A mi Señor Jesucristo, gracias Dios por permitirme regresar.
Salmo 28:7 Mi corazón salta de alegría, y con cánticos le daré gracias. Debemos dar gracias a Dios porque él nos da las fuerzas que necesitamos en medio de cualquier circunstancia.
Naruto no me pertenece, los personajes e historia son una creación de Masashi Kishimoto.
De tu recuperación y mis enemistades.
El tiempo pasó lentamente a la espera de noticias sobre el estado de salud de mi maestra. Nunca me han gustado los hospitales, siempre me han traído malos recuerdos, sin excepción. Aquella sensación desagradable de angustia, preocupación y desazón no me dejaba en paz.
Miré mis manos y aunque esta vez no había sangre, si angustia y la terrible sensación que generalmente la acompañaban, también seguía el sentimiento de desamparo al entregarla cuando la sacaron de entre mis brazos. No podía olvidar el tiempo que la cargué, llevarla conmigo era de las cosas que siempre quise hacer, pero no así, no era como añoraba, como soñaba, no a punto de morir en mis manos.
El tic tac del reloj era terriblemente lento e incómodo, mofándose de la angustia y desesperación. En ese largo pasillo no solo estaba yo, también estaba su esposo, tan ansioso como yo; jamás pensé sentir empatía por él, pero podía comprender lo que sentía, sin embargo, además de esa preocupación que compartíamos personalmente también tenía coraje, envidia, celos y tristeza. De él, de el "Sasuke kun" que mi maestra decía continuamente.
-Está fuera de peligro- cualquier distracción se fue apenas la quinta salió a dar su veredicto.
-. Aun delicada, pero ha pasado la etapa más dura, ahora solo queda descansar y esperar-. Sólo escuchar esas palabras me hicieron suspirar aliviado- .Gracias a Dios que llegaste a tiempo Kakashi, de no ser por ti no estaría dando una noticia agradable.
-¿Podemos entrar a verla?
-No Sasuke, todavía no. Además está dormida. Tal vez mañana, y…
-¿Cómo está mi hija?
Era el padre de mi maestra, llegando apresuradamente e interrumpiendo a la Hokage ansioso por saber noticias.
-Que bien que has llegado, justo estaba diciéndoles que Sakura ya está mejor, ha pasado la etapa crítica y…- le arrebató ese tipo de informes que traen los doctores, leyéndolo -…cómo ves todo está mejor.
-Muy bien- dijo pasándole la tabla de anotaciones-, ¿puedo saber qué fue lo que pasó? ¿No se suponía que solo iría a una revisión de rutina? ¿Por qué rayos mi hija estuvo a punto de morir?
-Estoy tan frustrada, molesta, preocupada y triste como tú Haruno san, no tienes por qué hablarme así.
-Discúlpame Tsunade, pero…
-Tú como médico, como ninja y especialmente como ninja médico debes comprender que estas cosas pasan. Tu hija es un genio, su técnica es un éxito y aun una novedad, parece que se te olvida que el talento es una bendición como una maldición en la vida de los shinobis; ¿Qué sí que pasó? ¿Acaso no se te ocurre qué?
-Pero Sakura no es tan indefensa, ¿cómo fue que…?
-¿Se te ha olvidado cómo funcionan las cosas en el mundo shinobi Haruno? Obviamente si enfrentaras un rival fuerte debes asegurarte en conocerlo, al menos claro que seas un total idiota o presumido.
El hombre gruñó y sonó el bastón contra el piso, terriblemente molesto – me vas a decir que eso es todo, ¿simplemente la capturaron para tratar de extorsionarte a ti y matarla a ella? ¿Si ya sabias el riesgo que conllevaba por qué demonios la has dejado sola en una misión tan lejos? ¿Cómo carajos es que se arriesga a alguien tan tontamente?
-¡De verdad me crees tan incompetente y estúpida!- gruñó la mujer, apretando el informe -, ¡Claro que no le he permitido ir sola (por mucho que se empeñara en hacerlo)! Como se ve que no sabes nada de la vida de tu hija Haruno san- espetó enojada, el hombre bufó -. La mandé con dos shinobis para que la acompañasen, incluso el mismo Sasuke lo hizo, pero tu hija se adelantó, ¡mujer testaruda es tu hija! ¡Por demonio, eso se te ha olvidado también!
El hombre suspiró profundamente, molesto –Ah, vaya, ahora me lo has dejado claro. ¿Así que todo fue por una irresponsabilidad de la misma Sakura? ¿Fue su culpa? ¿Se puso en riesgo y casi muere por desesperada e imprudente? Debió ser esa la causa, porque eso es lo que me estás diciendo. ¡Vaya sorpresa!
Desde el rincón podía verlos y escucharlos claramente, aquella conversación no me agrada y me ponía de peor humor, ¿de verdad ese hombre era tan testarudo como para desviar todo y culpar a Haruno sensei?, ¿sólo a ella?; Tsunade sama gruñó apretando los dientes, pensé que no era el único al cual aquel hombre crispaba los nervios.
-Haruno san- dijo dando un profundo suspiro -, de que Sakura actuó precipitadamente sí, e irresponsablemente tal vez también, pero eso no quiere decir que fue su culpa. ¡Estas cosas pasan! ¡A todos nos puede pasar!
El hombre negó con la cabeza – ¿Eso es todo? No es suficiente motivo para morir si me lo preguntas- la quinta gruñó bajo, sin tener o querer agregar más por el momento –. Dices que Sasuke estaba ahí, ¿qué fue lo que pasó Sasuke?
-Tuve que regresar.
-¿Por qué, cuál fue la razón para dejarla sola?- Traté de no sonreír ante la pregunta, por primera vez el padre de Haruno sensei había dicho algo que me interesara.
-Tenía mis ocupaciones- dijo parándose del asiento y recargándose contra la pared -. Desde que le dieron el trabajo siempre hice lo posible para acompañarla. En esta ocasión hubo oportunidad de posponer mis cosas y la lleve, llegamos a la mansión del feudal y nos quedamos unos días pero me avisaron que las cosas se complicaron y me urgía volver, ella me dijo que regresara, que me esperaría, no lo hizo, obviamente.
-Arg... Sakura- dijo bajo su padre, golpeando el piso una vez más, yo apreté los dientes molesto -; por qué no me sorprende
-Estando en la misión me comunicaron el incidente e hice todo cuanto pude por volver.
-Bien, bien Sasuke, se entiende, no fue tu culpa. Al menos hiciste todo cuanto pudiste y lograste rescatarla, gracias por traerla de vuelta, gracias por salvarle la vida a mi hija.
-En realidad no fui yo- Sasuke chasqueó la lengua.
Tsunade sonrió al mirar la cuestión pintada en el rostro del hombre –. No podía esperar por Sasuke, así que mande a Kakashi Hatake-, y me señaló, el hombre me miró por primera vez (tal vez ni me había notado), lo único que capté fue como apretujaba el bastón entre sus manos -, él fue quien la regresó, si a alguien debes agradecer que salvaran a tu hija es a...
-¿Puedo entrar a verla?- preguntó cortante, extrañamente aquello no me irritó tanto, tal vez había cosas más importantes por las cuales sentirse enojado que el desprecio del padre de Haruno sensei.
-Ah…no, no puede tener visitas, solo personal del hospital y…
-Soy honorario. Entraré, iré a asearme, permiso-Y salió.
La Hokage suspiró –Claro Haruno san, puede pasar- dijo mirando el techo-. La cortesía no es una de las cualidades de este hombre- dijo despacio, mirándonos a ambos -, pero…
-¿Mañana podremos verla?- cuestioné calmado, no quería ningún tipo de consideración.
-Tampoco es tuya, ¿verdad Kakashi? Sí, de seguir así tal vez mañana podrían…
-¡Tsunade sama!- un hombre se acercó corriendo, con un papel en la mano.
-¿Y ahora que carajos? Por lo visto hoy ha sido el día de las malditas interrupciones, permítanme-. Se alejó un poco, examinando el reciente documento, el pasillo quedó solo con los dos cuando la Hokage salió por la puerta a hablar.
-Es verdad Hatake- habló Uchiha, con esa seriedad sin emoción en sus palabras-, habría que agradecerte de que la trajeras de vuelta.
-Hum… ese era mi trabajo, hice lo que debía hacer-, lo observé largamente, como si deseara decirle el "¿tu hiciste el tuyo también?" que luchaba por retener. Al parecer entendió mi mensaje.
-Intenté darles alcance pero…
-Intentar no fue suficiente. Al menos no está muerta- pretendí controlarme pero no pude, ahora que la sabía fuera de peligro ya sólo quedaba enojo y frustración ante el recuerdo de saberla en riesgo, sola, expuesta, frágil, a punto de fallecer.
-¿Me estás culpando?
-¿Por qué? ¿Debería?
-Sí claro, ha sido mi culpa que intentarán secuestrarla y matarla. Dijo que me esperaría, ¿acaso no conoces lo testaruda que es?
-Lo mismo digo, debiste quedarte, es tu esposa ¿no? Se supone que cuidarla debe ser de tus prioridades, o al menos obligaciones.
-Sí, soy su esposo, pero tengo otras ocupaciones además de ella.
-Cierto es ¿También vas a echarle la culpa como su padre?
-No he dicho eso. Quizá no fue su culpa, pero si fue irresponsable ponerse en riesgo no solo a ella, también a sus compañeros. Fue la única que logró salir con vida.
Estábamos alterados, enojados e irritables y obviamente ninguno de los dos pensaba claramente, al menos no yo, que lo único que deseaba era reclamarle y golpearlo.
-¿Y eso es su culpa también? ¿No es la víctima en todo esto? Además, ¿no se supone que su trabajo era cuidarla? A veces no puede evitarse que unos cuantos mueran.
-Sí, tu más que nadie debe saberlo ¿verdad?- escupió.
-¿Qué?- pregunté y repentinamente fui consciente de que estábamos más cerca, los dos habíamos avanzado sin notarlo.
-Sé la clase de ninja que eres, a mí no puedes mentirme ni venir a tratar de hacerme sentir culpable por una tontería como ésta.
-¿Tontería? ¿Casi la matan y eso es una tontería?
-Quizá no fue la mejor palabra, pero tampoco eres el mejor para corregirme.
-Al menos estuve para Haruno sensei esta vez cuando necesitó ayuda, ¿puedes decir lo mismo?
-Mira Hatake, déjalo así.
-Sí, será mejor dejarlo así y hacerte caso. Habría funcionado la última vez, ¿no?
-Emboscar, rastreo y eliminación ¿no se trata de eso tu trabajo? No vengas con esa clase de boberías, no eres mejor que yo.
-Soy un anbu, y aunque no es lo mejor, sé que no eso no es algo para presumirse, pero al menos me ha servido, porque si no hubiera llegado no estaría en esa habitación recuperándose -. Apuñé las manos con rabia, recordándola fría, temblando y durmiéndose al filo de la muerte-. Y efectivamente, conozco de ese tipo de cosas mucho mejor de lo que quisiera, sé lo que es la muerte, ¡carajo! Por eso mismo sé que debiste estar ahí. Te llamaba continuamente, deseaba verte, ¿qué demonios iba a decirle si no llegabas a tiempo? ¿Qué su "ocupado esposo" no llegó ni para verla morirse?
-¿No entiendes? Hice cuanto pude.
-No lo suficiente. La dejaste sola.
-¿Y quién rayos eres tú para decirme eso? ¿Para sermonearme con esa mierda? ¿Desde cuándo te importa su "soledad"? ¿Cuántos años tiene escribiéndote esas cartas: casi cuatro? ¿Cuántas veces le has contestado: una? –tenía razón, pero no iba a dejar que me intimidara-. ¡No me vengas con esa mierda!, con ese tipo de cursilerías hipócritas que no soy el único que la ha dejado sola. ¿Tienes idea la de veces que me ha hablado de ti, de sus preocupaciones hacía su "brillante y talentoso alumno"? Si te he dado las gracias por traerla es por mera cortesía en su honor, debiste aceptarlas y cerrar la boca; yo no soy como ella, no intentes engañarme como a ella.
-Tonterías, ¿para qué intentaría algo como engañarte?- dije molesto, dándole la espalda.
-Porque conozco la clase de shinobi que eres. Sé la clase de inmundicia en la que vives. Al menos debes estar feliz esta vez, hoy si has podido salvarle la vida a alguien, y si acaso no das con lo que te digo solo basta que toques el lado izquierdo de tu cara para saberlo-. Y ya estaba, desde ese momento cualquier consideración se fue lejos de mi autocontrol, me había dado en la herida y eso dolía, dolía porque en el fondo sabía que tenía razón; deseé partirle la cara, peo me contuve una vez más. –Te dije que lo dejaras así. ¿Qué, te has quedado sin palabras? Ese ojo que tienes no te lo mereces y lo sabes, él…- apuñó las manos furioso -, él no merecía morir, tú debiste caer, no él.
Iba a retirarme, pero frené, rabia, frustración, casi podía ver su sonrisa torcida y burlona.
Sonreí y giré –Quizá tienes razón… pero vienes a hablar de Obito en este momento, ¿tan mal y tan culpable te sientes que es necesario hablar de tu primo muerto para defenderte? ¿Eso te hará sentir mejor? Y se supone que yo soy "esa clase de ninja"
-Cuidado Hatake…- dio un paso al frente, yo igual.
-Al menos esta vez sí tomé la mejor decisión, ¿puedes decir lo mismo?
-Soy su esposo, no su guardaespaldas.
-Menos mal.
-Hice todo cuando debía hacerse, no tengo porque…
-Y ya sabemos cómo terminó, con ella en esa habitación, recuperándose de casi morirse. ¡Buena elección la tuya, gran trabajo!
-¡Mocoso altanero e impertinente…!
-Al menos no fui inútil…y eso es lo que te molesta más que nada. ¡Porque yo si hice algo por ella! ¿Qué tal tú?
La puerta se abrió crujiendo, era la Hokage, entrando hecha una furia, interrumpiendo sin lograr desaparecer la hostilidad y el mal humor.
-¡Se puede saber qué demonios pasa aquí!- se paró en medio de los dos y no separó con los brazos, fue hasta ese momento que fui consciente de lo cercanos que estábamos -¡puedo escucharlos desde fuera! ¡Todo el maldito hospital los oye!
Realmente no pensé que lograran escucharnos, no estábamos gritando, al menos no empezamos gritando. No fuimos conscientes de lo alterados que sonábamos, al menos yo no.
-¡De verdad!, ¡en serio van a pelear aquí! ¡En este momento, en estas circunstancias!
-¿Quién dijo que pelearíamos?
-¿Ah no Sasuke? ¡Me crees imbécil! ¡No creo que quieran darse un abrazo! ¿Oh si? Maldita sea, ¡por un demonio! La oficina, el niño, Sakura y ahora ustedes… Estoy hasta las uñas de tensión y ahora resulta que tengo que hacerla de mediadora, ¡como si no fuera suficiente!
-Esa no era la intención que…
-¡Cierra la boca Kakashi! Los escuché, están en un hospital, al menos debían bajarle volumen; Sakura está en esa habitación ¡por un demonio! ¡Al menos está tan profundamente dormida que no escucha ni mis gritos! ¡Es tu maestra Kakashi! ¡Es tu esposa Sasuke! Estuvo a punto de morirse hace unas horas y ustedes vienen como dos nenes a querer golpearse a metros de ella, ¿qué son? ¿Idiotas o qué?
-Disculpe, lamentamos que…
-¡Cierra la boca Sasuke! - dijo pasándose los dedos por el rubio cabello -, entiendo que todos hemos estado bajo mucha presión y ha sido difícil, pero…-suspiró, tratando de tranquilizarse-. Mejor váyanse, ella estará bien, vengan mañana; vayan a casa, dense un baño (sobre todo tu Kakashi que de verte casi nos matas del susto), descansen, duerman, todo será mejor mañana. ¡Lárguense antes de que mande que los saquen a patadas!
Fui el primero en retirarme. Mientras caminaba a casa supe que la quinta tenía razón, fui muy tonto, visceral y explosivo, pero no me arrepentía, había dicho lo que quería decir, pero ni por eso dejaba de sentirme iracundo, mucho menos después de que me hablara de Obito, tal vez me lo había buscado, pero eso no quitaba que Sasuke tocó un tema delicado para mí.
Deseaba destrozar algo.
-¡Maldita sea!- al menos en la calle podía vociferar todo cuanto quisiera.
Caminé aún con los deseos de golpear al Uchiha. Probablemente si la Hokage no hubiese entrado tal vez esos golpes no se hubieran pospuesto.
Antes de notarlo ya estaba en casa. -Haruno sensei tenía razón, debo atender las plantas.
No podía dormir bien. Di varias vueltas en la cama. Era como esas veces que recibía sus cartas. Tomé su última carta, esa donde me regañaba y volví a leerla quien sabe que tantas veces.
Tomé lápiz y papel y empecé a escribir.
Haruno sensei:
Sé que mi carta no fue lo que esperaba, pero fue lo que mejor pude lograr. Sé que no le gustó, pero no tengo nada por contar, al menos no algo que pueda contarse, o quiera contarse.
Mi vida no es de las que deberían contarse, ni escribirse.
He intentado muchas veces contestarle, pero… en el último momento me arrepiento. No voy a decir que cada vez que leo sus cartas me da por escribir, porque sería mentir, pero tampoco puedo decir que no las recibo contento, porque también mentiría.
Yo también la extraño, yo también quisiera verla, pero… no estoy en buenas circunstancias, tal vez las cosas son mejor así.
Sensei, suelen decir que siempre traigo y llevo problemas conmigo, y problemas serios, supongo que tienen razón. Hoy al menos he sospechado que tal vez tengan algo de razón.
La he visto y he hablado con usted después de tanto tiempo, en otro tipo de situaciones me alegraría haberlo hecho.
Digo me alegraría porque no puede decirse que me sentía feliz de hacerlo. No así, no llevándola en mi espalda o en mis brazos a punto de fallecer.
Conozco esa mirada sensei, ese frio y esa soledad que da la muerte, y tuve miedo.
Ese miedo que desde hace tiempo no sentía, el miedo de verla morir sin poder hacer nada, me pasó con Rin, me pasó con Obito, y ahora con usted. Porque aunque la muerte es parte de la vida ninja, nadie se acostumbra a verla, a sentirla, o por lo menos no debería acostumbrarse.
Me habría gustado charlar con usted (o escucharla) en otro tipo de circunstancias.
Sensei, perdone mis pobres tres renglones, pero no hay nada nuevo que contarle. Lamento que sea así.
Supongo que la escritura no es una de mis virtudes, tampoco es la elocuencia. Para muestra hoy, ésta noche he vuelto del hospital sabiéndola a salvo y antes de partir me habría gustado poder… poder decirle que…
Paré de redactar y borré el último párrafo.
La escritura no es lo mío, pero si alguna vez tuviera algo digno de contarse, o escribirse, tenga por seguro que sería a usted a quien se lo diría.
P.D.: La jardinería tampoco se me da, pero haré lo posible.
Atentamente: Hatake Kakashi.
Tomé la carta leyéndola una y otra vez, borré algunas cosas que no recuerdo, debieron ser tonterías causadas por el cansancio y el sueño. Casi siempre me pasaba igual cuando leía sus cartas, sentía necesidad de escribirle, pero pocas veces intentaba escribir, y más pocas aun finalizarlas.
Sin embargo sabía que era de las pocas formas que tenía de deshacerme del insomnio y la tensión, aunque al final la tomara, arrugara o rompiera y lanzara a la basura, o, en el mejor de los casos, guardara en el cajón. De hecho la primera carta que le mande pase cerca de una hora tratando de idear que decirle, al final no pude ir más allá de esos tres renglones que tanto la enfurecieron.
Tomé la carta, la doble y guardé en el cajón, junto con unas pocas que ya tenía; finalmente dormí.
No pude verla al día siguiente, seguía un poco delicada y no me permitieron acceso. Los días posteriores procuré ir, pero siempre lograba ver a Sasuke y por los recientes sucesos no deseaba reencontrarlo, era buena idea, porque tal vez de encontrarlo la quinta mandaría sacarnos a patadas esta vez con mejores razones que una simple discusión.
Finalmente cuando pude ver a Haruno sensei me sentí mejor, Sasuke había salido a hacer quien sabe qué y tenía oportunidad de entrar. La enfermera quiso detenerme, pero fue fácil eludirla.
Entré y la encontré dormida. Sonreí. Se veía mejor, aunque no era tan difícil si se comparaba al estado en que la había dejado. No quise despertarla y me dedique a solo contemplarla, deseé hablarle, o tocarla, pero solo me senté frente a ella, mirándola largamente.
-Sensei…
Tenía poco tiempo libre, y esos minutos antes de partir al cuartel quería dedicárselos a ella, era una pena que no estuviera despierta, pero podía verla, y eso era mejor que nada. El tic-tac del reloj era incómodo y supe que pronto debía irme, dando un profundo suspiro me apresuré a salir.
-Buenos días Kakashi kun-. Me saludó antes de que saliera -, ¿ya te vas?
-Sensei, pensé que estaba dormida.
-Estaba, lo has dicho, has venido muy temprano- dijo sonriendo tenuemente y tanteó la silla invitándome a sentarme -, no te vayas aun por favor, ¿no me digas que vas a llegar tarde?- sonrió –Sai me ha dicho que sigues los pasos de Obito, así que unos cuantos minutos más no harán la diferencia contigo.
-Supongo-, me senté.
-¿Cómo has estado?
-Bien.
-¿Por qué no has venido a verme?
-Eh…
-Es una broma- y trató de sentarse levantando un poco la camilla –; sé que has venido a preguntar por mí, muchas gracias. Me alegra saber que todavía te preocupas por mí, lo triste de todo esto es que tuvieron que medio matarme para saberlo.
-Sensei, no diga eso.
-¿Por qué? ¿Por qué es la verdad?- dijo sonriendo –Perdona Kakashi kun, no he querido ser grosera contigo, en realidad trataba de bromear pero al parecer hasta en la voz se me ha ido la gracia con esto.
-Está cansada y enferma, es normal sentirse mal, además tiene razón.
-Sí que la tengo ¿a qué sí?- y sonreí y ella igual.
-¿Cuánto estará aquí?
Suspiró ante la pregunta –un buen tiempo. Hiciste un buen trabajo, pero no milagros, me esperan unas buenas vacaciones. Serán maravillosas, vacacionar en tu centro de trabajo- bromeó -. Estaré en cama unos meses, según mi propio buen entusiasmo, esperanzas y optimismo apenas recupere mi flujo normal de chacra espero reducir las vacaciones al menos en un par de meses.
-¿No será mejor que se recupere tradicionalmente? Debería quedarse cuanto sea necesario y seguir las indicaciones.
Y rió bajo –Mira que curiosa es la vida. ¿Tú diciéndome eso, a mí? ¿Me lo dice el jovencito testarudo al que tenía que casi romper el brazo para cambiarle un par de vendas? Sí que es irónico el destino. Sin embargo te entiendo un poco ahora, estar en el hospital de paciente no es tan divertido como de doctora, ahora comprendo porque siempre tenías esa cara de mal humor- rió -, mínimo espero ser mejor paciente que tú.
-Lo siento sensei- dije calmado, recordando, sintiéndome un poco avergonzado.
Ella me miró y por primera vez noté su sonrisa sincera y libre de cansancio –Kakashi kun aun tu…- y me tomó el rostro con sus manos, con esa costumbre de palmearme las mejillas -…aun…
-¿Qué? ¿Aun qué?
-Nada. Me has hecho sentir nostalgia… decía que aún hay algo de aquel niño en ti y me alegra verlo.
-No entiendo sensei.
-No hagas caso, estoy un poco loca, tonta y sensible- y pensé que estaba por llorar, pero sonrió, me soltó y se recostó -. Al menos algo bueno ha salido de todo esto, ¿no? Hemos vuelto a ser cercanos por lo menos un par de días, me siento feliz por eso. ¿Se te ha hecho tarde verdad? Puedes irte, no quiero que llegues diciendo excusas tan inverosímiles como Obito (también me lo ha dicho Sai), vete pero… promete que harás un esfuerzo (pequeño aunque sea) por venir a verme.
-Si sensei- me encaminé -¿Sensei?
-¿Sí?
-¿Cuál es su flor favorita?
-Son… ¿Qué? ¿Por qué? ¿Piensas traerme flores?- bromeó.
-Tal vez.
-Oh… en ese caso…- sonrió -te dije que no te lo diría, ¿recuerdas?
-Sí pero tenía esperanzas.
-Tendrás que adivinarlo -, rió bajo –, vuelve pronto Kakashi kun.
Regresé varias a veces a verla. Seguía convaleciente pero al menos no lucía tan pálida y cansada, y eso era mejor que nada; seguí teniendo mucho trabajo, pero hacia lo posible por ir, lamentablemente no era tanto como me habría gustado.
-¿Rosas? No, no son mis favoritas, pero gracias, las pondré en algo de agua.
-No se levante, lo haré yo.
-Claro que no, que siga en el hospital no significa que sea inútil para cosas como estas- me las quitó y las puso en un florero a un lado de ella –, además el tonto florero está aquí, ni que me fuera a medio matar por estirar la mano; oh, ahora que recuerdo tengo que darte algo.
-¿Qué?
Sacó algo de los cajones y se sentó en la cama, acomodándose los cabellos rosas detrás de la oreja –no había podido regresártelos, toma-, eran mis guantes y la bufanda -, me los dieron apenas hace unos días, pero como ya no habías vuelto...
-Gracias.
-¿Puedes pasarme esos estambres en el segundo cajón? Supongo que ya lo sabes, pero igual te lo diré, no hay mucho que hacer aquí, salvo leer, escribir o tejer. Tejer es de las cosas que hago cuando estoy aburrida, así que quizá pronto te regale otra prenda, pero no pongas esa cara –un sonrisa torcida y graciosa se le asomó -, te aseguro que he mejorado y esta vez te haré algo azul. No, no, esos no, deja ahí, ¡los enredas todos! –, me pegó en la mano -, quítate, yo lo haré-, hurgó en un cajón y se sonrojó al mostrar una ropa de bebé que trató de guardar rápidamente.
-Son lindas.
-¿Te parece? Es la primera vez que hago de este tipo, he practicado-; recordé su carta, esa donde decía que pensaba tener un bebé -Intenté que quedaran mejor, pero es difícil para una talla tan pequeña.
-Creo que están bien. Sensei, será una buena madre.
-¿Eh?…- se sonrojó adornando esa palidez en sus mejillas -Ah… mi carta, cierto. Gracias Kakashi kun- dijo con una media sonrisa triste y siguió hurgando, sacando bolas de estambre de todos los colores -, ¿sabes? Tsunade shishuo me ha dicho que espere unos dos años para intentarlo, es por cuestiones de salud, no sería bueno un embarazo en estos momentos.
-Sensei- sentí pena por ella, sabía lo importante que era ese tema, por mucho que intentara restarle importancia.
-Quita esa cara, no es el fin del mundo- dijo sacando un hilo verde, -, lo he tomado bien, lo que me da más pena es Sasuke kun, estaba tan emocionado (sí, lo conozco, sé que estaba ilusionado). Lamento tanto todo esto, no lo dice, pero sé que le afectó. Lo aceptó por mí.
-Claro, por su salud Haruno sensei.
-Sí, lo sé. Últimamente es de lo único que me hablan- suspiró.
Mi maestra trataba de sonar normal, pero aquello le dolía y se notaba en su voz, en su rostro cansado, pálido y triste; siempre sufrió mucho por ese tema, tal vez desde entonces fue que todo empezó a ir mal entre ellos dos, lo cierto es que nunca se lo he preguntado.
-Oh… no tengo, me he acabado el estambre azul.
-De cualquier color estaría bien, no se preocupe.
-Claro que no, ahora que sé que es tu favorito quiero hacerte algo bonito de ese tono.
-No tiene por qué.
-¡Claro que sí, me salvaste la vida! Dices eso solo por… pues por porque así eres tú, pero apuesto que no te pondrías algo de muchos colores, ¿eh? Hum… le pediré a alguien que me compre estambre. ¿Sabes dónde queda la mercería, Kakashi kun?
Suspiré –sí, creo que sí.
-0-0-0-0-0-
El sonido de la lluvia, el aroma a humedad, la oscuridad de la tormenta nocturna.
No había estrellas en el cielo, ni siquiera aquella pequeña que durante las misiones miraba recordando a mi maestra. Nada de luz, solo sombras, solo lluvia, humedad, lodo, pelea.
Eran tres, oía sus respiraciones, escuchaba sus voces entre el murmullo del agua cayendo, del lodo que pisaba. Había dado con ellos. Debía matarlos, matarlos y nada más. Se refugiaban de la lluvia en un techo improvisado de helechos y hojas.
Empecé con el más pequeño, ni siquiera pudo sacar el grito ahogado de la garganta cuando ya le había matado. Agradecí la oscuridad, con ella el rojo, el fuerte y acosador rojo de la sangre se confundía con el lodo.
Una segunda sombra fue contra mí, tan torpemente que dio contra el suelo, el lodo me manchó el uniforme y la máscara, aquello me molestó. Fue sencillo acabar con él, de un segundo a otro ya estaba desangrándose, mezclándose con el rio de lodo y suciedad; había que darle crédito en algo, aun muriéndose se había esmerado en proteger al primero, aun muriendo se esforzaba por quedar cerca de él.
Faltaba uno, solo uno y terminaría con ese horror, al menos con el de ese día.
Corrí, dio un poco más de pelea, pero nada complicado; y sin más ya estaba en el suelo, la misión había terminado. Miré con tristeza las tres siluetas envueltas en esa oscuridad de la noche, de la tormenta, del lodo y nuevamente agradecí por el anonimato de la noche, sin luz no podría verlos, al menos sus rostros serían solo sombras, tres sombras más en la pesada lista.
Un rayo serpenteó y pude verlos.
-No… no puede…- mi espada cayó contra el suelo, igual que mis rodillas.
Sus cabellos castaños, sus ojos sin brillo, era Rin.
Miré al segundo, apenas unos cuantos centímetros de ella, otro rayo me lo mostró, era Obito, lleno de lodo, de sangre, de muerte.
-Obito.
Y sin poder evitarlo miré el tercero. Sus cabellos rosas enlodados, sus ojos verdes sin brillo, de su boca salía sangre roja. El rojo que había en mis manos, en mi uniforme, en mi propia mascara.
-Haruno sensei…
Desperté, era de madrugada. Mi respiración fuerte y entrecortada me llevó a mirar mis manos, estaban bañadas en sangre, como en cada pesadilla, casi como siempre al final de la misión; fui al lavabo, tallándome afanosamente las manos deseando borrar el tono rojo.
Pero el rojo no se iba tan fácilmente, a pesar de no ser real, quizá por eso era más complicado lavarlo.
Desde la misión de rescate de Haruno sensei varias noches soñé con ella, con esa cruel pesadilla donde no llegaba a tiempo y moría entre mis brazos, con su piel pálida y fría, con sus ojos sin brillo, lejanos y opacos, aquellos que miré cuando la encontré, pero esa noche también soñé que asesinaba a Rin, Obito y Haruno sensei.
Tenía muchas pesadillas, todas horribles, crueles y reales, muchas aun las conservo, pero esas dos eran terriblemente perturbadoras. No era la primera vez que soñé esa terrible pesadilla donde yo era el autor de la muerte de los tres.
Ha sido una pesadilla que aún me persigue, como si no tuviera suficientes ya para atormentarme, como si mi vida y mi trabajo no fueran lo suficiente para angustiarme la vida entera, de ida y vuelta.
Ese día, mientras iba a verla recordé la primera noche que tuve esa pesadilla. Curiosamente fue una noche después de visitarla, precisamente la última vez que la había visto antes de ese día, fue una de las ocasiones que no me despedí de la mejor forma.
Había sido casi dos meses atrás.
Ella estaba molesta, incomoda y enfadada de estar en el hospital que no era de sus mejores días. Aquella esperanza y optimismo que tenía de salir antes se había perdido, su estancia en el nosocomio se alargaba más de lo que hubiera querido y según sus propias palabras estaba atada en cuanto a eso.
-"Y por si fuera poco Sasuke kun se ha ido por dos semanas, ¡como si no fuera suficiente estar encerrada en cuatro paredes! Ahora estaré más sola que una ostra. Lo peor de todo es que hemos discutido y se ha marchado molesto, así que tendré que esperar por completo las míseras dos semanas para que regrese. Al menos para cuando vuelva ya se le habrá bajado el coraje y a mí también." - Golpeó la almohada y la arrojó contra el piso. La recogí y se la entregué.
-"Es una pena Haruno sensei, me gustaría venir a verla."
-"Sí, sí, dijiste lo mismo la última vez que te vi, ¿Cuánto hace? ¿Un mes?"
-"Perdone sensei.
-"Ah"- suspiró –", no Kakashi kun, no te disculpes, no es tu culpa, es que estoy harta de este encierro, deseo salir, ser libre, hacer algo además de tejer y ver la vida pasar. "
-"La entiendo, pero esto es lo mejor para usted."
-"Sí, ahora sermonéame también, adelante, dime lo que todos."
-"Sí ya se lo han dicho todos, supongo que no tengo porque molestarme."
-"Siempre tan práctico. Las margaritas son lindas, gracias, pero no son mis favoritas, sigue intentando."
-"¿Qué se hizo ahí?"- señalé su brazo.
-"Oh, ¿esto? No es nada."
-"Pues parece un moretón muy grande y morado, si me pregunta."
-"Sí. Intenté andar sin ayuda y no fue buena idea. Tremendo golpe el que me di (casi como el que te diste ese día en el baño, ¿recuerdas?), las enfermeras todavía se ríen de mí, están felices de poder burlarse de su jefe, como si necesitaran motivos. Encima de todo Tsunade shishuo me dio tan grande discurso y regaño que les dio más material para burlarse, que si fui precipitada, que si tonta e irresponsable, ¡solo quería andar un par de pasos sola, ni que fuera a terminarse el mundo!"
-"Tal vez tenían razón."
-"Eso me dijo Sasuke kun, ahora que lo pienso por eso empezó la discusión viniendo a terminar por sacar lo del… del… del incidente, otra vez"- tembló.
"Incidente" es la palabra que ella usa para referirse a su secuestro.
-"Entonces no le dé motivos para que lo haga, debe cuidarse y…"
-"¿Ahora tú también?"- gruñó enojada, mirando por la ventana –", primero papá me viene a culpar de todo"-apretó los dientes, enojada –", después Tsunade shishuo con sus regaños, Sasuke kun y su… enojo, y ahora también tú; como si no me supiera de memoria el discurso, sé que fui muy tonta y descuidada, y que por mi culpa pasó lo que pasó… esos pobres dos que iban conmigo"- su rostro se ensombreció –"¿Creen que no lo sé? ¿Creen que no lo cambiaría de poder? Claro que sí, pero no se puede"- bajó el rostro –"; me sé de memoria mi insensatez, impertinencia y torpeza, no necesito que me lo recuerden todos los días y todo el mundo. A veces pienso que tal vez sería mejor que no hubieras llegado a tiempo."- Me levanté y caminé hacia la puerta –"Kakashi kun… ¿A dónde…?"
-"Lo siento sensei, pero mejor será irme."
-"¿Tan pronto? ¿Por qué?"
-"Porque no quiero discutir con usted. Porque no quiero repetirle todo lo que los demás ya le han dicho. Vendré cuando se sienta mejor."
-"Bien."- gruñó –"Adelante, vete. No necesito que me vengas a decir todo lo que ya sé, pensé que tal vez tú me entenderías."
Cerré y me fui.
Tal vez era lo mejor, tal vez no, pero ni ella ni yo estábamos en condiciones de discutir, aun traía grabado el fuerte recuerdo de la pesadilla donde le daba muerte y venía a decirme que salvarla no había sido la mejor opción. Había sido lo único bueno y medio decente que había hecho en años y ella venía a decirme eso.
Después de llegar del hospital y dormir no tuve la pesadilla de siempre, esa donde ella moría en mis brazos. Esa noche tuve otra, esa donde yo era el artífice directo de la muerte de Rin, Obito y Haruno sensei.
Precisamente esa misma pesadilla que me llevo esa mañana a lavarme insistentemente durante la mañana. La pesadilla de la muerte había sido tan real que aún me temblaban y sudaban las manos. Había soñado con Obito, con Rin, con mi sensei, pero esta vez había sido peor, esta vez no solo era mi incompetencia o ignorancia la que provocaba la muerte, esta vez yo los había matado. Destajándolos, cortándolos como si no fueran nada, como si no fueran personas, como lo hice con aquellos pobre infelices a los que me vi obligado asesinar apenas un día antes.
Aún tenía la desagradable sensación en mis manos, no era un buen día para visitarla, pero pasaron casi dos meses de haberle llevado las margaritas y encontrarla tan malhumorada y quien sabe cuándo volvería a tener un poco de tiempo libre.
Llegué a su cuarto y dejé las flores (azaleas) en ese florero que siempre tenía a un lado de la ventana. Ella no estaba, pero me dio alegría que eso significara que tal vez estaba mejor, esperaba no verla con moretones esta vez.
Rememoré el pequeño roce entre nosotros y suspiré ante la posibilidad de perderla, y ahí estaba de nuevo, esa horrible pesadilla atormentándome, esos ojos opacos, sin vida, y lo peor, por mi culpa.
Quizá yo no provoque esas muertes, pero había muchas más que sí. Nuevamente mis manos enrojecidas, nuevamente la sangre las cubría, sabía que era una alucinación, pero no podía ignorarla, me levanté y fui al pequeño baño del cuarto, lavándome.
No sé cuántas veces me tallé, no sé cuándo fue que ella entró, tampoco cuantas veces fue que me llamó. No podía escucharla, seguía atrapado en mi propio infierno, en mis propias culpas, solo fui consciente de su presencia hasta que se acercó y me tomó de las manos, cerrando el grifo.
-Están bastante limpias, es suficiente Kakashi kun.
Levanté el rostro y la miré, me veía compasiva, tomando el rostro con dulzura, su cabello corto y suelto se movía con gracia, sus ojos no estaban tan ojerosos y su ropa era una bata larga y holgada.
-Es suficiente Kakashi kun. ¿Me escuchas?- asentí -. Ven, siéntate aquí, conmigo.
Nos sentamos en la camilla, sacó una toalla y empezó a secarme las manos.
-Te has lastimado un poco. Te pondré un poco de este ungüento, te ayudará.
Sentí vergüenza, miedo, angustia, nunca nadie había sabido de esa ansiedad que me consumía. Terminó de curarme y duramos por un buen tiempo en silencio, hasta que ella habló.
-Odio ANBU, por muchos motivos, pero uno de ellos es porque creo que te enseñan a menospreciar la vida. ¿Sabías que papá estuvo ahí? Fue por poco tiempo, casi nada.
-No.
-Bien… me desvío, no importa. Lo que quiero decir… es, perdóname Kakashi kun.
-¿Por qué?- Pregunté confundido.
-Por aumentar tú lista de culpas.
-¿Sensei?
-Ese día…el del… incidente, te vi, los mataste- un vaivén en mi cuerpo, temí que se cumpliera lo que siempre quise evitar, que me mirara como los otros, con miedo, con horror, pensé ingenuamente que ella no lo recordaría, nunca lo había mencionado hasta ese día -. Lo hiciste para salvarme, pero… al fin y al cabos…
-Los maté.
-Sí. Lo siento. Lamento que por mi culpa tu…- me tocó la mejilla con ternura -, sé que sufres, y en vez de ayudarte he hecho que tu carga aumente; ahora entiendo porque te enojaste la vez pasada, tenías razón y…
-No, no fue por eso sensei.
-¿No?
-No. Lo único bueno, correcto y desinteresado que he hecho en años ha sido salvar su vida. Cuando menos esa vez asesiné por una importante y buena razón: por usted, para salvarla; no sé si está bien, pero sinceramente no me siento mal por ellos, porque a cambio logré ayudarla y por primera vez en mucho tiempo sentí que lo que hacía no era tan malo…
-Kakashi kun…- y me tomó la mano con delicadeza pero firmemente.
-Por eso me enoje, dijo que a veces le gustaría que no hubiera llegado a tiempo, eso significa que quisiera haber muerto en manos de esos tipos. Escucharla decir eso me molestó, ¿cómo puede decir que le hubiera gustado que llegara después?
La observé directamente, bajó los ojos avergonzada e incluso tembló un poco.
-¿Cómo? Cómo si ha sido la única vez que he podido ayudar, la única vez que he podido ser útil, hacer lo correcto, que pude hacerlo bien… que logré salvar a alguien que realmente temo perder.
-No digas eso Kakashi kun- y me soltó la mano, aun sin poder mirarme a los ojos.
-¿Por qué? ¿Por qué es la verdad?
-Sí, y porque me haces sentir como una idiota, pero tienes razón.
Se quedó callada un momento y después siguió.
-¿Azaleas? Son lindas pero tampoco de mis preferidas.
-Tendré que pensar en otras.
-Sí- rió bajito, tímida -¿Sabes? Me da tanta alegría hablar contigo; ese día, el del incidente, tuve miedo, miedo de ti.
Y el que tembló esta vez y bajó el rostro fui yo.
-Pero… ahora… es como antes; hoy he vuelto a verte como antes, - me levantó el rostro y me sonrió, sentí sus manos cálidas y suaves y por un momento fui feliz, ya no eran heladas -, aún hay algo del aquel niño serio y calmado de hace años. Te he extrañado tanto.
Me abrazó y esta vez pude corresponderle. Me sentí contento, contento de tener la oportunidad de volver a hacerlo, de tenerla entre mis brazos, de que cargarla a punto de morir no fuera el ultimo recuerdo que tenía de ella entre mis brazos.
Olí su cabello, olía a manzanas, olía bien; sentí sus manos y su pequeño cuerpo contra el mío y pensé que por un momento había vuelto al pasado, a aquellos días cuando compartíamos equipo y era dichoso por tenerla cerca.
"Toc, Toc"
-Oh, Sasuke kun.
Era su esposo quien tocaba, la puerta estaba abierta, pero aun así tocaba. Haruno sensei dejó de abrazarme y sonrió.
-Pasa, ¿tienes mucho ahí?
-No. Te he dicho que cierres cuando salgas.
-Oh, lo siento, es que se me ha olvidado.
-Que novedad. Me alegra encontrarte con visitas, siempre estas quejándote de que estas sola.
-¿Sí? A lo mejor sí. Kakashi kun ha venido hoy ¡No es maravilloso!
-Sí, genial. Toma.
Haruno sensei se incorporó y tomó la bolsa que el hombre cargaba.
-¿Lo encontraste?
-Sí, todo lo de la tonta lista- por primera vez me observó, Haruno sensei se sentó a un lado de mi de nuevo, sacando sus cosas, me levanté.
-Quédate ahí Kakashi kun, no me incomoda que…- no le hice caso -, oh bien, está bien, que terco eres.
-Sensei, me voy.
-¿Tan pronto? Pero…
-Lo siento, me he escapado y voy retrasado un poco.
-¿En serio, tu? No puedo creértelo- dijo sonriendo con sarcasmo -, ¿vendrás a verme?
-Hum…- asentí.
-Deberías venir más seguido Hatake, pasa mucho tiempo sola y quejumbrosa- dijo serio, sin despegarme la vista.
-Ten por seguro que lo intentaré.
-Oh sí, por favor, me aburro mucho- dijo ella, ingenua.
-Permiso.
Caminé contento por el pasillo rumbo a la salida. Iba feliz no sólo por el abrazo de mi maestra y el buen rato que pasamos, (a pesar de ser breve valía por mucho la pena), sino también por el mal rato que le hice pasar a Sasuke.
Aun resentía su resquemor y su alarde respecto a Obito. Quiso ocultarlo, pero era evidente que no le había agradado mi presencia en esa habitación, mucho menos encontrándome abrazándola, de alguna manera aquello me llevaba a sentirme feliz.
-Hatake.
Di la vuelta, era Sasuke, me entregó algo.
-Te has ido sin eso- era un gorro azul -, me pidió traértelo.
-Gracias.
-Solo llévatelo- estaba por irme pero él volvió a llamarme -, eres bueno, la has convencido otra vez.
-¿De qué?
-Ya te lo dije, te conozco, sé la clase de ninja que eres.
-Y eso viene por…
-Solo lárgate.
-¿O qué, vas a golpearme?
Y lo hizo, me golpeó en la cara, tomándome del uniforme con rabia.
-Sí, voy a golpearte maldito mocoso impertinente- y me soltó arrojándome con rabia casi contra el suelo -; solo lárgate y llévate ese estúpido gorro.
Me toqué el rostro y sonreí. -Bien. Dale las gracias a Haruno sensei de mi parte. -El golpe me tomó por sorpresa, tomé el gorro, la gente iba y venía en el hospital mirándonos con sorpresa ante la inusitada escena, di media vuelta y caminé. - O tal vez se las dé la próxima vez que venga a verla.
Sasuke no dijo nada, pero no le agradaron mis palabras, era obvio.
Salí del hospital, realmente no me importaba el murmullo de las personas al pasar, en realidad lo único que me importaba era que a pesar del doloroso golpe me sentía terriblemente bien, porque sabía que aquel golpe significaba algo.
Y eso era bueno. Al menos para mí.
Además sabía que eso no se quedaría así, ni sería la primera ni la última vez que pasarían ese tipo de cosas. Estaba seguro. Era casi una promesa. Y efectivamente, así fue.
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Saludos desde Sinaloa, México.
Hola.
Pues bien, acá dejando otro capítulo, se puso tenso el asunto con Sasuke y Kakashi, jajaja, ah, como me gusta el drama.
Bien, nos vemos pronto.
Nota original.
Bien jóvenes, no diré mucho en las notas, solo que por fin pude actualizar.
El capítulo no quedó tan largo como el anterior, pero no es por justificarme (ajá) pero se supone que los capítulos de Haruno sensei serían cortos, de más o menos esta extensión, así que no me equivoque tanto con eso, jejejeje.
Pues bien, espero el capítulo les gustara, creo que tal vez quedó un poco flojo, no fue tan tan emocionante como otros, ni tan romántico y tierno, pero así va la trama, solo espero no se aburran.
Este Kakashi es muy exasperante, exasperante en el sentido de que es muy…¿impertinente como dijo Sasuke? Jajaja, supongo que Sasuke si tiene razones para golpearlo. Y le seguirá dando más y más razones, créanme.
…Este Kakashi, si no lo quisiera tanto… pobre Sakura…
Jejeje, en fin, ¿Qué les pareció? Dejen comentario, por favor…dios me los cuide.
Hasta pronto.
