General
En la entrada del instituto había cientos de chicas gritando y murmurando entre ellas sobre algunas personas, las cuales parecían ser nuevos, ya que nadie había generado ese escándalo antes.
—¿Qué estará pasando allá? —preguntó Matsuri.
—No sé, quizás estén vendiendo cosas. —le dijo la pelirroja, quien no le daba mucha importancia a la situación.
—¿Ya viste? ¡Son guapísimos! —escuchó la castaña cuando pasó al lado de dos chicas para llegar a su casillero.
—Sí, yo pido al rubio. —dio una pequeña risa.
—Pues yo al pelirrojo, se ve que tiene dinero, lo que aquí les falta a muchos. —dio un énfasis a la última palabra, refiriéndose a los chicos del instituto.
—Con que me den la nacionalidad me doy bien servida con cualquiera de ellos.
Matsuri terminó de acomodar y sacar lo que necesitaba para la primera clase, cerró el casillero y se fue a su salón.
—¿Tienes un lápiz? —le preguntó Karin.
—Apenas es el segundo día de clases, Karin. —puso sus cosas en su escritorio, sentándose al lado de la nombrada.
—Se me pierden las cosas rápido. —excusó.
—Buenos días, alumnos, —entró la maestra de literatura, haciendo que todos se sentaran y guardaran silencio—hoy tenemos un alumno nuevo—miró a la puerta—, puedes pasar.
Al instante, se vio una cabellera roja entrando, las marcas alrededor de sus ojos hacían exaltar el color turquesa de estos mismos, sumado con el tatuaje rojo que llevaba al lado izquierdo de la frente, le daba un aire de misterio.
—Mi nombre es Ishida Gaara, de Sunagakure.
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Capítulo 3. Los Nuevos.
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—¿Qué les pareció los nuevos? —preguntó una pelinegra de melena larga, se encontraba sentada en las gradas del gimnasio junto con su grupito.
—Nada mal, sobre todo un pelinegro en específico. —la pelirroja del grupo sonrió ampliamente, recordando al joven.
—Déjame adivinar a quién te refieres… —la ojivioleta hizo una breve pausa, simulando que pensaba, pero sabía muy bien de quién hablaba—¿De casualidad se llamaba Uchiha?
—Ese es su apellido, pero con eso me basta, —puso un mechón de su pelo atrás de la oreja—no sé cuál sea su nombre, pero el apellido dice todo lo que me importa. —sonrió.
—Pues no me parecieron mal, pero ninguno me llamó la atención. —dijo una morena mientras seguía tecleando en su celular—No vi ningún castaño.
—Son tu debilidad, ¿verdad? —preguntó juguetona la pelinegra.
—Oigan, tengo sed, ¿ustedes no?
—Cierto, seguimos en verano—la rubia de flequillo volteó a las gradas que estaban más abajo de donde ellas estaban—, ¡oye, tú! —arrancó una esquina de una hoja de papel y la hizo bolita para aventársela a la azabache—, ¡tráenos algo de beber, ahora!
La chica dejó sus cosas ahí y se paró para ir por lo pedido.
—¡No te escuché! —gritó nuevamente la ojivioleta.
Paró su andar y volteó con las demás, manteniendo la cabeza baja. —V-Voy s-señora…
Rápidamente siguió su camino, con un sonrojo notable por la vergüenza.
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—Y, ¿de dónde vienes?
—Amegakure. —respondió un chico sin siquiera ver a la joven que estaba frente a él.
—Oh… ¿Ahí llueve mucho, no?
El joven asintió una vez, sin dejar de dibujar en su libreta.
—Por lo que veo te gusta dibujar.
—No te equivocas.
—¿Y qué estás dibujando ahora?- —la puerta abriéndose interrumpió la plática.
Los ojos esmeraldas de la rubia se encontraron con unos jades.
—P-Perdón. —la pelirosa se sintió incómoda, su hermana estaba en una posición un tanto provocadora.
No hubo palabras, con las miradas fueron suficientes.
—Vengo por un borrador, con permiso. —tragó saliva para poder entrar sin que le afectaran las miradas asesinas de su hermana.
Pero al tiempo que iba a salir, las puertas se abrieron, sin decir nada la pelirosa cruzó la puerta, sin ver a la persona que facilitó su escape de esa incómoda situación.
Un pelinegro con el cabello un poco más largo del que estaba ya en el aula se quedó viendo extrañado a la cabellera corta de aquella chica que salió, para luego voltear a ver la escena que tenía delante de él.
—¿Sai?, no sabía que eras rápido. —dijo en broma para dirigirse a donde estaba su amigo.
—No seas idiota. —el joven de tez muy blanca cerró su libreta y tomó su mochila para irse con el recién llegado.
—E-Espera… —la Haruno rubia dejó su posición para dirigirse a los dos pelinegros, ambos voltearon—¿Acaso tú eres… Uchiha…? —la verdad no se sabía el nombre del chico.
Hizo una expresión de cansancio. —Sí. —volvió a girarse.
—¡S-Sai! —tomó el brazo del pálido—Espero volvernos a ver. —le sonrió coquetamente.
El chico se quitó el agarre de la rubia y salió del aula, dejándola sola.
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—Es hora del descanso, ¿en serio no quieres nada de la cafetería?
—Es en serio, Karin, no tengo hambre. —una castaña de pelo corto se encontraba metida en sus apuntes.
—Ayer tampoco comiste, te vas a desmayar uno de estos días.
—No te preocupes por mí, ahora ve tú, que tú sí necesitas energía para no dormirte en las clases.
—Bueno, pero ojo que incluso te invité. —la pelirroja agarró unos billetes que tenía en su mochila y se dirigió a la cafetería.
La castaña seguía matándose la cabeza con tal de poder comprender la lección reciente de álgebra, pero el olor a cigarro la hizo distraerse.
—¿A quién se le ocurre fumar aquí? —se preguntó, mirando a todos lados para ver de dónde venía el humo.
Fue que la colilla de un cigarrillo le cayó del cielo hacia sus apuntes, con la mano la quitó rápidamente antes de que manchara las hojas, con gesto de disgusto se paró para ver quién era el responsable.
—¡Oye! —le salió el coraje de algún lado—, ¿estás fumando?
La cabellera que veía se incorporó, dejando ver a un chico con expresión seria.
Al verlo bien se trataba de su compañero nuevo de la clase, de nombre extraño.
—Sí, ¿por qué?
—Pues el humo del cigarro me molesta, —parecía que el chico no le importaba lo que decía—y además, tu cigarro le cayó a mi cuaderno.
—Oh… Perdón. ¿Pero qué haces allá atrás?
—No te importa, ¿sí? —estaba sorprendida de la postura que estaba tomando en ese momento y con aquel chico, ¿por qué?
El pelirrojo desvió la mirada un rato para volverla a fijar en la chica.
Ella esperó algo más pero simplemente el chico se fue sin más, dejándola de brazos cruzados.
—¿Qué haces, Matsuri? —preguntó la pelirroja, recién llegando con un jugo en mano—¿Quién era?
—El chico nuevo de la clase, aventó su cigarro atrás y me cayó a mí.
Se empezó a reír. —¿Y por eso estás tan enojada?
—¡No me vuelvas a dejar sola! —su sonrojo le cubrió la cara, volviendo a sentarse—¡Qué vergüenza!
La pelirroja seguía riéndose de la situación, a su amiga no se le daba muy bien enfrentar a alguien, menos si era un chico con ese porte tan serio.
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Una azabache se encontraba en la fila, esperando su turno para pedir las bebidas, cuando se las dieron trató de irse del lugar lo más rápido posible ya que se había tardado mucho estando formada, no quería meterse en problemas con el grupo de su hermanastra. Pero alguien se hizo hacia atrás sin fijarse, haciendo que una de las botellas que llevaba la charola de la ojiperla se cayeran, pero cuando iba a chocar con el piso, una mano lo impidió.
—¿Es tuyo? —preguntó aquel chico con una sonrisa.
—S-Sí… —apenas alcanzó a escuchar el rubio que estaba frente a ella.
La Hyuga no podía verlo a la cara, sentía algo en la mirada de aquel chico que la hacía sentir diferente.
—Toma. —extendió su mano para que pudiese tomarla.
Le costó un poco en agarrarla pues no sabía si la iban a humillar o a burlarse de ella, ya había pasado por momentos así antes.
—¿Qué pasa? —preguntó el ojiazul.
—¡Nada! —apresuró en tomar la botella e irse.
El rubio se quedó pensando por unos segundos, se le hizo raro la reacción de aquella chica.
—Naruto, hasta que te encontramos.
El nombrado volteó y eran dos pelinegros de ojos oscuros.
—Chicos, ¿cómo les ha ido? —preguntó.
—Normal. —respondió el Uchiha, alzando los hombros.
—Normal para ti es que las chicas se te queden viendo siempre y que se te acerquen a hablar. —rio el rubio.
—Pues sí, —suspiró—es tan fastidioso y cansado.
—¿Qué les parece si hablamos en otra parte? —sugirió el pelinegro pálido.
—Tienes razón, la mirada de todas estas personas me está incomodando. —el ojiazul antes de irse con los demás se percató de algo que brillaba en el suelo.
Era un anillo de plata, plata real, con un diamante en el centro, lo recogió y recordó que aquella chica azabache llevaba uno parecido, quizás se le había caído cuando le quitó la botella de las manos rápidamente.
—Naruto, ¿vienes?
Asintió y se guardó el anillo en el bolsillo del pantalón.
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Continuará…
