a resultar útil, aparte de salir al Campo de Batalla y hablarle a los Mortífagos y a Ryddle, sobre amor y paz? —Dumbledore no contestó. Ella no esperaba que él lo hiciera y solo se levantó de su asiento, con una expresión cansada, pasó por el lado de varios miembros de la Orden, en un silencio sepulcral y comenzó a buscar en la biblioteca de la sala, hasta encontrar un libro —Veamos que tal se me dará cocinar un pastel. —una sonrisa adornó si rostro, mientras pasaba las páginas y se detuvo en uno de un clásico pastel de chocolate, quería que fuera simple, así que lo eligió —Nunca lo he cocinado, pero he llegado a preparar desayunos, almuerzo y cenas, siempre comida salada. —su sonrisa creció, mientras pasaba las páginas y llegaba a la página de malteadas. Ignoró a todos y fue a la cocina, escucharon el movimiento, pero nadie dijo nada, Dumbledore tampoco.

El anciano director suspiró. Esto iba peor de lo que él desearía: Tener a una Beatrice Potter, plenamente conocedora de la Profecía y quien estaba tomando un camino desconocido para Dumbledore, mientras que su Orden parecía tomar la palabra de la profetizada, era el peor rumbo para la guerra. Y mientras que él se preguntaba qué hacer exactamente, para poner todo en el rumbo que deseaba y volver a tener la ventaja, un zorro plateado y semitransparente, apareció por la ventana diciendo: «Ataque Mortífago en Kent-Canterburi»

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Pero, cuando la Orden llegó a Kent, no había Mortífagos. Sino gigantes, Hombres Lobo seguidores de Grayback y una legión de Inferis.

Claramente, los Mortífagos escaparon.

Pero gracias al olfato más refinado de Lupin, arrojó dos Bombardas a distintos edificios. Antes de que cualquiera pudiera preguntar, dos círculos Rúnicos brillaron en el cielo, solo para desvanecerse.

Todos comenzaron a lanzar aturdidores. Pero Sirius, quien sí comprendía el peso de las palabras de su ahijada, se encargó de lanzar hechizos de mayor nivel y de acorralar a una decena de Mortífagos, mientras que la Orden intentaba aturdirlos y al fallar, dañaban lentamente la pared detrás de ellos y sus soportes, hasta que la pared cedió y murieron al caerles la pared encima.

Al ver morir a sus compañeros, algunos se Desaparecieron y otros redoblaron sus esfuerzos, por matar a la Orden del Fénix, lanzando un Fyenfire tan veloz, que la Orden apenas y pudieron esquivarlo, algunos se quedaron las túnicas, otros el cabello o la piel. Pero lo peor, se lo llevaron Vance, Mackenzie, Wallace y Wood, quienes no pudieron esquivarlo y ardieron, para el regocijo de los Mortífagos.

Shacklebolt, Tonks y Moody lanzaron hechizos de Zancadilla… a las cabezas de los Mortífagos, lo cual provocó que sus cuellos se movieran tan bruscamente, que se los quebraron, matando quizás a unos nueve; mientras que Dumbledore gritaba y lloraba horrorizado, por los actos de sus propios compañeros y los otros Mortífagos se Desaparecieron.

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Media hora después, todos estaban comiendo el pastel de chocolate, preparado por Beatrice y Molly, además de las malteadas de chocolate, vainilla y fresa.

Tonks, Moody y Shacklebolt, recibieron sonrisas y palabras de orgullo de Beatrice, por las muertes de los Mortífagos. Ignorando olímpicamente al furioso Dumbledore, quien llora desconsolado, por las muertes de sus enemigos.